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¿Te cuesta ponerte en marcha? Prueba estas 3 estrategias

Cuántas veces me habréis dicho, “Jo, Sol, me sé la teoría, pero no paso a la práctica”. Y esto tiene que ver con el deporte, con cambiar de trabajo, con emprender, con separararte… con la vida entera. Sabes lo que tienes que hacer, tienes claras las ventajas de hacerlo, pero no te mueves. Lo postergas. Lo piensas muchísimo, interminablemente. Dices “mañana empiezo”. O te convences de que ahora no es el momento ideal, porque no estás preparada, no sabes lo suficiente, tienes mucho lío. Como si el lío vital fuera a desaparecer en algún momento, ju, ju. A mí también me ha pasado, ojito. Por eso te voy a contar lo que a mí me ha servido para que el estancamiento sea la excepción y no la regla. Esta es la realidad: la mayoría de las veces no nos falta tiempo ni motivación. Lo que nos frena es la puñetera inercia. Una vez empezamos, la cosa se pone más fácil, pero hay, lo que nos cuesta arrancar. La buena noticia es que hay herramientas, estrategias para romper esa inercia negativa, darle la vuelta, y convertirla en una inercia que te impulse en lugar de frenarte. Aquí te comparto tres que a mí me funcionan: 1. Engaña a tu cerebro con la regla de los 5 minutos Uno de los mayores problemas de la pereza es que nuestro coco asocia lo que tienes que hacer con algo grande, pesado o interminable. Si tienes que escribir un informe, entrenar u ordenar el armario, es probable que tu cerebro lo vea como un esfuerzo enorme y automáticamente busque distracciones más fáciles y gustosillas (hola, Instagram). Pero hay un truco: dile a tu cerebro que solo lo harás durante 5 minutos. 🔄 Cómo funciona:
  • En lugar de pensar “Tengo que hacer ejercicio”, di: “Solo haré 5 minutos de estiramientos”.
  • En lugar de “Tengo que escribir”, cambia a: “Solo escribiré una frase”.
  • En lugar de “Tengo que ordenar el armario”, prueba con: “Solo sacaré las cosas de un cajón”.
Casi siempre, cuando empiezas, te das cuenta de que no era tan terrible y sigues adelante. Porque lo difícil no es esa tarea, sino empezar. 2. Hazlo más fácil y más obvio A veces, nos gana la pereza porque la tarea que queremos hacer requiere de demasiados pasos antes de empezar. (Os habla una que aborrece los procesos largos, no soporto leer manuales, ni ver tutoriales, fatal lo mío) Si quieres leer más pero el libro está en la otra habitación, es probable que termines con el móvil en la mano. Si quieres comer más sano pero tienes que ponerte a preparar platos complicados, acabarás picando lo primero que veas. Nuestro cerebro elige el camino de menor resistencia, está hecho para ahorrar calorías. Así que vamos a ponérnoslo fácil. 🔄 Cómo funciona:
  • Si quieres entrenar, deja la ropa de deporte lista la noche anterior y hazlo lo más fácil posible: en un mat en casa para no perder tiempo yendo al gimnasio, con un vídeo que hayas dejado preparado la noche anterior. Si te da pereza hasta ponerte las mallas, hazlo en pijama (has de tener unos cuantos pijamas para ir cambiando, claro)
  • Si quieres escribir, abre el documento la noche de antes y deja una nota con la idea con la que empezarás.
  • Si quieres beber más agua, pon una botella en tu escritorio o en un lugar visible.
  • Si quieres comer más fruta, pon un frutero enorme bien a la vista y lleva una manzana siempre en el bolso (Holi, esa soy yo)
  • Si quieres meditar, deja el audio de la meditación guiada preparado por la noche y medita nada más despertar. (Sí, también soy yo)
Cuanto menos esfuerzo necesites para empezar, más probable será que lo hagas. 3. Conviértelo en un compromiso con alguien más Nos cuesta cumplir compromisos con nosotras mismas, pero cuando hay otra persona involucrada, la cosa cambia. Así de raritas somos. Si quedas para entrenar con una amiga, no es tan fácil cancelar. Si le dices a alguien que le mandarás un texto el lunes, no querrás fallarle. Este truco funciona porque activa la responsabilidad social. Nos da un extra de presión positiva y nos saca de ese clásico tan mentiroso“bueno, lo hago mañana”. Poco a poco dejarás de necesitar ese compromiso externo, porque al ver los beneficios de todo lo que consigues, no te quedará más remedio que cumplir con lo que te prometes. 🔄 Cómo funciona:
  • Dile a alguien lo que vas a hacer y ponle una fecha.
  • Pide a alguien que te pregunte sobre eso después.
  • Comparte tu avance con una amiga, aunque sea un paso chiquitín: levantarte veinte minutos antes, caminar 10.000 pasos, comer tres frutas al día durante una semana, haber meditado hoy.
Ya me he vuelto a pasar de los tres minutos, perdón. Resumiendo: la clave es EMPEZAR. No necesitas motivación. No necesitas sentirte preparada. Usa estas tres estrategias y dime cómo te funcionan en comentarios. P.D.: si no has escuchado el último episodio de mi podcast, te lo dejo aquí. Lo contenta que estoy de que alguien a quien admiro tanto nos haya contado cómo cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente. Antonio Valenzuela es fisioterapeuta especialista en Pisconeuroinmunología y alguien que convierte lo más complicado en una explicación sencilla y súper inspiradora. Espero que te sirva. P.D.2: cuántas veces me habéis preguntado cómo hacer el famoso ejercicio del Día Ideal, tan básico para mí a la hora de obtener claridad y dirección. Pues bien, os he preparado un PDF con las preguntas imprescindibles que debes hacerte para no caer en lo que conoces y para no enfocarte en todo lo que crees imposible. También te cuento cuál es la explicación científica sobre la efectividad de este ejercicio. En fin, que lo tienes aquí y que ojalá te funcione tan bien como a mí.

