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Las madres: siempre culpables.

Las madres: siempre culpables

Tanta modernez nos está jodiendo el coco, PERO BIEN. Cada vez hay más teorías sobre cómo criar a nuestros hijos, y por cada una de ellas, sale otra opuesta. Que si Estivill es un fascista, que hay que pedirles las cosas por favor, que si no les amamantas eres una cerda, que la calidad en el tiempo cuenta más que la cantidad, que tienes que estar con ellos mogollón, que si duermen en tu cama se trauman, que dormir juntitos favorece su desarrollo,…

Tienes mi opinión enterita en mi blog hermano, Weloversize.

¡Besazo!

Estoy hasta el toto de los deberes de mis hijos

Estoy hasta el toto de los deberes de mis hijos.

Estoy hasta el toto de los deberes de mis hijos.

Si eres madre se te han saltado las lágrimas de la emoción al leer el título del post. No estás sola. No eres rara. ESTÁS HASTA EL COÑO TOTO DE LOS DEBERES DE TUS HIJOS.

Acaba de empezar el curso y yo ya tengo los pelos de punta con el temita. La cosa empezó en la reunión del cole cuando nos dicen que:

Los niños tienen que leer EN VOZ ALTA cada día 30 minutos (ni uno más ni uno menos) y con los padres al lado comprobando que lo hacen bien.

Pregunta que tengo para el profe: ¿y no acabará el niño hasta las pelotas de leer por narices cada día de la vida? Porque yo leo compulsivamente, pero si me hubieran obligado, igual habría quemado todos los libros de mi casa y, llámame rara, pero ¿no es un coñazo supino que tu madre esté espiando por encima de tu hombro para ver si dices “de” donde pone “del”? ¿No sería mejor que lea el rato que le apetezca y si un día, o dos, o tres no quiere, pues estupendo? ¿No aconsejan que el niño me vea leer y así me imitará? Claro, que para eso me tienes que dejar tiempo a mí para que lea y a él para que me vea, querido profe.

Estoy hasta el toto de los deberes de mis hijos.

Nos enviarán un checklist (una lista de toda la vida de Dios) para que (agárrate que vienen curvas) COMPROBEMOS QUE SE LO SABEN TODO antes de los exámenes.

Más preguntas para el profe: ¿ese no es tu trabajo, querido mío? ¿Y no es responsabilidad de mi hijo el estar preparado para sus exámenes? Y si no se lo sabe ¿qué coño hago? Yo es que estudié Derecho, no magisterio ¿sabes? Y… ¿con las 8 horitas que pasa en el cole no hay tiempo suficiente para que lo comprobéis allí?

Estoy hasta el toto de los deberes de mis hijos.

Yo ahí ya me quedé tocada como podréis imaginar, pero la cosa no hizo más que mejorar… Al cabo de una semana recibo dos correos electrónicos (dos hijos, dos correos, dos tutores, dos tandas de lectura, dos tandas de deberes, dos de mecagontóloquesemenea) explicándome cual es el método con el que les enseñan mates a mis hijos. Y oye, hasta aquí todo bien aunque, sinceramente, poco tengo que decir, no soy profe, ni pedagoga, ni nada. Pero vale, que me informen si se quedan  más a gusto.

Lo jodido es cuando sigo leyendo y me indican cómo practicar matemáticas con mis hijos (he hecho un copiar/pegar y hago mis acotaciones).

“Puede dar a su hijo práctica directa en cálculo. Si lo hace, deberá tener en cuenta algunas sugerencias: (Mira, poder igual puedo si sustituyo ir al baño por una sonda. QUERER ya es otra cosa.)

