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Etiqueta: madre bloguera

La Soledad ¿necesidad o vicio?

Mi nombre real me define totalmente, de hecho mucho más que el sobrevenido “Sol”. A mí lo de los calores y las playas como que no.  Si a mi santa madre se le ocurrió llamarme Soledad por algo sería. Lo de ser hija única acabó de marcar mi destino FOREVER.

Solitaria desde siempre y por el avatar vital, pues más. A menos tiempo libre, menos tiempo de soledad, etc. No voy a dar el coñazo con lo que ya sabemos: las madres no tenemos tiempo bla, bla, bla . Si eres soltera, quizás aún menos. Digo lo de “quizás” porque de todos es sabido que en ocasiones el macho adyacente no solo no quita curro sino que DA MÁS (aquí viene el abucheo masculino, que acepto sin pestañear).

Aclaremos mi concepto de Momento Soledad, que tiene tela. Estar sola no es tener a los niños acostados, NO, NO, NO, es que no hay NADIE en mis dominios. Para mí, la Soledad es un estado mentalzenmaravilloso en el que solo entro cuando:

Caso 1: cualquier ser vivo está más allá de la puerta de entrada cerrada con dos vueltas de llave.

Caso 2: estoy por las calles, sin apenas riesgo de encontrarme con alguien conocido que me chafe el plan.

En los dos casos, el tiempo requerido para que la Soledad haga mella positiva en mi estado de ánimo es de un mínimo de 3 horas. Si no,  no me vale.

El AmoralaSoledad rige mi vida: me voy de viaje sola (no siempre, of course), al cine, a tomarme mis mocca blancos, a pasear. Esa fue una de las principales razones para mudarme a Madrid. En la little isla no doy un paso sin encontrarme con alguien que me saluda y/o en el peor de los casos se sienta conmigo allá donde esté  para hacerme compañía (tócate los pelendengues…). Pero la gran ciudad me permite estar sola entre la multitud y que nadie joda MI MOMENTO.

A estas highers ya deberíamos conocer la diferencia entre “estar” (que mola) y “sentirse” (que no mola nada). Ejemplo claro: cuando estaba en proceso de adopción alguien me dijo “qué bien, nunca más estarás sola”. Al borde del Lexatín estuve. Gracias a Dios, al colegio, a los abuelos, a que con el tiempo se pirarán (y me dolerá, claro) ESO NO ES ASÍ. En el otro extremo, os digo que jamás me sentí sola hasta que fui madre. El porqué os lo cuento en otro momento y habrá muchas que estaréis asintiendo con la cabeza ahora mismo (qué ilusión me hará si comentáis algo al respecto aquí abajo).

Me causa fascinación la gente que disfruta SIEMPRE de la presencia de otros humanoides. Les admiro, en serio. Me parece mucho más fácil estar rodeado de otros seres, en el trabajo, en casa. Huir del grupo no siempre es fácil y cada vez menos con tanto Social Media. Además Los Sociables molan, son simpáticos, dan conversación a todo el mundo, organizan actividades, se suman a las ya organizadas sin que ello les suponga analizar al pormenor los pros y los contras de ver a TODA ESA GENTE. Y encima son anormales. NO COMO YO.

Ese fin de semana con las amiguitas:

– Si cuadra, por favor, yo en una habitación SOLA.

– Pero vaya ¿que te da igual si no, VERDAD?

– Hombre pues igual NO me da.

– Pero ¿POR QUÉ?

– Me gusta levantarme SOLA.

– Mira que eres RARITA, hija…

Y así por los siglos de los siglos…

Cuando ya me preocupaba seriamente lo raruno de mis Ansias Solitarias, mi amiga Carmen me lanzó un cable salvador  as usual y me dedicó unas bonitas palabras en la red social “Me ha recordado a tu mente brillante” escribió, y adjuntó un enlace que me ha alegrado la vida. YA ESTÁ, todo solucionado: soy brillante (o algo así). JODER, QUÉ BIEN.

Cuando leí el artículo, por un lado me alivié leyendo que Darwin rechazaba ir a cualquier fiesta y que está demostrado que la soledad fomenta la creatividad entre otras muchas maravillas (ahora debería descubrir algo equiparable a la Teoría de la Evolución, la gravedad o la relación espacio – tiempo, pero no lo veo, la verdad). Por otro, me sentí taaaaaaaan identificada en frases como “la soledad es el aire que respiran” o “solo cuando estoy sola me siento totalmente libre”.

