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Loris Karius: el Empotrador Futbolero

Estoy sumamente indignada, amigas, y os voy a contar por qué.

No me gusta el fútbol, es más, me pone hasta de la mala leche esa obsesión de muchos por este deporte. El caso es que a mí el partido del sábado me daba más bien igual. Es más, si no llega a ser porque mis hijos, víctimas de ese furor furgolero para mí incomprensible, querían verlo con los amigos, ni me entero de que lo de la Champions existe.

Y acaba el partido y empiezan los comentarios.

“Campeones, campeones, campeoneeees”, fue lo primero que oímos.

“Hay que ver, como lloraba el portero del Liverpool” fue lo segundo (ahí me enteré yo de que jugaba el Liverpool, que no sabía ni que tenía equipo).

“Anda la hostia, cómo está el portero del Liverpool”, fue lo tercero que escuché. Básicamente porque mis lectoras me conocen tan bien que me empezaron a mandar fotos del rubio como si no hubiera un mañana.

PERO VAMOS A VER, VAMOS A VER.

¿Cómo puede ser que nadie nos hubiera informado de que un bigardo alemán de 1,89 que es una mezcla de Thor con Paul Bettany y Adam Levine andaba paseándose por los campos de fúrgol del planeta? Hay que ser muy cabrón para mantener esto en secreto. O muy tonto. Porque señores dueños del fútbol, la de seguidoras (y seguidores) que ganarían ustedes si publicitaran estas cosas, la de canales de pago que venderían, y la de palomitas que se iban a consumir.

En serio, ¿dónde estaba escondido este buen hombre? Porque yo no puedo entender que a dos días de detener al preso más guapo del mundo, su foto inundara los Facebooks del planeta. Joder, que eso hay que filtrarlo desde las dependencias policiales, que ese tío está en un calabozo. Y nuestro Loris, que debe salir en la tele cada semana de la vida, estaba ahí, en el más asqueroso de los anonimatos. No somos nadie.

ESTOY ENFADADA  y aún no sé con quién.

Por un lado supongo que los tíos, que son los que más fútbol consumen, dirán que tampoco lo ven para tanto. VENGA, HOMBRE, VA, lo que es la envidia. Por otro, las mujeres futboleras quizás se cortaran porque podrían tomarlas por superficiales (que os lo más repugnante del mundo) y por poco interesadas en lo que realmente importa, que es una panda de tíos cobrando millones por pegarle patadas a una cosa redonda. Yo, de verdad, que no entiendo NADA.

El caso, y vamos al grano, es que Loris es alemán, está tremendo y nos gusta. Así, resumiendo. Es un Empotrador Vikingo de la rama futbolística. Lo tiene todo: melenita, cuerpazo, altura Y TATUAJES.

 

Y la dentadura, amiguis, la dentadura, que es TREMENDA.

Podría hacer mil chistes sobre los goles que nos podía meter, que si “Mi portería es toda tuya, Karius”, que si “No llores, que yo te consuelo, que ven aquí que verás qué bien…”.

Para colmo de bienes, hoy mismito, nuestro Adonis ha publicado en Instagram que no ha podido dormir y que pide perdón (otra vez) a la afición. Y, claro, nos lo pone a huevo.

Ven, que te acuno.

Yo sí que te iba a tener despierto.

Te voy a cantar una nana que vas a fliparlo.

Y así hasta la eternidad…

Pero no vamos a caer en esas ordinarieces, no somos así. PARA NADA.

Lo que tenemos que hacer, PERO YA, es reunir firmas para que nuestro portero favorito se venga a las Españas a jugar. Manifestémonos si es necesario. Qué coño hace en las Inglaterras, todo el día lloviendo. Lo bien que le iba a sentar el clima ibérico, lo contento que iba a estar con el jamón, el solete y la simpatía de las españolas. El primer paso, supongo, será ir a Change.org o algo así y presentar la moción. Lo segundo, hacer una colecta. Como lo de Lola Flores y hacienda. Un eurito por español y nos traemos al Vikingo Furgolero porque, seamos realistas, ahora mismo no creo yo que ningún equipo se pelee por él.

