200 gilipolleces que me hacen inmensamente feliz

Porque nunca son suficientes y ya hacía mucho que no alimentaba esta lista.

176.Que, en menos de quince días, escucharé a Zaz en directo. Rezo todas las noches para que incluya “Eblouie par la Nuit” en el repertorio. Si lo hace, lloraré. Mucho.

177.Hablar de gilipolleces durante horas con mis golondrinas del otro lado del charco. Mandarnos fotos de tíos buenos con tatuajes. Recordarnos que, pase lo que pase, ahí nos tenemos, abrazándonos sin que importe la distancia, diciendo la palabra justa en el momento justo. Queriéndonos inmensamente. Recordarnos que este verano pasaré mucho tiempo por aquellos lares y relamernos planeando noches de pizza en Madison Square Park, cines al aire libre, libertad sin hijos, desayunos eternos, fiestas del pijama, bailes en el salón de María, manipedis a tres, picnics en Central Park que se alargarán tanto que se hace de noche sin que nos demos cuenta.

178. Este momento de la Jurado. TANTOS momentos de la Jurado. La letra de “Se nos rompió el amor”, de “Mi amante amigo”, de “Lo siento, mi amor”. Su vozarrón. Ella entera.

180. Que hayan estrenado la quinta temporada de “Luther”. Viva Idris y viva la madre que lo parió.

181. Los morreos nuevos. Los morreos de los que no puedes escaparte. Aunque quieras. Porque no quieres.

182. Recibir a mis hijos con una bronca al llegar del cole y que me abracen diciendo “Vamos a empezar bien la tarde, mami”. Que tengan la confianza de decírmelo, la sabiduría de reconocer lo que es importante de verdad. El orgullo al comprobar que son infinitamente más listos que yo. Sus brazos agarrándome fuerte.

183. Los potingues orgánicos que huelen bien y te dejan la piel divina, como los de Ami Iyok. Especial mención a su Kombu Nectar, a base de kombucha, que lo mismo te sirve de aceite desmaquillante que de mascarilla nocturna. Ah, y su Slow Liquid, un aceite que mezclo con la hidratante Iyökbalance. Hasta el packaging es bonito, de mandera de chopo. Un gustazo todo.

184. El segundo viaje con Sola en Nueva York en julio. Conformarme con que sea la mitad de inspirador y emocionante que el que hicimos en diciembre. Las ansias de conocer a esas mujeres con las que compartiremos nuestro lugar en el mundo. La curiosidad por saber qué las ha llevado a acompañarnos. La ilusión por prepararles sorpresas. Los nervios por saber si les gustarán.

185. Los días de marzo en los que hace calorcito y te pones chanclas y las terrazas están llenas y te tomas un Trinaranjus con patatas fritas de bolsa mientras rajas con tus amigos de lo divino, lo humano y las series de Netflix.

186.Un abrazo largo, de los que hablan.

187. Los desayunos dominicales con mi pandilla de científicos, tan listos, tan guapos. Que cuenten cosas de la energía, la materia y las células. Mirarles anonadada intentando descifrar esos cerebros inmersos en fórmulas que solucionan problemas que la mayoría ignoramos. La seguridad de que conseguirán acabar con enfermedades que nos parten la vida.

188.Amanecer en El Retiro cuando no hace ni frío ni calor. Los patos nadando, tan tranquilos. Tan parecidos a los de mi otro parque de allende los mares.

189. Los planazos de cena y peli en casa con mis amigos. Con pelis de tíos buenos, de risa, de miedo. Las carcajadas cuando se les escapan al asustarse ante obviedades muy obvias. Mis hijos flipando sin entender que hace nada éramos ellos. Que, a veces, aún somos ellos.

190. El olor a pan tostado por la mañana. Untarlo con sobrasada de la buena.

191. En verano, la música que llega por la noche a mi ventana desde algún concierto, desde algún hotel donde la gente baila. Una guitarra, un piano, una canción de José José, intensa de cojones.

192. Arreglar un día de mierda escuchando “Don´t stop me now”, de Queen. Relativizar. Nada es tan grave, yo tampoco.

193. Los huevos estrellados. Con jamón.

194. Impartir mis talleres de escritura digital. Que, ante la petición popular, he organizado uno en Valencia para mayo. El de Sevilla está al caer. Que me hayan llamado desde la Escuela Europea de La Haya (sí, Holanda) para que me vaya para allá y les cuente de qué va esto que enseño. Todo muy fuerte. Todo muy por encima de mis mejores sueños. Gracias, Universo.

195. Los bocatas de foie-gras y queso que me hacía mi madre para ir al cole.

196. Las manos de mi tía Marisol, tan parecidas a las de mi madre, a las mías. Esos gestos tan sutiles y reconocibles.

197.Las palomas de Plaza Catalunya a las que me encantaba dar de comer cuando era pequeña, aunque me daban miedo. Mis hijos, a los que les encanta dar de comer a las palomas, aunque les dé miedo.

198.Que un amigo que hace tiempo que no ves te cuente que le va bien, que su vida tiene sentido, que es feliz. Fundirte con él en esa felicidad.

199.Volver a mi pueblo, a la playa de mi primer beso, a mi habitación donde aún están los pósters de Tom Cruise en Top Gun y Cocktail. Visitar a mi vecina, recordar los días interminables de piscina, que enseñé a nadar a sus tres hijos, que nos conocimos jugando con la Botilde del Un, dos, tres

200.Ver fotos de hace treinta años en las que me moría de risa abrazada a la amiga con la que hablé anoche, quererla cada día más. La seguridad de que ese amor es eterno, chispeante, sanador.

 

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Hay 4 comentarios

  1. Alba

    Sol! Acabo de ver a Zaz en París. Incluye ebloie par la nuit! Disfrútalo a tope como lo hice yo!
    Eres “fabulosa” jajajaja!

    1. lasclavesdesol

      Ay, la alegría que me acabas de dar. Empiezo a llorar ya mismo.

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