3 pensamientos que me han frenado y cómo los he cambiado

Podemos contarnos todas las historias y mentiras del mundo. Crear mil justificaciones y excusas, pero la verdad es que lo que más nos frena, nos aplasta y nos jode es lo que nos decimos a nosotras mismas. Nos repetimos que el problema es la falta de tiempo, de recursos o de oportunidades. No me gusta generalizar, pero en los años que llevo acompañando a personas para que cumplan sus objetivos me he dado cuenta de que el factor fundamental para llegar o no llegar es nuestro diálogo interno. Todo eso que nos contamos una y. otra vez sobre nuestra valía y nuestras posibilidades. Yo también he caído en trampas mentales que me han frenado, ojo, que aquí hemos pecado todas. Y con el tiempo he aprendido que, así como creamos nuestros pensamientos, también podemos cambiarlos. Aquí te cuento tres pensamientos que en algún momento me han bloqueado y cómo les he dado la vuelta para acercarme a todo eso que quiero en lugar de quedarme anclada en todo lo que no quiero.

1. «Si no lo hago perfecto, mejor no lo hago»

La trampa del perfeccionismo es un asco, porque parece una virtud, pero es una forma de miedo disfrazado, escondido la mar de bien. Durante mucho tiempo, pensaba que si no podía hacer algo bien desde el principio, no valía la pena intentarlo. Postergaba proyectos, dudaba antes de lanzarme a algo nuevo y me paralizaba ante la posibilidad de no estar a la altura. Me encantaba el Derecho Internacional pero no pensaba que pudiera ser brillante dedicándome a ello, así que ni lo intenté. Lo mismo con crear un estudio de interiorismo cuando acabé mi segunda carrera: no iba a ser todo lo perfecto que yo quería, así que mejor no hacer nada. Hasta que me di cuenta de algo: lo perfecto es enemigo de lo hecho. Nadie empieza sabiendo todo. Nadie es brillante desde el primer día. Y lo que te hace avanzar no es la perfección, sino la práctica. 🔄 Cómo lo cambié: Me obligué a empezar antes de sentir que estaba preparada. Me repetí una y otra vez: «Mejor hecho que perfecto». Y me di permiso para mejorar sobre la marcha. Me centré solamente en el siguiente paso a dar, no en el supuesto resultado perfecto que tenía (creía yo) que obtener.

2. «Si no tengo todo claro, mejor espero»

Y pensando esto puede llegar el juicio final y encontrarte anclada en el mismo sitio. Esperando se pasa la vida sin que tú hagas nada por construirla. Lo que nadie nos ha contado es que la claridad no llega antes de actuar. Llega después. Llega mientras. Llega en el camino. Porque solo ahí vas a saber, ya no las respuestas, sino las preguntas que has de formularte. No necesitamos tenerlo todo resuelto antes de empezar. La única forma de descubrir lo que queremos y cómo conseguirlo es probando, ajustando, aprendiendo en el camino. 🔄 Cómo lo cambié: Apliqué la teoría del producto mínimo viable. Empecé a hacer pequeñas pruebas, minimizando riesgos al máximo. Empecé a moverme en la dirección correcta, esa que me acercaba a lo que quería, sin esperar certezas absolutas. Hagamos siempre más de lo que sí y menos de lo que no para colocarnos en la frecuencia adecuada. Me pregunté «¿Cuál es el paso más pequeño que puedo dar hoy para acercarme a lo que quiero?» No es un salto al vacío, es un pasito, un moverme.

