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Hay gente que quiere raro

Hay gente que quiere raro, que entiende el amor como posesión, como expectativa, como surtidor. Hay gente que no sabe que el cariño no se divide, sino que se multiplica. Hay quien dice querer mucho, pero lo importante es querer bien; dar lo que el otro necesita y no lo que a uno le da la gana ofrecer. Y tan importante como el QUÉ es el CUÁNDO y el PARA QUÉ. Hay quien defiende que el amor incondicional existe, y quizás es cierto, pero no debería. No es sano querer a quien nos hace pequeños, a quien nos ignora, a quien nos marea, a quien nos usa para su provecho aunque no se dé cuenta. El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento y el hecho de que haya ignorantes emocionales no les da derecho a someternos. Hay quien cree que el autoamor es egoísmo, pero es todo lo contrario. La vida empieza en uno y, desde ahí, hacia su entorno. Coloquémonos nosotras en el lugar que nos corresponde y a los demás no les quedará más remedio que situarse donde no estorben, donde aporten, donde formen parte de un baile armónico y no de una batalla campal. Hay quien intenta convencerte de que nadie te querrá igual que él. Toda la razón. Y MENOS MAL. Porque el que no desea que elijas a quien querer es que se pasa tu felicidad por salva sea la parte. El amor es, ante todo, LIBERTAD. Nadie te la da, es tuya, aunque lo hayas olvidado. No es que tengas que recuperarla, solo sacártela del bolsillo y mostrársela al resto. Lo mío es mío, no hay manera humana de que me lo robes si yo no te lo entrego. Y no deberíamos entregarnos JAMÁS. Ni prestarnos. Ni olvidarnos en aras de ocupar esto que somos con otras presencias, por divinas que nos puedan parecer. Hay quien quiere raro y te quiere a ratos, a trompicones, con horarios y con chantajes. Lo lícito es sentir que intercambias, no que te aplastan, no que te apagan. No a regalar un precio excesivo por unas migajas de quien solo tú has colocado en un pedestal ficticio. Hay quien quiere raro y se esconde, o se hace omnipresente, o las dos cosas. Hechos y palabras en direcciones opuestas. Grandes carnavales o miseria. Mucha forma sin fondo alguno. Exigencias, demandas, obligaciones, castigos disfrazados. Deberíamos vernos reflejados en el de enfrente. Brillar más cuando aparece. Ser más nosotras que nunca. Quien quiere bien es catalizador, no segadora. Hay quien no respeta cuando decides que hasta aquí y se escuda en la imposibilidad de vivir sin eso que le das. La trampa mortal de creerte importante porque otro te lo cuenta. Somos naranjas enteras, somos el árbol entero. Queramos a pesar de no necesitar, porque necesitar a veces es raro y siempre es mentira. La necesidad es usar, es servir y es no ver al otro. Mejor querer sin carecer: elegir, decir “esto sí y esto no, porque lo quiero y punto”. Hay quien, si te dejas, te arranca la voluntad de merecer. Y te mereces el cielo, no lo dudes. Es preferible que te duela el alma a que te la roben. Hay quien es y está. Y hay quien no puede estar porque el ser le queda muy lejos. Esos no valen, que se vayan a la mierda, o donde quieran. Cosa suya. Y hay quien te quiere valiente, libre, independiente, resolutiva, inteligente, lista, decidida, guapa, sociable, exitosa, hambrienta de sueños y viajes y belleza y vida. Esos son los que quieren normal. Y normal no siempre es común, a menudo es todo lo contrario. P.D.: si te apetece compartir este texto en tus redes, por favor, pon el enlace. Le facilitas la vida a quien necesite leerlo y, de paso, a mí. GRACIAS. P.D.2: solo del 15 al 22 de septiembre se abren las inscripciones para mi formación PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR. Tendrás el contenido disponible de por vida. En ella he organizado, sistematizado y resumido todos los principios que me han servido durante los últimos diez años para organizarme, para sentir que soy la dueña de mi tiempo. Si lo que estás buscando es una formación que te indique la agenda correcta, PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR no es para ti. Básicamente porque ese es el último paso si lo que quieres es agarrar fuerte las riendas de tus días. Si lo que quieres es tener las herramientas para transformar tu mentalidad, sentirte merecedora de manejar tu tiempo, aprender a decir que no, dejar de sentir que más vales cuanto más haces esta SÍ ES TU FORMACIÓN. Porque solo desde ese cambio profundo habrá una mejora en tu agenda. Esto es lo que dicen mis alumnas de la primera edición (majísimas): Hoy siento que dirijo mi tiempo y mi vida y lo que es aún mejor…ya sé darme cuenta cuando no lo hago para volver a mi. Hoy esta hora y pico de clase me ha abierto nuevas puertas, me has hecho recordarme cuales son MIS valores y por que y por quien vivo cada día. Gracias tesoro, que suerte tengo de que hayas aparecido en mi vida. Fina Hola Sol!!! realmente este tema de la planificación me esta cambiando mucho la vida. Hasta una compañera mia de la facultad, con quien somos docentes, me lo ha dicho. Te veo mucho mas resolutiva!!! Maie Impresionante, desde el primer minuto hasta el último. ¡Gracias, de corazón! Maria Jose Que maravilla de sesión! Creencias de merecimiento, voy a buscar más sobre ellas…Eres inspiración y foco para llegar a donde quiero llegar. María Muchísimas gracias Sol!! Ha sido de gran valor esta formación. Todas y cada una de las sesiones aportan muchas herramientas, claridad y concreción y resulta muy fácil ponerlas en práctica. Las he disfrutado mucho. Ahora a por la siguiente!! Mil gracias!! Maria Teresa PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR es una formación de 6 sesiones en la que trabajaremos el proceso completo para conseguir que planifiques con coherencia y efectividad. No para hacer más, sino para disfrutar más y sentirte dueña de tu tiempo, o sea, de tu vida. PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR es para ti si ahora sientes que:
  • No llegas a todo
  • Vives agotada
  • No sabes generar tus propios objetivos
  • No sabes lo que es realmente importante para ti
  • Derrapas por la vida
  • No tienes tiempo para disfrutar
Y lo que quieres es…
  • Ser productiva para tener tiempo libre
  • Ser la dueña de tu reloj
  • Aprender a priorizar y priorizarte
  • Vivir en calma
  • Aumentar tu energía

