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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

La Regeneración y el Manhattan: magia en Nueva York

Y mira que una fantasea con que escribe desde New York y me doy cuenta de que ahora que estoy en la city no se me había ocurrido hacer la fantasía realidad. Seré melona…

Pero hoy me he iluminado y aquí estoy, en mi silla habitual de desayuno, frente al Empire y escribiendo. Espero que el Universo capte el mensaje y me deje repetir este momento infinitas veces más.

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Y al fondo…el Empire

En los escasos diez minutos que separan mi hotel del Pain Quotidien donde estoy sentada frente a mi Ipad, mis tostadas Five Grain y mi té con leche, me he dado cuenta de que aquí y ahora confluyen la mayoría de los contenidos de mis artículos que, al fin y al cabo, no son más que dibujos de lo que me motiva en la vida.

Para empezar,  I made things happen: he atravesado los 6.000 km. que me separan de mis cada vez más adoradas Golondrinas Niuyorkinas, para vivir un momentazo al que me aferro con uñas y dientes.

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Podría extenderme eternamente contando cuanto adoro Nueva York y lo que molan las tiendas, los musicales, los rascacielos…pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Por arte de magia, el pasado viernes estuve en una cena que fue algo así como revivir las secuencias más notables de mi vida. Allí estaban la Madre Niuyorkina: mi amiga y confidente desde hace 23 años. Concretamente desde un jueves en el que apareció en el bar de la Facultad de Derecho de Barcelona, preguntando quién salía esa noche. Obviamente levanté la mano. Y nunca nos volvimos a separar. Y fijaos que yo vivo en Madrid y ella en Manhattan desde hace 15 años. Pero lo mantengo, NUNCA NOS VOLVIMOS A SEPARAR.

Mi otra Golondrina estaba allí también. Mi amada y admirada Carmen , que viajó desde nuestra Ibiza hasta la Gran Manzana para ser cineasta, que tan orgullosos nos tiene con sus mogollones de premios (Emmy incluído)  y que tanto tiene que ver con esta etapa de mi vida, en la que me anima, me aconseja y me empuja para que escriba y escriba y escriba…

No podía faltar  Lidia, la actriz, mi  asesora de actividades artístico-culturales, compañera de proyectos presentes y futuros,  siempre de buen humor, que se unió al viaje porque si se pierde una la palma (literalmente), a la que le sobra entusiasmo y por eso me lo contagia cada día (y muchas noches).

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Lidia San José en su sosiego habitual

Para acabar, EL MAGO. Al que ahora admiro más por las risas que me genera, que por salvarme la vida en las lejanas Rusias ( y no es que no valore mi existencia, es que es muy gracioso).  Quién me iba a decir a mí que tres años después del salvamento, íbamos a estar cenando en el Craftbar de super Tom Colicchio. Él es la prueba viviente de que solamente hay que estar atento para ver que todo está escrito y que los círculos se cierran solitos (si tú no lo impides, claro).

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Estos encuentros en los que mezclas colegas que no se conocen entre ellos pueden ser peligrosos. Que a ti te parecen todos ideales y de repente entre ellos se odian y quieres morirte. Pero no fue el caso. Todo lo contrario. Entre charlas sobre Junot Díaz, relatos escabrosos sobre los ex respectivos, comentarios escatológicos (que me pueden encantar) y muchas risas, se nos pasó la noche sin que me acordara del jet lag.

En un momento dado tuve la extraña sensación de que veía toda mi vida pasar y pensé “ostias, a ver si es que la voy a palmar en breve”. Pero no en plan mal rollo, sino como “joder, qué suertuda soy. No imagino a nadie que pueda estar mejor acompañado que yo en este momento”. No estaban todos los que son pero sí son todos los que estaban…

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Maravillosas albóndigas de Craftbar

No sé muy bien como transmitir el entusiasmo, o la felicidad, o la plenitud que viví en ese rato, ni el regusto tan maravilloso que se me ha quedado y que sigo teniendo ahora que he vuelto a Madrid.

Sí, empecé a escribir frente al Empire pero no era cuestión de pasarme todo el día allí, que hay que vivir para poder escribir.