  • –  Haga sesiones de práctica cortas (unos diez minutos o menos). Menos mal que me lo has dicho, si no me paso la tarde del domingo repasando las tablas de multiplicar.
  • –  Pare la sesión si su hijo empieza a cansarse o pierde interés. Quizá inténtelo de nuevo más tarde. Te lo digo YA: mi hijo está cansado antes de empezar, te recuerdo que lleva todo el fucking día estudiando. Y por favor, cuéntame qué “interés” puede tener un niño de 9 años (y una madre de 42) en practicar mates después de cole. No te voy a pedir que concretes los conceptos “Quizá inténtelo” y “más tarde” porque me puede dar un flus.
  • –  Alabe las respuestas correctas pero no critique las incorrectas o lentas. Simplemente corrija las respuestas cuando sea necesario. Ni soy un monje budista, ni la Madre Teresa, ni Candy Candy. Si mi hijo me contesta que 4 x 4 son 67, yo ME PONGO DEL HÍGADO. Punto.
  • –  Anote cualquier operación de cálculo mental en el que su hijo encuentre dificultad. Repítala de vez en cuando.” y BLABLABLA. Tú-es-tás-de-co-ña, ¿no?

Estoy hasta el toto de los deberes de mis hijos.

Vamos a por lo que vienen siendo los deberes propiamente dichos. Más preguntas: ¿cual es el objetivo de que, tras 8 horas en el cole, mis hijos hagan 10 operaciones más en casa? ¿Crees que se les va a olvidar sumar de un día para otro?. Por favor, cuéntame… ¿por qué los deberes del viernes de mi hijo eran que me ayudara a hacer la cena? ¿Le he llevado a la Masterchef School y no me he enterado? Te comento que en mi casa hace la cena quien a mí me sale del chirri. Así como no te digo yo quien debe borrar la pizarra, por favor, no decidas tú quién cocina en la mía.

A todo esto le sumamos los deberes de refuerzo, lo multiplicas por dos hijos y lo divides por una madre soltera. Soy de letras pero aún así tengo claro que las cuentas no me salen: llegan a las 6 del cole y está la merienda, la ducha, la cena  y no estaría mal que jugaran un poco, DICEN QUE A LOS NIÑOS LES GUSTA. (Mis hijos tienen 8 y 9 años, no creáis que están en la Universidad).

Ojiplática perdida me planteo varias cuestiones:

  • En el planeta de los profes el día tiene más de 40 horas.
  • En el planeta de los profes, las madres hacen el trabajo de la gente a la que pagan.
  • En el planeta de los profes, los niños ni duermen, ni comen, ni cagan ni ná.
  • En el planeta de los profes (españoles)  un horario de 9.00 a 17.00  les cansa a ellos pero a los niños no.

No voy a entrar en comparaciones con el resto de Europa o con el archiconocido  sistema educativo finlandés porque para empezar, no somos finlandeses y en muchas cuestiones, tampoco europeos. Para llegar a esos niveles tendríamos que modificar todo el sistema laboral, social e incluso climático. No jodamos, con esta solana ibérica apetece más estar por las calles y menos estudiando o leyendo. Pero al caso, si no hace falta irnos a esos extremos, con ser profesionales, productivos y tener sentido común, la cosa estaría solucionada.

A ver, profe de mi alma, el objetivo es que el niño aprenda ¿no? ¿Me cuentas qué es lo que aprenderá en dos horas conmigo que no haya aprendido en ocho contigo? ¿Podrías decirme cual es la finalidad de que mis hijos tengan deberes cada tarde, cada finde, cada Navidad, Semana Santa y verano? ¿Tú has oído hablar del Tiempo Libre? Supongo que del tuyo sí…

Ni que decir tiene que después de contarte que les mires mientras leen, que compruebes las checklist y que si eso, practiques las mates, te comentan que (vuelvo a copiar/pegar):

“Queremos recalcar la importancia de que vuestros hijos realicen solos estas actividades, para ir potenciando su autonomía y responsabilidad individual”.

O no sé leer (quizás porque mis padres no supervisaron mis lecturas), o soy gilipollas, o no os aclaráis demasiado.

