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A la vida le pido vivirla

Confieso. He vuelto a hacer trampa. Este texto que vas a leer lo escribí el 24 de diciembre del 2020. Dirás: coño, estábamos en plena pandemia. Afirmativo. Te preguntarás: pero tía, ¿por qué vuelves a publicar un texto que escribiste en unos momentos tan diferentes de nuestras vidas? ¿Para qué nos va a servir? Todo son preguntas razonables, y te voy a responder. Hoy he llegado de casualidad a este texto, revisando mi web. Es un texto, efectivamente, escrito en un momento en el que teníamos muy poquita libertad, con lo que yo amo la libertad. Ya sabemos que valoramos las cosas mucho más cuando no las tenemos. Y en esos momentos le pedí a la vida un montón de cosas a las que a lo mejor antes no les daba demasiada importancia, porque pensaba que iban a estar ahí para siempre. Y me prometí no volver a infravalorarlas, disfrutarlas como una loca en cuanto pudiera. Hoy, releyendo este texto, me he aplaudido, porque en los próximos meses voy a honrar todos esos deseos, esa libertad. Las inmensas posibilidades que la vida me ofrece. Qué privilegiada soy. Lo comparto contigo por si leyéndome decides aplaudirte. O por si leyéndome te das cuenta de que quizás estás dando mucho por sentado y que quizás ya es hora de empezar a moverse, a disfrutar de lo que nunca sabemos cuando va a desaparecer. Espero que te guste. Vamos allá: Son las siete de la mañana del veinticuatro de diciembre. Para cuando leáis estas líneas, la cena de esta noche ya habrá sido. De alguna manera, estoy viajando en el tiempo. Solo espero que la prudencia generalizada haya reinado por encima de la majaronería de algunos. Que unos pocos no nos hayan jodido lo que nos queda de año, y me refiero al 2021, porque el 2020 ya está listo. Que no nos hayan robado aún más libertad haciendo un uso indebido de la suya. Y es que en estos días en los que los deseos y los propósitos están de moda yo a la vida solo le pido disfrutarla como si no hubiera un mañana, porque no sé si lo habrá, aunque me gustaría. Le pido volar en un avión durante ocho horas seguidas, contemplar el océano inmenso que ahora se me antoja más inmenso todavía porque así es lo inalcanzable. Prometo aquí que el día en el que abran la veda, iré al aeropuerto más cercano y cumpliré mi sueño de irme con lo puesto al primer destino que se me antoje. Ahora sé que no debo dejar para mañana lo que pueda hacer en un hoy sin coronavirus. Le pido asistir a conciertos multitudinarios donde lo único que se perciba sea el amor por la música y la emoción, nada más. El tembleque previo a que el artista salga al escenario, la histeria cuando lo hace. La mezcla de alegría y tristeza inmensa cuando termina y te agarras a cada nota escuchada. A la vida le pido volver al pueblo de la Costa Brava en el que crecí para celebrar una cena multitudinaria con mis amigas del cole, tener doce años de nuevo, reír hasta el llanto recordando por enésima vez las mismas anécdotas, enumerar a todos los niños que nos gustaron, con los que algunas se casaron. A los que yo ya ni recuerdo porque yo a la vida le pedí muchas vueltas y de momento me las ha concedido. Abrazar a mis compis de pupitre hasta espachurrarlas, bailar toda la noche, ir a desayunar a la churrería que está al lado del colegio y luego dormir todas juntas, como en nuestros cumpleaños de los años ochenta. Le pido paseos por Central Park, por Bryant Park y por todos los Parks de Nueva York, y muchos brunch en el Meatpacking, y quedar, como siempre, con mis chicas neoyorquinas en el Barnes & Noble de Union Square para sentarnos en cualquier banco a divagar y a querernos mucho. Le pido desayunos en la Roma de