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Etiqueta: Las Claves de Sol

Maquillaje para el chirri: el no va más.

No han sido ni una ni dos personas las que me han enviado el enlace sobre el nuevo maquillaje coñil. Oye, y que ganas no me faltaban, porque la cosa tiene tela, pero hasta hoy no he podido. Joder, igual ya se ha pasado de moda, si es que alguna vez lo estuvo.

Qué más da, si el tema no es que inventen pintura para el coño. El tema es que ya no sabemos qué hacer para estar más tersas, más prietas y más de todo. Ojito, que aquí entono el mea culpa a grito pelao. Me pongo todas las cremas que llegan a mis manos rogando a Cristo para que se cumplan ese montón de milagros que prometen.

Pero de ahí a que me ponga rímel en el chumino hay un mundo, amiguis. Primero, porque hace milenios que me lo veo solo yo y le tengo mucho cariño tal como está, a pesar de sus irregularidades y sus flaccideces incipientes. Si no amo yo a mi coño, ya me contarás tú quién lo va a hacer.

Lo segundo: en el improbable caso de que alguien más me lo viera… A ver, que ahora que lo pienso detenidamente, ¿el maquillaje es para los labios menores o para lo de fuera? Porque si ya sería raro que me vieran en pelotas, ni te cuento lo de que teniéndolo a un palmo del morro se fueran a fijar en si llevo el antiojeras chuminero en su sitio.

Siguiente duda existencial: ¿las cremitas estas saben bien? Oye, que nadie se escandalice. Lo más lógico es que si uno ha llegado hasta ahí, luego haya mambo, ¿no? Habrá que preguntárselo a las danesas que se han inventado esta chorrada. Aunque con lo correctos que son por los lares escandinavos igual les miran los bajos solo para dar los buenos días.

“Cariño, qué coño tan precioso tienes al despertar, que pases un buen día”

Y, hala, a pasear por los Fiordos.

La otra pregunta que me viene a la mente es cuándo se lo pintan, porque yo no tengo tiempo ni de depilarme las cejas, que están bastante más a la vista. Ah, claro, que las danesas se levantan a las seis, van al gym, luego son superproductivas todo el día y además tienen un clima de mierda. Yo es que no cambio el terraceo madrileño por una sesión de maquillaje coñil por nada del mundo. Pero ellas ahora mismo deben estar a -24 grados centígrados. Ya lo entiendo todo. Ay, el aburrimiento.

Aún así, lo siguiente que queda por resolver es que o eres contorsionista o le pides a tu vecina que venga a echarte una manita. Como si lo viera “Inga, cari, perdona, que no me llego bien ¿Podrías darme unos toques en esta zona de aquí atrás? Sí, la que hay pegando al hojaldre“.

El caso, queridas, es que yo esto no lo veo. Ni desde el punto de vista del marketing, ni desde el punto de vista de liarme a darme brochazos en mi precioso toto. Huy, las bragas, llenas de porquería. Qué va, qué va…

Y hasta aquí mi reflexión sobre el rollo este del contouring vaginal. Ahora os toca a vosotras contarme qué opináis y, PORDIOS, si lo habéis probado, enviad comentarios y, si no os da cosilla, unas fotos del antes y el después. Besis.  

Siete Empotradores Clásicos (o Classic Empotrators) que no te puedes perder

Si es que a una le pierde la modernidad y se olvida de que los Empotradores siempre han existido. Menos mal que ahí estáis vosotras, amiguis, para hacerme reaccionar. Qué de comentarios libidinosos cuando nombré a Marlon Brando en mi último post  sobre esta especie que tantas alegrías nos da. Vi la luz. Detecté una necesidad y he decidido satisfacerla. Allá vamos.

Preparadas, listas..

