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Hoy he tenido un día de mierda, pero de mierda (y lo he gestionado así)

Podría endulzarlo, pero no tendría sentido: HE TENIDO UN DÍA DE MIERDA, PERO DE MIERDA. Uno de esos en lo que todo parece salir al revés: llevo unos papeles al gestor y se me olvidan otros. Y tengo que volver. Y voy de culo. Hago un banana bread y se me cae en el horno. Todo el horno sucio. El bread he podido medio salvarlo, menos mal. Haciendo la cama se me engancha una uña en el colchón y, joder, qué daño. Mis hijos, en cuanto me doy la vuelta, se comen los arándanos para el banana bread que les voy a hacer mañana a mis amigas, después de haberles contado trescientas veces que mañana hago banana bread para mis amigas. Ahora os vais a buscar un supermercado y me traéis los arándanos, que estoy hasta las narices de que ni escuchéis ni penséis, NI NADA. Quizás te estés preguntando para qué te cuento mis saraos, si no te importan. Toda la razón. No te importan los míos, pero te importan los tuyos. Lo sé, porque he publicado en Instagram mi ración de desidealización del día y he recibido un montón de mensajes contándome que os ayuda mucho saber que yo también tengo días de agotamiento absoluto, de no cumplir con la agenda, de querer mandarlo todo a tomar por el jander. No os gusta saberlo porque seáis mala gente, sino porque, de alguna manera, os sentís entendidas, menos raras. Porque este mostrarnos con nuestras mierdas le lleva la contraria a esa teoría malsana que se inventó alguien muy cabrón y que nos cuenta que hemos de ser perfectas, que tenemos que llegar a todo, que perder la paciencia es de histéricas. La búsqueda de la perfección es una trampa de nuestro coco (alimentada por ciertos esquemas sociales) para contarnos que no somos la hostia, para frenarnos, para dejarnos ciegas y sordas ante nuestros innumerables logros. Así que yo os cuento mis días de mierda y también, claro, cómo los gestiono. Mi obsesión es compartir herramientas para vivir mejor, ya sabes.
  1. Tras el desquicie inicial, los gritos iniciales y los mecagoenlahostia iniciales: respiración, amigas, respiración. Tres respiraciones bien hechas nos calman, modifican la química de nuestro cuerpo estresado perdido.
  2. Me hablo bien. Nada de Eres una inútil, Eres una vaga porque no tienes ganas de hacer nada, Un día totalmente perdido porque no has acabado los #TresMinutos del sábado próximo, blablablabla. Me recuerdo que este cansancio que no me deja ni pensar, estos olvidos, este caos, este bizcocho en el fondo del horno, esta histeria y este caos son la excepción y no la regla. Paro aquí.
Quizás estés en un momento vital en el que sientas que esta sensación es la regla, no la excepción. Te entiendo perfectamente, he estado ahí. He sido una madre soltera de dos niños que parecían veinticuatro niños, en plena reinvención, volviéndome loca, teniéndome lástima, llorando en el espejo del baño porque me levantaba tan agotada que solo quería que llegara la noche. Bien, pues las herramientas son las mismas, ve poco a poco, un avance cada día, aunque sea mínimo. También esto pasará.
  1. Deporte. Menos mal que hoy tenía Pilates. No tenía ningunas ganas, claro, pero DIOSANTO, qué bien me ha sentado. El deporte es un ansiolítico natural, es un dedicarte un rato a ti misma, es conectar con el cuerpo y sanar la mente. Si no es una hora de pilates, que sean diez minutos de estiramientos, media hora de paseo, cinco sentadillas, diez abdominales, cinco flexiones. ALGO.
  2. Qué te voy a contar a estas alturas de lo importante que es para mí, y para cualquiera, escribir. Tomar diez minutos cada mañana para tener una conversación contigo, para preguntarte cómo estás y qué necesitas. Me decía una amiga el otro día que ella solo acudía a la escritura cuando la crisis ya era insoportable. Esto es como todo, querida: si esperas al desastre, la recuperación es más complicada. Si estás acostumbrada a leerte, a escucharte, a conectar con todo lo que eres, la explosión será menor o nunca llegará. Si la explosión ya ha llegado, descríbela en detalle, desgrana sus causas y busca un recurso que puedas usar ya mismo para sentirte mejor.
  3. Ya que me pregunto qué necesito, intento dármelo en la medida de lo posible. En este caso, podía dejarlo todo y sentarme en el sofá, mañana será otro día. Otras veces no puede ser, pero siempre me acerco lo máximo posible a eso que sí quiero y sí puedo.
Ojo, que en el sofá he sentido culpa, incomodidad, malestar. Porque aún no he matado a algunas de esas voces que hay en mi cabeza, que están ahí para joderme, no para impulsarme. La palabra clave es AÚN. Porque me las voy a cargar, lo juro. Que yo he nacido para tratarme bien, no para satisfacer expectativas imposibles. De momento las desafío pasando de ellas, despanzurrada en mi precioso sofá blanco, frente a los últimos episodios de Prison Break. Jodeos, voces, aquí mando yo.   P.D.: pocas cosas liberan más que compartir lo bueno, lo malo y lo regular con otras que están en el mismo camino que nosotras. El entorno trampolín es imprescindible para sentirnos mejor y yo quiero ayudar, en la medida de mis posibilidades, a que construyes o amplíes el tuyo. Por eso he organizado, para el fin de semana del 27 de septiembre, una experiencia/formación/retiro que he llamado DEL DEBERÍA AL QUIERO. Puedes asistir solo a la formación o darte el gustazo extremo de alargar el sarao y quedarte el domingo para pasear por un valle extraordinario, comer en un restaurante de cuento, zambullirte en el spa más espectacular que he visto en mi vida. Todo junto a un ramillete de tías con tus mismas inquietudes y tus mismas ganas. Te dejo toda la información AQUÍ MISMO

