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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

Hay gente que te explota en la cara

Hay personas que parecen majas mientras tú te adaptas. Son simpáticas, graciosas, quizás un poco caóticas. Llegan tarde, cancelan planes, dicen cosas que luego no cumplen. A sí mismas y a los demás también. Y tú piensas que no pasa nada. Porque no quieres ser tiquismiquis. Porque, total, tampoco es para tanto. Hasta que un día sí lo es. Hasta que ese desorden empieza a afectarte. A complicar tu agenda, porque tú habías organizado tu puzle vital y, en el último momento, resulta que no puede quedar porque se le olvidó OTRA VEZ que tenía no sé qué. Porque pretende contagiarte ese cacao mental y vital suyo. Y entonces, con toda la calma, dices algo muy simple. Muy poco dramático. Muy poco agresivo. Algo del tipo: MIRA, CARI, ESTO NO. Y ahí pasa algo que no te esperabas de esa persona tan simpática, tan alegre. No hay conversación. No hay escucha. Hay explosión. La Bomba de King África convertida en ser humano. Te atacan. Se ofenden. Te plantan el cartel de injusta, poco comprensiva. Le dan la vuelta a la tortilla con una soltura que da miedito y, cuando te quieres dar cuenta, estás tú explicándote por haber dicho algo tan básico como que por ahí no. Ese tipo de personas no están reaccionando al límite que acabas de poner, sino a todos los que no pusiste antes. Y eso es importante entenderlo. Porque tu “esto no” no es violento. ES TARDÍO. Llega después de mucho adaptarte, de muchas consideraciones. Después de muchas veces en las te has incomodado tú para no incomodarla a ella. Y cuando el límite llega, no lo reciben como una información, sino como un ataque. Como una traición. Como si les estuvieras quitando algo que daban por hecho: tu disponibilidad, tu comprensión infinita, tu elasticidad. Y entonces aparece la culpa. La maldita culpa. Te comes el tarro preguntándote si lo podrías haber dicho mejor. O en otro momento. Con otras palabras. De otra manera. La culpa es esa vocecita que te dice que igual has sido demasiado brusca, que igual no hacía falta, que igual te has pasado. NO, NO, NO. Cuando alguien reacciona con agresividad a un límite que has definido con todo el con respeto, Tú no tienes un problema de formas. Vosotras tenéis un problema de vínculo. Una persona mínimamente sana puede sentirse incómoda, sorprendida o incluso dolida cuando alguien le marca un límite. Pero puede pensarlo. Puede hablarlo. Quien explota necesita atacarte a ti para no mirarse a ella. Para no hacerse cargo. Para no asumir su incoherencia. Para no responsabilizarse de sus saraos. Y aquí viene lo que he aprendido de poner ese límite (porque sí, amiga, te estoy contando una historia que es mía, para variar): poner un límite no te obliga a gestionar la reacción del otro. No tienes que convencer a nadie No tienes que justificarte una y otra vez. No tienes que hacerte cargo de su enfado. A veces creemos que poner límites es solamente aprender a decir que no, cuando la verdad es que el aprendizaje es otro mucho más profundo y más amplio: aceptar que hay personas que van a desaparecer de tu vida cuando tú empiezas a tratarte bien. No porque sean malas. No porque tú seas mejor. Sino porque la relación solo funcionaba mientras tú tragabas. Y eso no puede ser, esa no es la persona que quieres ser. Y eso duele. Porque te gustaría que la otra persona entendiera, reflexionara. Pero la vida adulta va mucho de asumir que no todo el mundo puede acompañarte para siempre. Si tú te cuidas y el otro te ataca, esa relación no es que sea complicada, es que es incompatible con la persona que has decidido ser. Porque la paz no siempre llega con conversaciones y acuerdos. A veces llega cuando decides que vas a decir “Hasta aquí” antes de que alguien te explote en la cara. P.D.: no necesitamos justificaciones ni excusas para decir “ya no quiero esto” ni postergar infinitamente lo que realmente queremos, pero nos cuesta dejar de hacerlo. Con tal de ayudarte, he diseñado cinco ejercicios que te ayudarán a:
  • Dejar de buscar justificaciones externas para dejar lo que ya no queremos
  • No postergar nuestros deseos, aprender a priorizarlos o, al menos, a ponerlos al mismo nivel que los deseos de los demás
  • Reconectar con lo que realmente queremos, dejar de ignorarlo.
Puedes descargar los ejercicios AQUÍ.