mi adorada Ciudad de México, amaneceres con vistas al Popocatépetl, abrazada a mi amigo querido. Que la vida me devuelva a la locura de las trajineras de Xochimilco, esas barcazas habitadas por gente que canta rancheras, come tacos y bebe tequila. Que se chocan las unas con las otras en el caos mexicano de colorines que tanto me entusiasma. Le pido paz, que no aburrimiento. Paz de la que te inunda y te hace brillar, de la que te cuenta que todo está como tú quieres que esté, de la que te da seguridad, coherencia, armonía. De la que te llena de aire los pulmones y el alma. De la que construye una cortina de acero entre los que pretenden invadirte y lo que tú no estás dispuesto a entregar. Le pido tardes de lectura en algún sitio con mucha madera y chimenea, de té caliente y manta de pelo suave. De vela con olor a canela y lluvia por la ventana. Si es nieve para qué queremos más. Porque también le pido montaña, mucha montaña y también mucho mar de aguas cristalinas. Mucho de todo, no para compensar estos tiempos raros, sino porque me da la gana. Le pido risa, ilusión, sabiduría y honestidad con uno mismo, que es la única importante. Y salud a chorros, de mente y de cuerpo, la una sin la otra no existen. Sin ambas ninguno de los otros deseos es posible. Le pido a la vida que nos riegue de solidaridad y prudencia. Yo a la vida solo le pido vivirla.
  1. D. Hay algo que me ha emocionado especialmente al releer este texto casi seis años después.
Cuando lo escribí soñaba con conciertos multitudinarios. Cuando tú estés leyendo esto, yo ya habré visto a Bon Jovi en Londres. Hace dos meses bailaba en un estadio al ritmo de Bruno Mars. Soñaba con volver a Nueva York. Tengo un billete para pasar Acción de Gracias allí con mi amiga amada. Pedía montaña, chimenea, silencio, paz. Y resulta que esa montaña, ese silencio y esa chimenea forman parte ahora del lugar en el que vivo. Y no, no he conseguido todo lo que me he propuesto. Ni creo que podamos controlar la vida hasta ese punto. Pero sí creo profundamente que aumentamos muchísimo las posibilidades de que nos pase lo que queremos que nos pase cuando dejamos de arrastrarnos en la inercia y empezamos a preguntarnos cómo queremos vivir. Y después hacemos algo todavía más importante: organizamos nuestra vida alrededor de la respuesta. Precisamente de eso trata PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR, la formación cuyas inscripciones ya están abiertas y que cerraré el 22 de septiembre. Si compras antes de hoy, 19 de septiembre a medianoche, tienes un 30% de descuento. En lugar de pagar 129€, pagas 89€ Tendrás el contenido disponible de por vida. No voy a enseñarte a meter más cosas en tu agenda ni a exprimir mejor cada minuto. Voy a enseñarte todo lo que he aprendido durante estos últimos diez años para decidir qué quieres que ocupe tu vida y crear espacio para ello. A revisar qué es importante para ti. A elegir tus prioridades. A tomar decisiones. A dejar de regalar tiempo a cosas que no lo merecen. A anticiparte a lo que te roba energía. A organizarte teniendo en cuenta cómo eres, qué necesitas y, sobre todo, cómo quieres vivir. Porque podemos pedirle muchas cosas a la vida. Pero después tenemos que hacer nuestra parte. El 22 de septiembre cierro las inscripciones a PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR. Esta noche sube el precio. Puedes inscribirte AQUÍ. Y quizá esta sea una buena pregunta para empezar: Si dentro de seis años releyeras lo que hoy quieres en tu vida, ¿cuántas de esas cosas te gustaría poder decir que ya forman parte de ella? Un abrazo, Sol Si has disfrutado estos Tres minutos, no te cortes, compártelo con alguien que también los vaya a disfrutar

