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Soy Fabulosa.

No sé si os pasa a vosotras pero, en fechas clave como el Año Nuevo, el principio de curso o cuando se acerca mi cumple, me monto una retrospectiva mental involuntaria: aparecen los recuerdos de los primeros (y casi únicos) novios, sueño con las amigas del cole, me sorprendo mirando fotos de los viajes de final de curso y me doy cuenta de que de todo aquello, ya hace mucho.

Si esperáis que esto se convierta en un lamento por lo mayorcísima que soy, lo lleváis clarinete. Hoy quiero hacerme una declaración de amor en toda regla. TENGO (casi) 43 Y SOY FABULOSA. Punto.

Ya lo dice la RAE:

Fabuloso, sa.

(Del lat. fabulōsus).

1. adj. Dicho de un relato, de una persona o de una cosa: Maravilloso y fantástico.

2. adj. Extraordinario, excesivo, increíble. Precios fabulosos. Fabulosa ignorancia.

Resumiendo: ser FABULOSA es mucho. Ser FABULOSA es lo puto más.

Ser Fabulosa es ser sapiosexual y a la vez ser una cerda, sin que ello sea contradictorio. Es enamorarte de un culo, de un polvo o de una conversación. Es tirarte al primero que pasa o no follar en un año. Es sentir que si te intereso bien, Y SI NO TAMBIÉN. Es tener claro que me gustas mucho, PERO ME QUIERO MÁS.

43 y Fabulosa

  Ser Fabulosa es reconocer rápidamente al Hombre Champiñón: aquel que TE ENCANTA, pero te sienta como un tiro. No compensa. Veni, vidi, vinci. No me líes, YO ME PIRO.

Ser Fabulosa es escribir la historia de tu vida sin esperar a que nadie te la dicte, es currarte la Ilusión cada puto día de tu vida, es una conversación por skype con el otro hemisferio, es hacer lo imposible por ir un concierto de tu cantante favorito aunque tengas que cruzar un océano, por reencontrarte con aquel amor de juventud para que te pellizque las tripas 20 años después y te deje agilipollada durante un mes.

Ser Fabulosa es decir «Pues no», «sí, ¿y qué?»y «¿a mí que me cuentas?» 25 veces al día, sin despeinarte ni alzar la voz.

Ser Fabulosa es ser una persona con hijos y no ser siempre UNA MADRE.

Ser Fabulosa es rodearte de Fabulosos y desterrar a los que no lo son.

Ser Fabulosa es destrozarte en el gimnasio, desayunar una napolitana de chocolate, un café con sacarina, comer un batido Bimanán, merendar un smoothie ecológico y cenar en Mcdonalds TODO EL MISMO DÍA.

Ser Fabulosa es hablarte, verte y escucharte.

Ser Fabulosa es leer esto, sonreír y pensar, «Qué cojones, yo SÍ QUE SOY FABULOSA».

 

EL CUIDADO DE LOS CUERPOS HUMANOS DESPUÉS DE LOS 40.

portada

Llevo días pensando que, a medida que nos hacemos mayores, la vida nos arrebata horas de ocio. El ocio no es gimnasio, no es lectura trascendental, no es ir de museos. El OCIO, con mayúsculas, es rascarte el toto porque sí, sin ningún objetivo. Ni ponerte en forma, ni culturizarte, NI NADA. Es leerte la revista más chorra del mundo, ver una peli mala y, además, doblada.

SOFA

Y es que aparte del curro y los hijos, está el temazo de “cuidarse”. Yo no entendía la importancia del concepto hasta que cumplí los 40.

Ay, ay, ay, la madre que me parió. Todo un mundo.

Esto de hacerse mayor no es lineal, NO. Todo está en su sitio, bien estiradito y en cosa de dos meses, de repente, notas que te han salido 50 canas nuevas (sabes cuántas son porque las cuentas, porque NO TE LO PUEDES CREER) y encima de manera desigual. A mí me salen en las sienes, mayormente en la derecha. Vamos, que si estoy más de tres semanas sin teñirme, parezco “El Puma” (no el animal, sino el cantante). Lo del tinte es EL COÑAZO MÁXIMO. Ir a la pelu es una utopía, dos horas cada tres semanas, IMPOSIBLE.

Vamos a hacerlo en casa.

Ojo a la capacidad de expansión del tinte por el baño, a tus antebrazos llenos de manchurrones marrones.

PELO

Desde que vislumbras esa línea blanquecina que indica que te tienes que teñir en un plazo de máximo tres días hasta que te acuerdas del comprar el tinte, pasan al menos diez, con lo cual vas una semana hecha una mierda. Y, por supuesto, que nadie te mire del cogote a la nuca porque como ahí no ves, no te tiñes. Esa zona es un arcoíris absolutamente multicolor. Lo sabes por la cara de la peluquera cuando, cada tres meses vas a que te pegue un repasito. Es mirar la parte trasera y la pobre se queda bizca.

