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¿Soy demasiado buena o directamente soy gili?

A veces, la diferencia está muy clara, pero otras no tantas. Y claro, a nosotras se nos ha dicho que tenemos que ser buenas niñas, así que la duda nos corroe. La culpa nos pellizca a base de bien si creemos que no estamos siendo buenas, ya no te digo malas. Hay momentos en los que una cede y cede, y hace el esfuerzo de entender al otro, de adaptarse. Evitas conflictos, pones de tu parte, respiras, te dices que mejor no saltar. Cierras el pico. Te esfuerzas en dar. Te pones en el lugar del otro. Hasta que llega un momento en el que te preguntas si, en realidad, no estás siendo buena, sino gilipollas. Que levante la mano la que ha estado ahí, la mía está bien alta. Y no es que estés siendo tonta por ser buena. Eres tonta (o mejor dicho, estás actuando desde donde no debes) cuando confundes la bondad con la falta de límites. Después de mucho reflexionar, creo que la diferencia es que ser buena sale del amor (por esa persona, por una manera de estar en el mundo) y el ser tonta nace del miedo. Al rechazo, a la crítica, al abandono, a decepcionar. Ser buena es una decisión tomada con todo el criterio: decido tratarte con respeto, también cuando no estoy de acuerdo contigo. Decido cuidar, aportar, escuchar. Pero también decido protegerme y respetarme. En cambio, cuando no sabes decir NO, cuando justificas lo injustificable o cuando sigues dando y dando donde no hay reciprocidad, eso ya no es bondad: es que, de tanto pensar en el de enfrente, te has olvidado de tu divina persona. Por si no ves clara la diferencia, te pongo algunos ejemplos (cuánto me gustan los ejemplos, qué esclarecedores son):
· Si una amiga te llama solo cuando necesita algo, y tú sigues yendo aunque salgas siempre drenada, eso no es bondad: es miedo a que te deje de querer, a decepcionarla (aunque quizás ella lleve años decepcionándote a ti). · Si en el trabajo dices que sí a todo lo que te piden, aunque no te corresponda, y te dices “bueno, no me cuesta nada” (la rabia que me da esa frasecita), eso no es generosidad: es falta de límites. Es hacerte responsable de lo que les toca a otros. · Si le perdonas a tu pareja comportamientos que te duelen, creyendo que tu amor incondicional lo cambiará, eso no es empatía: es autoengaño. Por cierto, soy de la opinión de que el amor no debería ser incondicional, pero ese es otro artículo.
Ser buena no duele, no desgasta, no te vacía. Todo lo contrario, te da paz. Cuando eres buena, sientes coherencia. Cuando actúas desde el miedo o la necesidad, estás resentida, cansada, confusa. Ahí está tu termómetro. Como siempre, las respuestas están dentro. Para acabar de rematar, te dejo tres claves para no confundir ser buena con ser gili: 1. Observa desde dónde das. Pregúntate: ¿doy porque quiero o porque tengo miedo de perder algo? Si la respuesta tiene que ver con el miedo (a la soledad, al conflicto, al rechazo), para, amiga. Reflexiona y alineate con tu voluntad, no con tu miedo. 2. Busca el equilibrio. Las relaciones sanas son recíprocas. No vamos a llevar la cuenta, pero sí de notar si lo que das tiene algún tipo de devolución. Si siempre estás en el papel de salvadora, de generosa, de entegadora, eso no es un vínculo, es un asco. Imagina una estufa de leña, si no te da calor no sigues echando madera. Pues con las relaciones debería ser lo mismo. 3. Aprende a decepcionar. Sí, es fuerte, o lo parece. Pero poniendo límites, diciendo que no, respetando tu voluntad vas a decepcionar a otros. No pasa nada. No eres una croqueta, no le vas a gustar a todo el mundo. Si al otro solo le molas cuando le complaces, no le interesas tú, sino lo que consigue de ti. Y tú no has venido aquí a complacer a nadie, sino a pasártelo la mar de bien. Espero que estas reflexiones mías te sirvan, querida. Me hará muy feliz que me dejes las tuyas en comentarios. P.D.: lo emocionada que estoy, porque en cinco días nada más se abren las puertas de PODER Y RESPONSABILIDAD, mi nuevo taller, en el que te cuento mi método para cerrar cada año y diseñar el siguiente con toda la intención, para que me pase lo que quiero que me pase.
Para que llegue el 31 de diciembre de 2026 y me felicite por lo conseguido. Para no sentir que he resbalado por el año entero sin saber dónde se me ha ido el tiempo. Para decidir con calma y criterio donde pongo el foco, porque no tengo que llegar a todo, solo a lo importante. Para sentir energía, no agotamiento, no confusión.
Puedes apuntarte AQUÍ a la lista de espera para no perderte la apertura de inscripciones (se cierran el 27 de septiembre) y aprovechar la reducción de precio de los primeros días. ¿Qué te llevas en PODER Y RESPONSABILIDAD?
· Claridad sobre el ahora: un análisis en detalle del punto en el que estás, de lo que ha pasado en el año que termina, a todos los niveles, para ver qué se queda en tu vida, qué se va y qué vas a expandir. · Calma para decidir: para apagar el ruido mental y generar objetivos correctamente y luego priorizar tres de ellos. Porque priorizar no es renunciar, es llenar tu vida de ti. · Foco para avanzar: para diseñar un plan de acción y llevar esos objetivos a tu calendario de una manera realista y flexible,
Preguntas que me habéis hecho: ¿Se parece en algo a la formación de planificación que hubo en la membresía? Es un contenido totalmente diferente. Eso sí, son el complemento perfecto. ¿Cuándo son las sesiones? Son grabadas, así que puedes sumergirte en el taller en cuanto te inscribas ¿Lo tengo disponible por un tiempo limitado? Lo tienes de por vida ¿Sirve solamente cuando acaba el año? Sirve para tener claridad y foco en cualquier momento del año o de la vida.

