Ir al contenido principal

Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

3 cosas que he aprendido en mis 52 años

En dos días cumplo 52 años. Cincuenta y dos. 52. Me da la risa, la verdad, como si ese número no fuera conmigo. En este ya más de medio siglo, he vivido en varias ciudades y en un par de países. He tenido dos hijos yo solita, con todo lo que eso significa: caos, desafíos a granel, aprender que no todo depende de ti y aprender que mucho depende de ti. Y un montón de cosas más que no caben en este texto ni en cinco libros. Me reinventé pasados los cuarenta y aquí estoy, con un proyecto con el que ni me atrevía a soñar. He aprendido a quererme bastante y a darme permiso para priorizarme. Tengo los mejores amigos del mundo. Y tengo claras muchas más cosas que hace diez años y que hace dos, menos mal. Hoy te cuento solo tres, por si te sirven, claro.

1. No soy eterna

Una cosa es saberlo y otra, muy diferente, interiorizar el hecho de que nadie sabe si estará aquí mañana. Saber que mi tiempo sobre la Tierra es finito es el motor que me ayuda a atravesar los miedos, a atreverme. Porque a mí lo que me acojona no es morirme, es llegar al final y sentir que no he aprovechado el privilegio de estar viva. Y ese terror es el motor que me mueve desde que me levanto hasta que me acuesto. He aprendido a vivir con esa incertidumbre. No sé si llegaré a la semana que viene, ni si mis planes saldrán como espero, pero la vida me ha enseñado que esperar certezas es una trampa que te sale muy cara. Lo suyo es hacer lo posible porque la estadística, las probabilidades, jueguen a tu favor: cuido mi salud, me esfuerzo en la dirección de mis sueños, apuesto por eso que me apasiona. Y cruzo los dedos muy fuerte. Más no puedo hacer. Cómo no sé si me quedan dos horas o cincuenta años, mi objetivo es acabar cada día aplaudiendo. No siempre lo consigo, pero desde luego, no camino en la dirección contraria. No hago todo lo posible por joderme la vida. Ojo, que hubo un tiempo en el que sí lo hacía. Y mucho.

2. Sin responsabilidad, no hay poder

Aprender esto es duro, pero necesario. La primera responsabilidad tiene que ver con mirarte, escucharte y tomar decisiones dificilísimas, que duelen un huevo, pero que te entregan las riendas de tu historia. No escurrir el bulto y culpar a la suerte, a las circunstancias, a los dioses. No. He aprendido a preguntarme qué puedo hacer yo para conseguir, para cambiar, para superar, para construir. Para inventarme la vida y la persona que quiero ser. Para ponerle intención a cada día. Para ser mi dueña. Para asegurarme de que, si me equivoco, será por mis decisiones, no por las de otros.

3. Relativizar

Si yo y los míos tenemos salud, nada es tan grave. ¿Que algo no sale como esperaba? ¿Que tengo un día malo o una temporada complicada? Si estoy viva, lo chungo es inevitable. Así que, si puedo elegir, elijo susto, claro. Todos los días, ante los saraos que me zarandean, me pregunto: «¿Esto será importante en un mes? ¿En un año?”. De momento la respuesta ha sido siempre que no. Gracias, gracias, gracias. Y hasta aquí los aprendizajes, de momento. En un año, espero poder contaros muchos más. Feliz vida, querida mía, gracias por acompañarme. Sol

3 herramientas para crear un entorno trampolín

Cuántas veces me peguntáis cómo conseguir que vuestro entorno os apoye y os impulse. Teniendo en cuenta que la gente puede ser y opinar como mejor le parezca, está claro que lo suyo no es intentar cambiar a los que te rodean ahora, eso sería darse cabezazos contra una pared muy dura. Tú sabrás si quieres mantener ese entorno, sustituirlo por otro o, simplemente, ampliarlo para sentirte abrazada y segura. ¿De dónde sale este texto? Aparte de nacer de vuestros comentarios y preguntas, se me ocurrió porque, hace unos días, hablando con un amigo, reflexionábamos sobre las diferentes burbujas en las que vivimos. Me explico: a veces la gente nos habla de realidades que existen a nuestro alrededor y que nosotras ni vemos. Me contaba el otro día una chica que, cuando va a Madrid, se encuentra con gente interesada y superficial, por ejemplo. Y claro, yo pienso en mis amigos de Madrid y no encuentro eso por ningún lado. Lo mismo pasa con cualquier lugar, a cualquier edad: elegimos, o deberíamos elegir con quién nos relacionamos. Los dos estábamos de acuerdo: para crear un entorno que te impulse, primero necesitas saber estar solo, disfrutarlo. Esa capacidad crea, primero una conexión contigo misma y, al mismo tiempo, un filtro natural: pasar tiempo solamente con quienes comparten tus valores. Y pensé, pues voy a escribir sobre tres herramientas que a mí me sirven, a ver si ayudan a estas chavalas (si creen que lo necesitan) a construir un entorno que se convierta en un trampolín, en un contexto que no solo te sostenga, sino que te empuje hacia todo lo que quieres, sin juzgar.