Quiero saber más

Aprender para ser un poco más felices

Llevo varias semanas preparando mi próxima formación. Super centrada en hacer y hacer. Quizás estés pensando que podía tomarme un descanso en agosto, pero la verdad es que prefiero currar durante este mes y tomarme algunos días más tarde. Las ventajas de ser autónoma. El caso es que, ahora ya está todo listo y preparado para mi lanzamiento y tengo la necesidad imperiosa de absorber, leer, ver, escuchar, mirar alrededor para llenarme después de tanto generar. Busco artículos en internet sobre los temas más variados: altas capacidades, neurodivergencias en general, , intuición, motivación, IA, meditación, etc. Necesito inspirarme para poder inspirar. Y en una de estas encuentro una charla TED que habla justamente sobre el tema que me ocupa: nos pasamos la vida ejecutando y no reservamos tiempo para aprender. “¿Aprender a qué, alma de cántaro, a estas edades?” Pensaréis algunas. Y es que ese es uno de los grandes errores: asumir que, llegada cierta edad, no necesitamos adquirir más conocimientos. Eso sí, nos pasamos la vida derrapando porque no nos organizamos como es debido, descansamos poco y mal, la lista de “pendientes” se acumula semana tras semana, sentimos que la chispa de la vida se quedó allá por los ochenta, no nos decidimos a la hora de planear nuestras vacaciones y así un largo etc. hecho de desconocimiento sobre nuestra propia persona. Quizás crecimos en la creencia de que lo único que podemos aprender son datos centrados en el mundo exterior: ríos de España, tablas de multiplicar, capitales del mundo. Pero la organización, el logro de objetivos tales como descansar o estar en forma, descubrir lo que nos ilusiona o soñar con un destino paradisíaco son parte de nuestra sabiduría, o deberían serlo. Porque no podemos elegir aquello que no sabemos que existe. Y el mundo, ante la limitación, se vuelve pequeño y nosotras más pequeñas todavía. Nuestra grandeza viene determinada por la amplitud de miras, por situar las fronteras de lo posible muy, muy lejos. Y eso es imposible cuando nos pasamos la vida con la cabeza dentro de nuestra jaula particular, sin analizar nuestras actuaciones y sin tomar tiempo para mejorar. Porque de eso va la vida, de mejorar en el sentido más amplio posible. No competir con el resto, sino sentirnos cada día un pelín mejor en nuestra piel, en nuestra cabeza, en nuestra vida. Plantear, replantear, cuestionar para dar un paso en la dirección adecuada, que es la que elegiremos tras echarle un ojo a todas las que conocemos. De nuevo, la necesidad de saber más y mejor, sobre lo que somos y sobre el lugar que ocupamos. Si nuestra profesión lo requiere, y lo requiere casi siempre, nos reciclamos laboralmente. Actualizamos conocimientos, software, sistemas. Ahí no dudamos: TENGO QUE aprender, pues aprendo. Pero cómo nos cuesta cuando lo sustituimos por QUIERO. Somos tan diestras en el cumplimiento de nuestras obligaciones y tan poco en el de nuestros placeres… Pues si es necesario, tomemos el aprendizaje vital como un deber, qué más da, hagámoslo. Observemos a aquellos que son mejores que nosotras: tienen más tiempo libre, se enfadan menos, están más sanos, ordenan sus pensamientos, son libres de la maldita culpa, se dedican a aquello que les apasiona. Y estudiemos cómo lo han conseguido. Son tan humanos como nosotras, en algo podremos imitarles. Hagamos un listado de todo aquello que nos frena, que nos cuesta y establezcamos un plan de acción para eliminarlo o, al menos, diluirlo. Renovémonos, que ya llevamos mucho tiempo siendo la misma persona. Echémosle sal y pimienta al día a día. Nada mejor para la autoestima que hacer algo nuevo o de una manera diferente. Seamos específicas y disfrutonas: esta semana descubriré cinco cantantes, la siguiente buscaré ciudades en las que no superen los veinticinco grados en agosto porque ahí pienso viajar. Aprenderé a hacer esas croquetas que me apasionan, estudiaré de qué va eso de las creencias limitantes porque me da que arrastro unas cuantas. Buscaré a alguien que me enseñe a hablar mejor en público, leeré sobre mujeres que hicieron historia, le echaré un ojo a la biografía de Oprah porque Oprah es la hostia y algo me enseñará. Aumentar nuestras capacidades incrementa nuestras posibilidades. La libertad es elegir de entre todo lo que tenemos a nuestro alcance. Tengamos mucho y tengamos bien. P.D.: si te apetece compartir este artículo en tus redes, por favor, pon el enlace, ayudas a quien lo quiera leer y, de paso, a mí. GRACIAS P.D2.: entre todas las cosas importantes que no nos han enseñado en el cole (ni en ningún sitio) está la planificación, no para hacer más, sino para VIVIR MEJOR. Pero como nunca es tarde si la dicha es buena, he creado una formación con todo lo que yo he aprendido durante los últimos diez años y que me sirve para no derrapar por mis días, para sentir que soy la dueña de mi tiempo. He sido alumna en unas cuantas formaciones de este tipo y siempre echaba de menos lo realmente importante: cómo cambiar nuestra mentalidad. Porque ahí está la respuesta a la pregunta más repetida de la galaxia: SI ME SÉ LA TEORÍA, ¿POR QUÉ NO PASO A LA PRACTICA? Porque de nada te sirve tener todas las herramientas prácticas, si no has trabajado tus creencias, si no sabes lo que es importante para ti, si no te crees merecedora de organizar tu tiempo. Esto es lo que dicen mis alumnas de la primera edición: Hola Sol, acabo de ver la grabación. Solo por la sensación de fuerza y autoconfianza que me ha entrado al escucharte ha sido brutal. Ya puedes dormir tranquila por tu trabajo. Se han eliminado la creencia de que más responsabilidad en el trabajo significa morir en el intento y sí o sí meter más horas.. Y me ha entrado el merecimiento por las venas. Muchas cosas por cambiar. Cabeza reventada despues de la sesión, pecho fuera y postura del Aguila. GRACIAS Lore Gracias Sol por esta formación maravillosa y útil a más no poder… yo soy de hacer, de hacer mil cosas y no parar, ni agotada paro… ahora estoy aprendiendo a simplificar y priorizarme, a decir no y a descansar. Laura Muchísimas gracias Sol!! Ha sido de gran valor esta formación. Todas y cada una de las sesiones aportan muchas herramientas, claridad y concreción y resulta muy fácil ponerlas en práctica. Las he disfrutado mucho. Ahora a por la siguiente!! Mil gracias!! Maria Teresa