3 preguntas para diferenciar lo que quieres de lo que necesitas

A veces lo que queremos y lo que necesitamos no solo no coinciden, sino que se enfrentan. Queremos tirarnos en el sofá y lo que necesitamos es ir al gimnasio. Queremos escribirle al mareador de turno y lo que necesitamos es bloquearle para siempre jamás. Queremos comer pizza y lo que nuestro cuerpo necesita es verdura. Queremos tener razón y lo que necesitamos es paz. Todas estamos escindidas. Una parte de nosotras busca placer inmediato, alivio, gratificación. La otra —la más sabia— pide coherencia, salud, propósito. A mí me sirve mucho pensar que mi Yo futura es la más lista, porque sabe cuáles son las consecuencias de mis decisiones, porque no está sometida a las tentaciones, a los impulsos. A esa Yo es a la que le he de hacer caso. Lo que quieres tiene que ver con el deseo momentáneo; lo que necesitas, con tu bienestar. Lo que quieres te calma por un rato; lo que necesitas te construye. Y muchas veces, cumplir con lo que necesitas implica hacer cosas que no te apetecen nada. Levantarte antes para meditar, decir que no a una cita que te drena, no revisar el móvil y concentrarte en lo que realmente te hace avanzar, cocinar algo rico y sano en lugar de pedir comida rápida. Todas esas pequeñas acciones, consecuencia de pequeñas decisiones, repetidas en el tiempo, definen la calidad de tu vida. Yo creo que no estamos aquí para satisfacer nuestros impulsos, sino para conocernos tanto que podamos elegir desde la intención, desde la voluntad, desde quiénes queremos ser y cómo podemos vivir. Lo que queremos puede cambiar cada cinco minutos; lo que necesitamos permanece. El truco está en distinguir una cosa de la otra antes de actuar. Cuando le haces caso solo a tus ganas, te das un gustazo. Cuando le haces caso también a tus necesidades, te das estructura, coherencia y paz. Y eso —aunque cueste un huevo, sobre todo al principio— nos sienta infinitamente mejor, porque nos entrega el poder, nos convierte en las reinas y señoras que lo que nos pasa. La voluntad y el placer no son enemigos, si llevas tiempo por aquí, sabrás que soy una firme defensora de los gustazos, pero hay que aprender cuándo hay que escuchar a cada uno. A veces el placer está en el después, en la satisfacción de haber hecho lo correcto aunque no fuera lo fácil. Ya que estamos a principios de, año, con los propósitos burbujeando, con la intención de implementar unos cuantos hábitos, vamos a empezar con uno que tiene que ver con que antes de dejarte llevar por el impulso, pares. Respira. Hazte preguntas. Para ayudarte, te dejo tres preguntas que te ayudarán a diferenciar entre lo que quieres y lo que necesitas:
  1. ¿Esto me da placer momentáneo o bienestar duradero? Si la respuesta tiene fecha de caducidad corta, puede que te apetezca pero quizás no te hace bien (esa llamada al mareador, ese cigarro, el cuarto café, ver otro episodio de tu serie y acostarte tarde, priorizar las necesidades de otros por delante de las tuyas…). Si te deja tranquila, si te acerca a un objetivo, si tu Yo del futuro te va a felicitar por ello, es una necesidad.
  2. ¿Qué versión de mí estoy alimentando con esta decisión? ¿La que busca evasión o la que busca avanzar?
  3. ¿Cómo me sentiré mañana si hago esto (o si no lo hago)? La perspectiva de un día suele bastar para saber si estás actuando desde la coherencia con la persona en la que te quieres convertir o desde el impulso, que te ancla a esa versión de ti a la que le quieres ir diciendo adiosito.
Poco a poco, si aprendes a hacerte las preguntas correctas, tus patrones mentales empezarán a cambiar y, poco a poco, lo que quieres y lo que es bueno para ti se convertirán en una sola cosa. La evasión, la irresponsabilidad contigo misma empezará a desaparecer. Y eso —créeme— cambia la vida entera.  

P.D.: hablando de cambiar la vida entera, mañana, 11 DE ENERO, querida mía, SE CIERRAN LAS PUERTAS DE PERTENÉCETE, el programa que ya ha cambiado la vida de unas cuantas mujeres.

¿Te cuesta muchísimo tomar decisiones? ¿Te frenan las dudas, la culpa, el miedo a equivocarte? ¿Por mucho que te lo propones no consigues pasar a la acción y, si lo consigues, no eres constante? ¿Sientes que no ocupas espacio en tu propia vida, que otras personas o las circunstancias mandan más en lo que te pasa que tú misma? Si has respondido afirmativamente a una o a varias de estas preguntas, PERTENÉCETE es para ti.

Quiero inscribirme

Estas cosas tan bonitas cuentan las alumnas de la primera edición de PERTENÉCETE: Para mí, con la sesión 1 ya he amortizado el curso. Solo puedo darte gracias, gracias y mil veces gracias. Estoy emocionada con la lagrimilla en los ojos. Jolín, y pese al esfuerzo para pagar el curso, te digo VIVA PERTENÉCETE!!! Ole tú. Veo el precio barato y todo. Hemos aprendido tantoooooo en soo dos sesiones, que no me quiero imaginar pasados los 3 meses, no me voy a reconocer. Gracias, Sol Diles (a las que preguntan por PERTENÉCETE) que está siendo un viaje sin retorno hacia nuestra mejor versión, que ya en la segunda sesión está amortizado. Soy una Pertenéceta y estamos en la tercera sesión y me da la sensación de que te debo dinero. Más que amortizado, Sol. Es una gozada. Tres sesiones y ya estoy notando cambios, sol. Pertenécete me está cambiando y con ello a los de mi alrededor. He puesto algún límite que no imaginaba y todo va mejor, tema personal y laboral. Gracias, Sol. Gracias, amiga (aunque no me conozcas) por enseñarme tanto. Solo es la quinta sesión y ya tengo clarísimo que es el mejor autoregalo que he podido hacerme. Sol, madre mía lo potentes que son los ejercicios de Pertenécete. Llevo un buen rato anclada en mi cuaderno, escribiendo y soltando tantos nudos. Llorando y viendo con esperanza renovada los próximos días, semanas y planes. Gracias. Gracias de corazón. Vale cada céntimo.

