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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

Mi Madrid

mi madrid

Llegué a esta ciudad hace más de 12 años. Tras una larga deliberación conmigo misma de aproximadamente 10 minutos, decidí mudarme para comprobar que esa maravilla que vivía durante un fin de semana al mes (gente por la calle a todas horas, restaurantes y bares llenos, quedadas espontáneas para tomar cañas y tapas…) era una forma de vida y no una alucinación puntual.

 “Una catalana que se va Madrid”, fue lo primero que escuché cuando anuncié mi decisión. Sí, me gustan Madrid, Sevilla, Londres y París, entre muchos otros lugares. Mis gustos no entienden de nacionalismos ni de fútbol.

El segundo comentario fue que cómo iba a renunciar a la calidad de vida de la isla en la que vivía a ratos. Y yo en esa “calidad” me ahogaba sin remedio.

Barcelona y la pequeña isla me cobijaron en el primer tercio de mi vida, Madrid quizás lo haga durante el segundo, espero que Nueva York me acoja durante el tercero y ojalá haya un cuarto tercio en el que me pasee por los cafés de alguna Rue.

Mi vida no cabe en un solo lugar.

Mi Madrid

Me gustan las ciudades, obtener información sin buscarla, y recibirla sin ser consciente de ello. En el trayecto que va de mi portal al metro me ilustro sobre qué películas se estrenan, cuales son los colores de moda, el siguiente concierto, las obras de teatro en cartel y el último bestseller.

Con solo salir a la calle me siento parte de algo.

Me distraigo observando a la gente, imaginando sus vidas, de dónde vienen y adónde van. Las estaciones de metro, con sus infinitas escaleras mecánicas, son el mirador perfecto: gente que baja y sube, con cara de sueño, de prisa, de tristeza o de nada.

Adoro el anonimato que me da Madrid. No hay prejuicios ni expectativas. Yo soy yo, sin mis circunstancias.

Mi Madrid

Puedo elegir entre la soledad o la compañía. Voy sola al cine sin que nadie me mire raro, me siento sola en un bar a leer, sin que un conocido inesperado (e indeseado) se siente a a mi lado, camino sola todo lo que yo quiero porque Madrid no tiene fin.

Mi Madrid

Me acompaño de antiguos amigos y gente nueva, personas de todos los tipos y colores con las que comparto diversión y pasiones. Muchos somos de fuera y tenemos tanto en común… Hemos decidido disfrutar esta ciudad que chorrea vida por los cuatro costados.

Madrid me abraza, me alimenta, me divierte.

Adoro la vida de barrio, ver a mis hijos jugar en la plaza, siempre con los mismos niños, que han crecido un palmo tras el verano, y me enternece que el frutero les llame por sus nombres y les cuente historias de su Ecuador natal.

Mi Madrid

A ellos les gustan los columpios de Olavide y Dos de Mayo, la Plaza Mayor con sus artistas callejeros y sus puestos de Navidad, Fuencarral donde todos los domingos tienen carta blanca para invadir la calle con bicis y patinetes.

Yo me pierdo en Las Salesas, en La Latina, en Chueca, en mi Malasaña del alma.

Hay muchas ciudades dentro de Madrid y a mí me apasiona no saber cual descubriré hoy.

1986: el año del último morreo

1986: el año del último morreo.

La obsesión musical de esta semana ha sido Lionel Richie. La semana anterior Stevie Wonder. Estoy muy afroamericana últimamente…

 Escuchando al bueno de Lionel recordé que “Say you, Say me” fue la primera lenta que bailé.

1986: el año del último morreo

Si no sabes lo que eran las lentas es que tienes menos de 40 y   no has vivido algo que marcó la adolescencia de toda una generación. Lo siento por ti pero es así: en la vida de todo teenager que se precie hay un antes y un después de Las Lentas.

Yo descubrí este fenómeno allá por 1986 en una disco a la que íbamos los domingos de 5 a 9.

1986: el año del último morreo

Durante toda la tarde te deleitaban con los temazos de Rick Astley, Modern Talking, C.C. Catch, etc. y a las 19.00 en punto, cortaban de sopetón. Silencio tenso de 5 segundos, pulso acelerado, pupilas dilatadas y La Primera Lenta. 