Apúntame en la lista de espera

P.D2.: si eres emprendedora, esto te interesa. Hace unas semanas te hablé de un Workshop de Nayla Norryh, que ha sido profe mía en varias formaciones, y ahora ofrece una Masterclass Gratuita llamada “3 pilares para crecer con tu negocio mientras disfrutas de más tiempo, más calma y más conexión espiritual”. Yo ya me he apuntado, porque aunque haya escuchado a Nay mil veces, sé que me va a aportar algo que me ayudará a vivir mejor. Te dejo AQUÍ el enlace. Espero que disfrutes de la sabiduría de esta chavala de claridad mental extraordinaria.

3 preguntas incómodas que han mejorado mi vida

No me cansaré de insistir sobre la importancia de las preguntas. Porque se nos olvida, porque las tenemos al alcance de la mano, son gratis y nos pueden cambiar la vida. No nos preguntamos cómo estamos y qué necesitamos, porque no nos damos la importancia que realmente tenemos. No nos preguntamos qué queremos, porque esa ausencia de autoimportancia provoca, claro, que tampoco nos parezca importante nuestra divina voluntad. Y luego están las preguntas que no nos hacemos porque nos incomodan, porque nada más formularlas empezarías a olerte que tienes que tomar decisiones. Y las decisiones nos dan miedo, porque nadie nos ha enseñado a tomarlas. Porque implican la ruptura con lo conocido y eso no nos mola nada. Aunque lo conocido nos joda la vida entera. Ojalá convencerte de que no hacernos preguntas, de que dejarnos resbalar por la vida como si fuera un tobogán lleno de aceite no debería ser una opción. No te voy a soltar otra vez el rollo de que no somos eternas, porque ya lo sabes. Podría compartir miles de preguntas importantes, pero como esto te lo tienes que leer en tres minutos, he elegido estas, porque me parece que actúan como esa primera ficha de dominó que hará caer muchas otras fichas (espero). Vamos allá: 1️⃣ ¿Mis hábitos me acercan o me alejan de la vida que quiero vivir y de la persona que quiero ser? Claro, lo primero es saber quién quiero ser y cómo quiero vivir. Te dejo aquí el ejercicio al que yo vuelvo una y otra vez para definir, para obtener claridad y foco sobre todo lo que quiero y lo que no. Los hábitos no son solo comer sano y hacer ejercicio. Es más, te diría que esos dos son consecuencia de otros hábitos mucho más importantes: hablarnos bien, priorizarnos, planificar nuestro tiempo como si fuera nuestro (que lo es), rodearme de personas que me suman siempre, aprender algo nuevo cada día, dedicarle mi energía solo a lo que depende de mí. Quererme un huevo. Ya, no es fácil, la tendencia tira hacia el lado contrario de todo lo que te he escrito. Pero ahora que ya nos hemos dado cuenta, podemos hacernos cargo y dedicarnos a poner peso en el lado de la balanza que trabaja a nuestro favor, no en el lado que nos aplasta y nos encoge. 2️ ¿Qué partes de mí estoy sosteniendo solo por miedo? Ya, esta es fuerte y, por lo tanto, necesaria. Cuantas veces seguimos interpretando un papel que no nos hace ningún bien: somos la que no molesta, la que siempre está disponible, la que aguanta, la que no pone límites vaya a ser que alguien se enfade. No porque nos encante ser esa persona, sino porque tenemos miedo a lo que pasará si dejamos de serlo. Pero no estamos aquí para actuar o dejar de actuar por miedo, sino para definir, desde todo nuestro poder y nuestra adultez cómo es esa persona en la que me quiero convertir. Y para construirla volveríamos a la primera pregunta, todo se entrelaza. Probablemente no sepas quién eres sin esas etiquetas que te has ido poniendo a lo largo de tu historia, pero es que sentirte plena no tiene que ver con seguir encajando en moldes que otros inventaron, sino con expandirte hasta donde tú quieres. 3️ ¿Cuánto espacio dejo para lo que me hace sentir viva? No para lo que TENGO QUE, sino para lo que me provoca mariposas en los entresijos, para lo que hace que las piezas de lo que soy encajen. Para lo que me construye, me alegra, me emociona. Yo creo que es imposible que nos sintamos realizadas, aunque hayamos encontrado nuestro propósito (aquí te dejo un episodio de podcast en el que hablo del famoso propósito con mi profe de coaching, Beatriz García Ricondo, que es maravilla). Si no nos damos permiso para disfrutar, para reírnos a carcajadas, para mirar al techo escuchando nuestra música favorita, para ir a los conciertos de nuestros cantantes favoritos, para compartir un finde con las amigas del cole. Si todo lo que hay en tu agenda (física o mental) tiene que ver con producir, ser útil o demostrar, no estás viviendo: estás sobreviviendo. La buena noticia es que le puedes dar la vuelta al asunto. No es fácil, pero es posible. Estas tres preguntas no se responden rápido. Si fuera así, ya las habríamos resuelto. No van de escribirlas en tu libreta bonita y olvidarlas. Van de cambiar de mentalidad para ser capaz de escucharte, de tenerte en cuenta. De observar cómo vives y decidir de qué está hecha la distancia que te separa de cómo quieres vivir. Van de hacerte responsable de tu parte, sin excusas, sin justificaciones, sin pedirle permiso a nadie. De ser coherente. Muchas veces, cuando te haces las preguntas adecuadas, de una manera que parece mágica, la vida empieza a ordenarse. No es brujería, es presencia. P.D.: de observar cómo has vivido en el 2025 y definir cómo quieres que sea tu 2026 hablaremos en mi taller PODER Y RESPONSABILIDAD, que abrirá sus puertas solo del 20 al 27 de noviembre. Es un taller grabado, así que lo podrás seguir en cuanto te inscribas.
Durante este taller vas a entender por qué muchas veces actuamos desde los extremos: o nos ponemos excusas y postergamos eternamente, o nos exigimos hasta el agotamiento. Ninguno de esos lugares nos ayuda a avanzar. Desde ahí no nos pasa lo que queremos que nos pase. Lo que sí nos impulsa es aprender a actuar desde nuestra Yo adulta: esa chavala consciente, serena y sabia que todas somos, solo que a veces mantenemos escondida. En PODER Y RESPONSABILIDAD analizaremos nuestro 2025 con todo el orden y la profundidad, para así diseñar un 2026 en el que nos queramos quedar.
Te enseñaré el proceso que yo sigo cada final de año para hacer inventario y definir lo que está por venir. Tendrás las grabaciones y los cuadernos de ejercicios disponibles de por vida. Ya puedes apuntarte AQUÍ a la lista de espera para ser la primera en enterarte cuando abra puertas. ¿Qué te llevas de este taller?

