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Top Gun: o lo que nos puede enseñar nuestro personaje favorito

Hola, querida mía: Te escribo en martes, porque te quiero hablar de todo lo que he descubierto en una entrevista que me hicieron hace unos días. Cuando una cree que ya sabe mucho sobre todo eso de lo que está hecha, zasca, aparece la iluminación. Y es que todo eso que nos gusta, que nos causa curiosidad, nos da muchas pisas sobre lo que llevamos por dentro. No te cuento nada nuevo si te digo que me fascina “Top Gun”, la primera y, sobre todo, la segunda. Y de eso hablo en el podcast “Locura compartida”, un espacio sumamente interesante en el que la presentadora, Noemí Oliva, psicóloga y persona fascinante, analiza junto a sus invitados, sus personajes favoritos de película. Ay, amiga, más que conocer al personaje, me he conocido a mí. Y lo que es más importante, espero que al escucharlo detectes mucho de lo que te mueve y te ilusiona. Puedes escucharnos aquí, espero que te guste y te sirva. Sol

La importancia de no tener las respuestas

Ayer tuve una conversación sumamente interesante con una chica que había viajado a Bután, el país con la gente más feliz del mundo según varios estudios. Me contó sobre lo diferente y peculiar que era todo en ese país donde la televisión no llegó hasta 1999, donde pagas 150 dólares al día para compensar la contaminación que provocas. Un país lleno de gente amable, agradecida, calmada. Cada mañana pasean por el bosque en una especie de meditación, sin prisas. El sentimiento de comunidad es enorme, hay vínculos sumamente profundos. Su rey es una persona cercana y sencilla a la que adoran. A priori, estas personas cumplen con todos los requisitos para ser felices a más no poder: relaciones de calidad, cero estrés, trascendencia… La chica me contaba, entre sorprendida y curiosa, que cuando le preguntaban si en Bután eran pobres no sabía qué responder. Obviamente, no disfrutan de muchas de las cosas que para nosotros son necesarias (o eso creemos). Pero tienen comida, un techo, personas que se cuidan las unas a las otras. Pero muchos de esos habitantes no tienen dientes porque la higiene bucal se conoce desde hace poco. Y los jóvenes se van a estudiar fuera y la mayoría no quieren volver. Curioso que no quieras quedarte en el país más feliz del planeta. Cuántas preguntas sin respuesta. Qué maravilla, porque eso nos regala un espacio enorme para reflexionar, para apartarnos del reduccionismo. Y reflexionar sobre la felicidad del otro es, inevitablemente, hacerlo sobre la propia y sobre lo que realmente es la felicidad. Si existe un concepto que abarque todas las felicidades del planeta. Esa respuesta la tengo clara: no. Y también tengo una opinión clara sobre algo. Repito, es opinión. La felicidad no lo es tanto cuando no conoces todas tus opciones, cuando no has visto bastante y te has quedado con lo que más te encaja. No conocer y escoger entre esto y esto mismo, para mí, no es felicidad. Volvamos a Bután por un momento: la felicidad en este pequeño reino se mide oficialmente por el «Felicidad Interna Bruta», un índice que prioriza el bienestar espiritual y emocional sobre los logros económicos o materiales. Hasta ahí vamos bien. Cuántas veces habré escrito que la pregunta correcta no es ¿Qué quiero tener?, sino “¿Qué quiero sentir?”. Y ojo, que lo material nos puede hacer sentir cosas chulas, como libertad, diversión, tranquilidad. Unos dineritos en el banco nos hacen caminar con cierta calma por la vida, emprender proyectos, conciliar el sueño, sentirnos orgullosas por lo conseguido. Lo fascinante de este dilema sobre la felicidad es que nos enfrenta a nuestra propia incertidumbre. Cuántas veces buscamos respuestas para sentir que tenemos control y seguridad, pero la vida no siempre nos ofrece esa claridad. Y lo que es más importante, a veces, vivir en la incertidumbre nos permite reconocer que no existen respuestas absolutas, porque son subjetivas. Lo importante es tener TU PROPIA RESPUESTA ante preguntas como: ¿Qué es el éxito? ¿Cómo se alcanza la felicidad? ¿Qué significa vivir bien? Qué liberador es saber que no hay una sola respuesta. Cómo nos fastidia y nos cuesta tener que fabricar la nuestra, pero es que es la única manera de agarrar las riendas de nuestra existencia. Qué importante es observar para tener información y luego pasarla por nuestro filtro. La felicidad