Quiero pertenecerme

Estas son las preguntas más frecuentes que me estáis haciendo sobre PERTENÉCETE:
No le voy a poder dedicar mucho tiempo al curso hasta finales de febrero, ¿me aconsejas apuntarme o esperar a otra edición?
No puedo aconsejar a nadie, pero os cuento tres cosas:
  • No aseguro al 100% que vaya a haber otra edición de PERTENÉCETE.
  • Si hay otra edición, será, como pronto, en 2027 (han pasado dos años desde la primera edición)
  • Tenéis el contenido disponible de por vida.
Espero haber ayudado.  
Con muchas ganas de cambiar de vida, pero con miedo (miedo a que sí funcione) ¿es para mí?
Totalmente, con tal de hacer esos cambios hay que mirar de frente a tus miedos y a tus creencias. En PERTENÉCETE los trabajamos a fondo para que nos dejen definir correctamente nuestros objetivos, tomar las decisiones correctas, ser las dueñas de lo que nos pasa. Ya sabes, no somos eternas.  
Si estoy contenta con mi vida en general, ¿me recomiendas hacerlo? Disfruto escuchándote
Yo soy de las que piensa que no hay que estar mal para querer estar mejor. Otra cosa es que revises lo que vamos a tratar en PERTENÉCETE: miedos, creencias, gestión de la culpa y la procrastinación, gestión emocional, definición correcta de objetivos, implementación de hábitos y sistemas de vida, planes de acción eficaces… Y digas, “Huy, lo hago todo increíble”, entonces, pues no.  
¿Puedo regalarlo?
Puedes regalar PERTENÉCETE muy fácilmente, simplemente pon el nombre y el mail de la persona en el formulario y avísale de que le va a llegar un correo con un regalo que le va a servir un montón. (Gracias por regalarme)  
Escucho tu podcast, he leído “Apréndete”, ¿este programa me aportará algo nuevo?
Absolutamente sí. De hecho, te diría que el 100% de las alumnas de la 1ª edición habían leído mi libro, hecho otros cursos, escuchado mi podcast y esto es lo que dicen… Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto. – FRANCESCA Súper completo, súper útil, muy práctico, nada pesado, con muchísimos aprendizajes, una pasada. – MARÍA Ha superado con creces mis expectativas, con los ejercicios, las recomendaciones de libros y las charlas TED, las masterclass… Gracias infinitas Sol. – MAR Me ha parecido una maravilla. Todo lo que he recibido en las sesiones es brutal. Me ha encantado tu naturalidad y lo bien que lo explicas todo. Muy entendedor con los ejemplos. – BEATRIZ