El primero es un claro homenaje a mi señora madre, cuyo amor platónico de la vida ha sido Yul Brynner. Resulta que el buen hombre era ruso, como mis hijos. Si ya lo decía el Rey León: el ciclo de la vida, que es un no parar. (Vale, la canción es “El ciclo sin fin”, pero casi). El caso es que Yul, como buen ruski, tenía cara de mala hostia, cuerpazo (que para eso estuvo en de acróbata en un circo) y unas manos de escándalo. Guapo y exótico. Y encima era buen actor. Ojito a cómo está en “Anastasia” y  “Los diez mandamientos”. La pega: fumaba lo más grande. Pero te lo perdonamos, Yul. Viva tu calva.

Connery, Sean Connery, que sales en mi peli favorita: “Los Inmortales”. En James Bond te iba más el rollo chulesco y, conforme han pasado los años, te has puesto más interesante.

Mira que yo, por encima de la treintena ya no les veo el qué, pero contigo hago una excepción. Tú has sido, eres y serás un Classic and Elegant Empotrator como la copa de un pino.

Lo bueno de Clint Eastwood es que, aparte de ser un tío duro, guapo y vengativo, dirige unas pelis que me flipan y nos deja un legado maravilloso en forma de hijo buenorro que estoy seguro que acabará siendo un Empotrator de cuidado: Scott Eastwood. Si es que los Empotradores han de procrear para dejar bien contentas a las generaciones venideras. Gracias, Clint.

Warren Beatty la liaba parda allá donde iba. Se cepilló a todo Hollywood y parte del extranjero. Cuentan que se ha pasado por los bajos a más de 12.000 mujeres y que las pobres no aguantaban su ritmo. Vamos, yo me he cansado con solo leer sobre el tema…

No tenía yo ni flores de esas ansias sexuales cuando lo vi en “Esplendor en la hierba”. Qué tío tan guapo y qué historia tan intensa. Tendría yo unos diez años y así me quedé: trastorná perdía. Qué morros, qué mirada, qué todo. Las pillaba y las dejaba locas. Normal Güarren, NORMAL.

Vámonos a las Francias porque allí tenemos a otro de los grandes clásicos del Empotramiento mundial: Alain Delon. No se puede ser más guapo y no se puede tener más cara de cochino. El francés también las dejaba loquis, empezando por la Schneider, que mira como la está poniendo en el gif y acabando por las varias madres de sus varios hijos.

 

Otro que, como Eastwood, es buena gente y nos deja ese gran heredero que es Anthony Delon que, por si no lo recordáis, estuvo con Estefanía de Mónaco en la época en la que ella nos cantaba aquel tema de “Ouragan”. Ya, las más jóvenes no tenéis ni puta idea de lo que estoy hablando, pero os lo juro, allá por el 86 Estefanía cantó y nosotras lo bailábamos. Un flipe el vozarrón.

Y ya que andamos por Europa, no podía yo no hablar de Italia, ese país que destila belleza y estilo. Vale, que a veces son un poco plomos, pero yo se lo perdono porque van a la playa con la camisa planchada y eso tiene un mérito bestial. No he sido capaz de encontrar un gif de Franco Nero en el que saliera tan guapo como era (que sigue siéndolo, pero no tanto), pero ojo con la foto. Ya, las más jovencitas tampoco sabréis quién es. Pues investigad, que esto es cultura, queridas. Sí, los Empotradores son culturales. Y punto.

Vale, me he venido un poco más a lo contemporáneo, pero no podía dejar escapar a esa maravilla que es Richard Gere. Os comento, a modo de chascarrillo, que fui al estreno de su última peli y que el que tuvo, RETUVO. Lo mismo nos mola en “American Gigolo” o en ese clásico del cine mundial que es “Oficial y Caballero” (especial mención a los polvos que le hecha a la partenaire), por no hablar de “Pretty Woman”, por no hablar de donde sea. Si es que encima, desde que es budista y zen y espiritual, nos gusta aún más. Ole tú, Alejandra Silva. Un aplauso.

Hala, hasta aquí el listado, de momento.

Besis.

Hagamos listas, pero de las buenas.

