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4 charlas que deberían ser obligatorias para todos

Hola, mi querida suscriptora. Cuántas veces he hablado de lo necesario que es buscar la inspiración, consumir contenidos que nos expandan, que nos nutran y que nos contagien ganas de ser mejores. Muchas veces, ante el bombardeo de información y de plataformas, no sabemos dónde acudir, no tenemos demasiado tiempo y queremos emplearlo de la mejor manera posible, normal. Así que me he tomado la libertad de elegir para ti, para algo tiene que servir que parte importante de mi trabajo sea precisamente eso, encontrar a personas que nos den información útil, que nos enseñen a vivir. La criba no ha sido fácil, y probablemente en unas semanas, compartiré otras charlas que me parezcan también imprescindibles. De momento, allá voy: 1. Esta charla de Jerry Garbulsky para BBVA Aprendemos Juntos: te la dejo en versión podcast, porque es larga, más de una hora, y así incrementamos las probabilidades de escucharla. Si ya lo has hecho, te comento que yo la reescucho cada cierto tiempo, porque me conecta con todo lo importante. Y es que todo lo importante tiene que ver con uno de los temas de los que habla, el de ensanchar la vida. Probablemente he puesto esta charla en primer lugar por mis ansias, no solo de ensanchar la que tengo, sino de vivir muchas más. Yo me desdoblaría para experimentar tantas cosas en tantos sitios… 2. No sabemos qué querremos en el futuro y tener eso claro nos puede ayudar TANTO a decidir cómo queremos vivir… De eso habla  Shankar Vendantam en una charla TED que os dejo aquí, también en versión podcast. Si no habláis inglés, la tenéis en Youtube con subtítulos. Porque si miramos hacia atrás, nos daremos cuenta de que hace veinte años éramos otras personas con otros intereses, pero, extrañamente, creemos que dentro de otros veinte, querremos lo mismo de ahora. Y, claro, llega el 2044 y nos pegamos unos chascos tremendos. 3. Elizabeth Gilbert, la autora de “Come, reza, ama” estructura sus charlas como una novela. Me fascina escucharla. En esta charla TED habla de la inspiración, del miedo a decepcionar, de la necesidad de escribir que, al final, no es más que la necesidad de crear que todos, en el fondo tenemos. 4. La charla entre Viola Davis y Oprah en Netflix es una brutalidad, amiga. UNA BRUTALIDAD. Un despliegue de resiliencia, inteligencia, valentía y un montón de cosas más que convierten este rato en algo que yo creo que todas deberíamos escuchar para relativizar y darnos una autopatada en el culete. Vas a aplaudir y, probablemente, vas a llorar. Coge pañuelos. Y hasta aquí mis recomendaciones de hoy. Por favor, comparte charlas o contenidos o libros que te hayan inspirado y que hayan supuesto un click o un boom para ti. Un abrazo y feliz sábado, Sol P.D.: esta semana, en mis redes, he hablado de cómo lo bien o lo mal que te va en la vida no tiene nada que ver ni con las notas que sacas ni con lo que estudias. Es mucho más importante saber gestionar tus habilidades y tus emociones. Ha salido, como no, el tema de este sistema educativo que sigue aplastando los talentos y la autoestima de tantos chavales. Ante la avalancha de mensajes en los que me contáis cómo os afecta este tema como madres y como personas que, en un momento dado, se metieron en cajas que no les correspondían, he creado una charla llamada “El éxito no se mide por las notas o por lo que estudias: descubre cómo redefinirlo”. En esta charla, compartiré mis reflexiones como coach, madre y persona en constante evolución y reinvención. Exploraremos qué componentes hacen posible una vida exitosa, definiremos nuestro propio concepto de éxito, hablaremos de la importancia de detectar y potenciar tus talentos y los de tus hijos, y por qué la autogestión emocional es clave en este camino. También hablaremos de cómo el mundo laboral está cambiando y cómo es necesario ampliar nuestra perspectiva para observar todas las opciones que existen.
