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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.
La ¿crisis? de los 40

La ¿crisis? de los 40.

La ¿crisis? de los 40

Lo prometido es deuda. Va por vosotros…

El viernes pasado viajé a Barcelona, donde nací y viví hasta los 28. Sólo el caminar por sus calles me retrotrae a esos años que ahora recuerdo tan libres y tan divertidos.

Cada x me reúno con mis compis del cole y nos ponemos al día sobre trabajo, familia, proyectos, etc. Después de los temas medianamente serios, volvemos a los mismos de siempre : que si a ti te molaba tal tío pero a mí me molabas tú, que si tú te enrrollaste con aquel, que no, que sí, que si aquella era más guarra que aquella otra, que tú tenías el mejor culo de la clase, que si te han crecido las tetas… O sea, volvemos a los 18 en conversaciones, comportamiento e inmadurez.

El grupito no puede ser más heterogéneo. No daré detalles por aquello del secreto de confesión, pero ahí nos juntamos desde el jefe de compras de un laboratorio de nosequé, hasta el profe más joven de nosequéescuelasuperguay, pasando por uno que gana estatuillas porque es un hacha en algo quetienequeverconpelis.

La ¿crisis? de los 40

A la cena le sigue el copeteo y el bailoteo.  Siempre los mismos sitios. Siempre las mismas risas.

Pero en la última cena surgió una conversación inimaginable unos meses antes: la crisis de los 40. Hostias, que de repente nos plantamos en el 2013. BOFETÓN DE REALIDAD.

La verdad es que por mi parte la “crisis” o mejor, los “melocuestionotodo” de los 40 han hecho mella y para bien. Fruto de ello, este blog.

¿Estoy dónde quiero estar?, ¿hago lo que quiero hacer?, ¿vivo cómo quiero vivir? Son preguntas que me planteo hace tiempo y respuestas que me doy, y medidas que tomo para que mi vida sea lo que yo quiero que sea. Cuestión nada fácil, por cierto.

Siempre he pensado que la felicidad requiere de la toma de decisiones que muchas veces son difíciles y dolorosas. Pero es lo que hay. Dejarme llevar no es lo mío. Prefiero ser yo la que manda.

Pues bien, allí estábamos los seis, con 40 y no con 18. EXTRAÑO.

La ¿crisis? de los 40

Pero y ¿por qué ahora? Estamos aproximadamente en el ecuador de nuestra existencia. A los 40 llevamos prácticamente la mitad de la vida trabajando en lo mismo, algunos con la misma pareja, los mismos amigos y el mismo lugar de residencia. Es el punto en el que aún no eres demasiado mayor para cambiar de rumbo y  y pilotar hacia el destino deseado. ¿Y cual es ese lugar? Eso es lo jodido: de dónde vengo ya lo sé, pero el hacia dónde voy…

Parece que hay un mapa invisible de como deberían ser nuestras vidas según donde nacemos: estudios, novios, trabajos, matrimonios, lugar de vacaciones, hijos, diversión, modo de vestir y de peinarte, religión…Si no te paras a pensar demasiado todo va rodado, te dejas llevar un poquito y ¡Zás! Tienes 80, no te has dado cuenta y la vida ha pasado por ti pero quizás tú nunca pasaste por tu vida.

Obviamente no voy a hacer aquí una sesión de coaching vital. Para empezar porque la primera que la necesita soy yo. Pero sí quería rendir homenaje a mis 40, y a los tuyos. Y a los de todos los que abandonan su zona de confort para plantearse que quizás hay otra forma de vivir.

6.000 Km

6 A.M. El despertador digital del hotel me recuerda que no llevo nada bien el jet lag. Gracias a la interminable cola de los mostradores de inmigración, llegaba a mi habitación a medianoche. Cómo me gusta mirar por la ventana cuando aún no ha amanecido. A las cinco ya había gente corriendo en la cinta del gimnasio que hay frente al hotel. Curioso pueblo el neoyorquino, ¿dormirán alguna vez?

6.15 A.M. A las 8.30 he quedado con las chicas para desayunar en el Prêt a Manger de la 5ª con la 39. A las charlas habituales en mis visitas (léase: hombres, trabajo, niños y planes para el futuro), se añade planear el vestuario, peinado y maquillaje de María para la gran noche.

Mi María, tan ajena a estos tejemanejes fashion…

Pero solo quedan dos semanas y la someteremos, con o sin su consentimiento, a la tortura de la puesta a punto estilística. Para el último evento nos bastó una tarde, pero me huelo que esto no será tan fácil. Llevamos 10 años esperando este momento. Desde que decidió cruzar el charco para hacer un Máster en Producción de Cine.

Luego todo fue rodado: el premio para estudiantes de la Academia de Cine, el trabajo en una televisión neoyorkina, los documentales, más premios, la megasubvención… Nada que me sorprendiera en absoluto. María siempre fue un diamante, no pasó por bruto. Una especie de genio loco, absolutamente ignorante de su despampanante inteligencia y sensibilidad. Sigue pensando que todo esto le va grande… Qué loca.