¿Hay vida tras la maternidad?

Suscriptora, he vuelto a hacerlo, otra vez me he marcado una trampa como una catedral. Hoy te ofrezco un texto que escribí allá por 2019. Pero el fin justifica los medios, vas a ver. En este episodio de mi podcast que te dejo aquí, Charuca y yo hablábamos de dejar de sentirnos culpables por gastar pasta en nosotras. El episodio lo petó y, hablando sobre él en una de mis formaciones, mis alumnas me dijeron: Sol, porfa, habla más de pasta y de maternidad. Dos grandes estrellas en lo que a culpa se refiere. Vosotras mandáis y yo obedezco. Siempre. Así que esto que esto que escribí en el 2019, cuando mis hijos tenían doce y trece años (alguna vez lo he dicho: mis hijos han sido movidos hasta decir basta, con el agotamiento que eso conlleva) es plenamente vigente para cualquier madre que quiera, no solo sobrevivir, sino vivir en la medida de lo posible. He conservado los gifs que usaba aquellos días, porque me consta que las que lleváis tiempo por aquí los echáis de menos. Allá va el texto, amiga. Espero que te sirva. Deja lo que te resuene en comentarios, porque en esto de la maternidad la tribu es TAN necesaria…   Últimamente, en todos los encuentros que organizo, ya sean talleres o charlas, surge el tema de la maternidad, su idealización, las verdades y la gran pregunta: ¿por qué nadie nos contó esto? Nada que no haya escrito antes sobre mujeres agotadas, desquiciadas, que buscan algún minuto al día para estar a solas con sus pensamientos, para tenerlos. Para ser una persona y no una piltrafa. La pregunta, una vez que tenemos claro que muchas se han callado que lo de tener hijos no es un campo de amapolas, sino más bien una lucha en el barro, es si esto acaba algún día, si volveremos a tener energía, a sentir que la vida nos pertenece, si volveremos a ser jóvenes. Pues bien, parece que sí, o que, al menos, es posible. De toda la información que he recabado en esas reuniones con mujeres, he llegado a la conclusión de que la mayoría recupera las neuronas que se derritieron durante los años de broncas, deberes, piojos y desesperación. Varios requisitos son necesarios para tal hazaña:
  • Conservar a las amigas a pesar del cansancio y de las agendas rebosantes: una cena al mes, o cada dos meses. Alguna conversación telefónica cada semana. Vamos a juntarnos aunque sea con niños. Bebamos vino y hablemos de buenorros, porelamordedios. Un fin de semana al año para nosotras solas en una casa rural, o en la playa, o dónde coño sea.
  • Mantenerse en forma, mental y físicamente: leo, veo diez minutos de Netflix antes de desmayarme en la cama. Voy al cine al menos una vez al mes. Me esfuerzo por aprender algo nuevo cada día: una app que te enseña a meditar, las propiedades del té verde, qué restaurante está de moda en Madrid. Me zampo los videos de BBVA Aprendemos Juntos, que siempre inspiran mucho y ayudan a relativizar. En el mejor de los casos, voy al gimnasio, a yoga. Si no me cabe en el puzzle vital, camino, subo a pie las escaleras, estiro un poco por la mañana. Me permito una napolitana de chocolate a la semana, pero ahí tengo litros de gazpacho y puré de verduras para cenar ligerito y sano. Bebo agua a raudales. Dedico dos minutos por la mañana y por la noche a limpiarme el jeto e hidratarme. Uso el mejor tapaojeras, el pintamorros rojo. Llevo la manipedi como un pincel, porque yo lo valgo.
  • Tener una lista de ilusiones, sueños y propósitos que van desde viajar a Australia cuando me sea posible hasta apuntarme a un club de lectura, pasando por escribir otro libro y conocer a Idris Elba (flipad, amigas, que esto lo conseguí, y sin currármelo lo más mínimo. Lo de Idris. Lo de los libros ya lo sabéis). Plantar la lista en la mesilla de noche o donde sea que la puedas ver cada día. Para acordarte de todo eso cuando las peleas entre hermanos y el agobio se te zampen viva. Sobrevivirás, ya lo decía Mónica Naranjo. Y te irás a Australia.
  • Darse el gusto, con un masaje o unos pendientes nuevos, o un Diosayuno glorioso en una cafetería ideal. Lo importante es que haya un cajoncito mental en el que estén esas gilipolleces que te hacen feliz. Ponerte ese perfume, darte una ducha larga cuando las criaturas duermen, poner música de los ochenta y bailar. El baile es vida, ya lo sabemos.
  • Tener sentido del humor, porque el humor nos salva la vida cuando todo lo demás no lo hace. Porque ser divertida es un talento sumamente poderoso, para ti y para los que te rodean. Reírnos cada día debería ser el fin último de nuestras acciones. No nos engañemos: algo falla si no te has reído con ganas en veinticuatro horas. Soluciónalo. Rodéate de gente tan inteligente que te provoque carcajadas. Sé tan lista como para provocarlas tú. El humor conservará tu precioso cerebro en medio de los tres millones de pensamientos que tienes cada minuto.
Y, sobre todo, reencontrarte cada día contigo, hablarte un rato, preguntarte cómo estás. Contestarte y decirte la verdad. Sin culpas. Repetirte que eres fabulosa, importante, mayúscula, divina, gloriosa a pesar de las ojeras. Quererte a lo salvaje. Aquí acaba aquel texto. Jo, me ha dado una nostalgia el releerlo… P.D.: Retomo aquí la práctica de pirarte con tus amigas a algún sitio y te recuerdo que te lo pongo fácil, porque el 27 de septiembre tenemos formación presencial, que no es formación presencial, sino sarao de fin de semana entero si así lo quieres. Voy a impartir, durante un día entero (paramos para comer, claro) la formación DEL DEBERÍA AL QUIERO, para que:
  • Definas todo lo que quieres en la vida y también lo que no, desde la claridad y la calma
  • Dejes de justificar tus decisiones
  • Generes un plan de acción que te lleve de tus deseos a tu realidad
Y al día siguiente ya habrá confianza, así que si te apetece, el domingo te vienes a:
  • Pasear entre montañas, en el valle más ideal del planeta
  • Comer en un sitio como de cuento, acogedor y bonito, claro.
  • Zambullirte en un spa espectacular con vistas a las montañas.