Un equipo no, amiguis, pero nosotras sí. Pongámonos manos a la obra, importemos talento germánico, aficionémonos al fútbol que es una cosa muy sana y muy entretenida.

Y, Loris, chato, haz caso de las señales y date cuenta de que lo tuyo no es parar goles, SINO METERLOS.

(No he podido contenerme)

 

“Altered carbon”, o un nuevo Empotrador (sueco) ha llegado a la ciudad.

Amigas, amigas, AMIGAS:

Soy muy feliz y os voy a contar por qué. He encontrado un nuevo Empotrador. Sí, cuando ya parecía que era imposible, que habíamos cribado el planeta entero y estábamos convencidas de que no se nos había pasado NI UNO, va Netflix, se inventa una serie y nos planta a Joel Kinnaman en la pantalla. Poco más y me desmayo cuando el viernes, tras dejar a mis vástagos camino a casa de los abuelos, le doy al mando para cotillear esa serie tan publicitada y ZASCA, la primera en la frente: aparece un bigardo de dos metros en bolas.

Y es que los de Netflix no son tontos, no. Nos conocen, queridas, y saben que somos el mercado y saben lo que nos gusta. Y si no, ya se lo digo yo: LOS EMPOTRADORES. Y van y nos lo sirven en bandeja. A los tres capítulos le hemos visto en bolas veinticinco veces y se ha cepillado a la mitad del reparto. Y eso que, como al buen hombre le han cambiado el cerebro de cuerpo, no andaba muy conforme así de primeras, pero oye, la salida que le da a ese montón de carne perfectamente proporcionada que le ha tocado en el reparto.

Si es que todo es acostumbrarse.

Te aseguro, querido Kinnaman que yo a tu cuerpo me hacía rapidito, vamos, que no te conozco y me iba a costar poquito adaptarme a tu anatomía.

Y ahora vamos al ser en sí. Como buena tía obsesivo-compulsiva, me he ido a Google y ahí he descubierto que Joel es medio sueco. JODER, si es que estos nórdicos no son ni medio normales. Ya decía yo que me recordaba al Skargard por esa altura, esas hechuras, esa pinta de animal escandinavo que lo mismo te inserta en el alicatado que te corta diez árboles en una mañana.

Salió en “Escuadrón Suicida”, me sonaba, pero claro, allí no me lo plantaron en bolas, de ahí mi despiste. Sé que aparece en “The Killing” y espero que se desarrolle en climas tropicales o dentro de un volcán, porque si no sale ligerito de ropa la cosa pierde bastante.

El buen hombre está lleno de tatuajes, otra razón más para que me encante. La parte negativa es que tiene una mujer que no puede estar más buena y que tampoco puede tener más tatoos, la madre que la parió. A ver Joel, que si lo que te va es eso, yo tengo tres dibujos monísimos sobre mi skin, pero en un momento dado, pillo un Rotring y la lío parda.

No sabéis lo entretenida que he estado todo el finde, viendo como Kovacs, que es el nombre que le han puesto en la serie (porque FUCKER SUPREMO era muy descarado) asesinaba a diestro y siniestro, fornicaba a diestro y siniestro y me volvía loqui a diestro y siniestro.

Y es que yo siempre quise ser nórdica y, entre el Hygge, el Lagom, el Skargard y este, estoy por volverme apátrida, teñirme de rubio platino, ponerme ciega a arenques y pedir asilo político en las Escandinavias, siempre que me dejen visitar de vez en cuando las Highlands, que es otro viajecito que tenemos pendiente, queridas.

Mientras llega el momento de tirar mi pasaporte español al retrete seguiré visualizando a mi querido Joel mientras rechupeteo el mando de la tele, que es lo mínimo que puede hacer una ante tal despliegue de músculo y testosterona.