Estoy hasta el toto de los deberes de mis hijos.

Y podría seguir pero es que tengo que hacer los deberes que le pusieron a mi hijo pequeño ayer, que consisten en que YO abra un archivo que ha colgado el profe en Internet.

Y vosotras, madres del mundo ¿estáis hasta el toto de los deberes de vuestros hijos? ¿Habéis encontrado solución (o colegio) para minimizar esta catástrofe?

Niña aburrida

Lo que aprendí aburriéndome.

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Soy muy fan de Milena Busquets y de su columna en El País. Esta semana escribía “A favor del aburrimiento” y hablaba de esa, nuestra obsesión por entretener a los niños a toda costa.

Pues bien, yo, como Milena, de pequeña me aburría, Y MUCHO.

Era hija única, muuuuuuuuuy tranquila (sí, muté en algún momento. No sé cuando ni por qué) y mis padres nunca se plantearon que me activara más allá de las necesidades básicas y la escolaridad…Y MIRAD QUÉ FENOMENAL HE SALIDO. A los que me conocéis y os estáis descojonando… En serio, mi desequilibrio es más producto de la genética que del aburrimiento.

Tanto me aburría de pequeña que incluso leía: cómics que se amontonaban en el suelo de mi habitación (así estoy, obsesionada con los superheros), novelas que encontraba en las estanterías de mi casa sin que nadie las analizara previamente en la librería infantil especializadísima, las revistas de cotilleos de mi madre…  Tan horrible era el aburrimiento que me leía las leyendas de Bécquer, los poemas de Neruda y los “Campos de Castilla” de Machado. Una catástrofe sin parangón para cualquier niño del siglo XXI.

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Tanto me aburría que veía pelis de todos los tipos y colores: “Siete novias para siete hermanos”, “Mary Poppins”, “Karate Kid”, “E.T.”… Las veía en el cine y las podía ver otra vez en mi cabecita cuando volvía a casa y no tenía nada más que hacer. Un horror que ningún niño debería experimentar.

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Tanto me aburría que escuchaba música: en la radio, ensimismada y muy atenta para grabar en aquellas cintas de casette la nueva canción de moda y ponerla una y otra vez mientras bailaba por los pasillos de mi casa; en el tocadiscos donde ponía los vinilos de mi madre: Alberto Cortez, la Pantoja, la Jurado… Y de mi padre: Fleetwood Mac, Elvis Presley, Earth Wind and Fire,… Algo nada estimulante para estos niños que tanto aprenden en los juegos educativos del sempiterno Ipad.

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Tanto me aburría que dibujaba: copiaba animales de mis cuentos, calcaba con los papeles pegados a las ventanas lo que no alcanzaba a copiar, pintarrajeaba cuando no sabía hacer ni lo uno ni lo otro. Qué imagen tan lastimera ver a una criatura con sus colores  sin otra compañía que la de su imaginación.

Y me pregunto qué habría pasado si, en lugar de dejar que me aburriera, mis padres hubieran jugado conmigo a todas horas o, ante el más mínimo signo de inactividad, me hubieran plantificado una pantalla delante, para que viera unas historias creadas por otros y no por mí.

Siempre me he quejado de las interminables sobremesas de los adultos que yo sufría desde mi sillita (visión imposible actualmente. Os doy un euro por cada niño que veáis sentado sin maquinita en un restaurante) pero ahora caigo en que fueron horas (interminables) de observación de aquellos seres, de escucha de conversaciones probablemente poco adecuadas para mi edad.

Aprendí a escuchar, a callar, a interpretar, a intuir.

Tanto me aburría que empecé a escribir.

Nunca sabré qué habría salido de una Sol rodeada de estímulos externos impuestos por otros y no elegidos por mí, quizás este amor por la escritura hubiera sobrevivido a todas esas distracciones y hoy estaría aquí escribiendo sobre lo bucólico de una infancia supermegaultradivertida.

O quizás no.

