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Una clave imprescindible para atreverte a hacer ese cambio en tu vida.

Hay momentos en la vida en los que sabemos perfectamente que algo tenemos que cambiar. Lo sentimos en el cuerpo. En el cansancio. En la falta de ilusión. En esa sensación de estar viviendo una vida que ya no nos representa del todo en la que estamos subidas en una rueda de hámster que va a toda velocidad y no nos lleva a ninguna parte. A mí me ha pasado varias veces. Sabía que tenía que cambiar cosas, pero no tenía la fuerza para hacerlo. O la valentía. O los recursos. O el espacio mental Pero lo que me faltaba casi siempre era la conexión con la vida que podría haber al otro lado de ese cambio. Con mi Yo futura. Con la calma, la realización, la alegría. Cuando estás agotada, cuando todo tu día está lleno de obligaciones, cuando llevas demasiado tiempo en piloto automático, tu cabeza solo ve el coste, el esfuerzo, los riesgos. La montaña de tareas. Y desde ahí es difícil encontrar la energía necesaria para tomar decisiones importantes. ¿Cómo lo conseguimos, entonces? Yo estoy aquí para compartir lo que me ha servido, y a mí me ha ayudado mucho lo siguiente: encontrar maneras concretas de conectar con la persona que quiero ser y con la vida que quiero vivir. Porque ese es el objetivo, lo que me señala la dirección, lo que tirará de mí cuando las fuerzas flaqueen. No he de tener ganas, he de tener un objetivo que me importe lo suficiente como para ponerme en movimiento cuando no me apetezca lo más mínimo. Y no hablo de fantasías ni cosas etéreas. Si llevas tiempo por aquí ya sabes que me gusta lo práctico. Estas son tres cosas que hago para encontrar esa conexión (y te cuento que últimamente las estoy usando mucho, porque el suelo se nos mueve a todas, amiga) Primera herramienta: imaginar un día normal en esa vida que quiero. No imagino el gran sueño, ni el momento épico en el que todo es absolutamente ideal. Simplemente un día cualquiera en el que esté a gustísimo. Un martes cualquiera dentro de esa vida que quiero construir. Cómo me levanto. Cómo empiezo el día. Qué tipo de trabajo hago. Cuál es mi ritmo (amo las mañanas tranquilas, ya te lo digo). Cuánto espacio tengo para pensar, para respirar. (IMPRESCINDIBLE) Cuáles son mis irrenunciables en esa vida. Cuando voy de la idea abstracta a la concreta, a un día normal, algo se ordena y se vuelve mucho más tangible. Ya tengo un punto de partida. Ya puedo preguntarme qué pequeñas cosas puedo hacer para encoger la distancia entre mi día actual y ese día que quiero crear. Segunda herramienta: pensar en lo que voy a soltar Cuando pensamos en cambiar de vida solemos preguntarnos qué vamos a ganar. Pero a mí me ayuda mucho preguntarme lo contrario: qué va a dejar de estar. Qué cosas que hoy me pesan desaparecerían en la vida que quiero construir La autoexigencia constante. Esa mochila que cada vez pesa más (los hijos, el trabajo, los padres, LA VIDA) Esa sensación constante de ir corriendo a todas partes, derrapando todo el rato. Ese agotamiento mental que hace que todo es cuesta arriba. Pensar en lo que desaparecería me aligera. Me recuerda que puedo elegir. Y la capacidad de elección nos alivia y nos empodera. Tercera herramienta: preguntarme