1. Claridad sobre el ahora

  • Revisarás tu año con profundidad y honestidad.
  • Verás qué ha funcionado, qué te ha pesado, qué te ha desbordado. Qué merece desaparecer, quedarse o crecer.
  • Aprenderás a distinguir las decisiones que nacen del impulso o de la exigencia, de las que nacen de tu adulta consciente: la que observa, analiza y elige con criterio.

2. Calma para decidir

  • Te daré herramientas para deshacerte del ruido mental y fortalecer un eje hecho de lo que realmente te importa y quieres conseguir.
  • Tendrás recursos para fijar objetivos en todas las áreas de tu vida. Para tomar perspectiva.

3. Foco para avanzar

Definirás tus tres prioridades vitales para 2026 y diseñarás tu plan de acción (que será tan flexible como realista)

4. Cuaderno descargable para echar mano de él siempre que lo necesites:

Podrás volver a este taller siempre que necesites reajustar o revisar.

3 claves para atreverte a brillar

Me habrás escuchado un montón de veces mencionar el miedo a brillar. Normal, porque me da una rabia… Ese miedo se disfraza, muchas veces, de modestia o de prudencia. No hablo demasiado, me callo mi opinión. No destaco, así no me ven, así no me pueden hacer daño. Pero no hace daño el que quiere, sino el que puede. Cuántas veces hablo con mujeres que me dicen que me dicen que se sienten pequeñas, lo cuál, en realidad, significa que SE HAN HECHO pequeñas. Y eso no puede sr. La solución para que no nos ataquen nunca debería ser encogernos, sino tener todas las herramientas para, o que nos resbale el ataque, o defendernos sin miramientos. Ese miedo a llamar la atención, a destacar, nos convierte en la mitad de lo que realmente somos. Porque brillar no tiene nada que ver con ser vanidosa, sino con estar presente, con ocupar espacio en tu propia vida sin pedir perdón por ello. La alegría que me he llevado últimamente cuando he descubierto cuentas que hablan del GLOW, o sea del brillo (no he encontrado ninguna en español). Y lo que he encontrado me gusta porque tratan de ese magnetismo que no tiene nada que ver con la perfección, sino con la energía que una desprende. Con tener ganas, con ser atractiva en el sentido más amplio de la palabra, que para mí es chorrear carisma, autenticidad, solidez. Brillar también tiene que ver con tu imagen. Pero muchas quizás han creído que eso es superficial (y ser superficial debe ser algo malísimo, no sé, mí no comprende). Nuestra imagen es una parte de nosotras, la parte con la que nos presentamos al mundo. Cuidar la parte externa de lo que eres es una señal de autorespeto. Esa imagen es causa y consecuencia de muchas cosas que nos pasan por dentro. Hace un par de semanas hablé por encima de este tema en una de las sesiones de mi formación de Autoestima y Autovaloración y me sorprendió muchísimo el interés que despertó. Muchas alumnas me dijeron que se habían descuidado, que optaban por lo cómodo sin pensar en lo bonito. que no le daban importancia a lo que se ponían, a cómo se peinaban. Quizás, la importancia que le damos a lo que mostramos hacia el exterior es reflejo de la importancia que nos damos a nosotras mismas. Lo importante no es cómo te ven los demás, sino cómo te sientes tú. Y qué difícil es brillar por fuera cuando no brillas por dentro. Brillar por dentro es saber cómo quieres vivir, tener claro que eso que deseas es lo que te mereces. Tener aficiones, llenarte de ti, de todo lo que te gusta. Brillar tiene que ver, claro, con tener unos amigos de la hostia. Es que tu ritmo se adapte a lo que quieres en la vida, y no al revés. Es cuidar de tus tres dimensiones: la mental, la espiritual, la física. Tu brillo se refleja en cómo te hablas a ti misma y cómo le hablas al mundo de ti. En lo alineada que estás: lo que piensas, sientes, dices y haces van en la misma dirección. Cuando brillas, tus espacios reflejan tu identidad, tus hábitos te llenan de energía, no te la drenan. Tienes una rutina que te gusta, no que te arrastra. Brillar es decidir desde tu voluntad, no desde tu miedo. Puede que a estas alturas del artículo estés pensando “Vale, tía, me has convencido, quiero brillar, ¿por dónde empiezo?”