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¿CANSADA DE TOMAR DECISIONES? Estos son mis 3 trucos para solucionarlo

Estoy harta de decidir. Tengo el cerebro cansado. A veces me gustaría que otros decidieran por mí: en el trabajo, en casa, con mis hijos. Luego se me pasa, porque sé que la libertad está hecha de todas esas decisiones pero, joder, necesito un respiro. Este pensamiento lo tengo, recurrentemente, cada mes. A veces, cada menos. Según cómo se ponga de intensita la vida. No nos damos cuenta, pero tomamos TANTAS decisiones al cabo del día: ¿qué desayuno? ¿llevo paraguas? ¿qué ropa me pongo? ¿qué hago de comer? ¿Cuándo hago esto y lo otro? ¿Cuál es la mejor manera de hacer esto y lo otro? Y eso antes de empezar la jornada laboral. Luego llegan las decisiones del trabajo, que son infinitas siempre, no te cuento si eres tu propia jefa: contestar o no ese mail, priorizar una tarea u otra, aceptar o no una reunión, delegar, revisar, volver a decidir, arriesgarme o quedarme como estoy. Cuando acaba el día, pongo directamente, “Downton Abbey”, sin plantearme otra cosa. Es bonito, con eso me basta, no quiero pensar más. A esto que me pasa a mí y que te pasa a ti (espero que poco) se le llama carga mental, y no tiene tanto que ver con hacer muchas cosas como con pensarlas todas. Es el peso invisible de planificar, anticipar, recordar, decidir y coordinar. Aunque en casa repartas las tareas (espero que mucho), seguimos siendo quienes pensamos qué falta en la nevera, cuándo hay que pedir cita en el dentista o qué regalo comprarle a la suegra. No es solo hacer: es tener la cabeza llena de recordatorios que nadie más parece tener en cuenta. Los síntomas de la carga mental son estos, que a mí me suenan mogollón: agotamiento aunque no hayas hecho nada físico, problemas para concentrarte, irritabilidad, sensación de que no llegas a todo, e incluso insomnio (no es mi caso, la verdad, soy marmota perdida). Esos síntomas no nos gustan NADA. Vale, pero la vida es como es, tenemos que comer, vestirnos, trabajar, así que, ¿qué narices hacemos? Yo es que me niego a vivir así. Por eso estoy generando estrategias para eliminar las mancuernas de 20 kilos que parecen vivir en mi cerebro. No se trata de huir de las decisiones (a estas alturas, ya me conoces, salir por patas no es lo mío), sino de simplificarlas. De decidir menos veces, básicamente. Aquí te dejo tres estrategias para reducir la carga mental y disfrutar más de la vida, amiga: 1. Agrupa decisiones. Tomar decisiones gasta energía, así que cuanto más puedas agruparlas, mejor. El batch cooking es el ejemplo clásico: dedicas dos o tres horas el domingo a cocinar lo de toda la semana y te olvidas de pensar “¿qué hago de comer hoy?”. Y de limpiar, que es algo que me mosquea muchísimo. Lo mismo con la ropa: el domingo preparo cinco conjuntos completos y los dejo en perchas separadas. Me encantaría tener un burro, pero no me cabe. Cada mañana es coger y listo. Puedes aplicar esto a otras áreas: planificar de golpe las citas médicas o los viajes o los gustazos o los planes de ocio o reuniones del mes. Lo que te ahorras con esto es brutal: menos decisiones diarias, menos estrés, más tiempo mental libre para lo que te dé la gana. 2. Crea rutinas fijas para lo que se repite. Hay decisiones que tomamos todo el rato: cuándo entrenar, cuándo limpiar, cuándo revisar las cuentas del banco. Si las conviertes en rutinas evitas tener que pensarlas. Por ejemplo, decides que el martes y jueves entrenas a tal hora, o que los viernes por la tarde revisas las cuentas. Cuanto más automatices, más descanso mental. Las rutinas no quitan libertad, te la dan. 3. Crea “decisiones predefinidas”. O sea: decidir una vez para muchas situaciones que sabes que se van a dar. Por ejemplo: “No acepto reuniones sin orden del día clara” o “No miro el móvil a partir de las nueve de la noche” o “No me subo a un avión o a un tren antes de tal hora o después de esta otra”. Son como normas personales que me evitan microdecisiones constantes. No estamos aquí para decidir mil cosas al día, sino para vivir bien con las que elegimos. Simplificar es autocuidarse. Es dejar espacio para ti, para lo que te alimenta, no para lo que te drena. Si tienes algún truqui más, comparte en comentarios, porfa.   P.D.: amiga, que me han vuelto a nominar, por tercer año consecutivo para ser una de las Top100 Mujeres Líderes de España. Flipo en colores. Un honor, un placer y una maravilla. Si te parece que algo lidero, que algo te cuento para que vivamos todas un poquito mejor, puedes votarme AQUÍ (a veces en el móvil da problemas, en el ordenador no). Mil gracias de antemano, querida. P.D2.: muchas veces, no necesitamos más motivación, sino más claridad. Es decir, si yo sé que voy a hacer esta tabla exacta, durante 25 minutos, los lunes, miércoles y viernes a las 8 de la mañana, es mucho más fácil que lo cumpla. Otras, no necesitamos más tiempo, sino más claridad sobre eso a lo que le dedicamos nuestra energía y eso a lo que no. Por ejemplo, si decides que en 2026 no vas a responder mensajes fuera de tu horario o que no vas a asumir proyectos que no estén alineados con tus valores, de repente no “aparecen” más horas, pero sí aparece más foco, más satisfacción, más sensación de que consigues más. En el último episodio de mi podcast te hablo de tres preguntas que para mí son indispensables a la hora de conseguir más claridad en el 2026 y en cualquier momento. Puedes escucharlo AQUÍ. Espero que te sirva. P.D3.: cuántas veces me pedís que os recomiende libros, pues hoy tengo uno clarísimo, “Las ventanas sin rejas”, la recién estrenada novela de mi querido Paulo G. Conde. Me consta que muchas estáis suscritas a su gloriosa Newsletter. Pues qué os voy a contar de su novela. He tenido el honor de leerla antes que nadie, me la merendé en dos mañanas. Qué capacidad la de Paulo para ver tres capas por debajo de la superficie, para dejarnos pensando horas después de acabar de leerle. ATENCIÓN PORQUE AHORA TIENE UNA OFERTA DE LANZAMIENTO QUE TERMINA MAÑANA, 30 DE NOVIEMBRE, Y OS RECUERDO QUE LLEGAN LOS REGALOS NAVIDEÑOS. ¿En qué consiste esta oferta?
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No es lo que los demás opinan, es el poder que tú les das: 3 estrategias para quitárselo