Cuando María me llamó para decirme que se venía a estudiar a la gran manzana, no dudé en darle el número de Alexandra, que llevaba ya varios años aquí ejerciendo de ejecutiva agresiva en versión catalana y supercaótica.

Quién nos ha visto y quién nos ve… Parece que fue ayer cuando estudiábamos en la Facultad de Derecho de Barcelona. Pero no fue ayer, fue hace 20 años y a más de 6.000 Km. Nunca llegué a acostumbrarme a la ausencia de mi compañera de juergas, de charlas, de risas hasta llorar, de tardes interminables de bares por la calle Petritxol.

Alexandra fue la primera persona a la que eché de menos en mi vida.

6.45 A.M. Es apasionante ver como esta ciudad se pone en marcha. Ahora agradezco el manojo de pelos que encontré en la ducha al llegar y que me llevaron a un upgrade con vistas a Union Square.

María no lo sabe, pero nosotras lo tenemos clarísimo. De todos los modelos que le envió el estilista por correo electrónico y que ella, seguro que sin mirarlos, nos envió a nosotras, el elegido es un Carolina Herrera muy sencillo, rojo y largo, por supuesto. Como acompañamiento, stilettos dorados de Louboutín y no se hable más. Como los de Sarah Jessica en la segunda peli de nuestra adorada saga. Querrá  morir, y matarnos.

Mañana sale hacia Los Ángeles. Estará de los nervios la pobre…

7.15 A.M Iré caminando hasta la 39. Mejor me voy duchando…

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A mí lo que me gusta es bailar.

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Cuando tenía 9 años, en las fiestas de mi pueblo, descubrí que a mí lo que me gustaba ERA BAILAR. Se lo dije a mi madre, super convencida y sudorosa, y se lo repetiría hoy mismo.

Me gusta bailar en discotecas, en casa, con cualquier música, desde Shakira a Donna Summer pasando por El Puma o Maroon 5. La cuestión es bailar como si nunca más fuera a oir esa canción. Me entusiasma el baile, como me entusiasman tantas cosas y me entusiasma el entusiasmo, el propio y el ajeno, el que llega a la casi enajenación.

A mí me enajenan Nueva York,  las películas en v.o.,  los helados de trufa,  los brunch de los domingos,  ver “Friends”, “Sexo en NY”,  las croquetas de mi madre,  Tom Cruise en “Top Gun”,  Ibiza al atardecer,  Madrid al anochecer y un largo etc.

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Qué palabra tan rara “Entusiasma”, parece una enfermedad, ¿no? Pero lo que de verdad es una enfermedad, que ya parece una plaga, es el “desentusiasmo”. Que no corren buenos tiempos, pues es verdad, pero la falta de alegría en el trabajo, en la pareja, en la vida, no pueden llevar a la bonanza de ninguna manera. El pensar que “esto es lo que me ha tocado” es un mal tan extendido como tóxico.

Lejos de demagogias y muy consciente de lo difícil de ciertas circunstancias y de lo fácil de las mías, me gustaría saber que pasaría si mañana nos inundara una ola de “entusiasmoenajenadorporlavidaengeneral”.

¿Qué pasaría si, de repente, nos encantara nuestro trabajo, nuestra casa, nuestra pareja (y si no, pues la dejamos), nuestra ciudad, en incluso nuestra celulitis (la nombro porque todas, y repito TODAS, la tenemos… Pues mejor adorarla, coñe!)?

Quizás, al vivir con alegría, nos concentraríamos más en nuestros quehaceres, nos saldrían mejor las cosas, con lo cual estaríamos de mejor humor, con lo que trataríamos mejor al prójimo, que a su vez se sentiría mejor, y así disfrutaría más de su vida y se concentraría más en sus cometidos y bla, bla, bla…

Y me diréis… Sí, ¡los cojones! Pues mirad, igual estoy exagerando, pero si mañana el comercial de Vodafone empezara a amar su trabajo y por fin, tras dos meses de perseguirle, me llamara (Aleluya), me haría más feliz y, probablemente ese día ocuparía más tiempo en hacer mejor mi trabajo y menos en acordarme de la madre del referido comercial.

Lo mismo con las azafatas de Ryanair, el camarero antipático, el panadero borde, el taxista acelerao, etc. Yo, cuando me encuentro con estos personajes que me tratan como si les debiera la vida, me digo a mí misma “a este, FIJO que no le gusta bailar”.

El que tiene jeto de amargao es imposible que disfrute con un musicón carnavalero.