para algunos puede no significar tener bienes materiales, sino tener tiempo para meditar o disfrutar de la naturaleza. Y el hecho de que no entendamos completamente su visión del mundo no le resta valor a su realidad. Otra cosa es que pretendamos meternos en ese patrón cuando no es el que nos hace felices a nosotros. Al final, lo que importa no es tanto si las personas de Bután son felices o pobres según nuestras nociones preconcebidas, sino todo lo que podemos aprender de su manera de vida para cuestionarnos nuestras propias ideas. No tener todas las respuestas es un recordatorio de que el mundo es enorme, complejo y lleno de matices. Y quizás, en esa incertidumbre, en esa falta de respuestas definitivas, podemos encontrar una forma más auténtica de estar presentes, de ser honestas cono nosotras mismas y de entender tanto nuestra vida como la de los demás. Feliz sábado P.D.: hablando de felicidad, si sientes que necesitas retomar las riendas de tu vida, te dejo aquí el enlace a un audio de 30 minutos donde comparto contigo dos ejercicios sumamente prácticos para que agarres el poder sobre lo que te pasa.

Cosas que olvidaría para siempre

Ya es raro que yo escriba un texto el día de antes de su publicación, pero aquí estoy, sobrevolando el Atlántico y escribiendo algo que estás leyendo en estos momentos. Los vuelos me inspiran, supongo que será por la distancia de todo, por el aislamiento. Qué buena es la perspectiva, practiquémosla. Volando voy, volando vengo he decidido que hoy no hablaré de todo eso que me entusiasma, que es lo que hago normalmente, sino de todo eso que olvidaría de buen gusto. Lo olvidaría porque no me sirvió de nada y, si aprendí algo de esa situación fue a un precio demasiado alto. Es positivo saber qué quieres olvidar, porque significa que no quieres repetirlo, que si se plantea un escenario parecido has de salir pitando en la dirección opuesta. Olvidaría de buena gana las relaciones en las que me perdí, que coinciden, claro, con las épocas más oscuras de mi vida. De hecho, casi las he olvidado, pero queda el miedo. Y el miedo a repetir esas dinámicas de mierda ha sido mi mejor motor para aprender a elegir bien. A elegirme siempre. Olvidaría mi año en Puerto Rico, ese año perdido en el que lo único que aprendí es que no debo quedarme ni un minuto de más en cualquier sitio donde no sea feliz. Vale, buen aprendizaje, pero coño, tampoco hacían falta 12 meses para darse cuenta… Olvidaría las decepciones muy dolorosas, las verdades que no necesitaba saber porque no me han servido para nada más que para sufrir. Porque no tienen solución. Ojito, que hay algunas decepciones que mejor no olvidar porque sí impidan que tropieces con la misma piedra. Por ejemplo, con la piedra editorial tradicional que se queda con toda tu pasta sin hacer el huevo. Decepción horrible porque estaba relacionada con mi ilusión más grande, que era escribir un libro, y decepción fructífera, porque desde que autoedito soy feliz como una perdiz. Yo me lo guiso, yo me lo cobro. Las veces en las que he ignorado a mi intuición no quiero olvidarlas, porque sí me han enseñado a agarrarme fuerte a lo que me cuentan mis tripas. No quiero olvidar las veces en las que no he creído en mí, para no repetirlas. Yo palante como los de Alicante. No olvidaré nunca las segundas oportunidades erróneas, que son las que das cuando no ha cambiado nada. En la pareja, en el curro. En todo. Si no cambia algo que sea fundamental para mí, ni segundas oportunidades, ni hostias. No mola nada darte cabezazos contra el mismo muro una y otra vez. Cambiemos de muro, porfa. No olvidaré jamás los ataques de ansiedad. También es verdad que, gracias a dios, no soy capaz de recordarlos en toda su extensión. Para eso tendría que sentirlos otra vez. Y, mira, no. Tenerlos presentes me ayuda a valorar y celebrar todos los momentos en los que estar viva no significa que me duela el alma. Qué maravilla. Me ha gustado hacer el ejercicio de elegir lo que quiero borrar de mi mente y de mi vida. Me he conocido un poco más. Me ha servido para validar mis decisiones, porque hace mucho de todo eso que olvidaría. Porque ahora solo rezo por acordarme de lo que vivo y repetirlo muchas veces. Será la madurez, yo qué sé. P.D.: en el último episodio de mi podcast hablo de gestionar la maldita autoexigencia. De cómo conseguir avanzar sin que eso suponga flagelarnos. Te lo dejo aquí.

