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Hay gente que opina porque tiene boca

Vivimos en una época en la que todo el mundo opina sobre todo. Sobre política, sobre relaciones, sobre moda, sobre cómo debes trabajar, criar, vivir. Lo que nos faltaba eran las redes sociales. Opiniones categóricas, muchas veces lanzadas con una seguridad que lo flipas y que, si rascas un poco, no siempre tienen sentido, Y entonces aparece la gran pregunta, el debate: ¿todas las opiniones son igual de válidas? ¿Son todas respetables? Hemos aprendido que opinar es un derecho. Y lo es. Pero a lo mejor nos hemos pasado de rosca y hemos confundido tener voz con tener criterio. Poder opinar con deber opinar. Y no es lo mismo. En absoluto. El criterio no es tener opinión sobre todo. Es saber sobre qué sí puedes opinar y sobre qué no. El criterio no es hablar más alto que el de enfrente, ser más categórico, emplear palabras más técticas. El criterio es pensar bien. Es tener capacidad para filtrar: lo que escuchas, lo que piensas, lo que dices y lo que decides. Hay opiniones que nacen de la experiencia, de la reflexión, de haber dudado antes de afirmar, de obtener mucha información muy diversa, de contrastar. Y hay otras que nacen de la prisa, del impulso, del copiar y pegar lo que hemos leído o escuchado sin cuestionarlo demasiado. De demostrar. Hay opiniones que buscan aportar y otras que solo buscan evitar el silencio, con lo necesario que es. Antes de soltar cualquier asunto por nuestra boca, estaría bien que nos hiciéramos algunas preguntas: Esta opinión mía… ¿Está hecha desde el conocimiento o desde la ignorancia? ¿Desde la curiosidad o desde la necesidad de tener razón? ¿Desde la calma o desde la emoción asalvajada? ¿Desde la intención de construir o desde la de atropellar? Y ahora vamos al lado opuesto, no al que la emite, sino al que la escucha: no basta con escuchar una opinión, hay que preguntarse también, qué le pasa al que la emite. Porque cuando no hay criterio, opinamos desde cualquier sitio: desde el enfado, desde el miedo, desde el ego, desde la necesidad de que me acepten, de que me aplaudan. Y entonces todo vale. Todo suena igual. Todo parece válido. Y, en mi opinión, no lo es. Tengamos criterio al emitir y criterio al recibir. Porque, si no has desarrollado un criterio propio, cualquier opinión te tambalea. O te hunde. Sin criterio, te afecta lo que dice esa persona que no está viviendo tu vida, que no tiene tu contexto, que no se está jugando lo que tú te estás jugando. Que proyecta sobre ti sus miedos, sus frustraciones, su odio, sus mierdas. Hay otro filtro que deberíamos aplicar, directamente relacionado con el lugar desde donde está emitida la opinión: la intención. ¿Para qué está hecha esa opinión? No es lo mismo opinar para ayudar que opinar para impresionar. No es lo mismo compartir que imponer. No es lo mismo construir que destruir. Y muchas veces escuchamos cualquier cosa, dejamos que se nos cuele dentro sin habernos preguntado en ningún momento para qué me están diciendo lo que me están diciendo. Y tendremos que preguntarnos, también (y aquí llega la incomodidad) si caemos en el vicio de opinar de todo también nosotras. ¿Opinamos de cosas sobre las que no sabemos demasiado? ¿Repetimos discursos sin haberlos pasado por el propio filtro? ¿Nos cuesta decir “no tengo ninguna opinión sobre esto”? Yo creo que decir y decirnos “No sé” varias veces al día es una muestra de inteligencia, de humildad, de criterio, de respeto por una misma y por los demás. No se trata de callarnos siempre, evidentemente, sino de afinar mucho lo que soltamos por nuestra boca y de elegir bien a quién escuchas. De construir el criterio suficiente para que solo se te cuele dentro lo que está dicho desde el lugar adecuado y con la intención correcta.   P.D.: si te apetece compartir este artículo en Instagram, porfa, pon el enlace, le facilitas mucho la vida a quien le interese y a mí también, GRACIAS. P.D2.: si cuando ha aparecido la palabra “criterio” has sentido un pellizquito de incomodidad, porque quizás piensas que no tienes las cosas claras, porque a lo mejor hace tiempo que la inercia te atropella y andas un poco perdida, porque sientes que te has centrado tanto en el “tengo qué” que se te ha olvidado el “quiero”, tengo algo para ti: 5 ejercicios sumamente prácticos para reconectar con tu voluntad, para dejar de centrarte solo en las obligaciones y empezar a vivir desde la libertad de lo que SÍ QUIERES. Los tienes aquí, espero que te sirvan: quiero mis 5 ejercicios.