Nublada y dispersa

Escribo estas líneas durante un domingo nublado. Nublado fuera y nublado dentro. Tengo mil cosas que hacer, de curro, en casa. He hecho alguna: he preparado unas fotos para stories, he programado una publicación compartiendo mi audio gratuito, he diseñado la tarjeta de felicitación de cumple para mi hijo. Poco más. Eso que he hecho, normalmente me llevaría media hora y he tardado como dos. Estoy dispersa, estoy nublada, ya te lo he dicho. Cuando estoy dispersa y nublada me pongo a escribir, porque la pluma sobre mi libreta es como el peine dentro de mi cabeza. Me desenreda, me centra, me devuelve a mí. Releo ahora lo que he escrito y el papel me cuenta cómo se me escapa hoy el tiempo entre los dedos. Escribo algunos asuntos que me preocupan últimamente, que me cansan, que me apagan. Me pregunto cuál es la solución, si es que la hay. Me respondo que no sé si hay solución, pero sí hay cosas que puedo hacer para minimizar esa preocupación y ese cansancio. Agendo esas cosas. Mando algunos WhatsApps que ya son algunas de esas cosas, son el principio del proceso. Lo hago, porque sé lo importante que es empezar, que la inercia funciona para frenarnos y para impulsarnos, y yo quiero, siempre, impulso. En esas páginas me pregunto, también, cómo eliminar la sensación de deriva, el miedo a no poder controlarlo todo. Qué difícil es eso cuando hablamos de los hijos. Pero siempre digo, y me digo, que difícil e imposible no son sinónimos, así que también escribo sobre eso. Sigo desenredando. Me doy cuenta, mientras las palabras se dibujan sobre el papel, de que en esas ansias de control, me pierdo, porque no podemos controlar y disfrutar al mismo tiempo. Y mi objetivo en esta vida es disfrutar, no pasar el día dispersa y nublada. ¿Cuál es el plan? Si has sido alumna mía, te sonará esta pregunta, porque es la que deberíamos hacernos siempre que se nos enrosca el coco sobre sí mismo. La que nos saca de la dispersión y la niebla. Escribo parte de ese plan, que tiene que ver con mi trabajo, con revisar mis objetivos, mis medios y mis fines. Con mi entorno, con convertir mi casa en algo todavía más bonito y más parecido a ese lugar donde vive mi Yo del Futuro, esa de la que te hablé en este texto. El plan tiene que ver, también, con mi divina persona, y lo primero que hago es quitarme el pijama, porque no ayuda a salir de la niebla y la dispersión, y me pongo una especie de chándal negro muy mono y un jersey que me tejió una coachee maravillosa. Ese jersey significa mucho, porque a ella le gustaba tejer, pero solo tejía bufandas, se creía incapaz de hacer otra cosa y sus deberes de nuestra primera sesión fueron empezar un jersey. Nunca me dijo si lo había conseguido, pero una semana después de terminar nuestro proceso, recibí un paquete con esta prenda preciosa, de un verde que me encanta y exactamente de mi talla. A veces dudo de si seguir dedicándome a esto, pero entonces veo ese jersey y se me pasa la tontería. Este jersey es el que se pondría mi Yo del futuro, tan sabia, tan enfocada, tan lúcida. Tan libre de las ansias de control. Lo tengo clarísimo. A veces, encoger la distancia entre la Yo de hoy y la Yo del futuro es tan fácil como cambiarte de ropa, pero como no tomamos el tiempo de hacernos las preguntas adecuadas, nos quedamos como estamos: dispersas y nubladas. En pijama. Sigo leyendo lo que he escrito. Escribo que necesito más espacios de soledad y silencio y, al mismo tiempo, estoy a punto de mandar un mensaje a unas amigas para quedar. No, tía, no. Eso no es lo que necesitas, es lo que te apetece, porque tu coco quiere mantenerte en la dispersión. Aquí mandas tú. No he enviado el mensaje, BIEN. Me planteo otra de las grandes preguntas que diluyen la niebla y la dispersión, ¿Qué quieres? Y hago un listado, con toda la honestidad. Me esfuerzo en elevar el dron, para observarme con perspectiva y luego ir al eje, bien adentro, para asegurarme de que eso es lo que realmente quiero en este momento de mi vida. Quizás hace tres meses quería otras cosas. Así somos de cambiantes. Defino sobre el papel mis prioridades, las mías. No las que se suponen que tienen que ser, no las relacionadas con mi familia. LAS MÍAS. Ya veremos cómo las trenzamos luego con el resto de la vida. Me agarro fuerte a ellas porque, si no, me diluyo. Porque, si no, resbalo hasta perderme, hasta no ocupar espacio en mi propia vida. Me las tatúo en el alma. Y en la agenda. Me pellizca un poco en los entresijos esto de priorizarme, y entonces cuestiono todas esas creencias que me inocularon en casa, en el cole. Sobre mi valor. Sobre el dinero, sobre la belleza, sobre la calma. Nadie nunca, jamás, me habló de la importancia de la calma, de qué es realmente la calma, de cómo conseguirla. Así que aquí ando, fabricando mi propia definición y mi camino hacia ella. Compartiendo ese camino con vosotras. Pienso en la elegancia en el sentido más amplio de la palabra. Mi Yo del Futuro es elegante por sus cuatro costados. ¿Cómo puedo acercarme todavía un poco más a ella? Me escribo que puedo hacer algo, ahora mismo, para poner mi casa un poco más bonita. Ordenar la estantería, recoger esa mesa, cambiar esa planta de sitio. Para acercarme a esa Yo, no voy a dejar que lo emocional me secuestre, no soy eterna, no quiero desperdiciar mi tiempo siendo prisionera de nada. Le daré una patada a la deriva y a la prisa, que son gemelas, las muy gorrinas. Voy a definir, otra vez, mi Día Ideal, de principio a fin. Prepararé ahora mismo mi ropa para el resto de la semana, para asegurarme de que me muestro al mundo con toda la intención; de que soy, también por fuera, la persona que quiero ser. Leeré diez páginas del libro que lleva sobre la mesilla un mes sin que lo haya abierto. Iré a caminar esta tarde. Encenderé mi vela de vainilla nada más levantarme, cada día. Respiro mientras escribo. Recuerdo que esta semana escuché en la radio una canción que me encanta y que había olvidado “Canta por mí” de “El último de la fila”. La pongo en Spotify mientras te escribo esto. ¿Cómo puedo olvidar esas canciones si llevo el título de una de ellas tatuada en mi antebrazo? Lo que hacen la niebla y la dispersión, que te dejan ciega y sorda. Y gilipollas. La canción empieza y noto como empiezo a brillar por dentro. Me fascina el trozo en el que dice “Un día color de melocotón, cuando todos seamos libres”. Yo quiero ser libre de la niebla y la dispersión. Voy a dejar de escribir sobre el teclado, voy a coger mi agenda bonita y con mi boli bonito dibujaré las próximas dos semanas, por algo hay que empezar. Apuntaré en los márgenes lo que no se me puede olvidar: el disfrute, la claridad de esa Yo del Futuro a la que me acercaré cada día un poco más, que no soy eterna. Que la vida es incontrolable. Que me pertenezco. P.D.: aprender a pertenecerme no ha sido fácil. No hay un punto en la vida al que una llega y dice “Ya está, soy dueña de mi persona, de mis emociones, de toda mi existencia”. Es un aprendizaje constante, es ir cambiando los pesos de sitio para mantener el equilibrio. Es recordarnos las grandes guías que han de regir nuestra vida. Aprender todo eso a mí me ha llevado muchos años, muchas hostias. En mi programa estrella, PERTENÉCETE, he resumido, sistematizado, organizado todo lo que me ha servido en los últimos años para sentirme sólida, segura incluso en los momentos de niebla y dispersión. Las inscripciones para PERTENÉCETE se cerrarán el 11 de enero y no volverán abrirse, como pronto, hasta 2027. Tendrás el contenido disponible DE POR VIDA.  
Si te inscribes antes de mañana, 4 de enero, a medianoche, tendrás un regalo, la Masterclass “Pensamiento positivo realista: 2 técnicas para dejar de anticipar catástrofes sin caer en el autoengaño”, en la que te explico las herramientas que me han servido para pasar de vivir desde la ansiedad y el miedo a estar en calma la inmensa mayoría del tiempo. Podrás sumergirte en esta Masterclass en cuanto te inscribas a PERTENÉCETE. No tienes que esperar a que la formación empiece el 14 de enero.
 

Me inscribo ya

   

En PERTENÉCETE te mostraré:

 
· Cómo crear una visión de vida auténtica y tuya, porque solo podemos avanzar si tenemos claro hacia adónde vamos. · Dónde están y de qué están hechos tus miedos y creencias, porque solo así podrás atravesarlos. · Cómo gestionar tus emociones para que no sean ellas las que te secuestran a ti. · Cómo crear sistemas de vida que te sostengas mientras implementas hábitos, mientras haces cambios para bien. · Cómo darle una patada a esa culpa que te aplasta · De qué está hecha la procrastinación, para que decidas cuándo y cómo avanzas · Cómo crear un plan de acción realista, flexible y adaptable a tu vida.  