cómo pensaría la chavala que ya ha hecho ese cambio. Esta es probablemente a la que más recurro. Cuando estoy bloqueada, cuando no sé muy bien qué hacer, cuando estoy agobiada intento salir mentalmente del sitio en el que estoy ahora, tomar distancia, respirar bien hondo, y hacerme una pregunta muy simple: ¿Cómo pensaría en esta situación la mujer que ya ha tomado esa decisión, que ha hecho realidad el cambio, la mujer que quiero ser? ¿Cómo organizaría su tiempo? ¿A qué le diría que no? ¿En qué tareas pondría su energía? Ese pequeño cambio de perspectiva me ayuda a salir del bucle, a ser creativa. De nuevo, a saber que puedo elegir un montón de cosas que quizás no estoy eligiendo por culpa de la inercia. Muchas veces, creemos que para cambiar nuestra vida necesitamos tener todas las respuestas, todo el plan perfectamente trazado. Pero a veces, solo tenemos que conectar con cómo podría ser nuestra vida si nos atreviéramos a cambiarla, poco a poco, paso a paso. Desde ahí, el cambio deja de ser solo un riesgo y empieza a convertirse en una posibilidad. P.D.: De todo esto, de los bloqueos que aparecen cuando sabemos que algo tiene que cambiar, de cómo reconectar con el deseo y con la vida que queremos construir, de cómo pasar de la sensación de estar atrapadas a volver a tomar las riendas, hablaremos en mi programa REINVÉNTATE, cuyas inscripciones estarán abiertas del 2 al 13 de abril. En él compartiré con vosotras las herramientas que a mí me han ayudado a cambiar de rumbo varias veces en mi vida y a construir una vida en la que me quiero quedar. Esto es lo que dicen las alumnas de la primera edición de REINVÉNTATE: “Las clases han tenido un gran impacto y me están ayudando a dar pasos y avanzar donde quiero. Los ejercicios me están ayudando a afianzar este cambio.” “REINVÉNTATE ha superado mis expectativas y ha merecido MUCHO la pena: el nivel de ilusión, disfrute y confianza en mi que he recuperado, las cosas que han pasando en mi vida (en distintos ámbitos) y los pasos que me está llevando a dar me hacen ver la formación muy barata para lo que me está aportando.” “Creo que ha valido mucho la pena. Ha sido un viajazo en todos los sentidos. Tus cursos siempre son mucho más de lo que espero en un principio.” “Ha superado mis expectativas. Esperaba más patrones o guías. He encontrado preguntas. preguntas que debía contestar yo y que me han hecho buscar quien soy y que puedo encontrar un camino para ser yo. Merece la pena el dinero invertido, el esfuerzo y el tiempo. Y todavía me quedan ejercicios por hacer.” Trabajaremos desde el análisis de todo lo que nos frena a la hora de reinventarnos hasta la parte práctica: aclarar qué queremos realmente, identificar talentos y empezar a dar forma real a esos cambios que tantas veces se quedan solo en intención. Además, formarás parte de una comunidad de mujeres que están en ese mismo momento de búsqueda y cambio. Tendremos un grupo de Telegram en el que compartiréis dudas, avances y dificultades. Muchas veces el mayor impulso es el entorno que nos acompaña. Si quieres saber más y apuntarte a la lista de espera de REINVÉNTATE, puedes hacerlo aquí. Tendrás el contenido disponible de por vida, puedes hacerlo a tu ritmo. No sabes las ganas que tengo de empezar, querida mía.