Hace unos días, en una sesión de mi membresía, varias chicas compartieron lo mucho que les dolían las palabras o actitudes de sus madres. Me contaban que, aunque han intentado remediarlo, sus madres les hacen sentir muy mal. He de decir que este es una realidad que me transmitís muchas veces, lo siento en el alma. Les dije a aquellas chavalas guapas que nadie puede hacernos sentir mal si no le damos el poder de hacerlo. Sé que es fácil decirlo y difícil aplicarlo. Más cuando las personas que nos lo debían haber enseñado son las que nos provocan ese malestar. Pero que sea difícil no significa que no debamos llenar nuestra caja de herramientas de vivir la vida de recursos para gestionarnos, así que allá vamos: Lo que nos duele no es solo lo que el otro dice, sino lo que nosotras interpretamos de eso. El significado que le damos, la historia que nos contamos sobre lo que escuchamos. Les puse a mis queridas alumnas un ejemplo que es esclarecedor, creo yo: si tu madre dijera o hiciera exactamente lo mismo que te dice a ti a una persona que no la conoce de nada, esa persona, probablemente, no se sentiría mal. El hecho sería idéntico, pero el efecto completamente distinto. ¿Por qué? Porque esa persona no le ha entregado poder a tu madre. Porque el vínculo, la expectativa y la necesidad de aprobación no están ahí, jugándole malas pasadas. Y eso es lo que nos pasa muchas veces: les damos a otros (padres, amigos, pareja, hijos, jefes, compañeros de trabajo, etc.), sin darnos cuenta, el poder sobre nuestro estado de ánimo. Nos convencemos de que si cambian, si se disculpan, si nos entienden, entonces podremos estar bien. Así que nos esforzamos muchísimo en que todo eso pase. Pero la verdad es que no tenemos control sobre cómo los demás piensan, sienten o actúan. Solo podemos gestionarnos esta cosa divina que somos nosotras, y si ponemos la energía en que otro deje de ser como es, no la podemos emplear en convertirnos en las personas que queremos ser: fuertes, sólidas, faraonas. Seguimos llenándonos de recursos para tomar el poder sobre lo que sentimos. Es necesario entender que esa persona que te provoca malestar se ha convertido en una figura mental. Hay una persona real, con sus heridas, su historia, sus límites. La otra es la voz que se ha quedado dentro de ti, dándote la matraca. Esa que sigues oyendo incluso cuando ella no está, la que te juzga, la que te recuerda lo que “deberías haber hecho”, la que te da la vara cuando tomas una decisión que no encaja con lo que ella cree. Esa voz interna, esa “madre interiorizada”, es con la que podemos trabajar. A la madre real no la vamos a cambiar, pero a la que vive en nuestra cabeza sí podemos ponerle límites, educarla, comprenderla y, si hace falta, decirle que “Hasta luegui”. Porque el poder real no está en que el otro cambie, sino en que nosotras aprendamos a responder de otra manera. En que dejemos de reaccionar automáticamente, sintiéndonos mal, y empecemos a observarnos. Cuando entendemos que el poder de herirnos no está fuera, sino dentro, todo cambia. Dejamos de sentirnos víctimas y empezamos a sentirnos responsables. Liberarnos del poder que damos a los demás no significa volvernos frías, ni negar el dolor. Significa recuperar la soberanía sobre lo que sentimos. Sobre lo que somos. Aquí te dejo tres estrategias para llenar tu cajita de herramientas de vivir la vida: 1. Separa el hecho de la interpretación. Cuando alguien te dice algo que te duele, para y reflexiona: ¿qué ha pasado realmente? ¿Qué ha dicho, exactamente? Luego pregúntate: “¿Qué estoy interpretando yo de esto?” Muchas veces lo que nos joroba no es la frase en sí, sino lo que creemos que significa: “No soy suficiente”, “No lo hago bien”, “No me quieren”. Pero eso no está en lo que han dicho, está en la historia que nos contamos. 