Yo que soy ostracista hasta la médula, que elijo con sumo cuidado con quien comparto mi tiempo y que no me corto un pelo en pirarme si la compañía no me parece la óptima, disfruté como una perraca observando la reunión como espectadora activa, segura de que ninguno de los componentes de mi Dream Team era consciente de lo que cada uno de ellos representa para mí, y mucho menos de lo maravilloso de su agrupación.

Imagino que he escrito esto, en parte, para contárselo. Creo que es importante posicionarse en la vida, gritar que SÍ a los que sí y por supuesto NO a los que no (ese será otro post). Esto debe tener que ver con mi obsesión de que la vida son dos días (uno con gripe) y que lo de perder el tiempo con algo o alguien que no mola me da bastante yuyu.

Hay dos cosas que me regeneran más que nada en el mundo: la primera es Nueva York. Perderme por sus calles, irme a Central Park y pasarme las horas delante de mi Bow Bridge, en encefalograma totalmente plano. Punto muerto para variar. Coco vacío totalmente. La segunda es pasar un rato de complicidad y carcajadas con gente a la que admiro y aprecio (o amo locamente en algunos casos).

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Mi sitio favorito en el mundo mundial.

Si ambos momentos regeneradores se unen, ya es el no va más. Estoy convencida de que el viernes gané años de vida a base de crear células nuevas, todas monísimas y muy risueñas.

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Golondrinas from Brooklyn. Amor a raudales

Y espero la ocasión se repita. En el mismo sitio o en otro mejor, con los mismos componentes y/o con otros, en este caso inmejorables.

Si tú me dices ven… me lo pienso y ya veo. No a la codependencia.

Pensaba escribir sobre el celibato voluntario (no es coña) que he decidido llevar a cabo pero, de repente, los astros se han alineado y he pensado que ese tema lo dejaba para el post siguiente porque hay algo que me urge contar.

Hoy os quiero hablar de la CODEPENDENCIA ¿lo cualo? En los sucesivos links ya iréis encontrando definiciones, síntomas, etc.

Yo me voy a centrar más en las vivencias propias o cuasipropias, en la casuística y en gritar (o escribir con mayúsculas en este caso) QUE NO HAY PORQUÉ SER INFELIZ, COÑO.

Lo que me ha movido a escribir este post es la impotencia ante tanta conducta disfuncional no reconocida y, sobretodo, no tratada. Tod@s tenemos una persona cerca que pierde el mundo de vista cuando se enamora (o cree que se enamora), que se deja manipular, que pierde su esencia, e incluso su presencia, sometida al feudo de la codependencia (que muchos confunden con el enamoramiento). Relaciones tormentosas que no se acaban nunca y viven en estado terminal durante años son el pan nuestro de cada día.

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Desde muy pequeños hemos visto como parte de nuestra cultura el rollo de “las locuras por amor” y conceptos como el “sin ti no puedo vivir”, “te necesito” y un largo etcétera de barbaries. Son innumerables las canciones que hablan de un intenso amor que duele a más no poder. Los boleros son el estandarte del tema “sin ti, literalmente, la palmo”. Las letras de “Si tú me dices ven”, “Historia de un amor” o “Contigo en la distancia” son claro ejemplo de estas muestras de pasión majara de la muerte.

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Empecemos analizando “Contigo en la distancia”, por ejemplo:

No existe un momento del día en que pueda apartarme de ti el mundo parece distinto cuando no estás junto a mi

Y podemos seguir con Amaral que dicen que “sin ti no soy nada” (pa morirse), Maná “como quisiera poder vivir sin ti” (y ¿qué hacías antes de conocerme, cariño mío? o el internacional “how I am supossed to live without you” (pues cari, living, qué quieres que te diga…) del melenas Michael Bolton.

La literatura (“Romeo y Julieta”, “Cumbres Borrascosas”,…) y el cine (“Crepúsculo”, “El Diario de Noa”, “Atracción Fatal”) tampoco ayudan a tener una concepción sana y alegre de las relaciones.