Quiero saber más

¿Dónde es el sarao?

En Andorra (si no sabes cómo llegar, tranqui, porque le escribes a hola@ariaexperiences.es que está coordinando las actividades y ella te da todas las instrucciones) Tampoco tienes que encargarte de reservar hotel, porque uno de los packs que hemos preparado y que tienes AQUÍ viene con esa opción incorporada.  

Estas son algunas de las preguntas que me habéis hecho sobre esta experiencia:

¿Crearás grupo de Telegram para que podamos coordinar el viajar juntas si salimos de la misma ciudad? Crearemos un grupo con antelación para que os comuniquéis, sí. Además, sé por experiencia que después de este finde vais a compartir muchos más ratos a vuestra bola. Lo que nos gusta una tribu. ¿Puedo elegir habitación individual? ¿Puedo, ya que voy, alargar el viaje y os encargáis del hotel también esos días? Voy a ir con mis amigas, ¿podemos compartir habitación? Sí, sí, sí. Escribes a hola@ariaexperiences.es y ella te cuenta, te organiza, te todo. ES DIVINA. ¿Esta formación es totalmente nueva? Del-to-do

Merezco esta experiencia, VOY

  No hago nada presencial desde el 2023 y no haré nada más hasta el 2027, como pronto. Imagina mi emoción, suscriptora… Un beso enorme, Sol

¿Soy aburrida o es que he madurado?