2. Trabaja con la voz interna, no con la persona externa. En lugar de intentar convencer al otro o esperar que cambie, pon tu atención en la voz que te habla desde tu coco. Si te das cuenta de que repite frases que has escuchado muchas veces, como “no deberías enfadarte”, “no deberías hacer eso”, “Mira que eres caprichosa, cámbialas por otras que salgan de tu Yo adulta y poderosa, como: “Tengo derecho a elegir”, “Mi valor no depende de la aprobación ajena”. 3. Devuélvete el poder cada vez que lo entregues. Cada vez que sientas que alguien “te hace” sentir mal, para, respira y repítete: “Esto no va de lo que él o ella hace, va de lo que yo permito que me afecte”. Pregúntate: “¿Quiero dejar que esto defina mi día, mi ánimo, mi energía?”. Haciéndote la pregunta generas nuevas posibilidades, esas que te devuelven el poder. No podemos controlar lo que los demás dicen o hacen, pero sí podemos decidir qué sitio ocupan sus palabras dentro de nosotras. Cuando lo entendemos, nos convertimos en personas libres y dueñas. Diosas perdidas.   P.D.: ay, querida, que ya están abiertas las inscripciones a PODER Y RESPONSABILIDAD, mi nuevo taller donde te cuento cómo cierro cada año para preparar el siguiente con tal de llegar al 31 de diciembre de 2026 aplaudiéndome por lo conseguido y no lamentándome por lo que no pasó.  
Aunque abrí inscripciones hace solo dos días, ya hay chavalas que se han sumergido en la formación y esto es lo que dicen de ella:
  • “Brutal la formación que te has marcado, brutal” Ángela
  • “Acabo de empezar los vídeos y ya estoy enganchada.”
  • “Ya estoy dentro de PODER Y RESPONSABILIDAD! He visto los dos primeros vídeos y, como siempre, Sol, y en todas tus formaciones, directa y de lo más eficaz y eficiente! Me encantas»! Mil gracias. Deseando hacer los ejercicios e ir completando el método para cerrar este 2025 y abrir el 2026.” María Teresa
  ¿Para qué este taller?
  • Para sentir que manejamos las riendas de nuestra vida, que no derrapamos por ella.
  • Para darnos cuenta de lo que nos ha pesado, nos ha frenado en el último año y minimizarlo o eliminarlo en el año que empieza.
  • Para hacernos las preguntas correctas a la hora de generar nuestros propósitos / objetivos / deseos y no acabar persiguiendo cosas que quieren otros, pero que realmente nos importan un huevo.
  • Para saber cómo priorizar, porque no llegamos a todo, ni falta que hace. Sin priorización no hay foco y sin foco no hay avance.
  • Para actuar desde la seguridad y la calma, no desde el agotamiento.
  • Para aprender a generar planes de acción tan realistas como flexibles.
  Todo esto es lo que comparto contigo en PODER Y RESPONSABILIDAD   Algunas cosas más sobre este taller:
· Es grabado, así que lo puedes consumir en cuanto te inscribas · Lo tienes disponible de por vida, para usarlo, no solamente a final de año sino cada vez que necesites analizar y decidir desde la calma y el criterio.
· Está compuesto de 6 vídeos de entre 13 minutos y una hora. La mayoría del tiempo que emplearás en esta formación está en los cuadernos de ejercicios, porque sí, me encantaría decirte que, con escucharme, lo tienes todo hecho, pero no, no te voy a mentir, la transformación depende de ti y de lo dispuesta que estés a hacerte las preguntas correctas.
 