Sé lo que NO quiero, pero no tengo ni idea de lo que SÍ

Te he hablado varias veces por aquí de todas las dificultades a las que tuve que enfrentarme en mi reinvención, en todas mis reinvenciones: el agotamiento por el trabajo y la maternidad, la creencia de que no sería capaz de crear nada por mí misma, la frustración por haberme pasado toda una vida preparándome para algo que, no solo no me gustaba, sino que me destrozaba. Y otra de las grandes dificultades, cuando me atreví a pensar YO ESTO NO LO QUIERO, fue “Vale, pero es que no sé lo que SÍ quiero”. Niebla, deriva, angustia. Pensaba, en ese momento, que me faltaba claridad. Con la perspectiva que dan los años, me he dado cuenta de que sí lo sabía, pero es que había demasiadas cosas tapándome los ojos. Miedo. Creencias. Expectativas. Ruido (por dentro y por fuera). Lo primero que nos pasa cuando queremos salir de donde estamos es que les tenemos mucho miedo a las consecuencias. Porque una cosa es reconocer lo que no quieres y otra muy distinta es aceptar lo que implica reconocer lo que sí quieres. Como la respuesta es incómoda, incluso inasumible, tu coco prefiere decirte que no sabes, porque mientras no sepas, no tienes que hacer nada. Escurres el bulto. La segunda cosa que me pasaba era la desconexión conmigo misma. Toda la vida había tomado las decisiones desde el DEBER. Desde la sensatez. Desde la niña buena. Desde lo que se esperaba de mí Cuando llevas toda una vida funcionando así, desde el TENGO QUE, todo eso que QUIERO desaparece, se oxida. Tu voluntad se atrofia. La buena noticia es que puede reentrenarse. Y la tercera cosa que me tapaba los ojos y el alma era el ruido de fuera. Opiniones. Comparaciones. Mucha gente siguiendo el mismo camino, como si fuera el único. Mucha gente diciéndote, “Pero tía, si tienes un trabajo que muchos querrían”. (Inciso, tú no eres “todos”, no sabemos quiénes son “todos”, y a mí qué me importan los “todos”) Con tanto ruido fuera, es difícil escuchar lo que pasa dentro. El problema de ese punto intermedio y raro es que se parece muchísimo al estancamiento. Sabes que algo no encaja, pero no te mueves. Sigues en ese trabajo que no te gusta. En esa relación que ya no te representa. En esas dinámicas que te desgastan. Y poco a poco empieza a aparecer algo que me pone los vellos como escarpias: la resignación. Empiezas a pensar cosas como: “Bueno, es lo que hay”. “Otros están peor”. “Para qué voy a cambiar ahora, si total…”. (Y no terminas la frase, con lo peligroso que es eso) Y así, casi sin darte cuenta, vas estrechando tu vida y a ti misma. No porque no haya opciones, sino porque dejas de tenerlas en cuenta. Te cuento tres cosas que a mí me ayudaron a empezar a avanzar No tuve de repente una revelación divina sobre lo que quería hacer con mi vida, OJALÁ. Lo que sí hice fue empezar a despejar el camino. Lo primero fue tener claridad sobre lo que NO quería. Porque durante mucho tiempo justificaba cosas que me estaban jodiendo vida. Qué importante es la honestidad, amiga. Contarnos la verdad para poder mirarla de frente y ponernos en marcha. Lo segundo fue reconectar con deseos pequeñitos, hacer más de lo que SÍ (de lo que sí me llenaba, me alegraba, me inspiraba, me relajaba) Como la gran pregunta de QUÉ QUIERES HACER no me veía capaz de contestarla, empecé con preguntas mucho más pequeñas. ¿Qué me da energía ahora mismo? ¿Qué cosas me apetecen? ¿Dónde disfruto? Leer más. Disfrutar más de cualquier tipo de arte. Conocer gente nueva. Pasar tiempo a solas, escribiendo. Buscar la inspiración. Lo tercero fue empezar a moverme sin tener todas las respuestas. Yo pensaba que primero tenía que tener el plan claro. Pero no funciona así: la claridad no llega pensando. La claridad llega haciendo. Probando cosas. Conociendo gente diferente que hace cosas diferentes. Creando un blog sin saber para quién o sobre qué. Apuntándome a un