La manicura es otro temazo. Yo siempre había pensado que eso de “hacerse las manos y los pies” era de tías viejunas y aristócratas.

ERROR.

ERROR

Salvo en los extraños casos en los que una tía muy prodigiosa sabe cortarse las cutículas como Dios manda y pintarse las uñas de la mano derecha, si no vas a hacerte la manipedi cada mes aproximadamente, das ajquito. Porque antes de los cuarenta ir con las zarpas descuidadas daba igual. Pero después de los cuarenta YA NADA DA IGUAL.

El jeto también necesita, como mínimo, mantenimiento. La verdad es que yo siempre he sido muy de las cremas y poco de tomar la solana, así que arrugas pues no tengo, pero hostias que de seis meses a esta parte, esa otra expresión que yo no entendía, la de “perder el óvalo facial” me está martirizando, PERO BIEN. En la zona de la mandícula, ya muy cerca de la barbilla, están apareciendo dos sombras que indican que, básicamente, se me está cayendo la cara. He buscado en google como una loca y esto NO es reversible. Qué asco.

SHIT

Pasemos ahora a la zona del cuerpo. Hay que hacer ejercicio, ya lo sabemos. SIEMPRE hay que hacer ejercicio.

Lo que pasa es que a los veinte, a los treinta, si no haces PUES TAMPOCO SE NOTA. Pero ojito pasados los cuarenta. Los kilos se aposentan que da gusto, las fofeces se apoderan de ti a la velocidad de la luz. Yo siempre había pensado, por mi constitución, que el culo iba a ser lo peor, PERO NO. No sabía yo, que la menopausia comportaba putadas tales como unos cachos de grasa gigantes bajo el sobaco. Esas masas, junto con la flaccidez de los brazos, provocan un roce DE LO MÁS ASQUEROSO. Y además es repentino, un día no te rozan y al siguiente sí. No puedo imaginar visión más triste que la de mis sobacos llenos de polvos de talco para evitar las escoceduras. Y como yo soy TAN resolutiva, he contratado un entrenador personal. Él sabe cuales son esos colgajos músculos que necesito tonificar y le pago para que no tenga piedad, para que venza mi pereza, para que me maltrate hasta lograr que mis lorzas carnes vuelvan a su sitio original. Porque es posible asesinar esas chichas, LO SÉ.

PLEASE DIE

Y, ¿por qué me preocupara tanto este tema del envejecimiento físico? Mi terapeuta se plantea que pueda ser porque creo que pierdo atractivo físico para los hombres. Eso sería una gran gilipollez, teniendo en cuenta que he desechado al género masculino de mi vida PARA SIEMPRE pero, por otra parte, yo soy bastante gilipollas. Así que todo es posible.

  maybe

35 libros recomendados por mujeres (que escriben)

35 libros recomendados por mujeres (que escriben).

35 libros recomendados por mujeres (que escriben)

No siempre tenemos claro qué queremos leer y por eso,  las colaboradoras de Weloversize  hemos hecho una lista de nuestras lecturas favoritas. Cada día es el Día del Libro.

“Fue lectora voraz desde muy corta edad, con los peligros que esa costumbre conlleva.” ― Isabel Allende, «El juego de Ripper»

de whatsapps y otras especies

De WhatsApps y otras especies

de whatsapps y otras especies

Era inevitable, La App se merece como mínimo un post.

Yo pensaba escribir unas líneas defendiéndola como recurso práctico cuando se usa con criterio y criticándola cuando se abusa de ella con mensajes inútiles o como sucedáneo de encuentros cara a cara pero, cual es mi sorpresa, cuando al googlear para documentarme un poco me encuentro con todo un mundo basado en el Ligoteo Whatssappeador.

Lo que más me llama la atención es el fenómeno denominado Relación Ficticia Creada a Base de Whatsappeo Masivo (en adelante RFCBWM, acrónimo acuñado por mí misma). Ojo que la RFCBWM no se da solo en el ligar sino en cualquier tipo de vínculo.

De Whatsapps y otras especies

Conoces a alguien un Saturday Night, cruzas tres frases, le das tu número, al día siguiente te preguntará SIEMPRE LO MISMO «¿Cómo acabaste la noche?» y ZASCA, RFCBWM al canto.

