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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.
35 libros recomendados por mujeres (que escriben)

35 libros recomendados por mujeres (que escriben).

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No siempre tenemos claro qué queremos leer y por eso,  las colaboradoras de Weloversize  hemos hecho una lista de nuestras lecturas favoritas. Cada día es el Día del Libro.

“Fue lectora voraz desde muy corta edad, con los peligros que esa costumbre conlleva.” ― Isabel Allende, “El juego de Ripper”

de whatsapps y otras especies

De WhatsApps y otras especies

de whatsapps y otras especies

Era inevitable, La App se merece como mínimo un post.

Yo pensaba escribir unas líneas defendiéndola como recurso práctico cuando se usa con criterio y criticándola cuando se abusa de ella con mensajes inútiles o como sucedáneo de encuentros cara a cara pero, cual es mi sorpresa, cuando al googlear para documentarme un poco me encuentro con todo un mundo basado en el Ligoteo Whatssappeador.

Lo que más me llama la atención es el fenómeno denominado Relación Ficticia Creada a Base de Whatsappeo Masivo (en adelante RFCBWM, acrónimo acuñado por mí misma). Ojo que la RFCBWM no se da solo en el ligar sino en cualquier tipo de vínculo.

De Whatsapps y otras especies

Conoces a alguien un Saturday Night, cruzas tres frases, le das tu número, al día siguiente te preguntará SIEMPRE LO MISMO “¿Cómo acabaste la noche?” y ZASCA, RFCBWM al canto.

A partir de ahí se suceden una serie de procesos interesantes a la par que absurdos. Por solo nombrar unos pocos señalaría:

  • Los días y días escribiendo hasta quedarte bizco y esguinzarte los pulgares.
  • Los “jajajas” cuando no tenemos nada mejor que decir.
  • El análisis sintáctico, morfológico y sintagmático de los mensajes de El Contrincante para desentrañar sus significados ocultos.
  • Los pantallazos a las amigas para que vean “lo gracioso que es y las cosas que me dice”.
  • Los “¿le contesto?” “¿qué le digo?” “¿ahora o luego?” incesantes.
  • Los “buenos días” “buenas tardes” “buenas noches” que no has dicho en toda tu vida los dices en una semana de RFCBWM.

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Y según lo escribo, me voy poniendo más nerviosita. Creo que este tema me ha pillado un poco mayor. Y decido ponerme mis músicas ochenteras a ver si me acuerdo de como se ligaba A.W.(antes del WhatsApp).

Creo recordar que la gente quedaba, qué tiempos aquellos…

Os conocíais, os dabais el número de fijo o de móvil (dependiendo del siglo). Si eso, os llamabais una o dos veces y luego había encuentro con sus mariposas en el estómago, sus conversaciones, sus risas en directo (sin “jajaja”), con suerte unos morreitos y luego te ibas a tu casa emocionad@ de la vida a esperar el próximo encuentro (o no).

En los casos más intrépidos o si no tenías su número, te dejabas caer por donde salía para VERLE/LA. Vamos, lo que ahora sería una salvajada sin precedente.

De Whatsapps y otras especies

Como soy una tía muy seria y me gusta documentarme si no controlo el tema, he metido en google “ligar” + “WhatsApp”, a ver que salía, y… LA MADRE QUE ME PARIÓ, hay todo un mundo.

Hay un espécimen que ha escrito un Ebook llamado “Cómo conquistar a cualquier mujer por WhatsApp“. Ojito a lo de “cualquier“. He encontrado otro que les (a ellos) descubre “qué tres mensajes exactos debes enviar para conseguir citas que se convierten en SEXO y relaciones”. Tres. Ni dos ni cuatro. TRES.