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No te pido que me entiendas. Te pido que me respetes

No te pido que me entiendas. Te pido que me respetes. Oye, lo que nos cuesta entender las dos frases que dan título a este artículo. Y, ojo, porque esto funciona en ambas direcciones: yo tampoco necesito entenderte para respetarte. Creo que hemos confundido ambas cosas y nos estamos complicando la vida innecesariamente. ¿De dónde sale la inspiración para este texto reivindicativo? (Me gusta ponerte en contexto). Pues resulta que tengo unos vecinos que no pueden ser más maleducados y ruidosos (suelen ir juntitas estas dos características) y el otro día, la administradora de la finca me contó que la vecina le había dicho que no entendía por qué nos molestaban tanto (“Nos” es el resto del vecindario) las babas, los arañazos y la peste de su perro en el ascensor. Supongo que piensa lo mismo de los golpetazos a las cinco de la mañana, sus conciertos de piano, etc. Ella no lo entiende. A mí me importa un huevo que no lo entienda. Mi vecina no tiene que entender por qué me molestan sus ruidos, los arañazos del perro o la suciedad en el ascensor. Puede seguir pensando que somos todos unos exagerados. Lo que tiene que hacer es respetar nuestro derecho al descanso, a utilizar los espacios comunes en condiciones y a no sufrir las consecuencias de sus decisiones. De nuevo, no necesito que comprendas mi límite para que tengas que respetarlo. Y dándole vueltas a este principio del respeto sin necesidad de entendimiento me di cuenta de que es aplicable a todo en la vida. Imagina que mañana decido dejar un trabajo maravilloso en el que gano una pasta. O divorciarme de un tío maravilloso al que tú adoras. O no divorciarme del señor al que tú habrías mandado a tomar por saco hace siete años. Decido no tener hijos. Tenerlos sola. Irme a vivir al campo. Irme a vivir a Australia. Dar la vuelta al mundo. Hacerme budista. No volver a tener pareja. Tener una relación abierta. Enamorarme de una mujer después de haber estado casada veinte años con un hombre. Trabajar la mitad aunque gane la mitad. Dejar Madrid y criar cabras en Cuenca. Puedes no entender absolutamente nada. Puede que mi decisión sea objetivamente incomprensible. O puede que no la entiendas porque no te dé la cabeza para imaginar una vida diferente de la tuya. También puede ser. Pero una cosa es entender y otra muy distinta respetar. Entender es un proceso intelectual. Respetar es una conducta. Entender es encontrarle sentido a algo desde nuestros esquemas, nuestra experiencia, nuestros valores. Respetar es reconocer el derecho de otra persona a decidir sobre su propia vida aunque tú, en sus mismas circunstancias, hubieras decidido exactamente lo contrario. Respetar también es reconocer que tu libertad termina donde empieza la del otro. No tienes que aprobar mi decisión. Ni compartirla. Ni admirarla. Ni recomendarla. Simplemente reconocer que es mi vida. No la tuya. No hace falta que te lo explique, que me justifique, que te pida permiso. Porque a veces hacemos eso: damos veinte razones para que el de enfrente diga finalmente: “Ahhhh, vale, ahora lo entiendo”. ¿Y si no lo entiende? Pues nada. Ahora viene la parte graciosa del asunto, porque lo que reclamamos para nosotras tenemos que estar dispuestas a concedérselo a los demás. Tú tampoco tienes que entenderlo todo. No tienes que entender por qué tu amiga sigue con ese tío. Por qué alguien perdona una infidelidad. Por qué otra persona decide no volver a hablar con su madre. Por qué empieza la dieta keto. O se va a un Monasterio. O dona todo su dinero a un zoológico en Canadá. Puede que haya cosas que nunca entiendas porque no conoces toda la historia. Otras porque, sencillamente, sois diferentes. Y otras, de nuevo, porque no te dé la cabeza para más. No pasa nada. Ahora bien, y esto es importantísimo: respetar las decisiones de alguien no significa que esas decisiones no tengan consecuencias en vuestra relación. Puedo respetar que sigas con una pareja que te falta al respeto, pero decidir que yo no voy a quedar con vosotros porque no soporto cómo te trata. Puedo respetar que bebas todos los fines de semana, pero decidir que no quiero acompañarte cuando lo haces. Puedo respetar que perdones una y otra vez a alguien que te hace daño y decidir que ya no quiero pasarme tres horas cada semana escuchando el mismo problema. Puedo respetar que quieras vivir como quieras y, al mismo tiempo, decidir que yo no quiero estar ahí. Puedo respetar que tú tengas un perro en un piso y decider que no tengo por qué aguantar los ruidos y la suciedad Porque respetarte a ti no significa dejar de respetarme a mí. Entender exige que algo encaje en nuestra cabeza. Que podamos encontrarle una explicación, relacionarlo con lo que conocemos, con lo que hemos vivido, con nuestra manera de ver el mundo. No es algo sencillo. Respetar no exige nada de eso. Respetar es fácil P. D. El próximo 15 de septiembre abro las puertas de Planifica bien para vivir mejor, mi formación para aprender a organizar tu tiempo y tu vida poniendo en el centro lo que de verdad es importante para ti. TENDRÁS EL CONTENIDO DISPONIBLE DE POR VIDA Porque al final de eso va también todo esto: de dejar de vivir según lo que se supone que deberíamos hacer y empezar a tomar decisiones conscientes sobre cómo queremos vivir. No se trata de conseguir que te quepan más cosas en la agenda. Se trata de que las cosas que ocupan tu tiempo construyan la vida que quieres. Si sientes que necesitas más claridad, orden y dirección, puedes apuntarte aquí a la lista de espera y serás de las primeras en enterarte cuando abramos las puertas el día 15. 👉 QUIERO SABER MÁS

