Ir al contenido principal

Valentina Luján y Sol Aguirre, expertas en autoconocimiento: “Esta es la clave para desbloquear esa vida que tanto deseamos vivir”

¿En qué piensas cuando piensas en ser feliz? La deliciosa conversación entre dos expertas en felicidad ha expuesto este tema de la forma más honesta, profunda y sincera posible y nos han dado los dos pasos para construirla sobre una base sólida basada en el equilibrio.

Entre tanta exigencia y tanto desbordamiento, encontrar un punto de equilibrio se vuelve no sólo deseado sino increíblemente esencial para alcanzar la felicidad. Pero, ¿qué es la felicidad cuando hablamos de encontrarla en el balance? Sobre este tema hablaron las escritoras y expertas en felicidad Sol Aguirre y Valentina Luján, en el podcast de Aguirre, ‘Las claves de Sol’. Y exploraron en una conversación deliciosa cómo el equilibrio en nuestras vidas puede transformar nuestro día a día de una simple supervivencia a una experiencia verdaderamente enriquecedora.Encontrar el equilibrio es clave para transformar nuestra supervivencia diaria en un vivir de forma auténtica.

Y es que hablar de balance, según las expertas, no es únicamente una cuestión de equilibrar responsabilidades cotidianas, sino todo un arte que implica un profundo autoconocimiento y una responsabilidad personal integral. Y aquí es donde está la clave de todo: “necesitamos construir nuestro equilibrio particular para sentir que avanzamos, que somos las dueñas de nuestra vida”, dice Sol Aguirre. En un entorno saturado de expectativas, tanto externas como internas, Valentina Luján nos recuerda lo fácil que es perder el rumbo y caer en un estado de agotamiento emocional si no somos conscientes de nuestras propias necesidades y límites. “La felicidad no es estar contento, no es una emoción. La felicidad es construir una vida plena, una vida que para ti tenga sentido ser vivida, que a TI te satisfaga”, asegura Sol Aguirre.

¿Cómo lograr el equilibrio?

La conversación surge de un detalle que la escritora comenta de forma banal cuando invita a sus seguidoras a “adelantar” todo lo que se pueda. “Chicas, adelantemos trabajo siempre que podamos, porque luego llegan los imprevistos”. No suena para nada pretencioso y sin embargo, dio tan de sí que se grabó un capítulo entero del podcast sobre esta frase tan del día a día. “Cuando hablamos de esta idea tan ambiciosa de felicidad, el equilibrio tiene una función fundamental, porque ¿cómo voy a tener esta vida que me encante vivir si estoy en burnout, angustiada todo el tiempo?“, dice Aguirre. “Todos queremos ser felices, pero nadie entendemos qué es ser feliz”, dice Valentina Luján. Y argumenta que para ella, el primer paso para serlo es entender qué es el equilibrio y construirlo. Y para ello, expone dos pasos fundamentales. El primero es el autoconocimiento, la propia consciencia, una práctica que muchas veces subestimamos. “¿Hasta donde adelanto?”, se pregunta Luján a ese contexto con el que Sol Aguirre sustentaba toda la conversación. “Justamente adelantar constantemente es lo que nos hace caer en el desequilibrio. Cuando tu te conoces, sabes cuándo ya estás cansada y que es ahí cuando sabes parar. Cuando sabes de decir: “ya es suficiente”, dice. Es decir, saber detenerse y reflexionar sobre nuestros niveles de energía y nuestros límites personales. Aguirre menciona la importancia de adelantar trabajo cuando sea posible para reducir la presión de los imprevistos. Pero, ¿dónde está la línea entre ser proactivo y caer en la trampa de la autoexigencia incesante? Aquí radica la función crucial del autoconocimiento: saber cuándo hay que parar, cuándo es el momento de cuidar de nuestra salud emocional y física. Este acto de introspección es complementado por la responsabilidad personal, el segundo paso fundamental según Luján para lograr el equilibrio. “No hay recetas. Todos somos diferentes. Esperar a que alguien te resuelva los problemas es caer en la indefensión. Entonces caes en el personaje de la víctima, lo vuelves un estilo de vida, todas las soluciones quedan fuera y tú te condenas a quedarte donde estás porque crees que el cambio no depende de ti“, dice la experta en felicidad. La verdadera libertad y plenitud surgen al darnos cuenta de que tenemos el poder de moldear nuestra propia trayectoria de bienestar. Es esta responsabilidad personal la que nos permite dejar de buscar recetas mágicas como dice Valentina y, en cambio, inventar nuestra propia fórmula de equilibrio, consciente de que esta fórmula no es estática. Sol Aguirre subraya que construir un equilibrio propio y auténtico es crucial para sentirnos como las dueñas de nuestra vida, capaces de tomar decisiones que nos devuelvan a nuestro centro y nos otorguen el poder de guiarnos hacia un estado de felicidad más estable y duradero. La felicidad, en este contexto, es más que un estado pasajero de contento; es la creación deliberada de una vida significativa. Y no hay tiempo que perder, pues el agotamiento emocional y la desconexión de uno mismo son síntomas de una vida desequilibrada.

¿Soluciones?