Pero…¡VAMOS A VER! ¿Estamos todos locoooooooooos? Esto no es amor, ¡ES UNA ENFERMEDAD COMO LA COPA DE UN PINO! No sé como subrayarlo más, no veo el rotulador flúor por aquí…

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El codependiente se olvida de sí mismo para centrarse en los problemas del otro (su pareja, un familiar, un amigo, etc), y por eso suele relacionarse con gente “problemática”, para poder rescatarla, ser necesari@ y así crear un lazo irrompible (eso se cree, claro). Os suena ¿verdad? Todos conocemos a alguien que “casualmente” siempre sale con gente que toma drogas, o es emocionalmente inaccesible, o está casad@, o vive en Pernambuco…

Cuentan los libros que “el codependiente, al preocuparse por el otro, olvida sus propias necesidades y cuando la otra persona no responde como el codependiente espera, éste se frustra y se deprime”. Qué frecuentes son “con todo lo que yo he hecho por él, yo que lo abandoné todo por nuestro amor” y salvajadas similares… Aquí un esquema que ayuda a entender el sarao si eres visual como yo.

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Hey, y que rara es la persona que no ha pasado por esto en algún momento de la vida (me incluyo, obviamente. Si no de qué iba yo a rajar con tanto entusiasmo). El problema es cuando ni siquiera te das cuenta. Algo está muy mal cuando confundes amor con obsesión, con comodidad, con limitación de tu vida social, con miedo a que el otro cambie. Te equivocas si crees que eres o es celos@ porque os queréis muchísimo o cuando intentas cambiar al otro para que cuadre en tu perfil del novio ideal. No es sano necesitar estar pegados todo el día. El amor NO ES DOLOR, y desde luego, no tiene nada que ver con la adicción que os estoy describiendo.

Una relación no es exitosa porque dure para siempre, sino porque te ha permitido crecer y has sido feliz mientras ha durado.

Me estoy poniendo demagógica y no mola, así que voy a parar. Lo que quiero transmitir son tres cosas principalmente:

1. No te acostumbres a sufrir, que la vida son dos días y uno tienes gripe. Sé honest@ contigo mismo y reconoce tu problema. Solo así podrás solucionarlo.

2. No intentes salir sol@ de esto o contándoselo a tus amigos. Ve a terapia, hay psicólogos especializados en el tema, asociaciones y grupos de ayuda.

3. Esto se cura. No lo dudes.

Me he salido un tantito del cachondeo que caracteriza a estas Claves, pero si ayuda a una sola persona a darse cuenta de que tiene un problema e intenta solucionarlo, seré más feliz que una perdiz.

Os recomiendo este par de libritos. A mí me han cambiado la vida.

.La codependencia

adicción

 Besos libres a más no poder.

From Moscú to Comillas (historia de una adopción)

He escrito varios post con homenaje más o menos disimulado: a mis amig@s, a los besos, la risa, la música e incluso a la madre niuyorkina y al blog de Nacho López, oculto en un plato de lentejas  (Nacho, mi Yoda bloguero, he decidido sacar todos mis trapos, los sucios y los limpios. Sin autojuzgarme).

Hoy quiero hacerle un homenaje a LA MAGIA. Ni voy a escribir sobre David Copperfield ni sobre la magia romántica, que a estas alturas ya sabéis que el romanticismo y yo casi que no. Seguid leyendo que me voy explicando poco a poco…

Me encantan la música y el cine, ningún género en concreto. Me gusta lo que me hace sentir bien y eso varía según el día, aunque hay unos valores seguros: George Michael, Nina Zilli, “Love Actually”, “Pretty Woman” y aquella peli que me salvó la vida en Moscú…No es coña.

Algun@s ya sabéis que soy madre soltera, adoptiva y doble. Para llegar a ser tal barbarie, fueron necesarios tres viajes a la madre Rusia: uno para conocer a mis rubios estratosféricamente guapos, otro para que una jueza muy japuta decidiera si yo era apta para ser mamushka o no (tras una semana de retraso en el juicio) y otro viajecito que se alargó en la inmensidad porque a la Japuta no le salía del jilguero soviético entregarnos la sentencia para poder recoger a mis pollitos.