  • Cuando: jueves 5 de diciembre
  • Hora: 18:00 (España)
  • Donde: Zoom
  • Si no puedes asistir en directo, recibirás la grabación
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Carta de mi Yo de 99

Hace unos días, en una sesión de mi formación de planificación, les propuse un ejercicio a mis queridas alumnas, que su Yo de 99 les escribiera una carta dándoles las gracias por todo aquello en lo que se habían enfocado y que les había regalado una vida de lo más gustosa. Les encantó, así que he creído que os podría servir también a todas las que andáis por aquí, porque no hay mayor perspectiva que la que nos da nuestra propia historia. Para animaros a que escribáis, os dejo aquí lo que espero me cuente mi Yo del 2072.
  Querida Sol, Aquí me tienes, a mis 99, la mar de a gusto, la mar de activa, pasándomelo la mar de bien. Quería escribirte para agradecerte que cuidaras tan bien a nuestros amigos, porque por aquí los tengo, haciéndome la vida tremendamente divertida. Sigo con las pesas y sigo con las caminatas, claro. Porque si me han servido hasta ahora, no voy a dejarlas. Gilipollas no somos. Viejas tampoco. Que lleve 99 años sobre el planeta no me define. Me define lo que soy y lo que quiero ser. Sigo currándomelo para aplaudirme y celebrarme cada día de nuestra vida. Todavía comparto herramientas que ayudan a la gente a vivir mejor. Hija, bendita la hora en la que le echaste ovarios y empezaste con nuestros rollos de autoconocimiento y desarrollo personal. Bueno, no sabes la de avances que ha habido durante estos años en el campo de la neurociencia. Los científicos han confirmado tantísimas cosas que ya intuíamos. Ahora, gracias a eso, es más fácil que me hagan caso y manden a tomar por el jander todo lo que las estresa (sí, chata, sigo currando, sobre todo, con mujeres, sigue haciendo falta) y les jode la vida. Hablando de estrés, yo es que ni lo huelo. Si a ti te importaba poco el qué dirán, te puedes imaginar a mí. Cada vez me parezco más a nuestro padre, en el jeto y en el pasotismo. Yo a lo mío. Cuando me encuentre con Sinatra, fijo que me canta “My way”, qué risa. Siempre dijiste que no sabías cuánto te quedaba de vida sobre el planeta, pero es que ahora la cosa ya acecha. Sigo imaginando el momento final como una tía con un vestido vaporoso que emerge de las aguas y me pregunta en un acantilado qué narices he hecho con ella. Ahora ya no hay duda, puedo responderle sin mentir ni un ápice que nos la hemos zampado una y otra vez. Que la hemos relamido. Que nos hemos rebozado en ella. Hemos viajado, hemos aprendido, nos hemos reído tantas veces hasta hacernos pis… Hemos ido a cientos de conciertos y hemos conocido a personas absolutamente increíbles. Hemos leído miles de libros y escrito unos cuantos. Qué fuerte me sigue pareciendo. Hemos cumplido un montón de sueños (Gracias por soñar TAN grande) y, ojo, que todavía queda alguno, porque qué es esta existencia sin ilusión. Pues una mierda. Hemos abrazado a la vida y, probablemente, por eso ella nos sigue abrazando a nosotras. Gracias por tatuarnos el PARA QUÉ de todo lo que hemos pensado, hecho y sentido. Por entrenarnos para ser una flecha al centro de nuestra diana particular. Por tomar decisiones, no desde el miedo, sino desde la voluntad, desde el entusiasmo. Por apartar de un manotazo todo lo que se interpusiera entre nosotras y la felicidad. Por esas decisiones tan dolorosas y tan necesarias. Tú te las comiste y yo llevo años disfrutando de sus consecuencias. Menos mal que tenías claro aquello que te dijo tu amigo Igor “La vida solo va en una dirección”. Gracias por nunca pensar que era demasiado tarde. Yo no lo pienso todavía. Sigo aquí, eso significa que aún puedo, que aún debo. Por mí y por todos los que se quedaron en el camino. Ellos y nuestro miedo a no aprovechar el privilegio que es estar vivas han sido nuestro mayor motor. Lo siguen siendo. Gracias por no tenerle miedo al esfuerzo y por diferenciarlo del sufrimiento, la de cosas que nos habríamos perdido de no ser así. Te dejo ya, querida, que tengo muchas cosas que agradecer, pero no veas las que me quedan por hacer. Un abrazo grande, Sol 23 de noviembre de 2072 P.D.: porfa, si quieres compartir parte de este texto en Instagram (gracias), pon también el enlace, así le facilitas la vida a quien quiere leerlo y a mí también.