Claro que las hay. Y giran en torno a volver a nosotras mismas, a ese núcleo interno que suele ser silenciado por el ruido externo. Tomar decisiones que estén alineadas con nuestro ser más auténtico es el camino para realinear nuestras acciones diarias con nuestros valores personales.

ENTREVISTA A SOL AGUIRRE, COACH, ESCRITORA Y PONENTE

Hay vidas que parecen escritas siguiendo un guion previsible y otras que, de repente, se reconectan y encuentran otro sendero. Sol Aguirre pertenece a este segundo grupo. Escritora, coach, ponente y con un podcast que alcanza más de dos millones de escuchas, hablamos con la creadora de Las Claves de Sol.

Sol Aguirre estudió derecho, trabajó durante casi veinte años en la empresa familiar y, cuando parecía que todo estaba definido, decidió dar un giro que tuvo todo el sentido. Escuchó la voz de su intuición y se permitió reinventarse. Lo que comenzó como un blog personal, pronto se convirtió en mucho más. Las Claves de Sol, es hoy su espacio digital reconvertido en el proyecto que da refugio a miles de mujeres que buscan inspiración, claridad y sentido en su día a día. Con su newsletter usa el humor, la cercanía y una honestidad poco frecuente. Es por ello que Sol ha logrado transformar su experiencia vital en una propuesta de crecimiento personal que desarma clichés, da herramientas y abre nuevas perspectivas. Además, Sol ha dado un paso más: es también escritora y conferenciante. Con varios libros publicados y charlas en las que combina humor, emoción y herramientas prácticas, impulsa para llevar una vida más auténtica. Su filosofía podría resumirse en una de sus frases más potentes: “No me da miedo morirme, lo que me da miedo es no vivir”. Desde ahí construye su enseñanza de vivir con propósito, poner límites a lo que no suma y aprender a reírse de uno mismo para restar gravedad a los miedos y a las expectativas ajenas. Hoy, reconocida como una de las Top 100 Mujeres Líderes en España e incluida en la lista 50 Over 50 de Forbes, Sol se ha convertido en un referente del lifestyle consciente. No solo porque ofrece herramientas prácticas, sino porque encarna con su propia vida esa reinvención serena y valiente que tantas veces buscamos. Estoy muy feliz de esta conversación con ella para Slocum Magazine, porque me acerco a su universo personal y creativo para descubrir cómo ha hecho de la reinvención un arte, y de la autenticidad, su forma más elevada de lujo. Slocum Magazine: Las Claves de Sol empezó como un blog personal. Sin embargo, hoy es un espacio de referencia para muchas mujeres (entre las que me incluyo). ¿En qué momento sentiste que se había convertido en algo tan grande? Sol: Muchas gracias. La verdad es que la dimensión que ha tomado este proyecto no es algo que yo tenga presente a todas horas. Podríamos decir que me doy cuenta cuando alguien de fuera me lo dice, como en esta entrevista.  O cuando me reconocen mis alumnas y seguidoras por la calle, que es muy a menudo. O cuando me mandan mensajes sobre cómo mis formaciones, libros o podcast les ha descubierto que hay otra manera de vivir. Mi foco está en crear contenido y formaciones de calidad, y sido haciéndolo yo sola en mi casa, mi vida es la misma de siempre, que ahora me escuchen decenas de miles de personas no ha supuesto nada nuevo en ese aspecto. Sí pasa que, cuando tengo que enviar información sobre mí misma a alguna empresa con la que voy a trabajar y tengo que hacer inventario de los últimos años, de los libros, del podcast, de los premios, de los logros me entra mucha alegría, la verdad. Porque nunca imaginé poder dedicarme a algo que me gusta tanto y que, a la vez, ayuda a tantísima gente. S.M: Además de tu trabajo como coach, eres escritora, tienes un podcast, escribes una newsletter muy interesante y eres conferenciante. Algunos de tus libros son Apréndete, Algún día no es un día de la semana o Todas mis vidas. ¿Cómo se complementan esas facetas entre sí, y qué te aporta cada una a nivel personal y profesional? S: Soy una persona muy inquieta y curiosa. Hacer solamente una de esas cosas, ya sea escribir, o las formaciones o el podcast acabaría aburriéndome. Date cuenta de que cada una de esas facetas las he creado yo de una manera muy orgánica, muy intuitiva, así que también se combinan así. Un libro surge cuando tengo una idea rondando desde hace tiempo, no tengo tiempos marcados, por ejemplo. En cuanto al podcast y las newsletter, me gusta ponerme en modo creativo y escribir o grabar todos los de un mes en pocos días para luego dejarme tiempo para pensar. Mi trabajo más importante es ese: pensar. Qué necesita mi público, qué necesito yo, cómo diseñar una vida que me llene de calma y alegría. Ese es el objetivo supremo, desde ahí articulo todo lo demás. Ya no diferencio demasiado entre vida personal o profesional, no porque trabaje a todas horas, sino porque todo lo que me nutre en cada una de mis facetas se refleja en las demás. Mis amigos me inspiran y me enseñan muchísimo y eso me construye a nivel personal y profesional. Lo que aprendo sobre cómo funciona el ser humano con mi trabajo, inevitablemente, lo aplico con mi familia, en el día a día. Es maravilloso dedicarme a algo que consiste en compartir lo que a mí me sirve para sentirme mejor, ya sea a través de textos, formaciones, charlas o como sea, la verdad. S.M: Usas el humor como lenguaje, y lo haces tanto en tus redes sociales como en tus escritos, en tus cursos… Sin duda, es una de tus señas de identidad. ¿Cómo aprendiste la