Una tía muy cabrona. Y periodista (o algo así)

Lo más difícil en el oficio de escribir es definir el tema: eso que interesa a los demás y te interesa a ti. El inicio del hilo que te dará el pretexto para contar algo: para contar la vida, al fin y al cabo. Una excusa para conectar tus tripas con las del que te lee. Todo magia, todo belleza. Pocas veces las musas te visitan sin avisar, son momentos en los que sientes el impulso irrefrenable de lanzarte sobre el teclado para vomitar todo eso que te arde en el alma. La mayoría de los días te sientas con un ataquito de desesperación porque no tienes ni puñetera idea de nada, no sabes por dónde empezar, pero tienes la seguridad de que no te levantarás hasta que hayas soltado setencientas palabras. Eso le pasa, creo, a la mayoría de escritores. Un sufrimiento enorme, oigan, pero cuánto compensa.

Y luego hay gente, por llamarles de alguna manera que, ante la falta de inspiración, optan por lo fácil: vamos a criticar, a poner verde, a reírnos del prójimo. Si total, cabrones dispuestos a burlarse de los otros siempre va a haber, no irá de uno más. Y escritores sin escrúpulos, pues parece que también.

Fijaos que esta ha sido una de esas escasas ocasiones en las que tengo clarísimo sobre qué, o sobre quién escribir. Porque me pone tan del hígado que no puedo (ni quiero) refrenar el impulso. No voy a dar su nombre, no se merece la publicidad, y lo que quiero, al fin y al cabo es poner de manifiesto una situación que provocan algunas personas y contaros lo que opino sobre ellos. Sí os diré que se trata de una tía que escribe en un periódico muy famoso y que no deja títere con cabeza. Sus víctimas favoritas son las mujeres. Sí, es de esas bicharracas que con una frase le pueden amargar el día al más pintado. Una pena.

La mujer en cuestión empieza columnas con la palabra “odio” y, en la misma frase, coloca un “no puedo soportar”. Esa es su línea. Ella escribe lindezas tales como ” Me cae bien porque no es delgada y le da igual”. También se mete con las que sí están delgadas según ella, porque no comen, dice la enterada de las narices, como si viviera en sus cocinas. Ay, la envidia, qué mala es.

Critica al jurado de los concursos, cuestionando la necesidad que tienen de estar en esas sillas porque no llenan conciertos, habla de “niños gordos” y “niños repelentes sabelotodo”. Tampoco la infancia le merece ninguna piedad. Nunca en mi vida había leído tanto adjetivo infravalorando, insultando y ofendiendo. Se convierte en portavoz de personas que no conoce comentando que “sus fans alucinan” refiriéndose a la pareja de alguien cuyo nombre ocupa el titular de su mierdicolumna. O sea, usas el nombre de alguien que le interesa a la gente (por lo que sea), te metes con ella, con su peso, con su novio y con María santísima y cobras por ello. Ole tu papo, chavala. Prueba a poner tu nombre en el titular, por pura curiosidad, a ver si alguien le da al click. Hablas de alguien que es médico y añades “pero urólogo”, como si por eso fuera menos médico, como si por eso salvara o mejorara menos vidas. Tú, que has hecho del despelleje tu oficio, cómo te atreves. Un respeto, por favor.

Ella descalifica incluso cuando se supone que está hablando bien de alguien. Escribió una columna sobre Leticia Dolera, alabando su serie y añadiendo “le perdono sus arranques feministas”, entre otras perlas. No pierde oportunidad y le arrea, también, a Aina Clotet. Despotrica contra las bodas, contra las vestimentas, contra los peinados, contra los presentadores. Injuria a las actrices por  mirar los precios de las prendas de rebajas, por no responder a un ideal de belleza que ella se ha inventado. Por respirar.

Este ser termina uno de sus escritos justificando su mala leche porque escribe en lunes. Llámame loca, pero juraría que andas llena de bilis de lunes a domingo sin excepción. Es imposible escupir tanta mierda si no es así.

No ofende el que quiere, sino el que puede, ya. Eso no significa que la sarta de bestialidades que escriben esta señora y otras sea algo lícito o moral. No digo su nombre porque creo que nadie debería leerla, pero la leen, y algunos de sus improperios llegan a los protagonistas, que son personas, con sus sentimientos y sus cosas de ser humano. Quiero pensar que, en más de una ocasión se la habrán cruzado y la habrán puesto en su sitio. El mejor desprecio es no hacer aprecio, pero hay límites que no deberían rebasarse y esta se pasa tres pueblos. Sí, “esta”, sin nigún tipo de consideración, porque no se la merece.

Qué pena me da que alguien decida usar una profesión tan útil como esta con fines crueles, que eso sea lo único que pueden presentar ante el mundo, con lo fantástico que es tener la oportunidad de expresar lo que piensas, lo que sientes, lo que has aprendido de la vida y que puede ayudar a otros.

Para colmo de despropósitos, la escucho en una entrevista decir que le ha sido fácil escribir su libro porque tiene facilidad para redactar. Si redactar es poner una palabra tras otra, pues vale. Ahora, si redactar es transmitir una idea con claridad, va a ser que no, porque tales son sus ansias de escarnio que se evade del tema central contínuamente, sea el que sea. Si redactar es adornar con arte los párrafos y crear algo que valga la pena leer: NI DE COÑA.

Se me olvidaba: ella, que ha escrito un libro, ni siquiera se solidariza con el esfuerzo de sus colegas y también les desacredita, infravalorando sus premios y haciendo cábalas sobre la cantidad de libros que venden. Ni que decir tiene que el de ella ni ha sido un superventas, ni ha sido premiado, ni nada de nada. Hay que ser ruin y gilipollas. Lo siento, alguien tenía que decirlo.

Para terminar y para colmo, en la descripción de su sección en el periódico, afirma que en ella “analiza a los personajes de actualidad en clave de humor”. Chavala, el humor hace reír; lo tuyo es para llorar.

¿Te ha gustado? ¡Compártelo con otras majaras!



Una tía muy cabrona. Y periodista (o algo así)

Como las locas

Una tía muy cabrona. Y periodista (o algo así)

275 gilipolleces que me hacen inmensamente feliz

Newer post

Hay 2 comentarios

  1. Pau

    Fact checking contra dicha “susodicha” :
    1. Lo que hace esta mujer no es periodismo, es discurso de odio.
    2. Los urólogos salvan vidas, de hecho tratan cáncer de próstata, riñones y vejiga entre otros .
    3. Estas columnas “fake” son las que más tenemos que combatir, porque son las más tolerados por la sociedad pero están al nivel bajuno de Trump haciendo burla a Serge Kovaleski.

    Sus textos sólo tienen desinformación, mentiras y descalificaciones… todo lo contrario a lo que debe ser periodismo (rosa, naranja o colorado),

    Contra eso: sororidad, buena praxis y lectores fabulosos. Hablando de esto… no sabes la ilusión que tengo de leerte por aquí y verte por Instagram 😉

  2. Nikë Samo

    Hija, pues qué desperdicio de vida! Con lo que llena el ayudar, el levantar, el empujar a los demás en su camino hacia el éxito… Tiene la típica actitud de los mediocres, que sólo saben medrar pisando a los demás, y cuando tu actitud vital/periodística es siempre esa, lo que haces es hablar de tí mismo, de lo que tienes por dentro, de lo podrida que estás, de la amargura que rige tu vida, de la falta que tienes de desayunar all-bran por kilos. Allá ella, porque eso de que el karma te devuelve lo que das, es tan cierto como que estoy aquí.

Publicar un comentario