4 series, 3 pelis y 3 libros

Hola, querida: En la variedad está el gusto y me apetecía a mí un texto que, por un lado es ligero (también nos gusta lo ligero) y, por otro, responde a una petición que me hacéis a menudo: recomendaciones de contenidos varios. De libros, de series, de cosas. Llega el frío y estamos más en casa, normal. Algunas de las recomendaciones que os voy a dejar aquí quizás las habéis visto en otros de mis formatos, pero siempre va bien tenerlas todas juntitas para ir consultando. Pues allá vamos: Empecemos por las series: Si no la has visto ya, que me extrañaría, “Nadie quiere esto” de Netflix es obligatoria si te va la comedia medio romántica, medio de cachondeo. Diálogos ágiles y graciosos. Un rabino del que me he enamorado (yo y medio planeta), un beso que ya se ha hecho famoso. Es perfecta para una tarde de sofá, te la zampas de una sentada. Ya tienes las dos temporadas de “La diplomática” en Netflix. Buenísima es poco. Todos los actores están de Oscar, que ya sé que no es para las series, pero me da igual. Deja de leerme y vete a verla si no lo has hecho ya. Ahora me voy a lo que no es tan nuevo y tengo que recomendarte, si te va ese rollo, “Sherlock”, en HBO, con Benedict Cumberbatch. Me da igual lo que haga este señor, me gusta todo. A mis hijos les flipa también, para que sepas. Que no es tan fácil conjuntar gustos con los chavales. Y siguiendo con el tema detectives, pero un poco más crudo, tenemos “True Detective”, la última temporada, con Jodie Foster, me ha flipado. También en HBO. Ahora las pelis: ·      “El juez”, con Robert Duvall y Robert Downey Jr. me parece algo colosal. La puedes alquilar por 3,99 en Apple TV. Downey es un abogado famoso y tiene que volver a su pueblo para defender a su padre que es sospechoso de asesinato. ·      “Un funeral de muerte”, la versión inglesa, me parto. Pero me parto de lagrimón de la risa. De que se me escapa el pis. La tienes en Movistar+ ·      ”El padre”, con mi adorado Anthony Hopkins, muy dura y muy maravillosa. No quiero hacer spoiler. La tienes en HBO. Escoger solo tres libros es dificilísimo, pero allá vamos: “El elemento” de Ken Robinson: un básico que nos deberían entregar en el colegio, porque conocer nuestros talentos es imprescindible para que nos pase lo que queremos que nos pase. “Middlesex”, de Jeffrey Eugenides. Premio Pulitzer en 2003. Nos cuenta, a través de su protagonista, el efecto de la mutación de un gen durante tres generaciones de una familia griega. Igual flipas con la trama que te acabo de describir. Es un libro extraordinario. “El peligro de estar cuerda” de Rosa Montero. Creatividad e inestabilidad mental, cuántas veces las relacionamos o las sentimos. Creo que es un libro necesario para cualquiera que a veces no entienda lo que pasa en su cabeza. Me encantaría, querida suscriptora, que dejaras en comentarios tus sugerencias, así nos nutrimos las unas a las otras. Espero que disfrutes con estas recomendaciones. Feliz sábado Te dejo aquí un episodio de podcast, que también es contenido. Uno que siempre es necesario, porque la calma siempre es necesaria y en él te comparto 13 estrategias para alcanzarla y mantenerla. Puedes escucharlo aquí.