Pista completamente vacía, buscas con la mirada al chaval que te mola esta semana y hostia que no lo ves…

 nervous

Te quedas tiesa como un palo, sin hablar con tu amiga que está sentadita a tu lado y lleva el mismo tupé exagerao que tú. Vaya a ser que si hablas crean que estás demasiado ocupada como para querer bailar. Sueltas comentarios súper cortos y en plan ventrílocuo para que nadie se percate.

Dedos cruzados por debajo de las mangas hiperlargas de tu jersey Privata…

Ruegas al cielo que aparezca y te diga “¿bailas?”.

pray

En ese momento tú soltarás un “vale” de lo más relajado, como si no llevaras pensando toda la semana en esa media hora que cambiará tu vida PARA SIEMPRE.

Sudores fríos. No aparece. Esto dura 30 minutos y ya han pasado 3.

Al que sí ves es al número 2 del Ranking Semanal. Se acerca. “Mierda. Y si, ¿mientras bailo con este aparece el número 1?¿ Y sí le digo al 2 que no y el 1 no se presenta? ¿Y si digo que no y el 1 aparece pero no me saca? Mi vida pende de un hilo”.

duda

Estoy convencida de que parte de mis canas se deben al estrés acumulado en aquellos domingos del 86.

Y os preguntaréis ¿tanto rollo por un baile? Noooooooooo, lo importante era…¿la conversación? No, no recuerdo cruzar ni una sola palabra en medio de aquella minipista redonda. Lo importante era el momento en el que, usando la bola de espejos discotequera a modo de muérdago, el número 1 o en el peor de los casos el número 2, deslizaba su barbilla desde tu oreja hasta tu comisura con voluntad de morreo inminente. Y te morreaba. Y lo flipabas.

1986: el año del último morreo

Porque en el 86 el morreo era EL MORREO, no un preludio necesario de lo que va después. El Morreo era un ente en sí mismo, con vida propia. Era el fin y era el medio. Y había que hacerlo bien, porque era lo único que existía en el mundo. Todo desaparecía alrededor de El Morreo. Había tiempo limitado porque Las Lentas duraban 30 minutos. Más allá de eso reinaba la incertidumbre. Morrearse en el minuto 33 implicaba, como poco, que salíais juntos.

A medida que pasaron los años Las Lentas se fueron diluyendo, los 30 minutos se acortaron hasta desaparecer.

El Morreo, pasado el 89, se infravaloró sin remedio. Y así nos va.

Podríamos forzar la máquina y organizar una fiestecita con música de los 80 a ver si lo recuperamos, pero ya no sería lo mismo.

Ya no llevo tupé ni un jersey Privata. No hay bola de espejos discotequera. No me gusta  un Chaval cada semana, ni uno al mes. Con suerte uno al año. Y se supone que después del morreo debería venir el sexo, un noviazgo no muy largo, la boda y/o los hijos…Y eso le quita magia, quieras que no.

Así que me conformaré con escuchar a Lionel hoy a las 19.00 en punto. Cerraré los ojos y me acordaré del número 1 y del número 2 y de todos los números de los que me enamoré cada semana y que me besaron bajo aquella bola, durante media hora, en la minipista de los Domingos del 86.

1986: el año del último morreo

PATO´S LIFE: el ideal de una madre estresada

Pato´s life: el ideal de una madre estresada.

PATO´S LIFE: el ideal de una madre estresada

Empiezo este post en la puerta de embarque número 6 del JFK.

Sí, he vuelto a Nueva York. Lo hago de forma compulsiva o eso quisiera. ¿Algo nuevo? Ahí siguen mi Bow Bridge, el edificio Chrysler y el puente de Brooklyn. Soy yo la que va cambiando y la que, afortunadamente, se renueva en estos lares.