curso de escritura, porque me gustaba escribir, aunque no sabía qué iba a escribir ni a dónde me iba a llevar aquello (Y mira tú, la locurita de vida maravillosa que me he montado(. Alquilando un espacio en un coworking porque trabajar en casa me deprimía. Compartiendo charlas con aquella gente tan dispar que se dedicaba a cosas tan dispares. Atreviéndome a colaborar con otros blogs. Contándole al mundo que estaba cambiando de rumbo, sin saber cuál era el norte, aceptando todos los interrogantes. Si hoy alguien me dice “no sé lo que quiero”, yo ya sé que el problema no es ese, sino todo lo que hay entre nosotras y lo que realmente queremos. Porque nuestros deseos rara vez desaparecen. Lo que pasa es que los sepultamos. Bajo el miedo. Bajo las expectativas. Bajo las creencias heredadas. Bajo las opiniones de los demás. Bajo la inercia de una vida que construimos hace tiempo, cuando éramos otras. A veces, creemos que reinventarnos consiste en encontrar la respuesta correcta. Cuál es tu camino. Cuál es tu proyecto. Cuál es tu sitio. Y no. La reinvención empieza cuando dejas de perseguir la respuesta perfecta y empiezas a apartar lo que te tapa los ojos. El miedo. El deber. Las dinámicas que te empequeñecen Las voces que te dicen cómo tienes que vivir. (Las de fuera y las de dentro) Así que, si estás en ese punto de niebla en el que sabes perfectamente lo que no quieres pero no sabes todavía qué hacer con tu vida, igual la pregunta no es: “¿Qué quiero?” Sino: ¿Qué tengo que apartar de delante para poder verlo? P.D.: Y justo por eso creé REINVÉNTATE. Porque sé lo frustrante que es estar en ese punto en el que sabes perfectamente lo que no quieres, pero todavía no sabes con claridad lo que sí. Esa niebla no se despeja sola. Hay que aprender a cuestionar las creencias que te frenan, a identificar los miedos que te atan donde estás y a engrasar el mecanismo de tu voluntad después de años viviendo desde el deber, la inercia o las expectativas ajenas. Durante 8 semanas, en REINVÉNTATE te acompaño en ese proceso. Trabajamos juntas para que puedas entender qué te está bloqueando, descubrir qué quieres de verdad y empezar a construir una vida alineada con la persona que eres ahora. Desde mi experiencia, con pasos claros y herramientas efectivas. Esto es lo que dicen las alumnas de la primera edición de REINVÉNTATE: “Yo diría que ha superado mi expectativas. Te sigo desde hace mucho, he hecho varias formaciones contigo y tenía confianza plena en la formación. Aún así me ha sorprendido. La forma en que está ordenado y estructurado me ha parecido brillante, el contenido muy completo, los ejercicios te hacen reflexionar y las sesiones en directo son un chute de energía, motivación, ganas, inspiración!! La formación ha terminado pero tenemos material para seguir trabajando mucho tiempo.” “Lo que más me ha gustado es que se ha ido dando todo de una forma muy orgánica, el cambio me refiero, en mi caso estaba bloqueada en una situación laboral y Reinvéntate me ha aportado la fuerza, entorno trampolín y autoindagación que necesitaba para hacerme las preguntar correctas para soltar y tomar un trabajo más en sintonía con mis valores y así ha sido, objetivo cumplido.” “Soy médico, pero me apasiona la nutrición y fomentar hábitos de vida saludables. Gracias a Reinvéntate me he apuntado a un máster de nutrición y me planteo que es posible un cambio de vida, que me aporte más descanso, calma y plenitud.” Si estás en ese punto de tu vida en el que sabes que algo tienes que cambiar, puedes apuntarte aquí a la lista de espera de REINVÉNTATE. Cuando abramos las plazas serás de las primeras en enterarte. Tendrás el contenido disponible de por vida. Puedes hacerlo a tu ritmo. Y ojalá, dentro de un tiempo, puedas mirar atrás, como me pasa a mí ahora, y pensar: “Menos mal que me atreví a moverme cuando todavía no tenía todas las respuestas”.

