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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

Nublada y dispersa

Escribo estas líneas durante un domingo nublado. Nublado fuera y nublado dentro. Tengo mil cosas que hacer, de curro, en casa. He hecho alguna: he preparado unas fotos para stories, he programado una publicación compartiendo mi audio gratuito, he diseñado la tarjeta de felicitación de cumple para mi hijo. Poco más. Eso que he hecho, normalmente me llevaría media hora y he tardado como dos. Estoy dispersa, estoy nublada, ya te lo he dicho. Cuando estoy dispersa y nublada me pongo a escribir, porque la pluma sobre mi libreta es como el peine dentro de mi cabeza. Me desenreda, me centra, me devuelve a mí. Releo ahora lo que he escrito y el papel me cuenta cómo se me escapa hoy el tiempo entre los dedos. Escribo algunos asuntos que me preocupan últimamente, que me cansan, que me apagan. Me pregunto cuál es la solución, si es que la hay. Me respondo que no sé si hay solución, pero sí hay cosas que puedo hacer para minimizar esa preocupación y ese cansancio. Agendo esas cosas. Mando algunos WhatsApps que ya son algunas de esas cosas, son el principio del proceso. Lo hago, porque sé lo importante que es empezar, que la inercia funciona para frenarnos y para impulsarnos, y yo quiero, siempre, impulso. En esas páginas me pregunto, también, cómo eliminar la sensación de deriva, el miedo a no poder controlarlo todo. Qué difícil es eso cuando hablamos de los hijos. Pero siempre digo, y me digo, que difícil e imposible no son sinónimos, así que también escribo sobre eso. Sigo desenredando. Me doy cuenta, mientras las palabras se dibujan sobre el papel, de que en esas ansias de control, me pierdo, porque no podemos controlar y disfrutar al mismo tiempo. Y mi objetivo en esta vida es disfrutar, no pasar el día dispersa y nublada. ¿Cuál es el plan? Si has sido alumna mía, te sonará esta pregunta, porque es la que deberíamos hacernos siempre que se nos enrosca el coco sobre sí mismo. La que nos saca de la dispersión y la niebla. Escribo parte de ese plan, que tiene que ver con mi trabajo, con revisar mis objetivos, mis medios y mis fines. Con mi entorno, con convertir mi casa en algo todavía más bonito y más parecido a ese lugar donde vive mi Yo del Futuro, esa de la que te hablé en este texto. El plan tiene que ver, también, con mi divina persona, y lo primero que hago es quitarme el pijama, porque no ayuda a salir de la niebla y la dispersión, y me pongo una especie de chándal negro muy mono y un jersey que me tejió una coachee maravillosa. Ese jersey significa mucho, porque a ella le gustaba tejer, pero solo tejía bufandas, se creía incapaz de hacer otra cosa y sus deberes de nuestra primera sesión fueron empezar un jersey. Nunca me dijo si lo había conseguido, pero una semana después de terminar nuestro proceso, recibí un paquete con esta prenda preciosa, de un verde que me encanta y exactamente de mi talla. A veces dudo de si seguir dedicándome a esto, pero entonces veo ese jersey y se me pasa la tontería. Este jersey es el que se pondría mi Yo del futuro, tan sabia, tan enfocada, tan lúcida. Tan libre de las ansias de control. Lo tengo clarísimo. A veces, encoger la distancia entre la Yo de hoy y la Yo del futuro es tan fácil como cambiarte de ropa, pero como no tomamos el tiempo de hacernos las preguntas adecuadas, nos quedamos como estamos: dispersas y nubladas. En pijama. Sigo leyendo lo que he escrito. Escribo que necesito más espacios de soledad y silencio y, al mismo tiempo, estoy a punto de mandar un mensaje a unas amigas para quedar. No, tía, no. Eso no es lo que necesitas, es lo que te apetece, porque tu coco quiere mantenerte en la dispersión. Aquí mandas tú. No he enviado el mensaje, BIEN. Me planteo otra de las grandes preguntas que diluyen la niebla y la dispersión, ¿Qué quieres? Y hago un listado, con toda la honestidad. Me esfuerzo en elevar el dron, para observarme con perspectiva y luego ir al eje, bien adentro, para asegurarme de que eso es lo que realmente quiero en este momento de mi vida. Quizás hace tres meses quería otras cosas. Así somos de cambiantes. Defino sobre el papel mis prioridades, las mías. No las que se suponen que tienen que ser, no las relacionadas con mi familia. LAS MÍAS. Ya veremos cómo las trenzamos luego con el resto de la vida. Me agarro fuerte a ellas porque, si no, me diluyo. Porque, si no, resbalo hasta perderme, hasta no ocupar espacio en mi propia vida. Me las tatúo en el alma. Y en la agenda. Me pellizca un poco en los entresijos esto de priorizarme, y entonces cuestiono todas esas creencias que me inocularon en casa, en el cole. Sobre mi valor. Sobre el dinero, sobre la belleza, sobre la calma. Nadie nunca, jamás, me habló de la importancia de la calma, de qué es realmente la calma, de cómo conseguirla. Así que aquí ando, fabricando mi propia definición y mi camino hacia ella. Compartiendo ese camino con vosotras. Pienso en la elegancia en el sentido más amplio de la palabra. Mi Yo del Futuro es elegante por sus cuatro costados. ¿Cómo puedo acercarme todavía un poco más a ella? Me escribo que puedo hacer algo, ahora mismo, para poner mi casa un poco más bonita. Ordenar la estantería, recoger esa mesa, cambiar esa planta de sitio. Para acercarme a esa Yo, no voy a dejar que lo emocional me secuestre, no soy eterna, no quiero desperdiciar mi tiempo siendo prisionera de nada. Le daré una patada a la deriva y a la prisa, que son gemelas, las muy gorrinas. Voy a definir, otra vez, mi Día Ideal, de principio a fin. Prepararé ahora mismo mi ropa para el resto de la semana, para asegurarme de que me muestro al mundo con toda la intención; de que soy, también por fuera, la persona que quiero ser. Leeré diez páginas del libro que lleva sobre la mesilla un mes sin que lo haya abierto. Iré a caminar esta tarde. Encenderé mi vela de vainilla nada más levantarme, cada día. Respiro mientras escribo. Recuerdo que esta semana escuché en la radio una canción que me encanta y que había olvidado “Canta por mí” de “El último de la fila”. La pongo en Spotify mientras te escribo esto. ¿Cómo puedo olvidar esas canciones si llevo el título de una de ellas tatuada en mi antebrazo? Lo que hacen la niebla y la dispersión, que te dejan ciega y sorda. Y gilipollas. La canción empieza y noto como empiezo a brillar por dentro. Me fascina el trozo en el que dice “Un día color de melocotón, cuando todos seamos libres”. Yo quiero ser libre de la niebla y la dispersión. Voy a dejar de escribir sobre el teclado, voy a coger mi agenda bonita y con mi boli bonito dibujaré las próximas dos semanas, por algo hay que empezar. Apuntaré en los márgenes lo que no se me puede olvidar: el disfrute, la claridad de esa Yo del Futuro a la que me acercaré cada día un poco más, que no soy eterna. Que la vida es incontrolable. Que me pertenezco. P.D.: aprender a pertenecerme no ha sido fácil. No hay un punto en la vida al que una llega y dice “Ya está, soy dueña de mi persona, de mis emociones, de toda mi existencia”. Es un aprendizaje constante, es ir cambiando los pesos de sitio para mantener el equilibrio. Es recordarnos las grandes guías que han de regir nuestra vida. Aprender todo eso a mí me ha llevado muchos años, muchas hostias. En mi programa estrella, PERTENÉCETE, he resumido, sistematizado, organizado todo lo que me ha servido en los últimos años para sentirme sólida, segura incluso en los momentos de niebla y dispersión. Las inscripciones para PERTENÉCETE se cerrarán el 11 de enero y no volverán abrirse, como pronto, hasta 2027. Tendrás el contenido disponible DE POR VIDA.  
Si te inscribes antes de mañana, 4 de enero, a medianoche, tendrás un regalo, la Masterclass “Pensamiento positivo realista: 2 técnicas para dejar de anticipar catástrofes sin caer en el autoengaño”, en la que te explico las herramientas que me han servido para pasar de vivir desde la ansiedad y el miedo a estar en calma la inmensa mayoría del tiempo. Podrás sumergirte en esta Masterclass en cuanto te inscribas a PERTENÉCETE. No tienes que esperar a que la formación empiece el 14 de enero.
 