Quiero diseñar mi mejor año

  Si tienes alguna pregunta, puedes dejarla en comentarios y la responderé encantada Un abrazo, querida, y gracias por acompañarme. Sol

¿Soy demasiado buena o directamente soy gili?

A veces, la diferencia está muy clara, pero otras no tantas. Y claro, a nosotras se nos ha dicho que tenemos que ser buenas niñas, así que la duda nos corroe. La culpa nos pellizca a base de bien si creemos que no estamos siendo buenas, ya no te digo malas. Hay momentos en los que una cede y cede, y hace el esfuerzo de entender al otro, de adaptarse. Evitas conflictos, pones de tu parte, respiras, te dices que mejor no saltar. Cierras el pico. Te esfuerzas en dar. Te pones en el lugar del otro. Hasta que llega un momento en el que te preguntas si, en realidad, no estás siendo buena, sino gilipollas. Que levante la mano la que ha estado ahí, la mía está bien alta. Y no es que estés siendo tonta por ser buena. Eres tonta (o mejor dicho, estás actuando desde donde no debes) cuando confundes la bondad con la falta de límites. Después de mucho reflexionar, creo que la diferencia es que ser buena sale del amor (por esa persona, por una manera de estar en el mundo) y el ser tonta nace del miedo. Al rechazo, a la crítica, al abandono, a decepcionar. Ser buena es una decisión tomada con todo el criterio: decido tratarte con respeto, también cuando no estoy de acuerdo contigo. Decido cuidar, aportar, escuchar. Pero también decido protegerme y respetarme. En cambio, cuando no sabes decir NO, cuando justificas lo injustificable o cuando sigues dando y dando donde no hay reciprocidad, eso ya no es bondad: es que, de tanto pensar en el de enfrente, te has olvidado de tu divina persona. Por si no ves clara la diferencia, te pongo algunos ejemplos (cuánto me gustan los ejemplos, qué esclarecedores son):
· Si una amiga te llama solo cuando necesita algo, y tú sigues yendo aunque salgas siempre drenada, eso no es bondad: es miedo a que te deje de querer, a decepcionarla (aunque quizás ella lleve años decepcionándote a ti). · Si en el trabajo dices que sí a todo lo que te piden, aunque no te corresponda, y te dices “bueno, no me cuesta nada” (la rabia que me da esa frasecita), eso no es generosidad: es falta de límites. Es hacerte responsable de lo que les toca a otros. · Si le perdonas a tu pareja comportamientos que te duelen, creyendo que tu amor incondicional lo cambiará, eso no es empatía: es autoengaño. Por cierto, soy de la opinión de que el amor no debería ser incondicional, pero ese es otro artículo.
Ser buena no duele, no desgasta, no te vacía. Todo lo contrario, te da paz. Cuando eres buena, sientes coherencia. Cuando actúas desde el miedo o la necesidad, estás resentida, cansada, confusa. Ahí está tu termómetro. Como siempre, las respuestas están dentro. Para acabar de rematar, te dejo tres claves para no confundir ser buena con ser gili: 1. Observa desde dónde das. Pregúntate: ¿doy porque quiero o porque tengo miedo de perder algo? Si la respuesta tiene que ver con el miedo (a la soledad, al conflicto, al rechazo), para, amiga. Reflexiona y alineate con tu voluntad, no con tu miedo. 2. Busca el equilibrio. Las relaciones sanas son recíprocas. No vamos a llevar la cuenta, pero sí de notar si lo que das tiene algún tipo de devolución. Si siempre estás en el papel de salvadora, de generosa, de entegadora, eso no es un vínculo, es un asco. Imagina una estufa de leña, si no te da calor no sigues echando madera. Pues con las relaciones debería ser lo mismo. 3. Aprende a decepcionar. Sí, es fuerte, o lo parece. Pero poniendo límites, diciendo que no, respetando tu voluntad vas a decepcionar a otros. No pasa nada. No eres una croqueta, no le vas a gustar a todo el mundo. Si al otro solo le molas cuando le complaces, no le interesas tú, sino lo que consigue de ti. Y tú no has venido aquí a complacer a nadie, sino a pasártelo la mar de bien. Espero que estas reflexiones mías te sirvan, querida. Me hará muy feliz que me dejes las tuyas en comentarios. P.D.: lo emocionada que estoy, porque en cinco días nada más se abren las puertas de PODER Y RESPONSABILIDAD, mi nuevo taller, en el que te cuento mi método para cerrar cada año y diseñar el siguiente con toda la intención, para que me pase lo que quiero que me pase.
Para que llegue el 31 de diciembre de 2026 y me felicite por lo conseguido. Para no sentir que he resbalado por el año entero sin saber dónde se me ha ido el tiempo. Para decidir con calma y criterio donde pongo el foco, porque no tengo que llegar a todo, solo a lo importante. Para sentir energía, no agotamiento, no confusión.
Puedes apuntarte AQUÍ a la lista de espera para no perderte la apertura de inscripciones (se cierran el 27 de septiembre) y aprovechar la reducción de precio de los primeros días. ¿Qué te llevas en PODER Y RESPONSABILIDAD?
· Claridad sobre el ahora: un análisis en detalle del punto en el que estás, de lo que ha pasado en el año que termina, a todos los niveles, para ver qué se queda en tu vida, qué se va y qué vas a expandir. · Calma para decidir: para apagar el ruido mental y generar objetivos correctamente y luego priorizar tres de ellos. Porque priorizar no es renunciar, es llenar tu vida de ti. · Foco para avanzar: para diseñar un plan de acción y llevar esos objetivos a tu calendario de una manera realista y flexible,
Preguntas que me habéis hecho: ¿Se parece en algo a la formación de planificación que hubo en la membresía? Es un contenido totalmente diferente. Eso sí, son el complemento perfecto. ¿Cuándo son las sesiones? Son grabadas, así que puedes sumergirte en el taller en cuanto te inscribas ¿Lo tengo disponible por un tiempo limitado? Lo tienes de por vida ¿Sirve solamente cuando acaba el año? Sirve para tener claridad y foco en cualquier momento del año o de la vida.

Apúntame en la lista de espera

P.D2.: si eres emprendedora, esto te interesa. Hace unas semanas te hablé de un Workshop de Nayla Norryh, que ha sido profe mía en varias formaciones, y ahora ofrece una Masterclass Gratuita llamada “3 pilares para crecer con tu negocio mientras disfrutas de más tiempo, más calma y más conexión espiritual”. Yo ya me he apuntado, porque aunque haya escuchado a Nay mil veces, sé que me va a aportar algo que me ayudará a vivir mejor. Te dejo AQUÍ el enlace. Espero que disfrutes de la sabiduría de esta chavala de claridad mental extraordinaria.