Se supone que estando solos conectamos con lo que queremos y proyectamos conseguirlo. Yo siempre me he preguntado cómo lo hacían los demás para pensar con gente cerca. Yo no puedo, imposible. Pensaba que era lela pero gracias a Carmen ahora sé que no (o por lo menos no por eso). Sola he planeado mis viajes, he decidido estudiar esto o aquello, dejar a ese tío, llamar a ese otro, crear este blog, tener a mis hijos, sola escribo, sola duermo, sola sueño, sola decido donde voy porque así sé que llegaré donde yo quiera, sola decido si comparto mi tiempo con alguien que igualará la perfección de mi Soledad.

Mi Soledad es perfecta porque la elijo. Tan perfecta como ver a los que me ven (y me miran), oír a los que me oyen (y me escuchan) y hablar con los que me hablan (y me dicen).

Y tú, ¿qué eliges?

Menopáusica o teenager

Menopáusica y Teenager

Menopáusica o teenager

¿Qué creéis? ¿Que no es posible ser menopáusica y teenager al mismo tiempo? Eso pensaba yo hasta que…

Yo…

– ¿Hace calor o estoy menopáusica?

Mis amigas…

– Pero cómo vas a estar menopáusica con lo joven que eres…

Yo…

– Tengo 42 ya mismito.

Mis amigas…

– Pero es muy pronto ¿no?

Vamos a Google, para variar.

Wikipedia me cuenta que sí, que los SOFOCOS pintan mal; ni te cuento de las REGLAS IRREGULARES  (huy, huy, huy…); seguimos con el INSOMNIO (va a ser que sí); SEQUEDAD VAG…, pues mira, esto no sabría decirte; me hablan también de la DEPRESIÓN (esta no, la verdad); La última es el SOBREPESO (hombre, me he pillado unos kilitos, pero me lo he currado a pulso: bien de gluten y bien de azúcar). Resumiendo, tres de cinco.

Se lo vuelvo a comentar a mis comadres.

– Pues no te pega estar menopáusica.

– Pues no me pegará, pero es lo que hay.

¿Y qué pinta tendrá una menopáusica media (en adelante una M.M.)? ¿Quizás unas arruguitas y unas fofeces con un aire de “estoy de vuelta de todo y dejo de menstruar, porque hasta de eso paso”? ¿La M.M. será una tía madura, canosa, que lee sobre temas profundos, ve pelis afganas (en v.o. por supuesto) y que ya no se come el tarro si un tío no le envía un Whatsapp?

Pues no me veo como M.M., la verdad. Entonces ¿¿¿¿¿¿CÓMO PUEDE SER QUE ME ESTÉ PASANDO ESTO A MÍ?????

Igual es que mis Órganosinternosdeabajo ignoran que no tengo arrugas ni flaccidez facial, gracias al pastón que me dejo en cosméticos y a que dejé de tomar el sol en el 83. Tampoco sabrá que mantengo la pechuga en su sitio porque no he parido y el pandero más o menos, sentadilla va, sentadilla viene. Mi útero probablemente desconoce la de majaderías que escribo en este blog, dignas de un ser absolutamente inmaduro intelectualmente. Mis trompas semiatrofiadas no sabrán que me he enganchado a “Juego de Tronos” y a “Suits” no por la profundidad de sus argumentos, sino por lo buenorro de sus protagonistas y, desde luego no tienen ni idea de que lo más trascendental que he leído últimamente es la portada del “Cuore”.

Sobre si me como el tarro por los Whatsapps machunos no voy a pronunciarme, PA QUÉ.

O sea, que mis órganos reproductores (¿o era reproductivos?) van a su bola y han decidido desmarcarse del resto de mi body así porque sí.

Esto me hace pensar que la proyección que tenemos de nuestras edades futuras es CIENCIA FICCIÓN. This is clear. De pequeña imaginaba que a mis 20 llevaría siempre taconazos, LO TENÍA CLARÍSIMO. Cumplí los 20 y creo que me quité las Converse para ducharme.

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Mis Converse (1992 -2017)

Entonces piensas en los 30, HOSTIA LOS 30. A los 30 los hijos están al caer si no han caído ya, el novio se ha convertido en marido (no en mi caso, NEVER), y te envuelve un halo de tía interesante MONUMENTAL.