potencia de esta herramienta, y qué papel juega la risa en tu manera de acompañar a los demás? S: El humor es parte de quién soy y yo soy la risa nos salva la vida muchas veces. Ojo, la risa inteligente, compartida, amable. Yo he decidido que el ratito que estoy sobre el planeta me lo voy a pasar fenomenal y para mí es imposible pasarlo bien sin una buena dosis de humor al día. Además, y eso sí lo he aprendido, el humor nos conecta, nos ayuda a sentirnos reflejados en el de enfrente, genera complicidad. En mi trabajo es fundamental, con tal de obtener resultados, que quien me escucha me vea como alguien cercano. Y el humor me ayuda muchísimo a conseguirlo. Menos mal, porque no sabría comportarme de otra manera. S.M: Te he escuchado decir alguna vez que “las expectativas son lo que más nos complica la vida”. ¿Hay liberación al soltarlas, verdad? ¿Tienes experiencias de ello con tus coachees? Y en cuanto a poner límites, hablas a menudo de alejarse de lo que no suma. ¿Es difícil manejar la culpa al poner límites? S: Aceptar lo que es y no lo que queremos que sea es fundamental para vivir con un mínimo de calma. Ojo, que aceptación y conformismo no son lo mismo. Aceptamos aquello que no podemos cambiar, y no podemos cambiar a otras personas, solo somos capaces de gestionarnos a nosotros mismos. Eso se nos olvida y ponemos toda la energía en darnos cabezazos contra muros ajenos. Todo ese esfuerzo sería mucho más eficiente y lo empleáramos en conocernos, entendernos y definir lo que realmente queremos en la vida. El conformismo es tragarse una situación, quedarte en un lugar del que podrías salir. No digo que sea fácil, lo que pasa es que los miedos y las creencias nos hacen sentir que tenemos mucha menos libertad de la que realmente tenemos. En cuanto a los límites, no nos han enseñado a ponerlos. Es más, en el caso de las mujeres, lo que nos han contado, con palabras o con el ejemplo, es que más valemos cuanto más aguantamos. Eso es letal. Poner un límite no es darle un puñetazo a nadie, es salvaguardar tus espacios y darte la importancia que realmente tienes.  La culpa disfuncional, que es la que aparece cuando te tratas bien, no cuando tratas a otros mal, es aprendida, hemos de desaprenderla para respetarnos a nosotros mismos. Y eso se consigue atravesándola, haciéndolo a pesar del miedo a la culpa, solo así va perdiendo poder sobre nosotros. S.M: En Slocum Magazine entendemos el lujo como un estilo de vida consciente. Para ti, ¿cuál es hoy el verdadero lujo? S: Sin duda, el tiempo. No recuperamos el tiempo, no sabemos cuánto tiempo nos queda, nadie te lo puede prestar ni regalar. Es el bien más preciado. El lujo es dedicar todo mi tiempo a lo que quiero dedicárselo, es decir, estar presente, ya sea trabajando, charlando con mis amigos o con mis hijos o mirando al cielo. Me da pánico pensar que dejo la vida pasar, que se me van descontando las horas sin hacer algo magnífico con ellas. Algo magnífico puede ser leer, descansar o escribir, insisto. No hablo de la productividad que nos han vendido, hablo de emplear el tiempo en algo útil y yo opino como Rodin cuando decía que «Útil es todo aquello que nos da felicidad”. S.M: Si tuvieras que condensar tu experiencia en tres claves para vivir con más conciencia y menos ruido, ¿cuáles serían? ¿Y si tuvieras que regalar un solo consejo a quienes leen esta entrevista, un mantra vital para el día a día, ¿nos lo regalas? S: Lo primero: el objetivo en la vida es terminar el día diciendo «Joder, qué bien». Ojo, no siempre lo conseguirás, pero es que los objetivos están solamente para darnos dirección, para regalarnos claridad y foco, para guiarnos en nuestras decisiones; para que todas ellas nos acerquen, un milímetro o un kilómetro a eso que queremos. Si no definimos lo que queremos en todos los ámbitos de la vida llegaremos a ninguna parte. Más que preguntarnos qué queremos conseguir, preguntémonos qué queremos sentir, porque de lo contrario es fácil dejarse llevar por lo que se supone que debemos lograr. Lo segundo: ve solamente donde te traten bien. No donde no te traten mal. No, sal de relaciones, lugares, trabajos donde no te traten bien. Y, claro, trátate bien a ti mismo, porque de ahí sale todo lo demás. Cuando tú te respetas, y tienes claro que mereces lo mejor, no toleras otra cosa que no sea ese bienestar. Por último: habla mucho con tu Yo de 99 años, llena de sabiduría y perspectiva. Pregúntale qué es lo que tienes que pensar y hacer para que se sienta orgullosa de lo que has hecho con su tiempo, sus ilusiones y su talento. Si tuviera que decir una sola cosa que nos sirve en el día a día es que nos preguntemos nada más despertar ¿Cómo estás? Y ¿Qué necesito? Y piensa en qué es lo que más se parece a eso que necesitas y que puedes darte para sentirte bien. Esto te ayuda a ponerle intención a tu día y atención a la persona que eres. A no despistarte. S.M: Por último, ¿qué es lo más que te gusta de Slocum Magazine? S: Que defiende la búsqueda de la belleza, que es algo que olvidamos muy fácilmente porque nos centramos en lo meramente práctico. La belleza es una necesidad humana y, si la tuviéramos presente en nuestra vida entera, nos iría mucho mejor. Busquemos la belleza en nuestras relaciones, en nuestro entorno, en nuestro pensamiento, en nuestros gestos cotidianos y eso mejorará radicalmente nuestra vida. Encuentras todo sobre Sol en lasclavesdesol.com Incluidos sus libros, aunque también te los dejo aquí Su newsletter aquí Su podcast lo tienes aquí