Lo que no se ve, pero se nota

Cuántas cosas hay que no se ven, pero se notan, y de qué manera. Confieso que esta reflexión y este texto parten de mi admiración/curiosidad por Tom Cruise. No me escondo: me fascina este señor. No sé si está como una cabra o es un genio. O las dos cosas. Me fascina la gente a la que no entiendo, pero para bien. Es decir, me gusta la gente que hace cosas fuera de lo normal y que impacta en positivo. El caso es que el otro día estaba viendo una de sus entrevistas y contaba qué no usaba dobles, entre otras cosas, porque entonces limitaba los planos (claro, no se le puede ver el jeto al especialista) y eso le restaba credibilidad y conexión con el espectador. Así que allá va él y se tira en moto por acantilados no sé cuantas veces en un día, se cuelga de rascacielos… Lo normal. Y pensé que tenía toda la razón, que las doscientas misiones imposibles que se ha marcado no serían tan impresionantes si en lugar de Tom saltara Paco. Y pensé que eso es aplicable a tantísimas cosas en la vida que no distinguimos con la vista, pero no por ello son menos notables Hay mil aspectos de la vida que no son visibles, pero que influyen mucho en cómo nos perciben los demás y en cómo nos sentimos nosotras. La energía con la que llegas a un encuentro, tu actitud, tus pensamientos y, sobre todo, la coherencia entre lo que dices y lo que haces. O sea, la verdad sobre quién eres. Piensa, por ejemplo, en cualquier conversación. A veces, lo que se dice es solo una parte ínfima de la comunicación. La comunicación no verbal, el tono de la voz, las pausas entre palabras y frases. Todo lo que no se dice que, a veces es mucho más importante que lo que sí se dice. Dicen los estudios de la gente lista que solo el 7% de la comunicación está en las palabras, mientras que el 38% está en el tono de voz y el 55% en el lenguaje corporal. Y no lo vemos, pero lo sabemos, lo notamos porque afecta a nuestra percepción sobre esa persona y esa situación. Cuántas veces he salido de una charla pensando “Algo aquí no encaja” “No acabo de creerme a esta persona”. O, todo lo contrario, conocer a alguien y sentir que todo lo que ves es todo lo que hay. Porque no podemos ver la atención que nos prestan, lo bien que nos escuchan, pero lo sentimos. O hay conexión o no la hay. Y lo mismo pasa con asuntos del curro. Muchas veces, las oportunidades no dependen solo de nuestras habilidades o de nuestra experiencia, sino también de ese mogollón de intangibles que proyectamos todo el rato: nuestra disposición, nuestra actitud, nuestra capacidad de adaptación. Ya que tenemos claro que lo que se nota es tan o más importante que lo que se ve, creo que sería un detalle usar ese conocimiento a nuestro favor. Se me antoja como otro argumento más (y van unos 100.000) para cultivar el pensamiento positivo que, inevitablemente, desembocará en una actitud positiva que puede transformar totalmente mi interacción con otros humanos. Hablábamos también de la coherencia, y aquí tengo que decir que, por supuesto, favorece nuestra imagen en cualquier contexto pero, sobre todo, mejora nuestra relación con nosotras mismas. Porque pensar una cosa, decir otra y hacer otra nos deja un sabor rarísimo a no integridad, a no confianza en mí misma. A me chirrío toda yo. Se nota también, querida mía, la atención que nos prestamos. Y no hablo solo de la apariencia física, que también. Es que se nota un huevo cuando te dedicas tiempo y cariñito. Porque se nota cuando estás bien contigo misma y también cuando no. Se nota también cuando eres tú la que gestionas tus