3 preguntas incómodas que han mejorado mi vida

No me cansaré de insistir sobre la importancia de las preguntas. Porque se nos olvida, porque las tenemos al alcance de la mano, son gratis y nos pueden cambiar la vida. No nos preguntamos cómo estamos y qué necesitamos, porque no nos damos la importancia que realmente tenemos. No nos preguntamos qué queremos, porque esa ausencia de autoimportancia provoca, claro, que tampoco nos parezca importante nuestra divina voluntad. Y luego están las preguntas que no nos hacemos porque nos incomodan, porque nada más formularlas empezarías a olerte que tienes que tomar decisiones. Y las decisiones nos dan miedo, porque nadie nos ha enseñado a tomarlas. Porque implican la ruptura con lo conocido y eso no nos mola nada. Aunque lo conocido nos joda la vida entera. Ojalá convencerte de que no hacernos preguntas, de que dejarnos resbalar por la vida como si fuera un tobogán lleno de aceite no debería ser una opción. No te voy a soltar otra vez el rollo de que no somos eternas, porque ya lo sabes. Podría compartir miles de preguntas importantes, pero como esto te lo tienes que leer en tres minutos, he elegido estas, porque me parece que actúan como esa primera ficha de dominó que hará caer muchas otras fichas (espero). Vamos allá: 1️⃣ ¿Mis hábitos me acercan o me alejan de la vida que quiero vivir y de la persona que quiero ser? Claro, lo primero es saber quién quiero ser y cómo quiero vivir. Te dejo aquí el ejercicio al que yo vuelvo una y otra vez para definir, para obtener claridad y foco sobre todo lo que quiero y lo que no. Los hábitos no son solo comer sano y hacer ejercicio. Es más, te diría que esos dos son consecuencia de otros hábitos mucho más importantes: hablarnos bien, priorizarnos, planificar nuestro tiempo como si fuera nuestro (que lo es), rodearme de personas que me suman siempre, aprender algo nuevo cada día, dedicarle mi energía solo a lo que depende de mí. Quererme un huevo. Ya, no es fácil, la tendencia tira hacia el lado contrario de todo lo que te he escrito. Pero ahora que ya nos hemos dado cuenta, podemos hacernos cargo y dedicarnos a poner peso en el lado de la balanza que trabaja a nuestro favor, no en el lado que nos aplasta y nos encoge. 2️ ¿Qué partes de mí estoy sosteniendo solo por miedo? Ya, esta es fuerte y, por lo tanto, necesaria. Cuantas veces seguimos interpretando un papel que no nos hace ningún bien: somos la que no molesta, la que siempre está disponible, la que aguanta, la que no pone límites vaya a ser que alguien se enfade. No porque nos encante ser esa persona, sino porque tenemos miedo a lo que pasará si dejamos de serlo. Pero no estamos aquí para actuar o dejar de actuar por miedo, sino para definir, desde todo nuestro poder y nuestra adultez cómo es esa persona en la que me quiero convertir. Y para construirla volveríamos a la primera pregunta, todo se entrelaza. Probablemente no sepas quién eres sin esas etiquetas que te has ido poniendo a lo largo de tu historia, pero es que sentirte plena no tiene que ver con seguir encajando en moldes que otros inventaron, sino con expandirte hasta donde tú quieres. 3️ ¿Cuánto espacio dejo para lo que me hace sentir viva? No para lo que TENGO QUE, sino para lo que me provoca mariposas en los entresijos, para lo que hace que las piezas de lo que soy encajen. Para lo que me construye, me alegra, me emociona. Yo creo que es imposible que nos sintamos realizadas, aunque hayamos encontrado nuestro propósito (aquí te dejo un episodio de podcast en el que hablo del famoso propósito con mi profe de coaching, Beatriz García Ricondo, que es maravilla). Si no nos damos permiso para disfrutar, para reírnos a carcajadas, para mirar al techo escuchando nuestra música favorita, para ir a los conciertos de nuestros cantantes favoritos, para compartir un finde con las amigas del cole. Si todo lo que hay en tu agenda (física o mental) tiene que ver con producir, ser útil o demostrar, no estás viviendo: estás sobreviviendo. La buena noticia es que le puedes dar la vuelta al asunto. No es fácil, pero es posible. Estas tres preguntas no se responden rápido. Si fuera así, ya las habríamos resuelto. No van de escribirlas en tu libreta bonita y olvidarlas. Van de cambiar de mentalidad para ser capaz de escucharte, de tenerte en cuenta. De observar cómo vives y decidir de qué está hecha la distancia que te separa de cómo quieres vivir. Van de hacerte responsable de tu parte, sin excusas, sin justificaciones, sin pedirle permiso a nadie. De ser coherente. Muchas veces, cuando te haces las preguntas adecuadas, de una manera que parece mágica, la vida empieza a ordenarse. No es brujería, es presencia. P.D.: de observar cómo has vivido en el 2025 y definir cómo quieres que sea tu 2026 hablaremos en mi taller PODER Y RESPONSABILIDAD, que abrirá sus puertas solo del 20 al 27 de noviembre. Es un taller grabado, así que lo podrás seguir en cuanto te inscribas.
Durante este taller vas a entender por qué muchas veces actuamos desde los extremos: o nos ponemos excusas y postergamos eternamente, o nos exigimos hasta el agotamiento. Ninguno de esos lugares nos ayuda a avanzar. Desde ahí no nos pasa lo que queremos que nos pase. Lo que sí nos impulsa es aprender a actuar desde nuestra Yo adulta: esa chavala consciente, serena y sabia que todas somos, solo que a veces mantenemos escondida. En PODER Y RESPONSABILIDAD analizaremos nuestro 2025 con todo el orden y la profundidad, para así diseñar un 2026 en el que nos queramos quedar.
Te enseñaré el proceso que yo sigo cada final de año para hacer inventario y definir lo que está por venir. Tendrás las grabaciones y los cuadernos de ejercicios disponibles de por vida. Ya puedes apuntarte AQUÍ a la lista de espera para ser la primera en enterarte cuando abra puertas. ¿Qué te llevas de este taller?