Y que viva el Vikinguismo una vez más, amiguis.

 

 

 

 

Nico Tortorella: el Empotrador Poliamoroso.

Lo reconozco, cuando este verano, en Nueva York, mi amiga Clara me habló del poliamor, me lo tomé a cachondeo. Clarita, no me jodas, esto es un fornicar todos con todos, solo que me han puesto un nombre muy moderno y ahora es supercool. Que me parece de lo más respetable, pero vamos…

Ahí quedó la cosa.

Y hace un par de semanas empiezo a ver la serie “Younger” y me quedo totalmente loqui con el tatuador veinteañero que no puede estar más tremendo. Nico Tortorella, se llama el Adonis. Como siempre que me enamoro, comencé una búsqueda en Google para saber todo lo humanamente posible sobre mi nuevo novio y, AY LA HOSTIA, que es poliamoroso. El chaval lleva once años de relación con una chica lesbiana, él es bisexual, tienen una familia de lo más amplia con muchos seres de todos los géneros del planeta y están encantados de la vida.

Al principio no entendía nada, pero si la novia es lesbiana y él un tío, ¿esto cómo funciona? Luego leo una entrevista en la que ella afirma que Nico es el único hombre del que podría enamorarse. NOS HAN JODIDO. Tonta no eres, NO.

A mí, ahora mismo, me pasa EXACTAMENTE igual. Solo podría enamorarme del Tortorella, de su dentadura, su body y sus trescientos tatuajes.

A lo que íbamos, que si Nico se ha entregado al poliamor como si no hubiera un mañana, habrá que saber más sobre el tema, vaya a ser que me lo encuentre, me proponga ser su polinovia y yo no sepa que decir por ser una ignorante total.

Me pongo a ello.

En la RAE no existe el término. Mal vamos. Con lo fan que soy yo de la Real Academia, estoy por borrarla para siempre de mi lista de Favoritos de Internet. Señores académicos, por Dios, háganse eco de las nuevas tendencias, porque si han aceptado “Almóndiga”, tendrán que hacer lo mismo con el Poliamor, mal que les pese.

Menos mal que tenemos WIKIPEDIA.

Poliamor es un neologismo que significa tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados. El individuo que se considera a sí mismo emocionalmente capaz de tales relaciones se define a sí mismo como poliamoroso, a veces abreviado como «poli».

Y, amiguis, con lo de “pleno consentimiento y conocimiento” me han ganado. Porque, aunque aquí la menda sea incapaz de mantener ni una sola una relación amorososexualduradera, sí creo que lo de ser sincero y honesto, con uno mismo y con tu/s pareja/s es la única posibilidad normal (que no común) de relacionarse.

He seguido leyendo sobre el tema, porque soy así de obsesiva, y cada vez me atrae más la idea poliamorosa, la verdad. Básicamente, eres libre de tener parejas, amantes, rollos y demás siempre que cumplas las normas que establecéis entre todos los integrantes de la relación. Una de las bases es ver el amor, no como algo que se divide y, por tanto, si tienes dos novios les quieres menos que a uno y así sucesivamente (cosa que no pasa con los amigos, ni con los hijos, ni con nadie más), sino que se multiplica. Se respeta cualquier tendencia sexual, nadie obliga a nada, todos lo acuerdan todo. ¿Complicado?, por supuesto. ¿Imposible? Parece que no.

Llevamos siglos anclados en parejas que no funcionan, en infidelidades, en mentiras, en apariencias, metidos en cajones que otros inventaron para nosotros, incapaces de comprender opciones que no sean la nuestra y, por tanto, rechazándolas como válidas PORQUE ESO ES IMPOSIBLE QUE FUNCIONE. Pues mira, el poliamor no sabemos si funciona, pero lo que hemos conocido hasta hora, en muchísimos casos, ES UN PUTO DESASTRE, así que quizás sea hora de ensanchar nuestras miras, en esto y en cualquier camino que quizás nos lleve a ser más felices.