No estás saturada, estás dispersa

Hay una frase que escucho constantemente, muchas veces en mi propia cabeza: “No puedo más, tengo demasiadas cosas”. Y muchas veces es verdad. Hay momentos de la vida en los que todo se junta: los hijos que la han liado, esa cosa de trabajo que se ha ido retrasando y justo llega ahora que voy de culete, el cuadro de fusibles de casa que falla y me quedo a oscuras. Decisiones, cambios, imprevistos todo junto en el mismo momento. Pero otras muchas veces, más de las que nos gusta admitir, no es que estemos saturadas, es que estamos dispersas. Y no es lo mismo. Ni de lejos. Porque la saturación tiene que ver con el volumen. Y la dispersión tiene que ver con cómo gestionamos ese volumen. Aprendí esto no hace demasiado, en un día de esos en los que tienes la sensación de tener el plato llenísimo. Mil cosas en la cabeza, la sensación de “No llego”, la prisa que no te deja ni disfrutar ni concentrarte. El cabreo de estar otra vez así. Coño, tía, que tú das clases de planificación. Totalmente cierto, y la verdad es que la mayoría del tiempo, todo va sobre ruedas. Pero una es humana. Entonces hice lo que hago cuando siento que la barca de la vida está yendo a su puta bola: me senté a escribir. Esto que me pasa ¿Es exceso de tareas, o es falta de foco? ZASCA. No era la cantidad. Era la mezcla. Porque había cosas pequeñas (responder un par de mensajes, hacer una llamada, cerrar un tema pendiente), cosas importantes (avanzar en un proyecto, replantearme el calendario anual de formaciones), cosas personales (organizar varios temas de mis hijos, planificar fisio y ejercicio para cuidar mi espalda), todo revuelto en el mismo momento, todo compitiendo por mi atención al mismo tiempo. Sin orden. Sin jerarquía. Y claro, así el cerebro colapsa. Normal. Porque nuestro cerebro no está diseñado para tener diez frentes abiertos a la vez. Está diseñado para enfocarse, avanzar y cerrar. Y descansar, claro. Cada tarea abierta, cada “luego lo hago”, cada “tengo que esto y esto y lo otro”, es como una campanita sonando en tu cabeza, como una cuerda tirando de ti. Cada una en una dirección diferente. Y cuando tienes veinte, no avanzas. Te enredas. La dispersión no es tan visible como la saturación. No es tan tangible, tan evidente. La dispersión es más traicionera. Porque parece que estás siendo productiva, pero empiezas muchas cosas y no terminas casi ninguna. Cambias de tarea cada diez minutos. Estás todo el día ocupada y no has hecho nada realmente importante. Importante es algo que te acerca a lo que quieres. Es acabar el día cansada, pero sin ver el fruto de tu esfuerzo. ¿Te suena? A mí, mogollón. Como aquí estamos para ser constructivas, tendremos que ver cómo solucionamos este asunto de la dispersión. Y siempre tendemos a la misma solución: seguir haciendo, hacer más, agotarnos. Acabar con esa dispersión pasa por hacer menos pero mejor. Por parar, mirar el cuadro completo, decidir y priorizar. Para mí, la clave ahora mismo está siendo: Elegir 1, 2 o 3 cosas importantes al día. Y hacerlas con todo el foco, olvidando todo lo demás. Con el móvil en un cajón, claro. No quince. No “a ver si puedo con todo”. No “voy viendo”. Elegir. Y eso implica renunciar. A otras tareas. A otras ideas. A la fantasía imposible de que hoy sí, hoy sí que voy a poder con todo. Spoiler: no vas a poder. Nadie puede. Ni falta que hace. Pero sí puedes decidir hacer lo que es importante ahora mismo. Y cuando pones en práctica esto, que parece tan sencillo, como por arte de magia, aparece la calma. Oye, con la misma cantidad de tareas y las mismas horas en el día. Magia potagia. Pero es que la calma no viene de tener la agenda vacía, básicamente porque eso es imposible. Viene de saber que estás donde tienes que poner tu atención, donde está tu mente. La dispersión, en cambio, es ruido constante. Es estar en todo y en nada. Es no poder descansar ni trabajando ni parando, porque siempre hay algo tirando de ti. O empujándote. Así que hoy te dejo una pregunta, que espero que te sirva tanto como a mí: ¿Estás saturada o estás dispersa? Y si la respuesta es la segunda, prueba esto mañana: Antes de empezar el día, elige tres cosas. Solo tres. Y no te muevas de ahí. Sé muy obediente a ti misma. Sé férrea. Cuando termines una, pasas a la siguiente. Y así todo el rato. Lo demás puede esperar. Tu paz mental, no. P.D.: Si te acabas de dar cuenta de que llevas tiempo dispersa a más no poder y, a consecuencia de ello, tu vida anda un tanto caótica, te dejo aquí un audio de solo 30 minutos con dos ejercicios prácticos que a mí me ayudan muchísimo a retomar las riendas de la vida, a decidir cuál es el siguiente paso a dar. Lo tienes AQUÍ. Espero que te sirva.