1. Cultiva la soledad

De la primera ya te he hablado arriba, y es que la soledad no tiene por qué ser aislamiento o vacío. Cuántas veces, cuando me preguntan cómo gestiono el síndrome del nido vacío, contesto: el nido no está vacío, porque en el nido estoy yo. La soledad es un espacio para escucharme sin ruido ni interferencias, para estar en paz. Para reflexionar sobre cómo quiero vivir, para preguntarme y responderme. Para escucharme. Para mí, este primer paso es imprescindible, porque solo cuando estás a gustito sola, puedes identificar y decidir lo que necesitas y lo que no quieres en tu vida. A lo mejor me estás leyendo y piensas que a ti no te gusta nada estar sola. Te preguntaría qué es lo que provoca esa incomodidad. Y te diría que, si es soportable, entrenes. Dedica tiempo cada día a estar sola en la medida de lo posible (sí, ya, si tienes hijos la cosa está jodida, qué me vas a contar, pero haz lo posible) Da un paseo sin música ni distracciones, escribe en tus páginas matutinas antes de que todos se levanten. Verás como ganas en claridad y comodidad. Porque cuando estás cómoda en tu propia compañía, es mucho más fácil reconocer las relaciones y los entornos que te nutren y también los que te vapulean.

2. Selecciona tus relaciones. Elige.

Es la consecuencia natural del punto primero y muchas veces se nos olvida que podemos hacerlo. La inercia de las amistades que siempre han estado ahí y la falta de tiempo, muchas veces nos impiden elegir activamente con quién vamos a pasar nuestro tiempo. Se nos acumulan las obligaciones y los compromisos y desaparece la libertad, tan importante. Esto no significa que tengas que partir peras con quienes no encajan en tu ideal, pero sí te permite ser consciente de quiénes te aportan algo y quiénes te restan. Preguntas que pueden ayudarte a salir de la inercia:
  • ¿Qué valores comparto con esta persona?
  • ¿Cómo me siento después de pasar un rato con ella?
  • ¿Me impulsa o me limita?
Un entorno trampolín te inspira, te reta desde el cariño y el respeto, celebra tus logros sin juzgar ni envidiar. Ojo, porque esas relaciones a veces hay que buscarlas y requieren de esfuerzo y cuidado.

3. Crea rituales y espacios que reflejen tus valores

Porque un entorno trampolín nace del disfrute de la soledad y de las relaciones estupendas, pero también de todo lo que nos rodea y de lo que elegimos hacer para cuidarnos y estar con nosotras mismas. Entorno es también el espacio y los rituales que construyes con toda la intención. Piensa en tus espacios como algo que refleja lo que es importante para ti. Por ejemplo:
  • Si para ti es importante la calma (espero que así sea), monta un rincón para la meditación o para leer.
  • Si quieres estar sana y ágil y persigues el bienestar, reserva un espacio para hacer deporte, aunque sea chiquitín, organiza tu nevera y tu cocina para que te apoyen en esa intención.
  • El orden por fuera es orden por dentro. Te dejo aquí un episodio de mi podcast donde te hablo de esto junto a @ponorden.
Construir tu entorno trampolín, todos tus entornos trampolín, requiere intención, paciencia y, compromiso contigo misma. Y autoamor. Date permiso para crearlos, ajustarlos y cambiarlos cuando quieras. Espero que te sirva, un abrazo.