Quiero todo eso

 

Esto es lo que dicen las alumnas de PERTENÉCETE (más majas…):

 
“Maravilloso, estupendo, he hecho algún curso anterior con otras coach y no tiene nada que ver.”
“Me ha parecido un empujón cariñoso, un acompañamiento continuo y una emoción inmensa de aprender a identificar tantas cosas que no nos han enseñado y que nos limitan cuando queremos avanzar. Herramientas prácticas y anclajes eficaces… Un antes y un después.”
“Ha sido como no ver bien y de repente te pones gafas y descubres que todo es más nítido, con más color, fuerza y descubres que hay un antes y un después de colocarte las gafas. Que dentro de ti hay mucho por descubrir.”
“La asignatura pendiente en la carrera de mi vida.”
“Una vez finalizado, por una parte, no puedo evitar pensar que bendita la hora en que una amiga me habló de ti, Sol. No soy muy de redes sociales y no te conocía. En segundo lugar, me ha parecido una decisión, una inversión grandiosa. Pertenécete es una iniciativa muy potente, muy útil, muy realista y muy nutritiva.”
“Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto.”
 

Listos, me inscribo

  Alguna de las dudas que me habéis transmitido sobre PERTENÉCETE son estas: ¿Me pierdo algo si no puedo asistir a las sesiones en directo? Rotundamente, NO. En las sesiones no abro micro, donde sí interactuáis entre vosotras es en el grupo de Telegram al que tendréis acceso. ¿Es para mí aunque no sea emprendedora? PERTENÉCETE está diseñado para cualquier persona, de cualquier edad u ocupación. Si tienes alguna otra pregunta, la puedes dejar en comentarios.   Espero verte muy pronto al otro lado de mi pantalla. Sol

6 cosas que he aprendido en el 2025

Fíjate, querida mía, que lo primero que voy a mencionar es la razón por la que escribo este artículo: he aprendido la importancia de recordar, de grabarme en el alma y en algún lugar escrito, todo lo que he aprendido, porque se nos olvida, y olvidar es tropezar doscientas veces con la misma piedra. Eso agota, frustra y arruga. Y yo no estoy dispuesta, no sé tú. Lo segundo es que prefiero tener paz que tener razón. Durante los últimos años he ido perfeccionando el arte de no arrearme cabezazos contra muros ajenos, pero este año lo he acabado de rematar. ¿Cómo lo he hecho? Probablemente, el hecho de tener hijos adolescentes sea una parte importante de este aprendizaje. Dejar que se arreen sus propios guantazos es ahorrarme yo otros tantos. No es fácil, pero sí es necesario. Lo tercero es que el cuerpo te habla, y si no le escuchas, te grita. Y si sigues sorda, te para. Vale, esto lo sabía ya, pero no lo he interiorizado hasta que una lumbalgia me dejó inmóvil del todo por culpa de una tormenta perfecta que no va a volver a repetirse. Bien de yoga, de pilates, de ejercicio de fuerza. Nada de coger peso que no sean las mancuernas. El ordenador: fuera del bolso y dentro de la mochila. Fisio periódicamente, aunque aún no duela nada. Desquicies, los justos. Enfrentarte a la dependencia es un hostión de lo más revelador. Lo cuarto es que está muy bien que te dejen de gustar cosas que te flipaban, siempre que te empiecen a flipar otras. Cambiar, madurar, crecer le llaman a esto. Yo, que amaba las multitudes, las ciudades, el sarao, ahora amo el campo, el silencio y la soledad más que nunca. Me molestan enormemente el ruido, la suciedad, el caos. Me apasiona buscar la belleza en cada detalle, crearla. Encuentro la felicidad escuchando un río, a los pajaritos, las tormentas al otro lado de mi ventana. He aprendido que el problema llega cuando ya no te gusta lo de antes y no te fascina nada nuevo. Ahí te diluyes. Inventemos ilusiones, porque no caen del cielo. Consecuencia del cuarto aprendizaje es este otro: no me gusta estar fuera de mi casa más de una semana. Amo mi casa, mi paz, mis vistas, mi chimenea, mis rutinas, mis libros, mis Diosayunos, mi cama. La enorme comodidad, plenitud y calma que habito en mi normalidad. Ya era hora. Quinto: el dolor de las ausencias se atenúa, pero sus enseñanzas no. Él se fue hace ya tres años y escribirlo ahora es soportable, incluso bonito. Lo que nos ha dejado es cada vez más visible, más intenso, porque sé que el privilegio de seguir aquí es enorme, porque siento la (maravillosa) obligación de vivir todo lo que él no podrá vivir. De disfrutar sin ninguna culpa, con toda la intención. De relativizar hasta límites insospechados. Él hablaba de que la vida seguiría y él no estaría aquí. Rebozarme en todo lo que me enciende es llevarle la contraria. La sexta cosa que he aprendido es que la vida se inventa tormentas y te pasa por encima. Tú habías planeado equis y resulta que lo que pasa es zeta. ¿Quiere decir eso que no he de planear? No, por Dios, fijemos objetivos y tracemos planes de acción. Y sepamos que, si llega la marejada, lo de resistirse no tiene mucho sentido. Es tan agotador como inútil. Mejor parar, ajustar las velas y poner rumbo hacia lo más parecido a la meta inicial. Y confiar, amiga, en que de esta saldrás más sabia, más fuerte e, incluso, más guapa. Te animo, querida, a que hagas tu propio listado, porque tendemos a volver a antiguos patrones, a ignorar lo que ya sabemos, a autosabotearnos. Encontrar la manera de que lo aprendido se integre en nuestra vida es la mejor manera de avanzar, de que nos pase lo que queremos que nos pase. P.D.: Hace ya años aprendí lo importante que es generar nuestra visión de vida, crear sistemas que sostengan todos nuestros hábitos. Apartar la culpa, porque no sirve para nada. Gestionar la procrastinación. Hacerme dueña de mis emociones, para que no sean ellas las que me arrastran a mí. Entender al humano en general y a mí en particular. De todo esto te hablo en PERTENÉCETE, mi programa estrella, que estará disponible solo del 1 al 11 de enero y que es para ti si quieres:
· Sentir que eres tú la que maneja las riendas de tu vida · Minimizar el bucle mental y sustituirlo por calma · Adquirir las herramientas para trazar un plan de acción · Definir tus objetivos en todos los ámbitos · Comprometerte con la persona con la que vas a pasar toda la vida, o sea, tú. · Generar una mentalidad desde la que actuar con seguridad
Esto es lo que opinan de PERTENÉCETE las alumnas de la primera edición: “Una formación excelente, impecable, inmejorable, impresionante. Todo lo que has tratado, todo lo que nos has enseñado, ha sido de tanto valor que todavía estoy asimilándolo. No hay ningún “pero” a Pertenécete.” “Poderoso. Activador. Creíble: provoca lo que promete”. “Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto”. “Maravilloso, estupendo, he hecho algún curso anterior con otras coach y no tiene nada que ver”.