El dolor de un millón de euros

Escribo estas letras, querida suscriptora, a las seis de la mañana de un viernes, justo veinticuatro horas antes de que tú las recibas. Ya es raro, porque suelo preparar mis artículos con antelación, para dejarlos dormir y repasarlos con calma, para quedarme tranquila, para tachar tareas, que es algo que me encanta. Pero este texto es diferente, porque sale de un lugar diferente. Diría que es casi una necesidad: la de contar qué me está pasando esos días y que eso que me pasa cale en ti. Vale, es lo que intento normalmente, compartir lo que me sirve, pero esto es otra cosa, porque nace de la vulnerabilidad más absoluta. De saberme frágil. Uf, lo leo y me escuece. Por algo será. Por si no me has seguido en redes estos días (que no me extrañaría, porque Instagram nos oculta que da gusto), te resumo: tuve un Covid, di una formación de dos días, cargué peso, mis lumbares protestaron, volvieron a protestar y luego protestaron tanto que me dejaron inutilizada DEL TODO. De ahí el título de estos #TresMinutos: si hace cuatro días me dicen que me dan un millón de euros por levantarme de la cama o del suelo, los pierdo. Enfrentarme a la IMPOSIBILIDAD es algo a lo que no estoy acostumbrada. Y eso está bien, porque lo desconocido nos enseña mucho sobre nosotras mismas y sobre el margen de maniobra que tenemos sobre la vida. Ahora viene la parte que me gusta, la de compartir mis reflexiones, por si os sirven, que hoy será corta, porque aunque el dolor ha sido exterminado gracias a una reata de drogas dignas de un cantante de Rock desdentado, estoy débil que lo flipas y mi capacidad de concentración es equivalente a la de una mosca. Primera reflexión: soy la tía más afortunada del planeta. Pensarás que el Diazepam me está afectando más de la cuenta. Pues sí, porque voy todo el día como borracha; pero no, porque este dolor físico innombrable no se ha convertido en daño del alma gracias a una cantidad de gente que no se puede contar con los dedos de las dos manos. Que ha estado ahí para lo que pudiera necesitar: mi amiga del cole, Marta Solá, que es traumatóloga en Milán y ha estado indicándome: que si faja, que si corticoides, que si calor… Llamándome antes de entrar a operar a las siete de la mañana, pendiente en todo momento. Mi amigo médico, que me ingresó y me dijo “tu confía en mí” y me llenó las venas de cosas que consiguieron que pasara de no poder moverme a sentarme con toda la tranquilidad al lado de un conductor que él mismo contrató para que me llevara a casa. Ni qué decir tiene que, con el colocón, le pedí matrimonio (a mi amigo, no al conductor). Llorando, además, normal que dijera que no. Igual también influye que lleva veinte años casado con la tía más guapa de la galaxia. Mi amiga farmaceútica, que me ha preparado un pack de suplementos para que me recupere como una campeona. Mi amigo fiel, que me ha puesto los calcetines, me ha levantado de la silla, me ha tapado por las noches, lloro de amor. Todos los que han estado pendientes a cada momento, dispuestos a salir cagando hostias para sostenerme, en el sentido más amplio de la palabra. Mi vecina, que martirizó a su fisio hasta que me vio, cambiando su agenda. La cantidad de seguidoras médicos ofreciéndose para lo que pudiera necesitar. Ya el colmo es que el dueño de la fábrica de la faja lumbar que llevo, la vio por Instagram y se ofreció para enviarme lo que necesitara porque “con lo que tú ayudas, esto es lo mínimo”. Vale, ya estoy llorando. Joder, qué bien. Segunda reflexión: me voy a repetir, pero