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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

3 preguntas que me ayudan a tomar decisiones desde la claridad

Nuestra vida será tan buena como buenas son nuestras decisiones, pero claro, aquí llega la gran pregunta: ¿Qué narices es una buena decisión? Lo primero es saber que una buena decisión no depende del resultado, porque este muchas veces es incierto. Una buena decisión depende de las razones por las que la has tomado. Quizás no entiendas esto que te digo, pero espero que, para cuando termines de leerme, la cosa esté mucho más clara. Si me sigues desde hace algún tiempo, sabrás que soy una firme defensora de que el éxito en la vida (y éxito es estar la mar de a gusto siendo quién soy, haciendo lo que hago, rodeándome de quién me rodeo) tiene mucho que ver con las preguntas que nos hacemos. Esas preguntas no tienen que ver con la duda, sino con entregarnos todo el poder. Hoy quiero compartir contigo algunas de las preguntas que me hago todo el rato para tomar decisiones alineadas con lo que realmente quiero en cualquier ámbito de mi vida. Da igual si se trata de una elección profesional, lo que voy a comer o una pequeña rutina diaria: la intención lo es todo. ¿Esto me acerca o me aleja de mis objetivos? Esta pregunta es mi brújula. Porque no todo lo que parece “correcto” es necesariamente lo que te acerca a tu vida ideal (Al final del artículo te dejo las instrucciones para que diseñes tu Día Ideal, el norte de tu brújula). A veces decimos que sí por inercia, por educación o por miedo a decepcionar. Pero cuando me paro a pensar si eso que voy a hacer, decir o aceptar me acerca a mis objetivos (personales, profesionales, emocionales), la respuesta se vuelve más clara. Cómo nos gusta y nos tranquiliza la claridad. Este filtro me ha ayudado a dejar de malgastar energía en lo que no suma y a priorizar, también cuando da vértigo. Porque sí, a veces lo que te acerca a tus objetivos te da un miedo que lo flipas, pero es que no es el miedo lo que ha de decidir, sino tu firme voluntad.   ¿Cuál es la mejor manera de tratarme en esta situación? Esta es una de mis preguntas favoritas, porque es muy fácil caer en la autoexigencia o el juicio. Y no, amiga, estamos aquí para tratarnos como las Diosas del Olimpo Vikingo que somos. A veces la mejor manera de tratarme descansar. Otras, ponerme en marcha aunque aceche el canguelo. Otras, irme al gimnasio aunque no tenga ganas. Otras, decir un no firme y sin culpa. No hay una única respuesta a esta pregunta, no hay fórmulas fijas, pero lo importante es preguntármelo, porque eso me saca del piloto automático y me recuerda que merezco tratarme bien. Ojo, diferenciemos siempre entre lo que queremos en este momento y lo que es bueno para nosotras. Quizás quieres llamar a tu mareador, pero eso no es tratarte bien. O comerte una chistorra a las 10 de la noche, pero eso es asegurarte el malestar. O aceptar un trabajo que no te mola por miedo a no encontrar otro sin tener ninguna necesidad urgente. Eso no. Tratarte bien, sí.   ¿Qué patrones me han servido para ser feliz y cuáles no? Tomar decisiones con intención y presencia implica también mirar hacia atrás: detectar qué cosas he repetido que me han hecho bien y qué cosas no voy a hacer nunca más porque han terminado en desastre. No pensemos que esos patrones que repetimos suponen que SOMOS de una determinada manera. Son solo lo que HACEMOS hasta que aprendemos a hacerlo de otro modo. Podemos elegir, podemos sustituir, podemos crear otros que nos impulsen en lugar de machacarnos. Y dos cuestiones a tener siempre en cuenta para caminar sobre tus propias vías: Conoce tus valores, y decide desde ahí Si no sabes qué es importante para ti, cualquier dirección te parecerá correcta. Cuando algo no está alineado con mis valores, lo siento en el cuerpo. Me incomoda, me agota o me desconecta de mí misma. En cambio, cuando me muevo desde lo que para mí es irrenunciable —la libertad, la autenticidad, la calma, la creatividad—, mi cuerpo me cuenta que todo está bien. Por favor, trabajemos en tener claros nuestros irrenunciables y nuestros inadmisibles. Sé consciente de tus creencias limitantes y no te conformes Muchas veces nos quedamos donde no queremos estar porque algo en nuestro coco nos dice que no podemos, que ya es tarde, que no somos lo bastante buenas. Son las malditas creencias limitantes. Y sé que hablo mucho de ellas, pero es que nunca es suficiente. Qué útil es para mí, cada vez que estoy a punto de tomar una decisión, preguntarme: ¿esto lo elijo porque quiero o porque no creo merecer otra cosa? Necesitamos interiorizar, en plan salvaje, que merecemos lo mejor. Lo contrario es conformarnos, acostumbrarnos a lo que no nos sienta bien y llamarlo normalidad. Y de normal no tiene nada. Lo normal es acabar nuestros días diciendo “Joder, qué bien”.
P.D.: no te cuento nada nuevo si te digo que todas esas preguntas me las he hecho escribiéndolas. Escribir ha sido el vehículo que me ha llevado desde el caos mental a la claridad. Y como a mí lo que me gusta es compartir lo que me sirve, la semana que viene abro de nuevo las puertas de mi formación ESCRIBE PARA APRENDERTE en la que, a través de 4 sencillas técnicas de escritura, que han sido fundamentales para mí, te ayudo a conocerte, a gestionarte y a obtener la claridad y el orden mental que necesitas para tomar decisiones desde la seguridad y la calma. Durante 4 sesiones te enseñaré las 4 técnicas de escritura que yo misma uso a diario para tomar decisiones con seguridad, calmar mi mente, ordenar mis ideas y cuidar de mí. ✔️ Pautas claras y concisas ✔️ Métodos sencillos pero efectivos ✔️ Ejemplos reales y ejercicios prácticos ✔️ Sin teoría de más, sin paja.