Y así es, amigas, cómo gracias al buenorro de Nico (y a mi amiga Clarita) he descubierto el Poliamor y oye, que yo no me veo yo metida en tal sarao familiar porque a mí me cuesta un huevo organizarme solamente con mis dos churumbeles, no me quiero imaginar con un ramillete de novios, novias y demás seres. Pero el asunto me ha dado que pensar, y eso ya es mucho.

Espero que os pase lo mismo.

(Y que disfrutéis del cuerpazo del Tortorella, PORDIOS)

 

Idris Elba

Idris Elba (o el Empotrador Supremo)

Idris Elba

Sí, amigas, se me ha ido totalmente la pinza con este hombre. Me siento cual quinceañera. Hasta sueño con él. Os contaré cómo ha sido el proceso hasta llegar hasta este enamoramiento sin precedentes. Bueno, sin precedentes desde Jason Momoa. Y Ryan Gosling. Y Benedict Cumberbatch.

Antes de agosto, para mí Idris era un actor buenorro más. MUY buenorro.

Pero me fui a Nueva York.

Las calles neoyorquinas estaban empapeladas con el cartel de su última película. Ahí estaba él, con su metro noventa, con toda su negrura, con ese título “La Torre Oscura”.

Yo no podía parar de pensar en lo oscura que debe tener Idris su torre. Mis amigas y yo lamíamos los pósters  por doquier. Sí, pasamos de los cuarenta, Y QUÉ.

Nueva York se acabó y de allí me fui a mi isla querida, donde escribí un nuevo post sobre Empotradores en el que le declaraba mi amor absoluto a Idris.

Dos días después de publicar ese romántico texto, mi amigo Pedro me invita a una fiestecita discotequera en el lugar donde trabaja.

– Vente el domingo, que será el mejor día del verano.

– Uf, yo ya no salgo, pero, ¿por qué va a ser el mejor día, querido mío?

– PORQUE PINCHA IDRIS ELBA.

– Pero si este bigardo es un actor de Hollywood. Qué coño hace pinchando por los antros ibicencos. Me estás tomando el pelo, churri.

Me metí en Google, que resuelve todas las dudas del planeta.

Era verdad. HOSTIAS, HOSTIAS, HOSTIAAAAAAAAS.

Y allá que me fui yo, que me acuesto normalmente a las diez, pero que por una buena causa como esta me da igual empalmar tres días seguidos.

Amiguis, amiguis, AMIGUIIIIIIIIIIIIIS. Vi, con estos dos ojos,  cómo esa bestia parda pinchaba a la par que movía ese pedazo de cuerpo, europeo de primera generación porque sus padres son africanos. Ese cuerpo fibrado no es de gimnasio, NO. Es un cuerpo selvático, salvaje, enorme, duro, brillante. De los de correr junto a los leones y las jirafas.

UNA PUTA MARAVILLA.

No os podéis imaginar (o sí) la de barbaridades que se me ocurrían al contemplar semejante paisaje. Sufría de lo lindo porque no me había acompañado ninguna de mis amiguis asalvajadas. Esas con las que podía haber comentado cada detalle de la anatomía de Idris. Hasta dolor de barriga me entró. Así que decidí soltarle todo lo que llevaba dentro a Juan, un joven que me habían presentado hacía escasos minutos, y con el que habíamos tenido la típica charla de “Hola, qué tal. Cuánta gente. Qué bien todo. La la la”.

– Madre de Dios, qué bueno está este hombre y qué pedazo de cosa ha de tener ahí abajo.

Yo pensaba que el pobre se iba a desmayar. De hecho se fue durante unos minutos, supongo que a refrescarse y, al volver me dice :

– Bueno, tú estás generalizando.

– No.

– Hombre, porque sea negro…

– El guepardo es el animal más veloz del mundo y un señor africano de metro noventa tiene un pene glorioso. No es generalizar, ES UN HECHO EMPÍRICO.