3. «No soy suficiente»

No es que me lo dijera, ni lo pensara. Y eso es lo más peligroso, porque la creencia se esconde para ser efectiva y se refleja en lo que hacemos. En todo lo que no intentamos, en todo eso a lo que no nos atrevemos. «No soy lo suficientemente buena», «No tengo suficiente experiencia», «No sé lo suficiente». Todo es parte del mismo rollo castrante. Pasa un poco como con el número dos: la única forma de sentirnos suficientes es actuando como si ya lo fuéramos. Movernos antes de sabernos capaces. 🔄 Cómo lo cambié: Preguntándome MUCHO. Me hago preguntas cómo «¿Quién ha decidido esto? ¿Dónde está la evidencia de que no soy suficiente?» Y la respuesta suele ser un silencio de lo más revelador. De nuevo, la confianza no llega antes de hacer algo, llega después de hacerlo una y otra vez. Nuestros pensamientos determinan nuestras acciones. Y nuestras acciones determinan nuestra realidad, o sea, las personas que somos. Podemos elegir pensamientos que nos aplastan o pensamientos que nos impulsan. Podemos animarnos o contarnos cosas horribles sobre nosotras mismas. Podemos obedecer a la inercia natural de nuestro cerebro miedoso o cuestionarlo y entrenarlo para que nos construya en lugar de destruirnos. Podemos quedarnos en la nada o empezar a avanzar hacia algo. La pregunta no es si podemos cambiar, sino si queremos hacerlo. Si estamos dispuestas a grabar el precio necesario. En mi opinión, el esfuerzo necesario no es nada comparado con la satisfacción de convertirnos en la persona que queremos ser. ¿Cuál de estos pensamientos te ha frenado o te está frenando a ti? Déjamelo en comentarios, no hay nada más enriquecedor que sentirnos parte de un grupo al que le pasa lo mismo que a nosotras y busca soluciones en la misma dirección.
P.D.: si, al leer esto, te has dado cuenta de que hay algo que te bloquea en algún aspecto de tu vida, te dejo aquí un PDF con tres ejercicios que yo uso cuando no tengo ni idea de cuál es el siguiente paso. Cuando necesito claridad y preguntas que me entreguen todo el poder. Puedes descargarlo AQUÍ.
P.D2.: AMIGAS, noticias tengo. La nueva formación que va a ocupar mi membresía desde julio hasta diciembre de este año es “AUTOESTIMA Y AUTOVALORACIÓN: construye una relación sólida contigo misma”. En las sesiones mensuales, te contaré cómo fortalecer tu relación contigo misma, dejar atrás la autocrítica destructiva y aprender a priorizarte sin culpa.
Te dejo aquí el enlace a toda la información y a la lista de espera, ya que abriré las puertas de la membresía durante muy poco tiempo (si ya estás suscrita, no tienes que hacer nada, tu suscripción se renueva automáticamente).

Quiero apuntarme a la lista de espera

Si lo que te frena es el síndrome de la impostora, esa distorsión que te cuenta que eres un fraude, que estás aquí por suerte y que en cualquier momento te van a pillar te recomiendo que escuches el último episodio de mi podcast, en el que comparto micro con Marta Verona, nutricionista, cocinera y ganadora de MasterChef 6. Nos cuenta cómo nunca se sintió merecedora de ese primer puesto. Cuánto estrés le han supuesto todas las oportunidades que le han llegado desde ese momento y cómo ha aprendido a gestionarlo. Un chorreo de honestidad y cercanía. Puedes escucharnos AQUÍ.