Me inscribo ya

   

En PERTENÉCETE te mostraré:

 
· Cómo crear una visión de vida auténtica y tuya, porque solo podemos avanzar si tenemos claro hacia adónde vamos. · Dónde están y de qué están hechos tus miedos y creencias, porque solo así podrás atravesarlos. · Cómo gestionar tus emociones para que no sean ellas las que te secuestran a ti. · Cómo crear sistemas de vida que te sostengas mientras implementas hábitos, mientras haces cambios para bien. · Cómo darle una patada a esa culpa que te aplasta · De qué está hecha la procrastinación, para que decidas cuándo y cómo avanzas · Cómo crear un plan de acción realista, flexible y adaptable a tu vida.  

Quiero todo eso

 

Esto es lo que dicen las alumnas de PERTENÉCETE (más majas…):

 
“Maravilloso, estupendo, he hecho algún curso anterior con otras coach y no tiene nada que ver.”
“Me ha parecido un empujón cariñoso, un acompañamiento continuo y una emoción inmensa de aprender a identificar tantas cosas que no nos han enseñado y que nos limitan cuando queremos avanzar. Herramientas prácticas y anclajes eficaces… Un antes y un después.”
“Ha sido como no ver bien y de repente te pones gafas y descubres que todo es más nítido, con más color, fuerza y descubres que hay un antes y un después de colocarte las gafas. Que dentro de ti hay mucho por descubrir.”
“La asignatura pendiente en la carrera de mi vida.”
“Una vez finalizado, por una parte, no puedo evitar pensar que bendita la hora en que una amiga me habló de ti, Sol. No soy muy de redes sociales y no te conocía. En segundo lugar, me ha parecido una decisión, una inversión grandiosa. Pertenécete es una iniciativa muy potente, muy útil, muy realista y muy nutritiva.”
“Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto.”
 

Listos, me inscribo

  Alguna de las dudas que me habéis transmitido sobre PERTENÉCETE son estas: ¿Me pierdo algo si no puedo asistir a las sesiones en directo? Rotundamente, NO. En las sesiones no abro micro, donde sí interactuáis entre vosotras es en el grupo de Telegram al que tendréis acceso. ¿Es para mí aunque no sea emprendedora? PERTENÉCETE está diseñado para cualquier persona, de cualquier edad u ocupación. Si tienes alguna otra pregunta, la puedes dejar en comentarios.   Espero verte muy pronto al otro lado de mi pantalla. Sol

