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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

El secreto de mi constancia

Durante años, fui víctima total de la perfección. Notas perfectas en el cole, que no se saliera un solo pelo de mis coletas, comportamiento impecable en clase y en casa. Ni una mala contestación, ni una impuntualidad, ni una travesura, ni unos deberes sin hacer JAMÁS. En aquel momento me parecía la única opción posible. Desde la mirada adulta de ahora veo la cosa muy diferente: estoy convencida de que esa niña de las coletas vivía en la tensión constante de sentir que, sin ser perfecta, no valía y, por lo tanto, no la querrían. Una pena. Siendo niñas, nuestras opciones se reducen mucho, porque no somos independientes, no tenemos información, no somos libres. Pero esta Yo de casi 52 puede elegir salir de ese patrón, puede decidir que vale por lo que es, no por lo bien que hace las cosas. Y puede acercarse solamente a quienes la valoran por la persona en la que se ha convertido. Una que persigue el bienestar, no la perfección. Probablemente por todo esto ahora me agarro fuerte a la imperfección, a las preguntas que me revelan de dónde sale mi comportamiento. A alcanzar mis objetivos olvidándome de lo cómo los demás los valorarán y abrazando la constancia, que es algo mucho más relajado y amable. Vivimos creyendo que, para avanzar hacia nuestras metas, tenemos que hacerlo todo perfecto: la mejor estrategia, el momento ideal, el resultado impecable. ¿Cuál es el problema de este enfoque? Que es imposible, por eso nos frustra y nos paraliza, claro. Porque antes de empezar ya sentimos que no estaremos a la altura. Y la importancia de estar a la altura es algo que nos han inoculado, sin que lo hayamos cuestionado en ningún momento. Sin que hayamos vocalizado ni un solo ¿Para qué? Por suerte, resulta que la perfección no es un requisito para avanzar, sino un lastre a soltar. Y resulta que la verdad es esta: la constancia no llega al hacerlo todo bien, sino al estar dispuesta a hacerlo mal si es necesario. Porque cada pequeño paso imperfecto nos acerca a algún sitio, mientras que esperar a que llegue el momento perfecto nos deja eternamente en la línea de salida. Este proceso implica estar dispuesta a hacer mil cosas imperfectamente, levantarnos cada mañana y decirnos: hoy voy a hacer un montón de cosas mal, porque de lo contrario jamás avanzaré. Hemos de darles de hostias a las malditas expectativas: escribamos con errores, equivoquémonos al tomar decisiones, impartamos una charla regulera. Porque cada versión imperfecta nos enseña algo y nos acerca a lo que queremos ser. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos, pero hacemos. Renunciar a la perfección no significa conformarme con lo mediocre; significa entender que lo perfecto NO es necesario para progresar. Cada vez que dejo de lado esa presión, me permito actuar, y actuar es lo que me mantiene en movimiento. Recordemos que lo que provoca el cambio no es pensar y pensar y planear y planear. Es la ACCIÓN. Y recordemos que la constancia no nace de la perfección, sino de la repetición. De aceptar que algunos días harás las cosas a medias, otros días cometerás errores, y otros simplemente no saldrán como esperabas. Aún así, sigues adelante, porque cada cosa que haces suma, ya sea pequeña o errónea. Cuántas me habéis dicho que os repetís constantemente este mantra: MEJOR HECHO QUE PERFECTO. Lo único que importa es que des el primer paso, y luego el siguiente, y el siguiente. Al final, la constancia es la suma de mil imperfecciones que te llevan más lejos de lo que nunca imaginaste. El blog en el que empecé era una cosa horrible que yo hice sin tener ni idea de WordPress, mis primeros artículos eran horrorosos, mis clases estaban desestructuradas. Qué maravilla, porque sin todo eso yo no estaría aquí, viviendo cosas que no aparecían ni en mis mejores sueños. Ojalá mi experiencia te sirva para despojarte de esa autoexigencia dañina que tensa y castiga, y abraces el compromiso con tu divina persona, ese que te llevará hasta donde tú quieras. En la nueva formación en mi membresía voy a compartir las claves que me han llevado de vivir en la tensión y el estrés de la autoexigencia y las ansias de perfección hasta la libertad que me da el saberme suficiente y cumplir los compromisos conmigo misma. Que me permite ser todo lo constante que precisan mis objetivos desde el equilibrio y la calma.