3 libros +1 y 3 series: mis favoritos absolutos

Querida suscriptora: No me preguntes por qué, pensando en un artículo para estas fechas he creído que lo más adecuado es hablarte de libros que me flipan, de series a las que vuelvo una y otra vez. Supongo que es porque, en estos días, tenemos más tiempo para leer y tumbarnos en el sofá. Oye, qué maravilla que se hagan series tan flipantes. Esto era inimaginable hace solo unos años. Quizás, si llevas tiempo por aquí, te suenen algunos de los títulos, pero creo que siempre va bien tenerlos agrupados y presentes. Vamos a por los libros (tenéis las sinopsis enlazadas en los títulos): “Los optimistas” de Rebecca Makkai: soy pesadísima con este libro, pero es que lo merece. Yo no soy envdiosa, pero creo que envidio a la gente que todavía no ha conocido a esos personajes a los que echo de menos desde que terminé de leerlo, hace ya años. Un canto a la amistad, Chicago, los años 80, la comunidad gay, el SIDA. Historias que se entrelazan, una maravilla. “Podrías hacer de esto algo bonito” de Maggie Smith: uno de los libros que más me han gustado en el último año. Me lo zampé de una sentada. La escritora habla de su divorcio con tal agilidad y maestría que consiguió que un tema que, a priori, no me interesa en absoluto, acabara apasionándome. “84, Charing Cross Road” de Helene Hanff: si te digo que, al recordar este libro, se me han erizado los vellos, ¿me crees? Carne de gallina de lo bonito que es. Una joyita que te lees en media tarde y que narra la relación epistolar entre una escritora y lectora apasionada de Nueva York y un librero londinense durante veinte años. Sigo con los pelitos tiesos. Cualquiera que ame los libros, amará este. VALE, había dicho TRES libros, pero es que no puedo dejar pasar la ocasión para hablar de un libro que me emociona por varias razones: “Las ventanas sin rejas”. La primera, porque la ha escrito mi querido Paulo G. Conde, que no solo escribe maravillosamente, sino que es editor, corrector y la persona que más sabe de escritura y literatura que yo conozco. La segunda razón por la que me ha encantado su novela es porque habla de temas que me tocan en el fondo de los entresijos: la verdadera libertad, la amistad inesperada, todo lo que damos por sentado y no deberíamos. La capacidad de Paulo para mostrarnos todo lo que hay mucho más abajo de la superficie es alucinante. Me merendé esta novela en dos mañanas. Puedes comprar “Las ventanas sin rejas” para regalarte o regalar AQUÍ. (El viernes 19 hace los últimos envíos antes de Navidad y Reyes, así que, yo de ti, haría click ya…). Y si quieres regalar o autoregalarte algo especial de verdad, tienes su curso “Las 4 claves para escribir tu libro”. No te tienes que mover de casa para comprarlo y él le manda a la persona que elijas, en la fecha que le indiques, el mail con el acceso. Dime que no es cómodo y original el regalo. Y ahora vamos a las series qué más me alucinan (no ha sido fácil elegir, otro día ampliaré el listado): Confieso que me quedan pendientes, desde hace unas cuantas semanas, los últimos tres episodios de “Yellowstone”. Me niego a terminarla. Si no la termino, pase lo que pase en mi vida, siempre tendré un episodio de maravilla que mejore mi existencia. Decir esto de una de las series más salvajes y violentas que he visto es un poco de locatis, pero es que es TAN buena que las salvajadas que aparecen ni me molestan. Cómo de fabulosa tiene que ser para que me haya hecho adicta a una serie de cowboys… Vale, cuando leas “Downton Abbey” pensarás… “Pero hija de perra, que no puede ser más antigua”. Toda la razón, y tampoco puede contener más belleza y más elegancia. La lumbalgia que me tumbó en octubre me lanzó de cabeza sobre toda la belleza que pudiera encontrar, porque la belleza no solo nos alegra la vida, también diluye (esto es ciencia) el dolor. La he vuelto a ver entera y me fui al cine a ver la última peli. Qué barbaridad de escenarios y de vestuario. Qué llorera por la nostalgia. “Downton Abbey” es un básico al que volver SIEMPRE. “The Americans” también es antigua, pero es tan extraordinaria que me da igual, porque si no la has visto, te la tengo que recomendar. Vale que a mí me flipan las historias de espionaje, pero es que, objetivamente, las tramas, los diálogos, las relaciones entre los personajes son algo magistral. Su último episodio es el mejor último episodio de la galaxia. Ya sé que había dicho tres, pero ya que hablamos de “The Americans”, tienes que ver “La diplomática”, misma actriz, misma maravilla. Y esta sí es nueva, para que veas lo moderna que soy. Y hasta aquí mis favos (de hoy). No te cortes y deja los tuyos en los comentarios, que así disfrutamos todas. Y como una es lectora y cinéfila, pero también coach, te dejo aquí un enlace más en la línea de mi profesión, porque ya que estamos acabando el año, deberíamos plantearnos cómo queremos vivir el próximo y muchas veces la respuesta no es fácil. Este ejercicio que te dejo AQUÍ a mí me da claridad y foco, me hace creer que siempre puedo mejorar mi vida, me ayuda a tomar decisiones que me acerquen a esa persona en la que me quiero convertir. Espero que te guste y te sirva.  
P.D.: el año acaba y el 2026 empieza con algo que me ilusiona muchísimo. La segunda edición de mi programa estrella PERTENÉCETE, el más profundo y transformador que he creado hasta la fecha. Las inscripciones se abrirán solo del 1 al 11 de enero. La primera edición fue en el 2024 y esto es lo que dicen mis alumnas queridas:
“Solamente darte las gracias de nuevo. Creo que eres una profesional increíble, que se nota a la legua cuanto trabajo, esfuerzo y amor le pones a lo que haces, y cuanto te importa que tu contenido nos ayude. Y de verdad nos ayuda, a mí al menos me has dado un impulso y una claridad que te agradeceré siempre. Un abrazo gigante.”
“Súper completo, súper útil, muy práctico, nada pesado, con muchísimos aprendizajes, una pasada.”
“Me ha encantado. Me ha parecido una experiencia preciosa para volver a mi centro, recordar mis prioridades y ampliar mi campo de visión.”
“Imprescindible. Debería de ser obligatorio”
“Darte las gracias por crear Pertenécete. No pararé de recomendarlo. Gracias por darnos tanto y por hacernos creer unas diosas. Me llevo mucho y sobretodo gracias por darnos la oportunidad de tener el material. Gracias, gracias, gracias. Un abrazo lleno de amor”
“Un curso muy completo, muy trabajado que ha removido toda mi vida”
“Darte las gracias enormes por el impulso, las ganas, la energía, la sabiduría, por entregarte así. Desde luego, ha habido un antes y un después de Pertenécete”
 