Tres episodios de podcast para transformar tu relación con el dinero

No hablamos de dinero si no es porque nos falta. Me refiero a las mujeres, claro. Quizás me has escuchado mencionar esto en alguna ocasión, sobre todo si has sido alumna de mis programas “Pertenécete” o “Reinvéntate”. Durante demasiado tiempo, hablar de dinero ha sido casi un tabú para muchas mujeres. No solo por educación, o la falta de ella, sino también por las creencias limitantes que hemos heredado de generaciones anteriores. Frases como “el dinero no crece en los árboles”“mejor pobre pero honrada” o “los ricos se aprovechan de la gente” y otras muchas que no se dicen pero se sienten y se contagian han calado hondo en nuestra forma de relacionarnos con la pasta. Y, sin darnos cuenta, nos han llevado a sentir que no somos capaces de ganar el dinero que tenemos que ganar para vivir como queremos vivir, o incluso culpa por querer ganar más. También hay una parte de miedo por no saber gestionarlo. Normal, nadie nos ha enseñado. Y también nos pasa algo tan sorprendente como común: vergüenza por tener éxito, por ganar pasta y poder gastártela como te dé la gana. Que levante la mano la que aún se justifica contando lo mucho que curra, lo mucho que sufre, lo mucho a lo que renuncia. La falta de cultura financiera, tanto práctica como emocional, también ha hecho lo suyo. No nos enseñaron a hacer presupuestos, a invertir, a hablar de tarifas o a negociar sin sentirnos incómodas. Y mucho menos a observar nuestras emociones cuando pensamos en dinero. ¿Nos sentimos merecedoras? ¿Nos creemos capaces? ¿Sabemos cuánto necesitamos para vivir como realmente queremos? ¿Nos atrevemos a soñar en grande? Estas carencias generan consecuencias silenciosas y muy cabronas: dependencia económica, techo de cristal autoimpuesto, trabajos que no nos nutren pero que no soltamos “por seguridad”, o emprendimientos que no avanzan porque no nos atrevemos a poner un precio bien estupendo a nuestro trabajo. ¿Te suena? Pero ya es hora de cambiar eso. Mi intención con este artículo es que el dinero forme parte de nuestras conversaciones cotidianas, como lo hacen las relaciones, la familia o la serie de turno. Que lo veamos como una herramienta para vivir con más libertad, no como una amenaza a nuestra integridad. Que nos creamos capaces de definir cuánto queremos ganar, sin miedo, sin culpa. Con la claridad, la conciencia y la convicción de que merecemos, de lo bueno, lo mejor. Si quieres empezar a hablar de dinero con más libertad y ligereza, te recomiendo estos tres episodios de podcast. Cada uno, desde un enfoque distinto, aborda la relación entre nuestras creencias y nuestra capacidad de generar dinero. 1. “Si no logras manifestar dinero, escucha esto” – Tu éxito es inevitable, de Maïté Issa En este episodio, Maïté pone sobre la mesa una idea que te va a incomodar, aviso. Pero es que muchos avances llegan al sostener las incomodidades, al contarnos las verdades: si el dinero no está llegando a tu vida como quieres, a lo mejor no es por falta de esfuerzo, sino por un bloqueo mucho más profundo. Habla del miedo a la abundancia, de la culpa que muchas mujeres sienten al ganar más que su entorno, y de cómo nuestras emociones influyen directamente en lo que creamos en nuestra vida a todos los niveles. Es una invitación a mirarte desde fuera, a sanar la relación con el dinero y a reconectarte con tu poder y tu responsabilidad. Maïte tiene un punto espiritual muy potente y, al mismo tiempo, es una tía