Solo te puedes apuntar a mi membresía hasta el 6 de enero, ese día se cierran las puertas y se volverán a abrir el 1 de julio.

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Qué dicen las suscritas a mi membresía “Té con Sol”:
Maravilla de sesión!! Información directa, precisa, concisa y llegando al centro de la diana 🎯. Como siempre, me encanta!! Sol eres magnífica en lo que haces, que es cambiarnos la vida. Ahora a por los ejercicios y deseando ver la siguiente grabación para trabajar valores. Mil gracias Sol!!
Solamente darte las gracias. Increíble comparto contigo mi palabra final que es TRANSFORMACION. Ya he empezado a escribir compromisos conmigo misma y los he firmado
Gracias Sol por esta sesión, mira que te he escuchado algunas cosas anteriormente, pero siempre me sorprendes y me sorprendo escribiendo alguna frase tuya que me hace clic en ese momento, la forma que tienes de transmitir es impactante…como siempre te digo, gracias por tanto
Gracias! 🤗 Mi palabra para ésta sesión, orden, porque el simple hecho de escucharte ya me ordena por dentro ❤️
Gracias Sol por la sesión del sábado, qué maravilla escucharte decir tanto y tan bueno y ¡¡buena nota que tomé!! Un placer estar en tu membresía con tanto, tan VALIOSO. GRACIAS
He detectado un monton de creencias, y patrones que me estaban estorbando. Poder trabajarlos ha sido liberador y super poderoso.
Estoy empezando a tomar decisiones por mí misma, y eso antes era impensable!!
Impresionante, desde el primer minuto hasta el último. ¡Gracias, de corazón!
  Tienes aquí toda la información de “De la intención a la acción: sé la dueña de tu disciplina y tus hábitos”, donde en seis sesiones, una mensual de enero a junio, identificaremos las barreras que te bloquean y aprenderás a construir una base sólida para cumplir con todo lo necesario para que te pase lo que quieres que te pase. Las inscripciones a la membresía, tanto en su modalidad mensual como en la anual (con la que te ahorras dos mensualidades) se cerrarán el 6 de enero y no volverán a abrirse hasta el 6 de julio, cuando haya finalizado esta formación.  

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  Te doy, de nuevo, las gracias por acompañarme y te deseo un feliz sábado, Sol