Quiero saber más

  PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR es para ti si ahora sientes que:
No llegas a todo Vives agotada No sabes generar tus propios objetivos No sabes lo que es realmente importante para ti Derrapas por la vida No tienes tiempo para disfrutar
Y lo que quieres es…
Ser productiva para tener tiempo libre Ser la dueña de tu reloj Aprender a priorizar y priorizarte Vivir en calma Aumentar tu energía

Quiero planificar bien

Lo que aprendí aburriéndome

Yo de pequeña me aburría, Y MUCHO. Era hija única, muuuuuuuuuy tranquila (sí, muté en algún momento. No sé cuando ni por qué) y no vi a mis padres preocupados por ello, la verdad. Ni a los míos, ni a los de mis amigas. Y mirad qué fenomenal he salido. Si hay alguna por aquí que me conozca y se esté descojonando, en serio, mi desequilibrio es más producto de la genética que del aburrimiento. Soy la más normal de mi familia, por mucho. Me ha dado por escribir sobre esto, porque en verano, quizás más que en otras épocas, se me ponen los vellos como escarpias viendo a niños con las narices pegadas a las pantallas mientras sus neuronas se agrisan. Aburrirse no solo no es malo, sino que es algo fantástico para nuestros cerebros. Lo dice la ciencia y lo digo yo. Tanto me aburría de pequeña que incluso leía: cómics que se amontonaban en el suelo de mi habitación (así estoy, obsesionada con los superheros), novelas que encontraba en las estanterías de mi casa sin que nadie las analizara previamente en la librería infantil especializadísima, las revistas de cotilleos de mi madre. Tan horrible era el aburrimiento que me leía las leyendas de Bécquer, los poemas de Neruda y los “Campos de Castilla” de Machado. Una catástrofe sin parangón para cualquier niño del siglo XXI. Tanto me aburría que veía pelis de todos los tipos y colores: “Siete novias para siete hermanos”, “Mary Poppins”, “Karate Kid”, “E.T.” Las veía en el cine y las podía ver otra vez en mi cabecita cuando volvía a casa y no tenía nada más que hacer. Un horror que ningún niño debería experimentar. Tanto me aburría que escuchaba música: en la radio, ensimismada y muy atenta para grabar en aquellas cintas de casette la nueva canción de moda y ponerla una y otra vez mientras bailaba por los pasillos de mi casa; en el tocadiscos donde ponía los vinilos de mi madre: Alberto Cortez, la Pantoja, la Jurado… Y de mi padre: Fleetwood Mac, Elvis Presley, Earth Wind and Fire,… Algo nada estimulante para estos niños que tanto aprenden en los juegos educativos del sempiterno Ipad. Tanto me aburría, que dibujaba: copiaba animales de mis cuentos, calcaba con los papeles pegados a las ventanas lo que no alcanzaba a copiar, pintarrajeaba cuando no sabía hacer ni lo uno ni lo otro. Y me pregunto qué habría pasado si, en lugar de dejar que me aburriera, mis padres, ante el más mínimo signo de inactividad, me hubieran plantificado una pantalla delante, para que viera unas historias creadas por otros y no por mí. Siempre me he quejado de las interminables sobremesas de los adultos que yo sufría desde mi sillita (visión imposible actualmente. Os doy un euro por cada niño que veáis sentado sin maquinita en un restaurante) pero ahora caigo en que fueron horas (interminables) de observación de aquellos seres, de escucha de conversaciones probablemente poco adecuadas para mi edad. Aprendí a escuchar, a callar, a interpretar, a intuir. Tanto me aburría, que empecé a escribir. Nunca sabré qué habría salido de una Sol rodeada de estímulos externos impuestos por otros y no elegidos por mí, quizás este amor por la escritura habría sobrevivido a todas esas distracciones y hoy estaría aquí escribiendo sobre lo extraordinario de una infancia supermegaultradivertida. O quizás no. P.D.: lamentablemente, cuando llegamos a la vida adulta, pocas nos aburrimos. Todo lo contrario, vamos a toda velocidad por la vida, como si fuera un tobogán lleno de aceite. Sentimos que no llegamos a todo; que a pesar de acabar el día agotadas, no hemos avanzado; sintiendo que las riendas de nuestro tiempo las maneja gente que no somos nosotras. Yo sentí todo eso durante mucho tiempo, y pasito a pasito, generé unos sistemas de planificación que me han llevado a sentir que soy la dueña de mi tiempo, prácticamente siempre. ¿Cómo lo he conseguido? Pues con mucha reflexión, mucho esfuerzo y mucha prueba-error. Pero tú puedes conseguirlo más fácilmente que yo, porque he creado para ti la formación PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR, una formación absolutamente transformacional, donde empezamos a trabajar en el lugar correcto, en tu identidad, no en tu agenda. Porque si tú crees que has de estar disponible siempre para todos, si no crees merecer ponerte la primera en tu lista de tareas, ya te puedes descargar todas las aplicaciones de productividad del planeta que no vas a avanzar. Tendrás la formación disponible para siempre, las inscripciones se abrirán del 15 al 22 de septiembre y puedes inscribirte AQUÍ en la lista de espera. Esto es lo que dicen las alumnas de la primera edición (más bonicas…) Impresionante, desde el primer minuto hasta el último. ¡Gracias, de corazón! Maria Jose Maravilla de sesión!! Información directa, precisa, concisa y llegando al centro de la diana . Como siempre, me encanta!! Sol eres magnífica en lo que haces, que es cambiarnos la vida. Maria Teresa Me ayudas mucho, es un lujazo estar en estas formaciones Sol. El decir “no” me ha ayudado y el priorizarme y darme cuenta de que lo que quiero es paz y calma. Maravilloso.Gracias Ana Hola! acabo de terminar de ver todas las sesiones. Mi cuaderno lleno de apuntes y herramientas tan útiles qué nos aportas, para mejor nuestra vida. Millones de gracias. Leonor PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR es para ti si ahora sientes que:
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    Quiero vivir mejor