6 cosas que he aprendido en el 2025

Fíjate, querida mía, que lo primero que voy a mencionar es la razón por la que escribo este artículo: he aprendido la importancia de recordar, de grabarme en el alma y en algún lugar escrito, todo lo que he aprendido, porque se nos olvida, y olvidar es tropezar doscientas veces con la misma piedra. Eso agota, frustra y arruga. Y yo no estoy dispuesta, no sé tú. Lo segundo es que prefiero tener paz que tener razón. Durante los últimos años he ido perfeccionando el arte de no arrearme cabezazos contra muros ajenos, pero este año lo he acabado de rematar. ¿Cómo lo he hecho? Probablemente, el hecho de tener hijos adolescentes sea una parte importante de este aprendizaje. Dejar que se arreen sus propios guantazos es ahorrarme yo otros tantos. No es fácil, pero sí es necesario. Lo tercero es que el cuerpo te habla, y si no le escuchas, te grita. Y si sigues sorda, te para. Vale, esto lo sabía ya, pero no lo he interiorizado hasta que una lumbalgia me dejó inmóvil del todo por culpa de una tormenta perfecta que no va a volver a repetirse. Bien de yoga, de pilates, de ejercicio de fuerza. Nada de coger peso que no sean las mancuernas. El ordenador: fuera del bolso y dentro de la mochila. Fisio periódicamente, aunque aún no duela nada. Desquicies, los justos. Enfrentarte a la dependencia es un hostión de lo más revelador. Lo cuarto es que está muy bien que te dejen de gustar cosas que te flipaban, siempre que te empiecen a flipar otras. Cambiar, madurar, crecer le llaman a esto. Yo, que amaba las multitudes, las ciudades, el sarao, ahora amo el campo, el silencio y la soledad más que nunca. Me molestan enormemente el ruido, la suciedad, el caos. Me apasiona buscar la belleza en cada detalle, crearla. Encuentro la felicidad escuchando un río, a los pajaritos, las tormentas al otro lado de mi ventana. He aprendido que el problema llega cuando ya no te gusta lo de antes y no te fascina nada nuevo. Ahí te diluyes. Inventemos ilusiones, porque no caen del cielo. Consecuencia del cuarto aprendizaje es este otro: no me gusta estar fuera de mi casa más de una semana. Amo mi casa, mi paz, mis vistas, mi chimenea, mis rutinas, mis libros, mis Diosayunos, mi cama. La enorme comodidad, plenitud y calma que habito en mi normalidad. Ya era hora. Quinto: el dolor de las ausencias se atenúa, pero sus enseñanzas no. Él se fue hace ya tres años y escribirlo ahora es soportable, incluso bonito. Lo que nos ha dejado es cada vez más visible, más intenso, porque sé que el privilegio de seguir aquí es enorme, porque siento la (maravillosa) obligación de vivir todo lo que él no podrá vivir. De disfrutar sin ninguna culpa, con toda la intención. De relativizar hasta límites insospechados. Él hablaba de que la vida seguiría y él no estaría aquí. Rebozarme en todo lo que me enciende es llevarle la contraria. La sexta cosa que he aprendido es que la vida se inventa tormentas y te pasa por encima. Tú habías planeado equis y resulta que lo que pasa es zeta. ¿Quiere decir eso que no he de planear? No, por Dios, fijemos objetivos y tracemos planes de acción. Y sepamos que, si llega la marejada, lo de resistirse no tiene mucho sentido. Es tan agotador como inútil. Mejor parar, ajustar las velas y poner rumbo hacia lo más parecido a la meta inicial. Y confiar, amiga, en que de esta saldrás más sabia, más fuerte e, incluso, más guapa. Te animo, querida, a que hagas tu propio listado, porque tendemos a volver a antiguos patrones, a ignorar lo que ya sabemos, a autosabotearnos. Encontrar la manera de que lo aprendido se integre en nuestra vida es la mejor manera de avanzar, de que nos pase lo que queremos que nos pase. P.D.: Hace ya años aprendí lo importante que es generar nuestra visión de vida, crear sistemas que sostengan todos nuestros hábitos. Apartar la culpa, porque no sirve para nada. Gestionar la procrastinación. Hacerme dueña de mis emociones, para que no sean ellas las que me arrastran a mí. Entender al humano en general y a mí en particular. De todo esto te hablo en PERTENÉCETE, mi programa estrella, que estará disponible solo del 1 al 11 de enero y que es para ti si quieres:
· Sentir que eres tú la que maneja las riendas de tu vida · Minimizar el bucle mental y sustituirlo por calma · Adquirir las herramientas para trazar un plan de acción · Definir tus objetivos en todos los ámbitos · Comprometerte con la persona con la que vas a pasar toda la vida, o sea, tú. · Generar una mentalidad desde la que actuar con seguridad
Esto es lo que opinan de PERTENÉCETE las alumnas de la primera edición: “Una formación excelente, impecable, inmejorable, impresionante. Todo lo que has tratado, todo lo que nos has enseñado, ha sido de tanto valor que todavía estoy asimilándolo. No hay ningún “pero” a Pertenécete.” “Poderoso. Activador. Creíble: provoca lo que promete”. “Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto”. “Maravilloso, estupendo, he hecho algún curso anterior con otras coach y no tiene nada que ver”.