– Algún guepardo lento habrá.

– Uno lesionado. Yo no veo a Idris lesionado, la verdad, así que… (Dije señalando con la cabeza al Dios de ébano que seguía meneando el body al ritmo del musicón).

Ahí el joven no pudo rebatirme, claro. La ciencia es la ciencia.

– Bueno, pues ve a decirle algo.

– Ni de coña, no soy nada rollo fan. Yo le observo, babeo, y con eso me basta.

Cuando Idris terminó de  deleitarnos con sus músicas y procedía a pirarse con la novia agarrada a su cintura cual si fuera un flotador (nena, Idris tiene para todas, no te estreses), Juan le paró y le comentó que yo era muy fan.

Sonreí, super digna.

A ver cómo le contaba yo al Supreme Empotrator que “Fan” no es la palabra, que es que yo escribo cochinadas y le había elegido como el tío más Empotrador de la galaxia. Así que me relajé e intenté oír lo que me decía pegadito a mi oreja, pero el puto techno lo impidió. Solo escuché un claro “Nice to meet you” mientras me daba esa mano de dos metros cuadrados. Yo respondí un “Nice to meet you too” absolutamente impropio de mí. De lo más correcto. Un asco.

Entonces Idris salió por la puerta y nunca sabremos si lo que me susurró fue algo como “Dejo a esta en el hotel y vengo a ponerte fina filipina”. Desde entonces vivo con la duda, el desasosiego y la ansiedad.

Voy a sobrellevar la distancia a base de ver compulsivamente “Luther”, serie en la que es el poli más listo de todo Londres y mañana mismo me zampo la peli que ha rodado con Kate Winslet. Sí, esa en la que se estrellan en avión y acaban solos en una montaña nevada. Con lo que a mí me gustan los Pirineos, PORDIOS, Idris.

Y esperaré pacientemente a que el próximo verano nos visite de nuevo. Para entonces me habré insertado un sonotone para no perder detalle de sus palabras y tendré ensayadísimo mi discurso en british sobre los Empotradores, sus características y el efecto que causan en mí y en mis amiguis lectoras.

See you soon, Idris.

 

Siete Empotradores Clásicos (o Classic Empotrators) que no te puedes perder

Si es que a una le pierde la modernidad y se olvida de que los Empotradores siempre han existido. Menos mal que ahí estáis vosotras, amiguis, para hacerme reaccionar. Qué de comentarios libidinosos cuando nombré a Marlon Brando en mi último post  sobre esta especie que tantas alegrías nos da. Vi la luz. Detecté una necesidad y he decidido satisfacerla. Allá vamos.

Preparadas, listas..

El primero es un claro homenaje a mi señora madre, cuyo amor platónico de la vida ha sido Yul Brynner. Resulta que el buen hombre era ruso, como mis hijos. Si ya lo decía el Rey León: el ciclo de la vida, que es un no parar. (Vale, la canción es “El ciclo sin fin”, pero casi). El caso es que Yul, como buen ruski, tenía cara de mala hostia, cuerpazo (que para eso estuvo en de acróbata en un circo) y unas manos de escándalo. Guapo y exótico. Y encima era buen actor. Ojito a cómo está en “Anastasia” y  “Los diez mandamientos”. La pega: fumaba lo más grande. Pero te lo perdonamos, Yul. Viva tu calva.

Connery, Sean Connery, que sales en mi peli favorita: “Los Inmortales”. En James Bond te iba más el rollo chulesco y, conforme han pasado los años, te has puesto más interesante.

Mira que yo, por encima de la treintena ya no les veo el qué, pero contigo hago una excepción. Tú has sido, eres y serás un Classic and Elegant Empotrator como la copa de un pino.