Por lo demás, clásicos que adoro: las visitas de Carmen para rajar despanzurradas en las mega camas del hotel, nuestras quedadas en la puerta del Barnes & Noble de Union Square para decidir donde vamos (qué bonito que te importe un huevo el emplazamiento), las cenas en Craftbar, reír hasta llorar (e incluso soltar gotillas de pis) con la Madre Niuyorkina en cualquier banco callejero…

Algo tenemos en común estas tres personajas: somos de todo menos pausadas, nos zampamos el exceso, pero A LO BESTIA. Curramos hasta enfermar, asistimos a cursos variopintos, proyectamos mil futuros, siempre más y más y más. La vida se nos hace corta.  No tenemos solución en lo que actividad masiva se refiere, y las tres nos planteamos lo mismo again and again: ¿será posible ser una desquiciada sin estresarse? ¿asumir la actividad despiporrada, el trabajo, la maternidad en plan salvaje pero sin que eso nos genere nervios, ansiedades, herpes, granos en el jeto…?

Yo me lo propuse ayer por la mañana en Central Park. Estaba yo en Mi Banco, mirando Mi Puente, el laguito, zampándome un croissant del tamaño de mi cabeza, cuando vi los patos. Esos patos con el cuello verde en grupos de a tres cruzando el lago, deslizándose en paz absoluta, mirando y ADEMÁS VIENDO.

Les miré muuuuuuucho rato y seguían deslizándose y les daban igual los rebaños de japoneses que me tapaban la vista para hacerse 584 fotos (cada uno), las ancianas millonetis con sus perros repeinaos, los deportistas buenorros, los carritos de hot dogs, los estudiantes, los enamorados, yo misma.

Y quise ser pato. PARA MIRAR Y ADEMÁS VER. Para que el móvil, el reloj, la búsqueda de las llaves al salir de casa, el metro que no llega, la bombilla que se funde, el ordenata que no arranca, el cargador olvidado, no me sacaran de quicio nunca más.

¿Jodido? TOMA, CLARO.

En esos momentos una piensa que esta vez sí, que ya sabe lo que quiere y que se va a quedar anclada a la Sensaciónpato forever. Pero eso fue en Central Park y ahora estoy en Chamberí (me encontré con amigos en la puerta 6 del JFK y dejé la escritura para otro momento). Dos semanas después retomo el teclado y la Sensaciónpato. Hoy sí. Hoy no me desquicio. Hoy voy a ver Madrid, voy a escuchar y a escucharme. Hoy no apuraré los minutos para hacer “esa última cosita” antes de salir por la puerta, que me fastidiará irremediablemente la hora siguiente porque, JODER ¡QUÉ MIERDA!, es imposible parar el tiempo por mucho que yo lo intente.

Asumamos que es imposible plancharse los pelos en 2 minutos, hacer la comida en 3 o responder ese maldito mail en 4. Ahora mismo asumo que, aunque seguiría escribiendo y repasando y reescribiendo, el reloj no se va a parar aunque yo apriete los dientes. Y tengo que preparar la cena, ducharme, ponerme mona y salir de casa cagando fostias. Asumiré también que no me da tiempo a colgar todas las fotos que irían bien en este post y que nadie me juzgará por ello.

LA INCONDICIONAL

La Incondicional

LA INCONDICIONAL

Hoy os escribo desde el lejano Chile, donde estoy unos días de vacaciones. He venido a celebrar los 40 de alguien importante y, como el universo me adora por razones del todo desconocidas (creo que os lo había comentado antes), la visita ha coincidido con un par de conciertos de Mi Cantante.

Eso será dentro de dos días y aquí estoy yo a la 1.00 de la madrugada (las 6.00 en las Iberias, ojo jet lag) viéndome un concierto suyo enterito en YouTube a modo de aperitivo y para quitarme el mono que me acecha.

Os voy a contar algo a riesgo de que dejéis de leerme por majara, por desequilibrada o por obsesiva (que lo soy TODO): yo me he zampado 46 conciertos de este señor y cuando vuelva a España el próximo viernes habrán sido 48. No os equivoquéis. Escucho miles de músicas varias y NO puedo ser menos mitómana, ni menos romántica, ni menos nada. “Y UNA MIERDA” estaréis pensando.

Y entonces ¿POR QUÉÉÉÉÉÉÉ? Pues empiezo a tener alguna pista y para cuando acabe de escribir esto, tendré muchas más. Para empezar, Él es el punto que tienen en común mi Yo de hace 20 años con mi Yo de ahora. Es LO ÚNICO de lo que no me he cansado jamás, yo que me harto hasta de mi sombra. Él es mi banda sonora.