3 libros +1 y 3 series: mis favoritos absolutos

Querida suscriptora: No me preguntes por qué, pensando en un artículo para estas fechas he creído que lo más adecuado es hablarte de libros que me flipan, de series a las que vuelvo una y otra vez. Supongo que es porque, en estos días, tenemos más tiempo para leer y tumbarnos en el sofá. Oye, qué maravilla que se hagan series tan flipantes. Esto era inimaginable hace solo unos años. Quizás, si llevas tiempo por aquí, te suenen algunos de los títulos, pero creo que siempre va bien tenerlos agrupados y presentes. Vamos a por los libros (tenéis las sinopsis enlazadas en los títulos): “Los optimistas” de Rebecca Makkai: soy pesadísima con este libro, pero es que lo merece. Yo no soy envdiosa, pero creo que envidio a la gente que todavía no ha conocido a esos personajes a los que echo de menos desde que terminé de leerlo, hace ya años. Un canto a la amistad, Chicago, los años 80, la comunidad gay, el SIDA. Historias que se entrelazan, una maravilla. “Podrías hacer de esto algo bonito” de Maggie Smith: uno de los libros que más me han gustado en el último año. Me lo zampé de una sentada. La escritora habla de su divorcio con tal agilidad y maestría que consiguió que un tema que, a priori, no me interesa en absoluto, acabara apasionándome. “84, Charing Cross Road” de Helene Hanff: si te digo que, al recordar este libro, se me han erizado los vellos, ¿me crees? Carne de gallina de lo bonito que es. Una joyita que te lees en media tarde y que narra la relación epistolar entre una escritora y lectora apasionada de Nueva York y un librero londinense durante veinte años. Sigo con los pelitos tiesos. Cualquiera que ame los libros, amará este. VALE, había dicho TRES libros, pero es que no puedo dejar pasar la ocasión para hablar de un libro que me emociona por varias razones: “Las ventanas sin rejas”. La primera, porque la ha escrito mi querido Paulo G. Conde, que no solo escribe maravillosamente, sino que es editor, corrector y la persona que más sabe de escritura y literatura que yo conozco. La segunda razón por la que me ha encantado su novela es porque habla de temas que me tocan en el fondo de los entresijos: la verdadera libertad, la amistad inesperada, todo lo que damos por sentado y no deberíamos. La capacidad de Paulo para mostrarnos todo lo que hay mucho más abajo de la superficie es alucinante. Me merendé esta novela en dos mañanas. Puedes comprar “Las ventanas sin rejas” para regalarte o regalar AQUÍ. (El viernes 19 hace los últimos envíos antes de Navidad y Reyes, así que, yo de ti, haría click ya…). Y si quieres regalar o autoregalarte algo especial de verdad, tienes su curso “Las 4 claves para escribir tu libro”No te tienes que mover de casa para comprarlo y él le manda a la persona que elijas, en la fecha que le indiques, el mail con el acceso. Dime que no es cómodo y original el regalo. Y ahora vamos a las series qué más me alucinan (no ha sido fácil elegir, otro día ampliaré el listado): Confieso que me quedan pendientes, desde hace unas cuantas semanas, los últimos tres episodios de “Yellowstone”. Me niego a terminarla. Si no la termino, pase lo que pase en mi vida, siempre tendré un episodio de maravilla que mejore mi existencia. Decir esto de una de las series más salvajes y violentas que he visto es un poco de locatis, pero es que es TAN buena que las salvajadas que aparecen ni me molestan. Cómo de fabulosa tiene que ser para que me haya hecho adicta a una serie de cowboys… Vale, cuando leas “Downton Abbey” pensarás… “Pero hija de perra, que no puede ser más antigua”. Toda la razón, y tampoco puede contener más belleza y más elegancia. La lumbalgia que me tumbó en octubre me lanzó de cabeza sobre toda la belleza que pudiera encontrar, porque la belleza no solo nos alegra la vida, también diluye (esto es ciencia) el dolor. La he vuelto a ver entera y me fui al cine a ver la última peli. Qué barbaridad de escenarios y de vestuario. Qué llorera por la nostalgia. “Downton Abbey” es un básico al que volver SIEMPRE. “The Americans” también es antigua, pero es tan extraordinaria que me da igual, porque si no la has visto, te la tengo que recomendar. Vale que a mí me flipan las historias de espionaje, pero es que, objetivamente, las tramas, los diálogos, las relaciones entre los personajes son algo magistral. Su último episodio es el mejor último episodio de la galaxia. Ya sé que había dicho tres, pero ya que hablamos de “The Americans”, tienes que ver “La diplomática”, misma actriz, misma maravilla. Y esta sí es nueva, para que veas lo moderna que soy. Y hasta aquí mis favos (de hoy). No te cortes y deja los tuyos en los comentarios, que así disfrutamos todas. Y como una es lectora y cinéfila, pero también coach, te dejo aquí un enlace más en la línea de mi profesión, porque ya que estamos acabando el año, deberíamos plantearnos cómo queremos vivir el próximo y muchas veces la respuesta no es fácil. Este ejercicio que te dejo AQUÍ a mí me da claridad y foco, me hace creer que siempre puedo mejorar mi vida, me ayuda a tomar decisiones que me acerquen a esa persona en la que me quiero convertir. Espero que te guste y te sirva.  
P.D.: el año acaba y el 2026 empieza con algo que me ilusiona muchísimo. La segunda edición de mi programa estrella PERTENÉCETE, el más profundo y transformador que he creado hasta la fecha. Las inscripciones se abrirán solo del 1 al 11 de enero. La primera edición fue en el 2024 y esto es lo que dicen mis alumnas queridas:
“Solamente darte las gracias de nuevo. Creo que eres una profesional increíble, que se nota a la legua cuanto trabajo, esfuerzo y amor le pones a lo que haces, y cuanto te importa que tu contenido nos ayude. Y de verdad nos ayuda, a mí al menos me has dado un impulso y una claridad que te agradeceré siempre. Un abrazo gigante.”
“Súper completo, súper útil, muy práctico, nada pesado, con muchísimos aprendizajes, una pasada.”
“Me ha encantado. Me ha parecido una experiencia preciosa para volver a mi centro, recordar mis prioridades y ampliar mi campo de visión.”
“Imprescindible. Debería de ser obligatorio”
“Darte las gracias por crear Pertenécete. No pararé de recomendarlo. Gracias por darnos tanto y por hacernos creer unas diosas. Me llevo mucho y sobretodo gracias por darnos la oportunidad de tener el material. Gracias, gracias, gracias. Un abrazo lleno de amor”
“Un curso muy completo, muy trabajado que ha removido toda mi vida”
“Darte las gracias enormes por el impulso, las ganas, la energía, la sabiduría, por entregarte así. Desde luego, ha habido un antes y un después de Pertenécete”
 

Quiero saber más sobre PERTENÉCETE

  PERTENÉCETE es para ti si ahora sientes que:
· El miedo a equivocarte te paraliza · Procrastinas · No confías en ti misma · No defines lo que quieres · Estás bloqueada · La culpa impide que tomes ciertas decisiones · No implementas hábitos que te impulsen · No sabes cómo crear e implementar planes de acción · Sientes que tus emociones tienen demasiado poder sobre ti · Te afecta lo que otros puedan opinar · No sabes por dónde empezar a actuar
Y lo que quieres es…
· Sentir que eres tú la que maneja las riendas de tu vida · Minimizar el bucle mental y sustituirlo por calma · Gestionar tus emociones · Implementar sistemas de vida y hábitos · Identificar tus miedos y creencias para así atravesarlos · Adquirir las herramientas para trazar un plan de acción · Definir tus objetivos en todos los ámbitos · Comprometerte con la persona con la que vas a pasar toda la vida, o sea, tú. · Generar una mentalidad desde la que actuar con seguridad