super práctica y con una claridad mental increíble. Predica con el ejemplo, es coherente a más no poder. Escúchalo aquí 2. El episodio 165 de Onda CEO de Nayla Norryh, titulado “Los 7 pilares de un negocio de alto impacto, facturación y gratificación personal”, no habla exactamente de las limitaciones que nos ponemos las mujeres en cuanto a la pasta, pero ese es un tema transversal a lo largo de todos sus contenidos. En este episodio se enfoca en los fundamentos para construir un negocio sólido y escalable (ya sabéis lo megafan que soy de todo lo escalable, de todo lo que no supone intercambiar tiempo por dinero). Nayla habla aquí de la confianza, la gestión de equipos y la toma de decisiones estratégicas. ​ Porque es posible crear un negocio que no solo sea rentable, sino que te llene a todos los niveles (te lo juro, es posible). MUY útil para emprendedoras que quieren alinear su crecimiento profesional con su bienestar personal (espero que seáis todas las emprendedoras, por favor, por favor) Escúchalo aquí 3. “Mujeres, dinero y creencias limitantes” – Las Claves de Sol, con Nieves Villena Pues he incluido un episodio de mi podcast, claro que sí. Me flipa el enfoque que le da Nieves a todo lo financiero. Hablamos aquí de cómo nuestras decisiones financieras están atravesadas por lo que pensamos, consciente o inconscientemente, sobre el dinero. Desde el miedo a perderlo, hasta la dificultad de cobrar lo que realmente vale nuestro trabajo. Os ofrecemos ejercicios sumamente sencillos para que identifiquéis vuestras creencias limitantes y empecéis a transformarlas para que trabajen a vuestro favor y no en vuestra contra. Escúchalo aquí Espero que estos episodios sean el principio de algo chulo, de algo que tenga que ver con hablar de dinero desde la construcción, no desde la queja. Hablar de dinero no tiene por qué ser frívolo, superficial ni egoísta. Yo creo que hablar de pasta y de cómo conseguirla puede ser un ejercicio de libertad, de autoconocimiento y de autoamor enorme. Te invito a que compartas estos episodios con tus amiguis, a que los comentéis, a ver qué es lo que sale de ahí. Te animo, también, a que te permitas soñar, pero no a lo loco, sino con claridad y estrategia. Define qué vida quieres vivir, no solo en lo económico, en todo. Te recuerdo que el dinero es solo un medio y una consecuencia, nunca el objetivo. Sí una herramienta para construir una historia alineada con quién eres. Y, sobre todo, empecemos a creernos capaces. Capaces de generar, de decidir, de vivir tranquilas y orgullosas. Me encantará que dejes en comentario lo que te ha parecido este artículo, qué te ha resonado, si has identificado tus creencias respecto a la pasta y qué conclusiones sacas de los episodios que te propongo. Feliz sábado, Sol P.D.: en el último episodio de mi podcast hablo con Xavi Cañellas, psiconeuroinmunólogo, de cómo sanar la relación con las madres. Xavi tiene un enfoque muy interesante y profundo sobre este tema. Me consta que muchas ya lo habéis escuchado y os ha aportado una nueva perspectiva y mucha calma. Puedes escucharnos aquí. P.D2.: si leyendo este artículo te ha dado la sensación de que no estás tomando decisiones, de que quieres hacerlo pero no sabes por dónde empezar. Si quieres retomar las riendas de tu vida y formularte las preguntas correctas para obtener claridad y foco, te dejo aquí un audio de solo 30 minutos con dos ejercicios que yo uso cuando noto que ando a la deriva, que me puede la inercia. Espero que te sirvan.