Le adoré en la Universidad desde que mi madre trajo su CD a casa, me siguió hasta Puerto Rico durante el año que estudié allí, me ha cantado en mis viajes a Nueva York, a California, a Atlantic City, a Sevilla, a Santiago de Compostela… Me ha acompañado en la radio del coche de camino a mis exámenes y de vuelta a casa de madrugada tras mil marchas descontroladas.

He vivido en varias ciudades, dejé amigos para encontrar otros, tuve varios trabajos, dos hijos, varios y variados amantes, estilos de vestir, el pelo largo, el pelo corto, el pelo de colores. He cambiado el “de dónde vengo” y mil veces el “a dónde voy”, siempre quiero más y a veces me quiero menos. Y ÉL sigue ahí, cantándome.

Cuando no me encontraba, escucharle me recordó quien era y donde quería estar. Su voz me ha alejado de lo gris recordándome que mi vida es la hostia y es mi obligación ponerle color cada puñetero día. Si alguien encontró mi grieta y metió los dedazos en ella, tras un par de canciones tuve la fuerza para rebanarle las manazas a quien fuera.

Él ha cumplido conmigo los 20, los 30, los 40… SIN DUDA, mi momento más feliz: cualquiera de esos 46 conciertos (y los que quedan). Y esto, darlings, es maravilloso. Tener una referencia de la felicidad completa te da un GPS muy útil: todo lo que me acerque a esa sensación ES BIEN y todo lo que me aleje PUES QUE VA A SER QUE NO. ¿Infantil quizás? ME IMPORTA UN HUEVO, es más, ME ENCANTA.

Jamás perderé la emoción previa a los conciertos (que es que no puedo ni comer), la tristeza al final de una gira, las mariposas en el estómago cada vez que le escucho en una nueva canción, el trance mientras le veo en directo.

Los que me conocéis sabéis que Mi Cantante es tan parte de mí como mis palabrotas, mi Nueva York, mis coletas despeinadas o mis 4 Cola Caos diarios. Y en dos días, durante dos noches, flotaré hasta pegarme al techo, en mi Momento Más Feliz de la Vida y me recordaré que debo quedarme ahí todo el tiempo posible.

Y he vuelto a poner el concierto en YouTube pero os dejo ya que se va haciendo tarde, más de las 3.00. Y yo que quería madrugar mañana para escribir un post desde Chile…

Quememos los libros

lasclavesdesol

Llevo unos días fuera de España. Si estando allí no me entero demasiado de las noticias, ni os cuento desde aquí. Un par de veces al día cotilleo Twitter y el Huffington para ver qué es lo que se cuece y poco más. No hay grandes cambios, nada me llama demasiado la atención.

Pero la semana pasada leí algo sobre que en change.org pedían la retirada del mercado de un libro “75 consejos para sobrevivir en el colegio”.  ¿Qué es ESO tan grave que haría que los ciudadanos se escandalizaran de tal manera? Y allá que investigué un poco más.

Lo puedes leer todo en mi blog hermano, Weloversize.

Las Vírgenes Fingidas

Las Vírgenes Fingidas: guía para ligar mintiendo.

Las Vírgenes Fingidas

Hace poco mis amigas y yo hemos descubierto un fenómeno paranormal que nos tiene alucinadas: la fascinación del macho por la hembra virgen o quasivirgen. Las cosas están cambiando y lo que antes era una atracción feroz por las hembras sueltecitas, casquivanas, de moral distraída, ha mutado y ahora lo que mola son las intocables (o intocadas). Y esto es una putada, primero porque nos pilla un poco tarde y segundo porque aunque estuviéramos a tiempo, nos  pasaríamos esta tendencia por el forro.

Las Vírgenes Fingidas: guía para ligar mintiendo
Yo, cuando me enteré de la tendencia virginal.