Mi Yo del Futuro me ha dicho que necesito estas 3 cosas

Hace unas semanas te contaba que cada mañana, nada más despertar, hago una visualización: bajo una escalera de caracol vestida con una alfombra blanca de lo más divina, abro una puerta y me encuentro con mi Yo del futuro en una casa preciosa. Esa Yo de edad indeterminada es una tía sabia y segura de sí misma a más no poder. Chorrea calma por sus cuatro costados. Cada mañana, le pregunto a esa Yo futura qué he de hacerme para disminuir la distancia que existe entre nosotras. A veces me suelta reflexiones profundas, otras me regala una piedra feísima sospechosamente parecida a las que venden en Tiger, pero hace unos días, en lugar de ponerse mística, fue de lo más directa. Me miró y me dijo: necesitas tres cosas. Orden. Merecimiento. Rituales. Nada más. Y nada menos. La verdad es que me encantó lo que me dijo, porque me gusta lo concreto. Claro, que luego yo tuve que interpretar esas tres palabras. Profundizar. Entender por qué y para qué había elegido esas y no otras. Las Yoes del futuro te dan pistas, pero no te solucionan la vida, eso lo tiene que hacer una. Asi que me puse manos a la obra y lo que entendí fue esto: Lo primero que necesito es orden. La verdad es que esto es algo que se repite mucho en mis páginas matutinas. Y no es que sea desordenada, pero siempre podemos mejorar, enfocarnos en algo en concreto. Yo quiero orden en casa, en la cabeza, en la vida. Pero no como herramienta de encorsetamiento y rigidez, sino todo lo contrario, como manera de encontrar la calma y el descanso. Porque el desorden no es solo estético, es mental, es emocional. Es ese cajón que no abres porque sabes que dentro hay caos. Es esa lista interminable de cosas empezadas y no terminadas. Es tener tantas ideas que te hierve la cabeza. El desorden ocupa espacio, pero sobre todo ocupa energía. Y lo que me decía mi Yo del futuro, con esa calma suya tan gloriosa, es que no necesito hacer más, sino menos. Soltar, ordenar, decidir. El orden no te quita libertad, te la devuelve. Lo segundo: merecimiento. ZASCA. Porque mira que yo os hablo de merecimiento y mira que he avanzado en este aspecto, pero es que siempre hay camino que recorrer. Y la verdad es que, si me observo, hay veces en las que claramente siento que no merezco: descansar, liberarme de responsabilidades que son de otros, cambiar rutinas que ya no me favorecen. Pasar de todo un poco más. El merecimiento no es el premio por hacer las cosas bien. Es el punto de partida. Es lo que te permite empezar a hacerlas. A vivir como quieres vivir. Y lo tercero: rituales. No hábitos productivos, no rutinas perfectas de esas que salen en Instagram de gente que se levanta a las tres de la mañana. Rituales. Esas pequeñas cosas que se repiten y que te ordenan por dentro. Mis páginas matutinas, mis paseos, mis estiramientos, mi té mirando por la ventana. Cosas que no parecen importantes, pero que lo son, y mucho, porque son una parte enorme de la persona en la que me quiero convertir. Porque los rituales apagan el ruido, crean estructura, le dicen a tu cerebro que estás a salvo. Esas tres cosas no son objetivos, sino condiciones. Sin orden en el sentido más amplio de la palabra, no hay espacio para poder crear (proyectos, ilusiones, la vida que quiero). Sin merecimiento, no me voy a dar permiso para todo lo anterior. Sin rituales, no voy a tener la solidez y la calma para sostener todo eso. Con el tiempo, y gracias a mi Yo futura, voy entendiendo que ser quien quieres ser no tiene que ver con revolucionar la vida a lo loco, sino con crear los contextos para ir inventándote poco a poco. Cuántas veces nos enroscamos en lo grande, en lo inalcanzable. Hoy, de parte de tu Yo futura, te invito a que, en lugar de preguntarte qué tienes que hacer con tu vida, te preguntes esto: ¿qué necesita la mujer en la que te quieres convertir? Y hazle caso, aunque te pida algo tan poco espectacular como ordenar un cajón, descansar sin culpa o tomarte un té mirando por la ventana. P.D.: hoy a medianoche termina la oferta del Día del Libro, querida mía. Solo por unas horas más tienes todos mis libros con un 20% de descuento y mi audiolibro a mitad de precio. Los tienes todos aquí. Un abrazo, Sol

Llega el Día del Libro: 3 recomendaciones (maravillosas)