¿Y si no puedo imaginar mi Día Ideal?

Hace unos días, compartí en Instagram un ejercicio que a mí me sirve para obtener claridad y foco y que te puedes descargar AQUÍ. Para volverme a ilusionar. Para definir y redefinir objetivos y planes de acción. Para soñar en grande. Es un absoluto imprescindible en mi vida. El ejercicio es el del Día Ideal y quizás puede parecer sencillo, total, es escribir cómo sería tu día perfecto. No un día de vacaciones ni uno de fiesta, sino un día normal… pero inmejorable. Uno en el que te levantaras con toda la calma, te sintieras en paz y satisfecha, hicieras cosas que te llenaran y terminaras el día diciendo “Joder, qué bien”. A lo largo de los últimos años, he propuesto este ejercicio a prácticamente todas mis alumnas, seguidoras y coachees. Muchas me han contado que había sido revelador, que por fin se habían planteado las preguntas correctas. Y unas cuantas me habéis comentado que: “No sé cómo sería ese día. Solo se me ocurre lo que ya hago.” Comprensible, porque cuando llevamos mucho tiempo sobreviviendo, encajando, resolviendo, apagando fuegos y olvidándonos de nosotras para que todo lo de fuera funcione la imaginación se apaga. La creatividad se vuelve rígida, práctica, útil (para otros), obediente (para mal). Dejamos de jugar. Y eso es una mierda, menos mal que es una mierda solucionable. Hoy quiero compartir tres estrategias para recuperar esa capacidad de imaginar una vida diferente, mejor, brillante, cojonuda. Porque necesitas imaginarla para poder tomar decisiones cada día que te acerquen, ya sea un milímetro o un kilómetro a ese Día Ideal. Vamos allá: 1. Usa el espejo ajeno (sin juicio) A veces no podemos visualizar otra vida porque nunca hemos visto una parecida. O la hemos visto, pero las creencias limitantes nos han tapado los ojos y el entendimiento. O no conseguimos la distancia, la perspectiva suficiente para contemplarla. Pero hay personas que viven de formas que podrían inspirarte y muchas veces están más cerca de lo que crees, solo que has de abrir los ojos y el alma para percibirlas. Ojo, no vamos a fijarnos en esas personas para copiar, sino para despertar tu propia ilusión. Piensa en tres personas cuya vida te parezca interesante por lo que sea: porque viven en calma, porque gestionan su tiempo divinamente, porque son disfrutonas y libres… Una amiga, una escritora, un personaje de una serie… Y pregúntate:
  • ¿Qué parte de su día me llama la atención? (Cuántas veces os he contado que he visto mil veces el primer episodio de la serie “The Morning Show” porque me fascina observar a Alex Levy (Jennifer Aniston): su rutina matinal, ese abrigo camel divino, la belleza de su casa)
  • ¿Cómo me haría sentir algo parecido? Ojo, porque aquí puede aparecer un miedo de lo más común y de lo más cabrón, el miedo a respirar algo que me mola y que luego no sea mío. Este miedo parte de un paradigma totalmente erróneo, de varios. Porque lo que nos hace sentir bien no es el abrigo camel o el apartamento en Manhattan, eso no es lo que queremos. Queremos orden, paz y belleza. Queremos sentirnos orgullosas de nosotras mismas, capaces, poderosas. Y eso lo podemos encontrar en nuestro día si le ponemos intención.
  • ¿Hay algo de eso que podría ser mío también? De nuevo, no hablo del piso, del abrigo, del trabajo en la tele. Hablo de la claridad mental, de la paz al despertar, de respirar profundamente, de saber que tenemos las riendas de nuestras vidas en las manos.
No se trata de compararte, sino de darte permiso para querer. 2. Imagina con los sentidos, no con la lógica Si al escribir tu día ideal solo te salen cosas que ya haces, puede que estés intentando imaginar desde tu parte lógica (que es lógica para ti, ojo. No es que esa sea una lógica absoluta). La misma que te organiza la compra y te hace listas de tareas. Pero la imaginación vive en otro sitio: en el cuerpo, en las sensaciones, en el juego (sí, voy a repetir mucho lo del juego, es necesario). En vez de preguntarte “¿qué tengo que hacer, qué es lo que quiero tener?”, prueba con:
  • ¿Cómo huele tu día ideal?
  • ¿Qué sonidos escuchas?
  • ¿Qué llevas puesto y cómo te sientes con eso puesto?
  • ¿Qué comes, qué ves, qué temperatura hace?
A veces el cuerpo te cuenta antes que el coco lo que de verdad quieres. 3. Pídeselo a tu yo de 99 años Este truco es potente y por eso me encanta: imagina que tu Yo de 99 años se despierta una mañana, feliz por la vida que ha vivido. Y ahora, desde ahí, se pone a recordar sus días “normales”. Escribe desde ella:
  • ¿Qué hacía yo cada día que me hacía sentir bien?
  • ¿Cuáles eran mis prioridades?
  • ¿Cuáles eran mis irrenunciables y mis inadmisibles?
  • ¿Qué elegí no volver a permitir?
  • ¿Qué pequeños o grandes placeres llenaban mis días?
Tu Yo sabia a más no poder te ayudará a ver más claro lo que ahora te cuesta imaginar. No te pido que escribas un guion perfecto (ya sabemos que eso no existe), ni hablamos de que todo se cumpla mañana. Se trata de que empieces a recordarte que tienes permiso para desear, para jugar, para regalarte el cielo. Para imaginar algo diferente a tu rutina. Es importantísimo interiorizar que tu Día Ideal no es una fantasía: es una brújula hacia tu norte particular. En ese PDF que he preparado para ti con unas cuantas preguntas que te guiarán para que dibujes ese Día Ideal que configura, claro, una vida ideal, también te cuento cuál es la justificación científica para que te lances sobre este ejercicio. Además, te aconsejo que lo descargues incluso antes de contestar a las preguntas que planteo en estos Tres Minutos porque te describo ejercicios de relajación y respiración que te ayudarán a desconectar de este coco cuadriculado nuestro para así poder conectar con el cuerpo, con tu creatividad. Descárgalo aquí. Y porfa, cuéntame qué sale de estas preguntas, de ese ejercicio, qué decisiones tomas respecto a esas pequeñas rutinas que constituyen grandes cambios. P.D.: en el último episodio de mi podcast hablo con Mariana Díez Moliner, diseñadora y creadora de contenido de cómo gestionamos las opiniones ajenas, las críticas. Todos tenemos alrededor gente que suelta comentarios impertinentes y saber manejarlos es imprescindible para mantener la calma. Puedes escucharnos aquí. Espero que te sirva.