A partir de ahí se suceden una serie de procesos interesantes a la par que absurdos. Por solo nombrar unos pocos señalaría:

  • Los días y días escribiendo hasta quedarte bizco y esguinzarte los pulgares.
  • Los «jajajas» cuando no tenemos nada mejor que decir.
  • El análisis sintáctico, morfológico y sintagmático de los mensajes de El Contrincante para desentrañar sus significados ocultos.
  • Los pantallazos a las amigas para que vean «lo gracioso que es y las cosas que me dice».
  • Los «¿le contesto?» «¿qué le digo?» «¿ahora o luego?» incesantes.
  • Los «buenos días» «buenas tardes» «buenas noches» que no has dicho en toda tu vida los dices en una semana de RFCBWM.

whats

Y según lo escribo, me voy poniendo más nerviosita. Creo que este tema me ha pillado un poco mayor. Y decido ponerme mis músicas ochenteras a ver si me acuerdo de como se ligaba A.W.(antes del WhatsApp).

Creo recordar que la gente quedaba, qué tiempos aquellos…

Os conocíais, os dabais el número de fijo o de móvil (dependiendo del siglo). Si eso, os llamabais una o dos veces y luego había encuentro con sus mariposas en el estómago, sus conversaciones, sus risas en directo (sin «jajaja»), con suerte unos morreitos y luego te ibas a tu casa emocionad@ de la vida a esperar el próximo encuentro (o no).

En los casos más intrépidos o si no tenías su número, te dejabas caer por donde salía para VERLE/LA. Vamos, lo que ahora sería una salvajada sin precedente.

De Whatsapps y otras especies

Como soy una tía muy seria y me gusta documentarme si no controlo el tema, he metido en google «ligar» + «WhatsApp», a ver que salía, y… LA MADRE QUE ME PARIÓ, hay todo un mundo.

Hay un espécimen que ha escrito un Ebook llamado “Cómo conquistar a cualquier mujer por WhatsApp“. Ojito a lo de «cualquier«. He encontrado otro que les (a ellos) descubre «qué tres mensajes exactos debes enviar para conseguir citas que se convierten en SEXO y relaciones». Tres. Ni dos ni cuatro. TRES.

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Hay también:

  •  Artículos sobre «Como tener labia». (Hostias y yo convencida de que eso se tenía o no se tenía).
  • Estrategia: qué decir,  a qué hora debemos de enviar los mensajes y cuanto tardar en contestar (y yo que pensaba que esto era como hablar, que si no contestas cuando escuchas al otro eres un maleducado…)
  • Cómo crear Tension Sexual (lo de Tensión ya me pone tensa, claro).
  • Cómo crear misterio y ser ambiguo (pa morirse).
  • Cómo convertirte en un cabroncete juguetón: 1. NUNCA te despidas, 2. Alarga la relación espacio-tiempo, 3. NUNCA te excuses por tardar en contestar. (En cuanto a este energúmeno, voy a conseguir su número y DE VIVA VOZ le diré que es un GILIPOLLAS. Así sin filtros. Luego si quiere se lo escribo también por si se le ha olvidado el lenguaje hablado).
De Whatsapps y otras especies

Llamadme antigua, retrógrada, anormal, pero me resulta flipante que un texto escrito en una caja de plástico genere más relaciones, alegrías, tristezas, ansiedades, etc. que un cara a cara, un polvo o una conversación.

De Whatsapps y otras especies

Quiero compartir algunas de las situaciones surrealistas que producen las RFCBWM y aquí es, cuando leyéndome, empezáis a decir en voz alta «Joder, igual que a mí», «Sí, como aquella vez», «Qué fuerteeeeeee».

1. Ese ex que durante años reaparece periódicamente y te comenta lo guapa que estás en esa foto de Facebook, inicia una RFCBWM que dura semanas, de repente desaparece de la faz del teléfono y cambia su foto de perfil que era una palmera caribeña por otra con su novia nueva.

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2. RFCBWM iniciada en sábado de borrachera que, tras semanas de mensajes subidos de tono, finaliza en cita (sexual o no). Dos variantes:

          a) Desaparición total comparable a las de Lobatón en sus buenos tiempos.

       b) En el peor de los casos, la desaparición es parcial y cada dos semanas aproximadamente El Contrincante reaparece con mensajes tipo «besos guapa», «Feliz Navidad»  (el 24/25 os vais a acordar de mí y lo sabéis) y cuando tú contestas con un educado «¿cómo estás? desaparición again hasta el siguiente texto que, por supuesto, no responderá a tu pregunta. Y así hasta el infinito a no ser que bloquees el contacto ya jarta de tanta tontería.

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3. RFCBWM que, sin saber como, desemboca en frases tales como «me gustaría saber en qué punto estamos», «me estoy enamorando» o «eres la mujer de mi vida». Aquí se pueden dar los apartados a) y b) del apartado anterior sin ningún problema. También sería coherente bloquearle por majara o psicópata…

4. RFCBWM que se convierte en un mareo susceptible de necesitar Biodramina: y venga escribir y escribir toooooodo el día, tooooooodos los días y de quedar ná de ná. Esto suele diluirse con el tiempo tras muchas horas y varias dioptrías perdidas.