Cómo crear nuestro día ideal con 3 gustazos que son gratis

Nadie nos ha contado que nuestro objetivo en la vida es estar lo más a gusto posible. Y quizás, al leer esto, sientes cierta incomodidad. Obsérvala, porque puede que te esté diciendo algo: que no es posible, que no mereces. Darnos cuenta es necesario para poder hacernos cargo. El pasado domingo hice un directo (cómo me gusta hacer directos) sobre cuatro claves para disfrutar más de la vida. Te lo dejo aquí por si no lo has visto. Me dejasteis muchos comentarios de lo más bonitos, gracias. Creo que me quedó bien, la verdad. Una chica escribió algo así como “Me da la sensación de que para disfrutar de esas cosas que cuentas hay que tener mucho dinero”. O algo así. Lo borré. Lo hice porque, claramente, la persona no había escuchado el directo y lo había escrito para expresar una queja que tiene mucho que ver con sus frustraciones, supongo, pero nada con lo que yo contaba. Eso es una cosa, y otra muy diferente es que, cuando estemos a solas con nuestros pensamientos, nos digamos que no podemos hacer nuestra vida más bonita, incrementar nuestro bienestar, nuestro agustismo, ya sea por falta de dinero, de tiempo, o de lo que sea. Cuando creemos que algo es imposible, no vamos a trazar un plan para conseguirlo. Y yo me niego a que eso pase. Soy consciente de que, a veces, estamos tan revueltas, tan metidas en nuestra rueda de hámster, que el imaginar un gustazo se nos antoja como algo imposible, así que te voy a contar yo tres maneras de disfrutar más que son gratis y llevan poco tiempo. 1. Un paseo con una buena banda sonora Puede, incluso, ser tu camino al trabajo. Si no vas andando, que sea en el bus o en el metro. Pongámosle intención, fijémonos en lo que SÍ podemos hacer. Lo maravilloso sería salir a pasear sin prisa y sin reloj, pero si no es posible, busquemos alternativas. Lo primero será tener una playlist que TE FLIPE. O varias: una con música tranquila (la mía incluiría mucho de Norah Jones), una para levantar el ánimo (que viva la música de los 80), otra con tus nuevas favoritas (en la mía, Teddy Swims sin parar). Lo ideal sería, como te he dicho, caminar. Si es por un camino nuevo, maravilla, porque va a despertar nuestra curiosidad y eso es algo que a nuestro cerebro le encanta. Fíjate en los detalles: la luz, los colores, las caras de la gente, el sonido del viento. Oye, que no puede ser, pues por el mismo camino de siempre o en el transporte público, o incluso en el coche. Pero escuchando esa música que te fascina. No haciendo scroll, no mandando mensajes. Escuchando. Te aseguro que ese simple gesto puede cambiarte el estado de ánimo, porque te saca del bucle mental y te zambulle en el disfrute. 2. Reencontrarte con una película, serie o libro que te encantó Porque a veces estamos tan obsesionadas con lo nuevo que olvidamos el gustazo de volver a lo que ya nos hizo felices una vez. Releer un libro que te flipó (el mío sería “Los optimistas”), volver a ver esa película que te emocionó (lo que disfruto volviendo a ver “Call me by your name”), reencontrarte con una serie que te hizo sentir bien (qué te voy a contar de “Sexo en Nueva York” o “Friends”) es como visitar a esa amiga con la que siempre estás a gusto, a la que no hay que dar ninguna explicación porque os entendéis desde siempre. Mis consejos para hacer el gustazo superplus
  • Crea un ritual: una manta, un té, una vela un rato sin interrupciones.
  • Móvil fuera, por favor.
La nostalgia es muchas veces reconfortante. Deja en comentarios qué peli, libro o serie eliges, porfa, así nos inspiramos las unas a las otras. 3. Decirle algo bonito a alguien (y ver su reacción) Este es un gustazo doble: para la persona que lo recibe y para ti. Y es que cuántas veces damos por hecho lo bueno de los demás. Pensamos cosas bonitas sobre la gente, pero no las decimos. Se quedan guardadas, escondidas, cuando podrían alegrarle el día a alguien y regalarte mucha satisfacción a ti. Ese alguien puede ser tu hijo, una amiga, alguien a quien admiras o alguien desconocido. Puedes mandar un mensaje, decírselo a la cara. Contarle a tu vecina de mesa en la cafetería lo bonita que te parece tu camisa es algo mágico (Ya os he contado que esa es una de mis cosas favoritas cuando visito Nueva York: cómo la gente te dice que le encanta tu labial, tu bufanda, tus zapatos). La reacción de la otra persona, de agradecimiento y alegría, es un regalo en sí mismo. Tenemos el poder de mejorar el día de otras personas y, al mismo tiempo, mejorar el nuestro. Y no lo usamos todo lo que podríamos. Si dejas en comentarios qué y a quién has elegido y lo que ha pasado a continuación, de nuevo, nos inspiras a todas. Me he ido casi a los cinco minutos, perdonadme, pero la ocasión lo merecía.
Otra cosa que te puede hacer disfrutar de manera colosal e indescriptible es escribir. Quizás quieres hacerlo, pero te frena en no saber por dónde empezar, no tener claras qué preguntas hacerte. Sentir que no eres capaz. Pero lo eres, solo necesitas la información necesaria. La tienes toda en un bootcamp de dos horas que impartirá mi adorado Paulo G. Conde el 27 de marzo (la graba para quien no asista en directo). Solo está hasta la venta hasta este lunes 24 de marzo.