He hecho trampa, pero el fin justifica los medios

Hoy he hecho trampa, querida suscriptora. Lo he hecho con un para qué claro: aumentar nuestra perspectiva lo máximo posible, dotarnos de la distancia y la amplitud necesarias para ver el panorama completo y disfrutar de lo que tenemos como si no hubiera un mañana. Espero que, para cuando acabes de leer este texto, mis letras te hayan convencido de que la trampa valía la pena. La trampa consiste en que hoy no te ofrezco un texto nuevo, sino uno que escribí en septiembre del 2020. Ya no estábamos confinados, pero el mundo no era, ni mucho menos, lo que es hoy. Y se nos ha olvidado. Incluso a mí, que tengo muy presentes esos meses, entre otras cosas porque escribí y describí cada uno de aquellos días en mis libretas, se me han diluido las sensaciones de aquellos momentos de incertidumbre y falta de libertad. Y hoy, releyendo esto que ahora leerás tú, me he trasladado a aquello y he agradecido y celebrado enormemente esto. Se me ha llenado el alma de pensar en todo lo que podemos disfrutar y que nunca deberíamos dar por sentado. Precisamente por eso es tan valioso.

El testo en cuestión es este y se llama EL MUNDO ERA UNA FIESTA (27/09/2020). El mundo era una fiesta, por eso disfrutaba cada paseo, cada té con leche en una cafetería bonita, el montón de risas con mis amigos en cualquier terraza, en cualquier lugar. Me gustaba, y me gusta, bañarme en el mar de mi isla, bailar hasta la madrugada, abrazar a los que me caen bien, no perder ni un segundo con quien no me aporta nada. El mundo era bonito y por eso visitaba Nueva York, Ciudad de México, París. Aunque a veces se me olvidaba la emoción de descubrir y por eso postergaba. Edimburgo, Australia, Chicago. Años mirando la agenda y pensando que ya sería. Y ahora no puede ser. Mierda. Mi mundo era cómodo porque así me lo dibujaba. Me permitía improvisar y coger un AVE para ir a comer con Sergi al vegetariano de la Barceloneta donde nos dejan quedarnos hasta las cinco de la tarde charlando de lo divino y lo humano. Podía organizar talleres en Sevilla, en Valencia, en Bilbao y conocer a un montón de tías fantásticas. Y abrazarlas, llorar juntas, morirnos de la risa, conocernos mientras comíamos. Conocernos y reconocernos. En ese mundo yo era valiente para inventar, porque todo era posible. Y lo sabía. Ahora, la optimista que soy se da empujones en la espalda para animarse. Esto es lo que hay. Esto también es una fiesta, pero menos. Todo depende de con qué lo comparemos y, si pensamos en un veinte de marzo, este veintisiete de septiembre es algo parecido a un carnaval: ayer te fuiste de brunch con tus niños, paseasteis, fuisteis de compras. Decidisteis ver una peli en casa en lugar de ir al cine porque estáis de mascarilla hasta el gorro, pero podíais haber ido a ver una de las cuatro pelis que han estrenado últimamente. Mi mundo, ahora, es un poco fiesta porque mantengo mis anticuerpos. Me siento como una superheroína, pero no sé cuánto durará la mutación y cuándo volverá el miedo a contagiar, que no a contagiarme. Sentirse un arma de destrucción masiva no acaba de ser agradable. Menos mal que soy la persona más vieja con la que trato y mi socia es una vasca de veintiseis años cuyo sistema inmune se me antoja bastante supercalifragilístico. El mundo, mi mundo, mi Madrid, anda cabizbajo y meditabundo. Temeroso y muy vacío. Los hoteles nos miran oscuros; los restaurantes, antes llenos hasta la bandera, dormitan; la Gran Vía ya no agobia, vaya un asco. Me han robado los conciertos, los teatros rebosantes, los aplausos con sonrisa incorporada. Ya no celebro los desayunos dominicales con mis científicos adorados porque algunos de ellos saben de qué va esto y nos cuentan que no debemos, aunque queremos. Me mantengo un tanto a salvo del mundo de la información, porque ya sé lo que tengo que saber, que es poco o nada. Mascarilla, alcohol en las manos, distancias. Ya le he dicho a mi madre que puedo, pero no quiero hablar más del tema, aunque estoy escribiendo sobre él, qué incoherente. Cuanto menos espacio ocupe en mi cabeza, más puedo dedicar a leer, a aprender. Porque si no es posible volar hacia afuera, bucearé hacia adentro. Porque lo que cuenta es el interior, aunque yo siempre he sido muy del exterior, viva la superficialidad. Esa es otra, la mascarilla oculta algunas bellezas y yo he decidido contemplar lo bello a todas horas. Me he vuelto tiquismiquis, aún más. Porque como el mundo no está bonito, tengo que embellecer lo mío. Y tengo que embellecerme yo: ser más valiente, más sabia, más tranquila, más simpática, más piadosa. Conmigo también. Quiero pensar, y pienso, que la fiesta volverá. Os juro que me la voy a zampar como si no hubiera un mañana, porque antes sabía que quizás no lo habría, pero ahora me lo han demostrado. No podemos desaprender lo que ya sabemos, sería de gilipollas total. Chicago, Australia, Edimburgo se agendarán el mismo día en que nos den luz verde. Haré una gira de abrazos y besos, algunos con lengua, aviso. Bailaré diez días seguidos, con tacones, porque son altitud, actitud y despiporre. Y lo que venga habremos de venerarlo para siempre, dejarnos de hostias, de lamentos y de mediocridades emocionales. De miedos absurdos y heredados, de complejos, de escuchar lo que dice el de enfrente para no oír lo que me grita mi cabeza. De dejar nuestra felicidad en manos de otros que no saben nada de lo que somos, y aunque lo supieran. Deja, deja, que nos han quitado un cacho de vida y habrá que recuperarlo, digo yo. Publicaré este escrito sin corregirlo, porque no quiero perder el tiempo en perfecciones, espero que me disculpéis. Mi fiesta, en algún momento, aparecerá y tengo que prepararme. Espero que hagáis lo mismo.