Para mí el Día del Libro es el Día de Sant Jordi, es la Rambla de Catalunya llena de puestos con rosas y libros, es volver a mi infancia y a mi juventud. Mi sueño, desde chiquitina, era ser una de esas personas que firma libros con una cola enorme de gente delante. Y lo cumplí durante dos años, gracias a muchas de vosotras. ¿Por qué no han sido más? Tengo que pensarlo en profundidad, pero una de las razones es que los sueños, si los toqueteas mucho, se desgastan. Otra, y acabo de darme cuenta, es que, en mi primer Sant Jordi, volvió a mi vida alguien absolutamente excepcional. Allí estaba, haciendo cola, mi adorado S. Sin avisar. Después de tantos años sin vernos. Le abracé mucho y le senté a mi lado mientras la cola se diluía y yo terminaba de saludar y firmar. Nos quedamos charlando allí solos, hasta entrada la noche. Y no volvimos a separarnos, hasta que la vida insistió en demostrarnos que no somos eternos. Quizás es una tontería, pero no quiero amontonar recuerdos que tapen aquel momento. Todavía no estoy preparada para volver al mismo lugar sabiendo que él no estará. Dicho esto, amigas, CELEBREMOS LA LITERATURA. Sant Jordi es la excusa perfecta para sumergirnos entre libros, para llevarte a casa una historia que te acompañe durante días (o semanas o años), que te haga pensar, que ensanche tu mirada y tu vida, que te haga disfrutar. Este año te recomiendo tres libros MUY diferentes entre sí en cuanto a momento vital de sus autores, en cuanto a contexto histórico, en cuanto a lenguaje. Y muy similares en cuanto a algo que para mí es importantísimo en un libro: están llenos de verdad, de honestidad. Vamos allá: Otra vida por vivir” de Theodor Kallifatides Kallifatides nació en Grecia y emigró a Suecia de joven, allí desarrolló toda su carrera literaria escribiendo en sueco (algo que me parece fascinante del todo). Durante décadas vivió entre dos lenguas, dos culturas y dos identidades. Por eso, su vuelta a Grecia en este libro no es solo un viaje geográfico, sino profundamente emocional: es volver a preguntarse quién es después de toda una vida entre dos mundos. Narra el final de una etapa, el cuestionamiento profundo, casi el cierre de un ciclo. Reflexiona sobre la vejez, la creatividad, el sentido de seguir escribiendo cuando sientes que, a lo mejor, ya lo has contado todo. Hay una sensación constante en el libro de conversación íntima, casi de confesión. ¿Por qué me ha gustado tanto? Porque me gusta que me inviten a hacer inventario de mi propia vida, a aceptar que hay momentos en los que toca mirar hacia adentro y entenderse. Me gusta que me planteen preguntas de difícil respuesta.

“La vuelta al mundo en 72 días” de Nellie Bly Desde que supe de su historia, me entusiasmó Nelly Bly. Qué guerrera, qué visionaria. Nellie Bly fue una de las primeras periodistas de investigación en el mundo, pionera del periodismo encubierto en Estados Unidos, en un momento en el que las mujeres no podían, ni de lejos, aspirar a algo que no fuera escribir sobre maquillaje o ser secretarias. Desarrolló su carrera entre 1880 y principios de 1890. Una de sus hazañas más conocidas es que se infiltró en el Blackwell’s Island Asylum, un hospital psiquiátrico, que estaba en Roosevelt Island, una isla pegada a Manhattan. Destapó las condiciones horribles en las que estaban los enfermos y consiguió que hubiera reformas y mejoras en el sistema. Ahora el hospital ya no existe y lo han convertido en apartamentos de lujo, pero lo que sí se puede visitar en Roosevelt Island es un grupo de esculturas precioso, que se creó hace pocos años en homenaje a Nelly Bly. Se llama The Girl Puzzle, porque es el título de uno de los textos que ella escribió cuando tenía solo 18 años. En él reflexionaba sobre el papel de la mujer en la sociedad y se inspiró en la idea de que las mujeres eran tratadas como piezas sueltas, sin encajar del todo en ningún sitio. Como un puzle mal resuelto. Dio la vuelta al mundo en 1889. Una mujer viajando sola, investigando y publicando en ese contexto era algo absolutamente revolucionario. Decidme que no es alucinante lo que hizo esta señora, en esa época, a esa edad. Fascinante. Este libro es un recopilatorio de sus escritos e incluye su famoso viaje alrededor del mundo en 72 días, que fue una carrera contra el tiempo llena de trenes, barcos, retrasos, y decisiones tomadas a toda velocidad. Bly fue alguien que se metía donde nadie quería mirar y que usaba lo que veía para generar impacto real. A mí me ha encantado porque es lo contrario al libro anterior. Es dinamismo, curiosidad, valentía. Porque hay momentos para reflexionar y otros en los que hay que actuar. Madonna no nació en Wisconsin” de Natalia Moreno Y luego está Natalia. Que la amo, la verdad. Qué tía tan creativa, tan simpática, tan inteligente. Este no es un libro autobiográfico como tal, pero casi. Porque lo que cuenta nace de una mirada muy personal, muy particular sobre la identidad, el éxito, la construcción de una misma. El libro utiliza a Madonna como punto de partida, pero en realidad habla de nosotras. De cómo nos construimos, de cómo nos contamos quiénes somos, de cómo nos adaptamos o nos traicionamos para encajar. Natalia desmonta cosas todo el rato: expectativas, versiones antiguas de una misma, ideas que creíamos que eran inamovibles. El libro se sitúa en ese punto en el que ya no puedes seguir siendo quien eras, pero todavía estás viendo quién puedes llegar a ser. El lenguaje de Natalia es descarnado, crudo, absolutamente directo, a veces incómodo, a veces salvaje. No suaviza nada. Este libro te gustará si lo que buscas es sacudirte, cuestionarte y desmontar versiones de ti que ya no están alineada con quien eres ahora. Tres libros. Tres momentos muy diferentes. Tres maneras de escribir y de ver la vida. Que, en el fondo, son tres recordatorios de que no somos una sola cosa, gracias al cielo. Espero que te hayan servido estas recomendaciones, siéntete libre de dejar las tuyas en los comentarios. Y como una también escribe y celebra Sant Jordi, te cuento que, desde hoy y hasta el 25 de abril, tienes todos mis libros y packs con un 20% de descuento y el audiolibro de “Apréndete” a mitad de precio. Aquí puedes verlos todos. Muchas me preguntáis cuál leer primero y es que mis cinco libros son varios mundos diferentes. Empezamos por el primero “Algún día no es un día de la semana”, mi única novela. Si quieres reírte muchísimo y reflexionar muchísimo te gustará esta historia en la que acompañamos durante un año a Sofía Miranda en su búsqueda de la felicidad. Viajes geográficos, emocionales. Odas continuas a la amistad. Unas cuantas hostias vitales y mucho aprendizaje. Lo tienes aquí. Luego tenemos mis tres recopilatorios de artículos, que son perfectos cuando te apetece leer cinco minutos y acabar algo con un sentido, con un aprendizaje. Yo los leería en el orden en el que los escribí: “Las primeras veces”, “Todas mis vidas” (escrito en los tiemps de pandemia) y “Tres minutos”. Los tienes aquí. Y, por último, “Apréndete”, el único sobre autoconocimiento que he escrito hasta la fecha. Es el libro que me habría gustado leer a mí para aprender a tomar buenas decisiones. Hago un recorrido, paso a paso, sobre todos los elementos que necesitamos dominar para diseñar una vida en la que nos queramos quedar. Aquí lo tienes en papel Aquí tienes el audiolibro. Feliz Día del libro, feliz vida, hermosas mías.