Quiero saber más sobre ese bootcamp

El bootcamp “4 claves para escribir tu libro” (que son aplicables a muchos otros tipos de texto) es para ti si quieres:
– Tener claridad a la hora de saber qué quieres contar y cómo hacerlo
– Cumplir con tu compromiso y ser consistente durante el proceso de escritura
– Aprender sobre narrativa y ponerlo en práctica
– Disfrutar del proceso de aprendizaje
– Sentirte con confianza a la hora de escribir
– Estar en contacto con otras personas que tienen tus mismas inquietudes, dudas y deseos respecto a la escritura

¿Quién es Paulo G. Conde?

Paulo es corrector y editor para algunas de las editoriales más importantes de nuestro país. Es un escritor maravilloso al que puedes leer aquí. También es supervisor y mentor literario, no solo para quienes empiezan a escribir, sino para algunos que han vendido ya muchos miles de libros.
Si te pica el gusanillo de la escritura, ni lo dudes, esta es tu oportunidad para despejar dudas y lanzarte sobre ello.
He empezado este texto contando que a veces estamos tan metidas en la rutina que no se nos ocurren maneras de mejorar nuestra vida. Si te pasa, si te notas bloqueada, si no sabes cuál es el siguiente paso a dar, te recomiendo que te descargues este PDF que he diseñado para ti con tres ejercicios que a mí me sirven para desenmarañar el coco, para ganar claridad y poder decidir cuál es el siguiente paso. Espero que te sirva.Feliz sábado, Sol