Hay gente que quiere raro

Hay gente que quiere raro, que entiende el amor como posesión, como expectativa, como surtidor. Hay gente que no sabe que el cariño no se divide, sino que se multiplica. Hay quien dice querer mucho, pero lo importante es querer bien; dar lo que el otro necesita y no lo que a uno le da la gana ofrecer. Y tan importante como el QUÉ es el CUÁNDO y el PARA QUÉ. Hay quien defiende que el amor incondicional existe, y quizás es cierto, pero no debería. No es sano querer a quien nos hace pequeños, a quien nos ignora, a quien nos marea, a quien nos usa para su provecho aunque no se dé cuenta. El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento y el hecho de que haya ignorantes emocionales no les da derecho a someternos. Hay quien cree que el autoamor es egoísmo, pero es todo lo contrario. La vida empieza en uno y, desde ahí, hacia su entorno. Coloquémonos nosotras en el lugar que nos corresponde y a los demás no les quedará más remedio que situarse donde no estorben, donde aporten, donde formen parte de un baile armónico y no de una batalla campal. Hay quien intenta convencerte de que nadie te querrá igual que él. Toda la razón. Y MENOS MAL. Porque el que no desea que elijas a quien querer es que se pasa tu felicidad por salva sea la parte. El amor es, ante todo, LIBERTAD. Nadie te la da, es tuya, aunque lo hayas olvidado. No es que tengas que recuperarla, solo sacártela del bolsillo y mostrársela al resto. Lo mío es mío, no hay manera humana de que me lo robes si yo no te lo entrego. Y no deberíamos entregarnos JAMÁS. Ni prestarnos. Ni olvidarnos en aras de ocupar esto que somos con otras presencias, por divinas que nos puedan parecer. Hay quien quiere raro y te quiere a ratos, a trompicones, con horarios y con chantajes. Lo lícito es sentir que intercambias, no que te aplastan, no que te apagan. No a regalar un precio excesivo por unas migajas de quien solo tú has colocado en un pedestal ficticio. Hay quien quiere raro y se esconde, o se hace omnipresente, o las dos cosas. Hechos y palabras en direcciones opuestas. Grandes carnavales o miseria. Mucha forma sin fondo alguno. Exigencias, demandas, obligaciones, castigos disfrazados. Deberíamos vernos reflejados en el de enfrente. Brillar más cuando aparece. Ser más nosotras que nunca. Quien quiere bien es catalizador, no segadora. Hay quien no respeta cuando decides que hasta aquí y se escuda en la imposibilidad de vivir sin eso que le das. La trampa mortal de creerte importante porque otro te lo cuenta. Somos naranjas enteras, somos el árbol entero. Queramos a pesar de no necesitar, porque necesitar a veces es raro y siempre es mentira. La necesidad es usar, es servir y es no ver al otro. Mejor querer sin carecer: elegir, decir “esto sí y esto no, porque lo quiero y punto”. Hay quien, si te dejas, te arranca la voluntad de merecer. Y te mereces el cielo, no lo dudes. Es preferible que te duela el alma a que te la roben. Hay quien es y está. Y hay quien no puede estar porque el ser le queda muy lejos. Esos no valen, que se vayan a la mierda, o donde quieran. Cosa suya. Y hay quien te quiere valiente, libre, independiente, resolutiva, inteligente, lista, decidida, guapa, sociable, exitosa, hambrienta de sueños y viajes y belleza y vida. Esos son los que quieren normal. Y normal no siempre es común, a menudo es todo lo contrario. P.D.: si te apetece compartir este texto en tus redes, por favor, pon el enlace. Le facilitas la vida a quien necesite leerlo y, de paso, a mí. GRACIAS. P.D.2: solo del 15 al 22 de septiembre se abren las inscripciones para mi formación PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR. Tendrás el contenido disponible de por vida. En ella he organizado, sistematizado y resumido todos los principios que me han servido durante los últimos diez años para organizarme, para sentir que soy la dueña de mi tiempo. Si lo que estás buscando es una formación que te indique la agenda correcta, PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR no es para ti. Básicamente porque ese es el último paso si lo que quieres es agarrar fuerte las riendas de tus días. Si lo que quieres es tener las herramientas para transformar tu mentalidad, sentirte merecedora de manejar tu tiempo, aprender a decir que no, dejar de sentir que más vales cuanto más haces esta SÍ ES TU FORMACIÓN. Porque solo desde ese cambio profundo habrá una mejora en tu agenda. Esto es lo que dicen mis alumnas de la primera edición (majísimas): Hoy siento que dirijo mi tiempo y mi vida y lo que es aún mejor…ya sé darme cuenta cuando no lo hago para volver a mi. Hoy esta hora y pico de clase me ha abierto nuevas puertas, me has hecho recordarme cuales son MIS valores y por que y por quien vivo cada día. Gracias tesoro, que suerte tengo de que hayas aparecido en mi vida. Fina Hola Sol!!! realmente este tema de la planificación me esta cambiando mucho la vida. Hasta una compañera mia de la facultad, con quien somos docentes, me lo ha dicho. Te veo mucho mas resolutiva!!! Maie Impresionante, desde el primer minuto hasta el último. ¡Gracias, de corazón! Maria Jose Que maravilla de sesión! Creencias de merecimiento, voy a buscar más sobre ellas…Eres inspiración y foco para llegar a donde quiero llegar. María Muchísimas gracias Sol!! Ha sido de gran valor esta formación. Todas y cada una de las sesiones aportan muchas herramientas, claridad y concreción y resulta muy fácil ponerlas en práctica. Las he disfrutado mucho. Ahora a por la siguiente!! Mil gracias!! Maria Teresa PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR es una formación de 6 sesiones en la que trabajaremos el proceso completo para conseguir que planifiques con coherencia y efectividad. No para hacer más, sino para disfrutar más y sentirte dueña de tu tiempo, o sea, de tu vida. PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR es para ti si ahora sientes que:
  • No llegas a todo
  • Vives agotada
  • No sabes generar tus propios objetivos
  • No sabes lo que es realmente importante para ti
  • Derrapas por la vida
  • No tienes tiempo para disfrutar
Y lo que quieres es…
  • Ser productiva para tener tiempo libre
  • Ser la dueña de tu reloj
  • Aprender a priorizar y priorizarte
  • Vivir en calma
  • Aumentar tu energía