3 hábitos que te ayudarán a atravesar el miedo al cambio

Te voy a contar un rollo que seguro que me has escuchado antes si llevas tiempo por aquí: los humanos, por muy modernos que nos creamos, somos unos antiguos. La maquinita que dirige nuestras vidas se diseñó en la época de las cavernas. Sí, tenemos un cerebro troglodita, diseñado para una sola cosa: mantenerte con vida. Y claro, para él, cualquier cambio es de lo más sospechoso. Si algo es nuevo, puede ser peligroso. Si no hay certeza absoluta (cosa MUY complicada), mejor no moverse. Si no lo has hecho antes, alerta máxima. Le da igual que quieras cambiar de trabajo, separarte de tu pareja, decir que no a esa comida familiar, empezar un proyecto o irte sola un fin de semana a una casa rural. Para él, todo eso es peligro de muerte. Y claro, no cambiar no te mata, pero sí te roba la vida. Te la roba en forma de decisiones que no tomas, o en las que tomas basándote en tus miedos y no en tus deseos. Te la roba en forma de conversaciones que no tienes, de caminos que ni exploras. De vidas que dejas sin vivir. Quizás, mientras me lees, crees que voy a contarte cómo yo perdí el miedo al cambio o algo así, pero no, querida. Porque el miedo sigue ahí, lo que cambia es que he aprendido a manejarlo que da gusto, para que no decida por mí, para que no me frene, para que no se quede con una vida que es solo una y solo mía. Así que no vamos a esperar a que el miedo desaparezca. Vamos a entrenarnos para que nos deje vivir. Y, sobre todo, vamos a hacerle trampas, para que ni se entere de que estamos cambiando.

HÁBITO 1. HACER MICROCAMBIOS A DIARIO El problema no es que quieras llevar a cabo un cambio grande. Es que no estás acostumbrada a cambiar nada. Si todos tus días son iguales, si haces siempre lo mismo, si decides siempre igual, tu cerebro entiende que eso es lo seguro y todo lo demás, es una amenaza. Por eso el primer hábito es hacer pequeños cambios cada día. Pequeños de verdad, casi invisibles, ridículos, como por ejemplo: Ir a desayunar a una cafetería distinta a la habitual, e incluso distinta cada día. Desayunar algo diferente cada día. Probar algo nuevo aunque te dé pereza: cerámica, senderismo, recetas nuevas. Ir a trabajar en otro medio de transporte o por otro camino. Cambiarte de sitio en casa: trabajar en otra mesa, leer en otro rincón, cenar en un sitio distinto Cambiar el orden de lo que haces por la mañana (ducha, café, móvil… lo que sea) Escuchar un tipo de música que no sueles escuchar Vestirte de una manera diferente a la habitual (otro estilo, otro color que no llevas nunca) No estamos haciendo nada demasiado épico, sino moviendo algunas piezas del puzle de nuestra vida, que son tan pequeñas, que no desatan las alarmas de tu cerebro, pero sí empiezan a mostrarle que los cambios no son peligrosos, sino necesarios. Y ahí empieza un cambio de mentalidad que tiene que ver con demostrarte que no eres una persona que se queda quita, sino que se pone en movimiento, que cambia.