. Las claves para expandirnos, para brillar a lo loco no caben en tres minutos, claro. Te diría, por otra parte, que todos mis contenidos tienen que ver con la intención de que te sepas divina y enorme. Pero vamos a empezar, que es lo importante. Lo primero: ya que tus pensamientos acaban creando tu realidad, vamos a hacer lo posible para que lo que haya en tu cabeza tenga que ver con lo que quieres, no con lo que temes. Escribe tus objetivos. Piensa en todas las cosas que te gustan (te animo, como no, a que te unas al reto #1000cosasquemegustan. Si cada día haces tres cosas que te gustan, al cabo del año son mil. Casi ná. Piensa también en lo que sí puedes, no en lo que no puedes. Y eso tiene mucho que ver con la gratitud. Yo ahora mismo, por ejemplo, agradezco inmensamente poder ir al baño solita y sin dolor, después de un ataque de lumbalgia que me dejó tiesa. Valoremos y agradezcamos todo lo que podemos hacer y todo lo que sí tenemos. Lo segundo: descansa. Sí, soy pesadísima con esto, pero es que es imposible que una bombilla fundida nos dé luz. Pues contigo pasa lo mismo. Lo tercero: ya que estamos acabando el año, te diría que empezaras a trabajar en los famosos propósitos, pero desde la perspectiva de la protagonista de tu vida. Imagina la peli ideal de tu vida ideal. Y aquí, por supuesto, te voy a remitir a ese ejercicio que para mí ha sido un antes y un después; que me permite, diseñar, visualizar, imaginar la vida que quiero. Te dejo AQUÍ el paso a paso que yo sigo, con todas las preguntas y los detalles para guiarte. Ojo, que en mi vida ideal, más que grandes viajes, hay grandes ratos de lectura, de calma. Hay mucho yoga para que mi lumbar me dé las gracias en lugar de palos. Hay charlas con amigos, flores en casa, tardes de manta y sofá, paseos por mis montañas, comida muy rica y muy sana. Calma, mucha mucha mucha calma. No nos liemos, amigas, la vida ideal suele estar más cerca de lo que nos pensamos. Jo, que voy ya casi por los cinco minutos, disculpa, es que emociono pensando en muchas chavalas brillando a lo loco. Iluminando y guiando a otras para que hagan lo mismo. Me encantará que me dejes en los comentarios si se te ocurren más herramientas para que nos volvamos luciérnagas perdidas. P.D.: Al final de cada año, me pregunto qué podía haber hecho para pasármelo aún mejor. Reviso, analizo y planeo cómo aplicar esos aprendizajes al año siguiente. Pues bien, quiero compartir ese sistema-ritual-ejercicio contigo en un taller que he llamado PODER Y RESPONSABILIDAD: el método con el que cierro cada año y diseño el siguiente. Este taller es para ti si:
· Sientes que has pasado el año corriendo, apagando fuegos o sobreviviendo. · Te cuesta mantener el foco y priorizar lo importante sin agotarte. · Te reconoces en el “no llego a todo” y en el “tendría hacerlo mejor”. · Quieres cerrar el año sin culpa ni presión, pero con dirección para sentir que gestionas tu vida en el 2026 (y en todos los años que están por venir). · Necesitas recuperar la paz mental, ordenar tus ideas y elegir con intención qué quieres conservar en tu vida y qué quieres dejar ir. · Saber en qué punto estás realmente, con toda la objetividad. · Sentir que avanzas desde la responsabilidad, no desde el estrés. · Diseñar un año en el que te quieras quedar
Abriré inscripciones del 20 al 27 de noviembre. Será grabado, así que puedes sumergirte en él en cuanto te inscribas. Te dejo aquí el resto de la información y el acceso a la lista de espera.
P.D2.: si eres emprendedora y lo que quieres es planificar el 2026 en tu negocio para facturar más, no trabajando más, sino trabajando mejor, más enfocada, con objetivos claros y un con un plan concreto, quien puede ayudarte es Nayla Norryh con su WORKSHOP DE PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA, yo fui su alumna en 2023 y me ayudó muchísimo a hacerme las preguntas correctas para trabajar con orden, foco y claridad.
Las inscripciones se cierran pronto, el 5 de noviembre y el workshop no se repetirá hasta 2026. Una pregunta que muchas me habéis hecho sobre este workshop es si os sirve cuando estáis empezando. Mi respuesta: ojalá yo lo hubiera hecho nada más empezar, e incluso antes, porque habría ganado en tranquilidad y facturación. Si te inscribes, nos veremos en las sesiones, porque aunque tengo las sesiones grabadas de por vida, escuchar a Nayla es siempre placer y aprendizaje. Tienes aquí toda la info sobre el workshop y te dejo aquí el podcast que grabamos hace unas semanas sobre cómo convertir la planificación en un ritual gustoso. Un abrazo, Sol