La mujer de 30 es un adalid de la cultura contemporánea. La mujer de 30 es la PERFECCIÓN: sabe lo que quiere, cómo conseguirlo, de dónde viene y a dónde va, su vocación no puede estar más clara, sabe elegir macho, aún tiene las carnes prietas y ha desaparecido el acné. La mujer de 30 va SIEMPRE bien peinada y lleva la manicura impoluta, ya se hizo la depilación láser y se operó la miopía. La de 30 tiene tiempo para todo: lee las revistas de moda, todos los best sellers, trabaja mil horas y gana una pasta, va al gimnasio y hace zumba, crossfit y yoga, muuuuuucho yoga…

Y llegan los 30, Y-TE-DES-CO-JO-NAS.

Avistamos los 40. Los 40 SÍ QUE MOLAN. Lo de los 30 era un poco acelerado, pero a los 40 YA SÍ. Has tenido 10 años para cabrearte porque llevabas las mismas Converse que a los 19, el mismo mal gusto para los tíos, las mismas ausencias en el gym y porque no tenías ni idea de qué coño querías hacer con tu vida.

Pero ya está. AHORA SÍ. A los 40 te esperan la estabilidad económica (jua jua jua), esos hijos que te proveen de paz mental interminable (a esta sandez le dedico otro post), madurez intelectual (dicen), equilibrio emocional (cuentan) y lo mejor: PLENITUD SEXUAL, porque las de 40 somos unas fieras desprovistas de todo complejo e inhibición. Vamos, unas cerdacas en toda regla dispuestas a disfrutar y a ser disfrutadas en plan animal porque aún te quedan lo menos, lo menos…12 o 13 años para la maldita menopausia que te secará el jilguero PA LOS RESTOS.

Llegan los 40 y…NO COMMENT.

Ahora surprise, surprise, que hay algo que no sabéis… después de los 40 vienen los 41. “Obvio”, pensareis. Pues a mí no se me había ocurrido hasta que llegué a los 40 años y 11 meses.

Porque los 40 molan, ¿pero los 41? ¿Qué coño son los 41? ¿Qué fantasía se puede imaginar con esa mierda de número? Los 40 lo ocupaban TODO y no dejaban ver lo que hay detrás: LA MEDIOCRIDAD DEL 41.

Los 41 son un antes y un después, o te hundes para siempre o lo superas y te pasas por el jander la numerología completa. Lo que no te mata te hace más fuerte. Y en esas estoy yo, a 3 días LITERALES de los ansiados 42, de tenerlo TODO superado.

¡QUE GANITAS TENGO!

Porque a los 42 ya no sufres por  los problemas del curro ni por  la maternidad. Se acabaron las dudas constantes y DESDE LUEGO los machos no te marean, NO HOMBRE NOOOOOOOOO.  A los 42 eres la Estatua de la Libertad, la Torre Eiffel, el Big Ben, la Giralda…Les miras a todos desde ahí arriba con la sabiduría fluyendo por tus venas y con la convicción de que AHORA SÍ QUE SÍ.

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Yo misma en 3 días.

Si soy sincera y realista, o cambia mucho la cosa en 3 días o me veo como a los 19, mucho más Teenager que Menopáusica. El consuelo es que en nada llegan LOS 50 y ya veréis, ya. A los 50 SÍ.

¿O no?

PATO´S LIFE: el ideal de una madre estresada

Pato´s life: el ideal de una madre estresada.

PATO´S LIFE: el ideal de una madre estresada

Empiezo este post en la puerta de embarque número 6 del JFK.

Sí, he vuelto a Nueva York. Lo hago de forma compulsiva o eso quisiera. ¿Algo nuevo? Ahí siguen mi Bow Bridge, el edificio Chrysler y el puente de Brooklyn. Soy yo la que va cambiando y la que, afortunadamente, se renueva en estos lares.

