Ir al contenido principal

Etiqueta: amistad

Momentos que te cambian la vida

Momentos que te cambian la vida

Momentos que te cambian la vidaA estas alturas una ya sabe que esto no va de tomar las que se consideran GRANDES DECISIONES, sino de identificar esos pequeños momentos que, como dice mi amada Mariella Villanueva, te cambian la vida.

Mi vida no sería muy diferente, por ejemplo, si en lugar de estudiar Derecho, hubiera estudiado Filología, o Historia, o Psicología  (escoger una carrera, qué importante, O NO), excepto por un nimio instante en el que una chavala pizpireta preguntó en el bar de la Facultad que quién salía aquella noche. Levantar la mano me cambió la vida para siempre porque no la concibo sin Bonnie, sin los años en los que recorrimos TODOS los bares de Barcelona, sin nuestros viajes, nuestras conversaciones y sin mis visitas a ese Nueva York al que se mudó hace ya tanto (la muy perraca).

El Nueva York de mis amores en el que se gestó este blog a fuego lento, a base de desayunos con Bonnie y con Carmen, esa filmmaker maravillosa fruto de otro pellizco del destino, de una presentación fortuita en una discoteca ibicenca, a las 5 de la mañana, bailando a una cantante (ahora amiga del alma) con la que acabo de escribir mi primera canción 14 años después de aquello (el Universo es MUY maravilloso).

Yo no sería esto que soy, si una noche discotequera de verano de hace 25 años no se hubiera dado la siguiente conversación:

Yo: ¿Cuántos años tienes?

Isra: 16.

Yo: (volviendo a mi rincón de la disco con un golpe de melena) Vale.

Luis: (dirigiéndose a mi rincón) Que dice mi amigo que por qué le preguntas la edad.

Yo: (de nuevo, a golpe de melena) Si tu amigo lo quiere saber, que me lo pregunte él.

Y me lo preguntó, GRACIAS A DIOS.

25 años, algún revolcón, dos matrimonios (de ellos) y cuatro hijos (dos míos) después, aquí seguimos Isra, Luis y servidora siendo amigos del alma. De esa amistad surgieron otras, como la de mi adorado Ángel, ese marido gay con el que comparto alma, corazón y vida. Y gracias a él conocí a mis Grecas maravillosas, que llenan mis brunches dominicales de risas y conversaciones sobre penes (las mejores).

¿Y si Mabel no hubiera aparecido en aquella cena? Pues probablemente me reiría mucho menos, me sentiría mucho más sola y diría muchas menos gilipolleces. Porque decir imbecilidades en soledad ES UNA MIERDA y ella siempre está dispuesta a decir una más gorda.

Soy una tía muy afortunada, mis amigos no se cuentan con los dedos de una mano, NI DE DOS.

También hubo muchos que se quedaron por el camino. Bye. Adiós. Au Revoir.

Mariella, te dije que escribiría un artículo sobre tu artículo.

Lo he pensado detenidamente y ya sé cuales son los momentos que han cambiado (y cambian) mi vida: aquellos en los que conocí a mis Grandes Amores y decidí que se quedaran conmigo.

Ellos me hacen confiar en mí misma, su tolerancia mejora la mía, ensanchan mi mundo, alegran mi vida y me empujan a salir de mi zona de confort. Me inspiran, me acompañan y me arropan.

Sin ellos vosotros no estaría aquí escribiendo este artículo, al que no añadiré fotos, ni vídeos. En este caso, una imagen no vale más que seiscientas seis palabras.

   
Como conocí a vuestra Sol

Cómo conocí a vuestra Sol (por Paulo García Conde)

Como conocí a vuestra Sol

Paulo García Conde es periodista, gallego, novelista, talentoso, bloguero, barbudo, guionista, buena gente y muchas cosas más, a cual más bonita. Le supliqué que me regalara unas líneas y aquí las tenéis. 

Gracias, mi Paulo.

