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“Me lo merezco”: ¿premio o castigo?

Hay frases que nos decimos y que pueden ser una herramienta para celebrarnos o un arma para castigarnos. Una de ellas es: «Hoy me lo merezco». He tenido un día de locos, he currado muchísimo, estoy agotada, he discutido con no sé quién, mis hijos me tienen frita, mi jefe me tiene harta. Estoy hasta las narices. Cabreada. No me aguanto ni yo. Todo es una mierda. Quiero irme a Pernambuco y que no me encuentren. Y entonces, en lugar de respirar, de observarme desde fuera y al mismo tiempo mirar bien dentro, disparo hacia afuera. En lugar de decidir cuál es la mejor manera de tratarme en esa situación, reacciono. Me digo que HOY ME LO MEREZCO, ME LO HE GANADO. Y ahí puede entrar prácticamente cualquier cosa. Lo que no voy a hacer: no voy a entrenar. No voy a estudiar. No voy a cocinar y me pido algo rápido por Glovo. Lo que voy a hacer: me voy a tirar en el sofá a ver cuatro capítulos seguidos de una serie mientras ceno un conglomerado de azúcar y procesados porque, después del día que he tenido, ME LO MEREZCO. Y oye, a veces sí. El problema es cuando empezamos a utilizar el merecimiento para justificar decisiones que, curiosamente, nos alejan de la vida que queremos y de la persona en la que nos queremos convertir. A veces tenemos una idea rarísima de lo que significa tratarnos bien. Nos decimos que tratarnos bien es, en esos momentos de hartura vital, es no hacer lo que nos incomoda, pero es bueno para nosotras: comer rico y sano, hacer deporte, salir a dar un paseo, resolver eso que lleva semanas pesándonos en la agenda y en el alma. Y ojo, que el darnos caprichos, descansar, zamparnos una napolitana de chocolate buenísima o pasarnos la tarde del domingo viendo “Yellowstone” es algo glorioso. Claro que todo eso puede ser tratarnos bien. Pero también puede ser tratarnos bien levantarnos del sofá y salir a caminar, aunque no nos apetezca una mierda. Cerrar Instagram y abrir un libro. Irnos a dormir en lugar de ver otro episodio. Tener esa conversación que llevamos tres meses evitando. Decir que no. Decir que sí. Hacer hoy una cosa chiquitina que sabemos que nuestra Yo de dentro de seis meses va a agradecer muchísimo. El problema está en que confundimos querernos con complacernos. Y no es lo mismo. A veces es lo opuesto. Porque tras ese HOY ME LO MEREZCO y el Glovo, acostarme a las mil gracias a Netflix, saltarme mi deporte, me he hecho, en realidad, la pregunta equivocada. No me he preguntado qué merezco. Me he preguntado qué me apetece. Y lo que me apetece no siempre es lo mejor para mí. A veces sí. A veces no. ¿Cómo saberlo? Yo le hago mucho caso a la excepción y a la regla. Es decir, si saltarme el gym, embobarme ante Netflix, zamparme un bollo es la excepción: maravilla. Si es la regla: quizás tengo que parar y pensar y cuestionarme y ser honesta. Y preguntarme, respirando hondo: ¿Qué me merezco? Pero de verdad. No pensando