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Mi estado emocional en esos momentos era lamentable: completamente sola en los Soviets, sin poder ver a los pollos en el orfanato, pensando que esperaban cada día que les recogiera, en el mierdihotel sin tele, sin ganas de leer, sin conexión a internet…Cuando, de repente, recuerdo que Yolanda, la traductora del juicio, me había dado la dirección de un cine en V.O., ¡ALELUYA! ¡Una peli en inglés será mi salvación! Y allá que me crucé yo todo Moscú en el metro con signos en cirílico, flipando in colours.

Y cuando llego al Cineruski casi me desmayo. Allí estaba, en el megacartel, en lo alto, LA PELÍCULA. ¡Una peli en español! Ya la había visto y me había encantado. En ese momento sentí algo parecido a lo que deben sentir los náufragos al avistar el navío salvador o los perdidos en el desierto al encontrar una cantimplora. Ahí tuve la certeza total de que el Universo, por alguna razón desconocida, me ama profundamente. Y pasé dos horas muerta de la risa, viendo caras ibéricas entre tanto jeto soviético. Oliendo los tomates, la paella, el chorizo…ví la luz. LA MAGIA me pegó una colleja y me recordó que el momento moscovita acabaría pronto y me llevaría a mis rubios a un país donde brilla el sol, vivimos descojonaos y comemos jamón del bueno.

Primos

Tan terapéutico fue, que al día siguiente volví a cruzarme la ciudad en un cirílico ya totalmente controlado para volver a verla. Y me moló más todavía.

Y el momento llegó. Y me los traje. A punto de aterrizar, me debatía entre el pánico a que el solazo españolo les derritiera la dermis de fototipo -7 y la alegría de llegar a Mi Isla. El avión sobrevolaba Es Vedrá, veía sus cabecitas rubias mirando por la ventana y tuve que llorar, que una no es de piedra. Ya podía oler los tomates, la paella, el chorizo…

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Es Vedrá, Ibiza

Ni que decir tiene que me compré LA PELI y que la he debido ver unas 30 veces, ya sea para arreglar un mal día o para mejorar uno bueno. Es la única película de mayores que han visto mis hijos que saben que, cuando mami estaba muy triste en Moscú, fue a ver esa peli y le dió mucha risa.

Hay MAGOS que te teletransportan de la fría Rusia hasta Comillas para que te tomes un gazpacho y cantes en una verbena veraniega Paquito el Chocolatero, que saben observar lo cotidiano y convertirlo en extraordinario porque ellos mismos lo son.

Hay Magos que te salvan la vida en Moscú…GRACIAS

P.D.: Dedicated to my FAN.

Érase una vez…Los cuernos.

Érase una vez un reino muy lejano en el que vivía una princesa bellísima, de rizos de oro y piel de porcelana. La Princesa quería encontrar un príncipe a toda costa ya que sus padres, los reyes, le habían contado desde que era muy pequeña, que solo así sería completamente feliz. Como ella siempre obedecía, pasó media vida observando a todos los nobles que se acercaban al castillo hasta que, por fin, una mañana de primavera en la que el sol brillaba radiante, le vió. Allí estaba su príncipe soñado. Reunía todos los requisitos: era alto, apuesto, heredero de un reino cercano, diestro con la espada y además, se enamoró locamente de la princesa a primera vista. Se fijó fecha para la boda y a partir de ese momento, pasaban juntos todos los sábados por la tarde, caminando por las inmediaciones del Castillo e incluso cenaban junto a los reyes en algunas ocasiones. El resto de la semana el príncipe estaba muy ocupado conquistando reinos y protegiendo los ya conquistados.

Érase una vez, los cuernos
La bella princesa

La felicidad de la princesa era inigualable. Ya no le podía pedir más a la vida. Así pasó el tiempo y cada vez se acercaba más la fecha de la esperada boda. Los preparativos para la celebración y el banquete eran numerosos y había que ponerse manos a la obra, de manera que la Reina contrató a la mejor costurera del reino para que confeccionara el vestido perfecto para tan grandiosa ocasión.