De Whatsapps y otras especies

Y que conste que uso La App.  MUCHO. Útil para quedar en grupo, para enviar enlaces, para un «ya salgo» o «llego tarde». Pero desde luego prefiero ver, o en el peor de los casos, escuchar la voz de la persona con la que hablo.

Voy a minimizar los textos y voy a aumentar las llamadas y, en la medida que pueda, los encuentros.  No quiero relacionarme con una caja de plástico, quiero ver, oír, tocar, besar y abrazar a mis nuevos y viejos amig@s, a mis amantes o aspirantes a serlo, a mis padres.

Quiero también verme y oírme a mí misma y no escuchar el pitido de «WhatsApp nuevo» cada 5 segundos (de hecho, hace ya semanas que eliminé el p*** ding dong) con el que se me corta cualquier pensamiento coherente que pueda tener (que no son muchos).

Si quieres hablarme, me llamas. Si quieres verme, quedamos. Si quieres escribirme, fantástico pero con un Por qué y  un Para qué bien hermosos.

Las RFCBWM me han pillado a destiempo. Yo prefiero comer con mi amiga Cristina, ir al teatro con Lidia, desayunar con Alicia, abrazar a Mabel, cenar con Barto, besar a Peri y coger de la mano a Ángel.

De Whatsapps y otras especies

 ¿Y tú?

No quiero ser mayor.

NO QUIERO SER MAYOR

Hoy he leído una entrevista que le ha hacían a Milena Busquets, en la que decía que envejecer es una putada, que lo aceptamos porque la alternativa es palmarla y que se cambiaría sin pensarlo por su yo de los 20 años. Pues a mí me pasa EXACTAMENTE lo mismo, lo admito. Sé que queda muy maduro y coherente decir que te sientes muy bien con la edad, pero es que a mí me importan un huevo la experiencia, la sabiduría y la serenidad. La felicidad para mí es sinónimo de libertad, la cual conlleva implícita una falta de responsabilidad, de planificación. Para ser libre uno tiene que ser, en cierta medida, inconsciente de las consecuencias de sus actos. Con la edad, ya sabemos lo que va a pasar y, lo que es peor, NOS IMPORTA. A los 20 vas en moto con un chaval que acabas de conocer y puede que sepas que te puedes pegar un hostión y matarte, pero eso lo importante no es eso, sino lo bueno que está el tío, la sensación de velocidad, de no querer estar en ningún otro sitio en ese momento.

Con los años, pasamos de estar donde queremos estar a estar donde TENEMOS que estar. Y eso es catastrófico.

Se acabaron los impulsos, las improvisaciones, el aquí y ahora, el “pues venga, vale”.

No sales esta noche porque mañana tienes que madrugar, madrugas porque hay muchas cosas que hacer, vas el domingo al cine porque el lunes no podrás, y así suma y sigue. A los 20 sales porque tienes ganas, no madrugas porque ya lo harás y vas hoy al cine porque te da la gana, punto.

Sí, yo me cambiaría sin pensarlo por mi yo de los 20, para perder el tiempo paseando en moto, para jugar al back gammon durante horas y rajar en el bar de la facultad saltándome las clases porque quería reírme en ese momento, no después ni mañana. Mi yo de los 20 tomaba las decisiones porque no había razones para no tomarlas.  ¿Por qué no ir al siguiente bar, no besarme con cualquiera, no bailar hasta el amanecer?

Ahora, ante el tornado de obligaciones, una tiene que elegir, buscar tiempo para llevar a cabo cualquier actividad lúdica, que antes constituía tu vida entera. Los listados de propósitos a los 40 no son más que la copia de cualquier agenda veinteañera: me pegaré una ducha de 20 minutos, comeré cada día algo que me guste, quedaré con mis amigos.

Qué triste, coño.

Mi terapeuta, cuando le conté que quería ser madre, me contestó que era algo fabuloso y que uno no puede vivir siempre como una adolescente. Yo, en ese momento, lo acepté como verdad absoluta pero ahora, que ya no soy adolescente, dudo que haya algo de malo en vivir ausente de obligaciones, de responsabilidades, de horarios. Yo diría que no pero, en cualquier caso, no hay marcha atrás. Quizás algún día, cuando mis hijos sean mayores, yo esté de vuelta de todo y haya alcanzado (o descartado) todos estos estúpidos objetivos vitales que me planteo sin parar, volveré a pasear en moto con desconocidos y a bailar hasta el amanecer simplemente porque no haya razón para no hacerlo. Ojalá.