intensificándome un poco, que la ocasión lo merece. CUIDÉMONOS. Estos días ha habido quien ha debido pensar que andaba muy estresada o que había forzado la máquina, eso he intuido por sus mensajes. No ha sido el caso, de verdad. Se ha dado, simplemente, la tormenta perfecta. Quizás debía haber ido al fisio antes, sí. O cargado menos peso, puede. Pero me cuido. Solo que a partir de ahora, lo del autocuidado y el mimo va a dar incluso ASCO. Porque ha venido mi Yo de dentro de quince años y me ha contado que tengo ahí en la lumbar un puntito débil que ahora no es nada pero que me puede joder la vida. Y a mí, si lo puedo evitar, no me jode la vida nada ni nadie. Así que la semana que viene tengo cita en medicina integrativa, para que me miren hasta la última célula de este cuerpo glorioso que me tiene que durar milenios. El 25 de septiembre me voy a un taller de mi profe de yoga, Elena Ferraris, en el que nos enseña a fortalecer el core. Mi entrenador, Mario Orellana, ya me ha preparado un programa enfocado a dejarme la espalda como Hulk, Thor, el Capitán América y la Capitana Marvel. Pilates a mansalva. Y todo lo que encuentre. Ah, y lo que pese, que lo lleve MRW, que también tienen que vivir. El estrés lo mantengo muy a raya, tengo que decir. Mis montañas ayudan mucho en eso, pero más yoga va a haber, ya te lo digo, por el coco y por todo. Tercera reflexión (pues menos mal que esto iba a ser breve): hay y va a haber momentos jodidos. De todo tipo. No nos dejemos ir, por favor. Resbalar por la vida no debería ser una opción. Porque todo mejora un pelín si, al levantarte, aunque te duelan hasta las pestañas, enciendes una vela que huele que te flipa (especial mención a la de vainilla de Cerería Mollá y a las de Charuca). Si te pegas una duchita calentita escuchando a Teddy Swims y luego te hidratas con algo que huela bien (aunque no te puedas agachar y solo llegues hasta el culete). Si, al levantarte, antes de tomarte el Omeprazol, el ibuprofeno, la vitamina B y los probióticos (porque el estómago también se descompone, CLARO) te pones tu perfume favorito y haces lo mismo antes de irte a dormir. Si, ya que estás metida en casa todo el puto día, te plantas una mascarilla capilar perenne, para que, cuando puedas salir, tengas el pelo más brillante de la galaxia. Al final, querida mía, estoy hablando de verte, de escucharte y de mimarte como siempre deberíamos hacer, solo que a veces lo necesitamos más. Da igual si es una lumbalgia de mamut, una ruptura, una pérdida. La receta es siempre la misma: amor, responsabilidad y autocuidado. Yo ya no sé cuántos minutos dura esto, la verdad, así que solo te cuento un par de cosas más: Por cierto, como llevo ya unos días convaleciente y el coco da para mucho, he pensado que voy a preparar para antes de que acabe el año, una Masterclass con los rituales que yo me monto para hacer inventario de lo que ha pasado y preparar lo que tiene que pasar, a todos los niveles, en el año que empieza. Atenta, porque en breve te cuento más.
  • En el último episodio de mi podcast te hablo de 3 estrategias para dejar de vivir con prisa. La prisa no se incluye en un Día Ideal, ya te lo digo. Escúchalo aquí.
Chavalas, que me han nominado por tercer año consecutivo como una de las Top100MujeresLíderes. Flipo en colores y aplaudo fuerte, la verdad. Si te parece que algo lidero, que algo impacto, que algo influyo para que estemos todas cada vez un poco mejor, puedes votarme aquí. Te lo agradezco desde ya, hermosa.
Mil gracias por leer hasta aquí, querida mía. Feliz vida, Sol