La Madre Niuyorkina. Capítulo 1.

Agradecida y emocionada os presento a la Madre Niuyorkina en su primera (espero que no última) colaboración en estas Claves.

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He sentido la presión…cada día con más fuerza, y justo ahora que me he sentido plenamente realizada quería responder a tu llamada. El gran momento “aha”, como le llaman los americanos, acaba de materializarse en forma de dos baguettes crujientes de mi horno a 450 grados Farenheit y una sopa de pescado con un sofrito maravilloso que espero que se coman los pollos (los mios 3, claro está). Son las 10:35pm, y me queda todavía la disyuntiva de si le pongo fideos o arroz a la sopa. Claramente el tema merece una buena pensada. No se si mis momentos aha tan interesantes valen la letra de oro del blog, asi que voy a cambiar de rumbo…

Os podría contar que la vida en NY con pollos sigue la dinámica de la vida con pollos en cualquier lugar del mundo, aunque la presión no es tanto para la madre (el padre que escriba sus reflexiones en otra entrada, que esta es mía) sino para los niños.

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Madreando en NYC

Lunes cole hasta las 3, baseball y piscina (porque? Me preguntan, tenemos que ir a la piscina cuando ya sabemos nadar?, pues porque tienes que seguir practicando que no quiero que te olvides y después te me ahogues, respondo. Caso cerrado.) Cena a las 6:30pm, deberes del cole y deberes extra de refuerzo, no sea que pierdan el ritmo que lo del cole es demasiado sencillo).

Martes, jornada normal y por la tarde a la clase de refuerzo a que te corrijan los deberes de la semana y te den para una semana más.

Miércoles, clase de español gracias al Gobierno de España, una hora y media semanal, deberes del cole y refuerzo.

Jueves, clase particular de mates, no sea que se encallen al sumar, deberes del cole y refuerzo.

Viernes piscina y refuerzo y, finalmente, pobres crios, sábado, 4 horas de cole de español.

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Central Park

Uno se pregunta si es necesario, si no sería mejor dejarles, se plantea si esta vida de trabajo ya de tan chiquitines no hará que de mayores quieran sólo hacer lo que yo (disfrutar al máximo hasta que ya es necesario ponerse las pilas y ser serio, o bien les estás educando para lo que ya viene, que es un mundo con serias crisis cíclicas. Tengo que acotar que no se han quejado, que comen chocolate y piruletas y que tienen muchos amigos.

Cuento esta perorata de horarios para contar que NY te hace realmente pensar en lo que tú como madre quieres para tus hijos y permite, en general, que actues en congruencia con lo que has decidido sin tener que dejarte llevar porque la sociedad no acepta tu plan. La diversidad en el plano educacional pasa por familias que “no creen en los deberes” y sus hijos hacen lo que quieren a partir de las 3pm, por familias que quieren que sus hijos sean los número 1 y se desviven por ello (ejemplo “tiger moms”), hasta familias que por su religión o estilo de vida deciden que su hijo no vaya al colegio y traen la educación a casa (“homeschool”).

Lo que descubrí, por último, la semana pasada era la posibilidad de que tu hijo esté “unschooled” en algunos lugares y por padres más radicales o woodstock. Vaya, de todos los colores. NY te dá todas estas posibilidades sin perder el foco en el mundo, en las diferentes razas, culturas (porqué no celebramos Hannukah? Viva Kwanza!), idiomas (con 4 años imitan diferentes acentos) y les abre las puertas a un mundo para que lo vean como uno, sin prejuicios. NY permite que las madres lo compren TODO por internet y les llegue al día siguiente, comprar leche a las 4 de la mañana sin tener que doblar muchas esquinas y que el mensajero de la farmacia te traiga a tu trabajo unos repuestos para el sacaleches que te has dejado en casa esa mañana. La flexibilidad no tiene precio. Aish, bueno si, tiene precio, pero vale su precio en oro.

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