A partir de ese momento la costurera, llamada Brunilda, visitaba cada día a la princesa para coger medidas, acordar telas e ir probando patrones. Al cabo de un mes, Brunilda y la princesa habían fraguado una bonita amistad, tras horas y horas de charla.

Una tarde en la que las dos jóvenes charlaban animadamente, la princesa quiso enseñarle la foto de su prometido a Brunilda, para que viera lo apuesto y maravilloso que era. Al ver la foto, Brunilda se tornó del color de la harina. La Princesa le preguntó que era lo que le ocurría, a lo que Brunilda le contestó ojiplática: yo conozco a este apuesto joven querida princesa, también le conocen todas las doncellas de mi taller, del vecindario y de la comarca, es más, querida Princesa, su alteza el príncipe SE ESTÁ FOLLANDO A TODO EL REINO Y PARTE DEL EXTRANJERO.

Érase una vez, los cuernos

Cómo os podéis imaginar, aquí acaba el cuento de hadas y empieza la realidad, o más bien, EL HOSTIÓN DE REALIDAD. La princesa lo flipó, sin entender como podía ser que su príncipe ideal fuera capaz de hacer eso. Además estaba ocupadísimo con sus rollos de sus reinos y sus cosas. Claro, la pobre no cayó en que los viernes noche, el príncipe no curraba y que eso da para mucho. Además,  los sábados tarde era taaaaaaaaaaaaaan puntual y taaaaaaaaaaaan amoroso. Y se iban a cenar y al cine y luego había polvete, de lo más amoroso también, claro. Y se miraban a los ojos y se dormían abrazaditos y blabla.

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Los viernes del príncipe

No tengo muy claro como acaba el cuento pero me gusta pensar que la princesa le manda a tomar por el jander, se dedica a disfrutar de la vida y deja de buscar príncipes de Bekelar o similares. Y si aparece un macho con el que se lo pasa de muerte y encima le pega unos meneos que la dejan loca, pues wonderful oye.

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La princesa, post-ruptura.

Yo no he conocido así en mis propias carnes muchos de estos príncipes, probablemente gracias a que mis padres LOS REYES, me contaron que yo era una naranja completa, que de princesa nada, que REINA DESDE MI NACIMIENTO,  que me dejara de ostias y si encontraba uno con el que fuera más feliz que sola, pues guay, y si no, super guay también. Y desde luego me enseñaron que yo diseño mi agenda semanal (que incluye mis actividades del sábado) y que no estoy a expensas de las agendas de otro. (Véase post anterior y recordemos que somos barqueras)

Pero en carnes ajenas, ojito lo que he visto.

La modalidad “cari, los sábados juntitos que los viernes descanso” es de lo más extendida y, me atrevería a decir, de lo más cachonda. Estos especímenes suelen justificar sus vaivenes sexuales diferenciando entre TRABAJO Y VACACIONES. Tócate los cojones (sorry, no he encontrado expresión más acertada).

Érase una vez, los cuernos
La princesa los sábados (ya no tiene que ver el fútbol)

Obviamente la novia es el TRABAJO (por supuesto, la novia se zampa los problemas del curro, las gripes, las bodas coñazo, los cumpleaños de los sobrinos e incluso, en casos muy exacerbados, las tardes de fútbol, para esto ya hay que ser muy hijoputa) y los sucesivos chochetes, LAS VACACIONES. Hey, y que conste que no juzgo, noooooooooooooo. Pero vamos a ver…  Si a mí me dieran a elegir entre trabajo (con las evidentes connotaciones negativas que el macho en cuestión le da al vocablo) y vacaciones (lo que mola), yo elegiría siempre las vacaciones.

¿Se me está yendo la pinza o es que estáis agilipollaos, queridos novios de sábado? Pero si fornicar a destajo es maravilloso, ¿por qué no dedicarle toda una vida a ello y no sólo los viernes? Dedícale también los sábados y si tienes unas horitas libres entre semana, pues también. Que deja un cutis estupendo, generas serotonina, adelgaza y te quita las ojeras. Yo, porque estoy ocupadísima entre la maternidad, los curros varios, el blog y la vida social, que si no, sería un no parar…

Fuera coñas, desde aquí hago un llamamiento: queridos novios de sábado, sed felices coño. Fornicad a diestro y siniestro, esparcid vuestros fluidos a lo largo y ancho del globo terráqueo. Dejad de conteneros, sed libres y, SOBRE TODO, dejad que vuestras novias lo sean y se dediquen, si lo creen justo y necesario, a fornicar también libremente o a leerse el Vogue, hacerse las uñas, irse con otras amigas libres al cine o en general, a hacer lo que les salga de la chirimoya todos los sábados, domingos y fiestas de guardar.