Quiero saber más sobre PERTENÉCETE

  PERTENÉCETE es para ti si ahora sientes que:
· El miedo a equivocarte te paraliza · Procrastinas · No confías en ti misma · No defines lo que quieres · Estás bloqueada · La culpa impide que tomes ciertas decisiones · No implementas hábitos que te impulsen · No sabes cómo crear e implementar planes de acción · Sientes que tus emociones tienen demasiado poder sobre ti · Te afecta lo que otros puedan opinar · No sabes por dónde empezar a actuar
Y lo que quieres es…
· Sentir que eres tú la que maneja las riendas de tu vida · Minimizar el bucle mental y sustituirlo por calma · Gestionar tus emociones · Implementar sistemas de vida y hábitos · Identificar tus miedos y creencias para así atravesarlos · Adquirir las herramientas para trazar un plan de acción · Definir tus objetivos en todos los ámbitos · Comprometerte con la persona con la que vas a pasar toda la vida, o sea, tú. · Generar una mentalidad desde la que actuar con seguridad

Quiero apuntarme a la lista de espera

  Tendrás el contenido disponible de por vida. PERTENÉCETE es un programa de doce semanas en el que, a través de ejercicios prácticos, ejemplos cercanos y estrategias claras, acompaño a mujeres que quieren cambiar su mentalidad, tomar decisiones desde la seguridad y pasar a la acción. Para mejorar su confianza, su tranquilidad y su claridad mental. Para que les pase lo que quieren que les pase. Espero verte pronto al otro lado de mi pantalla, Sol