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Hay también:

  •  Artículos sobre “Como tener labia”. (Hostias y yo convencida de que eso se tenía o no se tenía).
  • Estrategia: qué decir,  a qué hora debemos de enviar los mensajes y cuanto tardar en contestar (y yo que pensaba que esto era como hablar, que si no contestas cuando escuchas al otro eres un maleducado…)
  • Cómo crear Tension Sexual (lo de Tensión ya me pone tensa, claro).
  • Cómo crear misterio y ser ambiguo (pa morirse).
  • Cómo convertirte en un cabroncete juguetón: 1. NUNCA te despidas, 2. Alarga la relación espacio-tiempo, 3. NUNCA te excuses por tardar en contestar. (En cuanto a este energúmeno, voy a conseguir su número y DE VIVA VOZ le diré que es un GILIPOLLAS. Así sin filtros. Luego si quiere se lo escribo también por si se le ha olvidado el lenguaje hablado).
De Whatsapps y otras especies

Llamadme antigua, retrógrada, anormal, pero me resulta flipante que un texto escrito en una caja de plástico genere más relaciones, alegrías, tristezas, ansiedades, etc. que un cara a cara, un polvo o una conversación.

De Whatsapps y otras especies

Quiero compartir algunas de las situaciones surrealistas que producen las RFCBWM y aquí es, cuando leyéndome, empezáis a decir en voz alta “Joder, igual que a mí”, “Sí, como aquella vez”, “Qué fuerteeeeeee”.

1. Ese ex que durante años reaparece periódicamente y te comenta lo guapa que estás en esa foto de Facebook, inicia una RFCBWM que dura semanas, de repente desaparece de la faz del teléfono y cambia su foto de perfil que era una palmera caribeña por otra con su novia nueva.

De Whatsapps y otras especies

2. RFCBWM iniciada en sábado de borrachera que, tras semanas de mensajes subidos de tono, finaliza en cita (sexual o no). Dos variantes:

          a) Desaparición total comparable a las de Lobatón en sus buenos tiempos.

       b) En el peor de los casos, la desaparición es parcial y cada dos semanas aproximadamente El Contrincante reaparece con mensajes tipo “besos guapa”, “Feliz Navidad”  (el 24/25 os vais a acordar de mí y lo sabéis) y cuando tú contestas con un educado “¿cómo estás? desaparición again hasta el siguiente texto que, por supuesto, no responderá a tu pregunta. Y así hasta el infinito a no ser que bloquees el contacto ya jarta de tanta tontería.

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3. RFCBWM que, sin saber como, desemboca en frases tales como “me gustaría saber en qué punto estamos”, “me estoy enamorando” o “eres la mujer de mi vida”. Aquí se pueden dar los apartados a) y b) del apartado anterior sin ningún problema. También sería coherente bloquearle por majara o psicópata…

4. RFCBWM que se convierte en un mareo susceptible de necesitar Biodramina: y venga escribir y escribir toooooodo el día, tooooooodos los días y de quedar ná de ná. Esto suele diluirse con el tiempo tras muchas horas y varias dioptrías perdidas.

De Whatsapps y otras especies

Y que conste que uso La App.  MUCHO. Útil para quedar en grupo, para enviar enlaces, para un “ya salgo” o “llego tarde”. Pero desde luego prefiero ver, o en el peor de los casos, escuchar la voz de la persona con la que hablo.

Voy a minimizar los textos y voy a aumentar las llamadas y, en la medida que pueda, los encuentros.  No quiero relacionarme con una caja de plástico, quiero ver, oír, tocar, besar y abrazar a mis nuevos y viejos amig@s, a mis amantes o aspirantes a serlo, a mis padres.

Quiero también verme y oírme a mí misma y no escuchar el pitido de “WhatsApp nuevo” cada 5 segundos (de hecho, hace ya semanas que eliminé el p*** ding dong) con el que se me corta cualquier pensamiento coherente que pueda tener (que no son muchos).

Si quieres hablarme, me llamas. Si quieres verme, quedamos. Si quieres escribirme, fantástico pero con un Por qué y  un Para qué bien hermosos.

Las RFCBWM me han pillado a destiempo. Yo prefiero comer con mi amiga Cristina, ir al teatro con Lidia, desayunar con Alicia, abrazar a Mabel, cenar con Barto, besar a Peri y coger de la mano a Ángel.