  Y hasta aquí, querida, mi dosis de perspectiva de hoy. Me encantaría que me dejaras en comentarios tus sensaciones, tus pensamientos al leerlo. P.D.: en el último episodio de mi podcast hablo de una herramienta super efectiva para entender desde donde estamos tomando nuestras decisiones:
  • Si lo hacemos desde nuestra niña interior, decidimos desde el miedo y la búsqueda de aceptación.
  • Si lo hacemos desde la madre exigente que hay en nosotras nos juzgaremos y nos criticaremos muchísimo.
Es necesario decidir y actuar desde la adulta que somos, alineadas con lo que queremos en la vida y en este episodio te doy algunas pistas de cómo conseguirlo. Puedes escucharlo aquí. P.D.2: cuántas veces esas decisiones equivocadas tienen que ver con un concepto de éxito heredado, que nos vacía más que llenarnos. Hace unas semanas impartí una charla sobre esa redefinición de éxito tan necesaria para nosotras como para nuestros hijos. También te hablo de cómo el mundo laboral está cambiando y cómo es necesario ampliar nuestra perspectiva para observar todas las opciones que existen. Puedes acceder a esa charla sobre el éxito AQUÍ

¿Te cuesta ponerte en marcha? Prueba estas 3 estrategias

Cuántas veces me habréis dicho, “Jo, Sol, me sé la teoría, pero no paso a la práctica”. Y esto tiene que ver con el deporte, con cambiar de trabajo, con emprender, con separararte… con la vida entera. Sabes lo que tienes que hacer, tienes claras las ventajas de hacerlo, pero no te mueves. Lo postergas. Lo piensas muchísimo, interminablemente. Dices “mañana empiezo”. O te convences de que ahora no es el momento ideal, porque no estás preparada, no sabes lo suficiente, tienes mucho lío. Como si el lío vital fuera a desaparecer en algún momento, ju, ju. A mí también me ha pasado, ojito. Por eso te voy a contar lo que a mí me ha servido para que el estancamiento sea la excepción y no la regla. Esta es la realidad: la mayoría de las veces no nos falta tiempo ni motivación. Lo que nos frena es la puñetera inercia. Una vez empezamos, la cosa se pone más fácil, pero hay, lo que nos cuesta arrancar. La buena noticia es que hay herramientas, estrategias para romper esa inercia negativa, darle la vuelta, y convertirla en una inercia que te impulse en lugar de frenarte. Aquí te comparto tres que a mí me funcionan: 1. Engaña a tu cerebro con la regla de los 5 minutos Uno de los mayores problemas de la pereza es que nuestro coco asocia lo que tienes que hacer con algo grande, pesado o interminable. Si tienes que escribir un informe, entrenar u ordenar el armario, es probable que tu cerebro lo vea como un esfuerzo enorme y automáticamente busque distracciones más fáciles y gustosillas (hola, Instagram). Pero hay un truco: dile a tu cerebro que solo lo harás durante 5 minutos. 🔄 Cómo funciona:
  • En lugar de pensar “Tengo que hacer ejercicio”, di: “Solo haré 5 minutos de estiramientos”.
  • En lugar de “Tengo que escribir”, cambia a: “Solo escribiré una frase”.
  • En lugar de “Tengo que ordenar el armario”, prueba con: “Solo sacaré las cosas de un cajón”.
Casi siempre, cuando empiezas, te das cuenta de que no era tan terrible y sigues adelante. Porque lo difícil no es esa tarea, sino empezar. 2. Hazlo más fácil y más obvio A veces, nos gana la pereza porque la tarea que queremos hacer requiere de demasiados pasos antes de empezar. (Os habla una que aborrece los procesos largos, no soporto leer manuales, ni ver tutoriales, fatal lo mío) Si quieres leer más pero el libro está en la otra habitación, es probable que termines con el móvil en la mano. Si quieres comer más sano pero tienes que ponerte a preparar platos complicados, acabarás picando lo primero que veas. Nuestro cerebro elige el camino de menor resistencia, está hecho para ahorrar calorías. Así que vamos a ponérnoslo fácil. 🔄 Cómo funciona:
  • Si quieres entrenar, deja la ropa de deporte lista la noche anterior y hazlo lo más fácil posible: en un mat en casa para no perder tiempo yendo al gimnasio, con un vídeo que hayas dejado preparado la noche anterior. Si te da pereza hasta ponerte las mallas, hazlo en pijama (has de tener unos cuantos pijamas para ir cambiando, claro)
  • Si quieres escribir, abre el documento la noche de antes y deja una nota con la idea con la que empezarás.
  • Si quieres beber más agua, pon una botella en tu escritorio o en un lugar visible.
  • Si quieres comer más fruta, pon un frutero enorme bien a la vista y lleva una manzana siempre en el bolso (Holi, esa soy yo)