en los próximos veinte minutos, sino en los próximos veinte años. Me merezco un cuerpo que me permita subir escaleras con setenta años. Me merezco despertarme sin sentir que mi vida es una sucesión de obligaciones que he ido aceptando sin preguntarme para qué. Me merezco aprender. Me merezco cumplir algunos de esos sueños que llevo años diciendo que algún día cumpliré. Me merezco confiar en mí. Y esto es importantísimo. Porque cada vez que nos prometemos algo y lo hacemos, ganamos confianza en nosotras mismas. Confiamos en los que cumplen su palabra. Y cuando sistemáticamente le damos una patada a lo que realmente queremos porque hoy estamos cansadas, hoy no nos apetece, hoy ha sido un día de mierda, también nos estamos diciendo algo. Algo que no nos sirve, que no nos construye. Yo amo las tardes de sofá, de no hacer nada, adoro los caprichos y, por supuestísimo, amo descansar sin sentir ni una pizca de culpa. Amo todo eso cuando lo estoy eligiendo, no cuando estoy escapando de mi vida. Porque hay descansos que te reconstruyen y descansos que te diluyen. Hay caprichos que son disfrute y otros que son renuncia. Hay días en los que parar es lo que necesitas y otros en los que necesitas quererte lo suficiente como para terminar eso en lo que estás trabajando. Hay una pregunta que a mí me ayuda a decidir en esos momentos de cansancio y jartura vital: ¿Esto que estoy a punto de hacer es una manera de cuidarme o una manera de pasar de mí? Porque si llevo una semana agotada y decido pasarme la tarde en el sofá leyendo, probablemente me esté cuidando. Pero si llevo seis meses diciéndome que mañana empezaré a hacer deporte, a comer mejor, a cambiar eso que me hace infeliz y cada noche vuelvo a esconderme en el «hoy me lo merezco», no me estoy tratando bien. La misma decisión puede ser un premio o un castigo. Depende de lo que necesitemos, de lo que estemos evitando y de las consecuencias que tenga en nuestra vida. Porque tratarnos bien no siempre consiste en darnos lo que nos apetece. Consiste en darnos lo que necesitamos. Darte lo que mereces no puede convertirse en un premio para tu Yo de hoy y un castigo para tu Yo de mañana. P.D.: ya sabemos que Instagram nos está escondiendo a todos, por eso quizás te has perdido un directo que hice sobre dos claves que para mí son imprescindibles a la hora de tomar buenas decisiones, te lo dejo aquí, por si te apetece verlo. 2 claves para tomar buenas decisiones P.D.2: quizás, leyéndome, te hayas visto identificada. Quizás hayas pensado que lo tuyo es la regla, no la excepción (ojalá que no). Pero si es así, si sientes que has perdido las riendas de tu propia vida y quieres retomarlas, te dejo AQUÍ un audio de solo 30 minutos con dos ejercicios prácticos con los que descubrirás qué necesitas para tomar decisiones desde la coherencia e identificarás cuáles son los dos obstáculos que te impiden pasar a la acción. Quiero retomar las riendas de mi vida Espero que te sirva. Un abrazo, Sol