Claves que me hacen sentirme la ganadora en mi propia vida

Hola, suscriptora de mis amores, hoy me he despertado con este título en la cabeza, y no suele pasar, a veces paso más de una hora dándole vueltas al tema de estos #TresMinutos. Pero hoy me he visualizado yo en un pódium, ideal, con la medalla de oro colgada del cuello, contándome que voy ganando. Felicitándome a lo loco. Qué poco nos felicitamos, cambiemos esto, chavalas. Y, claro, para felicitarnos es importante saber qué es lo que nos hace sentirnos ganadoras. Ganar no comparándonos, no compitiendo. Nooo, esa es una concepción antigua y como muy machuna. Ganar es estar más a gusto que la hostia en tu propia vida, y ya. Y ganar es, también, tratarnos con amabilidad cuando la vida nos pega un revolcón, porque eso pasa, inevitablemente. Pero a lo que iba, me ha apetecido hacer un listado de todo eso que me sirve para ganar mi oro particular, para subirme a mi pódium particular. Para aplaudirme, celebrarme, abrazarme mucho. Para sentirme ganadora, poderosa, Diosa del Olimpo Vikingo. Empecemos en el orden correcto, porque cuantas veces os he comentado que a veces es más importante soltar lastre que perseguir. Nos quitamos peso de encima y salimos volando cual globo aerostático. Eliminemos todo lo que nos hace perder, o sea: la pereza, el sedentarismo, hacerle caso al miedo, estar más pendiente de lo que dicen los demás que de lo que yo sé. Enroscarme en bucles mentales sin sentido porque no me llevan a ninguna parte, solo a agotarme. Lo que me hace ganar es: escuchar a mi intuición, descansar, rodearme de belleza, decir que no a lo que quiero decir que no, soñar en grande. Hablarme como le hablaría a la persona que me cae mejor en el planeta, poner límites. Hacerme cargo, solamente, de aquello sobre lo que tengo poder. Recordarme que no soy eterna y que el día de hoy no se va a repetir, así que más me vale relamerlo. Posponer, solo, si no queda más remedio, es que no sé cuánto rato me queda por aquí. Recordarme que allá donde va mi atención voy yo, así que más me vale colocarlo en todo lo que sí quiero, sí puedo, sí tengo. En mi sueños, que son enormes y bonitos. En mí, que cuando me lo propongo puedo ser enorme y bonita. Y tú, ojito. Escribir cómo me siento, qué necesito, cuáles son mis objetivos, escribir la vida porque sé que se diluye a mi paso. Serme fiel SIEMPRE. Inventarme mis ilusiones, porque ya sé que no caen del cielo. Pensar mucho, en positivo, buscando soluciones y no problemas, sobre todo lo que quiero. Lo que quiero sentir, no lo que quiero tener. Buscar la inspiración todos los días de mi vida. Elevar el dron para ver el panorama completo y poder elegir desde la libertad real. Responder a las impertinencias con un silencio interminable. Interiorizar que no puedo hacer nada por predecir mi futuro, pero puedo hacer mucho por inventarlo. Meditar cada día, porque yo quiero ser la dueña de mi mente que para eso es mía y no a la inversa. Vivir con intención, porque la deriva es una mierda. Darme todos los masajes que puedo. Charlar con mis amigos todo lo que puedo. Contarme que me merezo el cielo. Escuchar a mi cuerpo, que no me miente como mi coco. Tener clara la diferencia entre esfuerzo y sufrimiento, abrazar el primero y desechar el segundo. Repetirme que la disciplina me regala mi libertad. Menear mi cuerpo, aunque no tenga ganas, porque tengo un objetivo: ser funcional hasta que la palme. Empezar aunque sienta que no estoy preparada, porque nunca voy a sentir que estoy preparada para nada nuevo. Y lo nuevo me gusta, porque lo nuevo me expande. Hasta aquí mi listado (el de hoy, ya seguiremos) Me encantaría que me dejaras en comentarios todo eso que te hace sentirte ganadora, porque compartir es de guapas, porque las unas nos inspiramos a las otras. Te dejo aquí un episodio de mi podcast en el que comparto contigo 6 estrategias contra la parálisis por análisis. Porque desde el estancamiento no nos sentimos ni ganadoras ni nada bueno. Espero que te sirva. Feliz sábado, Sol

La actividad como antídoto contra el estrés