Tres series divinas con tías empoderadas a más no poder

Quién nos habría dicho, hace solo unos años, la cantidad de series buenas que íbamos a tener al alcance de la mano. El otro día recordaba con el técnico de mi tele que, cuando yo era pequeña había solo dos canales, y os recuerdo que nos teníamos que levantar para cambiar de canal, porque no había mandos a distancia. Muy fuerte todo: lo de entonces y lo de ahora. El caso es que, aparte de tener dónde elegir, el mundo de las series está siendo un terreno fértil a más no poder para explicar historias de mujeres que desafían las normas, las expectativas sociales a todos los niveles. Qué bien. Hoy quiero hablarte de tres de ellas, con contextos totalmente diferentes pero con un mismo hilo conductor: mujeres agarrando el poder que les corresponde. Qué protagonistas, amigas. Qué brutalidad de inteligencia y de poderío. Vamos allá:

The Marvelous Mrs. Maisel

Midge Maisel es una ama de casa que vive en Nueva York y que encuentra su voz en el mundo del stand-up comedy (los monólogos de toda la vida de Dios). Midge se mete en un mundo de hombres y lo peta, claro. Qué verborrea la suya. Me flipan su valentía, su humor y autenticidad. Y sus vestidos. Cuestiona los roles, se niega a conformarse con lo que hay, está dispuesta a pagar los precios necesarios por enfrentarse a quien haga falta. Una maravilla.

The Good Fight

Yo quiero confesar que le dedicaría todos los artículos del mundo a The Good Wife, pero como quiero que me sigáis leyendo, voy a disimular y hoy os voy a hablar de The Good Fight, que es su spin off y que se centra en Diane Lockhart, una de las protas de mi serie favorita de la galaxia. Diane tiene tantos momentos memorables en ambas series que podríamos juntarlos y crear otra serie solo con ellos. No es solo su estilazo y lo listísima que es. Es su resiliencia, es la determinación de brillar en un entorno masculino. Y todo sin perder de vista lo que es realmente importante. Y sin despeinarse. Atentas, si veis cualquier de las dos series, no solo a los diálogos, que son de aplauso continuo, sino al uso de los silencios. Brutal.

Killing Eve

Cambio de tercio y a qué nivel, porque aquí la cosa va de una asesina y una analista de inteligencia. La serie es un duelo contante y fascinante marcado por la obsesión mutua. Me encanta cómo la serie analiza el poder desde un punto de vista muy inusual si hablamos de mujeres. Cómo es capaz de dibujar a tías frías y listas. Antagonistas perdidas que nos caen bien, por brutas que sean. Espero que te gusten, a mí me fascinan las tres. Y hablando de poder, te dejo aquí un audio de solo treinta minutos en el que comparto contigo dos ejercicios sumamente prácticos que uso para retomar el poder sobre mi vida cuando siento que todo se tambalea. Un abrazo grande, Sol