emociones y no son ellas las que te llevan por donde quieren. Gestionadita interaccionas mejor porque no estás metida en tu bucle mental, sino que eres capaz de ver a quien tienes enfrente. Hasta aquí todo eso que no se ve, pero se nota. Hay muchas cosas más, si me las quieres dejar en comentarios, todas felices. P.D.: unas cuantas me habéis preguntado quién gestiona los estudios de mis hijos en USA. Normal, no es fácil encontrar a quién confiarle lo que más nos importa. El mayor empieza la universidad el año que viene allí y el proceso es un sarao importante, así que lo voy a hacer a través de una empresa (seguro que es lo más eficiente en mi caso, que la burocracia me da alergia). No hemos empezado con la documentación propiamente dicha, pero hasta el momento, en todo lo que hemos tenido que hacer han sido eficientes a más no poder. Ellos se encargan de la uni, de las posibles becas y de TODA la documentación. No espero a terminar el proceso, que es lo que hago normalmente, para recomendarles, porque a finales de octubre las universidades han de tener toda la información sobre los chavales y quizás os urge. La empresa se llama AWEX EDUCATION y del 10 al 13 de octubre organizan un evento en Madrid donde hay representantes de colegios y universidades de USA y también equipos deportivos. Ya sabéis que allí hay becas para gente con talentos de todo tipo. Os dejo aquí la información sobre el evento. Y también ahí podréis bichear su web. Un abrazo, queridas, feliz sábado.

Ay, la envidia…

No recuerdo en qué artículo, pero seguro que he escrito antes sobre la envidia, porque es algo que me causa cierta curiosidad, creo. Soy consciente del daño que causa a las personas que la sufren y también a aquellas que temen la envidia de los demás. No acabo de entender ni lo uno ni lo otro, porque no envidio a nadie y porque, la verdad, las envidias ajenas solo me sirven como bandera roja. Por ahí no, amiga, por ahí no. Pero yo no estoy aquí para entender, sino para compartir cosas que a mí me sirven con tal de anclarme a mi bienestar el máximo de tiempo posible, por si a otra la ayudan. Así que vamos allá. Lo primero será saber qué narices es la envidia y aquí he decir que usamos un poco mal la palabra, porque muchas veces decimos AY, QUÉ ENVIDIA, cuando lo que estamos pensando es que nos encantaría estar ahí, sentirnos así, tener eso, pero sin querer que el que lo está disfrutando deje de hacerlo. No nos jode que el otro se lo esté gozando, sino el no estar nosotras ahí. Eso no es envidia, es ser una humana normal, siempre que no pretendas estar en todas partes, sentirte de todas las maneras, tenerlo todo. La envidia es sentirte mal porque otro tenga éxito, porque otro tenga tal o cual cualidad o talento, tanto dinero, una casa así o asá. Lo que sea. El envidioso envidia hasta lo que no conoce. Un desastre, la verdad. ¿Cómo podemos detectar al envidioso? Hace comentarios despectivos, críticas, minimiza lo que otros consiguen diciendo que es por suerte… ¿Te suena? A mí sí, tengo unas cuantas cuentas bloqueadas en Instagram por rollos de estos. Y unas cuantas personas bloqueadas en la vida por rollos de estos. Con la de personas que se alegran de lo bueno que te pasa más que tú… Para qué juntarte con los del lado contrario. Ahora que tenemos al envidioso retratado, vamos a por ese miedo irracional (como casi todos) a que nos tengan envidia. Ese miedo puede limitar nuestra vida sin que nos demos cuenta: minimizamos nuestros éxitos, nos autoboicoteamos para no lograr lo que deseamos, no compartimos nuestras alegrías. A