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Reflexiones de una majara

Solteras, monoparentales, parejas sin hijos y otros bichos extraterrestres.

Solteras, monoparentales, parejas sin hijos y otros bichos extraterrestres.

Hay gente muy cansina. A mí me tocan las narices especialmente esas personas que demuestran interés exacerbado sobre las vidas ajenas. Y no hablo de los amigos, cuyo preocupación está justificada, sino de esos que buscan en las existencias de los demás una excusa para demostrar que las suyas son inmejorables.

Les decía el otro día a unas amigas que, en estos tiempos, todavía algunas opciones como la soltería o la maternidad en soledad se consideran extrañas. Qué va, mujer, hoy en día ya tenemos la mente muy abierta. Es normalísimo. Todo válido. Viva la opción. Cada uno que haga lo que quiera.

Las capas, los sayos, su tía Rita.

Queridas mías, que estáis casadas y tenéis hijos como Dios manda, vuestras afirmaciones son como las de los blancos cuando afirman que no hay racismo o las de los hombres cuando cuentan que no ven el machismo por ningún lado. Si no lo sufres es muy probable que no te enteres.

¿A ti te han preguntado alguna vez por qué tienes pareja o por qué decidiste tener hijos con alguien?

Estupendo. Pues no hay mes, desde que cumplí los veinticinco, en el que yo me libre del interrogatorio. Mi vida es eso que sucede entre un “¿Por qué no tienes pareja?” y el siguiente. Desde que soy madre, pasa lo mismo con el “¿Y por qué decidiste ser madre soltera?”.

Lo mismo sufren las que tienen pareja y no viven con ella y /o decidieron no tener hijos.

Por si a alguien le cuesta ponerse en nuestro pellejo, imaginaos que os preguntaran constantemente ¿Por qué te duchas cada día? ¿Por qué te vistes? ¿Por qué hablas por teléfono? Probablemente no sabrías qué contestar. Así de patidifusa me quedo yo, semana sí, semana también.

La cosa está clara: lo NORMAL es tener pareja/vivir con ella/tener descendencia. Y si te desvías debe haber una razón de peso, que va desde una ruptura traumática que te dejó tan pallá que no quieres volver a saber de los hombres (o de las mujeres), hasta una esterilidad de lo más triste, o cualquier otro dramón. Lo de que esta es mi opción de vida no es suficiente.

La curiosidad responde a la creencia de que me salgo del camino establecido. Y está tan arraigado que ni os dais cuenta, chatines. Se busca justificación, explicación, la razón de tan extraña conducta. Porque es muy bonito compartir la vida, porque si te gusta mucho alguien quieres vivir con él, porque  los hijos son una bendición de Dios. Verdades absolutas. Y absolutistas.

-“¿Tú te has enamorado alguna vez?” me preguntaba una compi del cole en nuestra última cena.

-Claro, un par. (Deben ser pocas para mis cuarenta y cinco primaveras, a juzgar por las miradas que me echaron), pero nunca he querido tener pareja.

-No se puede ser tan racional en esta vida.

Soy una mujer de hielo, una tía cerebral a tope. Llamad a los de National Geographic y que me analicen porque esto muy normal no es.

No vamos a entrar en la irracionalidad del amor, ni en el archifamoso “Lo del amor no lo eliges tú”. Yo a Cupido lo metí hace tiempo en el mismo cajón que a los Reyes Magos, perdonen ustedes. Tampoco voy a regodearme en el hecho de que estar con según quién es tremendamente incomprensible. Lo de cuántas parejas se han fraguado sobre los cimientos del que no sabe estar solo también es otra historia de terror que tela.

Pero a lo que íbamos, hay algunos que no solamente cotillean, también se enfadan, se ofenden ante esta cosa nuestra de vivir la vida como nos sale del toto (o de las pelotas). Porque no entienden. Y es que no hay NADA que entender. Yo nací solita, sin pareja y así me he quedado. Si acaso habrá que saber por qué tú decidiste compartir tu vida con alguien. Yo simplemente no hice nada. Y tan a gusto.

Lo peligroso de esas creencias que están tan arraigadas que incluso pasan desapercibidas es que no todo el mundo se las pasa por el arco del triunfo. A algunos les joden la vida entera. De ahí los miedos a estar solos, a las relaciones disfuncionales a las que se agarran cuales clavos ardiendo porque, AY, si te sales de la normalidad. Fracasado. Raro. Egoísta.

Respetar la libertad del de enfrente no consiste solo en aceptar su modo de vida sin criticarlo, sino en saber que no hay nada que juzgar ni que entender. Tampoco no hay nada que preguntar.              

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