Las tías somos muy de las listas, eso es así. De ahí, supongo, nuestra locurita con las libretas y los bolis. El caso es que, aunque muchas veces son inútiles, hay unas cuantas listas que nos pueden alegrar la vida, y mucho.

1. Molas mucho, y lo sabes, y si no, ya te lo digo yo. Escribe todas esas características tuyas que te convierten en una tía Fabulosa. Porque eres buena amiga, buena madre; porque hoy te has zampado una napolitana de chocolate y un café con sacarina; porque has aprendido a decir BASTA o estás en ello; porque hoy POR FIN, el eyeliner del ojo izquierdo te ha quedado CASI igual que el del derecho.

Te cuento el resto en mi blog hermano, Weloversize.

 

¿Eres feliz o conformista?

Soy una desquiciada de la vida.

Me paso la vida planeando, replanteándome. Cuando he conseguido algo, quiero más y, sobre todo, mejor. Mi coco es un continuo ¿Y si…? Quiero ser ordenada, escribir un post al día y dos libros al año, educar mejor a mis hijos, hacer más deporte, leer un libro a la semana, ver todas las pelis en cartel, ser más feliz, descansar.

Soy un inmenso coñazo para mí misma.

Mis ansias de sosiego se agudizan cuando quedo con algún amigo de esos que todos tenemos, bien zen, con el espíritu en paz total. Uno de esos tótems que hacen que una se vea a sí misma como una histérica absoluta.

Y eso me pasó cuando la semana pasada vi a mi amigo Marcos. No puede ser más tranquilo, el tío. Siempre con la sonrisa puesta, siempre de buen humor, siempre feliz a tope. “Cualquier problema que hoy te parezca la hostia, mañana será menos importante”, es su lema.  Yo, que ando por la vida trastornada perdida, le observo tanta admiración como curiosidad.

Y le interrogo todo el rato, claro.

Yo quiero saber cómo lo consigue, joder.

Hablamos de los hijos, del curro, y de la pareja. Y ahí me ensaño especialmente, porque mi intuición me dice que algo falla:

– ¿Eres superfeliz en tu matrimonio? ¿No cambiarías nada? ¿Es todo un vergel de dicha y armonía?

– Sí.

Y yo me quedo observándole, con mirada inquisidora.

-¿Siempre?

– Bueno, a ver…

En esa mínima duda es dónde yo, mala persona donde las haya, veo esa grieta que lo convierte en humano o, al menos, en un humano más parecido a mí y menos a Buda.

No voy a centrarme en los detalles, porque no vienen al caso, pero sí en el resultado de esa conversación: Marcos casi no folla con su mujer.

– Ah, pero Marquitos, ¿no crees que eso es un problema?

-Bueno, ya me he acostumbrado.

Aish, Dios Santo, que tienes treinta y cinco años, qué coño te vas a acostumbrar a no tener sexo con tu mujer. Y, sobre todo, ¿Por qué quieres acostumbrarte?

Es entonces cuando mi lavadora mental vuelve a su labor favorita: buscarle explicación a todo, cuestionar hasta lo más mínimo, encontrar el fallo, las siete diferencias.

Y lo veo claro.

-Marquitos, amor, ¿y no será que en lugar de ser sumamente feliz es que eres un conformista de tres pares de cojones?

-No, yo soy feliz.

-¿Feliz sin follar con la que duermes?

Porque, amiguis, llegados a este punto yo estaba segura de que ese no era el único problema en la relación, pero en algo hay que centrarse, así que yo me empeciné a lo loco.

-Ya ni lo pienso. Total, para qué.

¡EUREKA!

Ahí está el quid de la cuestión, queridos míos. Porque la felicidad, creo yo, no es anestesia, no es evasión. La felicidad es ser plenamente consciente de quién es uno, cómo vive y decir: ASÍ, SÍ. Lo otro es conformismo: no me gusta y miro hacia otro lado. Y me convenzo a mí mismo de que esa falta de conflicto es lo mejor a lo que puedo aspirar. 