Me siento pequeña

Este es uno de esos temas que me tocan especialmente, la verdad. Cuántas alumnas y seguidoras me han comentado en ocasiones que se sienten pequeñas. Claro, ahí no puedo intervenir demasiado, pero la semana pasada fue una amiga la que me comentaba que, en ciertos eventos, se siente pequeña.
Adoro a mi amiga. Es lista, guapa, creativa, buena gente. Una de esas chavalas que, si se mirara con mis ojos, entendería que es una bomba de talento y maravilla. Y, aun así, ella, a veces, se siente pequeña. Pequeña. Ella. Mira, no. Mi amiga va a muchos encuentros de mujeres emprendedoras, algunas tienen mucho éxito (esa palabra tan difusa y confusa). Mi amiga se compara. Se juzga. Se coloca en el último escalón de una escalera que, sinceramente, no sé cómo es, ni me interesa. Mientras ella me hablaba de esos eventos, yo recordaba otros a los que yo misma había asistido. Reuniones llenas de mujeres con “megapuestazos”, con cargos de los que nunca me acuerdo, primero porque solo recuerdo lo que entiendo y segundo, porque a mí lo de los puestos me da bastante igual. Pero a otra gente no le pasa lo mismo, a otras chavalas esos puestos que suenan a despacho grande las encogen. Le conté a mi amiga, para que aligerara ese peso que la aplasta, una anécdota que me había pasado en uno de esos saraos hacía pocos días. Algunas de esas señoras con despachazos habían cogido por banda a una amiga mía, muy exitosa, muy conocida y, entre tres, la habían arrinconado para pedirle, con toda su jeta, que les hiciera un trabajo gratis. GRATIS. En primero de educación, elegancia y respeto te enseñan que eso no se hace. Que si quieres hablar de trabajo, no lo haces en una fiesta, mandas un correo a su oficina. Que no acorralas a nadie para ponerle en un aprieto y no se atreva a decirte que no (Menos mal que esa amiga en cuestión tiene los ovarios más grandes que la Catedral de Burgos y les soltó un NO, enorme y claro, sin justificación alguna). En primero de educación te enseñan que pedirle a otra mujer que te regale su trabajo para que tú te cuelgues una medalla te convierte en alguien bastante deleznable, por muchas palabras que tenga tu puesto y por muchos números que tenga tu salario. Y ahí está la trampa: muchas veces, confundimos puestos con grandeza. Facturación con valía. Influencia profesional con integridad. Y si miramos eso, es probable que salgamos perdiendo. Porque no nos comparamos con lo que es real, sino con lo que creemos que representa esa persona: su éxito aparente, su pose, su supuesta seguridad. No miramos lo importante, miramos el envoltorio. Lo importante es que la grandeza viene de la autenticidad, de la honestidad, de la verdadera elegancia, que no está hecha de lo que se ve, sino de lo que se nota.  
¿Por qué nos pasa esto? (Vamos a bucear en las razones para poder solucionar)
Muchas veces no es el evento, ni las mujeres que tienes delante. Es lo que aprendiste de pequeña. ¿Qué era el éxito en tu casa? ¿Te felicitaban cuando tus notas no eran un 10? ¿Había bronca cuando “solo” aprobabas? ¿Te recompensaban por el resultado, pero nunca por el esfuerzo? ¿Te miraban con orgullo siempre, o dependía de lo que habías hecho, o te exigían siempre más? A lo mejor te educaron en la idea de que solo eres suficiente si te portas bien, sacas buenas notas. Y claro, cuando entras en ciertos entornos, tu cerebro vuelve a ese patrón infantil: “¿Seré suficiente aquí? ¿Estaré a la altura? ¿Me faltará algo?”. Nos enseñaron a compararnos, porque nos enseñaron que valemos por lo que hacemos, no por lo que somos. Pero la adultez consiste en cuestionar eso. En preguntarte si esos esquemas siguen teniendo sentido hoy. En decidir qué es éxito para ti ahora —no para tus padres, no para tu profe, no para el sistema—. (Ya que hablamos de éxito, te dejo AQUÍ el vídeo de una charla sobre la redefinición del éxito que impartí hace unos meses. Creo que puede ser útil para ti y para tus hijos, si los tienes)  
¿Qué hacemos para que no vuelva a pasarnos? (Vamos a hacernos cargo)
  1. Revisa de dónde viene tu sensación de pequeñez. No te quedes en el caso concreto: vete a la raíz. Pregúntate: ¿Quién me enseñó a dudar de mí? ¿Qué situaciones de mi infancia se parecen a lo que siento ahora? La emoción adulta muchas veces es un eco de lo que pasó, no el reflejo de la realidad que está siendo. Cuando entiendes ese eco, el volumen en tu cabeza baja.   2. Desmonta esa jerarquía que has inventado. No hay arriba ni abajo. Hay personas. Unas tienen empresas, otras no. Unas facturan muchas cifras, otras no. Algunas tienen cargos con nombres largos y en inglés. Otras tienen sueldos con muchos ceros, otras no. Algunas venden humo. Otras no se venden aunque sean oro puro. Y la grandeza o la pequeñez de las personas no depende de nada de eso.   3. Ocupa el sitio que te pertenece, aunque te incomode (sobre todo a nivel interno) Cuando tú te colocas en tu lugar, cuando estás segura de lo que eres, de por qué haces lo que haces, de lo que es importante para ti, no hay huracán que haga que te tambalees. El trabajo SIEMPRE es hacia adentro, no hacia los otros. No pretendas adaptarte, cambiar para encajar. No hay que encajar en ningún sitio, solo hay que estar, que ser. Si vas a medirte algo, que sea en tu coherencia contigo misma, con tus valores. Esa pequeñez no es más que miedo, y los miedos se vencen atravesándolos. No te apartes, no te calles, no te apagues. Hemos venido aquí a brillar, amiga.  
P.D.: hablando de brillar, de ocupar nuestro lugar, te cuento que no puedo estar más emocionada porque SE ACERCA LA SEGUNDA EDICIÓN DE MI PROGRAMA ESTRELLA, “PERTENÉCETE”. Abriré inscripciones del 1 al 11 de enero solamente y ya te puedes apuntar AQUÍ a la lista de espera. No habrá otra edición hasta 2027, como pronto.
En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.  

Esto es lo que dicen las alumnas de la 1ª edición de PERTENÉCETE:

“Poderoso. Activador. Creíble: provoca lo que promete.” Teresa. “PERTENÉCETE ha supuesto para mí un impulso gigante en mi vida personal y profesional, un antes y un después.” Mónica “Ha sido un curso brutal! Y tú, Sol, todo un descubrimiento! He vuelto a nacer, a SER, a reencontrarme! He reconfirmado creencias potenciadoras que habitaban en mí anuladas por una maternidad “mal” acompañada. He destruido y sigo destruyendo otras tan limitantes! Me estalla la cabeza de pensarlo! Me explota de satisfacción, de plenitud, de claridad! La importancia de PERTENECERME REÍRME Y DIVERTIRME hoy es mi foco! Me emociono! Así seguirá siendo cada día de mi vida! GRATITUD MÁXIMA! “ Natalia “Una formación excelente, impecable, inmejorable, impresionante. Todo lo que has tratado, todo lo que nos has enseñado, ha sido de tanto valor que todavía estoy asimilándolo. No hay ningún pero a Pertenécete.” Ainhoa “Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto.” Francesca  

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PERTENÉCETE es para ti si ahora sientes que:

  • El miedo a equivocarte te paraliza
  • Procrastinas
  • No confías en ti misma
  • No defines lo que quieres
  • Estás bloqueada
  • La culpa impide que tomes ciertas decisiones
  • Te afecta lo que otros puedan opinar
  • No sabes por dónde empezar

Y lo que quieres es…

  • Sentir que eres tú la que maneja las riendas de tu vida
  • Minimizar el bucle mental y sustituirlo por calma
  • Adquirir las herramientas para trazar un plan de acción
  • Definir tus objetivos en todos los ámbitos
  • Comprometerte con la persona con la que vas a pasar toda la vida, o sea, tú.
  • Generar una mentalidad desde la que actuar con seguridad

Es para mí, voy a la lista de espera