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Reflexiones de una majara

Me he divorciado, y ahora ¿QUÉ?

Me he divorciado, y ahora ¿QUÉ?

Tomar la decisión de separarse no es fácil, pero a veces es necesaria. Que aquí estamos, no para tener pareja, sino para ser felices, sea como sea.

Un buen día te levantas inspirada y ZASCA, adiós vida anterior. Yo de aquí me piro, que estoy hasta el mismísimo. Pero, ay querida, que por bueno que sea el cambio, ese agujero negro que se abre ante ti acojona pero bien.

AHORA, ¿QUÉ?

Ahora LA VIDA, amigui. O, mejor dicho, TU vida.

Hoy toca redescubrirte, reaprenderte.

Pasa el duelo como es debido. Llora lo que tengas que llorar. Patalea lo que sea necesario, pero recuerda: ESTO NO ES UN FRACASO. Sí lo es quedarte enganchado en una relación que no te conviene. Lo de la pareja para toda la vida se inventó cuando vivíamos cuarenta años, tú vivirás más de cien. NO DIGO MÁS.

Es el momento de saber qué parte de todo eso que ronda en tu coco es tuyo de verdad o es herencia de años de formar parte de un dúo. ¿Me gusta tanto ese restaurante? ¿Quiero ir todos los domingos a pasear?

Ahora hay que obligarse a dormir en el centro de la cama, que es TODA tuya. Decidir qué peli quieres ver sin discutir por el mando, y acostumbrarte a verla sola. Le pillarás el gusto, Y DE QUÉ MANERA.

Vas a descubrir nuevas aficiones que nunca hubieras imaginado porque la persona que tenías al lado no te permitía investigar. O peor, no te lo permitías tú. Ve a clases de baile, de maquillaje, de cerámica, de zumba, de lo que te salga del toto. JAMÁS dejes que nadie te corte las alas.

Mímate, malcríate, date el gusto. Píntate las uñas, pasa dos horas en la bañera, date un masaje tailandés, bébete una botella de vino del bueno con queso del bueno. Y jamón.

Ahora has de aprender a estar sola y no solo eso, sino que has de disfrutarlo. ¿Que no es fácil? Pues como nada en esta vida de adultos, chata, pero hay que hacerlo.

Ahora, quizás, has de compartir la crianza de los niños con alguien que ya no vive en casa. POR EL AMOR DE DIOS, no te martirices en su ausencia. En algún momento de la vida elegiste a esa persona para que fuera el padre o la madre de las criaturas. Apechuga con eso por más que te joda.

Haz todo lo que no puedes hacer cuando están ellos.

Levántate tarde, cena un Cola Cao, empótrate en el sofá y zámpate el repertorio completo de Netflix. O sal hasta las tantas y echa un buen kiki. O no. Lo que te apetezca. AVERIGUA qué es eso que te apetece, porque llevas tanto tiempo subida a la rueda de hámster materno-marital que ya no tienes claro ni cual es tu color favorito. 

Redibuja tu vida. Vuélvete loqui, pero para bien. Dedícale tiempo a tus amiguis, hártate a quedar para tomar café, para ir al cine, para descojonaros durante horas. El humor nos salva la vida, las amigas NI TE CUENTO.

JAMÁS dejes que nadie te corte las alas porque “Ya eres mayorcita”o “No tienes edad para eso”. Recuerda que nunca es tarde si la dicha es buena, que quien bien te quiere te hará reír, que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Que nadie va a vivir tu vida por ti. Que quizás has desperdiciado años de tu vida y que, precisamente por eso, no vas a tirar a la basura ni un minuto más.

Tenlo claro, tía Fabulosa: tú ya existías antes de él.

 

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