Lo bueno de Clint Eastwood es que, aparte de ser un tío duro, guapo y vengativo, dirige unas pelis que me flipan y nos deja un legado maravilloso en forma de hijo buenorro que estoy seguro que acabará siendo un Empotrator de cuidado: Scott Eastwood. Si es que los Empotradores han de procrear para dejar bien contentas a las generaciones venideras. Gracias, Clint.

Warren Beatty la liaba parda allá donde iba. Se cepilló a todo Hollywood y parte del extranjero. Cuentan que se ha pasado por los bajos a más de 12.000 mujeres y que las pobres no aguantaban su ritmo. Vamos, yo me he cansado con solo leer sobre el tema…

No tenía yo ni flores de esas ansias sexuales cuando lo vi en “Esplendor en la hierba”. Qué tío tan guapo y qué historia tan intensa. Tendría yo unos diez años y así me quedé: trastorná perdía. Qué morros, qué mirada, qué todo. Las pillaba y las dejaba locas. Normal Güarren, NORMAL.

Vámonos a las Francias porque allí tenemos a otro de los grandes clásicos del Empotramiento mundial: Alain Delon. No se puede ser más guapo y no se puede tener más cara de cochino. El francés también las dejaba loquis, empezando por la Schneider, que mira como la está poniendo en el gif y acabando por las varias madres de sus varios hijos.

 

Otro que, como Eastwood, es buena gente y nos deja ese gran heredero que es Anthony Delon que, por si no lo recordáis, estuvo con Estefanía de Mónaco en la época en la que ella nos cantaba aquel tema de “Ouragan”. Ya, las más jóvenes no tenéis ni puta idea de lo que estoy hablando, pero os lo juro, allá por el 86 Estefanía cantó y nosotras lo bailábamos. Un flipe el vozarrón.

Y ya que andamos por Europa, no podía yo no hablar de Italia, ese país que destila belleza y estilo. Vale, que a veces son un poco plomos, pero yo se lo perdono porque van a la playa con la camisa planchada y eso tiene un mérito bestial. No he sido capaz de encontrar un gif de Franco Nero en el que saliera tan guapo como era (que sigue siéndolo, pero no tanto), pero ojo con la foto. Ya, las más jovencitas tampoco sabréis quién es. Pues investigad, que esto es cultura, queridas. Sí, los Empotradores son culturales. Y punto.

Vale, me he venido un poco más a lo contemporáneo, pero no podía dejar escapar a esa maravilla que es Richard Gere. Os comento, a modo de chascarrillo, que fui al estreno de su última peli y que el que tuvo, RETUVO. Lo mismo nos mola en “American Gigolo” o en ese clásico del cine mundial que es “Oficial y Caballero” (especial mención a los polvos que le hecha a la partenaire), por no hablar de “Pretty Woman”, por no hablar de donde sea. Si es que encima, desde que es budista y zen y espiritual, nos gusta aún más. Ole tú, Alejandra Silva. Un aplauso.

Hala, hasta aquí el listado, de momento.

Besis.

OUTLANDER (o el Empotrador Escocés ha llegado para quedarse)

Ay, amiguis, que tenía yo unas ganas locas de escribir este post desde que descubrí a esa bestia parda que es Jamie Fraser. Yo aún no me explico cómo nadie me había obligado a ver “Outlander” a punta de pistola, sabiendo lo que me van a mi los Empotradores,  qué malas amigas tengo. Porque una cree que ha visto todo lo que merecía la pena cuando, de repente, aparece ese animal pelirrojo sobre su caballo y entonces lo sabes: EL SCOTTISH EMPOTRATOR HA LLEGADO PARA QUEDARSE.

Y es que el Fraser engaña en un principio: él va de buenecito, de inocente. Vale, arrea hostias como panes, pero tiene ese punto tierno que te va conquistando y, cuando ya suspiras por sus huesitos en plan romántico, se casa con Claire, le confiesa que es virgen Y LE PEGA UNA FORNICATIO QUE LA DEJA LOCA ( a ella y a nosotras, que babeamos como cerdas viendo semejante espectáculo). Comentando el polvazo nupcial con mis amiguis, una de ella soltó: “Claro, el escocés te escuece”. Y sí, toda la razón, porque este hombre te deja el chirri como una hamburguesa, no hay duda. Y si no, que le pregunten a Claire, que creo se sienta sobre un flotador desde la noche de bodas.