No es que no sepas lo que quieres, es que te da miedo desear

Hoy vamos a hablar de algo importantísimo: LOS OBJETIVOS. Sí, amiga, eso que quieres (o que no quieres) son objetivos. O metas. O llámale equis. Estamos ya en el último trimestre del año y, si queremos, para el 1 de enero, tener los famosos propósitos claritos y escritos (porque SÍ, hay que escribirlos. Nos dice la ciencia que así es un 40% más probable que los alcancemos) hay que empezar a trabajar en una misma con antelación. Vamos a poner orden y vamos a engrasar la máquina de fabricar objetivos. Cuántas veces, en mis sesiones con mis alumnas, o con mis amigas, escucho la misma frase: “NO SÉ LO QUE QUIERO.” Yo, las escucho, calladita, y no puedo evitar levantar la ceja izquierda (no sé levantar solo la derecha) y me contengo mucho para no gritar “CLARO QUE LO SABES, ¡COÑO!” Vale, a veces, si hay mucha confi, dejo la contención a un lado y grito como una posesa. No me juzguéis, es por amor. Porque sí lo sabemos, siempre lo sabemos. Siempre lo sabes. Sabes que quieres calma. Que quieres alegría, amor, ligereza. Orden, belleza, amistad, realización personal, diversión. Sabiduría. A lo mejor no sabes qué forma concreta tiene todo eso, pero sabes lo que quieres, porque la gran pregunta nunca es qué quieres hacer o tener, sino QUÉ QUIERES SENTIR. A veces, sí sabes qué forma tiene eso que quieres sentir. Quieres viajar sola. O divorciarte. O teñirte el pelo de fucsia. O cambiar de amigos porque los de ahora ya no te aportan. Quieres poner límites. Quieres un trabajo en el que te diviertas. Quieres ganar la pasta suficiente para tener libertad. Quieres tener un cuerpo en el que te sientas bien. Quieres tener una casa preciosa. Lo sabes. Pero te da miedo hasta pensarlo, ya no te cuento decirlo. O escribirlo.
Vamos a ponerles apellido a los miedos, para poder mirarles a la cara y dejarles bien clarito que aquí mandas tú, no ellos.
Nos da miedo que no salga bien, aunque no definamos qué es ese “que no salga bien”. Nos da miedo que nos tilden de ingratas por querer más, porque “Hay otros que están peor”. No te jode, también los hay que están mejor. Qué raritas somos para lo de las comparaciones, siempre usándolas en nuestra contra. Nos da miedo decepcionar a los demás si vivimos nuestra vida como nos dé la gana. Perder una supuesta estabilidad que nos está robando la energía y la alegría. Perder la aprobación de personas cuyo criterio nos parece una real mierda. Luego tenemos las creencias que viven tras esos miedos: “Eso no es para mí.” “Ya es tarde.” “No puedo permitírmelo.” “Si cambio, voy a quedarme sola.” Lo más peligroso de todo esto es acostumbrarse tanto a esa desidia que dejamos de imaginarnos otra vida. Dejamos de soñar. Y ahí estamos perdidas, aunque siempre podemos reencontrarnos.
Seguimos con los obstáculos a la hora de definir, porque descubrirlos es el primer paso para poder gestionarlos.
A veces renunciamos al qué porque no sabemos el cómo. Pero el CÓMO nunca llega antes del QUÉ. Primero viene el deseo, luego la posibilidad, y después el plan. Así que olvídate un rato del cómo. Enamórate del qué. Escríbelo, dibújalo, imagínalo. Vuélvete locatis con el qué. La claridad tiene una manera misteriosa y mágica de abrir caminos.
Y ahora que hemos hablado de los muros que nos separan de nuestros deseos, vamos a repasar nuestra historia. A aprender de nuestros errores y de nuestros aciertos.
Antes de pensar en el futuro, de generar los objetivos que están por venir, merece la pena mirar atrás. No con resquemor, sino con perspectiva. Algunas de las preguntas que te pueden ayudar a hacerlo de manera constructiva son: ¿Qué decisiones he tomado desde el miedo y cuáles desde la voluntad? ¿Qué he dejado a medias y por qué? ¿Qué versiones de mí necesitan un adiós, o un perdón, o un agradecimiento? ¿Qué aprendizajes quiero que me acompañen y cuáles quiero olvidar para dejar espacio a otros que me sirvan más ahora mismo? Reflexiona tus respuestas, conversa con ellas. Mira de frente a tus miedos y a tus creencias, conversa con ellos. ¿De qué te quieren proteger? ¿Qué te están robando? Y a partir de aquí, el camino para los famosos propósitos del 1 de enero empieza a alisarse. P.D.: el otro día me preguntasteis por Instagram cómo preparaba mi año, si hacía un tablero de visión. La respuesta es que sí, pero antes tengo que saber qué hay en ese tablero, claro. Yo, cada último trimestre del año llevo a cabo dos rituales (sí, los llamo rituales porque es mucho más divertido e inspirador que procesos). El primero, tiene que ver con la vida entera excepto la parte financera. En él, me formulo las preguntas adecuadas para analizar el año que está terminando y:
  • Reconocer lo que me ha pesado
  • Agradecer lo que he conseguido
  • Decidir lo que quiero soltar, lo que quiero conservar
  • Planear lo que quiero expandir
  • Redefinir quién quiero ser y cómo quiero vivir
¿Para qué? (cómo me gustan los paraqués)
  • Para tener claridad sobre lo que me está pasando ahora, porque es facilísimo que la inercia no me deje verlo
  • Para decidir con calma
  • Para conseguir el foco necesario con tal de avanzar.
  • Para llegar a diciembre del año próximo aplaudiéndome.
Como a mí lo que me mola en la vida es compartir lo que me sirve, he creado un taller que tendrás disponible en noviembre con el paso a paso de mi ritual, con todas las preguntas, con un cuaderno bien ordenadito al que podrás echar mano cada año. Si quieres saber más y que te avise en cuanto abra inscripciones (será a mediados de noviembre), haz click AQUÍ. Y hay otro ritual, el que tiene que ver con MI NEGOCIO. Para analizar todo lo que ha pasado en el año que termina y afinar lo que quiero que pase al año siguiente sigo el paso a paso del WORKSHOP DE PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA del que fui alumna en 2023. En él, Nayla Norryh me dio las herramientas para tener orden, claridad y foco, no solo en los números, sino en todo el proceso, desde lo más interno e íntimo hasta lo más operativo. En tres sesiones, esta chavala de estructura mental gloriosa, se las apaña para enseñarte lo que todas las emprendedoras deberíamos saber a la hora de planificar nuestro año. Algunas me habéis preguntado si es útil para quien está empezando: MUCHÍSIMO. Yo no quiero calcular la de tiempo, disgustos y pasta que me habría ahorrado de haber hecho esta formación antes. Las inscripciones se cierran el 5 de noviembre y tienes toda la info aquí. Espero que todo esto te sirva, querida mía, porque pocas cosas agotan más que ir a la deriva en cualquier ámbito de nuestra vida. Feliz sábado, Sol