Cómo conocí a vuestra Sol

Quién me iba a decir a mí que iba a terminar escribiendo para uno de los recovecos cibernéticos que más me hacen reír. Y no es por adular a su creadora, que ya la tengo engatusá. Es porque, vídeos de caídas y sustos en Youtube al margen (supongo que ya no hace falta que líneas más abajo me defina como friki), las aventuras personales que esta cuarentona adorable tiene a bien compartir con todos nosotros son para mearse en los vaqueros (o en los leggins para quien los tenga, veréis qué sensación). La diferencia radica en que hacer reír al personal a base de hostiazos es muy fácil; de hecho, es el humor más primitivo que hay. Y como primitivo que soy me encanta. Pero como amante de todas las cosas escritas con talento, también me pirro por las historias bien contadas. Que un poquito de mérito tienen. Por eso me hace ilusión estar escribiendo esto para Las claves de Sol, a sabiendas de que mi humor rancio y bajo en proteínas echará por tierra la lucidez de este blog. Es una penica, lo sé. Pero nunca desecho la oportunidad de poner pringado lo ajeno. Lo hice con la vida de mi madre al nacer, ¿qué menos podía hacer esta vez?

Lo cierto es que no se me ocurre muy bien qué contar, qué plasmar por escrito para fastidiar los niveles de humor y agudeza mental que suelen integrar las entradas de este lugar. Podría rescatar alguno de los temas que trata Sol a menudo, pero tengo miedo del experimento. Veamos, hablar de… la maternidad, o de la paternidad en mi caso; aunque no sé, tengo más meses de lactancia acumulados en los testículos que ya uno no sabría decir con seguridad (Esto no lo leen niños, ¿verdad?) En fin, que yo sobre maternidad no podría aportar mucho, pero sobre ser hijo…. tampoco. Podría hablar sobre las relaciones entre cuarentonas y veinteañeros desde el otro punto de vista, pero me daría cierto reparo volver a recordar que la única vez que me magreé con una madre la perdí por llegar a la reflexión de que hubiese sido más sensato haberlo hecho con su hija. Ni siquiera hubo coito, solo un tortazo, así que dejé que bailase en sujetador por la discoteca a la que nunca debí haberla arrastrado. En fin, que veo difícil rescatar alguno de estos temas. ¿De sexo? Podría ir al chiste fácil y preguntaros qué es eso. Pero no, sé que es eso. Solo que lo tengo un poco olvidado. Liarse con una modelo checa de metro ochenta y tres deja el listón “muy alto” (pum chist!) y, en el caso de ser un retaco poco agraciado y tocado por el don de la introversión, lo que deja es más bien un trauma. Nunca volveré a conseguir algo así. Como tampoco creo que consiga tomarme un café (condimentado con cloroformo; el suyo) con Jennifer Lawrence o Blanca Suárez (¡Hola, Blanca! Que seguro que lees Las claves).

Visto lo visto, no me va a hacer falta elegir tema, porque como de costumbre me he explayado y enredado sin haber contado nada en realidad. Eso sí que se me da bien. Pero ahora que he entrado en calor, se me ha ocurrido algo interesante sobre lo que hablar. Tiene originalidad, tiene acción, tiene emoción… Podríamos titularlo Cómo conocí a vuestra Sol. Aunque lo llamativo es más bien “por qué dos personas tan distintas se caen bien”. Porque posiblemente yo sea lo más opuesto a nuestra querida mamá estelar. A ella no le cuesta tender la mano, a mí me causa pavor estrecharla. A ella no le cuesta retirar la mano si descubre que la otra persona es idiota, yo tengo pesadillas en las que un idiota me dice a mí que soy un idiota. A ella no le cuesta hacer mil y una cosas a la vez, yo sufro cortocircuitos si tengo dos asuntos pendientes y sin resolver. Y a ella no le cuesta brillar con luz propia. Yo… pues yo, trato de robarle la luz al vecino.

Pero, si dejamos todo eso al margen, hay algo que tenemos en común. Gusto por el humor ácido, cero comedido. Si no nos hubiésemos conocido en una clase de guion, lo hubiésemos hecho en la reunión de una secta de humor sin censura. Aunque gracias a la salud mental que todavía conservamos, no fue en una secta y sí en un curso de guion. Os preguntaréis cómo entablan amistad una persona extrovertida y otra altamente introvertida. Sencillo: a través de sus ejercicios de clase, a través de sus creaciones. Os dejo adivinar a quién pertenecían aquellas más retorcidas y con mala leche.