Yo prometí en unos #TresMinutos de hace un par de semanas que iba a ser valiente, que me iba a exponer como antes, que escribiría anclada en lo que me pasa por dentro para ayudaros a vosotras a ordenar lo vuestro. Y yo cumplo mi palabra. Te copio aquí un trocito de mis páginas matutinas de ayer mismo: “A veces pienso que me estoy apalancando. Por lo de no querer ir a fiestas, por las pocas ganas que tengo de moverme después de mes y medio fuera de casa. Por las pocas ganas de trabajar a destajo como antes, aunque eso suponga menos proyectos, menos ingresos. ¿O será esto la adultez? ¿Será que antes la velocidad era demasiada? ¿Serán estas ansias de tranquilidad solo una racha? Supongo que el truco, como siempre, será preguntarle a mi Yo de 99, a ver qué me dice. Voy a escribir sobre esto en mis próximos #TresMinutos” Llevo días dándole vueltas a estas ansias incrementadas y exacerbadas de tranquilidad. De las ganas de tés con leche en mi terracita mirando a mis montañas. De leer durante horas en mi sillón. De agendar momentos de NADA, porque la prisa es una de las cuatro cosas que he descubierto que no quiero en mi vida durante este viaje larguísimo (Te lo contaba en este texto). Disfruto asalvajadamente esos pequeños placeres que tienen que ver con el silencio, la soledad, el fresquito de la mañana. Con contemplar a mi vecina trabajando en su huerto desde muy temprano, con su trenza larga y blanca. Por otro lado, echo de menos tener ganas de algunas cosas que antes disfrutaba a lo bestia: los findes en Formentera con mis amigas, que bebían vodka de una jarra llena de Calippos de lima (yo siempre fui abstemia), que eran manteadas por decenas de italianos en los chiringuitos playeros. Echo de menos tener ganas de bailar hasta que se hace de día y llegar a casa con los zapatos en la mano y el rímel por las rodillas. Echo de menos los domingos de resaca de mis amigas, mis domingos de cansancio total (os recuerdo que yo, hasta hace nada, trabajaba en una discoteca ibicenca), tiradas en una hamaca, muertas de la risa, medio adormiladas, comiendo sándwiches de pollo y bacon. Tengo nostalgia de aquellas ganas, muchas. Pero cuando le pregunto a mi Yo de 99 qué es lo que me está pasando, si tengo que esforzarme en retomar aquello, si es compatible aquel asalvajamiento con esta quietud me dice que no me preocupe. Que el problema sería no encontrar el disfrute en ningún sitio, no que el disfrute haya cambiado de lugar. Que lo preocupante sería no tener ilusiones, y la verdad es que esas me sobran. Que lo incoherente sería agarrarme a lo que ya fui, a lo que ya pasó, porque la vida solo va en una dirección y pretender vivir siempre en el mismo contexto, a la larga, se convierte en evasión. Y lo que queremos es presencia, todo el rato. Mi Yo de 99 me dice que lo jodido habría sido no aprovechar aquella energía infinita, juzgarme por salir sin mesura. No divertirme todo lo que pude y más. Antes me divertían unas cosas y ahora, otras. Lo frustrante sería abandonar la Yo de antes sin conocer a la Yo de ahora. No avanzar por miedo a traicionar a otros y acabar traicionándome a mí. Confundir raíces con lastres inútiles. A lo único a lo que hemos de anclarnos es a quiénes somos en cada momento. Mi Yo de 99 es listísima, menos mal, me ha dejado más tranquila todavía. P.D.: quizás, leyéndome, te has dado cuenta de que andas en ese impás en el que no sabes muy bien de qué esta hecha tu voluntad, de que estás posponiendo constantemente tus deseos mientras atiendes los de todos los demás. Imagina despertarte cada día y tomar decisiones desde lo que TÚ quieres, no desde lo que crees que deberías hacer. No necesitamos justificaciones ni excusas para decir “ya no quiero esto” ni postergar infinitamente lo que realmente queremos, querida mía. Si te sientes identificada, te dejo AQUÍ 5 ejercicios super potentes para reconectar con lo que realmente quieres. P.D2.: si ya tienes claro que lo que quieres es dejar de pensar en las listas de “Tengo qué” y lanzarte sobre la lista de todos los “Yo quiero esto”, creo que deberías echarle un ojo a la que va a ser mi única formación presencial hasta el 2027. Más que una formación, es una experiencia, un retiro. Porque puedes compartir, si te apetece, un fin de semana entero con otras mujeres que tienen tus mismas inquietudes y tus mismas ganas de conocerse, priorizarse y pasarlo bien (amigas, que nos vamos al spa más increíble que he visto en mi vida, y he visitado unos cuantos…) Será el 27 de septiembre, en las increíbles montañas de Andorra.

Quiero saber más

Esta formación es para ti si…
· Te mueves por inercia en algún aspecto de tu vida · Justificas ante los demás tus decisiones constantemente · Te cuesta identificar qué quieres realmente más allá de lo que se supone que deberías querer · El desear algo no te parece razón suficiente para ir tras ello · El no estar a gusto en una situación no te parece razón suficiente para salir de ella · Sientes culpa cuando te priorizas
Y lo que quieres es…
· Despertarte cada mañana con claridad sobre lo que quieres, sin el peso de la confusión constante · Tomar decisiones con seguridad, desde la conexión contigo misma, no desde la aprobación ajena · Darle la suficiente importancia a tu voluntad como para trabajar por lo que TÚ quieres y abandonar lo que ya no quieres · Sentirte libre y disfrutar del tiempo que te dediques · Defender lo que quieres ante ti misma y ante los demás, sin necesidad de justificarte constantemente

Merezco esta experiencia

  Si tienes alguna duda, me la puedes dejar en comentarios. Feliz sábado y feliz vida, Sol