ver si así los envidiosos no nos ven. Nos sentimos culpables por brillar, como si tuviéramos que escondernos, como si tuvieran la capacidad de hacernos algún daño. Recuerda que no te joroba el que quiere, sino el que puede. Y apagándote la única que te está haciendo daño eres tú. El miedo a la envidia ajena, en realidad, conecta con nuestra necesidad de pertenencia y aceptación. Si creemos que nuestro brillo genera envidia, resentimiento, críticas, preferimos andar de puntillas, nos negamos a sobresalir, y eso no puede ser. El primer paso para liberarnos de este miedo (vamos al turrón) es reconocer que la envidia de otros no tiene NADA que ver con nosotras. El envidioso envidia a todo el mundo, todas las cosas, en cualquier circunstancia. Es un insatisfecho crónico. Un coñazo de persona. Lo de siempre: no podemos controlar lo que los demás sienten, pero sí podemos decidir cómo reaccionamos nosotras. Y nosotras hemos venido al mundo a triunfar, a deslumbrar, a comportarnos como las Diosas del Olimpo Vikingo que somos. Si conseguimos ver la envidia como un síntoma de la carencia interna del otro, dejaremos de tomarla como algo personal. La clave está en entender que no somos responsables de los sentimientos ajenos, y que nuestro deber es mantener el compromiso con nuestra divina persona y no encogernos, sino expandirnos. Si a alguien le incomoda tu grandeza, el problema es suyo. Celebrar nuestros logros con humildad, y también con orgullo, es ser libres. Y libres es todo lo que queremos ser. No estamos aquí para que el de enfrente nos escupa sus frustraciones, sino para aplaudirnos a cada paso. Feliz sábado. P.D.: si te apetece compartir este texto, yo te lo agradezco a granel. Si añades el enlace del artículo le haces un favor a la persona que lo quiere leer y a mí también. P.D.2: pasado mañana y solo hasta el 6 de octubre se abren las inscripciones para mi nuevo programa REINVÉNTATE y estoy tan nerviosa como ilusionada. La siguiente edición será, como pronto, a finales de 2025. He decidido que, cuando termine REINVÉNTATE, el 29 de enero, me voy a tomar una pausa larga para afilar el hacha, para nutrirme, para aprender sobre asuntos que luego compartiré contigo. Para ir al fondo de esto que soy, porque es la única manera de luego hacer el mejor trabajo posible. Te dejo aquí toda la información sobre REINVÉNTATE 2024. Ya tengo todos los módulos listos, han quedado redondos, la verdad: En el 1º hablaremos de 3 claves que para mí han sido imprescindibles a la hora de transformar mi vida a todos los niveles En el 2º veremos cuáles son los factores que hemos de tener en cuenta a la hora de crear una mentalidad que nos impulse en lugar de frenarnos En el 3º vamos a hablar en profundidad de talentos. Qué son, dónde los podemos encontrar, para qué es TAN importante saber cuáles son. Elevaremos el dron y bucearemos en nuestro eje a base de bien. En el 4º definiremos lo que es realmente la marca personal, cómo descubrir la nuestra (porque todas la tenemos) y cómo gestionarla a nuestro favor en todos los ámbitos de la vida, no solo en el laboral. En el 5º os contaré cuáles son las bases de mi tranquilidad financiera. En el 6º conoceremos esquemas y patrones útiles para diseñar una vida en la que nos queremos quedar En el 7º vamos a por el plan de acción, porque por mucho que pensemos y que diseñemos, si no hacemos, no hay cambio ni reinvención. En el 8º vamos a dedicarnos a profundizar sobre eso que más os interese. Me apetece que esta formación sea algo vivo, que se adapte a vuestras necesidades lo máximo posible.