Y así fue cómo conocí a Sol y cómo ella me conoció a mí. Estoy seguro de que en un primer momento se sorprendió de que un mosquita muerta tuviese ocurrencias tales (dicen que tengo pinta de bueno; yo sigo queriendo creer que mi segundo nombre es Satanás), y por eso me quiere aunque sea un poco. Claro que yo, por su introversión, por su humor, y por hacer una y mil cosas a la vez brillando con luz propia, la quiero mucho. Y a Blanca Suárez también, que nadie se me cele.

blog-mujer-mujer

Mi Amigo

Mi amigo

Me he levantado toda cachondona apasionada y con ganas de escribir sobre ese follamigo amante con el que me lo paso de muerte, pero cuando llevaba 10 líneas me ha interrumpido Mi Amigo por teléfono.

Me llamaba por si quería ir a comer con la pandi y ante mi brusca negativa “estoy escribiendo. Paso.”, él me ha respondido “es que si tú vienes, siempre mola más”.

Y HE MUERTO DE AMOR.

Mi Amigo es de los pocos heteros que te llaman “para nada”, que en realidad es “para mucho”: para saber cómo estás, cuándo os veis, para enviarte un beso y recordarte, sin decirlo, que te quiere y no se olvida de ti aunque no te vea durante meses.

Mi Amigo, con su polo ideal, sus bermudas y sus mocasines impolutos, me mira mientras yo, con mi chándal roído y mis pelos de loca, le enseño mi último tatoo y leo las barbaries que escribo. Y cuando le pregunto gesticulando sin medida “¿cómo puede ser que tú y yo seamos amigos?”, me contesta sonriendo y calmado “estas cosas pasan”.

Mi Amigo rechaza un asiento en primera clase para volar a mi lado durante 13 horas sin tan siquiera decírmelo porque sabe que le soltaría un guantazo por gilipollas maravilloso; es capaz de zamparse dos conciertos de Luis Miguel consecutivos y sin pestañear  porque, aunque yo voy feliz sola, él quiere compartir mi momentazo; se sienta a mi lado callado porque respeta mis silencios, así como respeta mis gritos.

Él no juzga mis extravagancias, mis histerias, mi sarta de palabrotas sin fin.

Nunca insultará vociferando al cabrón que me pone los cuernos, ni jurará que le va a cortar los cojones (que para eso ya están las amiguis). Él te escucha, te mira, sonríe, y su presencia te recuerda que el mundo no se hunde porque él está ahí para impedirlo.

Y por todo esto (y mucho más) he decidido escribirte a ti y no a otro. Porque, amado Amígo Mío, si tú vienes, mi vida SIEMPRE mola más.

blog mujer humor

tener chirri une mucho

Tener chirri une mucho.

tener chirri une mucho

Mi amiga Vero es muy de celebrar sus cumples a lo grande y este año tocaba finde en Formentera.

Allá que nos vamos todas. Algunas muy amigas, otras más, menos o nada conocidas.

Plan ideal de hamaqueo en playas cristalinas, sangrías y rajar, mucho rajar que es lo que nos gusta. Acabada la primera jornada, ya éramos todas coleguis. Con un tipo de colegueo desenfadado y de risa tonta que se da mucho más en verano que en invierno. Interesante.

Servidora, que es muy analítica, empezó a darle vueltas a esto de la amistad veraniega, la amistad femenina, la hermandad entre féminas, etc. y tras mucho pensar he concluido que la razón de esta amistad repentina está EN EL COÑO.

LAS COLEGAS TIENEN COÑO, como tú. Y tener coño une, Y MUCHO. Y en verano, y más si es en Formentera, acabas viéndotelo porque bañarte en pelotas en esas aguas transparentes ES LO MÁS. Si encima de tenerlo, compartes tu chirri, la unión ya es máxima.

Pensaréis (sobretodo los que me conocéis) que estoy de broma, PERO NO.

Recordad a las amigas que habéis tenido a lo largo de vuestra vida: las del cole, el instituto, la universidad, el curro, algunas que hayas podido conocer de vacaciones, etc. ¿Qué tenéis todas en común? TODAS TENÉIS COÑO. Y sed sinceras, en algunas mogollón de ocasiones, eso os ha unido. El chirri es motivo, directo o indirecto, de miles de conversaciones a lo largo de nuestras vidas. Por poner unos pocos ejemplos…