3 preguntas que me hago cuando me siento perdida

Porque sí, me pasa. Noto que voy a la deriva, que estoy como pochilla, que el rumbo que me había marcado ya no es el que me sirve. Hay momentos en los que dudo de si el camino que estoy siguiendo o si es fruto de la falta de perspectiva. A veces estoy tan metida en el día a día que me da la sensación de que no estoy contemplando mi historia con la distancia suficiente como para tomar las mejores decisiones. En esos momentos de duda, sé que no necesito respuestas correctas o rápidas, sino mejores preguntas. Tenemos mucha prisa por encontrar, cuando lo que necesitamos la mayoría de las veces es claridad. Y la claridad rara vez llega de golpe, caída del cielo, amigas. Llega cuando nos damos permiso para explorar, para curiosear, cuando nos hacemos preguntas que nos ofrecen nuevas maneras de vernos y de ver la vida. No caben en esta plataforma todas las preguntas que nos podemos hacer para sentir que agarramos las riendas de lo que somos y lo que nos pasa, así que voy a empezar por estas tres: 1. ¿Qué pasaría si en lugar de buscar respuestas, me hiciera mejores preguntas? Todas, cuando andamos atontadillas, queremos encontrar la respuesta correcta. «¿Cuál es la mejor decisión?», «¿Qué debería hacer?», «¿Y si me equivoco?» El problema con estas preguntas es que nacen del miedo y de la necesidad de control. Pero si en lugar de buscar una respuesta única y definitiva, cambio la pregunta, mis opciones se multiplican. Por ejemplo, en lugar de preguntarme «¿Por qué me siento perdida?», puedo intentarlo con: ✅ «¿Qué me ilusiona ahora mismo, aunque sea un poco?» ✅ «Si pudiera hacer o intentar algo sin presión alguna, ¿qué elegiría?» ✅ «Si todo esta vida mía fuera una aventura en la que mi obligación es explorar, ¿qué haría primero?» La siguiente pregunta le da en los morros a mis miedos, porque los saca a la superficie. Y solo podemos gestionar eso de lo que somos conscientes. Lo que anda oculto nos controla a nosotras. 2. ¿Qué haría si tuviera garantizado que todo va a salir bien? Y es que una de las cosas que más nos paralizan es el miedo a que las cosas salgan mal. No tomamos decisiones porque no queremos equivocarnos (como si eso fuera una catástrofe mundial), no queremos perder tiempo o no queremos arriesgar lo que ya tenemos, aunque lo que tengamos no nos guste un pelo. Pero, ¿qué pasaría si supieras con absoluta certeza que lo que elijas va a salir bien? ¿Y si tuvieras al genio de la lámpara en tus manos y supieras que él se iba a encargar de que todo funcionara a la primera? Si estuvieras en una película y alguien te dijera: «No te preocupes, el final va a ser maravilloso», ¿qué harías diferente? Si somos capaces de agarrarnos fuerte a esa emoción, a esa certeza, lo más probable es que las dudas desaparezcan y aparezca la verdad: lo que de verdad nos hace ilusión, lo que nos gustaría intentar, pero no nos atrevemos. 3. ¿Dónde ya tengo claridad, aunque sea en una pequeña parte? Cuando nos sentimos a la deriva, tendemos a verlo todo como un caos. Nos vamos a los totalitarismos: todo, nada, siempre nunca. Pero la verdad es que casi nunca estamos perdidas del todo. Siempre hay algo que sí sabemos. A lo mejor no tienes claro qué hacer con tu trabajo, pero sí sabes que necesitas más libertad. A lo mejor no sabes qué hacer a partir de aquí, pero sí sabes qué tipo de vida NO quieres. A lo mejor no tienes una visión completa de la vida que quieres, pero sí hay algo que te emociona. En lugar de enfocarnos en la parte que nos falta, vamos a empezar por la parte que ya está clara. A veces, no hace falta ver todo el mapa; con ver el siguiente paso tenemos bastante. Ya aparecerá el próximo. Voy acabando que me paso de los tres minutos, para variar. Cuando sientas que la vida te está mareando y no sabes hacia adónde ir, recuerda: no necesitas saberlo todo ahora mismo. De hecho, eso es algo imposible. Lo que necesitas claridad en lo siguiente que vas a hacer. Si te haces alguna de estas preguntas, me encantará que me dejes las respuestas en los comentarios. Y si necesitas más claridad todavía, más pistas para saber por dónde tirar, para identificar los obstáculos que te impiden pasar a la acción. Si quieres crear los criterios necesarios para retomar las riendas de tu vida, te dejo AQUÍ un audio de solo 30 minutos que he diseñado para ti con dos ejercicios sumamente prácticos que uso cuando necesito volver a tomar el control y que me pase lo que quiero que me pase. Te pido un favor chiquitín: si compartes parte de este texto en tus redes, porque crees que le puede servir a alguien, añade el enlace. Así les facilitas mucho la vida a quienes quieren leerlo y también a mí. Gracias de antemano.

¿Por qué vamos siempre con prisa?