Quiero saber más

Aprender para ser un poco más felices

Llevo varias semanas preparando mi próxima formación. Super centrada en hacer y hacer. Quizás estés pensando que podía tomarme un descanso en agosto, pero la verdad es que prefiero currar durante este mes y tomarme algunos días más tarde. Las ventajas de ser autónoma. El caso es que, ahora ya está todo listo y preparado para mi lanzamiento y tengo la necesidad imperiosa de absorber, leer, ver, escuchar, mirar alrededor para llenarme después de tanto generar. Busco artículos en internet sobre los temas más variados: altas capacidades, neurodivergencias en general, , intuición, motivación, IA, meditación, etc. Necesito inspirarme para poder inspirar. Y en una de estas encuentro una charla TED que habla justamente sobre el tema que me ocupa: nos pasamos la vida ejecutando y no reservamos tiempo para aprender. “¿Aprender a qué, alma de cántaro, a estas edades?” Pensaréis algunas. Y es que ese es uno de los grandes errores: asumir que, llegada cierta edad, no necesitamos adquirir más conocimientos. Eso sí, nos pasamos la vida derrapando porque no nos organizamos como es debido, descansamos poco y mal, la lista de “pendientes” se acumula semana tras semana, sentimos que la chispa de la vida se quedó allá por los ochenta, no nos decidimos a la hora de planear nuestras vacaciones y así un largo etc. hecho de desconocimiento sobre nuestra propia persona. Quizás crecimos en la creencia de que lo único que podemos aprender son datos centrados en el mundo exterior: ríos de España, tablas de multiplicar, capitales del mundo. Pero la organización, el logro de objetivos tales como descansar o estar en forma, descubrir lo que nos ilusiona o soñar con un destino paradisíaco son parte de nuestra sabiduría, o deberían serlo. Porque no podemos elegir aquello que no sabemos que existe. Y el mundo, ante la limitación, se vuelve pequeño y nosotras más pequeñas todavía. Nuestra grandeza viene determinada por la amplitud de miras, por situar las fronteras de lo posible muy, muy lejos. Y eso es imposible cuando nos pasamos la vida con la cabeza dentro de nuestra jaula particular, sin analizar nuestras actuaciones y sin tomar tiempo para mejorar. Porque de eso va la vida, de mejorar en el sentido más amplio posible. No competir con el resto, sino sentirnos cada día un pelín mejor en nuestra piel, en nuestra cabeza, en nuestra vida. Plantear, replantear, cuestionar para dar un paso en la dirección adecuada, que es la que elegiremos tras echarle un ojo a todas las que conocemos. De nuevo, la necesidad de saber más y mejor, sobre lo que somos y sobre el lugar que ocupamos. Si nuestra profesión lo requiere, y lo requiere casi siempre, nos reciclamos laboralmente. Actualizamos conocimientos, software, sistemas. Ahí no dudamos: TENGO QUE aprender, pues aprendo. Pero cómo nos cuesta cuando lo sustituimos por QUIERO. Somos tan diestras en el cumplimiento de nuestras obligaciones y tan poco en el de nuestros placeres… Pues si es necesario, tomemos el aprendizaje vital como un deber, qué más da, hagámoslo. Observemos a aquellos que son mejores que nosotras: tienen más tiempo libre, se enfadan menos, están más sanos, ordenan sus pensamientos, son libres de la maldita culpa, se dedican a aquello que les apasiona. Y estudiemos cómo lo han conseguido. Son tan humanos como nosotras, en algo podremos imitarles. Hagamos un listado de todo aquello que nos frena, que nos cuesta y establezcamos un plan de acción para eliminarlo o, al menos, diluirlo. Renovémonos, que ya llevamos mucho tiempo siendo la misma persona. Echémosle sal y pimienta al día a día. Nada mejor para la autoestima que hacer algo nuevo o de una manera diferente. Seamos específicas y disfrutonas: esta semana descubriré cinco cantantes, la siguiente buscaré ciudades en las que no superen los veinticinco grados en agosto porque ahí pienso viajar. Aprenderé a hacer esas croquetas que me apasionan, estudiaré de qué va eso de las creencias limitantes porque me da que arrastro unas cuantas. Buscaré a alguien que me enseñe a hablar mejor en público, leeré sobre mujeres que hicieron historia, le echaré un ojo a la biografía de Oprah porque Oprah es la hostia y algo me enseñará. Aumentar nuestras capacidades incrementa nuestras posibilidades. La libertad es elegir de entre todo lo que tenemos a nuestro alcance. Tengamos mucho y tengamos bien. P.D.: si te apetece compartir este artículo en tus redes, por favor, pon el enlace, ayudas a quien lo quiera leer y, de paso, a mí. GRACIAS P.D2.: entre todas las cosas importantes que no nos han enseñado en el cole (ni en ningún sitio) está la planificación, no para hacer más, sino para VIVIR MEJOR. Pero como nunca es tarde si la dicha es buena, he creado una formación con todo lo que yo he aprendido durante los últimos diez años y que me sirve para no derrapar por mis días, para sentir que soy la dueña de mi tiempo. He sido alumna en unas cuantas formaciones de este tipo y siempre echaba de menos lo realmente importante: cómo cambiar nuestra mentalidad. Porque ahí está la respuesta a la pregunta más repetida de la galaxia: SI ME SÉ LA TEORÍA, ¿POR QUÉ NO PASO A LA PRACTICA? Porque de nada te sirve tener todas las herramientas prácticas, si no has trabajado tus creencias, si no sabes lo que es importante para ti, si no te crees merecedora de organizar tu tiempo. Esto es lo que dicen mis alumnas de la primera edición: Hola Sol, acabo de ver la grabación. Solo por la sensación de fuerza y autoconfianza que me ha entrado al escucharte ha sido brutal. Ya puedes dormir tranquila por tu trabajo. Se han eliminado la creencia de que más responsabilidad en el trabajo significa morir en el intento y sí o sí meter más horas.. Y me ha entrado el merecimiento por las venas. Muchas cosas por cambiar. Cabeza reventada despues de la sesión, pecho fuera y postura del Aguila. GRACIAS Lore Gracias Sol por esta formación maravillosa y útil a más no poder… yo soy de hacer, de hacer mil cosas y no parar, ni agotada paro… ahora estoy aprendiendo a simplificar y priorizarme, a decir no y a descansar. Laura Muchísimas gracias Sol!! Ha sido de gran valor esta formación. Todas y cada una de las sesiones aportan muchas herramientas, claridad y concreción y resulta muy fácil ponerlas en práctica. Las he disfrutado mucho. Ahora a por la siguiente!! Mil gracias!! Maria Teresa