Quiero apuntarme a la lista de espera

  Tendrás el contenido disponible de por vida. PERTENÉCETE es un programa de doce semanas en el que, a través de ejercicios prácticos, ejemplos cercanos y estrategias claras, acompaño a mujeres que quieren cambiar su mentalidad, tomar decisiones desde la seguridad y pasar a la acción. Para mejorar su confianza, su tranquilidad y su claridad mental. Para que les pase lo que quieren que les pase. Espero verte pronto al otro lado de mi pantalla, Sol

Me siento pequeña

Este es uno de esos temas que me tocan especialmente, la verdad. Cuántas alumnas y seguidoras me han comentado en ocasiones que se sienten pequeñas. Claro, ahí no puedo intervenir demasiado, pero la semana pasada fue una amiga la que me comentaba que, en ciertos eventos, se siente pequeña.
Adoro a mi amiga. Es lista, guapa, creativa, buena gente. Una de esas chavalas que, si se mirara con mis ojos, entendería que es una bomba de talento y maravilla. Y, aun así, ella, a veces, se siente pequeña. Pequeña. Ella. Mira, no. Mi amiga va a muchos encuentros de mujeres emprendedoras, algunas tienen mucho éxito (esa palabra tan difusa y confusa). Mi amiga se compara. Se juzga. Se coloca en el último escalón de una escalera que, sinceramente, no sé cómo es, ni me interesa. Mientras ella me hablaba de esos eventos, yo recordaba otros a los que yo misma había asistido. Reuniones llenas de mujeres con “megapuestazos”, con cargos de los que nunca me acuerdo, primero porque solo recuerdo lo que entiendo y segundo, porque a mí lo de los puestos me da bastante igual. Pero a otra gente no le pasa lo mismo, a otras chavalas esos puestos que suenan a despacho grande las encogen. Le conté a mi amiga, para que aligerara ese peso que la aplasta, una anécdota que me había pasado en uno de esos saraos hacía pocos días. Algunas de esas señoras con despachazos habían cogido por banda a una amiga mía, muy exitosa, muy conocida y, entre tres, la habían arrinconado para pedirle, con toda su jeta, que les hiciera un trabajo gratis. GRATIS. En primero de educación, elegancia y respeto te enseñan que eso no se hace. Que si quieres hablar de trabajo, no lo haces en una fiesta, mandas un correo a su oficina. Que no acorralas a nadie para ponerle en un aprieto y no se atreva a decirte que no (Menos mal que esa amiga en cuestión tiene los ovarios más grandes que la Catedral de Burgos y les soltó un NO, enorme y claro, sin justificación alguna). En primero de educación te enseñan que pedirle a otra mujer que te regale su trabajo para que tú te cuelgues una medalla te convierte en alguien bastante deleznable, por muchas palabras que tenga tu puesto y por muchos números que tenga tu salario. Y ahí está la trampa: muchas veces, confundimos puestos con grandeza. Facturación con valía. Influencia profesional con integridad. Y si miramos eso, es probable que salgamos perdiendo. Porque no nos comparamos con lo que es real, sino con lo que creemos que representa esa persona: su éxito aparente, su pose, su supuesta seguridad. No miramos lo importante, miramos el envoltorio. Lo importante es que la grandeza viene de la autenticidad, de la honestidad, de la verdadera elegancia, que no está hecha de lo que se ve, sino de lo que se nota.  
¿Por qué nos pasa esto? (Vamos a bucear en las razones para poder solucionar)
Muchas veces no es el evento, ni las mujeres que tienes delante. Es lo que aprendiste de pequeña. ¿Qué era el éxito en tu casa? ¿Te felicitaban cuando tus notas no eran un 10? ¿Había bronca cuando “solo” aprobabas? ¿Te recompensaban por el resultado, pero nunca por el esfuerzo? ¿Te miraban con orgullo siempre, o dependía de lo que habías hecho, o te exigían siempre más? A lo mejor te educaron en la idea de que solo eres suficiente si te portas bien, sacas buenas notas. Y claro, cuando entras en ciertos entornos, tu cerebro vuelve a ese patrón infantil: “¿Seré suficiente aquí? ¿Estaré a la altura? ¿Me faltará algo?”. Nos enseñaron a compararnos, porque nos enseñaron que valemos por lo que hacemos, no por lo que somos. Pero la adultez consiste en cuestionar eso. En preguntarte si esos esquemas siguen teniendo sentido hoy. En decidir qué es éxito para ti ahora —no para tus padres, no para tu profe, no para el sistema—. (Ya que hablamos de éxito, te dejo AQUÍ el vídeo de una charla sobre la redefinición del éxito que impartí hace unos meses. Creo que puede ser útil para ti y para tus hijos, si los tienes)  
¿Qué hacemos para que no vuelva a pasarnos? (Vamos a hacernos cargo)
  1. Revisa de dónde viene tu sensación de pequeñez. No te quedes en el caso concreto: vete a la raíz. Pregúntate: ¿Quién me enseñó a dudar de mí? ¿Qué situaciones de mi infancia se parecen a lo que siento ahora? La emoción adulta muchas veces es un eco de lo que pasó, no el reflejo de la realidad que está siendo. Cuando entiendes ese eco, el volumen en tu cabeza baja.   2. Desmonta esa jerarquía que has inventado. No hay arriba ni abajo. Hay personas. Unas tienen empresas, otras no. Unas facturan muchas cifras, otras no. Algunas tienen cargos con nombres largos y en inglés. Otras tienen sueldos con muchos ceros, otras no. Algunas venden humo. Otras no se venden aunque sean oro puro. Y la grandeza o la pequeñez de las personas no depende de nada de eso.   3. Ocupa el sitio que te pertenece, aunque te incomode (sobre todo a nivel interno) Cuando tú te colocas en tu lugar, cuando estás segura de lo que eres, de por qué haces lo que haces, de lo que es importante para ti, no hay huracán que haga que te tambalees. El trabajo SIEMPRE es hacia adentro, no hacia los otros. No pretendas adaptarte, cambiar para encajar. No hay que encajar en ningún sitio, solo hay que estar, que ser. Si vas a medirte algo, que sea en tu coherencia contigo misma, con tus valores. Esa pequeñez no es más que miedo, y los miedos se vencen atravesándolos. No te apartes, no te calles, no te apagues. Hemos venido aquí a brillar, amiga.  
P.D.: hablando de brillar, de ocupar nuestro lugar, te cuento que no puedo estar más emocionada porque SE ACERCA LA SEGUNDA EDICIÓN DE MI PROGRAMA ESTRELLA, “PERTENÉCETE”. Abriré inscripciones del 1 al 11 de enero solamente y ya te puedes apuntar AQUÍ a la lista de espera. No habrá otra edición hasta 2027, como pronto.
En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.  