He visitado a mi Yo del futuro, flipa

Querida mía, igual flipas, igual dejas de seguirme, igual me bloqueas en todo lo bloqueable, pero es que te prometí hace algunos textos que iba a ser valiente, que lo que os contara aquí tendría que ver con lo que me pasa y creo os puede ser útil, no con callar por miedo al juicio. Pues allá voy, con un par. Desde hace mes y pico, hago la misma meditación/visualización cada mañana. Es una en la que, la narradora, después de hacerme bajar (mentalmente) una escalera de caracol de lo más mullida, me indica que abra una puerta que me lleva a un paisaje, en ese paisaje hay una casa y en esa casa vive mi Yo del futuro. El paisaje que se me ocurra, una casa que me venga a la mente. La Yo que me imagine. No me preguntes por qué, pero mi paisaje es un camino de tierra en medio de unas plantas muy bajas de la familia de las suculentas (he tenido que buscar el nombre. No son cactus, pero guardan mucha agua). Las plantas tienen unas florecitas color fucsia. Mi camino me lleva a una casa blanca de una sola planta que está frente al mar. Y dirás “Ah, “¿Quieres vivir frente al mar?” Pues la verdad es que no. Vamos, que he vivido frente al mar la mayor parte de mi vida y no es algo que sea prioritario para mí, pero oye, la visualización va a su bola y ahí estoy, a pie de playa. En la visualización, me abre la puerta mi Yo del futuro, la imagino vestida de marrón clarito, con unos pantalones anchos de pinzas y una camiseta como de punto y unas sandalias totalmente ideales (como las encuentre, me las compro). Lleva mi peinado veraniego, coleta repegada con raya en medio, pero mucho más perfecta que la mía, no se le sale un pelo del sitio. Curiosamente, mi Yo del futuro está más tersa que mi Yo del presente, un poco como Demi Moore, que tiene menos colgajos a los sesenta que a los treinta. Cada una visualiza lo que le da la gana, no me juzguéis. Mi Yo del futuro me abraza y me invita a que entre. La casa es divina a más no poder, claro. No voy a imaginarme yo en un cuchitril. Qué cocina con isla tan ideal, qué sofás. Hasta biblioteca tiene. Vamos hasta el rincón favorito de mi Yo del futuro, que son dos sillones comodísimos en su/mi/nuestra terraza frente al mar y ella trae una bebida de la cocina. Y, claro, con ese panorama tan idílico dirás, pues te trae un cocktail, un vino. Pues no, mi Yo del futuro sabe que somos abstemias y nada glamurosas en lo que a bebidas se refiere, así que trae…. Atención, que esta no la has visto venir, y yo tampoco: DOS LECHES MERENGADAS. Ella, toda elegante, delgada (que se me había olvidado decírtelo), con unos anillos divinos y allí estamos, sorbiendo con una pajita. Cada una… En ese momento, le puedo preguntar a la Sol de no sé qué año del futuro cómo ha conseguido esa calma, esa elegancia, esa casa, ese todo maravilloso. Y suele contestarme que confiando, haciéndole caso a su intuición, nada de perseguir, nada de prisas, solo crecer, aprender, conectar. Y yendo a lo profundo. Parando. Respirando. Haciéndose las preguntas correctas, esas que miran hacia adelante, que crean una vida en la que te quieres quedar. Anclándose a lo verdaderamente importante. Mostrándose tal como es, sin compararse, mirando lo de fuera solo como fuente de inspiración, pero evitando que lo ajeno la aparte de sus carriles. Recordando qué esquemas siempre le han servido y qué patrones siempre la han perjudicado. Esto es bastante más esperable que lo de la leche merengada, la verdad. Y luego le pregunto un par de cosas más y me regala más sabiduría de la buena sobre dejar ir lo que pesa, lo que ya no es tuyo. Antes de despedirnos, va a buscar un regalo para mí. Y dirás: ¿una pulsera con mensaje?, ¿un libro? No. Una piedra. ¿Un cuarzo quieres decir? No, un pedrusco entre marrón y granate, que parece el sombrero de una seta. Todas las veces que medito, mi Yo me regala esa misma piedra. Pues vale. Y ahora llega el momento en el que me bloqueas, si no lo has hecho ya… Hace como tres semanas, llegaba pronto a una cita y maté el tiempo metiéndome en un Tiger, o un Ale-hop, o una tienda de esas donde tienen mil mierdas de lo más diversas. Cuál es mi sorpresa cuando veo que hay una estantería con piedras y, cuál es mi flipe total cuando me encuentro con una versión mini y exacta de la piedra que lleva un mes regalándome mi Yo del 2030 (por fijar una fecha). Igualita, pero en chiquitín y con la palabra POWER escrita en dorado. Una horterada bastante considerable que me tuve que comprar, claro. Porque quién no se gasta un euro en un mensaje subliminal de su Yo del campo cuántico futuro. Te preguntarás cómo acaba la historia. Y yo qué sé, si aquí sigo, si aún no es el futuro. ¿Me han pasado cosas buenas desde que tengo mi piedra? Pues sí, pero es que a mí me pasan muchas cosas chulas todo el rato, no sé si es porque estoy atenta a ellas o qué. Lo mejor que me ha pasado, pedruscos y leches merengadas aparte, es que me estoy acostumbrando a esa Yo del futuro calmada y cada vez me meto menos prisas. Me acuerdo de su sabiduría y hago lo posible por hacerme las preguntas que me impulsan. Me recuerdo que ella es Yo y que mi misión es encoger la distancia entre ambas. Hoy te invito, si sigues aún leyendo después de tanta frikada, a que hagas el ejercicio de imaginar una Tú futura que te flipe. Que la imagines tan vívidamente que casi la puedas tocar. Que le preguntes de qué va esto; qué sentir, pensar y hacer para que te pase lo que quieres que te pase. Que le hagas caso. Y si te regala una leche merengada y una piedra, me lo cuentas y flipamos juntas. P.D.: si, Dios no lo quiera, andas bloqueada y ahora mismo piensas “Tía, no tengo ni flores de cómo es mi Yo del futuro”, te dejo AQUÍ tres ejercicios que a mí me van divinamente cuando ando bloqueada. Cuando necesito saber, al menos, cuál es el siguiente paso en la dirección correcta. Espero que te sirva. P.D2.: si te da por compartir esta majaronería de artículo en tu Instagram, pon el enlace, porfa, le haces un favor a quien lo lea y a mí también. Gracias por adelantado. P.D3.: si todavía estás aquí y tienes ganas de que te cuente más majaronerías, pero esta vez cara a cara, te recuerdo que el 27 de septiembre voy a hacer la única formación presencial desde el 2024 y, probablemente, hasta el 2027. Se llama “Del DEBERÍA al QUIERO”, porque os voy a hablar de la importancia de nuestra divina voluntad, os voy a dar herramientas para definir lo que realmente queremos en la vida, para defenderlo a capa y espada y para llevarlo de la idea a la realidad. Y no solo eso, puedes convertir la formación en una experiencia completa de fin de semana con spa, paseo por las montañas y mucha más maravilla.
¿Dónde es esto que te cuento? En Andorra, en medio de las montañas gloriosas que te enseño en este video. Esa naturaleza gigante nos invita a la conexión, con nosotras mismas y con otro montón de tías con las mismas ganas y. la misma ilusión. Te dejo aquí toda la información. Ay, la ilusión loca que me hace esto, amigui. Ganas de que nos tengamos frente a frente en carne y hueso. Ya paro, buen finde, un besazo Sol