4 claves que me han ayudado a reencontrarme cuando estaba perdida

Hola, querida mía: Cuántas veces he comentado en redes sociales que la única diferencia que hay entre las que estáis al otro lado de la pantalla y esta que escribe es que yo me dedico a observar, estudiar, masticar, procesar información que nos ayuda a que nos pase lo que queremos que nos pase para luego compartirla. Yo también procrastino a veces, me dejo vencer por la pereza, me desquicio… Vamos, que soy humana. Y las humanas, en ocasiones, nos perdemos, dejamos de lado el camino que habíamos elegido y nos lanzamos a la deriva. Pues eso me ha pasado a mí en los dos últimos meses. Y aquí estoy, volviendo al cauce, retomando un camino que ahí sigue, disponible para cuando me dé la gana volver a transitarlo. Esa es la primera clave que te quiero transmitir: EL CAMINO NO DESAPARECE. Si dejas de hacer deporte durante dos meses, puedes reanudarlo cuando quieras. Si te zampas un bollo en medio de una dieta sin azúcar, la vida no se acaba. Si se te ha olvidado meditar durante una semana, nada te impide hacerlo de nuevo en cualquier momento. Y así con todo. El problema es que a veces, en lugar de levantar la mirada para ver donde dejamos el camino elegido, agachamos la cabeza para automachacarnos y lamentarnos por lo que no podemos solucionar, que es lo del pasado. El futuro, en cambio, es todo nuestro. El futuro, por aclarar, es el próximo minuto, la próxima hora. El futuro es ya. La segunda clave tiene que ver con la importancia de detectar nuestros patrones, es decie, de analizarnos, para detectar con qué piedra nos tropezamos una y otra vez, qué es lo que nos saca de nuestros raíles. Las mías están claras: me dejo llevar por las obligaciones maternofiliales y laborales y, si no estoy. muy atenta, me olvido de todo eso que me convierte en la persona que quiero ser. Hablo de los hábitos, de todo lo que, repetido en el tiempo, me construye. Escribir cada mañana, meditar, leer, hacer deporte, dedicar cada día un rato a reflexionar, prestarme atención y cuidarme muchísimo. Recordarme, a cada momento, qué es lo realmente importante. Entre lo importante estoy yo, claro. Pero, de repente, se me olvida. La tercera clave o idea, que quizás tendría que estar la primera, es la necesidad de autodiagnosticarnos, de crear unas alarmas que salten cuando estamos en el camino equivocado. Algunos síntomas que se me ocurren son la desilusión, la sensación de desconexión con una misma, el abandono de los hábitos de los que hablaba antes. La alarma ha de saltar cuando lo que está pasando no se parece en nada a la plenitud, a la alegría, a sentir que tenemos las riendas de la vida en nuestras manos. Una señal clarísima de desconexión, que es, al mismo tiempo, causa y consecuencia, es la evasión: darle a Instagram a lo loco, obsesionarte con una serie. Para algunas, la comida es la manera de evadirse. O la bebida. Te pido aquí que te observes durante unos minutos y definas cuáles son tus evasiones particulares. Evasión es lo opuesto a foco, y el foco, la atención es el gran superpoder que nos acerca a la vida que queremos vivir y a la persona que queremos ser. Por último, a mí lo que me sirve para volver a mis hábitos, para señalarme el camino olvidado, para recuperar lo que dejé aparcado en la cuneta son las preguntas, siempre las preguntas. Esas que me llevarán a recordar quién soy, qué es lo que quiero y para qué estoy aquí. Algunas de esas preguntas son:
  • ¿Esto que estoy haciendo (o no haciendo) me acerca o me aleja de la persona que quiero ser?
  • Si esto fuera la película de mi vida y yo su protagonista, ¿qué cambiaría ahora mismo?
  • ¿Estoy actuando desde la prisa, desde la evasión o desde la presencia?
  • ¿Qué estoy evitando ver y cómo podría hacerlo con calma?
  • Si mi Yo de 99 años me observara ahora, ¿qué me diría?
No son preguntas fáciles, pero sí necesarias para asegurarnos de que, a cada momento, tomamos las decisiones que más nos acercan a nuestro centro, a nuestra calma, a nuestro orden. Espero que te sirvan, Sol

P.D.: Solo durante el día de hoy, sábado 4 de octubre y mañana, domingo, tienes el audiolibro de APRÉNDETE con 50% de descuento (sí, yo me monto mi Black Friday particular).

El audiolibro es ideal para quien sienta que “no tiene tiempo” para leer (ya hablaremos de esto otro día), para quien vive fuera de Península o Baleares (porque no envío libros de papel a otros sitios) o para quien quiera hacer un regalo rápido, fácil y útil, porque solo tienes que indicar el correo de la homenajeada en los datos. Solo tienes que usar el código SOYDIOSA en el momento de la compra. APRÉNDETE es el libro que me habría gustado leer a mí hace muchos años para evitarme unos cuantos hostiones, para tomar las decisiones correctas. ¿Qué temas trato en APRÉNDETE? Pues, entre otros:
  • IDENTIFICACIÓN Y JERARQUIZACIÓN DE VALORES
  • CREENCIAS LIMITANTES
  • AUTOLIDERAZGO
  • GESTIÓN EMOCIONAL
  • PENSAMIENTO POSITIVO
  • AUTOESTIMA
  • CONOCER MI TALENTO INNATO
  • CÓMO GESTIONAR EL QUÉ DIRÁN
  • EL ARTE DE DECIR QUE NO
  • CÓMO TOMAR DECISIONES
  • CÓMO GESTIONAR EL FRACASO  

QUIERO MI LIBRO CON 50% DESCUENTO

 

P.D2.: quizás, Dios no lo quiera, leyéndome has sentido que estás bloqueada, que no te sientes capaz ni de detectar patrones, ni de hacerte preguntas ni de nada de eso. De nuevo, nos pasa a TODAS. He diseñado para ti un PDF con 3 ejercicios que a mí me ayudan a: · Tomar perspectiva, porque necesitamos distancia para observarnos y para observar nuestra vida · Conocerme mejor para tomar mejores decisiones · Detectar en qué áreas puedo empezar a trabajar ya, mediante pequeños pasos, para deshacerme de la sensación de bloqueo y empezar a avanzar con criterio Descarga los ejercicios AQUÍ.

P.D3.: ya sabes que la herramienta que más me ha ayudado a que me pase lo que quiero que me pase es la escritura. Si te gusta escribir, pero no lo haces. Si lo pospones, si no sabes cómo empezar, lo que necesitas es CLARIDAD. Y nadie te va a dar más conocimiento ni claridad a la hora de escribir que Paulo García Conde, escritor, editor para las editoriales más importantes del país. Tiene un curso maravilloso que se llama “De la idea a las páginas” y, si te suscribes antes de hoy sábado a medianoche, tienes un descuentazo de 39 euros. Encuentras aquí toda la información.