  • Si quieres meditar, deja el audio de la meditación guiada preparado por la noche y medita nada más despertar. (Sí, también soy yo)
Cuanto menos esfuerzo necesites para empezar, más probable será que lo hagas. 3. Conviértelo en un compromiso con alguien más Nos cuesta cumplir compromisos con nosotras mismas, pero cuando hay otra persona involucrada, la cosa cambia. Así de raritas somos. Si quedas para entrenar con una amiga, no es tan fácil cancelar. Si le dices a alguien que le mandarás un texto el lunes, no querrás fallarle. Este truco funciona porque activa la responsabilidad social. Nos da un extra de presión positiva y nos saca de ese clásico tan mentiroso“bueno, lo hago mañana”. Poco a poco dejarás de necesitar ese compromiso externo, porque al ver los beneficios de todo lo que consigues, no te quedará más remedio que cumplir con lo que te prometes. 🔄 Cómo funciona:
  • Dile a alguien lo que vas a hacer y ponle una fecha.
  • Pide a alguien que te pregunte sobre eso después.
  • Comparte tu avance con una amiga, aunque sea un paso chiquitín: levantarte veinte minutos antes, caminar 10.000 pasos, comer tres frutas al día durante una semana, haber meditado hoy.
Ya me he vuelto a pasar de los tres minutos, perdón. Resumiendo: la clave es EMPEZAR. No necesitas motivación. No necesitas sentirte preparada. Usa estas tres estrategias y dime cómo te funcionan en comentarios. P.D.: si no has escuchado el último episodio de mi podcast, te lo dejo aquí. Lo contenta que estoy de que alguien a quien admiro tanto nos haya contado cómo cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente. Antonio Valenzuela es fisioterapeuta especialista en Pisconeuroinmunología y alguien que convierte lo más complicado en una explicación sencilla y súper inspiradora. Espero que te sirva. P.D.2: cuántas veces me habéis preguntado cómo hacer el famoso ejercicio del Día Ideal, tan básico para mí a la hora de obtener claridad y dirección. Pues bien, os he preparado un PDF con las preguntas imprescindibles que debes hacerte para no caer en lo que conoces y para no enfocarte en todo lo que crees imposible. También te cuento cuál es la explicación científica sobre la efectividad de este ejercicio. En fin, que lo tienes aquí y que ojalá te funcione tan bien como a mí.

3 pensamientos que me han frenado y cómo los he cambiado

Podemos contarnos todas las historias y mentiras del mundo. Crear mil justificaciones y excusas, pero la verdad es que lo que más nos frena, nos aplasta y nos jode es lo que nos decimos a nosotras mismas. Nos repetimos que el problema es la falta de tiempo, de recursos o de oportunidades. No me gusta generalizar, pero en los años que llevo acompañando a personas para que cumplan sus objetivos me he dado cuenta de que el factor fundamental para llegar o no llegar es nuestro diálogo interno. Todo eso que nos contamos una y. otra vez sobre nuestra valía y nuestras posibilidades. Yo también he caído en trampas mentales que me han frenado, ojo, que aquí hemos pecado todas. Y con el tiempo he aprendido que, así como creamos nuestros pensamientos, también podemos cambiarlos. Aquí te cuento tres pensamientos que en algún momento me han bloqueado y cómo les he dado la vuelta para acercarme a todo eso que quiero en lugar de quedarme anclada en todo lo que no quiero.

1. “Si no lo hago perfecto, mejor no lo hago”

La trampa del perfeccionismo es un asco, porque parece una virtud, pero es una forma de miedo disfrazado, escondido la mar de bien. Durante mucho tiempo, pensaba que si no podía hacer algo bien desde el principio, no valía la pena intentarlo. Postergaba proyectos, dudaba antes de lanzarme a algo nuevo y me paralizaba ante la posibilidad de no estar a la altura. Me encantaba el Derecho Internacional pero no pensaba que pudiera ser brillante dedicándome a ello, así que ni lo intenté. Lo mismo con crear un estudio de interiorismo cuando acabé mi segunda carrera: no iba a ser todo lo perfecto que yo quería, así que mejor no hacer nada. Hasta que me di cuenta de algo: lo perfecto es enemigo de lo hecho. Nadie empieza sabiendo todo. Nadie es brillante desde el primer día. Y lo que te hace avanzar no es la perfección, sino la práctica. 🔄 Cómo lo cambié: Me obligué a empezar antes de sentir que estaba preparada. Me repetí una y otra vez: “Mejor hecho que perfecto”. Y me di permiso para mejorar sobre la marcha. Me centré solamente en el siguiente paso a dar, no en el supuesto resultado perfecto que tenía (creía yo) que obtener.