Desde el lugar correcto

Pocas veces me pasa que se me ocurra un tema claro y cristalino para uno de mis artículos. Normalmente son fruto de sentarme ante el teclado o la libreta y pensar durante bastante rato. Otras veces, aparece una idea en mi cabeza y la apunto, pero no está desarrollada, es solamente una semillita. Luego paso mucho rato analizándola, estirándola, hasta llegar a algo que tenga sentido completo. Pero hoy, querida mía, ha aparecido el texto completo ante mí. Nada más despertarme. Como una iluminación divina. HACER LAS COSAS DESDE EL LUGAR CORRECTO, patapám. ¿Por qué esta iluminación repentina? Tiene su explicación. No me he vuelto más lista de la noche a la mañana. Ojalá. Escribo estas letras el sábado 10 de octubre, o sea, una semana antes de que tú lo leas. El próximo lunes, el pasado para ti, sale el episodio de podcast en el que Laura Riñón y yo charlamos sobre el cierre de Amapolas, sobre su silencio de estos meses, sobre la belleza y la libertad. (Si no lo has escuchado, deja de leerme, por Dios, y lánzate sobre él, aquí lo tienes) Anoche, viernes 9, Laura y yo estuvimos hablando por teléfono del episodio, de la vida, de las decisiones, de cómo va cambiando la historia que nos contamos, de cómo es necesario ir inventándola e ir adaptándonos a esos cambios que, aunque elegidos, no son fáciles de gestionar. Hoy me he despertado pensando en el episodio, en esa conversación, en cientos de conversaciones que hemos tenido durante los últimos ocho años. Laura me inspira y me alegra desde el instante en el que la conocí. Qué suerte tengo, joder. Admiro profundamente esa honestidad hacia sí misma y en la vida entera. Su éxito, en la vida y en la librería, tiene que ver con que mira al lugar correcto, se hace las preguntas correctas, se deja guiar por todo lo que hay dentro y no por todo lo que hay fuera y eso la convierten en una persona singular, original, auténtica. Carismática. Confiable. Y eso nos gusta, nos atrae, nos inspira. Ella abrió la librería con las estanterías prácticamente vacías porque solamente recomienda los libros que ha leído y que le han gustado. Durante estos ocho años la he visto enviar a un montón de lectores a otras librerías para que compraran libros que ella ni tenía ni iba a tener, por muchos premios y ediciones que tuvieran. En Navidad, Amapolas se convertía en lo que ninguna otra librería: en un hogar navideño, acogedor, con su muérdago y su olor a cosas navideñas. Ella quería celebrar y no paraba a pensar en la rentabilidad, sino en la experiencia. Eso, curiosamente (o no) es una de las cosas más rentables del mundo. Pero el dinero nunca fue el objetivo, fue, si acaso, la consecuencia. Con el cierre de Amapolas pasó lo mismo, si se hubiera dejado llevar por los escritores famosos mundialmente que querían firmar en Amapolas, o por las hordas de personas que entraban allí cada día, o por los medios de comunicación que la visitaban asiduamente, ella se habría quedado en Pelayo 60, aunque ese no hubiera sido ya el sueño de su vida. Porque Amapolas fue su sueño, un sueño que convirtió en novela y una novela que convirtió en realidad. Pero las novelas, como todo, acaban. Y si seguimos viviendo en ellas, en lo que un día quisimos o soñamos, sin preguntarnos si eso sigue teniendo sentido para nosotras, sin preguntarnos si hoy volveríamos a elegirlo, corremos el peligro de vivir una vida que ya no es nuestra, que es de nuestra Yo de hace años. Lo hacemos continuamente: seguimos en esa relación, con esos amigos, en la misma ciudad, con esos hábitos, con esa manera de vivir, simplemente porque no tomamos el tiempo de pensar, de preguntarnos, de apagar el ruido de fuera y el ruido de dentro. De saber quiénes somos ahora, no hace diez años. AHORA. Qué nos enciende, qué nos apasiona, cuáles son nuestros sueños ahora. AHORA. Pero, claro, es que todo eso da miedo. Da miedo abrir una librería, cerrarla, emprender, dejar una relación, un trabajo, una ciudad, un entorno. Da miedo porque es algo desconocido y lo desconocido es aterrador. Eso nos parece. Y no nos damos cuenta de que lo realmente aterrador es quedarnos en una vida que ya no nos pertenece. En una historia que, en el mejor de los casos, escribimos cuando éramos otras personas. En el peor, fueron otros, o la inercia, o el propio miedo los que decidieron que ya era hora de tener novio o marido, o hijos. O que ese trabajo era lo seguro, y lo más importante de la vida es lo seguro, aunque te amargue y te carcoma. Y te quedas ahí, en esa vida que no es tuya porque se te olvida que puedes elegir, reescribir, decidir, cambiar, inventar. Redefinir lo que para ti es seguridad o estabilidad. Preguntarte si lo que quieres es una vida plena o una vida inerte, inmutable, conocida. Y responderte, claro. Ya sé lo que estás pensando: “No es tan fácil”. No lo es, de hecho, es dificilísimo. También para los que deciden cambiar, acabar, irse. La diferencia entre los que se quedan igual y los que avanzan no es la ausencia de miedo, es el convencimiento de que al otro lado hay algo mejor, de que vida solo hay una, de que estamos aquí no para tener una vida fácil, sino una vida lo más grande posible. Signifique lo que signifique eso para cada uno.   Un abrazo, espero que estas palabras te sirvan. Sol

P.D.: a estas alturas, ya habrás escuchado el episodio de podcast, pero por si acaso, te cuento que Laura está preparando cosas muy chulas para esta tribu de Amapolers que echa de menos su universo, sus charlas, sus recomendaciones y su magia. Lo irá contando todo en su cuenta de Substack, que es ORO. Ya encuentras en ella un montón de artículos maravillosos.