Por lo demás, clásicos que adoro: las visitas de Carmen para rajar despanzurradas en las mega camas del hotel, nuestras quedadas en la puerta del Barnes & Noble de Union Square para decidir donde vamos (qué bonito que te importe un huevo el emplazamiento), las cenas en Craftbar, reír hasta llorar (e incluso soltar gotillas de pis) con la Madre Niuyorkina en cualquier banco callejero…

Algo tenemos en común estas tres personajas: somos de todo menos pausadas, nos zampamos el exceso, pero A LO BESTIA. Curramos hasta enfermar, asistimos a cursos variopintos, proyectamos mil futuros, siempre más y más y más. La vida se nos hace corta.  No tenemos solución en lo que actividad masiva se refiere, y las tres nos planteamos lo mismo again and again: ¿será posible ser una desquiciada sin estresarse? ¿asumir la actividad despiporrada, el trabajo, la maternidad en plan salvaje pero sin que eso nos genere nervios, ansiedades, herpes, granos en el jeto…?

Yo me lo propuse ayer por la mañana en Central Park. Estaba yo en Mi Banco, mirando Mi Puente, el laguito, zampándome un croissant del tamaño de mi cabeza, cuando vi los patos. Esos patos con el cuello verde en grupos de a tres cruzando el lago, deslizándose en paz absoluta, mirando y ADEMÁS VIENDO.

Les miré muuuuuuucho rato y seguían deslizándose y les daban igual los rebaños de japoneses que me tapaban la vista para hacerse 584 fotos (cada uno), las ancianas millonetis con sus perros repeinaos, los deportistas buenorros, los carritos de hot dogs, los estudiantes, los enamorados, yo misma.

Y quise ser pato. PARA MIRAR Y ADEMÁS VER. Para que el móvil, el reloj, la búsqueda de las llaves al salir de casa, el metro que no llega, la bombilla que se funde, el ordenata que no arranca, el cargador olvidado, no me sacaran de quicio nunca más.

¿Jodido? TOMA, CLARO.

En esos momentos una piensa que esta vez sí, que ya sabe lo que quiere y que se va a quedar anclada a la Sensaciónpato forever. Pero eso fue en Central Park y ahora estoy en Chamberí (me encontré con amigos en la puerta 6 del JFK y dejé la escritura para otro momento). Dos semanas después retomo el teclado y la Sensaciónpato. Hoy sí. Hoy no me desquicio. Hoy voy a ver Madrid, voy a escuchar y a escucharme. Hoy no apuraré los minutos para hacer “esa última cosita” antes de salir por la puerta, que me fastidiará irremediablemente la hora siguiente porque, JODER ¡QUÉ MIERDA!, es imposible parar el tiempo por mucho que yo lo intente.

Asumamos que es imposible plancharse los pelos en 2 minutos, hacer la comida en 3 o responder ese maldito mail en 4. Ahora mismo asumo que, aunque seguiría escribiendo y repasando y reescribiendo, el reloj no se va a parar aunque yo apriete los dientes. Y tengo que preparar la cena, ducharme, ponerme mona y salir de casa cagando fostias. Asumiré también que no me da tiempo a colgar todas las fotos que irían bien en este post y que nadie me juzgará por ello.

LA INCONDICIONAL

La Incondicional

LA INCONDICIONAL

Hoy os escribo desde el lejano Chile, donde estoy unos días de vacaciones. He venido a celebrar los 40 de alguien importante y, como el universo me adora por razones del todo desconocidas (creo que os lo había comentado antes), la visita ha coincidido con un par de conciertos de Mi Cantante.

Eso será dentro de dos días y aquí estoy yo a la 1.00 de la madrugada (las 6.00 en las Iberias, ojo jet lag) viéndome un concierto suyo enterito en YouTube a modo de aperitivo y para quitarme el mono que me acecha.

Os voy a contar algo a riesgo de que dejéis de leerme por majara, por desequilibrada o por obsesiva (que lo soy TODO): yo me he zampado 46 conciertos de este señor y cuando vuelva a España el próximo viernes habrán sido 48. No os equivoquéis. Escucho miles de músicas varias y NO puedo ser menos mitómana, ni menos romántica, ni menos nada. “Y UNA MIERDA” estaréis pensando.

Y entonces ¿POR QUÉÉÉÉÉÉÉ? Pues empiezo a tener alguna pista y para cuando acabe de escribir esto, tendré muchas más. Para empezar, Él es el punto que tienen en común mi Yo de hace 20 años con mi Yo de ahora. Es LO ÚNICO de lo que no me he cansado jamás, yo que me harto hasta de mi sombra. Él es mi banda sonora.