El miedo al que sí deberíamos hacerle caso

Desde chiquitina tengo clarísimo cuál es mi mayor miedo. No es fracasar, ni equivocarme, ni a la muerte, ni al dolor. Mi mayor miedo es llegar al final de mi vida y darme cuenta de que no hice todo lo que quise y pude hacer. Imaginar ese momento en el que una ya no puede hacer más y pensar: “Podía haberlo intentado. Podía haber disfrutado más. Podía haber caminado hacia aquel sueño”. Esa idea me da sudores fríos, tembleque máximo. De hecho, muchas de las decisiones importantes que he tomado en mi vida han tenido al miedo como protagonista. Estarás flipando, porque siempre digo que el miedo no debería decidir por nosotras. Me explico. No hablo del miedo paralizante, sino del que impulsa. Me reinventé profesionalmente, por ejemplo, en gran parte porque me daba pánico imaginarme dentro de veinte años en aquel trabajo que me estaba carcomiendo por dentro y por fuera (qué de herpes, gastritis, vértigos, eczemas…) Desde fuera, lo sensato parecía quedarse allí. Empresa familiar. Hija única. Había invertido años, esfuerzo, estudios. Todas las esperanzas puestas en mí (ojito con la presión). Pero pensar en quedarme allí cinco, diez, veinte, treinta años se me antojaba como algo inasumible, doloroso. Como una pesadilla. Terrorífico. Cuando nos planteamos cambiar cosas importantes en nuestra vida aparecen siempre las mismas frases en nuestro coco saboteador y miedoso: “Ya es tarde para cambiar.” (dy detrás ponemos nuestra edad, da igual si el número es un 25 o un 64), “Con todo lo que me ha costado llegar hasta aquí…” “¿Cómo voy a tirarlo todo por la borda ahora?”. Se nos olvida que 1) No somos eternas 2) La vida solamente va en una dirección: hacia adelante y 3) No estamos obligadas a seguir siendo siempre la misma versión de nosotras mismas solo porque un día tomamos una decisión. A todo este pastel se le suma el miedo al qué dirán, que es un miedo bastante absurdo, la verdad, y también muy eficaz para mantenernos quietas, estancadas, clavadas. Y, por supuesto, está el miedo a la inestabilidad, especialmente la económica. Y la duda, ese pensamiento de “¿y si me equivoco?, ¿y si lo que tengo ahora es lo más seguro que consiga después?” En toda esta diatriba se nos olvida el factor más importante: el objetivo es estar más a gusto que la hostia en nuestra propia vida. Honrar el privilegio de estar vivas que, por cierto, no sabemos cuánto va a durar. Curiosamente, casi siempre creemos que el gran peligro es cambiar. Que lo arriesgado, lo loco, lo insensato es intentar algo nuevo. Que lo que puede llevarnos al arrepentimiento es movernos. Pero, amiga, existe otro arrepentimiento mucho más frecuente y mucho más cabrón: el de no haberlo intentado. El de haberte quedado demasiado tiempo en un lugar que ya no era para ti. De hecho, lo realmente majara sería no cambiar. Lo inaudito sería atravesar décadas de vida, experiencias, pérdidas, aprendizajes, descubrimientos, y seguir queriendo exactamente lo mismo que queríamos hace veinte años. Lo aterrador es que pasen los años y descubrir que te quedaste más tiempo del necesario en lugares que te encogían, que no probaste aquello que te hacía cosquillitas en los entresijos, que decidiste desde la supuesta prudencia, que en realidad solo era miedo. No tenías que haber sido sensata, sino VALIENTE. No podemos no tener miedo, menos mal, por otra parte. Lo que queremos es elegir qué miedo tenemos en cuenta a la hora de decidir: El miedo a cambiar o el miedo a no hacerlo nunca. Porque intentar algo y que no salga como querías puede fastidiarte, claro. Pero descubrir demasiado tarde que ni siquiera lo intentaste suele doler bastante más. P.D1.: en el último episodio de mi podcast, comparto contigo 4 claves para reinventarte después de los 40 (o los 50, o los 74). Puedes escucharlo aquí. P.D2.: Quizás te estés preguntando cómo lo hice para deshacerme de los miedos que he mencionado y atreverme a hacer todos esos cambios radicales en mi vida. A mí me costó mucho. No tenía referentes, no sabía qué preguntas hacerme ni por dónde empezar. Fui probando, equivocándome, aprendiendo sobre la marcha hasta entender algo importante: reinventarse no tiene tanto que ver con dar saltos al vacío, sino con entender bien qué quieres ahora, qué te está frenando y cómo empezar a moverte con criterio. Con los años he ido ordenando todo lo que aprendí en mis propios procesos de cambio:
  • Cómo detectar qué parte de tu vida ya no encaja
  • Cómo identificar talentos y posibilidades que quizás nunca te habías planteado
  • Cómo tomar decisiones sin que el miedo o el qué dirán lo decidan todo por ti
  • Cómo construir una vida que tenga más sentido para ti ahora, también en lo profesional.
Todo eso es lo que he sistematizado en REINVÉNTATE. Si este texto te ha removido y llevas un tiempo sintiendo que quizá ha llegado el momento de replantearte algunas cosas en tu vida, de hacer cambios importantes en cualquier ámbito, REINVÉNTATE es para ti. Esto es lo que dicen las alumnas de la primera edición de REINVÉNTATE: “Di muchas vueltas antes de comprar el curso y me alegro infinito de haberlo hecho. El contenido está super bien estructurado, está lleno de herramientas y ejercicios que van directos al meollo. Merece muchísimo la pena el dinero y el esfuerzo invertidos.” “Me ha merecido la pena 100%. Creo que me ha aportado herramientas fundamentales para crecer. Es un dinero y un tiempo muy bien invertido en mí misma. Me ha aportado màs de lo que me ha costado.” “Es la mejor inversión que he hecho en formación pues me ha aportado lo que necesitaba, las preguntas que Sol hace son clave para indagar en una misma, con una estructura y foco, además la forma en la que está estructurado ha facilitado economizar tiempos.” Abriré las puertas del 2 al 13 de abril. Tendrás el contenido disponible de por vida. Puedes hacerlo a tu ritmo.