Ni estrés es sinónimo de actividad, ni tranquilidad e inmovilidad son lo mismo. Es más, estas palabras suelen ser antónimos. Me explico con un ejemplo real como la vida misma. Hace unos meses me reencontré con un amigo de la infancia. Estaba deprimido, ansioso, estresado. Hecho una mierda, resumiendo. Una lesión le impedía hacer deporte, con lo que a él le mola hacer deporte, y también currar. Su curro no le gusta nada, pero menos le gusta estar en su casa sin hacer el huevo. Volví a hablar con él hace un par de semanas, ha cambiado de ciudad y está ayudando a su tío en el negocio familiar. Le escuché cambiadísimo, con su tono de voz habitual, con su cachondeo de toda la vida. Le conté que sonaba la mar de divino y él me contestó que estaba muy contento. Estresado pero contento. Te equivocas, chaval, el estrés no es esto. O al menos el estrés al que nos referimos habitualmente, que es el negativo, el crónico, el que nos enferma y nos jode la vida. El que equiparábamos con estar ocupados. Y conocer esta diferencia es algo vital, porque saber lo que nos sienta bien y lo que nos sienta mal es fundamental para que nos pase lo que queremos que nos pase. Vamos a desmenuzar este asunto, amiguis. ¿Qué es realmente el estrés? El estrés es una reacción física y emocional ante demandas externas o internas que percibimos como amenazas. Nuestro cerebro, nuestro cuerpo se preparan para esa amenaza descargando adrenalina y cortisol como si no hubiera un mañana. Esas sustancias, por llamarlas de alguna manera, paseándose por nuestro organismo durante mucho tiempo, nos fastidian el sistema inmune y la existencia. Ese estrés negativo, que también se llama “distress”, es el que nos ataca, entre otras razones, cuando nuestras actividades no están alineadas con nuestros valores, cuando sentimos que no tenemos control, o cuando estamos agotadas física y mentalmente. Y esto, por raro que pueda parecer, también pasa cuando no hacemos nada: como en el caso de mi amigo, un tiempo de parón forzado lo llevó a la ansiedad y a la frustración por no poder realizar actividades que le dieran sentido a sus días. ¿Te suena? A mí mogollón. Volvamos a mi amigo, que nos está yendo muy bien el ejemplo: cuando se puso en marcha, en un entorno laboral que le mola, en una ciudad con más vida que la suya lo que pasa es que su curro no le causa tensión, y ahí está la clave. De hecho, lo que inunda su cuerpo serrano ahora mismo es el estrés positivo, también llamado “eustrés”. Este tipo de estrés se da cuando afrontamos, no problemas, sino retos que disfrutamos y que tienen sentido para nosotras. Tenemos energía, nos sentimos motivadas, nos da un gustirrinín tremendo ir tachando tareas que ya hemos acabado. No hay amenaza como en el estrés negativo. La actividad se convierte en un aliado para nuestra salud mental cuando se alinea con lo que somos, con lo que queremos, cuando nos sentimos útiles. Cuando lo que hacemos nos satisface podemos estar ocupadas sin estar estresadas en negativo. Cuántas veces os he contado que yo vivía enferma antes de reinventarme, no porque le echara más horas que ahora, sino porque vivía en la amenaza constante. Qué diferente es acabar el día tan cansada como satisfecha. Qué importante es detectar cuando lo que hacemos, aunque hagamos nada, nos llena o nos vacía. Lo mismo pasa cuando estamos en una relación que no funciona, o en cualquier situación que se sostiene en el tiempo y nos martiriza y nos drena. Y dirás, vale tía, pues ahora sé que estoy estresada en negativo, y ya sé que no es por hacer demasiado, pero estoy metida en un bucle y no sé por dónde salir de aquí. ¿Qué narices hago? Pues allá van dos sugerencias, querida:
1.     Crea unas minirutinas: como andas regulera de motivación, establece rutinas chiquitinas que te van a ayudar a recuperar la sensación de control: medita durante tres minutos, estira durante tres minutos, escribe en tus páginas matutinas durante tres minutos, camina durante quince minutos. 2.     Júntate con humanos que molen: se me ha olvidado contarte que mi amigo, en ese tiempo de estrés del malo, no quedaba con nadie, no hablaba con amigos. Eso es veneno, querida, veneno asqueroso. El aislamiento y la soledad nos matan, mientras que las relaciones sociales sanas y nutritivas nos el factor determinante a la hora de ser felices y estar sanas, porque disminuyen nuestro estrés de manera drástica. Así que habla y queda con amigos, apúntate a actividades como clubs de lectura, o clases de pintura, o senderismo. Lo que sea. Sal de tu burbuja de adrenalina y cortisol.