3 estrategias que uso para mejorar mi foco y disminuir mi cansancio

Nadie me enseñó, ni en casa ni en el colegio, a encontrar la claridad, el foco. A hacerme las preguntas correctas para definir la meta y luego el mapa hasta ella. Nadie me contó que he de saber dónde estoy ahora y decidir a dónde quiero llegar si quiero que me pase lo que quiero que me pase. Si quiero ser la dueña y señora de mi existencia. No tengo que saber qué quiero que me pase, tengo que decidirlo. Y si no lo hago yo, lo decidirán otros. O nadie. No sé qué es peor. Necesito orden. Mental, físico, emocional. Porque solo así alcanzaré mi objetivo supremo: la calma. Lo necesito yo y lo necesitamos todas, solo que a veces no nos damos cuenta. Nos dejamos arrastrar por el día a día, por las urgencias, por los fuegos a apagar, por la incertidumbre. Ay, si alguien nos hubiera contado que estrategias para convertir lo incierto en previsible. Que hay ámbitos de la vida sobre los que resbalamos y ante los que podríamos plantarnos y darles forma para, de nuevo, alcanzar la calma, la claridad y, por supuesto, EL PODER. Hablo de esas cosas que parecen pequeñas pero que no lo son, porque nos construyen día a día: – No sé qué ponerme porque no tengo claro qué quiero expresar con mi imagen, así que agarro lo primero que pillo, aunque no me mole nada. – Como cualquier cosa, a cualquier hora, porque no he decidido cómo quiero alimentarme ni cómo quiero sentirme en mi cuerpo. – Me rodeo de personas que me importan un huevo, porque no tengo el valor de definir qué tipo de vínculos quiero crear. – Trabajo mucho, pero sin saber hacia a dónde voy, qué quiero sentir, cómo quiero vivir. – No me detengo a pensar cómo quiero que sea mi casa, así que me pierdo el placer inmenso de contemplar lo creado y disfrutarlo. Y podríamos seguir así durante tres mil minutos más. En lo laboral puede pasar un poco lo mismo, o un mucho. Cuando no tienes ese mapa, ese equilibrio, esa foto completa —ni en el trabajo, ni en tus finanzas—, no puedes resolver ni elegir. Caminas con una venda en los ojos. Solo reaccionas, una y otra vez. Parcheas, una y otra vez. Y te agotas, una y otra vez. Quizás me estás dando la razón, asintiendo con la cabeza (me encanta imaginarte) y preguntándote, “Vale tía, toda la razón, ¿pero por dónde empiezo?” La respuesta es siempre la misma: PARANDO. Y te lo dice una persona a la que parar le cuesta la vida misma, pero ese es el reto: desafiarte para ser más libre. Parar para pensar es una práctica poco común, pero es justo lo que necesitamos para que el cerebro funcione bien, para que nosotras funcionemos bien: pasar del modo concentración al modo dispersión, y luego volver a enfocarnos. Ese vaivén, que parece improductivo, es una de las cosas más rentables que hay. Parar es lo que permite que el dron se eleve para mostrarnos el conjunto: dónde estamos, qué merece primero nuestra atención y qué puede esperar. Porque ya te digo que llegar a todo es imposible y, además, es una estupidez. Cuando saltamos de un lado a otro no llegamos a ningún sitio. Y lo peor: confundimos el movimiento con el avance. Pensamos que tener foco, claridad, planificación es vivir encorsetadas En realidad, pasa todo lo contrario: el foco nos aparta del ruido y del agotamiento que provoca la dispersión. El foco no es rigidez, es DIRECCIÓN y es la LIBERTAD más absoluta. Es decir “esto ahora sí” y “esto ahora no”. Es descanso, es control. ¿Qué es lo que me funciona a mí para encontrar esa claridad, para abrazar todo mi poder, aparte de parar y dispersarme un rato? 1. Elevar el dron cada semana. Reservo en mi agenda una hora semanal (mínimo) para observarme desde arriba a todos los niveles y preguntarme:
  • ¿En qué he puesto mi energía esta semana?
  • ¿Ha estado alineada con lo que realmente quiero, con el lugar al que quiero llegar?
  • ¿Qué me ha distraído y no me ha aportado ningún valor?