Merecedora y elegante, no te digo más

Cuando visito a mi Yo del Futuro (te conté AQUÍ esa historia), la imagino chorreando elegancia y merecimiento. El merecimiento es para mí la sensación profunda de que merezco disfrutar sin plantearme que hay otra opción, rodearme de belleza sin mesura, regalarme de lo bueno, lo mejor. Ojo, no por currar mucho, no por hacer nada fuera de lo normal, merezco por el mero hecho de existir. Repito el párrafo anterior en mi cabeza cada día, me voy acercando a mi Yo del Futuro, voy avanzando, pero todavía me queda trecho, amigas. Este camino lo recorremos juntas, unas más adelantadas, otras menos, pero juntas. Estas cosas de querer convertirme en alguien más amable consigo misma no me pasan solo desde que visualizo a mi Yo de los años venideros, toda la vida he ansiado la elegancia, pero no solo la de la ropa, que también, sino la elegancia en el sentido más amplio: en las conversaciones, en los pensamientos, en las relaciones, en los gestos cotidianos. Me gusta la gente elegante por dentro y por fuera (no sé si es posible lo uno sin lo otro). Siempre he tenido claro que hay personas que encarnan todo eso sin esfuerzo aparente. Y, como merecedora no soy yo de nacimiento, pero curiosa y observadora, muchísimo, me he dedicado a estudiarlas. Porque creo que esa es la manera en la que aprendemos desde pequeñas: imitando, absorbiendo, copiando de alguna manera. Agarrando eso que nos gusta en otros, pasándolo por nuestro filtro y convirtiéndolo en algo propio. Y seguimos haciéndolo de adultas, si nos damos permiso, claro. Si no nos repetimos que somos así, que esto es lo que nos ha tocado y que qué le vamos a hacer. A veces, no estamos dispuestas a hacer el esfuerzo que requiere la transformación. Porque esto no se trata de repetir mantras mágicos o de esperar a sentir el merecimiento, o la elegancia, o lo que sea que quieras para ti, como una inspiración divina, sino de entrenarlo, de practicarlo, de darle espacio cada día de nuestra vida, en cada una de nuestras milimétricas decisiones. La gente que sabe que merece no se justifica, planifica pensando en su tiempo, en su disfrute, en su descanso, en cómo sacar el máximo provecho de todo lo que hacen. Establecen límites, claro. Definen objetivos que tienen que ver con celebrarse porque sí. Hay quien sabe que merece orden, calma, el dinero que necesita para vivir como quiere vivir. Vivir lo mejor posible. “Lo mejor” es absolutamente subjetivo, las merecedoras lo saben y delimitan ese concepto desde la libertad y la amplitud de miras. Las merecedoras no se sienten mal por tratarse bien. A la mierda la culpa. La elegancia es escuchar de verdad cuando alguien te habla. Es contestar sin atropellos. Es elegir el silencio en lugar del ruido. Es transitar los días con coherencia entre lo que piensas, dices y haces. La elegancia se nota en los detalles: en una palabra, en una mesa, en una pausa, en una mirada. En lo que callas y en lo que eliges contar. La elegancia es discreta. Cuando estudio a las elegantes, veo rasgos comunes: respeto (sobre todo hacia una misma), presencia, una especie de armonía entre lo de dentro y lo de fuera. No fuerzan, fluyen. Para acercarme a todo eso, estudio a esa gente y me hago preguntas que tienen que ver con cómo puedo acercarme a ese merecimiento y a esa elegancia. Cada día un pasito. Entreno como el que entrena un músculo. Imagino que ahí radica lo bonito de la vida, en que el merecimiento, la elegancia y un montón de cosas más no son privilegios reservados a unos pocos, sino que están disponibles para todos los que decidan abrazarlos para hacer su existencia más chula. Y no hablo de perfección, sino de intención respecto a la persona que quieres ser y de intención en cuanto a cómo quieres tratarte. De elecciones que hacemos o dejamos de hacer cada día, y que nos acercarán o nos alejarán de esa Yo del Futuro merecedora, elegante, calmada, alegre y sabia. Me encantaría que mis #TresMinutos de hoy los acabarais vosotras, contándome una, dos o tres características de esa Yo a la que os queréis acercar, así nos inspiramos las unas a las otras.
P.D.: ya sabéis que, para mí, la mayor herramienta de reflexión, decisión y transformación es la escritura y estáis de suerte, porque Paulo G. Conde, que es escritor, editor para las mayores editoriales de este país y corrector de gente que vende MUCHOS libros ha abierto inscripciones para su formación “Las 4 claves para escribir tu libro”. Es solo una sesión y solo hasta hoy a medianoche está solo a 29 euros (la bronca que le he pegado por poner ese precio a algo de tanto valor, no es ni medio normal). Luego pasa a 39, que tampoco me parece adecuado para lo que ofrece. Te diría que, aunque no pretendas escribir un libro, le dediques ese ratito a aprender, ¿Por qué? Porque Paulo nos enseña a ordenar palabras. Y ordenar palabras es ordenar nuestros pensamientos y, por ende, a nosotras mismas. Puedes echarle un vistazo AQUÍ.
P.D2.: quizás, leyendo mis #TresMinutos de hoy, has pensado que tú también quieres saber que te mereces el cielo, pero no sabes por dónde empezar a trabajar. Es habitual, porque hemos normalizado: · Buscar justificaciones externas para dejar lo que ya no queremos · Postergar nuestros deseos porque no los consideramos prioritarios · Desconectarnos de lo que realmente queremos a fuerza de ignorarlo
No pasa nada, querida, porque aquí estamos para aprender y comparto AQUÍ contigo, 5 ejercicios super potentes que yo uso para reconectar con mi voluntad cuando siento que me he dejado llevar por la inercia. Espero que te sirvan.