Esto es lo que dicen las alumnas de la 1ª edición de PERTENÉCETE:

“Poderoso. Activador. Creíble: provoca lo que promete.” Teresa. “PERTENÉCETE ha supuesto para mí un impulso gigante en mi vida personal y profesional, un antes y un después.” Mónica “Ha sido un curso brutal! Y tú, Sol, todo un descubrimiento! He vuelto a nacer, a SER, a reencontrarme! He reconfirmado creencias potenciadoras que habitaban en mí anuladas por una maternidad “mal” acompañada. He destruido y sigo destruyendo otras tan limitantes! Me estalla la cabeza de pensarlo! Me explota de satisfacción, de plenitud, de claridad! La importancia de PERTENECERME REÍRME Y DIVERTIRME hoy es mi foco! Me emociono! Así seguirá siendo cada día de mi vida! GRATITUD MÁXIMA! “ Natalia “Una formación excelente, impecable, inmejorable, impresionante. Todo lo que has tratado, todo lo que nos has enseñado, ha sido de tanto valor que todavía estoy asimilándolo. No hay ningún pero a Pertenécete.” Ainhoa “Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto.” Francesca  

Inscríbeme en la lista de espera

 

PERTENÉCETE es para ti si ahora sientes que:

  • El miedo a equivocarte te paraliza
  • Procrastinas
  • No confías en ti misma
  • No defines lo que quieres
  • Estás bloqueada
  • La culpa impide que tomes ciertas decisiones
  • Te afecta lo que otros puedan opinar
  • No sabes por dónde empezar

Y lo que quieres es…

  • Sentir que eres tú la que maneja las riendas de tu vida
  • Minimizar el bucle mental y sustituirlo por calma
  • Adquirir las herramientas para trazar un plan de acción
  • Definir tus objetivos en todos los ámbitos
  • Comprometerte con la persona con la que vas a pasar toda la vida, o sea, tú.
  • Generar una mentalidad desde la que actuar con seguridad