Quiero leer a Laura

Si estás emprendiendo, esta es la formación que te recomiendo (y no es mía)

Querida mía: Hoy quiero recomendarte una formación que no es mía. Y lo hago porque yo habría dado cualquier cosa por saber antes lo que aprendí cuando hice este Workshop en 2023. Te cuento. Tengo una cabeza que fabrica ideas a una velocidad descomunal. Me encanta crear, probar, imaginar posibilidades, empezar cosas nuevas. Lo que no me gusta tanto es vivir agotada, tener mil frentes abiertos y sentir que estoy trabajando muchísimo sin saber muy bien cuánto de todo eso me acerca a la vida que quiero. Y durante mucho tiempo vivía así, a toda velocidad y sin foco. Hasta que conocí a Nayla Norryh. Nayla tiene una de las estructuras mentales más ordenadas, claras y enfocadas que he conocido. Y tiene algo que para mí es fundamental: entiende que nuestro negocio tiene que estar al servicio de nuestra vida, y no al revés. En 2023 hice su Workshop de Planificación Estratégica y encontré un método para observar mi negocio completo, entender mis números, decidir adónde quería llegar y, sobre todo, elegir qué merecía mi tiempo, mi dinero y mi energía. No más trabajo. No más obligaciones. Más criterio para decidir mejor. Después seguí formándome con ella. Y desde entonces he transformado muchísimo mi manera de trabajar, ganar mas dineritos (que para eso son los negocios), disfrutar más de mi proyecto y vivir con mucha más tranquilidad. ¿Lo mejor? Casi cuatro años después de hacer el Workshop sigo usando lo que aprendí. Hoy Nayla abre una nueva edición de ese Workshop, esta vez para planificar nuestro 2027. Las inscripciones se cierran el 2 de noviembre. Si te inscribes antes de la medianoche del 20 de octubre tienes un bonus que es MAGIA DE LA BUENA, porque Nayla te muestra su plan para 2027 con las 5 decisiones estratégicas que ha tomado y por qué las ha tomado. Y no es un caso teórico, es la realidad de un negocio de siete cifras (viva ella). Este workshop incluye tres encuentros en directo para revisar lo que ha funcionado en tu negocio, entender tus números y diseñar el año que viene con estrategia, foco y mucha más presencia. Nada de ir derrapando por la vida y por tu proyecto. Si tienes un negocio, ya sea reciente o no, yo le echaría un ojo. Algunas me habéis preguntado si es útil en el caso de que el negocio aún no exista. En mi opinión: ABSOLUTAMENTE SÍ. Ojalá yo hubiera sabido todo lo que nos enseña Nayla antes de empezar. La de hostiones y tiempo que me habría ahorrado. No quiero ni pensar cuántos euros más habría ganado. QUIERO CONOCER EL WORKSHOP DE NAYLA Y para terminar. No me interesa que mi negocio crezca mientras yo vivo agotada. Quiero que con mi proyecto crezca mi calma, mi libertad, mi alegría. De eso va, en buena medida, todo lo que aprendí con Nayla. Si quieres conocer mejor a Nayla, te dejo aquí algunos episodios de podcast que hemos grabado juntas (te va a encantar esta chavala, ya verás): · Cómo convertir la planificación en un ritual gustoso: · Impactar, crecer y brillar con más fuerza: · Afrontar los desafíos de la vida con claridad y estrategia: Un abrazo enorme. Sol