Quiero saber más

  PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR es para ti si ahora sientes que:
No llegas a todo Vives agotada No sabes generar tus propios objetivos No sabes lo que es realmente importante para ti Derrapas por la vida No tienes tiempo para disfrutar
Y lo que quieres es…
Ser productiva para tener tiempo libre Ser la dueña de tu reloj Aprender a priorizar y priorizarte Vivir en calma Aumentar tu energía

Quiero planificar bien

Lo que aprendí aburriéndome

Yo de pequeña me aburría, Y MUCHO. Era hija única, muuuuuuuuuy tranquila (sí, muté en algún momento. No sé cuando ni por qué) y no vi a mis padres preocupados por ello, la verdad. Ni a los míos, ni a los de mis amigas. Y mirad qué fenomenal he salido. Si hay alguna por aquí que me conozca y se esté descojonando, en serio, mi desequilibrio es más producto de la genética que del aburrimiento. Soy la más normal de mi familia, por mucho. Me ha dado por escribir sobre esto, porque en verano, quizás más que en otras épocas, se me ponen los vellos como escarpias viendo a niños con las narices pegadas a las pantallas mientras sus neuronas se agrisan. Aburrirse no solo no es malo, sino que es algo fantástico para nuestros cerebros. Lo dice la ciencia y lo digo yo. Tanto me aburría de pequeña que incluso leía: cómics que se amontonaban en el suelo de mi habitación (así estoy, obsesionada con los superheros), novelas que encontraba en las estanterías de mi casa sin que nadie las analizara previamente en la librería infantil especializadísima, las revistas de cotilleos de mi madre. Tan horrible era el aburrimiento que me leía las leyendas de Bécquer, los poemas de Neruda y los “Campos de Castilla” de Machado. Una catástrofe sin parangón para cualquier niño del siglo XXI. Tanto me aburría que veía pelis de todos los tipos y colores: “Siete novias para siete hermanos”, “Mary Poppins”, “Karate Kid”, “E.T.” Las veía en el cine y las podía ver otra vez en mi cabecita cuando volvía a casa y no tenía nada más que hacer. Un horror que ningún niño debería experimentar. Tanto me aburría que escuchaba música: en la radio, ensimismada y muy atenta para grabar en aquellas cintas de casette la nueva canción de moda y ponerla una y otra vez mientras bailaba por los pasillos de mi casa; en el tocadiscos donde ponía los vinilos de mi madre: Alberto Cortez, la Pantoja, la Jurado… Y de mi padre: Fleetwood Mac, Elvis Presley, Earth Wind and Fire,… Algo nada estimulante para estos niños que tanto aprenden en los juegos educativos del sempiterno Ipad. Tanto me aburría, que dibujaba: copiaba animales de mis cuentos, calcaba con los papeles pegados a las ventanas lo que no alcanzaba a copiar, pintarrajeaba cuando no sabía hacer ni lo uno ni lo otro. Y me pregunto qué habría pasado si, en lugar de dejar que me aburriera, mis padres, ante el más mínimo signo de inactividad, me hubieran plantificado una pantalla delante, para que viera unas historias creadas por otros y no por mí. Siempre me he quejado de las interminables sobremesas de los adultos que yo sufría desde mi sillita (visión imposible actualmente. Os doy un euro por cada niño que veáis sentado sin maquinita en un restaurante) pero ahora caigo en que fueron horas (interminables) de observación de aquellos seres, de escucha de conversaciones probablemente poco adecuadas para mi edad. Aprendí a escuchar, a callar, a interpretar, a intuir. Tanto me aburría, que empecé a escribir. Nunca sabré qué habría salido de una Sol rodeada de estímulos externos impuestos por otros y no elegidos por mí, quizás este amor por la escritura habría sobrevivido a todas esas distracciones y hoy estaría aquí escribiendo sobre lo extraordinario de una infancia supermegaultradivertida. O quizás no. P.D.: lamentablemente, cuando llegamos a la vida adulta, pocas nos aburrimos. Todo lo contrario, vamos a toda velocidad por la vida, como si fuera un tobogán lleno de aceite. Sentimos que no llegamos a todo; que a pesar de acabar el día agotadas, no hemos avanzado; sintiendo que las riendas de nuestro tiempo las maneja gente que no somos nosotras. Yo sentí todo eso durante mucho tiempo, y pasito a pasito, generé unos sistemas de planificación que me han llevado a sentir que soy la dueña de mi tiempo, prácticamente siempre. ¿Cómo lo he conseguido? Pues con mucha reflexión, mucho esfuerzo y mucha prueba-error. Pero tú puedes conseguirlo más fácilmente que yo, porque he creado para ti la formación PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR, una formación absolutamente transformacional, donde empezamos a trabajar en el lugar correcto, en tu identidad, no en tu agenda. Porque si tú crees que has de estar disponible siempre para todos, si no crees merecer ponerte la primera en tu lista de tareas, ya te puedes descargar todas las aplicaciones de productividad del planeta que no vas a avanzar. Tendrás la formación disponible para siempre, las inscripciones se abrirán del 15 al 22 de septiembre y puedes inscribirte AQUÍ en la lista de espera. Esto es lo que dicen las alumnas de la primera edición (más bonicas…) Impresionante, desde el primer minuto hasta el último. ¡Gracias, de corazón! Maria Jose Maravilla de sesión!! Información directa, precisa, concisa y llegando al centro de la diana . Como siempre, me encanta!! Sol eres magnífica en lo que haces, que es cambiarnos la vida. Maria Teresa Me ayudas mucho, es un lujazo estar en estas formaciones Sol. El decir “no” me ha ayudado y el priorizarme y darme cuenta de que lo que quiero es paz y calma. Maravilloso.Gracias Ana Hola! acabo de terminar de ver todas las sesiones. Mi cuaderno lleno de apuntes y herramientas tan útiles qué nos aportas, para mejor nuestra vida. Millones de gracias. Leonor PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR es para ti si ahora sientes que:
  • No llegas a todo
  • Vives agotada
  • No sabes generar tus propios objetivos
  • No sabes lo que es realmente importante para ti
  • Derrapas por la vida
  • No tienes tiempo para disfrutar
Y lo que quieres es…
  • Ser productiva para tener tiempo libre
  • Ser la dueña de tu reloj
  • Aprender a priorizar y priorizarte
  • Vivir en calma
  • Aumentar tu energía