Si llevas tiempo acompañándome sabrás que yo me obsesiono por semanas, a veces por meses. Me obsesiono con temas a los que les doy vueltas para entendernos, para encontrar soluciones que mejoren mi vida y, por ende, las de mis alumnas. Porque yo estoy aquí para enseñar lo que a mí me sirve, nada más. Hago un gran esfuerzo en introspeccionar, en reflexionar, en buscarle los antecedentes a todo lo invisible que nos frena y nos jode. Todo este rollo te lo cuento porque mi última obsesión es la prisa. Me he dado cuenta de que la mayor parte de mi vida actúo con prisa sin tener razón para ello: no hay fecha límite, no hay nadie esperando, nadie muere si yo no corro. He llegado a la conclusión (y a la obsesión) sobre mi prisa observándome, haciendo el ejercicio (dificilísimo) de verme desde fuera y, al mismo tiempo, desde dentro. Para darme cuenta de lo que hago y de lo que siento. A veces también de lo que pienso. Pero es que las creencias y los miedos son muy invisibles, los cabrones, así que a veces no se asoman a nuestra parte consciente. Vaya a ser que los pillemos y los venzamos. Y en esa observación he cazado a la prisa contándome que me duche rápido, que me vista rápido, que haga mis miles de maletas rápido, que acabe ya las formaciones que tengo que impartir en abril, los textos que tengo que publicar en un mes. Una majaronería, la verdad. Y después de observarme, me pregunto siempre de dónde viene eso. Porque no nace porque sí y porque, con suerte, conociendo el origen, empezamos a diluir al enemigo. Nos damos cuenta de que esa creencia, ese miedo, la prisa en este caso no tiene nada que ver conmigo, sino con algo que me inocularon cuando no era capaz de discernir o filtrar. Acepté la necesidad de ir con prisa como una verdad absoluta sin cuestionarme absolutamente nada. Y sí, la prisa nace en mi infancia. Sale del miedo de que me riñan, del miedo por no ser perfecta, por no ser la más rápida. La más lista, la más buena, la que menos molesta. Si lo haces rápido te querrán. Este es el resumen, muy muy muy resumido del asunto. Te lo cuento para que te lo apliques y te preguntes cuántos de los ladrillos que hoy en día conforman el muro que hay entre la vida que tienes y la vida que quieres nacen del miedo a que no te quieran. Un miedo que quizás a los 7 años tenía sentido. Porque si no te quieren, no te cuidan. Y si no te cuidan, te mueres. A los 7, ahora no. Pero no nos hemos dado cuenta. Llegadas a este punto, tengo que recomendarte el libro “El drama del niño dotado” de Alice Miller. En él, la autora nos cuenta todo eso de lo que es capaz un niño para agradar, para ser amado. Debería ser de lectura obligatoria. Y cuarenta años más tarde, ahí sigue la prisa empujando y contándote cosas rarísimas que ya no tienen sentido. Llenándote de estrés, con todas las mierdas que ello conlleva. Para colmo de males, en nuestro mundo, parece que esa prisa, ese hacer muchas cosas rápido (ya no te cuento si encima están bien hechas) está muy premiado, muy aplaudido. Muy comentado. Porque pocas veces hablamos con emoción de una tarde de manta y sofá. No contamos si estamos de lo más tranquilas, sin picos de trabajo. Y con todo esto, aceptamos pulpo como animal de compañía y la prisa y el estrés como algo normal, cuando en realidad es algo patológico. Voy terminando porque ya me he pasado de los tres minutos y porque este texto pretende, simplemente, invitarte a reflexionar sobre nuestra necesidad de ir como pollo sin cabeza. De reflexionar en general sobre lo que sí nos sirve y sobre lo que nos molesta mucho. Abracémonos a lo primero y hagamos lo posible por desechar lo segundo. Ten un feliz sábado. P.D.: te dejo aquí una charla que impartí sobre la redefinición del éxito que, en mi opinión, tiene bastante que ver con el tema de estos tres minutos. Porque el éxito, nunca, jamás, NEVER puede construirse a base de malestar y autoempujones. Espero que te sirva. P.D2.: esta semana ha visto la luz mi primero podcast mexicano (espero que no el último). El gustazo de haber charlado con Valentina Luján, de @valentinamentefeliz ha sido muy fuerte. Hemos charlado sobre reinvención, sobre la importancia de inventar las ilusiones, sobre cómo tener una vida en la que te quieras quedar. Espero que os guste. Podéis escucharlo aquí.

3 cosas que puedes hacer en 5 minutos para sentirte más segura de ti misma (no son milagros, pero casi)