Lo importante de la vida (Parte 2)

Sí, segunda parte porque hace un tiempo escribí la primera, la tienes aquí. Aunque, en realidad, me paso la vida escribiendo, en mi innumerables libretas y en mi alma, todo eso que es importante para mí en este momento de mi vida. No hace dos meses. No hace un año. No lo importante para mi madre, mis hijos, mis amigas. Para mí. Y lo importante para mí, ahora, por encima de todo es la calma. Calma no es inmovilidad. Calma es agarrar fuerte las riendas de mi vida. Sentir que mi tiempo es mío. Tener el norte claro y la brújula afinada. Los límites firmes. Tener energía. Decidir según mi criterio. No es fácil de encontrar, la cabrona. Entre ella y yo hay obstáculos, algunos llevan ahí toda la vida. Esos no me molestan tanto, porque he aprendido a manejarlos. Las ansias de control. La prisa. La autoexigencia extrema. Otros van apareciendo cuando menos te lo esperas. Me obligan a cambiar los pesos de sitio para mantener el equilibrio. A enfocar mi atención hacia el lugar correcto, que es al que quiero llegar, no del que quiero salir. A respirar muy hondo y a mirarme desde fuera, porque solo desde la perspectiva llegan las decisiones correctas. Lo importante, y cada vez más, es que mi casa sea mi hogar. Que chorree belleza. Calma, claro, otra vez. Mis vecinos no me lo ponen fácil, la verdad, porque en la calma hay silencio y a ellos eso no les mola NADA. Les toreo con mis auriculares y su cancelación de ruido. Y voy planeando la casa de mi Yo del futuro, que está a un kilómetro del ser humano más cercano. Mi casa huele a limpio, está ordenada, es tan luminosa que parece que el sol se despierte en mi salón. Tiene chimenea, que era mi sueño. Está rodeada de verde, y eso me desemboza la sesera cuando la tengo enredada. Mi casa desafía esas creencias limitantes que me dicen que no merezco, que con esto vale. Mi casa me ayuda a construir la persona que quiero ser. Lo importante son los amigos, ahora y siempre, y se refuerza cuanto más sé sobre la vida y sobre mí misma. En un mes he hecho dos viajes con amigas. Yo, que tengo la energía social a bajo cero. Que persigo la soledad como si me fuera la vida en ello. Y no puedo estar más contenta, más feliz de que el universo me las haya puesto al ladito. Ni un solo roce en estos días de convivencia. Todo risas, complicidad, amor del bueno (incluso con las horas de retraso, con las cancelaciones de Europcar, que vaya tela…) Lo importante de la vida es saber que no es infinita, que estar aquí es un privilegio que debemos honrar. A mí, tener eso claro, no me da miedo, sino ganas. Impide que me deje arrastrar por la rueda de hámster, por el lado oscuro de la inercia. Me empuja a disfrutar como si no hubiera un mañana, porque no sé si lo habrá, aunque me gustaría. Lo que sí me da pánico es llegar al final, mirar hacia atrás y darme cuenta de que no avancé, de que se me quedaron palabras en el tintero, besos por dar, canciones por bailar, conciertos a los que ir, caminos que recorrer, datos interesantes por conocer, lugares apasionantes a los que viajar, sueños por cumplir, bellezas por contemplar. Me aterroriza llegar al final y darme cuenta de que el miedo me frenó, de que elegí la muerte en lugar del susto. Lo importante siempre ha sido saber qué es realmente importante y arrearle un manotazo a todo lo demás. Lo importante eres tú. Soy yo. Elegir preguntándoles a tus deseos, no a tus miedos. Arrimarte a los que te elevan, alejarte de los que te aplastan. Ocupar muchísimo espacio en tu propia vida. Ser valiente para tomar decisiones difíciles que construyen la vida que quieres. Ser libre, para empezar, de tus propios prejuicios. Hacer todo lo posible para terminar tus días diciendo “Joder, qué bien”. Ir solamente donde te traten bien. Hablarte como si fueras tu mejor amiga. Vivir, que no sobrevivir.