  • Tras las sesiones teóricas, que serán cada sábado, empezando el 12 de octubre, habrá una sesión en directo (quedará siempre grabada) para solventar dudas e inquietudes
  • La última sesión está programada para el 29 de enero. Tendremos dos sesiones de revisión al cabo de 3 meses y al cabo de 6.
  • Estarás en contacto (si te apetece, mediante Telegram) con otras mujeres que tienen tus mismas dudas e inquietudes, que están en el mismo momento vital que tú. No hay nada más poderoso para impulsarnos que el entorno trampolín
Si tienes alguna duda sobre REINVÉNTATE, puedes dejármela en comentarios. Un abrazo grande, Sol

4 estrategias para las conversaciones incómodas con tus padres

Hace unos días, en mi formación sobre planificación, una de mis alumnas contó que tener una conversación con sus padres sobre algunos temas era algo inviable. Le comenté que inviable era que yo saliera volando por la ventana, pero que es totalmente viable sentarte delante de tus progenitores y tener una conversación con ellos. Luego le planteé una pregunta: “¿A qué le tienes miedo”. Ella respondió que, aunque no fuera su intención, ellos se tomarían la conversación como un ataque. Le respondí con otra pregunta: “¿Y?” Creo recordar que no hubo una respuesta clara. Normal, porque no existe. Su miedo, probablemente, tenga que ver con no creerse capaz de sostener la incomodidad de cuestionar, de cuestionarlos, de cuestionarse a ella misma. Porque de alguna manera, esa conversación y ese cuestionar, se convierten en deslealtad e, incluso, en desobediencia. Pero es que ya no tenemos ocho años, tenemos más de treinta, de cuarenta, de cincuenta. Y seguimos obedeciéndoles a ellos. Y desobedeciéndonos a nosotras. Seguimos culpando a las circunstancias, a nuestra educación, a nuestras creencias de los comportamientos que repetimos una y otra vez y que nos dejan en el mismo lugar una y otra vez. No voy a hablarte de la culpa, pero sí de la responsabilidad. De la que le debes a tu divina persona, querida. Si tú no te haces responsable de lo que piensas, dices y haces, no ejerces tu poder. Y eso es una mierda como un piano. No somos eternas. Eso también se lo recordé a mis alumnas en la sesión. Cuando llegue el momento final y le cuentes a la vida que te daba miedo desobedecer a otros para obedecerte a ti; que dejaste de hacer, disfrutar, crecer por si alguien se enfadaba la vida te va a mirar con mala cara, ya te lo digo. Atrévete, chavala, pon límites. Decide por ti misma. Deja de traicionarte. Escúchate. Aparta las expectativas ajenas y lánzate sobre lo que TÚ quieres. Respetar a otros no tiene absolutamente NADA que ver con vivir según sus reglas o creencias para siempre. Podemos honrar lo que nos enseñaron, agradecer lo que hicieron por nosotras, y al mismo tiempo, decidir qué es eso que me regalaron y me sirve y qué es lo que guardo en un cajón, teniendo claro que lo hicieron, que lo hacen, lo mejor que saben. Sería un detalle que tú lo hicieras, también, lo mejor posible. Lo mejor posible para ser lo más feliz posible, claro. Y ya que el texto hablaba de mantener conversaciones delicadas y como a servidora le gusta más una herramienta que a un tonto un caramelo, allá van algunas que te pueden ayudar en esta labor:
  1. Prepárate emocionalmente: antes de hablar, respira y reflexiona sobre lo que quieres contar y sobre lo que sientes. También sobre la respuesta que puedes tener, pero no para preparar el contraataque, sino para asegurarte de que vas a mantener la calma. Recuérdate que cómo se tome el otro tus palabras no depende de ti, sino del otro. Pregúntate qué es lo peor que puede pasar para darte cuenta de que tampoco es tan horrible. Y también qué es lo mejor, que siempre es, para empezar, validar lo que sientes y saberte merecedora de expresarlo. Bravo.