Antes era más valiente, creo

Sigo escribiéndote desde Nueva York, Tesolera, y cómo te contaba hace un par de semanas, esta ciudad me lleva de cabeza a la introspección. Mira que hay ruido, mierda y gente majara por las calles, pues oye, que a mí eso me conecta. Bien no estoy. Es como si aquí me convirtiera en una antena gigante y veo cosas que otros no ven y escucho lo que otros no escuchan. Conversaciones, gestos, dinámicas entre esta gente de tantos colores que habita la ciudad que nunca duerme. Y la antena es hacia afuera y es hacia adentro: veo cosas en mí que hace tiempo que no veía y me escucho verdades que no me contaba desde hace tiempo. Hoy me he sorprendido diciéndome a mí misma: tía, antes tu escritura era más valiente. Me ha jodido y me he dado la razón. Como me gusta entender las razones de lo que me pasa, he repasado mis viejos textos, esos en los que hablaba de los vaivenes de la maternidad, de lo que sentía en un concierto, de mi nostalgia de la juventud, de todo lo que me enciende y de lo que me apaga. Me sentaba frente al teclado y me vomitaba en él. Me daba la vuelta cual calcetín. Ahora, cuando pongo las manitas en las teclas pienso mucho menos en lo que me pasa a mí y más en lo que os pasa a vosotras, ¿qué les puedo contar que les sea de utilidad? También influye que, cuando empecé a escribir, no había Instagram. La única manera de contaros mis rollos era a través de mis letras. Ahora agarro el teléfono y zasca, en un momento os he dicho lo que sea. Mientras escribo esto me pregunto si hay algo que sea mejor o peor, y concluyo que ni lo uno ni lo otro. Etapas diferentes, una Yo diferente. Pero me pellizca un poco eso de ser menos valiente que antes, aunque no sé si es verdad del todo. Tendré que meditarlo. Pero como me ha encantado releer todo eso que en su momento vomité, me he prometido visitar mis tripas más a menudo para mostrároslas en forma de texto y también intentar que eso os sirva a vosotras porque, al fin y al cabo, a todas nos pasa un poco lo mismo y a todas nos sirve lo mismo para estar mejor. Somos un sota, caballo y rey en toda regla, por más que nos joda. Me comprometo, también, a que sea la voluntad, y no el miedo a exponerme, quien decida qué es lo que leéis por aquí. A afilar la antena no solo cuando ande entre rascacielos. A recordar qué es lo que me ayudó a escalar hasta este sitio en el que estoy ahora, desde donde puedo llegar a tanta gente. Y a que eso sea trampolín, no guillotina. Que me impulse a mostrarme para que vosotras hagáis lo mismo, aunque ahora seáis decenas de miles y no cientos, como antes; porque contaros quién era y todo lo que me pasaba, por dentro y por fuera, fue la chispa que encendió este sarao divino que hemos montado entre todas. A veces, volver a las raíces es la respuesta a todas las preguntas. P.D.: hablando de preguntas, por si tú también andas en un momento en el que quieres retomar la solidez en algún aspecto de tu vida te dejo aquí un audio de solo 30 minutos en el que te planteo dos ejercicios prácticos que yo uso cuando necesito claridad, tanto sobre mis objetivos, como sobre los obstáculos que me impiden pasar a la acción. P.D2.: si estás leyendo esto el día que lo publico, es 5 de julio y eso significa que quedan 5 días para que se cierren las puertas de mi nueva formación sobre AUTOESTIMA y VALORACIÓN. Si quieres.. ✨ Modificar los pensamientos que dañan tu autoestima ✨ Despojarte de la culpa y disfrutar de la libertad ✨ Establecer límites desde la seguridad y la calma ✨ Diferenciar claramente entre egoísmo y priorización ✨ Mantener tu autoestima estupenda independientemente de lo que pase fuera Te invito a que le eches un ojo a la formación AQUÍ.