Es para mí, voy a la lista de espera

¿CANSADA DE TOMAR DECISIONES? Estos son mis 3 trucos para solucionarlo

Estoy harta de decidir. Tengo el cerebro cansado. A veces me gustaría que otros decidieran por mí: en el trabajo, en casa, con mis hijos. Luego se me pasa, porque sé que la libertad está hecha de todas esas decisiones pero, joder, necesito un respiro. Este pensamiento lo tengo, recurrentemente, cada mes. A veces, cada menos. Según cómo se ponga de intensita la vida. No nos damos cuenta, pero tomamos TANTAS decisiones al cabo del día: ¿qué desayuno? ¿llevo paraguas? ¿qué ropa me pongo? ¿qué hago de comer? ¿Cuándo hago esto y lo otro? ¿Cuál es la mejor manera de hacer esto y lo otro? Y eso antes de empezar la jornada laboral. Luego llegan las decisiones del trabajo, que son infinitas siempre, no te cuento si eres tu propia jefa: contestar o no ese mail, priorizar una tarea u otra, aceptar o no una reunión, delegar, revisar, volver a decidir, arriesgarme o quedarme como estoy. Cuando acaba el día, pongo directamente, “Downton Abbey”, sin plantearme otra cosa. Es bonito, con eso me basta, no quiero pensar más. A esto que me pasa a mí y que te pasa a ti (espero que poco) se le llama carga mental, y no tiene tanto que ver con hacer muchas cosas como con pensarlas todas. Es el peso invisible de planificar, anticipar, recordar, decidir y coordinar. Aunque en casa repartas las tareas (espero que mucho), seguimos siendo quienes pensamos qué falta en la nevera, cuándo hay que pedir cita en el dentista o qué regalo comprarle a la suegra. No es solo hacer: es tener la cabeza llena de recordatorios que nadie más parece tener en cuenta. Los síntomas de la carga mental son estos, que a mí me suenan mogollón: agotamiento aunque no hayas hecho nada físico, problemas para concentrarte, irritabilidad, sensación de que no llegas a todo, e incluso insomnio (no es mi caso, la verdad, soy marmota perdida). Esos síntomas no nos gustan NADA. Vale, pero la vida es como es, tenemos que comer, vestirnos, trabajar, así que, ¿qué narices hacemos? Yo es que me niego a vivir así. Por eso estoy generando estrategias para eliminar las mancuernas de 20 kilos que parecen vivir en mi cerebro. No se trata de huir de las decisiones (a estas alturas, ya me conoces, salir por patas no es lo mío), sino de simplificarlas. De decidir menos veces, básicamente. Aquí te dejo tres estrategias para reducir la carga mental y disfrutar más de la vida, amiga: 1. Agrupa decisiones. Tomar decisiones gasta energía, así que cuanto más puedas agruparlas, mejor. El batch cooking es el ejemplo clásico: dedicas dos o tres horas el domingo a cocinar lo de toda la semana y te olvidas de pensar “¿qué hago de comer hoy?”. Y de limpiar, que es algo que me mosquea muchísimo. Lo mismo con la ropa: el domingo preparo cinco conjuntos completos y los dejo en perchas separadas. Me encantaría tener un burro, pero no me cabe. Cada mañana es coger y listo. Puedes aplicar esto a otras áreas: planificar de golpe las citas médicas o los viajes o los gustazos o los planes de ocio o reuniones del mes. Lo que te ahorras con esto es brutal: menos decisiones diarias, menos estrés, más tiempo mental libre para lo que te dé la gana. 2. Crea rutinas fijas para lo que se repite. Hay decisiones que tomamos todo el rato: cuándo entrenar, cuándo limpiar, cuándo revisar las cuentas del banco. Si las conviertes en rutinas evitas tener que pensarlas. Por ejemplo, decides que el martes y jueves entrenas a tal hora, o que los viernes por la tarde revisas las cuentas. Cuanto más automatices, más descanso mental. Las rutinas no quitan libertad, te la dan. 3. Crea “decisiones predefinidas”. O sea: decidir una vez para muchas situaciones que sabes que se van a dar. Por ejemplo: “No acepto reuniones sin orden del día clara” o “No miro el móvil a partir de las nueve de la noche” o “No me subo a un avión o a un tren antes de tal hora o después de esta otra”. Son como normas personales que me evitan microdecisiones constantes. No estamos aquí para decidir mil cosas al día, sino para vivir bien con las que elegimos. Simplificar es autocuidarse. Es dejar espacio para ti, para lo que te alimenta, no para lo que te drena. Si tienes algún truqui más, comparte en comentarios, porfa.   P.D.: amiga, que me han vuelto a nominar, por tercer año consecutivo para ser una de las Top100 Mujeres Líderes de España. Flipo en colores. Un honor, un placer y una maravilla. Si te parece que algo lidero, que algo te cuento para que vivamos todas un poquito mejor, puedes votarme AQUÍ (a veces en el móvil da problemas, en el ordenador no). Mil gracias de antemano, querida. P.D2.: muchas veces, no necesitamos más motivación, sino más claridad. Es decir, si yo sé que voy a hacer esta tabla exacta, durante 25 minutos, los lunes, miércoles y viernes a las 8 de la mañana, es mucho más fácil que lo cumpla. Otras, no necesitamos más tiempo, sino más claridad sobre eso a lo que le dedicamos nuestra energía y eso a lo que no. Por ejemplo, si decides que en 2026 no vas a responder mensajes fuera de tu horario o que no vas a asumir proyectos que no estén alineados con tus valores, de repente no “aparecen” más horas, pero sí aparece más foco, más satisfacción, más sensación de que consigues más. En el último episodio de mi podcast te hablo de tres preguntas que para mí son indispensables a la hora de conseguir más claridad en el 2026 y en cualquier momento. Puedes escucharlo AQUÍ. Espero que te sirva. P.D3.: cuántas veces me pedís que os recomiende libros, pues hoy tengo uno clarísimo, “Las ventanas sin rejas”, la recién estrenada novela de mi querido Paulo G. Conde. Me consta que muchas estáis suscritas a su gloriosa Newsletter. Pues qué os voy a contar de su novela. He tenido el honor de leerla antes que nadie, me la merendé en dos mañanas. Qué capacidad la de Paulo para ver tres capas por debajo de la superficie, para dejarnos pensando horas después de acabar de leerle. ATENCIÓN PORQUE AHORA TIENE UNA OFERTA DE LANZAMIENTO QUE TERMINA MAÑANA, 30 DE NOVIEMBRE, Y OS RECUERDO QUE LLEGAN LOS REGALOS NAVIDEÑOS. ¿En qué consiste esta oferta?
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No es lo que los demás opinan, es el poder que tú les das: 3 estrategias para quitárselo