3 libros que me han ayudado a que me pase lo que quiero que me pase

Leer nos ayuda a pensar y cómo pensamos influye en nuestras acciones y, por ende, en quiénes somos. Todos los libros consiguen esto, pero es verdad que algunos se escriben con la firme intención de provocar ese cambio, esa transformación, esa apertura mental que nos permita generar opciones de vida para poder elegir la que más nos conviene. Porque elegir entre esto y esto mismo no es elegir. Hoy quiero compartir contigo tres lecturas de las que, si llevas tiempo siguiéndome, ya habrás oído hablar, pero no quería perder la ocasión de supieran de ellos todas las que vais llegando esta tribu, porque realmente, sin ellos, yo no estaría aquí contándoos mis rollos. O estaría, pero no tan a gustito. Vamos allá: 1. «Coaching para el éxito» de Talane Miedaner Si me dieran un euro por todas las veces que he recomendado este libro de título efectista (con lo poco que me gusta lo efectista)… Pasé años diciendo que no me gustaba nada ese título, pero a medida que han avanzado los años, le he encontrado todo el sentido, porque el éxito es lo que nosotras queremos que sea. Talane Miedaner nos regala un manual práctico para diseñar la vida que queremos. De hecho, en inglés, el libro se titula “Entrénate para el éxito”, que destila mucha más proactividad que el título en español, la verdad. Lo he puesto en primer lugar, porque fue el libro que me hizo la pregunta que cambiaría mi vida, que fue el detonante de todo lo que ha pasado en los últimos trece años (madre mía, trece años, cómo pasa el tiempo). La pregunta fue ¿Qué era eso que hacías de pequeña, para lo que tenías talento, y que un día dejaste de hacer? (o algo así) La respuesta fue solo “Escribir” y empecé, en un momento de deriva vital acojonante, un blog de humor para mujeres. Luego han surgido algunos talentos más y he pasado de aquel blog a este sarao que tengo montado ahora mismo, con formaciones, membresía, libros varios, etc. (Si me lo dicen entonces, no me lo creo) El caso es que Miedaner comparte, desde estrategias para gestionar mejor nuestro tiempo, hasta técnicas para establecer límites saludables, pasando por mil preguntas incómodas que te ayudan a ordenar mente y vida. Si buscas herramientas útiles y estás dispuesta a implementarlas, este es tu libro. 2. «El arte de pensar» de José Carlos Ruiz Me flipa este libro, porque habla de una herramienta que todas tenemos al alcance de la mano (o del cerebro), que es imprescindible para que nos pase lo que queremos que nos pase y que no usamos todo lo que deberíamos. Hablo de pensar, de reflexionar. José Carlos Ruiz nos cuenta cómo la filosofía puede ayudarnos a diseñar la vida que queremos, a replantearnos qué es realmente lo importante para nosotras. Algo imprescindible para poder tomar las decisiones correctas a todos los niveles. Tenemos la sensación, muchas veces, de que alguien o algo nos está empujando a decidir o actuar impulsivamente, y este libro nos da la estructura para parar, ir hacia dentro y, desde ahí, tomar el mejor camino. 2. «Tropezar con la felicidad» de Daniel Gilbert Gilbert es un psicólogo de Harvard que desmonta muchos mitos sobre lo que creemos que nos hará felices. Porque vaya películas nos montamos a veces, amigas. Gilbert nos habla de investigaciones fascinantes sobre la mente y nos explica cuántas veces nos equivocamos sobre lo que nos hará sentir plenas. «Tropezar con la felicidad» nos cuenta qué nos impide disfrutar del presente y, al mismo tiempo, nos invita a abrazar la incertidumbre como parte de la vida (qué importante es esto). Los tres libros nos ayudan a recordarnos nuestra responsabilidad y a recuperar nuestro poder a través de pasar a la acción, de la reflexión y de la revisión de nuestras creencias sobre la felicidad. Nos proporcionan un montón de herramientas para vivir en lugar de sobrevivir. Para ser más conscientes y estar alineadas con lo que queremos. Espero que te sirvan. Ya que hemos hablado de éxito, te dejo aquí el enlace a una charla que di sobre la redefinición del éxito. En esta charla, comparto mis reflexiones como coach, madre y persona en constante evolución y reinvención. También exploro qué componentes hacen posible una vida exitosa, te invito a que fabriques tu propio concepto de éxito, hablo de la importancia de detectar y potenciar tus talentos y los de tus hijos, y por qué la autogestión emocional es clave en este camino. Un abrazo grande, Sol

3 herramientas que me ayudan a mantener el enfoque

Decidir dónde colocamos nuestra atención y mantenerla en el centro de nuestra diana particular es el superpoder de este siglo, querida mía. Por varias razones, entre ellas: allá donde vaya nuestra atención iremos nosotras. Si la colocamos en todo lo que no tenemos, no podemos no queremos no conseguiremos demasiado. Si apuntamos firmes a todo eso que sí queremos, sí tenemos, sí podemos la cosa será mucho más agradable. No tengo que contarte mucho sobre la satisfacción y la paz mental que da el ser capaz de enfocarte en la tarea que estés haciendo. La gestión de nuestro tiempo, es decir, de nuestra vida, depende en gran medida de ello. Estoy hablando de bienestar, de que nos pase lo que queremos que nos pase y eso depende tanto de que nos anclemos al hoy para que nuestro cerebro miedoso no nos la juegue inventándose catástrofes que nunca sucederás, como con ser capaces de dejar el móvil apagado para concentrarnos en nuestro curro, nuestra conversación, nuestra existencia. Estarás pensando que es difícil, claro, como casi todo pasados los catorce años, pero está en nuestra mano entrenarnos y organizar nuestro entorno para vivir y trabajar con la máxima claridad y eficiencia posibles. Y de ahí, al disfrute, claro. Por eso he querido hoy compartir tres herramientas, esta vez no mentales, sino funcionales, que a mí me ayudan un montón a agarrar fuerte las riendas de mi atención. Allá voy:

1. La técnica Pomodoro

Quizás has oído hablar de esta herramienta porque es un clásico, y es un clásico porque funciona. Consiste en trabajar en intervalos de tiempo breves y concentrados, la teoría dice que de 25 minutos, seguidos de un descanso breve, cinco o diez minutos. ¿Mi consejo? Tú te conoces mejor que nadie y conoces también tu trabajo. Yo, por ejemplo, al principio del día, soy capaz de estar concentrada hora y media y, además, es lo que me lleva empezar y terminar muchas de mis tareas, así que las coloco al principio del día. A medida que van pasando las horas, ese tramo va disminuyendo. Otro consejo, a mí me funciona de maravilla, al comienzo de cada intervalo de curro, declararme a mí misma mi intención. Si ando dispersilla, incluso la escribo, por ejemplo: hoy voy a terminar los artículos de todo el mes para tomarme unos días libres y descansar el coco. Para mí es importantísimo, en los descansos, mover el cuerpo, estirar, bailar, darme una vuelta, lo que sea. Cuando el coco se enreda, el meneo es la mejor solución. La técnica Pomodoro nos ayuda a 1) Evitar el agotamiento mental y 2) A ser productivas sin agobiarnos más de la cuenta. Más importante todavía: el móvil fuera de la vista, de la habitación. Tenerlo encima de la mesa, incluso sin mirarlo, disminuye nuestra atención muchísimo.  

2. Mi lista de prioridades mensual, semanal y diaria

Y casi te diría que anual y trimestral, pero no quiero agobiar a nadie. Cada una sabe si le va mejor mirar el año completo para organizarse o si eso le supone un agobio. A mí me da claridad y perspectiva. Me ayuda a que mi agenda no sea una lista interminable de cosas por hacer sin demasiado sentido y sí sea una lista estructurada de prioridades que correspondan a mis objetivos. Y mis objetivos pueden ser facturar x, tomarme tantos días de vacaciones o tomarme el 2026 como año sabático (esto me lo acabo de inventar, pero suena bien, creo) El caso es que para mantener el enfoque, necesito claridad sobre cuáles son mis (máximo) tres tareas más importantes del día, esas que realmente me acercan a algo que me importa. Cómo lo hago:
  • El domingo organizo la semana y escribo las (máximo) tres prioridades principales que quiero acabar antes de que acabe cada día.
  • Me aseguro de que estas tareas estén alineadas con mis objetivos, no con las urgencias del momento. Si surgen imprevistos reales, porque los imprevistos que se repiten son previstos, al acabar el día, muevo lo que no he terminado al día siguiente y corrijo toda la semana.
  • Dejo espacio para lo que yo llamo “flecos”, esas cosillas que hay que hacer pero que no son importantes, las hago al final del día, cuando ya no tengo el coco para concentrarme demasiado.
Organizarme así y tener claras mis prioridades elimina las tentaciones de perder el tiempo en cosillas menos importantes, que no me acerquen a ningún sitio. Además, el gustazo que me da tachar esas tareas clave es lo más de lo más.  

3. Medir mis tiempos

Si no sabemos cuánto nos lleva cada tarea, no podemos organizarnos y llegamos a esa sensación de “No llego a todo”. Normal, porque si sumas los tiempos de las tareas que te habías propuesto para hoy, suman treinta horas. Si lo consigues, flipamos todos. Quizás me has oído hablar de la App Toggl, sirve para medir los tiempos y también me gusta porque me ayuda a crear una especie de productividad forzada. Hay un reloj contando el tiempo que tardo en escribir este texto. Si me distraigo, si miro el móvil, si miro las rebajas de la tienda online de Zara el reloj sigue contando, sigue mirándome y avisándome de que, si no me concentro, o no voy a terminar lo que me había propuesto hoy, con lo cual no me voy a acercar a mis objetivos. O si quiero terminarlos, voy a tener que currar hasta tarde y no voy a poder tirarme en el sofá para ver “The Good Wife” por enésima vez. Y eso es una catástrofe. Y hasta aquí algunas de las herramientas que me ayudan a concentrarme y a que me pase lo que quiero que me pase, espero que te sirvan. Por si eres de esas que dicen que procrastinan (que habría que verlo) te dejo aquí un episodio de podcast en el que hablo sobre algunas estrategias para darle la patada a la procrastinación y lanzarte sobre todo eso que te has propuesto hacer, espero que te sirva. Y aquí te dejo un audio de solo treinta minutos con dos ejercicios que a mí me ayudan a retomar las riendas de mi vida cuando siento que se me están escapando. Un abrazo grande, Sol