Pero a problemas, soluciones. Así que decidimos que si queríamos pillar cacho, lo mejor era fingir, mentir como bellacas y trazar un plan:

  • Nada de escotes ni vestidos apretujados : esto nos obliga a hacer renovación total de vestuario.
  • Se acabaron las palabrotas, las blasfemias y las barbaridades de contenido sexual: en mi caso requiere de un exorcismo, COMO MÍNIMO.
  • Eliminación de fotos de cualquier red social en las que salgamos con el copazo, cigarros, arremangando faldas, casi enseñando tetas, agarradas a algún macho, o intentando morderle la oreja al primero que pase: resumiendo, darnos de baja todas nuestras cuentas porque nos quedábamos a contenido CERO.
  • Mentir colectivamente, afirmar y reafirmar que somos unas estrechas y que hasta el matrimonio, nothing de nothing: nos hemos inscrito en la escuela de Cristina Rota y en la de Corazza porque por mucho que hemos ensayado, no nos salé ni patrás.
  • No tenemos muy claro que hacer con los ex amantes, que en cualquier  momento pueden aparecer y joder la marrana. Para esto, probablemente necesitemos sobornar o, en el peor de los casos, volver a enrollarnos con ellos para que cierren el pico.
Las Vírgenes Fingidas: guía para ligar mintiendo
Esto MOLA.
 
Las Vírgenes Fingidas: guía para ligar mintiendo
Esto NO MOLA.

A estas alturas ya pensáis que soy una exagerada. O no porque quizás lo estáis viviendo en vuestras carnes. Por mi parte, tía con la que hablo, tía que me cuenta lo mismo: que el mercado está fatal, que no hay manera de ligar, que todo está pillado, que lo que no está pillado está tarado… Y ojito que no estamos hablando de buscar novio ni marido. No, no, nooooooooo yo hablo de lo que viene siendo un tema momentáneo: un que me quiten lo bailao, una alegría pal cuerpo, un ligue de una noche, un revolcón furtivo… PUES NI ESO.

Las Vírgenes Fingidas: guía para ligar mintiendo
Beyoncé, no te enteras. Así no.

Algunas tendréis las esperanzas puestas en el verano, que parece que con los cuerpos semidesnudos, el calor, la playita, las vacaciones… PUES NO. Aquí la menda pasa en Ibiza TODOS los veranos de la vida. Ibiza parece que es sinónimos de descuajeringue en todos los sentidos. Bien, desde aquí hago un llamamiento a todas aquellas que, estando en la isla, hayan tenido unos encuentros guarrindongos desenfrenados, porque esto ya es leyenda urbana, señoras mías. Cada verano es lo mismo: “tranquilas chicas, que ahora llega el veranito y ya veréis” .  Y NADA. Otra variable de la leyenda es LOS FINDES EN FORMENTERA: “Bueno, bueno chicas,  que nos vamos a Formen y aquello está petao de italianos bienolientes. Allí fijo que sí”. PUES TAMPOCO.

Las Vírgenes Fingidas: guía para ligar mintiendo
Mi amiga rezando. A ver si le cae algo.

Hace unos meses un macho me dijo algo que pudiera ser la explicación a tamaña desgracia: los hombres piensan que TODAS las mujeres por encima de los 30 quieren tener pareja y ser madres as soon as possible y salen por patas. “¡¡¡¡¡¡NOOOOOO, POR DIOSSSSS!!!!!!”  Le dije yo. Y él se quedó loco, “Ah, ¿pero tú estarías abierta a otra cosa, a algo de una noche o de una semana?” Preguntó él. “Es más, es a lo ÚNICO a lo que estoy abierta” dije yo. Y mi pensamiento añadió “Y nunca mejor dicho”.

Quizás yo pienso que esto es generalizado y a estas alturas creéis que mi pandi es un ramillete de fetos malayos y purulentos. QUE NO. Pasan las estaciones y esto solo hace que empeorar. Y yo ya me estoy preocupando. Os pediría en serio, por favor, mujeres de más de 30, que me contéis QUE COÑO ESTÁ PASANDO. ¿Es esto un mal endémico solo de  mi entorno? ¿Es un rollo “Guerra Mundial Z” y se extiende entre la población sin remedio?

Las Vírgenes Fingidas: guía para ligar mintiendo

No quiero pensar que esto tenga algo que ver con que a los tíos, esto de que les queramos para algo pero no les necesitemos PARA NADA, les tenga algo abrumados. Qué improbable que vean su hombría menoscabada porque tomemos la decisión de disfrutar de un rato en su compañía y luego desaparezcamos sin dejar rastro. Qué cositas se me ocurren…

En breve os cuento qué tal resulta nuestro Plan Virginal. Mientras tanto, espero vuestros consejos y comentarios.