Quiero saber más

Quererte mucho es una mierda

Mañana es 8 de marzo y ya sabes lo que toca: felicitaciones, frases bonitas, mucha sororidad. Mucho, vamos a querernosa creer en nosotras, a reivindicar cosas. Muchas empresas hablando de nuestros derechos durante un día, luego ya está. Y, cuanto más se acerca el día, más vueltas le doy yo a una idea: quererte mucho es una mierda. Esta no la has visto venir, si me sigues desde hace un poco de tiempo. Pero si esta tía hasta ha impartido una formación para mejorar la autoestima, ¿se ha vuelto loca? No, o sí, pero mi majaronería no es nada nuevo ni tiene que ver con esto. Porque, claro, el autoamor que veremos mañana en Instagram, el de las tarjetitas, el de los anuncios en las revistas, el de las empresas que se acuerdan de nosotras un día solo, es un autoamor de lo más amable y cariñoso, pero quererte de verdad no es eso. Quererte mucho y bien es tener conversaciones incómodas con gente a la que quieres y a la que temes perder. Es decir: “Esto no me gusta” , “De aquí me piro” aunque estés cagada de miedo. Es poner un límite y sentirte fatal aunque sepas que lo has hecho bien. Es aceptar que quizá el otro no lo va a entender. Temes el rechazo y temes el abandono. Pero aun así lo vas a hacer. Quererte mucho es cumplir los compromisos contigo misma cuando nadie te aplaude. Es levantarte a entrenar. Es sentarte a estudiar. Es apagar el móvil aunque te mueras por cotillearlo todo. Por no pensar. Es hacer lo que dijiste que era importante para ti aunque no apetezca nada. Y eso, amiga mía, requiere de unos grandes ovarios y nos parece una real mierda en el momento. Quererte mucho es acabar con una pareja con la que ya no eres feliz, aunque le quieras. Es distanciarte de amistades que ya no suman, aunque sean de toda la vida. Es dejar un trabajo que te da seguridad pero te quita las ganas de vivir. Quererte mucho tiene que ver con mirar tu historia de frente y estar dispuesta a reescribirla. A abandonar patrones que son conocidos pero que ya no te sirven. Quererte mucho es cambiar de identidad cuando la que tienes ya no te sirve. Ya no quieres decir siempre que sí, ya no quieres aguantar ni poder con todo. Ya está, ya no. Vas cambiando y hay a quien eso no le mola nada, porque ya no saben qué esperar de ti. Y eso es incómodo para todos, pero más incómodo es vivir según lo que otros quieren. Servidora ha pasado por todo eso: adiós a parejas, a la empresa familiar, a entornos que ya no me nutrían, a creencias y miedos que no dejaban espacio a nada más. Y en cada paso rezaba para que todo fuera un poquito más fácil. Para seguir teniendo la fuerza de empujar en la dirección correcta que es una dirección jodida de narices. Y cuando llevas un tiempecito caminando en la dirección correcta y jodida empiezan a pasar cositas: Aparece la calma. Fruto, claro, de tu coherencia. Te respetas (¡Oh, qué bien!) Te miras al espejo y ves a alguien a quien no estás traicionando una y otra vez. ¡Oh, qué bien! (2). Y te diría que todo eso no tiene precio, pero sí lo tiene. Uno que siempre vale la pena pagar. Así que este 8 de marzo no te voy a felicitar por ser mujer ni voy a poner lacitos de colores en ningún lado, porque además el morado me sienta fatal. Lo que sí voy a hacer es invitarte a que te sientas incómoda. A que atravieses tus temores. A que te desafíes. A que te preguntes qué decisión estás postergando por miedo. Qué conversación llevas meses evitando. Porque quererte mucho es una mierda. Pero no quererte lo suficiente es muchísimo peor. P.D. Hoy, sábado 7 de marzo, a las 8:00 se abren las inscripciones para la Edición Especial de Masterclasses que he creado para que no solamente nos celebremos un día, sino que nos pongamos en marcha para apartar todo eso que nos roba la seguridad en nosotras mismas. Las inscripciones se cerrarán el 9 de marzo a las 21:00 Las Masterclasses son grabadas y las tendrás disponibles en cuanto te inscribas y de por vida. Tienen un precio especial por el Día de la Mujer que no volverá a repetirse. En esta edición tienes 3 Masterclasses, que tratan 3 temas que nos joroban la vida entera, que nos roban el poder:
  • La gestión de relaciones tóxicas, tanto familiares como laborales: para que aprendas a ponerte en tu sitio, a generar estrategias que te generen calma en lugar de desquicie, a establecer límites con toda la seguridad y la calma.
  • Decir que no sin culpa: para dejar de poner tu tiempo, tu energía en manos de todo el mundo menos de ti.
  • Gestionar el Síndrome de la impostora, que te cuenta que has llegado hasta aquí por suerte, que eres un fraude y pronto se darán cuenta todos, que no estás preparada. Muchísimas tenemos esa voz en nuestra cabeza y hemos de aprender a no escucharla, porque vida solo hay una y lo que queremos es avanzar y desarrollar todo nuestro potencial de la manera más tranquila posible.