Mi hábito más importante

Cuánto se habla de los hábitos: de los relacionados con el deporte, con la alimentación, con la meditación, etc. Pero si tuviera que elegir un solo hábito que considero básico en mi vida, porque ha sido el más transformador, sería estar presente. Sí, lo considero un hábito porque es una práctica consciente que requiere repetición y esfuerzo, como cualquier otro hábito. No aparece de manera automática, ojalá. Mucho menos con la cantidad de distracciones en el que vivimos. Estar presente precisa de recordatorios internos, y a veces externos. De muchas preguntas, de ejercicios prácticos. Estar presente se entrena, como casi todo. Para alguien como yo, que tiene mil ideas cada minuto, estar presente es un reto de narices, pero también un compromiso innegociable (y ya te decía en mi último texto que el compromiso es la clave de mi adorada disciplina). Esa presencia, para mí, tiene mucho que ver con una pregunta muy simple y muy útil: ¿Cómo estoy y qué necesito ahora mismo? Con ella me recuerdo que no necesito resolverlo todo de golpe, que sí necesito encontrar la manera de ordenar este coco, que más que coco es un carnaval. Que necesito estrategias para que la creatividad sea una herramienta de creación, no un arma de destrucción contra mí misma. Preguntarme eso varias veces al día, desde que me levanto hasta que me acuesto me revela si estoy cansada, nerviosa, ausente, bloqueada o nada de eso. La respuesta puede llevarme a darme una caminata para despejarme, a hacer tres respiraciones profundas, a tomarme un té mirando a la nada, a priorizar lo realmente urgente o a bailarme algo de Teddy Swims, porque ya sabemos que cuando la mente se nubla, hay que mover el cuerpo. Otro factor clave que me ayuda a estar presente es relativizar. Porque ya sabemos de qué va esto, nuestro cerebro miedoso nos lleva a imaginar un futuro catastrófico. Y esa catástrofe es que me hijo suspenda o que alguien me critique o que no me dé tiempo a terminar un informe. Relativizar no es ignorar los problemas, sino tomar la distancia necesaria para poder ver su extensión real y también para salir de mi burbuja vital y compararlos con lo que realmente son desastres. Otras preguntas que me ayudan a conseguirlo:
  • ¿Esto será algo realmente fatal para mi vida en un mes, en un año?
  • ¿Si comparo esto con los dramas que vemos cada día sigo tomándomelo tan mal?
Con esto y tres respiraciones se me pasa la tontería la mayoría de las veces, vuelvo al presente en dos minutos y así apago el ruido mental y me puedo enfocar en lo que realmente importante. La consecuencia de esto es previsible: el estrés disminuye a lo bestia, porque el maldito estrés no llega por lo que nos pasa, sino por cómo lo interpretamos. Manejar las inconveniencias en lugar de dejar que nos vapuleen a sus anchas es la mejor manera de vivir en lugar de sobrevivir. Por eso, porque quiero que en el 2025 diseñes una vida en la que te quieras quedar, en la nueva formación en mi membresía compartiré contigo cómo implemento los hábitos necesarios para aplaudirme, celebrarme y alcanzar mis objetivos. Tienes aquí toda la información de “De la intención a la acción: sé la dueña de tu disciplina y tus hábitos”, donde en seis sesiones, una mensual de enero a junio, identificaremos las barreras que te bloquean y aprenderás a construir una base sólida para cumplir con todo lo necesario para que te pase lo que quieres que te pase. Las inscripciones a la membresía, tanto en su modalidad mensual como en la anual (con la que te ahorras dos mensualidades) se cerrarán el 6 de enero y y no volverán a abrirse hasta el 6 de julio, cuando haya finalizado esta formación. Te deseo un feliz sábado, Sol