1. Claridad sobre el ahora

  • Revisarás tu año con profundidad y honestidad.
  • Verás qué ha funcionado, qué te ha pesado, qué te ha desbordado. Qué merece desaparecer, quedarse o crecer.
  • Aprenderás a distinguir las decisiones que nacen del impulso o de la exigencia, de las que nacen de tu adulta consciente: la que observa, analiza y elige con criterio.

2. Calma para decidir

  • Te daré herramientas para deshacerte del ruido mental y fortalecer un eje hecho de lo que realmente te importa y quieres conseguir.
  • Tendrás recursos para fijar objetivos en todas las áreas de tu vida. Para tomar perspectiva.

3. Foco para avanzar

Definirás tus tres prioridades vitales para 2026 y diseñarás tu plan de acción (que será tan flexible como realista)

4. Cuaderno descargable para echar mano de él siempre que lo necesites:

Podrás volver a este taller siempre que necesites reajustar o revisar.

3 claves para atreverte a brillar

Me habrás escuchado un montón de veces mencionar el miedo a brillar. Normal, porque me da una rabia… Ese miedo se disfraza, muchas veces, de modestia o de prudencia. No hablo demasiado, me callo mi opinión. No destaco, así no me ven, así no me pueden hacer daño. Pero no hace daño el que quiere, sino el que puede. Cuántas veces hablo con mujeres que me dicen que me dicen que se sienten pequeñas, lo cuál, en realidad, significa que SE HAN HECHO pequeñas. Y eso no puede sr. La solución para que no nos ataquen nunca debería ser encogernos, sino tener todas las herramientas para, o que nos resbale el ataque, o defendernos sin miramientos. Ese miedo a llamar la atención, a destacar, nos convierte en la mitad de lo que realmente somos. Porque brillar no tiene nada que ver con ser vanidosa, sino con estar presente, con ocupar espacio en tu propia vida sin pedir perdón por ello. La alegría que me he llevado últimamente cuando he descubierto cuentas que hablan del GLOW, o sea del brillo (no he encontrado ninguna en español). Y lo que he encontrado me gusta porque tratan de ese magnetismo que no tiene nada que ver con la perfección, sino con la energía que una desprende. Con tener ganas, con ser atractiva en el sentido más amplio de la palabra, que para mí es chorrear carisma, autenticidad, solidez. Brillar también tiene que ver con tu imagen. Pero muchas quizás han creído que eso es superficial (y ser superficial debe ser algo malísimo, no sé, mí no comprende). Nuestra imagen es una parte de nosotras, la parte con la que nos presentamos al mundo. Cuidar la parte externa de lo que eres es una señal de autorespeto. Esa imagen es causa y consecuencia de muchas cosas que nos pasan por dentro. Hace un par de semanas hablé por encima de este tema en una de las sesiones de mi formación de Autoestima y Autovaloración y me sorprendió muchísimo el interés que despertó. Muchas alumnas me dijeron que se habían descuidado, que optaban por lo cómodo sin pensar en lo bonito. que no le daban importancia a lo que se ponían, a cómo se peinaban. Quizás, la importancia que le damos a lo que mostramos hacia el exterior es reflejo de la importancia que nos damos a nosotras mismas. Lo importante no es cómo te ven los demás, sino cómo te sientes tú. Y qué difícil es brillar por fuera cuando no brillas por dentro. Brillar por dentro es saber cómo quieres vivir, tener claro que eso que deseas es lo que te mereces. Tener aficiones, llenarte de ti, de todo lo que te gusta. Brillar tiene que ver, claro, con tener unos amigos de la hostia. Es que tu ritmo se adapte a lo que quieres en la vida, y no al revés. Es cuidar de tus tres dimensiones: la mental, la espiritual, la física. Tu brillo se refleja en cómo te hablas a ti misma y cómo le hablas al mundo de ti. En lo alineada que estás: lo que piensas, sientes, dices y haces van en la misma dirección. Cuando brillas, tus espacios reflejan tu identidad, tus hábitos te llenan de energía, no te la drenan. Tienes una rutina que te gusta, no que te arrastra. Brillar es decidir desde tu voluntad, no desde tu miedo. Puede que a estas alturas del artículo estés pensando “Vale, tía, me has convencido, quiero brillar, ¿por dónde empiezo?”