QUIERO SABER MÁS

Iremos al fondo de todas estas cuestiones, porque si nos quedamos en la forma (en cómo tener una conversación difícil, en cómo generar planes) tendremos toda la intención, pero no pasaremos nunca a la acción. Así que vamos a modificar nuestra mentalidad para nos pase lo que queremos que nos pase. Al ser una Edición Especial por el Día de la Mujer, el Pack completo tiene descuentazo y este precio no se repetirá. En cada Masterclass tienes un cuadernos de ejercicios para que vayas al fondo de todo eso que te frena y lo apartes de un manotazo.

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Un abrazo grande, Sol

Tres minutos El difícil equilibrio entre encerrarnos o estar siempre disponibles

Hace unos días escuché un fragmento de una entrevista a Byung-Chul Han que me dejó pensando durante un buen rato. Defendía que perseguir la felicidad es agotador. Y reivindicaba quedarse en casa, en silencio, solos, lejos de la exposición constante y de la disponibilidad permanente. Buscar la felicidad, tal y como la concibo yo, no me parece para nada agotador, sino de lo más divertido. Pero lo de quedarse en casa hizo sonar una campanita en mi cabeza. Porque en las últimas semanas he estado bastante hacia dentro. MUY hacia adentro. He dicho que no a viajes, he reducido planes al mínimo, he disfrutado muchísimo mi templo: mi casa, mi chimenea, mis tés, mi escritura. Este año me he propuesto no cruzar el Atlántico. No quiero jet lag, no quiero pasar muchos días fuera de ese hogar que he construido y que tanto me gusta. No quiero descolocarme. Me gustan mis rutinas. Pero voy a admitir que, hace unos pocos días, sentí que me estaba pasando de frenada. Porque irse al lado contrario (encerrarse del todo, reducir tu mundo al mínimo) no es equilibrio. Reconozco que me obsesiona encontrar el equilibrio en todo en la vida. Tampoco es equilibrio vivir constantemente hacia afuera, quedando sin parar, aceptando toooooodos los planes, estando siempre disponibles, siempre accesibles, siempre en movimiento. Necesitamos la soledad. Necesitamos el silencio. Necesitamos aburrirnos un poco para que algo dentro se mueva. Para, como dice Han, dar movimiento a nuestro mundo interior. Crear. Pensar. Ordenarnos. Pero para que el mundo interior tenga algo que inventar, también necesitamos mundo exterior. Somos seres gregarios. No hablo de hiperconexión, ni de pasarnos el día mostrando nuestra vida. Hablo de crear y cuidar vínculos. De buenas charlas. De intercambio. De esa magia que surge cuando te sientas a desayunar con alguien interesante y sales más despierta, más lista, con más ganas. Esta semana he quedado con un buen puñado de mujeres divinas que me han presentado a otras mujeres divinas. Cada vez me fascina más lo rico que es el universo femenino. He notado algo que me ha encantado: han resucitado las ganas de escuchar, de preguntar, de compartir. He sentido cómo se reactivaba una parte de mí que estaba adormilada perdida. Y he entendido que el equilibrio no es un punto fijo. Es una conversación constante contigo misma. Es ir cambiando los pesos de lado, según el momento, lo que necesites y lo que quieras. El difícil equilibrio solo se consigue siendo dueña. Dueña de lo que pienso. De lo que hago. De cuándo digo que no. De cuándo digo que sí. Es necesario saber cuándo está decidiendo la pereza y cuándo está decidiendo mi voluntad. Cuando estoy huyendo de lo que temo o me estoy dirigiendo a lo que quiero. Yo, por ejemplo, le tengo miedo al cansancio. Mucho miedo. Pánico. La crianza en solitario de mis hijos me dejó una especie de “traumita” por el que tiemblo si pienso en acostarme tarde, en cansarme demasiado. Le tengo terror a volver ahí. Y el miedo me protege, sí. Pero también me limita. ¿Cuántas cosas me estaré perdiendo por decir que no a planes que en realidad me apetecen, solo por miedo a acabar cansada? El objetivo no es no tener miedo. El objetivo es que no decida por mí. Lo mismo que el objetivo no es no encerrarme nunca. Ni socializar siempre. El objetivo es preguntarme: — ¿Esto me nutre o me drena? — ¿Estoy quedándome en casa porque lo necesito o porque me estoy escondiendo? — ¿Estoy saliendo porque me apetece o porque quiero quedar bien? — ¿Estoy diciendo que sí desde la ilusión o desde la culpa? Equilibrio es poder decir que no a lo de fuera para reunirte con lo de dentro sin sentir que te estás perdiendo algo. Y también poder ir hacia afuera sin sentir que estás reventando tu calma para siempre. Equilibrio es elegir con intención. Es saber que habrá semanas de mucha chimenea y otras de desayunos largos y llenos de risas. Que habrá temporadas de escritura en solitario y otras de conversaciones y movimiento. Lo sano no es estar siempre arriba ni siempre hacia dentro. Lo sano es poder oscilar. Entrar y salir. Recogerte y expandirte. Quedarte y exponerte. Que no lo decida la presión social. Que no lo decida la pereza. Que no lo decida el miedo. Que lo decidas tú. Ahí, creo, empieza el verdadero equilibrio. P.D.: creo que hay tres temas que nos roban el equilibrio y el poder sobre lo que nos pasa.
  1. El Síndrome de la Impostora, que no nos deja crecer, porque no nos sentimos lo suficientemente válidas, preparadas, listas.
  2. No saber decir que NO, porque la culpa nos ataca y le tenemos miedo a lo que el otro pueda pensar.
  3. Las relaciones tóxicas, sobre todo, familiares y laborales.
Por eso he creado una Edición Especial de Masterclasses para el Día de la Mujer en la que trato a fondo estos temas y comparto contigo las herramientas que a mí me han ayudado a gestionarlos.
  • Podrás inscribirte en una, en dos, o en las tres con un descuentazo bien hermoso.
  • Son grabadas, así que podrás disfrutarlas en cuanto te inscribas. Las tendrás disponibles de por vida.
  • Acompaño los videos con cuadernos de ejercicios que te guiarán en el paso a paso hacia la verdadera transformación.
Abriré inscripciones solo del 7 de marzo a las 8:00 hasta el 9 de marzo a las 8:00. Para que el Día de la Mujer no se quede solamente en unas cuantas felicitaciones de un día, sino que nos impulse a llenarnos de confianza y seguridad.