Chorizo y ginebra

No soy muy de recibir visitas. No soy de esas personas que siempre tienen la casa llena, que organizan cenas multitudinarias, que disfrutan de que haya gente en su espacio. Mi casa es mi refugio y la comparto con muy pocas personas. ¿Tendrá esto que ver con lo de ser hija única? Pues supongo. Una de esas personas con las que conviviría sin fecha límite, en comuna perpetua, es mi amiga Bonnie. Poco me visita para lo que la amo, porque vive en Nueva York, la muy insensata. Ay, la ilusión loca que me hizo a principios de agosto cuando, al preguntarle yo si ya estaba en Barcelona visitando a la familia, me preguntó ¿Qué haces el viernes? Algarabía, gozo e ilusión máxima. A mi Bonnie le encantan el chorizo y el gin tonic, todo junto y por separado también, así que siempre que viene a casa le compro un paquete del mejor chorizo que encuentro, una botella de ginebra, unas tónicas y unos limoncitos. Para que esté a gustísimo, porque así lo estoy yo también. Porque me hace más feliz preparar esos detalles que disfrutarlos yo misma. Porque recibir a alguien con lo que le gusta es, para mí, una forma de demostrarle el amor que le tengo. Me contaba el otro día una amiga que sus padres viven en el campo, que ven poco a sus nietos —los hijos de mi amiga— y que, las pocas veces que puede visitarlos, ni se ocupan de tener la casa medio decente. Ella tiene que suplicarles cada verano que, por favor, llenen la piscina para que los niños puedan bañarse, que arreglen un poco el espacio para que puedan jugar. En un jardín enorme no hay ni un sofacito para sentarse, ni una sombra agradable, ni un espacio cuidado. No piensan ni en lo bien que podrían estar ellos ahí ni, por supuesto, en lo bien que podrían estar otros. Aquí es donde está el meollo de lo que te quiero contar hoy. Porque crear escenarios bonitos no es una frivolidad, es una manera de vivir. No hablo de gastar ni de llenar la casa de cosas, hablo de pensar en cómo queremos vivir, en quiénes queremos ser y, desde ahí, es mucho más fácil pensar cómo se van a sentir esos a quienes queremos y cómo crear momentos bonitos. Esto tiene que ver con la comida que preparas, con el plan que propones, con los detalles chulos que demuestran que le has dedicado un pelín de tiempo a pensar en el bienestar. En el tuyo y en el de los demás. El descuido hacia los otros viene, casi siempre, del mismo lugar del descuido hacia uno mismo. De no considerar importante tener un espacio agradable, unas rutinas gustosas, un orden, cierta belleza. Es como si la vida fuera algo que simplemente pasa, con lo importante que es la intención para sentirnos plenas. La vida se construye con el cuidado que le dedicamos a nuestro Diosayuno, con la música que ponemos de fondo, con encender una vela que huele divino. Todo es mejor si pensamos en qué nos hará felices y qué les hará felices a los nuestros, porque, al final, el escenario importa tanto como los protagonistas. Es esa experiencia compartida la que se convierte, con los años, en recuerdos que nos gustan. Nadie se acuerda de las casas perfectas, pero sí de cómo nos hicieron sentir en ellas. P.D.: si quieres compartir este texto en tu Instagram, porfa, pon el enlace, ayudas a quien quiera leerlo y a mí, claro. (Gracias)
P.D2.: cuántas de vosotras disfrutáis escribiendo y cuántas de vosotras os sentís inseguras a la hora de escribir una historia. Siempre os digo que el maestro a la hora de enseñarnos a escribir es Paulo G. Conde. Pues bien, este ser talentoso ha preparado un PDF breve, conciso y clarificador en el que comparte con nosotras las 7 claves que no puedes saltarte antes de escribir una historia. Qué importante es tener una lista en la que poder ir asegurándonos de que tenemos (o no) los elementos que necesitamos para contar lo que queremos contar. De nada.
P.D3.: si leyéndome hoy te has dado cuenta de que te gustaría prestarle más atención a los detalles, si crees que podrías crear una vida más bonita en la que estuvieras aún más a gusto, pero no sabes por dónde empezar a hacerlo, déjame que te ayude: te dejo aquí el ejercicio que yo uso cuando quiero mejorar en el ámbito que sea, cuando necesito claridad y foco. Te doy el paso a paso, recursos para relajarte y conectar con lo que realmente quieres. Espero que te sirva tanto como a mí.