HÁBITO 2. EXPONERTE A LA INCOMODIDAD CON TODA LA INTENCIÓN Ya, estás pensando que no te mola nada este hábito, pero es que le tenemos mucho miedo a cómo nos vamos a sentir ante ese cambio que tenemos en mente, porque sabemos que nos va a hacer sentir incómodas, y de alguna manera tendremos que demostrarnos que la incomodidad no nos mata y que somos perfectamente capaces de sostenerla. Sí, tú también. Sostener la incomodidad, querida mía, no es peligro, es crecimiento. Es poder. Y eso hay que enseñárselo a nuestro hermoso cuerpo y a nuestro hermoso cerebro. ¿Cómo? De nuevo, exponiéndote en pequeñas dosis, para que no salten todas las alarmas y te bloqueen: Decir “no me apetece” en lugar de inventarte una excusa Pedir ayuda en algo pequeñito. Preguntar una duda en un grupo en lugar de quedártela Decir “prefiero esto otro” cuando hay varias opciones No estar de acuerdo en una conversación y decirlo con toda la calma No responder inmediatamente a un mensaje si no quieres Decir “voy a pensarlo” en lugar de decir que sí por inercia Subir un contenido sin editarlo mil veces No justificar cada decisión que tomas Cada vez que haces esto y no nadie se muere, tu sistema aprende que sentir que la incomodidad, no solo no te mata, sino que te ayuda a convertirte en la persona que quieres ser. Que te cuenta que eres capaz y te regala mucha seguridad en ti misma. Porque la seguridad no es algo que una piensa, es algo que una entrena.

HÁBITO 3. TOMAR DECISIONES PEQUEÑAS RÁPIDAMENTE El miedo crece en la indecisión. En el bucle mental sin principio ni fin. En darle mil vueltas a las cosas. En esa espera a tenerlo todo claro (puedes sentarte hasta que te crezca barba). Así que el objetivo es hacer lo contrario: empezar a decidir rápido en cosas pequeñas, mínimas, para engrasar la máquina de tomar decisiones, que se ha oxidado porque hace mil años que estamos subidas en la rueda de hámster, dejándonos llevar por la vida, en lugar de agarrar fuerte las riendas. Decide rápido: Qué comes hoy. Qué harás este fin de semana. Qué serie verás esta semana. Qué podcast vas a escuchar en el coche. Qué vas a hacer con esa hora muerta que te queda entre cita y cita. Sin análisis infinito. Sin buscar la perfección. Decide y olvídate de las otras opciones. ¿Para qué? Para dejar de ser alguien que duda y convertirte en alguien que decide, que cambia, que confía. El miedo al cambio no se supera, normalmente, con algo enorme. Todo lo contrario, ante las grandes decisiones, así de sopetón, te clava en el lugar en el que estás, aunque te esté carcomiendo viva. Pero sí se diluye cuando empiezas a moverte, a exponerte, a decidir. Estos hábitos no solo cambian tu manera de pensar, sino también la de funcionar. La de enfrentarte al mundo, a ti misma, a los cambios que llegarán sin que te lo hayas propuesto y a todos esos que son necesarios para acercarte a la vida que quieres vivir y a la persona que quieres ser. Estos hábitos te ayudan a que, sin casi darte cuenta, pases de protegerte de la vida a disfrutar de ella. Del miedo al cambio, a la incertidumbre, del miedo a decidir hablaremos a fondo en REINVÉNTATE, el programa en el que a través de mi experiencia personal, procesos estructurados y ejercicios prácticos acompaño a mujeres que quieren sustituir la parálisis por acción, conocer sus talentos y darles forma, así como reenfocar sus vidas a todos los niveles.
REINVÉNTATE cierra sus puertas en dos días, el 13 de abril a medianoche.
 