Esta es mi clave para ser disciplinada

¿Cómo estás, querida suscriptora? Espero que el final del año te esté tratando como te mereces. Yo quiero terminar el 2024 hablando del motor de todo lo que conseguimos o dejamos de conseguir, porque, para el 2025 nos quiero satisfechas y empoderadas perdidas. El motor somos nosotras, claro. Concretamente, el motor es el COMPROMISO con una misma. Empecemos por el principio, que es definir el centro de mi diana, mi objetivo supremo. El mío es simple y potente: sentirme bien. No solo hoy, sino también dentro de una semana, un mes, un año y el resto de mi vida (Ya, no todo depende de mí, pero soy muy fan de la estadística, es decir, de incrementar las probabilidades en la medida que pueda, que es mucha) No dejo mi bienestar al azar o al capricho de lo de fuera, de otros, de la suerte; mi bienestar es cosa mía y nace de un compromiso férreo con esto que soy, con mis decisiones y con lo que quiero construir. Ese compromiso es que el me regala el poder de decidir: lo que quiero, lo que no, cómo reacciono, cómo siento, cómo pienso, cómo actúo, cómo me relaciono. La consecuencia inmediata del compromiso es el AUTOCONTROL, o sea, posponer el gustazo inmediato y breve a favor del gustazo posterior y duradero. Es liberarme del impulso para abrazar mi voluntad. El autocontrol hace que tenga muy claro a qué le digo que sí; sentarme a estudiar para aprobar ese examen que mejorará algún aspecto de mi vida, ponerme a currar para crear una formación que impacte en positivo y me regale plenitud y liberad económica, hacer deporte para tener un cuerpo sanote ahora y dentro de muchos años. Y también el autocontrol me impulsa a decir que no a todo lo que me resta bienestar: a relaciones que me vacían en lugar de llenarme, a lugares en los que no estoy a gusto, a la queja, al conformismo, a la procrastinación. Ese autocontrol es una práctica diaria, una disciplina que, lejos de oprimirme, me da libertad, porque me proporciona todo lo que quiero. Qué regalazo. Quizás me estás leyendo y pensando, pero es que no sé por dónde empezar, porque no tengo ni idea de por dónde anda mi autocontrol, o mi compromiso, o mi poder, o la madre que lo parió. Empieza por lo pequeño, porque nadie levanta cien kilos el primer día de gimnasio, le das a la mancuerna de cinco, con suerte. Y luego la de seis. Y cada logro, por pequeño que parezca, refuerza la idea de que puedes confiar en ti, de que eres capaz de avanzar. De comprometerte. De autocontrolarte. De ser poderosa y libre. De ahí, al efecto dominó: cuántos más compromisos cumplo conmigo misma, menos resistencias tengo que superar. La acción genera confianza, y esa confianza genera más acción. Del ciclo vicioso al círculo virtuoso que me mantiene en movimiento, hasta en días en los que no tengo ganas de nada. Porque la clave no está en esperar a tener ganas; la clave está en actuar desde el compromiso con tu divina persona. Una de las prácticas que más me ha ayudado a mantener esta disciplina mía es hacerme preguntas tocanarices antes de tomar decisiones. Sí, ya sabes que soy fan majara de las preguntas. Por ejemplo, si estoy a punto de decidir si seguir adelante con una tarea importante o posponerla, me pregunto:
  • Si hago esto, ¿qué me sentiré en la próxima hora, la próxima semana, el próximo mes?
  • ¿Y si no lo hago, qué impacto tendrá en mí a corto, medio y largo plazo?
Y me esfuerzo en agarrarme fuerte a eso que voy a sentir, porque es lo que va a tirar de mí en los momentos de más pereza. Responderme con honestidad me permite alinear lo que hago con mi objetivo supremo. No tiene nada que ver con la autoexigencia, sino con recordarme lo que realmente me importa. Y lo que me importa no es hacer scroll en Instagram, es estar más a gusto que la hostia en mi propia vida. Espero que ese sea también tu objetivo. Cada día me escriben cientos de mujeres que me preguntan cómo consigo tener fuerza de voluntad, de dónde saco la energía. Resumiendo: cuál es el motor que consigue que me pase lo que quiero que me pase. Por eso, en la nueva formación en mi membresía voy a compartir contigo todas las claves que me han servido en los últimos años para cultivar mi fuerza de voluntad, mi disciplina, mi motivación. Todo lo que siento, pienso y hago para implementar hábitos que me hagan sentir la mar de bien. Tienes aquí toda la información de “De la intención a la acción: sé la dueña de tu disciplina y tus hábitos”, donde en seis sesiones, una mensual de enero a junio, identificaremos las barreras que te bloquean y aprenderás a construir una base sólida para cumplir con todo lo necesario para que te pase lo que quieres que te pase. Las inscripciones a la membresía, tanto en su modalidad mensual como en la anual (con la que te ahorras dos mensualidades) se cerrarán el 6 de enero y no volverán a abrirse hasta el 6 de julio, cuando haya finalizado esta formación. Te doy, de nuevo, las gracias por acompañarme y te deseo un feliz sábado, Sol