Lo importante de la vida

Te confieso que he vuelto a hacer trampa. Te escribo desde Nueva York y, cuando estoy aquí, sin quererlo expresamente, me lanzo a releer lo que escribí hace años, ya sea en mis libretas o en mi antiguo blog. Me encanta hacer inventario, recordar quién era yo hace dos, tres, diez años. Esta vez, quizás con más razón, porque la reedición de mi novela “Algún día no es un día de la semana” me ha trasladado, inevitablemente a mi yo de hace 10 años. A una yo que no era coach, ni impartía formaciones, ni tenía puñetera idea de cómo serían los 10 años siguientes. Nunca tenemos ni puñetera idea, sí que deberíamos hacer lo posible para que, llegado el aniversario, nos dé por celebrarnos, no por arrepentirnos. Voy a admitir que me celebro. Podría buscarle los tres pies al gato y destacar las cagadas, pero me da un perezón tremendo. Los últimos diez años han sido la hostia de buenos, y punto. Y en ese inventario, en ese rescatar patrones que me han servido para que me pase lo que quiero que me pase y desechar los que componen los tres pies del gato que no pienso repetir, me doy cuenta de que la inmensa mayoría de la celebración llega porque ha llegado un punto en el que tengo claro qué es lo importante en mi vida. Lo importante es lo que me emociona, lo que se me queda grabado, lo que me ata al presente. Aquí es donde llega la trampa, porque hace como cuatro años escribí un texto donde enumeraba unas cuantas de esas cosas. Hoy lo rescato y lo edito, porque una cambia de opinión, claro. Y te lo ofrezco, por si mi lista te inspira para escribir la tuya. Por si esa lista te regala claridad y alivio. Por si te ayuda a celebrarte todo el rato. Allá voy: Lo importante de la vida es el primer día de primavera en el que abres las ventanas del balcón y así se quedan hasta la noche, porque no hace ni frío ni calor. El primer baño del verano, cada año. Mejor si es en bolas. La primera vez que visitas Nueva York y luego todas las veces que la redescubres. Ver “Grease” en la azotea de un hotel neoyorquino con tu amiga de la facultad, treinta y cinco años después de aquella primera salida nocturna por Barcelona. Que este amor siga aquí, cada vez más divertido y más grande. El día en el que sabes que has aprobado la selectividad. El primer día en la universidad. El último, con la incertidumbre aplastándote el lomo, el orgullo. La nostalgia de esos años en todos los que vienen después. El primer viaje a Londres con tu amiga (sí, la de la facultad), las noches interminables rodeadas de guiris, el té con leche que descubriste allí y que te acompañará lo que te queda de vida, porque te gusta y porque te recuerda a las risas frente al Big Ben. El primer beso, en un portal junto a la pajarería de tu pueblo, vestida con el uniforme, nerviosa perdida. Estrenar agenda. Sentir el olor del jazmín paseando por tu isla sin saber muy bien de dónde viene, buscarlo, coger una florecita blanca y pegártela a la nariz el resto del día. El olor del pelo de tus hijos recién salidos de la ducha, cogerles de la mano, despertarles metiéndote en su cama haciendo cucharita. Los picnics en El Retiro, con tus amigos y tus niños, descalzarte y sentir el solete de marzo en la piel. Tener chimenea, por fin, que era tu sueño desde siempre, qué gustito ese crepitar. Respirar en paz. El primer día sin abrigo. El primer día con abrigo. Ver vídeos de gente que dibuja muy bien, que baila muy bien, que canta muy bien. Leer a Laura Riñón (y que te abrace desde su metro ochenta), escuchar “A la Folie” de Juliette Armanet y a Teddy Swims cantando lo que sea. Descubrir restaurantes nuevos, buenos, bonitos, tranquilos. Comer un helado de coco. Bailar en casa, o en una pista de baile, o en la de un karaoke, micro en mano, destrozando los temazos de la maravillosa Jurado. Las hojas nuevas de tus plantas, que increíblemente sobreviven a tu torpeza. La gente que huele a limpio. Las pinturas de Madrazo. Contemplar “La noche estrellada” de Van Gogh y llorar todas las veces. Ver amanecer, agradecer que es un día más, también un día menos: habrá que aprovecharlo, que no somos eternas. Tener, por fin, algunas cosas claras: que esto va de hacerse preguntas todo el rato, que la felicidad está hecha de relaciones sanas y divertidas, que nadie te va a dar más de lo que crees merecer. Los desayunos bonitos, las libretas bonitas, la gente bonita. Sentir que lo que haces tiene sentido, porque no hay nada mejor que acompañar a otras mientras se dan cuenta y se hacen cargo. Vivir donde quieres vivir, ser quien quieres ser, rodearte solo de gente divina. Hacer más listas con los “quiero” que con los “tengo que”. Eliminar de tu vocabulario la palabra “controlar”. Descubrir calles nuevas en una ciudad que conoces bien. Buscar la belleza en cada gesto. Entender su importancia. Darte cuenta de que la infelicidad de algunos momentos la provocó la falta de belleza: en la gente que te rodeaba, en la casa donde vivías, en las gafas con las que veías el mundo y a ti misma. Jurarte que eso no se repetirá porque no se puede desaprender lo que una ya sabe. Saberte libre. P.D.: si decides compartir este artículo en Instagram, porfa, añade el enlace. Les facilitas mucho la labor a quiénes lo vean y también a mí. Gracias de antemano. P.D2.: si este artículo te ha hecho pensar que igual deberías profundizar sobre lo que es importante para ti, definirlo y validarlo te dejo aquí 5 ejercicios sumamente prácticos y sencillos que te facilitarán la labor. Espero, de verdad, que te sirvan. P.D3.: lo importante de tu vida eres tú, o deberías serlo. Si al leerme has pensado, o has sentido, que eso no es todo lo verdad que debería ser, quizás quieras echarle un ojo a mi nueva formación sobre AUTOESTIMA y AUTOVALORACIÓN. Esa formación está dentro de mi membresía “Té con Sol”, así que lo que obtienes es una sesión mensual durante seis meses + ejercicios profundos y transformadores + lecturas complementarias + un brevísimo ejercicio diario para que implementes el hábito de verte y escucharte. Podrás suscribirte solo del 2 al 10 de julio, y puedes apuntarte AQUÍ a la lista de espera para que te avise en cuanto esté disponible.