2. Defino mis imprescindibles. Si todo es importante, nada lo es. Elijo tres o cuatro áreas que sean imprescindibles para mi bienestar (por ejemplo: salud, relaciones y descanso). Las escribo, son mi brújula: – ¿Estoy tomando decisiones coherentes con estos ejes? (Ahora mismo he bajado MUCHÍSIMO el tiempo de trabajo y paso varias horas al día investigando sobre salud después del sarao Covid+lumbalgia+efectos secundarios que sigue sufriendo este cuerpecito mío) – ¿Estoy dedicándoles tiempo a esos ejes? (Volviendo al mismo ejemplo: voy a yoga restaurativo dos veces por semana, hago estiramientos en casa dos veces al día, estoy cocinando increíblemente sano, salgo a hacer paseos cortos porque me canso mucho pero necesito moverme, voy al fisio una vez por semana y a hacerme masaje relajante un día a la semana desde que esto empezó) Paro aquí: sí, les dedico tiempo. Como te conozco, a estas alturas quizás pienses que ese es un lujo que no te puedes permitir porque tenemos que currar para vivir y no da tiempo a todo. Totalmente de acuerdo, ahí es donde la estrategia, la planificación y el foco entran en juego (al final de este texto te cuento cómo he conseguido poder parar sin que todo mi proyecto se vaya al garete) 3. Creo rituales de pausa. Entre el HACER y el DECIDIR tiene que haber un espacio, un amortiguador. Puede ser un paseo sin auriculares, tres minutos de respiración o escribir una página en tu libreta bonita. El foco nace del silencio. Del de fuera y del de dentro. Pregúntate:
  • ¿Qué necesito dejar ir para ver con claridad? Quizás un miedo, una creencia, una relación, un hábito…
  • ¿Qué me está pidiendo mi cuerpo que no estoy escuchando?
  • ¿Qué siento cuando pienso en bajar el ritmo y enfocarme en solo dos asuntos?
Y ahora voy a cómo me puedo permitir un parón imprevisto de varios días sin que mi negocio, mis números, mis planes se vayan a tomar por el Jander. Lo primero es decirte que mi mayor habilidad es mi mayor enemiga: tengo mil ideas al minuto. Eso es guay. Ordenarlas, para mí, ha sido una tortura agotadora toda la vida. Así que hice lo que siempre deberíamos hacer ante las dificultades: busqué ayuda. En 2023 descubrí a una chavala que se llama Nayla Norryh y de la que me has oído hablar porque he hecho varios directos y podcast con ella. Solo escuchando uno de sus episodios de podcast tomé varias decisiones importantes para mi negocio, así que decidí hacer uno de sus cursos, el Workshop de Planificación Estratégica. Me parecía una buena manera de testear si esa estructura mental ordenadísima que transmitía era verdad y me era útil. Hostias si lo fue, amiga. Ese Workshop cambió mi manera de organizarlo todo: mi trabajo, mis ideas y mi vida. Porque no somos compartimentos estancos. Porque todo lo que había escuchado hasta el momento eran teorías de señores cuya vida, inquietudes e inseguridades no tienen nada que ver conmigo. Esa planificación que me enseñó Nay —que no tiene nada que ver con rigidez, sino con consciencia, dirección y AUTOCUIDADO— me dio seguridad, porque POR FIN tenía claridad sobre mis números, mi tiempo y mis prioridades. Me dio poder, porque pude decidir con TODA la intención qué sí y qué no quería hacer en mi negocio. Lo que te voy a contar me da mucho pudor, pero me he prometido a mí misma atravesarlo y hablar mucho más de pasta, porque nos lo merecemos. Tanto me flipó el workshop de Nayla, que después seguí con otros cursos suyos. El resultado: dupliqué mi facturación de un año para otro. No currando más, sino currando mejor. Con la mejora de mi facturación, mejoraron mi tranquilidad, mi impacto en más mujeres, mi alegría. Mis ganas de crear. Nay acaba de abrir las inscripciones a su WORKSHOP DE PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA y las cierra el 5 de noviembre. Durante tres días te guiará paso a paso para ordenar tus números y decidir con la cabeza y el alma dónde vas a poner tu energía. Qué te voy a contar a estas alturas de lo que me fascina que lo que me sirve a mí te sirva a ti. Si tienes un proyecto propio, si necesitas esa estructura, claridad, seguridad, te invito a que bichees este Workshop AQUÍ. Una de las preguntas que más me habéis hecho sobre esta formación es si sirve cuando estás empezando a emprender. Mi respuesta: si yo lo hubiera hecho al inicio me habría ahorrado una de errores, tiempo, esfuerzo y pasta que no quiero ni cuantificar. Si decides apuntarte, nos veremos en esas sesiones, porque aunque lo tengo grabado y lo reviso cada año para analizar y planificar, tengo claro que algo aprenderé si asisto en directo una vez más. Feliz sábado, querida mía, cuídate un montón. Sol

Sol Aguirre, experta en crecimiento personal: “Para tener claridad mental y tomar el control de tu vida, escribir es una herramienta imprescindible”

A veces, hay que saber poner orden en medio del caos para volver a poner el foco en lo que de verdad importa, aclarar ideas y retomar el control de tu vida.