    Quiero vivir mejor

La misteriosa razón de estos vértigos míos

Que el estrés es un asco, lo sabemos todas, pero creo que todavía, la mayoría no somos conscientes de hasta qué punto nos puede reventar la vida. Por eso no hacemos todo lo que está a nuestro alcance para manejarlo, para minimizarlo. No nos damos cuenta, pero nos va la vida en ello. A veces, incluso la supervivencia. ¿A qué viene esto, justo ahora, en pleno agosto, que se supone que es cuando menos estresadas estamos? Pues a que hace un par de semanas le vi la carita de cerca a todo lo malo que puede provocarnos el estrés. Te cuento: Serían las ocho de la tarde cuando veo una llamada perdida de una persona que trabajaba conmigo en mi vida anterior (empresa familiar, hija única, mil marrones, desquicie absoluto) y con la que sigo manteniendo contacto, pero NUNCA me llama. Vamos a llamarle Antonio. Huy, qué raro que me llame Antonio. Le pregunto a Antonio en un mensaje si se ha equivocado al llamarme (a todos se nos va el dedito alguna vez). Su respuesta: un mensaje de voz. Y entonces, por arte de magia o gracias a este cerebro nuestro, que a veces tiene el detalle de echarnos una mano, recuerdo que, justo ese día, Antonio celebra un evento en la empresa familiar (no la suya, la mía, la ex – mía) El olor a chamusquina inundó todo mi cuerpo, mi cerebro y el barrio entero. Aquí están teniendo un sarao de tres pares de narices y Antonio pretende que yo medie, o me encargue o yo qué coño sé, si llevo casi diez años sin currar allí. Yo no escucho el mensaje de voz ni de coña. Me aplaudí entonces y me aplaudo ahora. Y me puse a ver una serie. Y me dio por coger el teléfono y vi en el Instagram de Antonio una narración que claramente correspondía al sarao de tres pares de narices que yo había previsto gracias a mis poderes paranormales (o a que esos mismos saraos me los he comido tres millones de veces a lo largo de mi vida). Durante una milésima de segundo me tensé, hasta que recordé que eso ya no es asunto mío. QUE SE APAÑEN. Más aplauso para mí. Menos mal que me piré. Con lo a gustito que estoy yo con mis formaciones, mis podcast, mis textos y mis cosas. Y seguí viendo la serie, tan pancha. Terminó el episodio y me dispuse a levantarme del sofá para irme a la piltra. Pero AY, AY, AY, que el salón me da vueltas. Las paredes, el techo, el planeta entero se mueven en círculos sobre mí. Mi equilibrio: inexistente. ¿Qué coño me está pasando? Y de nuevo, mi cerebro funcionando como es debido: cari, que tú esto lo has estudiado. Tu mente ni se ha enterado, pero a tu cuerpo le ha pegado un calambrazo de estrés momentáneo que mírate, vas agarrándote a los muebles. Conseguí llegar a mi habitación, que también daba vueltas a toda la velocidad sobre mí y sobre mi cama. Conseguí dormirme subida en aquella peonza cósmica. Siempre fui muy marmota. Me levanté la mar de bien a la mañana siguiente, así que me puse a analizar un poquito más el suceso vertiginoso. La explicación es bastante simple: aunque yo mentalmente pensara «esto ya no es asunto mío, mira tú qué bien», mi sistema nervioso había reconocido una situación asociada durante décadas al estrés y había activado la alarma. Adrenalina, tensión muscular, cambios en la respiración. Todo el cuerpo preparándose para un peligro que ya no existía. Resultado: avería en mis sistemas de equilibrio. Vértigo tremendo. Me pareció todo fascinante, la verdad. Y es que habernos librado de una situación estresante no significa que nuestro cuerpo haya aprendido que ya hemos salido de ella. Yo llevaba casi diez años fuera de aquella empresa. Diez años sin aquellos marrones, sin aquella responsabilidad. Mi parte racional lo tiene clarísimo. Pero mi sistema nervioso ha pasado tantos años repitiendo alerta, problema, prepárate que, después de tanto tiempo, puede seguir activándose ante el estímulo adecuado. Lo primero que pensé fue que vaya maravilla haber