Vamos a ver, Jaimito, vamos a ver: no puedes ir mintiendo de esa manera por el mundo. Tú te has hartado a chingar, Y LO SABES. Porque nadie suelta esas embestidas así de primeras, chato. A mí no me engañas. No te culpo: te paseas en falda, es fácil de remangar, la gaita es débil, las escocesas no son tontas… Y pasa lo que pasa.

Sí, churri, no me mires así. Es lo que hay.

En lo analizado hasta ahora tenemos esa mezcla letal de ternura y embestida salvaje que, ya de por sí, es suficiente para dejarte pallá del todo, pero aún no hemos comentado el tema body.

VOY.

Diosmío, diosmío, diosmío. Esos oblicuos, esos pectorales. Os juro por mi vida que yo jamás me había fijado en las clavículas de un tío. HASTA QUE LLEGÓ JAMIE.

Pero, ¿habéis visto ese brazo?, ¿la cantidad de masa que hay entre pecho y espalda? El culo, AY, EL CULO.

Porque los de la serie no son tontos, NO, y lo plantan en bolas a la menor ocasión, da igual si en las Highlands están a diez bajo cero y Jaimito se nos queda tieso. Porque la audiencia manda, sí señor. Y la audiencia, en este caso, somos una panda de tías enajenadas con el cuerpazo del ginger este. Oye, que la historia está muy bien, y qué original el guión, madre de Dios. Que si la tía viaja en el tiempo, que si la guerra, que si los Jacobinos. Qué bien actúan. Que sí, que sí… pero que si no fuera por los kilos de carne que enseña este buen hombre, otro gallo le cantaría a la productora. Cobre lo que cobre, me parece poco. Sam, chato, pide aumento de sueldo, que te lo dan fijo.

Veis lo de las clavículas, ¿no?

Y es que “Juego de Tronos” ha hecho mucho bien: nos trajo buenorros a tutiplén (debo aquí nombrar a mi Jason Momoa, of course), polvazos a tutiplén y guantazos a tutiplén. Funcionó, y de qué manera. Y de aquellos barros, estos lodos llenos de músculos.

Sigamos con Jaimito: CÓMO BESA, SEÑORAS. Porque de todos es sabida la importancia del morreo, y él la explota. Morrea, fornica, morrea, fornica, morrea, fornica y así hasta el siglo XIX. Qué pena que lo del besuquearse pasara de moda a finales del XX.

ASÍ NOS VA.

No sé a vosotras, pero a mí me han entrado unas ganas de ir a Edimburgo  y alrededores que no son ni medio normales. Ya me estoy viendo entre castillos, montañas verdes y tíos con falda de cuadros, que dicen que debajo no llevan nada. Huy, huy, huy, qué pillines.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento al Consulado de Escocia, o a la Asociación de Escoceses Buenorros o a la Cooperativa de Gaiteros de las Highlands. Propongo celebrar una reunión para acercar culturas, conocer un poco más de esas bonitas tierras, de esa historia que la serie nos ha descubierto y que tanto nos interesa. Eso sí, para que la cosa funcione, la delegación scottish deberá componerse en su totalidad por personas del género masculino, de entre 25 y 35 años, a poder ser pelirrojos, que frecuenten el gimnasio unas tres veces por semana y que asistan a esta celebración con el traje regional. Lo que viene siendo un encuentro hispano-escocés, que ojalá acabe siendo uno de hispanas-escocidas.

Por favor, las interesadas en asistir a dicho Congreso, apúntense en los comentarios. En breve anunciamos fecha y repartimos dorsales.

 

 

 

 

 

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