Quiero saber más

  Esto es lo que dicen las alumnas de la primera edición de REINVÉNTATE (majas a más no poder): “He renunciado a mi anterior trabajo, he comenzado en un trabajo alineado con mis valores y lo que yo quiero, más flexible, desde casa y relacionado con lo que quiero.” “Que se me ha hecho corto, que ha sido un gustazo, que te estoy infinitamente agradecida por tu generosidad compartiendo con nosotras, que los colaboradores que han impartido las masterclass son también oro puro,… GRACIAS de corazón Sol!!” “Ha superado con creces mis expectativas! Como comentaste en alguna sesión, tengo la sensación de que me llevo mucho más que mi inversión en tiempo y dinero!” “Estoy admirada de lo competente que eres y de la calidad de tus formaciones. Haré todo lo posible por apuntarme a más formaciones futuras. Gracias Sol. Ha sido un placer. Hasta pronto.” “Es una formación que cubre puntos esenciales en nuestra forma de ver la vida. Te cambia la perspectiva y te hace reflexionar mucho sobre los cambios que puedes implementar para mejorar tu vida. Está llena de consejos que nadie debería de perder de vista para sentirse mejor en todos los aspectos.” “Una formación totalmente recomendable a cualquier mujer que desee conocerse mejor, sentirme poderosa, valiosa , salir de su zona conocida para crear la vida que realmente merece y anhela.”

Cuéntame más

 
Estas son algunas de las preguntas que me habéis hecho sobre REINVÉNTATE:
 
  • ¿Es en directo o grabado?
Es en directo y grabo todas las sesiones para que las tengas DE POR VIDA.
  • ¿Está solo enfocado al cambio en el ámbito laboral?
No, es para cualquier persona que quiera dar un cambio de rumbo en cualquier ámbito de la vida y quiera tener el paso a paso necesario, saber cómo gestionar miedos y creencias, descubrir sus talentos innatos para que la impulsen. Que quiera saber de autonomía financiera, para que ese no sea el obstáculo a la hora de cambiar. Si estás pensando en un cambio laboral, he creado una sesión especial para ti, opcional, en la que te trataré las siguientes cuestiones:
  • Te ayudaré a generar tu propio criterio respecto a tu vida laboral
  • Hablaremos de por qué facturar mucho no es lo mismo que vivir bien (queremos las dos cosas)
  • Cuáles son las preguntas imprescindibles para tener claridad. y decidir correctamente
  • Para qué es necesario diversificar
  • Cómo ampliar tu visión y ser capaz de generar opciones que nunca se te habían ocurrido
¿Cuándo será la próxima edición de REINVÉNTATE? Como pronto, a mediados del 2027, pero no puedo prometerlo.  