Cuántas veces me preguntáis cómo ganar confianza, queridas mías. Pues entrenando, como casi todo. En este caso no se nace, se hace. Ganamos confianza construyéndonos cada día de nuestra vida, con pequeños pasos que generan una Tú llena de claridad, una Tú que se agarra a un eje que ha generado a base de desafiarse y cuestionarse. Teniendo esto en cuenta, podemos intuir que una no se convierte en la Diosa de la Autoconfianza de la noche a la mañana, pero sí es verdad que hay gestos (demostrados científicamente) que en momentos de duda o canguelo nos ayudan a generar una buena ración de confianza. Nos regalan un subidón de lo más útil. 1. La importancia de la postura corporal Somos una, amiga, no somos compartimentos estancos y, así como nuestro coco influye en nuestro cuerpo (no te cuento nada nuevo porque ya sabes que cuando te estresas te duele la cabeza y te duele la barriga y te salen cosas feas en la piel), al revés pasa lo mismo: tu cuerpo influye en tu coco. La forma en que te sientas, caminas y te expresas físicamente envía señales a tu cerebro sobre cómo te sientes contigo misma. Por eso, cambiar lo que está pasando con tu cuerpo puede cambiar lo que está pasando por tu linda cabecita. Cómo hacerlo:
  • Siéntate o mantente en pie con la espalda recta (pechos fuera, como la Afrodita de Mazinger Z), los hombros hacia atrás.
  • Mantén la cabeza en alto, como si un hilo tirara de tu coronilla y otro de tu barbilla.
  • Si vas a hablar con alguien o vas entrar en una reunión, camina firme y decidida (cuál desfile de Victoria´s Secret). AQUÍ ESTOY YO, GENTE.
  • Mira a los ojos a las personas con las que hablas, no bajes la mirada, no la bajeeeees.
  • Sé consciente de cuál es tu expresión facial, intenta sonreís un poco aunque estés nerviosa. Sí, sorpresa, la cara forma parte del cuerpo y también influye.  
Por qué funciona: Está comprobado por la gente lista y científica que nuestra postura influye en nuestra química cerebral (¿por qué nadie nos contó esto en el colegio? Un misterio de tantos). Una postura abierta y erguida reduce el cortisol (la hormona del estrés) y aumenta la testosterona (la hormona de la confianza, por resumir). Cambias tu postura y tu expresión y eso tiene un impacto inmediato en cómo te percibes y cómo te perciben los demás. FLIPA.   2. Recuerda tres momentos en los que te sentiste a tope de poderosa Solemos enfocarnos en lo que nos falta y nos olvidamos todo lo que hemos conseguido. Así somos. Durante cinco minutos, recuerda tres momentos en los que te sentiste fuerte, capaz, valiente. Diosa perdida. Visualiza cada momento, pon tus cinco sentidos ahí. Revive las emociones, las sensaciones. Colócate, con todo lo que eres, en esa película de poder y confianza. Cómo hacerlo:
  • Cierra los ojos y piensa en tres momentos en los que te sentiste super segura. Pueden ser grandes logros o situaciones chiquitinas en las que te sentiste orgullosa (gestionaste bien una conversación incómoda, dijiste un no con toda la confianza, etc.)
  • Revive la sensación que tuviste en ese momento. ¿Cómo era tu postura? ¿Qué estabas pensando? ¿Qué emoción predominaba?
  • Si puedes, escríbelo todo en una libreta o en tu móvil para releerlo cuando necesites recordar que puedes ser una Diosa del Olimpo Vikingo cuando te lo propones.
Por qué funciona: Tu cerebro no distingue entre lo que imaginas y lo que realmente pasa en el presente. Cuando revives momentos de éxito, de confianza, de poderío activas las mismitas áreas del cerebro que en el momento original. Otra cosa que no nos habían contado, pero nunca es tarde si la dicha es buena, y lo es.   3. Di en voz alta tres afirmaciones de Diosa Poderosa Ya, te crea incomodidad, pero es lo que hay. Sientes que te estás mintiendo, pero también te mientes cuando te dices que no eres capaz, que eres un desastre, que vas a fallar una vez más. Ya que te mientes, hazlo para bien. Las palabras que usas para hablar de tu divina persona impactan directamente en tu seguridad. Si te repites todo el rato que no eres lo suficientemente buena o que no puedes hacer algo, tu coco se lo cree y te obliga a actuar en consonancia. Por eso, identificar y luego cambiar tu diálogo interno es imprescindible para que mejores la confianza en ti misma y pases a la acción Cómo hacerlo:
  • Ponte delante de un espejo o en un sitio tranquilo (lo que te sea más cómodo) y di en voz alta tres afirmaciones de poderío y confianza.
  • Por ejemplo:
    • «Soy capaz y confío en mí misma.» (que sí, que te sientes rarísima, aguanta la incomodidad, venga, dale)
    • «Tengo todo lo que necesito para gestionar esta situación.»
    • «Merezco que me escuchen y me valoren.»
    • «Soy importante.»
Repite cada afirmación con todo el convencimiento, como si fueras la actriz de la peli de tu vida. Como si te la creyeras, y ya llegará el que te la creas de verdad. Confía en el proceso. Por qué funciona: Repetir estas afirmaciones (en voz alta y si luego las escribes en tus páginas matutinas, la cosa es maravillosa) ayuda a reescribir tu diálogo interno y a cambiar la forma en que te percibes, querida mía. Con el tiempo, tu coco empezará a aceptar estos mensajes como si fueran verdad, la incomodidad irá desapareciendo y eso, inevitablemente, refuerza tu confianza. Me encantaría que me dejaras en comentarios cuál de estas tres herramientas vas a probar hoy. Y mañana. Y pasado. P.D.: te dejo aquí un audio de solo 30 minutos cuando necesito tomar decisiones y ando un poco a la deriva, cuando quiero retomar las riendas de mi vida. Te hablo en él de dos obstáculos que nos impiden pasar a la acción. Espero que te sirva.