Le adoré en la Universidad desde que mi madre trajo su CD a casa, me siguió hasta Puerto Rico durante el año que estudié allí, me ha cantado en mis viajes a Nueva York, a California, a Atlantic City, a Sevilla, a Santiago de Compostela… Me ha acompañado en la radio del coche de camino a mis exámenes y de vuelta a casa de madrugada tras mil marchas descontroladas.

He vivido en varias ciudades, dejé amigos para encontrar otros, tuve varios trabajos, dos hijos, varios y variados amantes, estilos de vestir, el pelo largo, el pelo corto, el pelo de colores. He cambiado el “de dónde vengo” y mil veces el “a dónde voy”, siempre quiero más y a veces me quiero menos. Y ÉL sigue ahí, cantándome.

Cuando no me encontraba, escucharle me recordó quien era y donde quería estar. Su voz me ha alejado de lo gris recordándome que mi vida es la hostia y es mi obligación ponerle color cada puñetero día. Si alguien encontró mi grieta y metió los dedazos en ella, tras un par de canciones tuve la fuerza para rebanarle las manazas a quien fuera.

Él ha cumplido conmigo los 20, los 30, los 40… SIN DUDA, mi momento más feliz: cualquiera de esos 46 conciertos (y los que quedan). Y esto, darlings, es maravilloso. Tener una referencia de la felicidad completa te da un GPS muy útil: todo lo que me acerque a esa sensación ES BIEN y todo lo que me aleje PUES QUE VA A SER QUE NO. ¿Infantil quizás? ME IMPORTA UN HUEVO, es más, ME ENCANTA.

Jamás perderé la emoción previa a los conciertos (que es que no puedo ni comer), la tristeza al final de una gira, las mariposas en el estómago cada vez que le escucho en una nueva canción, el trance mientras le veo en directo.

Los que me conocéis sabéis que Mi Cantante es tan parte de mí como mis palabrotas, mi Nueva York, mis coletas despeinadas o mis 4 Cola Caos diarios. Y en dos días, durante dos noches, flotaré hasta pegarme al techo, en mi Momento Más Feliz de la Vida y me recordaré que debo quedarme ahí todo el tiempo posible.

Y he vuelto a poner el concierto en YouTube pero os dejo ya que se va haciendo tarde, más de las 3.00. Y yo que quería madrugar mañana para escribir un post desde Chile…

La Regeneración y el Manhattan: magia en Nueva York

Y mira que una fantasea con que escribe desde New York y me doy cuenta de que ahora que estoy en la city no se me había ocurrido hacer la fantasía realidad. Seré melona…

Pero hoy me he iluminado y aquí estoy, en mi silla habitual de desayuno, frente al Empire y escribiendo. Espero que el Universo capte el mensaje y me deje repetir este momento infinitas veces más.

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Y al fondo…el Empire

En los escasos diez minutos que separan mi hotel del Pain Quotidien donde estoy sentada frente a mi Ipad, mis tostadas Five Grain y mi té con leche, me he dado cuenta de que aquí y ahora confluyen la mayoría de los contenidos de mis artículos que, al fin y al cabo, no son más que dibujos de lo que me motiva en la vida.

Para empezar,  I made things happen: he atravesado los 6.000 km. que me separan de mis cada vez más adoradas Golondrinas Niuyorkinas, para vivir un momentazo al que me aferro con uñas y dientes.

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Podría extenderme eternamente contando cuanto adoro Nueva York y lo que molan las tiendas, los musicales, los rascacielos…pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Por arte de magia, el pasado viernes estuve en una cena que fue algo así como revivir las secuencias más notables de mi vida. Allí estaban la Madre Niuyorkina: mi amiga y confidente desde hace 23 años. Concretamente desde un jueves en el que apareció en el bar de la Facultad de Derecho de Barcelona, preguntando quién salía esa noche. Obviamente levanté la mano. Y nunca nos volvimos a separar. Y fijaos que yo vivo en Madrid y ella en Manhattan desde hace 15 años. Pero lo mantengo, NUNCA NOS VOLVIMOS A SEPARAR.

Mi otra Golondrina estaba allí también. Mi amada y admirada Carmen , que viajó desde nuestra Ibiza hasta la Gran Manzana para ser cineasta, que tan orgullosos nos tiene con sus mogollones de premios (Emmy incluído)  y que tanto tiene que ver con esta etapa de mi vida, en la que me anima, me aconseja y me empuja para que escriba y escriba y escriba…

No podía faltar  Lidia, la actriz, mi  asesora de actividades artístico-culturales, compañera de proyectos presentes y futuros,  siempre de buen humor, que se unió al viaje porque si se pierde una la palma (literalmente), a la que le sobra entusiasmo y por eso me lo contagia cada día (y muchas noches).