3 personas que me inspiran, 3 hábitos que me construyen y 3 frases que me guían

Hola, querida mía: En estos tres minutos te voy a contar parte de los ingredientes que para mí son imprescindibles para que me pase lo que quiero que me pase. Esos ingredientes son la inspiración, que me da ganas de convertirme en alguien mejor; los hábitos, porque nuestra vida será tan buena como buenos sean nuestros hábitos, y tres frases que me recuerdo una y otra vez y que forma parte de mi columna vertebral. Cuando siento que me pierdo, vuelvo a ellas, porque lo que nos decimos define quienes somos. La inspiración puede llegar de cualquier rincón, y normalmente la encuentro en personas que encarnan lo que admiro y lo que quiero en mi vida. Oprah Winfrey es un ejemplo brillante de resiliencia, autenticidad y propósito. Y de inteligencia y superación en plan salvaje. Su capacidad para atravesar la adversidad y convertirla en fuerza me fascina, y ese compromiso suyo incansable con el crecimiento de otros, especialmente de mujeres en situaciones vulnerables, me emociona y me recuerda para qué estamos sobre el planeta. Otra persona que admiro profundamente, porque cada vez que le escucho aprendo algo nuevo, bonito y útil es Mariano Sigman, neurocientífico y divulgador, que conecta ciencia y vida cotidiana con una claridad tremenda. Este señor afila mi curiosidad que da gusto, y eso es algo maravilloso y necesario. Pero probablemente mi mayor inspiración llega de todas esas personas —sobre todo mujeres— que, a pesar de los marrones vitales, siempre encuentran la manera de avanzar. Mujeres que se enfocan en lo que sí tienen, sí pueden y sí quieren, en lugar de lamentarse por lo que falta. Cada vez que veo a alguien transformar un “no puedo” en un “voy a intentarlo,” noto cómo se me encienden las neuronas, cómo aplauden mis entresijos. 3 hábitos que me construyen La inspiración no sirve de nada sin acción, y he aprendido que son los hábitos diarios los que realmente transforman la vida en algo que vale mucho la pena. Uno de los más importantes para mí es preguntarme siempre: “¿Cuál es el plan?” Esta pregunta tan simple como poderosa me ayuda a mantenerme enfocada, a no dejarme llevar por la improvisación y a priorizar lo que realmente importa. Lo que me importa a mí, no a mi madre, mis hijos, mi prima. A MÍ. Esa pregunta me mantiene atenta y proactiva. Impide que me enrosque en los problemas más de lo necesario. Me regala el poder de hacer lo que tengo que hacer para resolver y avanzar. Tener un plan no significa que todo saldrá perfecto, pero me da claridad y dirección, todo lo que necesito para estar la mar de a gusto. Otro hábito que considero esencial es el ejercicio, ya sabes, el meneo es vida. Más allá de todo lo que le regala a nuestro hermoso cuerpo, este coco se revuelca de gusto tras levantar unas pesitas, o bailar, o caminar, o estirar. Incluso en los días que más lío tengo, creo ( y no digo encuentro, digo CREO) el tiempo para caminar, hacer unos estiramientos o cualquier cosa que me permita moverme. El ejercicio me recuerda que este cuerpecito es el que me va a hacer que mi vida sea lo que quiero que sea, tanto ahora como en treinta años. Y el último habito: las páginas matutinas, que han sido una revelación en mi vida. Vacío pensamientos, sueños, comeduras de tarro. Sin censura ni juicio. Mis páginas me ayudan a conocerme en cada momento, a desbloquearme, a sintonizarme. Escribir me organiza el coco y la vida entera. 3 frases que me guían Qué importante es todo lo que no nos decimos o lo que nos dejamos de decir. Las palabras determinan lo que pensamos y, por ende, quiénes somos. Yo uso el lenguaje como ancla para bien, para no despistarme, para volver al eje cuando la vida me vapulea. Uso varias frases como si fueran mantras, como si fueran mi biblia. Una de ellas es: “La vida solo va en una dirección”, de mi querido amigo Igor Fernández. Esta frase me recuerda que, me guste o no, el tiempo avanza, y es mi responsabilidad aprovecharlo al máximo, sin dejar que lo que ya ha pasado me lastre. Otra frase que llevo tatuada en el alma es: “Ya que no puedo alargar la vida, haré lo posible por ensancharla,” de Jerry Garbulsky. Para mí, define mi filosofía de vida: no posponer, disfrutar a tope, soñar en grande. Por último, una que es mía: “La ilusión es lo que diferencia a los vivos de los supervivientes.” Creo firmemente que es nuestra obligación inventar la ilusión, porque a partir de ahí surge todo lo demás. Las ganas de movernos, de crecer. De mantenernos sanas, activas, curiosas. Hasta aquí estos ingredientes de mi brújula vital que son también, en gran medida, mi norte. Que me recuerdan que esto de la vida adulta no es fácil, pero que mi deber es encontrar mis objetivos y mi dirección. No te cortes, querida: si tú tienes también algo que quieras compartir y que ayude a otras a vivir mejor, cuenta en comentarios. P.D.: te dejo aquí el enlace a un pdf que he creado con tres ejercicios que a mí me sirven para salir de los bloqueos vitales. Espero que te sirva.