P.D.: a lo mejor, leyéndome, te ha dado por pensar que no sabes lo que es importante para ti ahora mismo. Nos pasa a todas en un momento u otro. La vida se nos arremolina y nos arrastra. Yo estoy aquí para compartir las herramientas que a mí me han servido, y hay un ejercicio que me dio claridad y foco cuando más lo necesitaba y al que vuelvo una y otra vez cuando siento que la deriva me está atacando. Es el ejercicio del Día Ideal. Te dejo AQUÍ: 📖 Un PDF con instrucciones detalladas para que puedas hacer el ejercicio paso a paso. 🧠 La explicación científica sobre cómo tu cerebro procesa la información y por qué este ejercicio funciona. 💭 Preguntas clave que te ayudarán a detectar creencias limitantes que pueden estar frenándote sin que te des cuenta. 🌬️ Ejercicios de respiración y conexión con el cuerpo para desbloquear tensiones y tomar decisiones con más claridad.

Quiero el ejercicio

Espero que te sirva. Un abrazo, Sol

El lado oscuro

Hace mucho tiempo que no me dedico a las sesiones uno a uno de coaching. El resto de actividades ocupan ya mucho tiempo en mi día a día y hace rato que decidí que descansar y tener vida social eran dos de mis obligaciones vitales. Pero no es nada inusual que cualquier conversación se convierta, indirectamente, en una sesión informal. No sé qué es el huevo y qué la gallina en este caso, pero es que desde chiquitita la gente me cuenta sus cosas y yo intento regalarles algo de claridad. Muy a menudo, nada más conocer a alguien, me encuentro escuchando intimidades, problemas, desasosiegos. Cuánto me enseñan esas charlas sobre el mundo y sobre mí misma. Rara es la vez en la que no descubro similitudes en nuestras vidas, aunque esté hablando con una casi desconocida. Incluso paralelismos, tan, tan paralelos que dan miedo ¿Cómo es posible que no nos conozcamos y que coincidamos totalmente en vivencias tan inusuales? Y es que nada es casualidad. Ni magia, sino ciencia. No lo afirmo porque conozca la teoría exacta, pero estoy segura de que la hay y de que tiene que ver con la percepción de expresiones invisibles, con gestos milimétricos, con nuestra necesidad no tan oculta de relacionarnos con aquellas en quienes nos vemos reflejadas, o con nosotras mismas, de una manera incomprensible y extraña. Con fórmulas que nos presta nuestro inconsciente para enseñarnos a vivir. Muchas de esas mujeres con las que hablo me enfrentan a mi presente, a mis dudas, a mis miedos. Me procuran la perspectiva necesaria para detectar sus patrones y, por ende, los míos. Para encontrar sus soluciones, que serán las que yo deberé aplicar. Para identificar sus miedos a los que, adivina, yo he de hacer frente también. Hoy hablaba con una de esas mujeres, vamos a llamarla Berta, sobre la importancia de conectar con la persona en la que queremos convertirnos. De meternos en la piel de quien ya ha conseguido lo que ansiamos. Algo así como conseguir que mi Yo del futuro le muestre a la Yo de hoy lo que le espera. Porque, en la mayoría de ocasiones, nuestra inacción viene provocada por nuestra ignorancia, porque no imaginamos la maravilla que nos espera al otro lado del esfuerzo. Curiosamente, la cosa funciona igual a la inversa. Una vez te pones en marcha en la dirección de tus sueños y abandonas el lado oscuro, no hay vuelta atrás. No eres capaz de recordar con exactitud el amasijo de miedos que te frenaba, cómo se articulaba ese monólogo interior que te contaba que no hay salida, que no serás capaz, que mejor lo malo conocido. Ves la película y a la prota, insegura, acojonada, inmóvil. Tiene tu cara, vive en tu casa, es madre de tus hijos, pero no eres tú. Tú no te permitirías esa dejadez, no pasarías de largo sobre tu propia vida, sobre ti misma. No ignorarías tus talentos, tus placeres, tu voluntad. No te pasarías todo lo que es importante para ti por el mismísimo arco del triunfo. Y le cuentas a Berta, que quiere reinventarse, que salte, que no está loca, que lo racional no es anclarse a la tristeza inmensa, sino huir de ella a toda velocidad, que tú no sabías que se podía ser tan feliz y que aquí estás, siéndolo. Berta te cuenta, cansada, que no quiere esforzarse más. Pero es mentira, porque Berta confunde esfuerzo con sufrimiento. Y tú hace tiempo que descubriste que el esfuerzo bien entendido se entrelaza con la ilusión, pero es que las dos habéis pasado mucho tiempo empujando en la dirección opuesta a vuestros sueños, y eso agota. Eso destroza. Se lo aclaras. Ella abre mucho los ojos, ni se le había ocurrido. Joder, es verdad. Os despedís planeando cómo se levantará mañana imaginando que ya es libre, porque es valiente. Cómo se felicitará mientras desayuna con su gata, frente al mar. Su café sabrá a lo que sí quiere. Las ganas le llenarán el cuerpo para que así no quepa el miedo. Os veréis al otro lado, ya mismo.