La misteriosa razón de estos vértigos míos

Que el estrés es un asco, lo sabemos todas, pero creo que todavía, la mayoría no somos conscientes de hasta qué punto nos puede reventar la vida. Por eso no hacemos todo lo que está a nuestro alcance para manejarlo, para minimizarlo. No nos damos cuenta, pero nos va la vida en ello. A veces, incluso la supervivencia. ¿A qué viene esto, justo ahora, en pleno agosto, que se supone que es cuando menos estresadas estamos? Pues a que hace un par de semanas le vi la carita de cerca a todo lo malo que puede provocarnos el estrés. Te cuento: Serían las ocho de la tarde cuando veo una llamada perdida de una persona que trabajaba conmigo en mi vida anterior (empresa familiar, hija única, mil marrones, desquicie absoluto) y con la que sigo manteniendo contacto, pero NUNCA me llama. Vamos a llamarle Antonio. Huy, qué raro que me llame Antonio. Le pregunto a Antonio en un mensaje si se ha equivocado al llamarme (a todos se nos va el dedito alguna vez). Su respuesta: un mensaje de voz. Y entonces, por arte de magia o gracias a este cerebro nuestro, que a veces tiene el detalle de echarnos una mano, recuerdo que, justo ese día, Antonio celebra un evento en la empresa familiar (no la suya, la mía, la ex – mía) El olor a chamusquina inundó todo mi cuerpo, mi cerebro y el barrio entero. Aquí están teniendo un sarao de tres pares de narices y Antonio pretende que yo medie, o me encargue o yo qué coño sé, si llevo casi diez años sin currar allí. Yo no escucho el mensaje de voz ni de coña. Me aplaudí entonces y me aplaudo ahora. Y me puse a ver una serie. Y me dio por coger el teléfono y vi en el Instagram de Antonio una narración que claramente correspondía al sarao de tres pares de narices que yo había previsto gracias a mis poderes paranormales (o a que esos mismos saraos me los he comido tres millones de veces a lo largo de mi vida). Durante una milésima de segundo me tensé, hasta que recordé que eso ya no es asunto mío. QUE SE APAÑEN. Más aplauso para mí. Menos mal que me piré. Con lo a gustito que estoy yo con mis formaciones, mis podcast, mis textos y mis cosas. Y seguí viendo la serie, tan pancha. Terminó el episodio y me dispuse a levantarme del sofá para irme a la piltra. Pero AY, AY, AY, que el salón me da vueltasLas paredes, el techo, el planeta entero se mueven en círculos sobre mí. Mi equilibrio: inexistente. ¿Qué coño me está pasando? Y de nuevo, mi cerebro funcionando como es debido: cari, que tú esto lo has estudiado. Tu mente ni se ha enterado, pero a tu cuerpo le ha pegado un calambrazo de estrés momentáneo que mírate, vas agarrándote a los muebles. Conseguí llegar a mi habitación, que también daba vueltas a toda la velocidad sobre mí y sobre mi cama. Conseguí dormirme subida en aquella peonza cósmica. Siempre fui muy marmota. Me levanté la mar de bien a la mañana siguiente, así que me puse a analizar un poquito más el suceso vertiginoso. La explicación es bastante simple: aunque yo mentalmente pensara «esto ya no es asunto mío, mira tú qué bien», mi sistema nervioso había reconocido una situación asociada durante décadas al estrés y había activado la alarma. Adrenalina, tensión muscular, cambios en la respiración. Todo el cuerpo preparándose para un peligro que ya no existía. Resultado: avería en mis sistemas de equilibrio. Vértigo tremendo. Me pareció todo fascinante, la verdad. Y es que habernos librado de una situación estresante no significa que nuestro cuerpo haya aprendido que ya hemos salido de ella. Yo llevaba casi diez años fuera de aquella empresa. Diez años sin aquellos marrones, sin aquella responsabilidad. Mi parte racional lo tiene clarísimo. Pero mi sistema nervioso ha pasado tantos años repitiendo alerta, problema, prepárate que, después de tanto tiempo, puede seguir activándose ante el estímulo adecuado. Lo primero que pensé fue que vaya