4 charlas que deberían ser obligatorias para todos

Hola, mi querida suscriptora. Cuántas veces he hablado de lo necesario que es buscar la inspiración, consumir contenidos que nos expandan, que nos nutran y que nos contagien ganas de ser mejores. Muchas veces, ante el bombardeo de información y de plataformas, no sabemos dónde acudir, no tenemos demasiado tiempo y queremos emplearlo de la mejor manera posible, normal. Así que me he tomado la libertad de elegir para ti, para algo tiene que servir que parte importante de mi trabajo sea precisamente eso, encontrar a personas que nos den información útil, que nos enseñen a vivir. La criba no ha sido fácil, y probablemente en unas semanas, compartiré otras charlas que me parezcan también imprescindibles. De momento, allá voy: 1. Esta charla de Jerry Garbulsky para BBVA Aprendemos Juntos: te la dejo en versión podcast, porque es larga, más de una hora, y así incrementamos las probabilidades de escucharla. Si ya lo has hecho, te comento que yo la reescucho cada cierto tiempo, porque me conecta con todo lo importante. Y es que todo lo importante tiene que ver con uno de los temas de los que habla, el de ensanchar la vida. Probablemente he puesto esta charla en primer lugar por mis ansias, no solo de ensanchar la que tengo, sino de vivir muchas más. Yo me desdoblaría para experimentar tantas cosas en tantos sitios… 2. No sabemos qué querremos en el futuro y tener eso claro nos puede ayudar TANTO a decidir cómo queremos vivir… De eso habla  Shankar Vendantam en una charla TED que os dejo aquí, también en versión podcast. Si no habláis inglés, la tenéis en Youtube con subtítulos. Porque si miramos hacia atrás, nos daremos cuenta de que hace veinte años éramos otras personas con otros intereses, pero, extrañamente, creemos que dentro de otros veinte, querremos lo mismo de ahora. Y, claro, llega el 2044 y nos pegamos unos chascos tremendos. 3. Elizabeth Gilbert, la autora de “Come, reza, ama” estructura sus charlas como una novela. Me fascina escucharla. En esta charla TED habla de la inspiración, del miedo a decepcionar, de la necesidad de escribir que, al final, no es más que la necesidad de crear que todos, en el fondo tenemos. 4. La charla entre Viola Davis y Oprah en Netflix es una brutalidad, amiga. UNA BRUTALIDAD. Un despliegue de resiliencia, inteligencia, valentía y un montón de cosas más que convierten este rato en algo que yo creo que todas deberíamos escuchar para relativizar y darnos una autopatada en el culete. Vas a aplaudir y, probablemente, vas a llorar. Coge pañuelos. Y hasta aquí mis recomendaciones de hoy. Por favor, comparte charlas o contenidos o libros que te hayan inspirado y que hayan supuesto un click o un boom para ti. Un abrazo y feliz sábado, Sol P.D.: esta semana, en mis redes, he hablado de cómo lo bien o lo mal que te va en la vida no tiene nada que ver ni con las notas que sacas ni con lo que estudias. Es mucho más importante saber gestionar tus habilidades y tus emociones. Ha salido, como no, el tema de este sistema educativo que sigue aplastando los talentos y la autoestima de tantos chavales. Ante la avalancha de mensajes en los que me contáis cómo os afecta este tema como madres y como personas que, en un momento dado, se metieron en cajas que no les correspondían, he creado una charla llamada “El éxito no se mide por las notas o por lo que estudias: descubre cómo redefinirlo”. En esta charla, compartiré mis reflexiones como coach, madre y persona en constante evolución y reinvención. Exploraremos qué componentes hacen posible una vida exitosa, definiremos nuestro propio concepto de éxito, hablaremos de la importancia de detectar y potenciar tus talentos y los de tus hijos, y por qué la autogestión emocional es clave en este camino. También hablaremos de cómo el mundo laboral está cambiando y cómo es necesario ampliar nuestra perspectiva para observar todas las opciones que existen.
  • Cuando: jueves 5 de diciembre
  • Hora: 18:00 (España)
  • Donde: Zoom
  • Si no puedes asistir en directo, recibirás la grabación
QUIERO INSCRIBIRME EN LA CHARLA