4 claves que han construido la vida que quiero

Querida mía: Mañana cumplo 53 tacos. Lo leo y me parece que la cosa no va conmigo. Qué risa. Y en este episodio he hecho algo que me encanta hacer en las fechas clave: parar y analizar cómo he construido la vida que hoy tengo. Una que me mola bastante, la verdad. Y no hablo de una vida perfecta, que ya sabes que eso no existo, hablo de una vida en la que siento que llevo las riendas. ¿Cómo he pasado de habitar la deriva, la inercia y el estrés a esta sensación de gestión la mayoría del tiempo? Repitiendo los patrones, las claves que me acercan a lo que quiero. Esforzándome en lo que sí y soltando lo que no. Durante años viví empujando. Exigiéndome hasta la majaronería. Pensando que la calma llegaría cuando consiguiera algo más. Hasta que entendía que la vida que quiero no llega por casualidad. Se decide. Se protege. En el episodio de esta semana te hablo de 4 claves que han sido imprescindibles para llegar a este punto vita: qué he aprendido al hacer este inventario vital. Qué he dejado de hacer. Qué he empezado a priorizar. Y por qué hoy ya no siento que tenga que pelearme con la vida para llegar a ningún sitio. Si intuyes que algo tiene que cambiar aunque no sepas muy bien qué, creo que este episodio puede servirte. Lo tienes aquí: Y te dejo una pregunta que atraviesa todo el episodio: ¿Qué patrón estás repitiendo que te acerca, o te aleja, de la vida que quieres vivir? Un abrazo enorme, Sol