El emprendimiento será femenino o no será.

Queridas mías:

Tengo una buena noticia y una mala. La buena: tenemos un somos el potencial económico más poderoso del planeta. La mala: algunas no nos hemos enterado, a algunos no les interesa. Peor para ellos.

A lo que íbamos: consumimos más, elegimos más y rajamos más. Recomendamos nuestros favoritos como las locas. A nivel mundial, controlamos la mayoría de las decisiones sobre las compras. Eso es un pastón, queridas. Incluso las marcas de bricolaje se han dado cuenta. Desde que nos hablan a nosotras, venden más. Usamos más y mejor las redes sociales.

El mercado laboral avanza poco a poco, pero avanza. Ganamos dinerito y parece que la asquerosa brecha salarial se va a recortar. Leemos más, vamos más al cine, compramos más que ellos. Constituímos la mayoría de la población universitaria, sacamos mejores notas, somos más productivas. Estamos ante una revolución que solo puede ir en una dirección.

Por fin nos hemos pispado de que esto de emprender también es para nosotras. Aún somos una minoría las que hemos optado por montar nuestra nueva empresa, pero ojo: tenemos más exito, o sea, nuestros proyectos sobreviven más y mejor, obtenemos mayores rendimientos. Normal, nuestra tendencia natural a hacer el doble para conseguir la mitad nos sirve de ayuda en esto. Menos mal.

Estamos dispuestas a arriegarnos para conseguir nuestro objetivo. Teniendo en cuenta que somos el elemento más importante en la economía actual, la cosa está clara: creemos productos y servicios enfocados a mujeres. En este nuevo panorama, estamos ansiosas por que nos hagan la vida más fácil, que ya es hora, por cierto. Curramos mil horas y el tema de la casa, lamentablemente, aún depende de nosotras. Empresas que te traen la comida hecha a domicilio, suscripciones de ramos de flores mensuales, empresas de canguros para los niños, supermercados online, personal shoppers, esteticistas a domicilio. Eso lo necesitamos. Luego está lo que queremos: cuidarnos, sentirnos bien por dentro y por fuera, viajar, disfrutar del arte, estar al tanto de lo que pasa en el mundo. Sentirnos valientes, convencernos de que somos capaces.

El emprendimiento de unas es la inspiración de otras. Sepámonos capaces. Mandemos el síndrome de la impostora a tomar por el jander. Formémonos. Elaboremos un plan de empresa, si es necesario, con una mentora que comparta su experiencia con nosotras. Partimos con ventaja: conocemos a nuestro cliente ideal porque somos nosotras mismas. Adaptemos nuestro lenguaje a esta nueva oleada de tías dispuestas a zamparse un mundo que tradicionamente se nos ha zampado a nosotras.

Emprender es sinónimo de jornadas maratonianas, pero construyendo algo para ti, no para otro. Significa decidir cuáles son tus prioridades, hasta dónde estás dispuesta a llegar, cuánto quieres ganar, con quién quieres trabajar. Ser dueña de tu tiempo es ser dueña de tu vida. Ya no te cuento ser dueña de tu pasta. Sí, dejémonos de tonterías: no hay nada de malo en querer ganar dinero. Dinero para vivir como quieras vivir. También es divino saber venderse, ser ambiciosa, disparar alto y lejos. Por mis ovarios que yo lo consigo.

Controlar los riesgos también es necesario. Minimizar los gastos fijos, eliminar intermediarios, aprovechar sinergias, cotillear a todo bicho viviente, que tus ideas sean tu mayor capital. La creatividad al poder.

Nadie nace con el gen de las decisiones valientes, ni con el mapa hacia el país de la plenitud. Tu sueño es válido porque es tuyo. Nadie va a cumplirlo por ti, que nadie te impida lograrlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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