  1. Practica la comunicación asertiva: sé clara y respetuosa. Utiliza frases como “Me siento…” en lugar de “Tú siempre…”, para que el enfoque sea algo objetivo y no una acusación. Di las cosas como te gustaría que te las dijeran a ti. Agradece lo que han hecho por ti y recuérdales que lo que estás diciendo es porque quieres ser lo más feliz posible.
  1. Acepta la incomodidad: estas conversaciones no serán fáciles, pero son necesarias. Acepta que puede haber resistencia o desacuerdos, y está bien. No tienes que convencer a nadie, solo contar lo que necesitas para sentirte libre.
  1. Ten paciencia: no todas las conversaciones tendrán un resultado inmediato. Ellos también están lidiando con sus marrones y con sus propias creencias, y cambiar patrones lleva tiempo y mucho esfuerzo. Sé compasiva contigo misma y con ellos.
Cuestionar las creencias heredadas no es un acto de deslealtad ni de falta de consideración. Sí es un acto de autoamor enorme. Aprender a escucharte, a hacerte caso, a priorizarte, a hacerte responsable, a empoderarte es la única manera de que te pase lo que quieres que te pase. Honrar a los que te han criado  no significa seguir sus pasos ciegamente, sino agradecer sus enseñanzas y, desde ahí, decidir cuál es el camino vas a tomar para que la vida te aplauda y te dé las gracias por lo que has hecho con ella. Feliz sábado. P.D.: si te apetece compartir este artículo, porfa, pon el enlace en Instagram. Les facilitas mucho la labor a las que quieren leerlo y a mí también. Gracias mil. P.D2.: tienes un episodio de podcast relacionado con el tema del que te hablo hoy. En él comparto estrategias para gestionar las comidas navideñas con gente un tanto insoportable, pero sirve para cualquier día de octubre o de marzo. Lo puedes escuchar aquí. P.D3.: en solo 10 días, mi nuevo programa REINVÉNTATE estará disponible, solo hasta el 6 de octubre. La próxima edición será, como pronto, a finales de 2025. En REINVÉNTATE comparto contigo las claves imprescindibles para mi propia reinvención y todos los recursos que he usado durante los últimos años para ayudar a otras a encontrar su nuevo camino, tanto vital como laboral. He incluido en esta formación algo en lo que llevo trabajando hace tiempo: un bonus exclusivo, una Masterclass sobre los hábitos que practico y que considero imprescindibles para disfrutar de una vida exitosa, es decir, de una vida en la que te quieres quedar. Te contaré desde las membresías a las que estoy suscrita hasta los podcasts que escucho, cuáles son todos mis rituales y rutinas desde que abro los ojos hasta que los cierro. Cómo cuido mi cuerpo, mi mente y mi espíritu. Todo lo que, a día de hoy, me sigue construyendo e impulsando para que me pase lo que quiero que me pase y que no he contado en ninguno de mis contenidos. Esto es lo que dicen las alumnas que han cursado mis formaciones: “Un regalo para mí, tenía mis dudas, pero siento que es el camino a seguir para mí” “Maravilloso, estupendo, he hecho algún curso anterior con otras coach y no tiene nada que ver.” “Una vez finalizado, por una parte, no puedo evitar pensar que bendita la hora en que una amiga me habló de ti, Sol. No soy muy de redes sociales y no te conocía. En segundo lugar, me ha parecido una decisión, una inversión grandiosa. Tu formación es una iniciativa muy potente, muy útil, muy realista y muy nutritiva.” Si quieres saber más sobre REINVÉNTATE o apuntarte a la lista de espera, puedes hacerlo AQUÍ.