P.D.: ya sabemos que el algoritmo de Instagram nos está ocultando que da gusto y por eso quiero dejarte aquí un directo que he hecho esta semana sobre una herramienta que para mí es indispensable a la hora de superar nuestros bloqueos y pasar a la acción en cualquier ámbito. Algunos de ellos tienen que ver con el miedo a lo que los demás puedan pensar, o al fracaso, o al arrepentimiento. Todos esos bloqueos aumentan la distancia entre la vida que tenemos y la vida que queremos. Espero que este directo te ayude a dar ese primer paso que te ponga en marcha

Quiero escuchar el directo


P.D2.: si me has visto estas semanas en redes sabrás que, por fin, vas a poder disfrutar de mi podcast en formato vídeo. Ya tengo canal de Youtube, ALELUYA. Puedes suscribirte en él ya mismo haciendo click AQUÍ. Si entras antes del lunes encontrarás, simplemente, el video presentación de esta nueva etapa de “Las claves de Sol: el podcast”. Si te suscribes, recibirás un aviso cada vez que publique un episodio. El lunes podrás ver la charla con el primer invitado. Te cuento, en primicia, que es Carlos Latre. No sabes la emoción, con lo que yo admiro a esta persona. Hablamos de autenticidad, de la importancia de conocernos. De cómo todo lo importante va de dentro hacia afuera y de todo lo necesario para comunicar bien, conectar e influir de la mejor manera posible en los demás.

Me suscribo ya mismo a tu canal

Escribo estas líneas nerviosa perdida, acongojada y con una ilusión que se me sale por las orejas. Gracias por acompañarme en cada una de mis etapas, en cada una de mis locuritas. Sois la mejor tribu de la galaxia. Sol