Y ojo que nadie se libra. No solo estamos con parejas que ya no nos gustan. ¿Cuántos años llevamos anclados en ese trabajo que nos hastía, aguantando a esa amiga insoportable, cargando con esos kilos de más?

Zamparte circunstancias que podrías cambiar no es practicar la aceptación, sino tener tragaderas, o pereza, o cobardía. O todo.

Tal cual se lo dije a Marcos que, como aparte de tranquilo es muy buena gente, no tiene en cuenta esos arranques de sinceridad exacerbada míos.

Quién sabe, quizás los Marcos del mundo vivan más plenos, más contentos, más en paz consigo mismos.

O quizás no.

 

Zara ficha a modelos mayores de 40 ¿PERO QUÉ MIERDA ES ESTA?

He recibido hoy un mensaje de mi querida prima. Ofendidísima, me enviaba un enlace y un comentario:

“¿Pero qué mierda es esta?”

Y allá que lo abro y me encuentro con el siguiente titular:

“Modelos de más de 40 años protagonizan la nueva campaña de Zara”

Pero… ¿Esto es noticia? ¿En serio?

El tema es que yo ni había caído nunca en que las modelos habituales no tenían cuarenta. Básicamente porque no le presto mucha atención a la edad de nadie que no sea yo.

Mi sorpresa avanza a medida que leo este notición de importancia superlativa. Atención a las siguientes frases:

“Precisamente las mujeres de esa edad (e incluso más mayores) son las que se visten con las propuestas de la firma.”

Os juro que si no supiera que están hablando de los cuarenta, pensaría que lo hacen de los cien. Como si alguien pensara que, pasados los cuarenta, buscamos la ropa en algún lugar misterioso, alejado de la civilización y solo apto para las que nacieron antes del 77. Como si a alguien le sorprendiera que personas de veinte compartan gusto, talla y estilo con otras de cuarenta. Pero por el amor de Dios, ¿cómo se os va tanto la pinza? Y me refiero al que lo ha escrito, que supongo estará influenciado por alguna nota de prensa de Inditex. O no. O yo qué sé. Es que no entiendo NADA.

En cuanto a lo que sí atañe directamente a Amancio, me llama la atención eso de que llame “Timeless” a la editorial donde salen estas tres chavalas, cual si fueran, efectivamente, de nonagenarias parriba.

Sigo yo leyendo…

“Lo raro es que no se haya hecho antes, porque no deja de ser extraño ver en la página web de la marca a jóvenes de 20 años vistiendo piezas que están pensadas para personas adultas.”

Pero churris de mis entresijos: que las de veinte son también adultas. Que no os habéis enterado: que da igual si las modelos tienen veinte o setenta y lo mismo con las que se lo ponen. Que el problema está en los ojos del que mira y en que los medios se hagan eco de semejante gilipollez.

Y luego, en esa página tan tremendamente reivindicativa, estas señoras supermayores dan unos consejos sobre la vida, como si de sumas sacerdotisas se trataran. Como si estuvieran a puntito de estirar la pata y quisieran transmitir toda su sabiduría a las generaciones venideras. Estoy yo pensando que me quedan seis mesecillos para los cuarenta y cinco y quizás va siendo hora de dejar por escrito todas mis experiencias, adquiridas en estos miles de años que parece que tengo. Ah, calla, que ya lo hago en este blog.

Uf, menos mal.

Oye, y que seguro que la intención era buena: vamos a darles visibilidad a esas pobrecitas de cuarenta, a darle sentido a su existencia, vaya a ser que se depriman porque la chati de la marquesina tiene veinte años menos que ella.

Pero es que la noticia ideal sería que esto no fuera noticia, queridos míos.

No noticias sobre modelos de cuarenta, modelos gordas, modelos de colores. Ni sobre gente de cuarenta, gente gorda, gente de colores.