La vorágine diaria, las responsabilidades, el estrés, la ansiedad… son muchos los elementos que pueden sacarnos de nuestro centro y hacernos perder perspectiva. Para arrojar luz sobre las sombras, volver a enfocarse, ordenar ideas y mantener la calma, son necesarias algunas estrategias y Sol Aguirre, coach experta en crecimiento personal y escritora, tiene claro que la escritura es una de las mejores herramientas para hacerlo.

Escribir para poner orden mental

Escribir no solo es una tarea destinada a literatos, todos podemos usar esta herramienta para explorarnos, conocernos mejor, poner orden mental e incluso para rebajar la ansiedad aumentando el bienestar emocional. Sol Aguirre, más conocida en redes sociales como @lasclavesdesol, coach experta en crecimiento personal, explica que “escribir ha sido la herramienta imprescindible que me ha ayudado a definir mi rumbo, a escoger mi lugar, a encontrar respuestas, a convertir el miedo en ganas, a atreverme, a pensar, a crear el mapa que me lleva desde donde estoy hasta donde quiero estar. Escribir me regala tranquilidad, confianza y me permite aprender y aprenderme. Escribir lo que me está pasando es la clave para decidir lo que me va a pasar, para inventar una vida en la que me quiero quedar”.

8 maneras en las que escribir puede ayudarte a tomar el control de tu vida

Aguirre ha compartido algunas de las formas en las que la escritura le ha ayudado y cómo puede ayudarte a reencontrarte contigo y a poner calma y orden mental:
  1. He reconocido mis emociones y puedo gestionarlas. Ya no me controlan ellas a mí.
  2. He ordenado pensamientos para poder generar mi criterio y tomar decisiones desde la seguridad y la calma.
  3. He identificado mis valores para definir objetivos alineados con lo que soy.
  4. Minimicé mi carga mental, así disminuyó mi estrés y mi ansiedad. que me permitió descubrirme, conocerme, validarme.
  5. He cuestionado, una y otra vez, todas esas mentiras que me cuenta mi cerebro usando los miedos y las creencias limitantes.
  6. Potencio, cada día, mi creatividad y creo el espacio para encontrar soluciones, para resolver dilemas.
  7. Escribir es el momento de desahogo y alivio de la vorágine vital.
¿Cómo podemos aprovecharnos de la escritura para mejorar y transformar nuestra vida?

El ritual matutino de escritura

Sol Aguirre recomienda seguir un ritual matutino de escritura. Un hábito diario que le ha ayudado a poner el foco en lo importante y que le da más claridad mental. Es lo que recomienda a sus alumnas para ordenar sus pensamientos, ganar energía y enfocarse en lo que quieren. ¿Qué se hace después con estas hojas de escritura matutina? “Las leo de vez en cuando, porque me regalan perspectiva. Me cuentan cuál es mi historia. Si he avanzado, si no. Me dan pistas sobre cuáles son mis patrones, mis habilidades, mis deseos. No me da miedo que alguien las lea, pero si así fuera, eso no evitaría que las escribiera, si acaso, tomaría precauciones”, explica la coach en sus redes sociales. La escritura es una forma de evidenciar o de arrojar luz en nuestra vida y a nuestros pensamientos, necesidades y anhelos más íntimos. “Nunca renunciaría a la herramienta que me ha transformado por completo; que más me ha ayudado a conocerme, a poner orden en este coco caótico, a deshacer nudos que me ahogaban, a inventarme una vida que me flipa”, afirma Sol Aguirre. “No solo escribo en esas páginas matutinas, acudo a sistemas que me ayudan a bucear en lo que me duele, en lo que frena; que me dan perspectiva para tomar decisiones desde la seguridad”.

Cómo integrar la escritura en tu vida

La experta en crecimiento personal afirma que realizar un ritual diario de escritura marca un espacio entre lo de fuera y lo que te ocurre dentro, además, crea presencia y hábito, y le da valor a ese momento que es para ti. Sus estrategias para poder escribir cada día por las mañanas está muy definida:
  • Escribo cada día al despertarme: Así mi cuerpo sabe que es hora de parar y conectar. También evito la pregunta ¿cuándo lo hago? Y me convierto en mi prioridad. La constancia crea el hábito antes que la motivación.
  • Mi escenario divino: Siempre tengo cerca una libreta bonita, mi pluma, una taza preciosa de té y una vela que huela muy bien.
  • Respiro y me centro: Antes de escribir respiro profundamente tres veces, medito durante 3-5 minutos y escaneo mi cuerpo ¿cómo estoy? El coco nos miente, el cuerpo no.
  • Preguntas que me ubican: Empiezo siempre con estas dos preguntas: ¿Cómo estoy hoy física, mental y emocionalmente?, ¿qué necesito ahora mismo? Y me respondo con honestidad y sin juicios.
  • Preguntas que me devuelven el poder: Después toca pasar a la acción. ¿Cuál es la mejor forma de tratarme hoy?, ¿qué puedo hacer para que mi día sea lo más chulo posible? Si me preocupa algo: ¿puedo hacer al al respecto? Si la respuesta es sí: ¿cuál es el primer paso?
  • Cuando hay bloqueo, escribo igual: Si me atasco le pongo nombre al bloqueo, me pregunto qué hay debajo, escribo sobre eso mismo, me recuerdo que escribir bien no es el objetivo. A veces el bloqueo es el mensaje más importante
  • Cierro con intención: Siempre termino con esta frase: “Hoy me comportaré como la persona en la que me quiero convertir”. Esto me conecta con mi visión, me enfoca en la acción y cierra el ritual con propósito.