salido de allí. Lo segundo, recordar todas las veces en las que se daban esas situaciones. Todos los días, que eran la inmensa mayoría, en los que yo tenía vértigos, eczemas, dolores de cabeza, lumbalgias repentinas y un largo etcétera de mierdas provocadas por el estrés crónico. Cómo pude aguantar aquello. Lo tercero: darme las gracias a mí misma. Por haber tomado la decisión porque, aunque no tenía ni puñetera idea de lo que iba a hacer, fui colocando un pie delante del otro hasta encontrar mi camino. Poco a poco. En la dirección correcta. Acercándome a todo lo que me hacía bien y alejándome de lo que me hacía mal. Como siempre, querida mía, no te cuento esto porque te interese lo más mínimo mi vida, sino porque espero que sí te interese la tuya. Porque uno de mis propósitos es que dejemos de normalizar lo que no es normal. Que nos convenzamos de que merecemos vivir, no sobrevivir. Tomar decisiones, sabernos merecedoras, sabernos capaces. Solo espero que esta historia mía haya servido para que, si estás en una situación que te está constando la salud (la física, la mental) sepas que hay otra manera de transitar nuestros días. Puedes diseñar una vida en la que te quieras quedar. La alegría que me dará si me dejas en comentarios lo que te haya resonado, de verdad. Así nos inspiramos las unas a las otras. P.D.: Hay dos herramientas que para mí han sido imprescindibles a la hora de cambiar mi vida a mejor, de avanzar poco a poco, con paso firme. La primera es la escritura. Tener una conversación conmigo misma, cada mañana, antes de que el mundo se ponga en marcha, es la mejor manera de tener claridad y foco. La segunda, consecuencia directa de la primera, aprender a planificar, no para hacer más, sino para vivir mejor. Una correcta planificación te da libertad, alegría y calma. Te devuelve la gestión sobre tu vida. Por eso he creado para ti un cuaderno pensado para que retomes el poder sobre tu tiempo, con un ejercicio diario para cinco días: DÍA 1 Descubre por dónde se está escapando realmente tu tiempo. Muchas veces pensamos que el problema son las grandes obligaciones. Pero descubrirás que el verdadero desgaste suele esconderse en decenas de pequeñas decisiones que repites automáticamente cada día. Al terminar este ejercicio entenderás por qué acabas agotada incluso los días en los que sientes que “no has hecho nada importante”. DÍA 2 Descubre qué parte de tu vida estás viviendo por obligación. Aprenderás a diferenciar las cosas que haces porque realmente quieres de las que haces por culpa, miedo a decepcionar o simplemente porque llevas tantos años haciéndolas que nunca te has planteado si siguen teniendo sentido. Descubrirás que muchas de tus decisiones no nacen de tus prioridades, sino de reglas que aprendiste hace mucho tiempo. DÍA 3 Cuestiona las historias que llevan años robándote tiempo. ¿De verdad pasaría algo terrible si dejaras de hacer algunas cosas? ¿O llevas demasiado tiempo actuando para evitar consecuencias que ni siquiera sabes si ocurrirían? Este ejercicio te ayudará a distinguir entre los hechos y las historias que tu mente lleva años contándote. Y ahí recuperarás muchísimo más margen del que imaginas. DÍA 4 Descubre el lugar que ocupas en tu propia vida. Harás un ejercicio muy visual que te permitirá comprobar cuánto espacio ocupan el trabajo, la casa, los hijos, las obligaciones y cuánto espacio ocupas tú. Probablemente entenderás por qué hace tanto tiempo que sientes que tu vida siempre empieza cuando terminas de encargarte de la de los demás. Y descubrirás por qué cuidarte no es egoísmo. Es responsabilidad. DÍA 5 Decide cómo quieres vivir. No terminarás este cuaderno con una lista de tareas. Terminarás tomando una decisión. Una sola. La que puede empezar a cambiar la forma en la que usas tu tiempo y, sobre todo, la forma en la que te relacionas contigo misma.

Quiero ser dueña de mi tiempo

Espero que te sirva, Sol