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Reflexiones de una majara

Quiero ser una mujer florero

Quiero ser una mujer florero

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Mi cuerpo me manda señales. No es normal intentar pagar el bus con las llaves de casa, teclear un número de teléfono con el mando de la tele ni estar permanentemente resfriada.

El diagnóstico está claro: tengo un cuadro de estrés como la copa de un pino o, lo que es lo mismo: NO PUEDO CON MI VIDA.

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La teoría la tengo clarísima: tómate las cosas con calma, duerme más, come mejor, haz deporte y date cuenta de que el día tiene las horas que tiene.

AJÁ.

Vale, me he dado a la comida orgánica (en la medida de lo posible), hago deporte dos veces por semana (casi siempre), pero sigo sin asimilar que no lo puedo hacer TODO hoy y lo de la calma, QUEMEESTÁSCONTANDO.

Y me siento un bicho raro y entonces miro a mi alrededor y veo a mis amigas/compis/allegadas con la lengua tan fuera como la mía. Todas. Pero mucho más las que tienen hijos.

MUCHO MÁS.

MÚCHÍSIMO MÁS.

Y repito mentalmente la misma frase una y otra vez:

QUIERO SER MUJER FLORERO.

QUIERO SER MUJER FLORERO.

QUIERO SER UNA MUJER MUY FLORERO.

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Me imagino, primero, sin hijos. Porque sí, yo soy de esas zorras asquerosas que es capaz de imaginar cómo sería mi vida sin ellos. Solo tengo que tirar de memoria. NO ES TAN COMPLICADO.

Luego, me rindo a la evidencia: soy madre. Pero la cosa cambiaría mucho si no trabajara, si no me metiera en todos estos saraos (que si blog, que si novela, que si merchandising, que si guiones, que si canciones, que si su puta madre), si tuviera alguien que se encargara de la casa siete días a la semana…

Empiezo a canturrear aquel tema de “Ella baila sola”:

De mayor quiero ser  mujer florero,  metidita en casita  yo te espero.

Las zapatillas de cuadros  preparadas,  todo limpio y muy bien hecha  la cama.

De mayor quiero  hacerte la comida  mientras corren los niños  por la casa.

PERO NO. No es ese el tipo de florero que yo quiero ser. Yo de marido, NADA. De cocinar, NADA. Y de quedarme en casa, Y UNA MIERDA.

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Vamos, que yo lo que quiero es ser un florero rollo dejar a los nenes en el cole, luego irme al gym, desayunar tranquilamente en cualquier cafetería ideal mientras leo mis revistas o uno de los cinco libros que tengo a medias, pasearme por Madrid a mi libre albedrío, comprarme unas velitas chulas, perderme en un par de librerías, luego hacerme un tratamiento facial supertensor y pasar a buscar a los nenes por el cole. Ni que decir tiene que en este “Día ideal de Mujer Florero”, al llegar a casa está todo limpio como una patena y la cena está hecha. Ah, los hijos de la Mujer Florero que quiero ser, lo aprueban todo y no la lían parda JAMÁS. Es por ello que mi “Yo Florero”  tiene una paz espiritual bestial, lo cual se refleja en la ausencia total de ojeras y en un cutis de lo más resplandeciente.

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Yo sería una Mujer Florero no mantenida. ¿De dónde sacaría la pasta? NI IDEA. Pero esto es una fantasía, no vamos a ponernos tiquismiquis con los detalles.

Como buena Mujer Florero, no estaría cansada, así que, al acostar a los niños, aún tendría fuerzas para irme al cine o a cenar con amigos, no como ahora, que a las ocho estoy arrastrándome por los suelos.

Cotilleo en Google, como siempre “mujer + florero”. ¡Pero bueno!, ¡que ponen verdes a las Florero!

  • Que si piensan solo en ellas mismas (como si eso fuera algo malo, malísimo).
  • Que si son egoístas, excéntricas, banales y voluptuosas.
  • Que van siempre arregladas (¿y qué?)

Varias webs dejan por los suelos a Las Floreros diciendo que, cuando llega el declive físico se operan y se deprimen. O primero se deprimen y luego se operan. No sé, no lo entiendo. Y no me lo creo. Habrá Floreros que no acepten las arrugas, igual que habrá ingenieras aeroespaciales que se hagan liftings. Ay, qué jodidas son las generalizaciones, los estereotipos y la simplificación.

Leo y leo más y llego a una conclusión: nos han convencido de que Las Floreros son la peste más grande del planeta, lo que mola es ser superlista, supercurranta, superautónoma. Hay que rascarse el toto lo menos posible porque eso es de tías superficiales y ser superficial es lo peor de la Galaxia.

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No a las Barbies.

Sí a las Superwomen.

No a la vida contemplativa.

Sí al “Organízate y verás cómo llegas a las 100.000 cosas que tienes que hacer”.

Pues yo estoy hasta el mismísimo jilguero, chiquis.

Ya no me creo nada. No veo yo la recompensa divina por tanto meneo vital y cada vez se me desdibuja más eso de “Ser una mujer del s. XXI”.

“¿Qué dice la majara esta?” Estaréis pensando. “Si no hace más que escribir sobre cumplir los sueños y tomar decisiones“.

Y, ojo, que no he cambiado de idea, solo que quizás se nos ha ido la pinza y, en lugar de soñar, nos estamos volviendo loquis. Nos han vendido una moto y de qué manera. Curra, ten hijos, fija tus objetivos, consíguelos. No importa a qué precio. Tú sigue. No importa si te cansas, no importa si te agotas. El premio bien lo vale.

Pero, ¿lo vale?

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Ayer mismo hablaba de esto en un chat con mis amigas. Clara vive en Los Ángeles desde hace años, luchando como gato panza arriba, siendo la mejor en lo suyo, ganando premios, dejándose la piel. Candela es freelance, organiza proyectos, trabaja los domingos, se levanta muchos días a las cinco de la mañana para coger el AVE y recorrer media España. “Eres lo puto más” es la frase que más nos repetimos las unas a las otras.

“Somos lo puto más”.

En un momento dado, Clara nos dice que su hermana, que vive en el pueblo de Tarragona donde crecieron, que trabaja en la zapatería de su familia y se casó con su novio de toda la vida, es más feliz que nosotras, que vamos como las locas.

Y ahí es donde la realidad me pega un hostión descomunal.

hostion

Imagino la vida de la hermana y se me revuelve un poco el estómago, me palpita el párpado derecho y suelto un pequeño eructo. Y ojo, que no digo que la hermana de Clara sea Florero, digo que en el concepto de “Florerismo” van implícitas una serie de características comunes a las vidas rutinarias, tales como: monotonía, eternidad, ausencia de baches vitales.

Por fin tengo algo claro: la Florero nace, no se hace.

No hay nada que yo pueda hacer para dejar de complicarme la vida, para no querer hacer cosas diferentes, para no arriesgar, para ir contracorriente.

No importa si anhelo una vida tranquila, no la tendré nunca. Igual que nunca tendré el pelo rizado ni me gustarán los crucigramas, por más que lo intente.

Quiero ser una Mujer Florero, pero no lo soy.

no

Qué lástima.

 

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