De Whatsapps y otras especies

 ¿Y tú?

No quiero ser mayor.

NO QUIERO SER MAYOR

Hoy he leído una entrevista que le ha hacían a Milena Busquets, en la que decía que envejecer es una putada, que lo aceptamos porque la alternativa es palmarla y que se cambiaría sin pensarlo por su yo de los 20 años. Pues a mí me pasa EXACTAMENTE lo mismo, lo admito. Sé que queda muy maduro y coherente decir que te sientes muy bien con la edad, pero es que a mí me importan un huevo la experiencia, la sabiduría y la serenidad. La felicidad para mí es sinónimo de libertad, la cual conlleva implícita una falta de responsabilidad, de planificación. Para ser libre uno tiene que ser, en cierta medida, inconsciente de las consecuencias de sus actos. Con la edad, ya sabemos lo que va a pasar y, lo que es peor, NOS IMPORTA. A los 20 vas en moto con un chaval que acabas de conocer y puede que sepas que te puedes pegar un hostión y matarte, pero eso lo importante no es eso, sino lo bueno que está el tío, la sensación de velocidad, de no querer estar en ningún otro sitio en ese momento.

Con los años, pasamos de estar donde queremos estar a estar donde TENEMOS que estar. Y eso es catastrófico.

Se acabaron los impulsos, las improvisaciones, el aquí y ahora, el “pues venga, vale”.

No sales esta noche porque mañana tienes que madrugar, madrugas porque hay muchas cosas que hacer, vas el domingo al cine porque el lunes no podrás, y así suma y sigue. A los 20 sales porque tienes ganas, no madrugas porque ya lo harás y vas hoy al cine porque te da la gana, punto.

Sí, yo me cambiaría sin pensarlo por mi yo de los 20, para perder el tiempo paseando en moto, para jugar al back gammon durante horas y rajar en el bar de la facultad saltándome las clases porque quería reírme en ese momento, no después ni mañana. Mi yo de los 20 tomaba las decisiones porque no había razones para no tomarlas.  ¿Por qué no ir al siguiente bar, no besarme con cualquiera, no bailar hasta el amanecer?

Ahora, ante el tornado de obligaciones, una tiene que elegir, buscar tiempo para llevar a cabo cualquier actividad lúdica, que antes constituía tu vida entera. Los listados de propósitos a los 40 no son más que la copia de cualquier agenda veinteañera: me pegaré una ducha de 20 minutos, comeré cada día algo que me guste, quedaré con mis amigos.

Qué triste, coño.

Mi terapeuta, cuando le conté que quería ser madre, me contestó que era algo fabuloso y que uno no puede vivir siempre como una adolescente. Yo, en ese momento, lo acepté como verdad absoluta pero ahora, que ya no soy adolescente, dudo que haya algo de malo en vivir ausente de obligaciones, de responsabilidades, de horarios. Yo diría que no pero, en cualquier caso, no hay marcha atrás. Quizás algún día, cuando mis hijos sean mayores, yo esté de vuelta de todo y haya alcanzado (o descartado) todos estos estúpidos objetivos vitales que me planteo sin parar, volveré a pasear en moto con desconocidos y a bailar hasta el amanecer simplemente porque no haya razón para no hacerlo. Ojalá.

El ataque de las Madres Perfectas.

El ataque de las Madres Perfectas.

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No me van los abanderamientos políticos, ni los ideológicos, ni los Maternofiliales, el último grito en lo que a tendencias se refiere. Esos que defienden las Madres Perfectas que antes solo veíamos en las revistas y que ahora ya existen en la vida ¿real?.

El ataque de las Madres Perfectas.
Los niños de la Ambrosio
llorando
Una niña NORMAL.