2. “Si no tengo todo claro, mejor espero”

Y pensando esto puede llegar el juicio final y encontrarte anclada en el mismo sitio. Esperando se pasa la vida sin que tú hagas nada por construirla. Lo que nadie nos ha contado es que la claridad no llega antes de actuar. Llega después. Llega mientras. Llega en el camino. Porque solo ahí vas a saber, ya no las respuestas, sino las preguntas que has de formularte. No necesitamos tenerlo todo resuelto antes de empezar. La única forma de descubrir lo que queremos y cómo conseguirlo es probando, ajustando, aprendiendo en el camino. 🔄 Cómo lo cambié: Apliqué la teoría del producto mínimo viable. Empecé a hacer pequeñas pruebas, minimizando riesgos al máximo. Empecé a moverme en la dirección correcta, esa que me acercaba a lo que quería, sin esperar certezas absolutas. Hagamos siempre más de lo que sí y menos de lo que no para colocarnos en la frecuencia adecuada. Me pregunté “¿Cuál es el paso más pequeño que puedo dar hoy para acercarme a lo que quiero?” No es un salto al vacío, es un pasito, un moverme.

3. “No soy suficiente”

No es que me lo dijera, ni lo pensara. Y eso es lo más peligroso, porque la creencia se esconde para ser efectiva y se refleja en lo que hacemos. En todo lo que no intentamos, en todo eso a lo que no nos atrevemos. “No soy lo suficientemente buena”, “No tengo suficiente experiencia”, “No sé lo suficiente”. Todo es parte del mismo rollo castrante. Pasa un poco como con el número dos: la única forma de sentirnos suficientes es actuando como si ya lo fuéramos. Movernos antes de sabernos capaces. 🔄 Cómo lo cambié: Preguntándome MUCHO. Me hago preguntas cómo “¿Quién ha decidido esto? ¿Dónde está la evidencia de que no soy suficiente?” Y la respuesta suele ser un silencio de lo más revelador. De nuevo, la confianza no llega antes de hacer algo, llega después de hacerlo una y otra vez. Nuestros pensamientos determinan nuestras acciones. Y nuestras acciones determinan nuestra realidad, o sea, las personas que somos. Podemos elegir pensamientos que nos aplastan o pensamientos que nos impulsan. Podemos animarnos o contarnos cosas horribles sobre nosotras mismas. Podemos obedecer a la inercia natural de nuestro cerebro miedoso o cuestionarlo y entrenarlo para que nos construya en lugar de destruirnos. Podemos quedarnos en la nada o empezar a avanzar hacia algo. La pregunta no es si podemos cambiar, sino si queremos hacerlo. Si estamos dispuestas a grabar el precio necesario. En mi opinión, el esfuerzo necesario no es nada comparado con la satisfacción de convertirnos en la persona que queremos ser. ¿Cuál de estos pensamientos te ha frenado o te está frenando a ti? Déjamelo en comentarios, no hay nada más enriquecedor que sentirnos parte de un grupo al que le pasa lo mismo que a nosotras y busca soluciones en la misma dirección.
P.D.: si, al leer esto, te has dado cuenta de que hay algo que te bloquea en algún aspecto de tu vida, te dejo aquí un PDF con tres ejercicios que yo uso cuando no tengo ni idea de cuál es el siguiente paso. Cuando necesito claridad y preguntas que me entreguen todo el poder. Puedes descargarlo AQUÍ.
P.D2.: AMIGAS, noticias tengo. La nueva formación que va a ocupar mi membresía desde julio hasta diciembre de este año es “AUTOESTIMA Y AUTOVALORACIÓN: construye una relación sólida contigo misma”. En las sesiones mensuales, te contaré cómo fortalecer tu relación contigo misma, dejar atrás la autocrítica destructiva y aprender a priorizarte sin culpa.
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Si lo que te frena es el síndrome de la impostora, esa distorsión que te cuenta que eres un fraude, que estás aquí por suerte y que en cualquier momento te van a pillar te recomiendo que escuches el último episodio de mi podcast, en el que comparto micro con Marta Verona, nutricionista, cocinera y ganadora de MasterChef 6. Nos cuenta cómo nunca se sintió merecedora de ese primer puesto. Cuánto estrés le han supuesto todas las oportunidades que le han llegado desde ese momento y cómo ha aprendido a gestionarlo. Un chorreo de honestidad y cercanía. Puedes escucharnos AQUÍ.