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Reflexiones de una majara

Lugares sagrados

Lugares sagrados

Me contaba hoy un amigo que se fue con su amante, o con su novio, o con su lo que sea, a su ciudad favorita. Podría ser París, o Londres, o Roma, qué más da. Le enseñó Su Lugar Favorito para desayunar, Su Lugar Favorito para comer, Su Lugar Favorito para sentarse y contemplar la vida de esa maravillosa urbe.

Regresaron de Su Lugar Sagrado y ese loquesea abandonó a mi amigo (por no decir que le dio largas, lo mareó, para luego desaparecer sin decir ni mú). El loquesea (ahora conocido como El Cabronazo), al cabo de unos días, volvió a Londres, o a Roma, o donde fuera, con otra persona, a la que le mostró todos esos Lugares Favoritos que le había robado a mi amigo. Lo sabemos porque Instagram es MUY perro. Qué horror comprobar que has compartido tus templos con semejante bicharraco. Él le regaló, CRASO ERROR,  Su Lugar en el Mundo. Todos tenemos uno, o deberíamos tenerlo.

El mío, no es ningún secreto, es Nueva York. No sé por qué. Quizás en otra vida fui un pato de Central Park. El caso es que Nueva York es mío, y de nadie más. No lo comparto. He ido con amigos, allí tengo a mis Golondrinas, pero sigue siendo mío. No amantes, no novios, no ningún loquesea. Allí soy más yo que en ningún otro sitio. Es más, a veces pienso que solo allí soy YO. No podría soportar que alguien dejara las huellas de sus manazas en los recuerdos de Mi Ciudad.

No comparto muchas otras cosas.

No comparto mi Cola Cao de la mañana, ni el de la noche. Me levanto diez minutos antes que mis hijos para tomarlo en silencio, mientras miro por la ventana como Madrid amanece. Por la noche, nada más apagar la luz de su habitación, me lanzo a por mi taza de Fish Eddy llena de cacao del bueno.

No comparto mis visitas a los cines Verdi, el Crunch que me zampo viendo esa película de la que no hablaré con nadie al salir de allí, ya de noche (porque solo voy a los Verdi de noche), mientras camino hasta mi casa y contemplo a los jovenzuelos que empiezan su periplo nocturno cuando yo ya tengo un pie en la cama (con lo que yo he sido, joder).

No comparto mis paseos matinales por la playa de Mi Isla, al amanecer, ni mi primer desayuno frente al mar.

No comparto TANTOS textos que nunca verán la luz (creo) porque a nadie le importa lo que yo no quiero contar.

Egoísta me han llamado a veces, y yo, que me analizo hasta la saciedad (y hasta el ridículo), me voy corriendo a la RAE, que me cuenta que :

egoísmo

Del lat. ego ‘yo’ e -ismo.

1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

Y me digo que nunca me querré excesivamente (más quisiera), que los Lugares Sagrados no tienen nada que ver ni con el interés, ni con los demás, ni mucho menos con la RAE.

Hay Lugares que no deberíamos compartir con nadie porque serían como esos deseos que, al contarlos, nunca se cumplirán. Como explotar una pompa de jabón. Como despertarse de un sueño irrepetible.

Mi amigo ya ha aprendido. No lo haré nunca más, me dice. Ahora tendrá que buscar otro Lugar.

Suerte, querido mío.

 

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