Carta de mi Yo de 99

Hace unos días, en una sesión de mi formación de planificación, les propuse un ejercicio a mis queridas alumnas, que su Yo de 99 les escribiera una carta dándoles las gracias por todo aquello en lo que se habían enfocado y que les había regalado una vida de lo más gustosa. Les encantó, así que he creído que os podría servir también a todas las que andáis por aquí, porque no hay mayor perspectiva que la que nos da nuestra propia historia. Para animaros a que escribáis, os dejo aquí lo que espero me cuente mi Yo del 2072.
  Querida Sol, Aquí me tienes, a mis 99, la mar de a gusto, la mar de activa, pasándomelo la mar de bien. Quería escribirte para agradecerte que cuidaras tan bien a nuestros amigos, porque por aquí los tengo, haciéndome la vida tremendamente divertida. Sigo con las pesas y sigo con las caminatas, claro. Porque si me han servido hasta ahora, no voy a dejarlas. Gilipollas no somos. Viejas tampoco. Que lleve 99 años sobre el planeta no me define. Me define lo que soy y lo que quiero ser. Sigo currándomelo para aplaudirme y celebrarme cada día de nuestra vida. Todavía comparto herramientas que ayudan a la gente a vivir mejor. Hija, bendita la hora en la que le echaste ovarios y empezaste con nuestros rollos de autoconocimiento y desarrollo personal. Bueno, no sabes la de avances que ha habido durante estos años en el campo de la neurociencia. Los científicos han confirmado tantísimas cosas que ya intuíamos. Ahora, gracias a eso, es más fácil que me hagan caso y manden a tomar por el jander todo lo que las estresa (sí, chata, sigo currando, sobre todo, con mujeres, sigue haciendo falta) y les jode la vida. Hablando de estrés, yo es que ni lo huelo. Si a ti te importaba poco el qué dirán, te puedes imaginar a mí. Cada vez me parezco más a nuestro padre, en el jeto y en el pasotismo. Yo a lo mío. Cuando me encuentre con Sinatra, fijo que me canta “My way”, qué risa. Siempre dijiste que no sabías cuánto te quedaba de vida sobre el planeta, pero es que ahora la cosa ya acecha. Sigo imaginando el momento final como una tía con un vestido vaporoso que emerge de las aguas y me pregunta en un acantilado qué narices he hecho con ella. Ahora ya no hay duda, puedo responderle sin mentir ni un ápice que nos la hemos zampado una y otra vez. Que la hemos relamido. Que nos hemos rebozado en ella. Hemos viajado, hemos aprendido, nos hemos reído tantas veces hasta hacernos pis… Hemos ido a cientos de conciertos y hemos conocido a personas absolutamente increíbles. Hemos leído miles de libros y escrito unos cuantos. Qué fuerte me sigue pareciendo. Hemos cumplido un montón de sueños (Gracias por soñar TAN grande) y, ojo, que todavía queda alguno, porque qué es esta existencia sin ilusión. Pues una mierda. Hemos abrazado a la vida y, probablemente, por eso ella nos sigue abrazando a nosotras. Gracias por tatuarnos el PARA QUÉ de todo lo que hemos pensado, hecho y sentido. Por entrenarnos para ser una flecha al centro de nuestra diana particular. Por tomar decisiones, no desde el miedo, sino desde la voluntad, desde el entusiasmo. Por apartar de un manotazo todo lo que se interpusiera entre nosotras y la felicidad. Por esas decisiones tan dolorosas y tan necesarias. Tú te las comiste y yo llevo años disfrutando de sus consecuencias. Menos mal que tenías claro aquello que te dijo tu amigo Igor “La vida solo va en una dirección”. Gracias por nunca pensar que era demasiado tarde. Yo no lo pienso todavía. Sigo aquí, eso significa que aún puedo, que aún debo. Por mí y por todos los que se quedaron en el camino. Ellos y nuestro miedo a no aprovechar el privilegio que es estar vivas han sido nuestro mayor motor. Lo siguen siendo. Gracias por no tenerle miedo al esfuerzo y por diferenciarlo del sufrimiento, la de cosas que nos habríamos perdido de no ser así. Te dejo ya, querida, que tengo muchas cosas que agradecer, pero no veas las que me quedan por hacer. Un abrazo grande, Sol 23 de noviembre de 2072 P.D.: porfa, si quieres compartir parte de este texto en Instagram (gracias), pon también el enlace, así le facilitas la vida a quien quiere leerlo y a mí también.