Dos rutinas nada más, que ya me he ido a los cuatro minutos y más vale empezar lento pero seguro. Te dejo aquí un episodio de podcast que grabé con mi querido Ángel López sobre 5 estrategias super prácticas que puedes usar de inmediato cuando sientas que llega el pico de estrés. Espero que te sirva. Feliz sábado, Sol

Tres rituales que me regalan perspectiva

Creo firmemente que tener perspectiva es uno de los secretos para diseñar una vida en la que nos queramos quedar. Qué necesario es elevar el dron para contemplar el cuadro completo. El cuadro es el mundo, el cuadro es nuestra historia y el cuadro somos nosotras en toda nuestra extensión. Hay una figura que empleamos mucho en Programación Neuro Lingüística: la diferencia entre el territorio y nuestro mapa. El territorio es la realidad objetiva, lo que hay. El mapa es nuestra visión de ese territorio, que no tiene nada que ver con la realidad, que es todo percepción y subjetividad. No vamos las cosas como son, sino como somos. ¿Te ha pasado que una amiga vaya de viaje al mismo sitio que tú y te cuente una historia totalmente diferente de la que tú has vivido? El territorio era el mismo, pero el mapa nada que ver. El objetivo es que nuestro mapa se parezca lo máximo al territorio, porque eso significa que vemos mucho, con lo cual podemos generar muchas opciones. Me refiero a lo que nos rodea y también a todo eso de lo que estamos hechas. Cuántas veces ignoramos nuestros talentos, nuestras habilidades, nuestras miles de opciones. Y como no nos han enseñado a ensanchar nuestra visión de lo que hay y de lo que somos, habrá que generar estrategias para conseguirlo. Voy a compartirte tres que a mí me ayudan a abrir las ventanas de la vida, porque solo así podré aprovecharla como es debido. Mi primera estrategia, que también es gustazo y es belleza (lo que me gusta matar varios pájaros de un tiro) es algo tan sencillo y tan barato como observar el amanecer y/o el atardecer. El escaso tiempo que pasa entre el uno y el otro me recuerda que el tiempo pasa rápido, que no soy eterna, que soy parte de algo mucho más grande que yo, que es mi deber y mi responsabilidad aprovechar el ratito que paso por aquí lo mejor posible. Lo mejor es como más me guste a mí, porque al fin y al cabo, la vida es mía. De nadie más. Mi segundo ritual para afinar las antenas que van hacia afuera y hacia dentro es escribir cada mañana. Qué os voy a contar si hasta creé una formación compartiendo todo eso que escribo y que me sirve para aprenderme y construirme (te dejo aquí el acceso a la lista de espera para la próxima edición). Antes de que el día se ponga en marcha, tomo unos minutos para dibujar con palabras palabras cómo me siento, qué necesito, qué ha pasado y qué me remueve, para bien y para mal. Porque tengo que darme cuenta para poder hacerme cargo. Releer, pasado un tiempo, lo que he escrito me ayuda a tomar conciencia de si evoluciono o si ando estancada, a observar los patrones que me impulsan y también los que me aplastan, a ponerle nombre a mis emociones y a crear inventarios de mis logros. Y a celebrarlos. Y a celebrarme. La perspectiva me permite aumentar mi claridad y mejorar mi foco. Por último, algo que puede parecer tan chorras como mirar fotos de los últimos años me cuenta muchas cosas. Sobre todo, buenas. Porque nadie hace fotos de sus llantos y sus desgracias. Las fotos me permiten enfocarme en todo lo positivo: en lo bien que me lo he pasado con mis amigas, en lo bonitos que eran mis hijos de chiquitines, en los paisajes tan memorables que he tenido la suerte de contemplar, en los viajes que me han llenado el alma. Las fotos no son más que imágenes de lo que nos fascinó en un momento dado. Cuánto nos ayudan, si les prestamos atención, a detectar lo que es realmente importante para nosotras, a perseguir todo eso que nos gusta. Recordemos que nuestro objetivo es acabar el día pensando y diciendo “Joder, ¡qué bien!” Estos tres rituales constituyen parte de mi brújula. Me recuerdan que la vida avanza en una sola dirección, que no puedo hacer mucho por prever el futuro, pero sí puedo incrementar las probabilidades de que me pase lo que quiero que me pase. Espero que te sirvan, querida mía. Feliz sábado, Sol