Quiero cambiar, reinventarme

  Espero verte pronto al otro lado de mi pantalla. Un abrazo, Sol

La enorme diferencia entre tener el control y tener el poder

Cuando alguna vez pregunto en redes o en mis formaciones qué es lo que más incomodidad os provoca, en la vida en general y cuando os planteáis hacer algún cambio en particular, qué es lo que os genera estrés, hay una respuesta muy repetida: sentir que no tengo el control. Pensamos, o más bien sentimos, que lo que necesitamos para sentirnos tranquilas, seguras, dueñas es tener más control. Control sobre lo que va a pasar. Sobre cómo van a salir las cosas. Sobre cómo van a reaccionar los demás. Sobre los tiempos. Sobre los resultados. Paradójicamente (o no), cuanto más intentamos controlar, más tensión sentimos. Porque hay algo de lo que no nos damos cuenta: el control es una ficción. O sea, una mentira. Tenemos control sobre muy pocas cosas. No controlamos lo que los demás piensan. No controlamos cómo reaccionan. No controlamos todas las variables de un proyecto. No controlamos cómo van a ser nuestros hijos, ni cómo son nuestros padres, ni nuestras parejas, ni nuestros jefes, ni nuestros compañeros de trabajo. No controlamos cómo se van a comportar nuestros clientes. No controlamos si va a llegar una pandemia o si va a llover dos meses seguidos. Pero nos pasamos la vida intentando controlar todo eso, agarrándonos con fuerza a una mentira y dándonos cabezazos, una y otra vez, contra un muro indestructible. Y seguimos haciéndolo porque seguimos creyendo que así seremos dueñas, estaremos tranquilas, seguras. Una y otra vez, perpetuando la historia interminable. Intentando preverlo todo. Anticiparnos a todo. Evitar cualquier error, cualquier imprevisto. Sin movernos, porque el movimiento, según esta estructura mental nuestra tan rara, genera descontrol. Y eso agota. Tensa. Frustra. Todo lo contrario a la tranquilidad, la seguridad. Porque lo que quieres, hermosa mía, para vivir tranquila y para ejecutar los cambios que te apetecen, no es tener el control (básicamente porque es imposible). Lo que quieres es tener EL PODER. El poder no tiene nada que ver con que todo salga como tú quieres. Tiene que ver con saber que, pase lo que pase, sabrás gestionarlo. El poder es dentro. Todo lo importante es siempre dentro. Es saber que tienes herramientas. Que tienes recursos. Que puedes sostenerte también cuando las cosas no salen como esperabas. Que vas a saber navegar las tormentas que vengan. El poder es conocerte y re-conocerte una y otra vez. Saber qué es importante para ti. Saber cuáles son tus valores. Y tomar decisiones honrándolos, sobre todo cuando eso es incómodo. Cuando el miedo tira de ti hacia el lado oscuro. El poder es no depender de la mirada ajena. Ni de la aprobación. Ni del aplauso. Ni de la validación constante. Pero tampoco de tus propios prejuicios. De esas voces internas que te dicen cómo deberías ser, qué deberías hacer, qué es lo correcto. El poder es tener un eje sólido, indestructible, que no rígido. Un eje que te permite adaptarte. Que no se quiebra cuando cambian las circunstancias. Que no depende de que todo esté perfecto para sentir paz. Cuando persigues el control, tu atención está fuera. En lo que pasa. En lo que opinan. En lo que puede salir mal. En lo que deberías prever. Cuando estás en el poder, tu atención está dentro. En cómo respondes. En qué eliges. En qué haces con lo que realmente está pasando, aunque no lo hubieras previsto. En qué es lo que te hace sentir bien. El control te mantiene en alerta. El poder te permite estar presente. El control te encoge. El poder te expande. El control intenta evitar la incomodidad. El poder la atraviesa. Algo que es importantísimo para mí es que muchas veces no damos ciertos pasos en la vida porque sentimos que no tenemos el control suficiente. No sabemos qué va a pasar. No tenemos todas las garantías. No podemos prever todos los escenarios. Esperamos a unas certezas que son absolutamente imposibles, no tenemos la bola de cristal, ni la vamos a tener, así que esperamos eternamente, porque lo que buscamos NO EXISTE. Ojalá ahí nos diéramos todas cuenta de que, para vivir y para cambiar nuestra vida no necesitamos más control, sino más poder para sostener la incertidumbre. Más confianza en tus recursos. Más conexión con lo que de verdad te importa A TI. La cruda verdad es que no controlamos cuánto tiempo vamos a estar sobre el planeta, así que sería todo un detalle dejar de esperar a tenerlo todo bajo control para empezar a vivir como quieres. P.D.: durante la mayor parte de mi vida viví bajo el paradigma del control, así estaba de agotada y desquiciada. Pero la vida es sabia, y si no lo haces caso a la primera, te arrea más fuerte a la segunda, y así hasta que le hagas caso. Menos mal que reaccioné, que me reinventé en todos los aspectos de mi vida. No fue fácil, pero valió TANTO la pena. Dejar el control y tomar el PODER me ha permitido vivir la vida que quiero vivir. Y como yo estoy aquí para compartir lo que me sirve, creé el programa REINVÉNTATE.
Ya están abiertas las inscripciones para su segunda edición. Se cerrarán el 13 de abril y no volverán a abrirse, como pronto, hasta mediados de 2027. Tendrás el contenido DISPONIBLE DE POR VIDA.
  Si te inscribes antes del 8 de abril a medianoche, podrás disfrutar de inmediato de un bonus exclusivo: la Masterclass “Mis hábitos imprescindibles para una vida exitosa”. Para mí el éxito es no querer ser otra persona, haciendo ninguna otra cosa, en ningún lugar que no sea este en el que estoy. En esta Masterclass comparto en detalle todo eso que me ayuda a cuidarme por los cuatro costados: cuerpo, mente, espíritu, energía, para poder crear y sostener la vida que quiero.

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  Si has decidido virar en algún ámbito de tu vida y quieres:
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Entonces REINVÉNTATE es para ti.

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Para esta edición, he creado “Trabajo, dinero y decisiones” un módulo opcional en el que comparto contigo cuestiones sumamente valiosas a la hora de decidir sobre nuestro futuro profesional, ya sea por cuenta ajena o propia.
  • Preguntas que hemos de hacernos para tomar las decisiones correctas
  • Opciones que existen y que no nos planteamos
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Si después de ver toda la información sobre REINVÉNTATE y este módulo AQUÍ tienes clarísimo que te quieres inscribir en ambos…

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  Esto es lo que dicen las alumnas de la primera edición (más majas que todo): “No me atrevo a poner cuantía económica al valor inmensurable que me ha aportado. A mí, que creía que no me hacía falta ninguna reinvención. Estaré eternamente agradecida.” “El curso ha sido mucho más completo de lo que me imaginaba. Abarca muchos conceptos. Algunas sesiones han sido una verdadera terapia psicológica para mi. he hecho varias terapias con varios psicólogos y ninguna me había aportado tanto. También había tenido sesiones de coaching. Pero este curso aporta mucho más.” “He renunciado a mi anterior trabajo, he comenzado en un trabajo alineado con mis valores y lo que yo quiero, más flexible, desde casa y relacionado con lo que quiero.” “Lo que más me ha gustado es que se ha ido dando todo de una forma muy orgánica, el cambio me refiero, en mi caso estaba bloqueada en una situación laboral y Reinvéntate me ha aportado la fuerza, entorno trampolín y autoindagación que necesitaba para hacerme las preguntar correctas para soltar y tomar un trabajo más en sintonía con mis valores y así ha sido, objetivo cumplido”.

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