Parece que enajenadas inspiradas por esas mujeres llenas de calma, paz y luz interior que salen en Instagram haciendo yoga con sus hijos de dos años (inaudito), que van de tiendas con sus seis hijos en volandas (y sus seis niñeras ocultas de los paparazzi), que jamás entran en cólera y no tienen ni asomo de ojeras (ni hablemos de celulitis), muchas algunas han decidido adoptar todas las costumbres de esto que algunos denominan la “Maternidad New Age”: lactancia materna hasta que el niño es mayor, dormir todos en la misma cama, comida orgánica SIEMPRE, nuevos métodos educativos, JAMÁS pierden los nervios y el niño es el centro del Universo, entre muchas otras cosas. Ah, y SIEMPRE llevan a los niños en brazos y van niqueladas. Oye, PUES PERFECTO.

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La Kerr por las mañanas
Guay. Estupendo. Fabuloso. Yo, PUES NO. No en general a ningún movimiento, moda, creencia generalizada. No a los centros del Universo en general. Las revistas, las redes, la tele, te las muestran y no puedes evitar pensar que algo de Mierdimadre eres cuando esas tías hacen 100.000 cosas y todas con buena cara. Todo en su vida es organizado, zen y risueño.
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El hijo de la Bündchen.

Ellas cuentan, perfectamente maquilladas y peinadas, que sus mejores momentos son los fines de semana porque se relajan rodeadas de su preciosa familia. Esos mismos fines de semana en los que a ti te despiertan a las 6 de la mañana y quieres vomitar de cansancio, mudarte de casa y mandarles a todos a tomar por el jander.

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Tus hijos, super zen.

Porque eres humana, COJONES.

Porque tienes un límite y lo rebasaste hace MUCHO.

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Solo quieres que llegue el lunes para, al menos, poder echarte una siesta sobre el teclado del ordenador. Bueno, pues para ellas ESO ES LO MÁS. O no, quién sabe. Quizás sus hijos son tan organizados, zen y risueños como ellas. O igual todo es mentira. Ok, decido no volver a verlas, leerlas, ni NADA. Me jode incluso que me ofenda, PERO ME OFENDE. No puedo evitar leer entre líneas “Pero nena, ¿dónde vas con esos pelos?”.

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A la mierda, pues.

Una vez solucionado el tema de las Madres Celebrity,  cuando ya has decidido que no piensas ver lo que supuestamente hacen las Patakys, Bündchens y Ambrosios del mundo, llegan Las Madres del Chat. Sí, de esto ya hemos hablado. UN COÑAZO SUPINO. También decides ignorarlas pero te resistes a salirte del grupo, más que nada por si alguno de los hijos de las Perfectas le suelta algo al tuyo, que es hijo de una Madre Humana (especie en extinción). Pero es que ante tu “mira, yo es que no me da la vida, no voy a hacer pasteles, decidme cuánto es y yo lo pongo”, aparecen comentarios tales como: “me levanté del ordenador a las 3 de la mañana pero voy a preparar una tarta de tres chocolates para el mercadillo”.

Mira guapa, VETE A LA MIERDA.

fuck

Si quieres hacerlo, lo haces, pero no lo proclamas justo detrás de mi comentario, tía prepotente. Aish qué capacidad de contención la mía, con lo a gusto que habría puesto “Por mí te puedes meter la tarta por el c**o”.

Luego están las Miradas Malditas (o M.M.). Esas que te echan las otras madres, los profes o tu propia madre (sí, esa que te soltaba una hostia a la primera de cambio y ahora te dice que no tienes paciencia) cuando haces comentarios tales como “qué ganas tengo de quedarme un finde sola”, “qué pesadilla” o “esto no hay quién lo aguante”. Sí, lo pienso Y LO DIGO, como algunas, que serían MUCHAS si no se sintieran juzgadas. Porque encima de lo duro que es esto (y no pienso añadir el “y maravilloso” para endulzarlo) tenemos que callarnos por mandato de la nueva religión de las Madres Perfectas. Joder, al menos dejadnos que nos desahoguemos, que de todos es sabido que las tías necesitamos rajar, gritar, cagarnos en todo, para quedarnos relajaditas, QUE FALTA NOS HACE.

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Y no sigo, que me caliento y me abandero sin quererlo. Apostaré por Gandhi y resistiré pacíficamente el ataque de las Madres Perfectas.

DE MOMENTO.