. Las claves para expandirnos, para brillar a lo loco no caben en tres minutos, claro. Te diría, por otra parte, que todos mis contenidos tienen que ver con la intención de que te sepas divina y enorme. Pero vamos a empezar, que es lo importante. Lo primero: ya que tus pensamientos acaban creando tu realidad, vamos a hacer lo posible para que lo que haya en tu cabeza tenga que ver con lo que quieres, no con lo que temes. Escribe tus objetivos. Piensa en todas las cosas que te gustan (te animo, como no, a que te unas al reto #1000cosasquemegustan. Si cada día haces tres cosas que te gustan, al cabo del año son mil. Casi ná. Piensa también en lo que sí puedes, no en lo que no puedes. Y eso tiene mucho que ver con la gratitud. Yo ahora mismo, por ejemplo, agradezco inmensamente poder ir al baño solita y sin dolor, después de un ataque de lumbalgia que me dejó tiesa. Valoremos y agradezcamos todo lo que podemos hacer y todo lo que sí tenemos. Lo segundo: descansa. Sí, soy pesadísima con esto, pero es que es imposible que una bombilla fundida nos dé luz. Pues contigo pasa lo mismo. Lo tercero: ya que estamos acabando el año, te diría que empezaras a trabajar en los famosos propósitos, pero desde la perspectiva de la protagonista de tu vida. Imagina la peli ideal de tu vida ideal. Y aquí, por supuesto, te voy a remitir a ese ejercicio que para mí ha sido un antes y un después; que me permite, diseñar, visualizar, imaginar la vida que quiero. Te dejo AQUÍ el paso a paso que yo sigo, con todas las preguntas y los detalles para guiarte. Ojo, que en mi vida ideal, más que grandes viajes, hay grandes ratos de lectura, de calma. Hay mucho yoga para que mi lumbar me dé las gracias en lugar de palos. Hay charlas con amigos, flores en casa, tardes de manta y sofá, paseos por mis montañas, comida muy rica y muy sana. Calma, mucha mucha mucha calma. No nos liemos, amigas, la vida ideal suele estar más cerca de lo que nos pensamos. Jo, que voy ya casi por los cinco minutos, disculpa, es que emociono pensando en muchas chavalas brillando a lo loco. Iluminando y guiando a otras para que hagan lo mismo. Me encantará que me dejes en los comentarios si se te ocurren más herramientas para que nos volvamos luciérnagas perdidas. P.D.: Al final de cada año, me pregunto qué podía haber hecho para pasármelo aún mejor. Reviso, analizo y planeo cómo aplicar esos aprendizajes al año siguiente. Pues bien, quiero compartir ese sistema-ritual-ejercicio contigo en un taller que he llamado PODER Y RESPONSABILIDAD: el método con el que cierro cada año y diseño el siguiente. Este taller es para ti si:
· Sientes que has pasado el año corriendo, apagando fuegos o sobreviviendo. · Te cuesta mantener el foco y priorizar lo importante sin agotarte. · Te reconoces en el “no llego a todo” y en el “tendría hacerlo mejor”. · Quieres cerrar el año sin culpa ni presión, pero con dirección para sentir que gestionas tu vida en el 2026 (y en todos los años que están por venir). · Necesitas recuperar la paz mental, ordenar tus ideas y elegir con intención qué quieres conservar en tu vida y qué quieres dejar ir. · Saber en qué punto estás realmente, con toda la objetividad. · Sentir que avanzas desde la responsabilidad, no desde el estrés. · Diseñar un año en el que te quieras quedar
Abriré inscripciones del 20 al 27 de noviembre. Será grabado, así que puedes sumergirte en él en cuanto te inscribas. Te dejo aquí el resto de la información y el acceso a la lista de espera.
P.D2.: si eres emprendedora y lo que quieres es planificar el 2026 en tu negocio para facturar más, no trabajando más, sino trabajando mejor, más enfocada, con objetivos claros y un con un plan concreto, quien puede ayudarte es Nayla Norryh con su WORKSHOP DE PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA, yo fui su alumna en 2023 y me ayudó muchísimo a hacerme las preguntas correctas para trabajar con orden, foco y claridad.
Las inscripciones se cierran pronto, el 5 de noviembre y el workshop no se repetirá hasta 2026. Una pregunta que muchas me habéis hecho sobre este workshop es si os sirve cuando estáis empezando. Mi respuesta: ojalá yo lo hubiera hecho nada más empezar, e incluso antes, porque habría ganado en tranquilidad y facturación. Si te inscribes, nos veremos en las sesiones, porque aunque tengo las sesiones grabadas de por vida, escuchar a Nayla es siempre placer y aprendizaje. Tienes aquí toda la info sobre el workshop y te dejo aquí el podcast que grabamos hace unas semanas sobre cómo convertir la planificación en un ritual gustoso. Un abrazo, Sol