Esta formación es para ti si ahora estás:

  • Buscando constantemente la validación de otros para sentirte valiosa
  • Autocriticándote constantemente con un diálogo interno destructivo que te agota
  • Posponiendo tus necesidades por miedo a parecer egoísta o decepcionar a otros
  • Dudando de cada decisión porque no confías en tu propio criterio
  • Sintiéndote culpable cada vez que intentas priorizarte
  • Saboteándote justo cuando las cosas empiezan a ir bien

Y lo que quieres es…

  • Sentirte bien en tu propia piel, sin necesidad de compararte constantemente
  • Tomar decisiones desde la calma y la confianza, no desde el miedo o la ansiedad
  • Hablarte con el mismo cariño con que le hablarías a tu mejor amiga
  • Priorizarte sin culpa y saber que mereces ocupar espacio en tu propia vida
  • Tener relaciones sanas basadas en el respeto mutuo, no en la dependencia
  • Vivir desde tu autenticidad, no desde lo que otros esperan de ti

Quiero saber más

Esto es lo que mis alumnas dicen sobre mis formaciones:

“Creo que ha valido mucho la pena. Ha sido un viajazo en todos los sentidos. Tus cursos siempre son mucho más de lo que espero en un principio.” “Ha superado mis expectativas. Esperaba más patrones o guías. He encontrado preguntas. preguntas que debía contestar yo y que me han hecho buscar quien soy y que puedo encontrar un camino para ser yo. Merece la pena el dinero invertido, el esfuerzo y el tiempo.” “Me has ayudado a creer más en mi, a mejorar mi diálogo interior y a tener un propósito firme de cambiar de empleo y crear mi propia empresa.” “Tengo más claridad, mas confianza en mí misma, más ganas de atreverme a probar cosa nuevas” “Me llevo de tu formación saber que puedo, ¿sabes que pasa Sol?, que vas calando, que poquito a poco, me veo diciendo un “no, un “eso ya no va conmigo”. Me llevo saberme suficiente, quizas eso ha sido lo mas enriquecedor para mi, saberme valiosa, saberme valorar, quererme.” “El impacto más grande en mi vida es que me dedico tiempo a mi misma CADA DÍA (meditación, escritura, lectura,…) y como resultado estoy con mayor calma y felicidad. Mis hijas me han comentado que “quieren ser como yo cuando sean mayores” y les sorprende que esté “más calmada” al escucharlas y responder.” “Estoy diciendo NO con más facilidad a lo que no está alineado conmigo, con mis valores, con lo que quiero… y estoy hablando ante grupos de personas (entorno laboral) con mucha más confianza, claridad y seguridad (lo siento yo así y también estoy recibiendo ese feedback). Y bueno, en general, vivo con mucho más disfrute y esto lo utilizo mucho más como guía para saber que así, sí. Ese disfrute recuperado es el cambio más potente de todos.” “Todo ha sido perfecto” “Estoy en la membresía desde hace muy poco. Estoy admirada de lo competente que eres y de la calidad de tus formaciones. Haré todo lo posible por apuntarme a más formaciones futuras. Gracias Sol. Ha sido un placer. Hasta pronto.”

Apúntame en la lista de espera

En esta formación he sistematizado, resumido y masticado lo que a mí me ha llevado de una autoestima regulera, de no creerme capaz de crear nada por mí misma, de no interponer límites a saberme suficiente, decir que NO con una facilidad pasmosa, relacionarme solamente con gente que me trata la mar de bien. Espero verte pronto al otro lado de mi pantalla. Feliz día, Sol