Hace unos días, en una sesión de mi membresía, varias chicas compartieron lo mucho que les dolían las palabras o actitudes de sus madres. Me contaban que, aunque han intentado remediarlo, sus madres les hacen sentir muy mal. He de decir que este es una realidad que me transmitís muchas veces, lo siento en el alma. Les dije a aquellas chavalas guapas que nadie puede hacernos sentir mal si no le damos el poder de hacerlo. Sé que es fácil decirlo y difícil aplicarlo. Más cuando las personas que nos lo debían haber enseñado son las que nos provocan ese malestar. Pero que sea difícil no significa que no debamos llenar nuestra caja de herramientas de vivir la vida de recursos para gestionarnos, así que allá vamos: Lo que nos duele no es solo lo que el otro dice, sino lo que nosotras interpretamos de eso. El significado que le damos, la historia que nos contamos sobre lo que escuchamos. Les puse a mis queridas alumnas un ejemplo que es esclarecedor, creo yo: si tu madre dijera o hiciera exactamente lo mismo que te dice a ti a una persona que no la conoce de nada, esa persona, probablemente, no se sentiría mal. El hecho sería idéntico, pero el efecto completamente distinto. ¿Por qué? Porque esa persona no le ha entregado poder a tu madre. Porque el vínculo, la expectativa y la necesidad de aprobación no están ahí, jugándole malas pasadas. Y eso es lo que nos pasa muchas veces: les damos a otros (padres, amigos, pareja, hijos, jefes, compañeros de trabajo, etc.), sin darnos cuenta, el poder sobre nuestro estado de ánimo. Nos convencemos de que si cambian, si se disculpan, si nos entienden, entonces podremos estar bien. Así que nos esforzamos muchísimo en que todo eso pase. Pero la verdad es que no tenemos control sobre cómo los demás piensan, sienten o actúan. Solo podemos gestionarnos esta cosa divina que somos nosotras, y si ponemos la energía en que otro deje de ser como es, no la podemos emplear en convertirnos en las personas que queremos ser: fuertes, sólidas, faraonas. Seguimos llenándonos de recursos para tomar el poder sobre lo que sentimos. Es necesario entender que esa persona que te provoca malestar se ha convertido en una figura mental. Hay una persona real, con sus heridas, su historia, sus límites. La otra es la voz que se ha quedado dentro de ti, dándote la matraca. Esa que sigues oyendo incluso cuando ella no está, la que te juzga, la que te recuerda lo que “deberías haber hecho”, la que te da la vara cuando tomas una decisión que no encaja con lo que ella cree. Esa voz interna, esa “madre interiorizada”, es con la que podemos trabajar. A la madre real no la vamos a cambiar, pero a la que vive en nuestra cabeza sí podemos ponerle límites, educarla, comprenderla y, si hace falta, decirle que “Hasta luegui”. Porque el poder real no está en que el otro cambie, sino en que nosotras aprendamos a responder de otra manera. En que dejemos de reaccionar automáticamente, sintiéndonos mal, y empecemos a observarnos. Cuando entendemos que el poder de herirnos no está fuera, sino dentro, todo cambia. Dejamos de sentirnos víctimas y empezamos a sentirnos responsables. Liberarnos del poder que damos a los demás no significa volvernos frías, ni negar el dolor. Significa recuperar la soberanía sobre lo que sentimos. Sobre lo que somos. Aquí te dejo tres estrategias para llenar tu cajita de herramientas de vivir la vida: 1. Separa el hecho de la interpretación. Cuando alguien te dice algo que te duele, para y reflexiona: ¿qué ha pasado realmente? ¿Qué ha dicho, exactamente? Luego pregúntate: “¿Qué estoy interpretando yo de esto?” Muchas veces lo que nos joroba no es la frase en sí, sino lo que creemos que significa: “No soy suficiente”, “No lo hago bien”, “No me quieren”. Pero eso no está en lo que han dicho, está en la historia que nos contamos. 2. Trabaja con la voz interna, no con la persona externa. En lugar de intentar convencer al otro o esperar que cambie, pon tu atención en la voz que te habla desde tu coco. Si te das cuenta de que repite frases que has escuchado muchas veces, como “no deberías enfadarte”, “no deberías hacer eso”, “Mira que eres caprichosa, cámbialas por otras que salgan de tu Yo adulta y poderosa, como: “Tengo derecho a elegir”, “Mi valor no depende de la aprobación ajena”. 3. Devuélvete el poder cada vez que lo entregues. Cada vez que sientas que alguien “te hace” sentir mal, para, respira y repítete: “Esto no va de lo que él o ella hace, va de lo que yo permito que me afecte”. Pregúntate: “¿Quiero dejar que esto defina mi día, mi ánimo, mi energía?”. Haciéndote la pregunta generas nuevas posibilidades, esas que te devuelven el poder. No podemos controlar lo que los demás dicen o hacen, pero sí podemos decidir qué sitio ocupan sus palabras dentro de nosotras. Cuando lo entendemos, nos convertimos en personas libres y dueñas. Diosas perdidas.   P.D.: ay, querida, que ya están abiertas las inscripciones a PODER Y RESPONSABILIDAD, mi nuevo taller donde te cuento cómo cierro cada año para preparar el siguiente con tal de llegar al 31 de diciembre de 2026 aplaudiéndome por lo conseguido y no lamentándome por lo que no pasó.  
Aunque abrí inscripciones hace solo dos días, ya hay chavalas que se han sumergido en la formación y esto es lo que dicen de ella:
  • “Brutal la formación que te has marcado, brutal” Ángela
  • “Acabo de empezar los vídeos y ya estoy enganchada.”
  • “Ya estoy dentro de PODER Y RESPONSABILIDAD! He visto los dos primeros vídeos y, como siempre, Sol, y en todas tus formaciones, directa y de lo más eficaz y eficiente! Me encantas”! Mil gracias. Deseando hacer los ejercicios e ir completando el método para cerrar este 2025 y abrir el 2026.” María Teresa
  ¿Para qué este taller?
  • Para sentir que manejamos las riendas de nuestra vida, que no derrapamos por ella.
  • Para darnos cuenta de lo que nos ha pesado, nos ha frenado en el último año y minimizarlo o eliminarlo en el año que empieza.
  • Para hacernos las preguntas correctas a la hora de generar nuestros propósitos / objetivos / deseos y no acabar persiguiendo cosas que quieren otros, pero que realmente nos importan un huevo.
  • Para saber cómo priorizar, porque no llegamos a todo, ni falta que hace. Sin priorización no hay foco y sin foco no hay avance.
  • Para actuar desde la seguridad y la calma, no desde el agotamiento.
  • Para aprender a generar planes de acción tan realistas como flexibles.
  Todo esto es lo que comparto contigo en PODER Y RESPONSABILIDAD   Algunas cosas más sobre este taller:
· Es grabado, así que lo puedes consumir en cuanto te inscribas · Lo tienes disponible de por vida, para usarlo, no solamente a final de año sino cada vez que necesites analizar y decidir desde la calma y el criterio.
· Está compuesto de 6 vídeos de entre 13 minutos y una hora. La mayoría del tiempo que emplearás en esta formación está en los cuadernos de ejercicios, porque sí, me encantaría decirte que, con escucharme, lo tienes todo hecho, pero no, no te voy a mentir, la transformación depende de ti y de lo dispuesta que estés a hacerte las preguntas correctas.
 

Quiero diseñar mi mejor año

  Si tienes alguna pregunta, puedes dejarla en comentarios y la responderé encantada Un abrazo, querida, y gracias por acompañarme. Sol