maravilla haber salido de allí. Lo segundo, recordar todas las veces en las que se daban esas situaciones. Todos los días, que eran la inmensa mayoría, en los que yo tenía vértigos, eczemas, dolores de cabeza, lumbalgias repentinas y un largo etcétera de mierdas provocadas por el estrés crónico. Cómo pude aguantar aquello. Lo tercero: darme las gracias a mí misma. Por haber tomado la decisión porque, aunque no tenía ni puñetera idea de lo que iba a hacer, fui colocando un pie delante del otro hasta encontrar mi camino. Poco a poco. En la dirección correcta. Acercándome a todo lo que me hacía bien y alejándome de lo que me hacía mal. Como siempre, querida mía, no te cuento esto porque te interese lo más mínimo mi vida, sino porque espero que sí te interese la tuya. Porque uno de mis propósitos es que dejemos de normalizar lo que no es normal. Que nos convenzamos de que merecemos vivir, no sobrevivir. Tomar decisiones, sabernos merecedoras, sabernos capaces. Solo espero que esta historia mía haya servido para que, si estás en una situación que te está constando la salud (la física, la mental) sepas que hay otra manera de transitar nuestros días. Puedes diseñar una vida en la que te quieras quedar. La alegría que me dará si me dejas en comentarios lo que te haya resonado, de verdad. Así nos inspiramos las unas a las otras. P.D.: Hay dos herramientas que para mí han sido imprescindibles a la hora de cambiar mi vida a mejor, de avanzar poco a poco, con paso firme. La primera es la escritura. Tener una conversación conmigo misma, cada mañana, antes de que el mundo se ponga en marcha, es la mejor manera de tener claridad y foco. La segunda, consecuencia directa de la primera, aprender a planificar, no para hacer más, sino para vivir mejor. Una correcta planificación te da libertad, alegría y calma. Te devuelve la gestión sobre tu vida. Por eso he creado para ti un cuaderno pensado para que retomes el poder sobre tu tiempo, con un ejercicio diario para cinco días: DÍA 1 Descubre por dónde se está escapando realmente tu tiempo. Muchas veces pensamos que el problema son las grandes obligaciones. Pero descubrirás que el verdadero desgaste suele esconderse en decenas de pequeñas decisiones que repites automáticamente cada día. Al terminar este ejercicio entenderás por qué acabas agotada incluso los días en los que sientes que “no has hecho nada importante”. DÍA 2 Descubre qué parte de tu vida estás viviendo por obligación. Aprenderás a diferenciar las cosas que haces porque realmente quieres de las que haces por culpa, miedo a decepcionar o simplemente porque llevas tantos años haciéndolas que nunca te has planteado si siguen teniendo sentido. Descubrirás que muchas de tus decisiones no nacen de tus prioridades, sino de reglas que aprendiste hace mucho tiempo. DÍA 3 Cuestiona las historias que llevan años robándote tiempo. ¿De verdad pasaría algo terrible si dejaras de hacer algunas cosas? ¿O llevas demasiado tiempo actuando para evitar consecuencias que ni siquiera sabes si ocurrirían? Este ejercicio te ayudará a distinguir entre los hechos y las historias que tu mente lleva años contándote. Y ahí recuperarás muchísimo más margen del que imaginas. DÍA 4 Descubre el lugar que ocupas en tu propia vida. Harás un ejercicio muy visual que te permitirá comprobar cuánto espacio ocupan el trabajo, la casa, los hijos, las obligaciones y cuánto espacio ocupas tú. Probablemente entenderás por qué hace tanto tiempo que sientes que tu vida siempre empieza cuando terminas de encargarte de la de los demás. Y descubrirás por qué cuidarte no es egoísmo. Es responsabilidad. DÍA 5 Decide cómo quieres vivir. No terminarás este cuaderno con una lista de tareas. Terminarás tomando una decisión. Una sola. La que puede empezar a cambiar la forma en la que usas tu tiempo y, sobre todo, la forma en la que te relacionas contigo misma.