  • El primer pelo púbico: lo recuerdo como si fuera ayer. Ahí, tan solo, tan largo y tan feo. Se lo enseñé a mis amigas en unas colonias que organizaba la iglesia de mi pueblo (no sé que habría pensado el cura de nuestras muestras capilares). Con esas mismas amigas, 20 años más tarde nos hemos enseñado las primeras canas (sí, en el coño salen canas, QUÉ PASA).
amigas2
Tus amigas mirándote las canas del …
  • La primera regla: la de complicidades que generó y todas las conversaciones que había alrededor de ella. La que ya la tenía y lo sabía toda la clase aunque la pobre no hubiera dicho ni mú, la que con 15 tacos aún nada y era la rara, “que si yo soy de Évax” “que si yo soy de Ausonia”, la amiga íntima que te enseñó a ponerte el primer támpax, esos dolores horrorosos que te hacían sentir TAN mayor (¿Qué fue de Saldeva?).
  • La primera vez (que trikitriki): lo pongo así para darle un toque romántico al primer polvo. ¿Cuántas horas pasaste escuchando a las que ya lo habían hecho?, ¿cuántas horas intentando hacerlo porque por ahí no cabía un alfiler? y ¿Cuántos días pasaste comentando con tus amigas si a ellas les pasaba lo mismo? y luego cuando pasó, ¿cuántas semanas lo estuvisteis rememorando? Pues eso.
titanic
Tú en plan romántico tras el primer tracatrá.

  Tras el pollazo pistoletazo de salida, ancha es Castilla y viene el momento experimentación.

  • El sexo salvaje: maravilloso. Qué cutis te deja y cómo te lo notan tus comadres. Y cómo lo retransmites. Y ellas resoplando “qué cabrona”, “pues no hace tiempo que no me pilla uno de esos”, “pues esto me recuerda a aquel que me ponía mirando a…”
sexo salvaje
Tu amiga contándote como es Cuenca.
  • El mal sexo: seamos sinceras, las colegas son las que más disfrutan con tus mierdipolvos y al final te ríes con ellas por no llorar.
risa
La zorra de tu amiga  descojonada por tus desgracias sexuales.
  • No tener sexo: esto ya no da risa, pero sí mucha conversación. Más que nada porque todo el tiempo que no estás follando (o sea TODO), lo pasas hablando.
  • Los picores: es necesario tener una amiga médico. Si no la tenéis, ya la estáis buscando. A las malas, malas, una farmacéutica o enfermera. EL CHICHI PICA, eso es así. Y siempre lo hace a horas intempestivas, un domingo o en plena Nochevieja. Puede ser por varias razones: las setas candidiasis malditas, las noches salvajes, las infecciones varias… El chirri es un lugar húmedo, sensible y con una flora más delicada que los putos bonsais.
madonna
Esta necesita una amiga médico. YA.
  • Los partos: yo no puedo con este tema. Me repele. Pero las hay que lo aman y que siguen hablando de sus placentas, sus contracciones y sus chirris sanguinolentos en la boda de sus hijos.
  • La menopausia: si te parece que me estoy yendo muy lejos porque para esto “aún te queda mucho”, lee esto que escribí hace unos meses. Los sofocos, el insomnio, las sequedades coñiles son otra gran fuente de charla femenina.
menop
Yo, que estoy negra de tanto sofoco.

No estoy diciendo que solo hablemos de nuestros bajos, que conste. Pero es verdad que el tener algo en común, como puede ser un chirri, con unas problemáticas muy particulares, que solo contarías a alguien que te entendiera de verdad (o sea, la portadora de otro chirri), ayuda al colegueo.

No sé, esto es lo que se me ha ocurrido tras un día playero viendo los coños de mis amigas, que me parecen los más bonitos del mundo (después del mío, claro está).

¿Y tú? ¿Crees que el tener vagina crea comunidad?

             

Las primeras veces

Anoche conocí a un chico guapo y joven de cojones narices. Le dedicaré otro post titulado “Cómo asaltar cunas en tres pasos” y puede que lo convierta en un curso monográfico que seguro tiene gran aceptación entre mis comadres. Pero eso será otro día.

La conversación con el apuesto mozo, el final de curso de los niños, la llegada del verano y que soy muy del reflexionar, me han empujado hoy hasta este, mi amado blog, que llevaba un mes abandonado.

Una piensa que tampoco ha cambiado tanto desde los 25. Pensamiento estúpido que corroboran tus compis de colegio cuando afirman que “estás igual”, probablemente proyectando en ti lo que desean para ellos mismos. Y UNA MIERDA.