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Venga, vamos a pensar que es que yo lo he tenido todo muy fácil, que es sencillito disfrutar de los bailoteos porque no conozco penurias y bla, bla, bla… Llegados a este punto, no puedo evitar pensar en las circunstancias de mis padres, nacidos en plena postguerra, en familias numerosas, con cartilla de racionamiento, una muñeca de trapo, un solo par de zapatos y dos vestidos o dos trajes en el caso de los chicos.

El sueño de mi madre era tener unas botas katiuskas, el de mi padre, que el suyo tuviera un coche.

Adivinad como se conocieron: PUES BAILANDO. Rollo guateque, claro, que no me puede parecer más divertido. Que me gusta un cardado y un Dúo Dinámico por parte de mi madre y un tupé y un Elvis por la de mi padre.

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Y adivinemos a que se dedicaron tras casarse: a que los demás también bailaran. De la nada, con sus cuatro manitas y sus cuatro bolsillitos vacíos, con un bebé recién nacido (yo misma), construyeron la caja musical más bonita del mundo (No viene al caso describir el negocio familiar. El tema es que ALLÍ, la gente baila descosidamente)

Ellos empezaron a trabajar a los 11 años, no pudieron estudiar, y a base de currar como bestias, pero como bestias alegres, como bestias divertidas y musicales, me han podido pagar los estudios, los vestidos, los zapatos, los coches, las muñecas y mil cosas más que les agradezco enormemente.

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Pero lo más importante que me han dado es EL ENTUSIASMO, el entusiasmo hasta la enajenación, por la vida, por el trabajo, por la risa, por los viajes, por la belleza, por los libros, por los helados de trufa, por las croquetas de mi madre, por ESCRIBIR, y, por último, pero no por ello menos importante, por el baile, porque a mis padres lo que les gusta… ¡ES BAILAR!

       bailar

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Es tendencia: el WhatsApp cochino.

Estaba yo el otro día comiendo con unas amigas de la facultad, cuando surgió el tema del sexo (cómo no). No sé por qué, las casadas se piensan que nosotras, las solteras, nos pasamos el día fornicando a troche y moche. NADA MÁS LEJOS DE LA REALIDAD. De la misma forma, creía yo que las casadas, por aquello de tenerlo a mano, chingaban cuando les apetecía. Y, de hecho, muy alejada de la realidad no estoy. Lo que no sabía yo es que, a pesar de tener al contrincante al ladito cada noche, no tienen demasiadas ganas de tratará.  “Ya sabes… El cansancio, los niños, el aburrimiento”.

En estas estábamos cuando Ana, que siempre ha sido muy sexual y muy revolucionaria, nos dice que, encima, ella y su marido duermen separados porque no es capaz de dormir con alguien al lado y, harta de pasarse las noches en vela, decidió montarse su habitación independiente.

ANDA LA HOSTIA, dijimos todas. Entonces es aún más difícil la cosa. Porque, claro, algún día quizás te acuerdas, entre la cena y los baños de los niños, de quedar para echar un kiki, pero lo más normal es que estés pensando en cualquier chorrada y lo de follar se te olvide. Si encima no duermes con un pene que te lo recuerde, NI TE CUENTO.

No mujer, no. Yo le mando Whatsapps, dijo Ana tan pancha. Ojipláticas nos quedamos. Ella siguió contando que, cuando tiene ganas, le manda un mensajito a su marido, pidiéndole que la visite en su alcoba y ya está. Todo de lo más sencillo, moderno y operativo. Así es ella.

Y yo, que me imagino a este santo matrimonio, cada uno en su cama,viendo Netflix y pensando, ¿le envío o no un mensaje cochino? ¿Y si luego me da pereza? Con lo interesante que está “Sherlock” en este capítulo.

Por otro lado, Ana no comentó nada de que su marido le enviara mensajes a ella. ¿Será que solo es la fémina, en este caso, la que tiene derecho de pernada? ¿Será su marido un simple objeto sexual sin voluntad? ¿Se enfadará Ana si el otro le dice que nanay? Y, por último, si no contesta, ¿irá a reclamarle a su habitación o simplemente se pondrá de morros a la mañana siguiente?

Todo esto me hace recordar a aquella otra amiga mía, que llegó a un acuerdo con un follamigo según el cual, él tenía que aparecer en su casa cuando ella quisiera y, a cambio de estar disponible siempre, ella le pagaría. O sea, que la tía era proxeneta, pero de las finas, porque el puto era solo suyo. Bueno, suyo y de su novia, porque, para colmo, el chaval tenía pareja. Todo un lío. En el caso de Ana es todo mucho más políticamente correcto. Hay matrimonio de por medio. Y que vivan los sacramentos, que entonces ya no es pecado.

Me pregunto qué cara se le quedará al consorte cuando compruebe que, previamente al mensajito sexual, Carmen estaba viendo una peli de Jason Momoa, o unos videoclips de Adam Levine y ha sido eso lo que la ha puesto cachonda. Igual hasta le gusta, yo que sé.

Y es que, queridos, para gustos, los colores, y para personajas, mis amigas.