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Lidia San José en su sosiego habitual

Para acabar, EL MAGO. Al que ahora admiro más por las risas que me genera, que por salvarme la vida en las lejanas Rusias ( y no es que no valore mi existencia, es que es muy gracioso).  Quién me iba a decir a mí que tres años después del salvamento, íbamos a estar cenando en el Craftbar de super Tom Colicchio. Él es la prueba viviente de que solamente hay que estar atento para ver que todo está escrito y que los círculos se cierran solitos (si tú no lo impides, claro).

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Estos encuentros en los que mezclas colegas que no se conocen entre ellos pueden ser peligrosos. Que a ti te parecen todos ideales y de repente entre ellos se odian y quieres morirte. Pero no fue el caso. Todo lo contrario. Entre charlas sobre Junot Díaz, relatos escabrosos sobre los ex respectivos, comentarios escatológicos (que me pueden encantar) y muchas risas, se nos pasó la noche sin que me acordara del jet lag.

En un momento dado tuve la extraña sensación de que veía toda mi vida pasar y pensé “ostias, a ver si es que la voy a palmar en breve”. Pero no en plan mal rollo, sino como “joder, qué suertuda soy. No imagino a nadie que pueda estar mejor acompañado que yo en este momento”. No estaban todos los que son pero sí son todos los que estaban…

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Maravillosas albóndigas de Craftbar

No sé muy bien como transmitir el entusiasmo, o la felicidad, o la plenitud que viví en ese rato, ni el regusto tan maravilloso que se me ha quedado y que sigo teniendo ahora que he vuelto a Madrid.

Sí, empecé a escribir frente al Empire pero no era cuestión de pasarme todo el día allí, que hay que vivir para poder escribir.

Yo que soy ostracista hasta la médula, que elijo con sumo cuidado con quien comparto mi tiempo y que no me corto un pelo en pirarme si la compañía no me parece la óptima, disfruté como una perraca observando la reunión como espectadora activa, segura de que ninguno de los componentes de mi Dream Team era consciente de lo que cada uno de ellos representa para mí, y mucho menos de lo maravilloso de su agrupación.

Imagino que he escrito esto, en parte, para contárselo. Creo que es importante posicionarse en la vida, gritar que SÍ a los que sí y por supuesto NO a los que no (ese será otro post). Esto debe tener que ver con mi obsesión de que la vida son dos días (uno con gripe) y que lo de perder el tiempo con algo o alguien que no mola me da bastante yuyu.

Hay dos cosas que me regeneran más que nada en el mundo: la primera es Nueva York. Perderme por sus calles, irme a Central Park y pasarme las horas delante de mi Bow Bridge, en encefalograma totalmente plano. Punto muerto para variar. Coco vacío totalmente. La segunda es pasar un rato de complicidad y carcajadas con gente a la que admiro y aprecio (o amo locamente en algunos casos).

La foto
Mi sitio favorito en el mundo mundial.

Si ambos momentos regeneradores se unen, ya es el no va más. Estoy convencida de que el viernes gané años de vida a base de crear células nuevas, todas monísimas y muy risueñas.

la foto 2
Golondrinas from Brooklyn. Amor a raudales

Y espero la ocasión se repita. En el mismo sitio o en otro mejor, con los mismos componentes y/o con otros, en este caso inmejorables.

Si tú me dices ven… me lo pienso y ya veo. No a la codependencia.

Pensaba escribir sobre el celibato voluntario (no es coña) que he decidido llevar a cabo pero, de repente, los astros se han alineado y he pensado que ese tema lo dejaba para el post siguiente porque hay algo que me urge contar.

Hoy os quiero hablar de la CODEPENDENCIA ¿lo cualo? En los sucesivos links ya iréis encontrando definiciones, síntomas, etc.

Yo me voy a centrar más en las vivencias propias o cuasipropias, en la casuística y en gritar (o escribir con mayúsculas en este caso) QUE NO HAY PORQUÉ SER INFELIZ, COÑO.