Si no te fijas, quizás pueda parecerte que esos pimpollos veinteañeros y tú no sois tan diferentes, pero míralos… Huelen a libro nuevo, a juguete de Navidad, a vacaciones de verano. Ellos están llegando y tú llevas tiempo aquí. Podrías escribir el guión de sus próximos 20 años sin equivocarte demasiado. Pero no lo haces porque ahí está la gracia, en caminar a tientas y dibujar tu propio mapa.

Volviendo al tema, ni para mejor ni para peor, pero NO ESTOY IGUAL que a mis 25, ni que a mis 35. El cambio Porfuera es fácil de ver. Ahí están las fotos: aquellas carnes prietas, la ausencia de ojeras y de estas malditas patas de gallo que NO HAY MANERA de difuminar digan lo que digan los fucking anuncios de Lancôme.

El Pordentro ya es otra cosa. Ay el Pordentro, ese que no se ve, PERO QUE SE NOTA.

Hay Pordentros muy jodidos, que viven de recuerdos y creen que aquellos momentos rollo Verano Azul de los 80 fueron lo mejor que les ha pasado y les pasará. Tendrán que vivir de rentas Veranoazulescas pa los restos. Las ilusiones no existen en esos Pordentros. La vida, para ellos, es una sucesión de rutinas preacordadas entre sus karmas y sus carnes. Para esos Pordentros la Felicidad es la ausencia de conflicto, SIN MÁS.

Y luego están los OTROS Pordentros. Esos que con los años ganan en perspectiva y que, aunque no escarmientan en cabeza ajena (frase favorita de mi amada madre), han tenido tiempo de hostiarse mil veces con su cabeza propia. A esos Pordentros les mueve la ilusión: por ver a un amigo, por hacer un viaje, por ir a un concierto, por cortarse el pelo, por escribir…

Los Pordentros Ilusionados y Escarmentados saben que “También esto pasará”, que de mal de amores no se muere, que hay noches en las que es mejor retirarse a tiempo, que hay que perdonar lo perdonable y empezar de cero mientras puedas.

No voy a hacer demagogias sobre lo maravilloso de la madurez, qué coño. Me molaba mogollón mi Pordentro (y ni os cuento mi Porfuera) infantil, adolescente, juvenil. Pero sé que no volveré al primer beso de aquel verano del 86, ni recorreré mi el mundo en mi Vespino, ya no me dejaré anochecer en la playa mientras mis amigos juegan al voley con las melenas al viento (actualmente calvicies incipientes). Ya no me matricularé en la Facultad de Derecho ni estrenaré mi carpeta de la Universitat de Barcelona (los de allí sabéis de lo que hablo), tan azul y tan nueva cada septiembre. Ya no descubriré Nueva York ni iré a mi primer concierto.

A este Pordentro le toca buscar otras Primeras Veces. Ahora se tiene que currar la chispa de la vida porque la que venía de serie se agotó hace tiempo.

Sí, mi Pordentro es Ilusionado, pero reconozco que mis momentos de felicidad máxima llegan cuando me subo a la máquina del tiempo y paso un finde sin hijos, con las amigas, enajenándome en el karaoke y volviendo a casa, zapato en mano, a la hora a la que normalmente me levanto.

Ayer le pregunté a aquel chaval qué quería ser de mayor. “Feliz” me dijo Él (que olía a libro nuevo, a juguete de Navidad, a vacaciones de verano). “FELIZ”. Quise decirle muchas cosas, como que más le vale serlo YA, desde anoche y para siempre.

Me encantaría decirle, a Él y todos los de su especie juvenil, que la vida está hecha de etapas, que todas tienen su encanto, que con los años uno gana en experiencia, sabiduría, sosiego… y que no echo de menos aquellos años de tersura cutánea y cerebral.

Pero mentiría.

Mañana llega el verano y ahí seguiré, buscando más Primeras Veces, cada vez más difíciles y cada vez más escasas.

phrases-juventu-young-Favim.com-454743
algo se muere en el alma cuando un amigo se va

Algo se muere en el alma…

algo se muere en el alma cuando un amigo se va Cuando un amigo se va… A todos nos ha pasado. Uno o varios amigos se van a trabajar a otro país y nos quedamos en el mismo sitio pero sin ellos. Algo se muere en el alma… pero yo he aprendido mucho con su ausencia y te lo cuento en WeLoverSize. Si quieres leerme, haz click aquí. Besazos