3 cosas que puedes hacer en 5 minutos para sentirte mejor

Iba a empezar escribiendo que, a veces, no tenemos una hora entera para relajarnos o cuidarnos. Pero no es verdad, lo que pasa es que no esas no son nuestras prioridades. Sea por lo que sea, es posible que si nos planteamos dedicar una hora diaria a nuestra divina persona, no lo cumplamos. Pero, ¿y si hablamos de cinco minutos? Ahí ya la cosa cambia. Y cinco minutos pueden marcar la diferencia. Y cinco minutos son fáciles de cumplir. Así que vamos a esos 3 microhábitos que nos pueden ayudar a prestarnos atención, a pasar un ratito chiquitito con nosotras mismas. Ya nos encargaremos más adelante de incrementar la duración: 1. Respira Fácil, ¿no? Uno de los métodos más rápidos para calmar el coco y el cuerpo es la respiración consciente. La mayoría de las veces, respiramos superficialmente. O respiramos poco. O respiramos mal, lo que puede aumentar nuestro estrés sin que nos demos cuenta. Cinco minutitos de nada, dedicados a respirar profundamente, te ayudan a reducir la ansiedad, mejorar la concentración y sentirte una calma de narices. Si eres alumna de alguna de mis formaciones, recuerda esas respiraciones que hacemos al empezar y terminar cada sesión. Y son tres nada más, imagina cinco minutos así: magia potagia. Cómo hacerlo:
· Siéntate en un sitio cómodo con la espalda recta. · Cierra los ojos y pon una mano en tu abdomen para sentir cómo se mueve. · Inhala por la nariz durante 4 segundos, dejando que el aire llene tu abdomen (no solo tu pecho). · Retén el aire por 4 segundos. · Exhala lentamente por la boca durante 6 segundos. · Repite durante 5 minutos.
Ya verás como bajas revoluciones y te anclas al presente. 2. Menéate Para aclarar el coco, mueve el cuerpo, querida. El movimiento físico es una de las maneras más rápidas de cambiar cómo te sientes. Prueba a saltar, a subir y bajar escaleras, a estirar, a bailar durante cinco minutos. Compara el antes y el después. Flipa. La clave está en las endorfinas que liberamos cuando nos meneamos. Vamos a generar ansiolíticos naturales como si no hubiera un mañana, querida. 3. Cambia de contexto Tu entorno tiene un impacto tremendo en cómo te sientes. Y lo sabes, porque lo has experimentado, pero se te olvida. Cuántas veces, después de ordenar tu casa, o al llegar a una habitación de hotel divina has sentido una paz interior de narices. O en la naturaleza. O al ver una puesta de sol. O simplemente al tener una conversación divertida después de un día estresante. A veces nos enredamos en nuestros bucles mentales y se nos olvida que lo mejor que podemos hacer para desenredar el coco es cambiar de escenario. Algunas ideas:
  • Sal al balcón, al jardín o a la ventana y respira como te he contado en el punto número 1.
  • Da un paseo de cinco minutos alrededor de la manzana (No sabes la de veces que hice yo esto cuando mis hijos eran pequeños y me volvían loca perdida)
  • Si no puedes salir, reorganiza un rincón, tu escritorio mismo, para que sea más agradable y y esté ordenado. Una idea que surgió en “Pertenécete” fue montarnos un altar a nosotras mismas, como las Diosas del Olimpo Vikingo que somos. Dime que no es divertido.
Ahora solo queda que elijas uno de estos recursos, cierres el ordenador o bloquees el móvil y a practicar. Déjame en comentarios cuál eliges, que me encanta saberlo. Si se te ocurre alguna otra idea para mejorar el ánimo en cinco minutos, compartir es de guapas. Feliz sábado.