La perspectiva, imprescindible

Escuchaba hace un par de días a dos amigos hablar sobre la historia de un científico, un señor listísimo, muy reconocido, una eminencia. Al parecer, alguien se inventó que los datos en una de sus publicaciones eran inciertos, o copiados, o algo así. Vamos, aseguraban que la eminencia mentía. Al cabo de unos años se demostró que no estaban en lo cierto, pero para entonces, según mis amigos “ya le habían destrozado la vida”. La eminencia perdió su trabajo, cayó en depresión, fue abandonado por su mujer y no sé cuántas cosas más. Por fortuna, la eminencia ahora se encuentra bien. Me alegro mucho por la eminencia. Me quedé con ese “ya le habían destrozado la vida”. Me resonaba como una campana entre oreja y oreja, mientras intentaba entender el hecho de que cualquier persona tenga el poder de lograr algo tan enorme, tan salvaje, tan definitivo. Recordé todas las veces en las que he escuchado la misma frase en boca de alguien, refiriéndose a su ex, a su jefe, a su madre. Resolví que lo que tienen en común todas esas personas es la enorme importancia que le dan a la validación externa, al reconocimiento, al peso de los otros sobre lo que sienten, piensan o hacen. Cuando, encima, su tiempo y su atención se concentran en un solo ámbito, el resultado puede ser catastrófico. Y es que solo puede destrozarte aquel al que le has entregado algo indispensable para ti. Cuando tu felicidad, tu dignidad y tu vida se basan en lo que otros dicen o piensan sobre lo que eres o haces. Ojo, las mentiras, los abusos, las decepciones son una putada y son indeseables y duelen y te revuelven, pero nunca deberían destrozarte. La RAE nos cuenta que destrozar es despedazar, destruir, hacer trozos. Estropear, maltratar, deteriorar. Aniquilar, causar gran quebranto moral. Fatigar o producir gran malestar físico. Derrotar o aplastar al enemigo o contrincante. El destrozo no nos gusta, el destrozo es una mierda. Evitemos el destrozo. Y no digo evitemos a los que destrozan, porque, de hecho, no lo hacen. Otra cosa es que hayamos de alejarnos de la mala gente a la máxima velocidad posible. Vade Retro, Satanás. Que te aguante tu tía Rita. Lo que te destroza es la ausencia de compartimentación en cuanto a las bases de tu vida. Has puesto todos los huevos en la misma cesta, has apostado tus ahorros a un solo número. La cesta se ha caído, han cantado otro número, te han destrozado la vida. O eso dices. O eso sientes. Si describes cuáles son las áreas de tu vida, tendríamos los amigos, el trabajo, la familia, la pareja, tus aficiones, el estudio, el desarrollo de tu vertiente espiritual y seguro que alguna más. Tu energía se reparte entre todas ellas, al igual que tus ilusiones, tus deseos, tu tiempo (el mental y el físico). Te dedicas a ellas usando la motivación intrínseca, esa que viene provocada por el disfrute y la pasión. Las llevas a cabo aunque nadie te vea, aunque nadie te aplauda, aunque nadie te pague. Las eliges porque potencian lo que eres, porque te acercan a ser la persona que quieres ser. En algún momento, alguna fallará: lo dejarás con tu pareja, un amigo te fallará, tendrás un problema en el trabajo. Un problemón quizás. En todos esos casos sentirás tristeza, o enfado, o dolor. O todo al mismo tiempo. Pero no te destrozarán la vida, básicamente porque no pueden, porque no les has dado ese poder. Porque el poder es tuyo y está repartido en muchas cestas, has apostado a muchos números. Has decidido no arriesgar nada de lo que es importante para ti: tu esencia, tu dignidad, tu persona en toda su extensión. Pongamos nuestra atención en lo que es realmente importante para nosotras, tomemos la perspectiva necesaria para vernos a nosotras, a los que nos rodean, al mundo entero. Observemos el diálogo interno y convirtámoslo en uno que nos impulse en lugar de hundirnos y asegurémonos de que nadie nos puede destrozar, porque hemos construido un eje invencible.   P. D. Ese eje invencible del que te hablo no aparece por arte de magia. Se construye sabiendo quién eres, qué quieres y aprendiendo a hacerte caso, para que lo que hay fuera no decida por ti. Por eso te dejo Honrando tu voluntad, un PDF gratuito con 5 ejercicios prácticos para descubrir qué quieres de verdad, diferenciarlo de lo que crees que deberías querer y empezar a tomar decisiones guiadas por lo que realmente deseas en tu vida 👉 QUIERO HONRAR MI VOLUNTAD Porque cuanto más claro tienes qué quieres y qué es importante para ti, menos dependes de lo que pase fuera para sostenerte por dentro.