Quiero ser dueña de mi tiempo

Espero que te sirva, Sol

5 cosas que me ha enseñado julio

Cuanto mayor me hago, querida mía, más consciente soy de lo importantes que son los inventarios vitales. Y no solo a final de año, sino cada día. Ser conscientes de cómo vivimos cada hora, de las mil decisiones que tomamos, de cómo nos relacionamos con el mundo y con nosotras mismas es algo imprescindible para estar bien. Lo opuesto es la rueda de hámster, resbalar por la vida como si fuera un tobogán lleno de aceite para llegar al final sin haber elegido, sin enterarte de nada. No sé tú, pero yo me niego a desperdiciar el privilegio que es estar viva. Por eso me obligo a parar a menudo, a anclarme a este minuto que no va a volver y recordar todo lo que he aprendido. Porque el humano es un bicho muy raro al que se le olvida lo que le hizo mucho bien y también lo que le hizo mucho mal. Un bicho que insiste en darse cabezazos contra muros ajenos, en tropezar tres mil quinientas veces con la misma piedra. Como somos bastante sota, caballo y rey, aunque no nos lo parezca, me apetece compartir contigo lo que he aprendido en este julio peculiar. Por si te sirve, porque creo que los tropezones ajenos en piedras ajenas, si los observamos con atención, nos pueden ahorrar mucho tiempo y mucho sufrimiento. Y lo mismo pasa con lo que nos hace avanzar, con lo que nos alegra: aunque nos creamos muy especiales, la felicidad se basa en cuatro cosas muy sencillitas a las que no solemos hacer ni puñetero caso. En este julio tan caluroso he asumido que hay gente que no te ve, que no te escucha. Hay gente a quien no le importas, y mentirte a ti misma contándote que esa es su forma de querer solo lleva al sufrimiento y a la frustración. Las relaciones de cualquier tipo son como una estufa: tú metes leña y, a cambio, recibes calor. Si por más combustible que metas, aquello no calienta, Ciao bacalao. (Quizás, al leerme, te preguntes qué hacer si es una relación familiar. PUES LO MISMO. Separarse es difícil, pero más doloroso es quedarse y mendigar). Me he dado cuenta de que quizás quién debería serlo no es tu hogar, pero que, gracias al cielo, hay quienes crean hogares allá donde estén. Por eso el cierre de Amapolas nos ha dolido tanto a tantos (si no sabes de qué te hablo, aquí te lo cuento). He reafirmado que toda la energía que pongo en esperar cariño de quien no sabe lo que es, me aleja de todos los que están dispuestos a abrazarme, que son muchos. Así, que FIN, adiosito. Se acabó. Este julio he descubierto que, si escucho a mi cuerpo, me da una cantidad de información que lo flipo. Vale, esto ya lo sabía, pero es que ahora estoy conectadísima con esto que soy. Sintonizada perdida. Y me encanta. Mi cuerpo me ha dicho, en el transcurso de una semana, con una claridad cristalina, VETE DE AQUÍ, PERO YA y con la misma claridad: BIENVENIDA, AQUÍ QUÉDATE PORQUE MIRA LO BIEN QUE TE SIENTES. He aprendido a hacerle caso y estoy feliz como una perdiz. Este cuerpecito mío no solo me ha dicho VETE y QUÉDATE. También me ha gritado ¡ESCRIBE!, me ha llenado la cabeza de ideas y las tripas de ganas, así que en unos meses otro libro verá la luz. El sexto. Qué fuerte. Qué ilusión. Tengo ganas de aplaudir por algo que hace dos meses no era ni siquiera una idea. Así es la vida de sorprendente y extraordinaria si la escuchamos un poco. He entendido que, a veces, lo único que necesitamos es RESPETARNOS, pero como no creemos merecerlo, le buscamos los tres pies al gato. No necesito justificaciones ni excusas para decidir que ahí no voy, que yo no ceno, que de aquí me largo, que no voy a aguantar el ruido, la fealdad, el desorden, la suciedad. Ni las aglomeraciones, las impertinencias, el calorazo. No es que sea altamente sensible, o que tenga TDA. O sí, qué más da la causa, si la consecuencia está clarísima y no me gusta un pelo. Voy a evitar a toda costa lo que me hace sentir mal y voy a perseguir sin mesura lo que me hace sentir bien. Me importa un huevo si otros no lo entienden, con que lo entienda yo… Me ha quedado claro que soy muy feliz en mi casa, tan bonita, tan yo. Contemplando ese cuadro y esa chimenea que eran un sueño y ahora son realidad. Escuchando una tormenta (que es lo que hago mientras escribo esto), sintiendo frío al amanecer. Contemplando mis montañas. Viendo películas de Marvel. Leyendo los tantísimos libros que me llevé de Amapolas y que me recuerdan lo feliz que he sido allí. Escuchando canciones como esta. Necesito la música como el aire que respiro (eso lo sé desde que tengo uso de razón, no ha venido julio a enseñármelo). Siempre he tenido claro que los objetivos son necesarios porque te indican la dirección en la que avanzar, te ayudan a tomar decisiones. En este julio me he dado cuenta de que he cumplido muchos objetivos últimamente y ahora me toca inventar otros nortes, afinar la brújula. Con tal de hacerlo, he de eliminar lo que me distrae. Cuidarme mucho, porque soy el motor de lo que me pasa. Si yo me bloqueo, se bloquea todo. Julio, en el fondo, me ha enseñado que una buena vida no es la que tiene más cosas, sino la que tiene las correctas. Las personas correctas. Los lugares correctos. Los pensamientos correctos. Y el suficiente valor para elegirlos una y otra vez. P.D.: si te apetece compartir este texto en tus redes, por favor, incluye el enlace. Ayudas a quien quiera leerlo y, de paso, a mí (gracias) P.D2.: esto no me lo ha enseñado julio, pero la vida no hace más que reconfirmármelo. Una correcta planificación te da libertad, alegría y calma. Te devuelve la gestión sobre tu vida. Por eso he creado para ti un cuaderno con un ejercicio diario para cinco días: DÍA 1 Descubre por dónde se está escapando realmente tu tiempo. Muchas veces pensamos que el problema son las grandes obligaciones. Pero descubrirás que el verdadero desgaste suele esconderse en decenas de pequeñas decisiones que repites automáticamente cada día. Al terminar este ejercicio entenderás por qué acabas agotada incluso los días en los que sientes que “no has hecho nada importante”. DÍA 2 Descubre qué parte de tu vida estás viviendo por obligación. Aprenderás a diferenciar las cosas que haces porque realmente quieres de las que haces por culpa, miedo a decepcionar o simplemente porque llevas tantos años haciéndolas que nunca te has planteado si siguen teniendo sentido. Descubrirás que muchas de tus decisiones no nacen de tus prioridades, sino de reglas que aprendiste hace mucho tiempo. DÍA 3 Cuestiona las historias que llevan años robándote tiempo. ¿De verdad pasaría algo terrible si dejaras de hacer algunas cosas? ¿O llevas demasiado tiempo actuando para evitar consecuencias que ni siquiera sabes si ocurrirían? Este ejercicio te ayudará a distinguir entre los hechos y las historias que tu mente lleva años contándote. Y ahí recuperarás muchísimo más margen del que imaginas. DÍA 4 Descubre el lugar que ocupas en tu propia vida. Harás un ejercicio muy visual que te permitirá comprobar cuánto espacio ocupan el trabajo, la casa, los hijos, las obligaciones y cuánto espacio ocupas tú. Probablemente entenderás por qué hace tanto tiempo que sientes que tu vida siempre empieza cuando terminas de encargarte de la de los demás. Y descubrirás por qué cuidarte no es egoísmo. Es responsabilidad. DÍA 5 Decide cómo quieres vivir. No terminarás este cuaderno con una lista de tareas. Terminarás tomando una decisión. Una sola. La que puede empezar a cambiar la forma en la que usas tu tiempo y, sobre todo, la forma en la que te relacionas contigo misma.