No es que no sepas lo que quieres, es que te da miedo desear

Hoy vamos a hablar de algo importantísimo: LOS OBJETIVOS. Sí, amiga, eso que quieres (o que no quieres) son objetivos. O metas. O llámale equis. Estamos ya en el último trimestre del año y, si queremos, para el 1 de enero, tener los famosos propósitos claritos y escritos (porque SÍ, hay que escribirlos. Nos dice la ciencia que así es un 40% más probable que los alcancemos) hay que empezar a trabajar en una misma con antelación. Vamos a poner orden y vamos a engrasar la máquina de fabricar objetivos. Cuántas veces, en mis sesiones con mis alumnas, o con mis amigas, escucho la misma frase: “NO SÉ LO QUE QUIERO.” Yo, las escucho, calladita, y no puedo evitar levantar la ceja izquierda (no sé levantar solo la derecha) y me contengo mucho para no gritar “CLARO QUE LO SABES, ¡COÑO!” Vale, a veces, si hay mucha confi, dejo la contención a un lado y grito como una posesa. No me juzguéis, es por amor. Porque sí lo sabemos, siempre lo sabemos. Siempre lo sabes. Sabes que quieres calma. Que quieres alegría, amor, ligereza. Orden, belleza, amistad, realización personal, diversión. Sabiduría. A lo mejor no sabes qué forma concreta tiene todo eso, pero sabes lo que quieres, porque la gran pregunta nunca es qué quieres hacer o tener, sino QUÉ QUIERES SENTIR. A veces, sí sabes qué forma tiene eso que quieres sentir. Quieres viajar sola. O divorciarte. O teñirte el pelo de fucsia. O cambiar de amigos porque los de ahora ya no te aportan. Quieres poner límites. Quieres un trabajo en el que te diviertas. Quieres ganar la pasta suficiente para tener libertad. Quieres tener un cuerpo en el que te sientas bien. Quieres tener una casa preciosa. Lo sabes. Pero te da miedo hasta pensarlo, ya no te cuento decirlo. O escribirlo.
Vamos a ponerles apellido a los miedos, para poder mirarles a la cara y dejarles bien clarito que aquí mandas tú, no ellos.
Nos da miedo que no salga bien, aunque no definamos qué es ese “que no salga bien”. Nos da miedo que nos tilden de ingratas por querer más, porque “Hay otros que están peor”. No te jode, también los hay que están mejor. Qué raritas somos para lo de las comparaciones, siempre usándolas en nuestra contra. Nos da miedo decepcionar a los demás si vivimos nuestra vida como nos dé la gana. Perder una supuesta estabilidad que nos está robando la energía y la alegría. Perder la aprobación de personas cuyo criterio nos parece una real mierda. Luego tenemos las creencias que viven tras esos miedos: “Eso no es para mí.” “Ya es tarde.” “No puedo permitírmelo.” “Si cambio, voy a quedarme sola.” Lo más peligroso de todo esto es acostumbrarse tanto a esa desidia que dejamos de imaginarnos otra vida. Dejamos de soñar. Y ahí estamos perdidas, aunque siempre podemos reencontrarnos.
Seguimos con los obstáculos a la hora de definir, porque descubrirlos es el primer paso para poder gestionarlos.
A veces renunciamos al qué porque no sabemos el cómo. Pero el CÓMO nunca llega antes del QUÉ. Primero viene el deseo, luego la posibilidad, y después el plan. Así que olvídate un rato del cómo. Enamórate del qué. Escríbelo, dibújalo, imagínalo. Vuélvete locatis con el qué. La claridad tiene una manera misteriosa y mágica de abrir caminos.
Y ahora que hemos hablado de los muros que nos separan de nuestros deseos, vamos a repasar nuestra historia. A aprender de nuestros errores y de nuestros aciertos.
Antes de pensar en el futuro, de generar los objetivos que están por venir, merece la pena mirar atrás. No con resquemor, sino con perspectiva. Algunas de las preguntas que te pueden ayudar a hacerlo de manera constructiva son: ¿Qué decisiones he tomado desde el miedo y cuáles desde la voluntad? ¿Qué he dejado a medias y por qué? ¿Qué versiones de mí necesitan un adiós, o un perdón, o un agradecimiento? ¿Qué aprendizajes quiero que me acompañen y cuáles quiero olvidar para dejar espacio a otros que me sirvan más ahora mismo? Reflexiona tus respuestas, conversa con ellas. Mira de frente a tus miedos y a tus creencias, conversa con ellos. ¿De qué te quieren proteger? ¿Qué te están robando? Y a partir de aquí, el camino para los famosos propósitos del 1 de enero empieza a alisarse. P.D.: el otro día me preguntasteis por Instagram cómo preparaba mi año, si hacía un tablero de visión. La respuesta es que sí, pero antes tengo que saber qué hay en ese tablero, claro. Yo, cada último trimestre del año llevo a cabo dos rituales (sí, los llamo rituales porque es mucho más divertido e inspirador que procesos). El primero, tiene que ver con la vida entera excepto la parte financera. En él, me formulo las preguntas adecuadas para analizar el año que está terminando y:
  • Reconocer lo que me ha pesado
  • Agradecer lo que he conseguido
  • Decidir lo que quiero soltar, lo que quiero conservar
  • Planear lo que quiero expandir
  • Redefinir quién quiero ser y cómo quiero vivir
¿Para qué? (cómo me gustan los paraqués)
  • Para tener claridad sobre lo que me está pasando ahora, porque es facilísimo que la inercia no me deje verlo
  • Para decidir con calma
  • Para conseguir el foco necesario con tal de avanzar.
  • Para llegar a diciembre del año próximo aplaudiéndome.
Como a mí lo que me mola en la vida es compartir lo que me sirve, he creado un taller que tendrás disponible en noviembre con el paso a paso de mi ritual, con todas las preguntas, con un cuaderno bien ordenadito al que podrás echar mano cada año. Si quieres saber más y que te avise en cuanto abra inscripciones (será a mediados de noviembre), haz click AQUÍ. Y hay otro ritual, el que tiene que ver con MI NEGOCIO. Para analizar todo lo que ha pasado en el año que termina y afinar lo que quiero que pase al año siguiente sigo el paso a paso del WORKSHOP DE PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA del que fui alumna en 2023. En él, Nayla Norryh me dio las herramientas para tener orden, claridad y foco, no solo en los números, sino en todo el proceso, desde lo más interno e íntimo hasta lo más operativo. En tres sesiones, esta chavala de estructura mental gloriosa, se las apaña para enseñarte lo que todas las emprendedoras deberíamos saber a la hora de planificar nuestro año. Algunas me habéis preguntado si es útil para quien está empezando: MUCHÍSIMO. Yo no quiero calcular la de tiempo, disgustos y pasta que me habría ahorrado de haber hecho esta formación antes. Las inscripciones se cierran el 5 de noviembre y tienes toda la info aquí. Espero que todo esto te sirva, querida mía, porque pocas cosas agotan más que ir a la deriva en cualquier ámbito de nuestra vida. Feliz sábado, Sol