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La princesa y Brunilda, un martes cualquiera.

Descojonarse viva (u otra versión del Mindfulness).

Ayer fue un gran día, que se convirtió en una gran noche, una de esas que compartes con viejos y amadísimos amigos, con algunos recientes e igualmente queridos, y con otros que no lo son, pero que quizás lo sean algún día gracias a veladas como la de anoche, donde la comida lleva a la merienda, a la cena y, si en lugar de lunes, hubiera sido viernes, probablemente al desayuno.

Os lo quería contar deprisa y corriendo porque allí había otro bloguero que, sin duda, reflejará el despiporre maravilloso que vivimos. Quería ser la primera en hacer una reflexión sobre las relaciones humanas, las emociones humanas, la diversión humana, la supuesta madurez humana (y lo que de ella se espera), la amistad humana e incluso los besos humanos.

Pasada la resaca de las carcajadas me quedo con que, durante varias horas, no pensé en nada más que en lo que allí hacíamos, en las historias que se contaban y en no desmayarme de la risa.

Leí hace poco una entrevista a Daniel Goleman, el gurú de la inteligencia emocional, en la que hablaba de su nuevo ensayo “Focus”, en el que expone que la atención es un músculo que debe entrenarse, que las distracciones impiden que desarrollemos tareas de una manera óptima y nos relacionemos de una manera funcional porque siempre hay un correo electrónico, un Whatsapp o similar dispuesto a joder la marrana (él no lo dice así, pero casi). Goleman apuesta por la meditación como herramienta para fortalecer la concentración. Pero señores yo ayer, una de dos, o medité de una manera muy innovadora, o ejercité otra manera de concentrarme: EL DESCOJONE CONTINUO. No lo toméis a broma ni penséis que estoy banalizando sobre el tema, LO DIGO TOTALMENTE EN SERIO.

Goleman también comenta que “En un océano de distracciones, quien aprende a estar atento gana la partida.” Pues bien, AYER LA PARTIDA LA GANÉ YO. (Aquí me da el subidón y pongo “Young Hearts Run Free” a toda castaña mientras escribo) y pienso seguir ganándola.

Yo, que soy dispersa hasta decir basta, sé que la felicidad es anclarme al presente, a ese puñetero segundo que no va a volver jamás de los jamases. Y la risa me agarra los tobillos de este coco disperso y hace que no quiera estar en ningún otro sitio.

Ahora pensaréis que vivo descojonada.

Pos no.

Pocas cosas me generan esa risa tan concentradora o concentrantiva. Sí hay otras actividades gracias a las que el mundo desaparece: bailar como una loca, ver una buena peli, un concierto de Luis Miguel, leer (a Isabel Allende, a Zoe Valdés, a Hosseini…), un beso rollo “Oficial y Caballero”, escribir y escribir…

Y miro alrededor y cualquiera diría que lo tengo, o lo tenemos crudo siendo madres.

Porque no hay tiempo, porque uno no se imagina a una madre bailando a las 3 de la mañana, ni yendo al cine dos noches por semana, ni mucho menos jugando a verdad, atrevimiento  o beso un lunes a medianoche.

PUES ME IMPORTA UN HUEVO.

Que yo no he venido aquí a de sufrir, que lo de la reencarnación está muy bien pero yo no me acuerdo de mi último yo, ni de como se lo pasó, y lo mismo le pasará a mi próximo yo.

Conclusión y vamos acabando: que anoche me lo pasé pipa y hoy pienso hacer lo mismo, pero sin trasnochar que la palmo. Y que todos deberíamos buscar esos espacios que nos molan tanto que olvidamos el planeta Tierra y sus vicisitudes.