Quiero ser dueña de mi tiempo

  Espero que te sirva, Sol

Somos los lugares que habitamos

Hace unos días escuché en Instagram a una chica que hablaba de cómo los lugares nos moldean, cómo una ciudad, una casa en la que hemos vivido, genera una identidad. Y de que, a veces, con tal de liberarnos de las etiquetas que nos han, o nos hemos, puesto necesitamos cambiar de ubicación. A lo mejor estás pensando que esto es un rollo sin fundamento alguno. Un dato: el psicólogo Harold Proshansky dijo hace más de cuarenta años que los lugares no son solo un escenario físico, sino una parte fundamental de quiénes somos. Nuestro cerebro no solo recuerda lo que pasó en un sitio determinado. También recuerda quién éramos allí. Y esa identidad implica una memoria, a nivel cerebral y a nivel físico, que conecta lugares con emociones. Esta es una cuestión sobre la que he pensado largo y tendido a lo largo de los últimos años. Una de las razones es que, a la inmensa mayoría de la gente, Ibiza le parece un lugar maravilloso y a mí me provoca un rechazo que es incluso corporal. Me genera ansiedad, quiero salir huyendo cada vez que voy. Soy consciente de la belleza de la isla. De su mar. De sus atardeceres. Pero Ibiza me escuece, me pincha, me escupe. ¿Por qué? Por la historia que me cuento cuando estoy allí, que tiene que ver con lo que sufrí durante tantos años. Para quien no sepa: mi familia vive allí, yo trabajaba allí en la empresa familiar. Lo pasé TAN mal durante TANTO tiempo que, ya no digo mi mente, mi cuerpo, es incapaz de ir a la isla y no revivir el trauma. Porque yo estoy convencida de que ese sufrimiento, ese estrés que me mantenía enferma perpetuamente, se han convertido en trauma. He intentado cambiar la historia, de hecho, el verano pasado, conseguí aguantar una semana allí porque me centré en hacer algo que me fascina: bañarme sin parar. Soy Piscis y, si me das un charco, yo me sumerjo y me olvido de (casi) todo. Quizás te estés preguntando por qué sigo yendo, si lo paso tan mal. Voy lo mínimo y solo para ver a mis padres. Escuchando a esa chica en Instagram, pensé en que me he ido de todos los lugares en los que crecí: Ibiza, Lloret de Mar, Barcelona… Construí mi vida de adulta en Madrid, he pasado mucho tiempo en Nueva York, hace un par de años me mudé a las montañas. Me he alejado, inconscientemente, de todos esos sitios donde era la responsable, la obediente, la estudiosa, la capaz, la de siempre. La graciosa. La hija de. Me pregunto si lo hice para mudar de piel, para descubrir y decidir quién soy en realidad, despojada de las expectativas ajenas y también de las propias. Y me respondo que , en mayúsculas y en negrita. No creo en las casualidades, sí en todo eso que perseguimos a nivel inconsciente. Me fui para ser quien quiero ser y vivir la vida que quiero vivir. Y me doy cuenta más de veinte años después. Cómo es el coco… Cómo me gustaría que este texto, que estoy viendo que durará más de tres minutos, fuera lo más parecido a un diálogo. Me encantaría que me contaras si te pasa, si vas a casa de tus padres y empiezas a comportarte como la niña que fuiste. Si hay lugares en los que te tensas automáticamente. Si hay ciudades que te regalan calma, lugares en los que parece que todas las piezas de tu puzle encajan. A mí eso me ha pasado siempre en Nueva York y estoy convencida de que tiene que ver con ser invisible en medio de ese caos maravilloso. Con la liberación de que nadie te conozca, de que nadie sepa cómo se supone que soy. De poder inventar mis rutinas, mi manera de funcionar y de relacionarme con el mundo. De hablar en un idioma que no tiene nada que ver con la persona que he sido hasta ese momento. De situarme en un escenario en el que puedo crear el personaje que me venga en gana. Porque parte de lo que me pasa no tiene que ver conmigo, sino con el escenario en el que intento ser yo. A veces queremos cambiar nuestra vida, cómo nos sentimos, nuestros hábitos, sin cambiar nada de lo que forma y alimenta esa vida. Seguimos desayunando en el mismo sitio, viendo a la misma gente, recorriendo las mismas calles, entrando en la misma oficina, haciendo exactamente el mismo camino y esperamos convertirnos en una persona diferente. Somos, de alguna manera, una conversación constante entre nuestro cerebro y los lugares donde vivimos. Por eso dos personas pueden sentirse completamente diferente viviendo en la misma ciudad, porque lo importante no es el sitio en sí, sino el significado que ese sitio tiene para cada una. Proshansky decía que las personas también eligen determinados lugares porque esos lugares encajan con la identidad que quieren construir. Buscamos contextos que confirmen quién creemos ser o quién queremos llegar a ser. Si soy creativa me sentiré atraída por barrios con librerías, galerías o cafeterías donde escribir. Si busco calma quizás quiera naturaleza o pueblecitos. Yo he aprendido a vivir sin prisa en mis montañas. Por más velocidad que quieras meterle, las moreras dan frutos cuando toca. Los corderitos que nacen detrás de mi casa crecen a su ritmo. Todo eso se me mete dentro y me ralentiza. No es solo una preferencia estética, sino una búsqueda de coherencia entre el entorno y la identidad. Quizás, a estas alturas del texto, te estés preguntando si es posible cambiar el significado que le damos a un lugar. La realidad es que los lugares no tienen un significado por sí mismos, les asignamos uno basado en nuestras experiencias. ¿Podemos reescribir esa historia? Dice la ciencia que sí, si acumulamos vivencias nuevas que acaban pesando más que las antiguas. Podemos volver a un lugar que nos duele y fabricar nuevos recuerdos. Nuestro cerebro AMA anticipar lo que a pasar y cuando empiezan a pasar cosas diferentes, no es que borremos el pasado, es que deja de ser el único pasado que existe allí. Quizás tu casa te recuerda un matrimonio profundamente infeliz, quizás estés pensando en venderla, en irte a otra donde empezar desde cero (que nunca es desde cero), o a lo mejor puedes decidir que allí serás una persona que organiza cenas con las amigas, que se monta tardes de películas y palomitas. Quizás te sientes a leer con tu té y tu vela en el mismo sillón en el que antes llorabas. Quizás cambies la historia que esa casa te cuenta sobre ti misma. Yo creo que la verdadera libertad aparece cuando consigues dejar de ser la persona que ese lugar esperaba que fueras. Cuando leas estos seis minutos (últimamente me alargo que da gusto) yo estaré en la isla. En remojo, espero. Fabricando recuerdos bonitos para contarme otro cuento. Uno lleno de risas con las amigas, de amaneceres frente al mar. De bailoteos. Amontonando alegría sobre los recuerdos dolorosos, para no verlos nunca más.