Lo que me ha movido a escribir este post es la impotencia ante tanta conducta disfuncional no reconocida y, sobretodo, no tratada. Tod@s tenemos una persona cerca que pierde el mundo de vista cuando se enamora (o cree que se enamora), que se deja manipular, que pierde su esencia, e incluso su presencia, sometida al feudo de la codependencia (que muchos confunden con el enamoramiento). Relaciones tormentosas que no se acaban nunca y viven en estado terminal durante años son el pan nuestro de cada día.

codependencia

Desde muy pequeños hemos visto como parte de nuestra cultura el rollo de “las locuras por amor” y conceptos como el “sin ti no puedo vivir”, “te necesito” y un largo etcétera de barbaries. Son innumerables las canciones que hablan de un intenso amor que duele a más no poder. Los boleros son el estandarte del tema “sin ti, literalmente, la palmo”. Las letras de “Si tú me dices ven”, “Historia de un amor” o “Contigo en la distancia” son claro ejemplo de estas muestras de pasión majara de la muerte.

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Empecemos analizando “Contigo en la distancia”, por ejemplo:

No existe un momento del día en que pueda apartarme de ti el mundo parece distinto cuando no estás junto a mi

Y podemos seguir con Amaral que dicen que “sin ti no soy nada” (pa morirse), Maná “como quisiera poder vivir sin ti” (y ¿qué hacías antes de conocerme, cariño mío? o el internacional “how I am supossed to live without you” (pues cari, living, qué quieres que te diga…) del melenas Michael Bolton.

La literatura (“Romeo y Julieta”, “Cumbres Borrascosas”,…) y el cine (“Crepúsculo”, “El Diario de Noa”, “Atracción Fatal”) tampoco ayudan a tener una concepción sana y alegre de las relaciones.

Pero…¡VAMOS A VER! ¿Estamos todos locoooooooooos? Esto no es amor, ¡ES UNA ENFERMEDAD COMO LA COPA DE UN PINO! No sé como subrayarlo más, no veo el rotulador flúor por aquí…

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El codependiente se olvida de sí mismo para centrarse en los problemas del otro (su pareja, un familiar, un amigo, etc), y por eso suele relacionarse con gente “problemática”, para poder rescatarla, ser necesari@ y así crear un lazo irrompible (eso se cree, claro). Os suena ¿verdad? Todos conocemos a alguien que “casualmente” siempre sale con gente que toma drogas, o es emocionalmente inaccesible, o está casad@, o vive en Pernambuco…

Cuentan los libros que “el codependiente, al preocuparse por el otro, olvida sus propias necesidades y cuando la otra persona no responde como el codependiente espera, éste se frustra y se deprime”. Qué frecuentes son “con todo lo que yo he hecho por él, yo que lo abandoné todo por nuestro amor” y salvajadas similares… Aquí un esquema que ayuda a entender el sarao si eres visual como yo.

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Hey, y que rara es la persona que no ha pasado por esto en algún momento de la vida (me incluyo, obviamente. Si no de qué iba yo a rajar con tanto entusiasmo). El problema es cuando ni siquiera te das cuenta. Algo está muy mal cuando confundes amor con obsesión, con comodidad, con limitación de tu vida social, con miedo a que el otro cambie. Te equivocas si crees que eres o es celos@ porque os queréis muchísimo o cuando intentas cambiar al otro para que cuadre en tu perfil del novio ideal. No es sano necesitar estar pegados todo el día. El amor NO ES DOLOR, y desde luego, no tiene nada que ver con la adicción que os estoy describiendo.

Una relación no es exitosa porque dure para siempre, sino porque te ha permitido crecer y has sido feliz mientras ha durado.

Me estoy poniendo demagógica y no mola, así que voy a parar. Lo que quiero transmitir son tres cosas principalmente:

1. No te acostumbres a sufrir, que la vida son dos días y uno tienes gripe. Sé honest@ contigo mismo y reconoce tu problema. Solo así podrás solucionarlo.

2. No intentes salir sol@ de esto o contándoselo a tus amigos. Ve a terapia, hay psicólogos especializados en el tema, asociaciones y grupos de ayuda.

3. Esto se cura. No lo dudes.

Me he salido un tantito del cachondeo que caracteriza a estas Claves, pero si ayuda a una sola persona a darse cuenta de que tiene un problema e intenta solucionarlo, seré más feliz que una perdiz.

Os recomiendo este par de libritos. A mí me han cambiado la vida.

.La codependencia

adicción

 Besos libres a más no poder.