Ahora esperaré ansiosa el post del otro bloguero, siempre tan ingenioso, lúcido y deslenguado.

Pasad un feliz día de descojone.

Lentejas: las tomas o las dejas (otra versión del Mindfulness).

 

La Madre Niuyorkina. Capítulo 1.

Agradecida y emocionada os presento a la Madre Niuyorkina en su primera (espero que no última) colaboración en estas Claves.

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He sentido la presión…cada día con más fuerza, y justo ahora que me he sentido plenamente realizada quería responder a tu llamada. El gran momento “aha”, como le llaman los americanos, acaba de materializarse en forma de dos baguettes crujientes de mi horno a 450 grados Farenheit y una sopa de pescado con un sofrito maravilloso que espero que se coman los pollos (los mios 3, claro está). Son las 10:35pm, y me queda todavía la disyuntiva de si le pongo fideos o arroz a la sopa. Claramente el tema merece una buena pensada. No se si mis momentos aha tan interesantes valen la letra de oro del blog, asi que voy a cambiar de rumbo…

Os podría contar que la vida en NY con pollos sigue la dinámica de la vida con pollos en cualquier lugar del mundo, aunque la presión no es tanto para la madre (el padre que escriba sus reflexiones en otra entrada, que esta es mía) sino para los niños.

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Madreando en NYC

Lunes cole hasta las 3, baseball y piscina (porque? Me preguntan, tenemos que ir a la piscina cuando ya sabemos nadar?, pues porque tienes que seguir practicando que no quiero que te olvides y después te me ahogues, respondo. Caso cerrado.) Cena a las 6:30pm, deberes del cole y deberes extra de refuerzo, no sea que pierdan el ritmo que lo del cole es demasiado sencillo).

Martes, jornada normal y por la tarde a la clase de refuerzo a que te corrijan los deberes de la semana y te den para una semana más.

Miércoles, clase de español gracias al Gobierno de España, una hora y media semanal, deberes del cole y refuerzo.

Jueves, clase particular de mates, no sea que se encallen al sumar, deberes del cole y refuerzo.

Viernes piscina y refuerzo y, finalmente, pobres crios, sábado, 4 horas de cole de español.

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Central Park

Uno se pregunta si es necesario, si no sería mejor dejarles, se plantea si esta vida de trabajo ya de tan chiquitines no hará que de mayores quieran sólo hacer lo que yo (disfrutar al máximo hasta que ya es necesario ponerse las pilas y ser serio, o bien les estás educando para lo que ya viene, que es un mundo con serias crisis cíclicas. Tengo que acotar que no se han quejado, que comen chocolate y piruletas y que tienen muchos amigos.

Cuento esta perorata de horarios para contar que NY te hace realmente pensar en lo que tú como madre quieres para tus hijos y permite, en general, que actues en congruencia con lo que has decidido sin tener que dejarte llevar porque la sociedad no acepta tu plan. La diversidad en el plano educacional pasa por familias que “no creen en los deberes” y sus hijos hacen lo que quieren a partir de las 3pm, por familias que quieren que sus hijos sean los número 1 y se desviven por ello (ejemplo “tiger moms”), hasta familias que por su religión o estilo de vida deciden que su hijo no vaya al colegio y traen la educación a casa (“homeschool”).

Lo que descubrí, por último, la semana pasada era la posibilidad de que tu hijo esté “unschooled” en algunos lugares y por padres más radicales o woodstock. Vaya, de todos los colores. NY te dá todas estas posibilidades sin perder el foco en el mundo, en las diferentes razas, culturas (porqué no celebramos Hannukah? Viva Kwanza!), idiomas (con 4 años imitan diferentes acentos) y les abre las puertas a un mundo para que lo vean como uno, sin prejuicios. NY permite que las madres lo compren TODO por internet y les llegue al día siguiente, comprar leche a las 4 de la mañana sin tener que doblar muchas esquinas y que el mensajero de la farmacia te traiga a tu trabajo unos repuestos para el sacaleches que te has dejado en casa esa mañana. La flexibilidad no tiene precio. Aish, bueno si, tiene precio, pero vale su precio en oro.

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