P.D.: si te apetece compartir este texto en tus redes, porfa, incluye el enlace. Le facilitas la labor a quien quiera leerlo y, de paso, a mí. Gracias de antemano. P.D2: he creado para ti cinco ejercicios que tienen bastante que ver con lo que te he contado. Porque yo siempre quise ser una persona organizada, porque eso me da paz. Porque mi Yo del Futuro no va como pollo sin cabeza, se sabe dueña de sus horas. Nadie me enseñó, pero yo he aprendido a planificar para que me pase lo que quiero que me pase y he creado para ti un cuaderno con un ejercicio diario para cinco días: DÍA 1 Descubre por dónde se está escapando realmente tu tiempo. Muchas veces pensamos que el problema son las grandes obligaciones. Pero descubrirás que el verdadero desgaste suele esconderse en decenas de pequeñas decisiones que repites automáticamente cada día. Al terminar este ejercicio entenderás por qué acabas agotada incluso los días en los que sientes que “no has hecho nada importante”. DÍA 2 Descubre qué parte de tu vida estás viviendo por obligación. Aprenderás a diferenciar las cosas que haces porque realmente quieres de las que haces por culpa, miedo a decepcionar o simplemente porque llevas tantos años haciéndolas que nunca te has planteado si siguen teniendo sentido. Descubrirás que muchas de tus decisiones no nacen de tus prioridades, sino de reglas que aprendiste hace mucho tiempo. DÍA 3 Cuestiona las historias que llevan años robándote tiempo. ¿De verdad pasaría algo terrible si dejaras de hacer algunas cosas? ¿O llevas demasiado tiempo actuando para evitar consecuencias que ni siquiera sabes si ocurrirían? Este ejercicio te ayudará a distinguir entre los hechos y las historias que tu mente lleva años contándote. Y ahí recuperarás muchísimo más margen del que imaginas. DÍA 4 Descubre el lugar que ocupas en tu propia vida. Harás un ejercicio muy visual que te permitirá comprobar cuánto espacio ocupan el trabajo, la casa, los hijos, las obligaciones y cuánto espacio ocupas tú. Probablemente entenderás por qué hace tanto tiempo que sientes que tu vida siempre empieza cuando terminas de encargarte de la de los demás. Y descubrirás por qué cuidarte no es egoísmo. Es responsabilidad. DÍA 5 Decide cómo quieres vivir. No terminarás este cuaderno con una lista de tareas. Terminarás tomando una decisión. Una sola. La que puede empezar a cambiar la forma en la que usas tu tiempo y, sobre todo, la forma en la que te relacionas contigo misma.  

Quiero ser dueña de mi tiempo