Ahora que pienso, sí se ven modelos masculinos de cuarenta y aquí nadie ha creado ningún titular sobre eso. Ayyyyyy, que se nos ve el plumero, PERO A LA LEGUA.

En fin, amiguis, que ahora que los del notición han descubierto América ya sé que no pasa nada si me planto la ropa de Zara, si tengo más de cuarenta o si algo lo que me sale del mismísimo toto.

Menos mal.  

Mamá: soy adicto a las pantallas

Soy consciente de que me van a caer críticas por este post. Y a lo loco, además. Pero me siento en el deber, o la necesidad, o yo qué sé de escribirlo.

Se nos está yendo la pinza, queridos padres. O mejor, para ser sinceros, se OS está yendo con el tema de las pantallas.

Siempre me ha resultado una visión desagradable esa de los niños pegados a la maquinita en un restaurante mientras los padres charlan alegremente (o no), y la cosa no hace más que empeorar. Ya no es raro ver a un bebé en su carrito pegado al iPhone; los chavales, en la piscina, en lugar de chapotear, tienen un iPad en la mano; en la playa más de lo mismo.

No sé ni por dónde empezar. Quizás lo mejor sea hacerlo por el sentido común: ¿a ti te parece normal que un niño, en lugar de pegar saltos en el agua se pase la tarde dándole a los pulgares? A mí, llámame loca, me parece más sano e, incluso estético, un partido de fútbol, unas canicas, unas peonzas, una peste alta. Y ya, si me enajeno, me imagino a un niño leyendo o dibujando. Soy una tía RARÍSIMA.

Mi prima pasa sus vacaciones en un cámping y la pobre está desesperada porque su hijo de ocho años no tiene con quién jugar. TODOS los demás se pasan el día en recepción, pegados al wifi, a los videojuegos e, incluso, a páginas con tetas y culos. En lugar de descansar mientras su niño juega al pilla pilla o al escondite con sus iguales, mi amada primi tiene que inventarse mil historias para distraerle que, desde luego, nunca serán tan divertidas y enriquecedoras como aprender a relacionarse con sus iguales. Por no hablar de las explicaciones que le tiene que dar al pequeñajo sobre por qué eso que hacen la mayoría de sus amiguitos no es lo adecuado para su desarrollo. Por supuesto, el niño se siente el rarito de la pandi.

En fin.

Ahora vamos a las justificaciones: “Es que así se calman”. NO TE JODE. Y con un dardo tranquilizante también, pero supongo que nadie se lo plantea porque es dañino. Pues gual que la pantallita de marras. Yo, ante unas horas de viaje, sugeriría un papelito y un lápiz, o un cuento o, incluso, una peli bien chula. Sí, ya, los críos están ya tan acostumbrados a que un personaje  grite y asesine, que lo demás se lo pasan por salva sea la parte. Porque, querido adulto, la pantalla está diseñada para que tu hijo se convierta en un adicto.

Cuántas veces ves por la calle grupos de adolescentes que, en lugar de charlar, se reúnen para aislarse cada uno con su móvil. Me dan ganas de llorar. Me imagino un futuro con salas enormes de gente que no habla, que no se ilusiona, que no sabe, porque no le importa, quién está a su lado.

Rizando el rizo, no solo las criaturas viven con la napia pegada al videojuego, es que encima, muchos padres no se toman la molestia de comprobar a qué juega el niño y ahí es cuando nos encontramos con el famoso GTA, donde tu nene de diez años paga putas y roba coches. Ah, y le premian por ello. 

SUPERGUAY.

Me gustaría a mí que alguien me explicara para qué necesita un móvil un niño. Por más vueltas que le doy, no lo entiendo. Vamos a imaginar que ya va solo al cole o a jugar con los amigos. ¿Necesita para eso un cacharro con acceso a internet? ¿Qué me dices de un teléfono y punto? Os informo de que también existe el Filip, un reloj con GPS, que te permite saber dónde está tu vástago y con el que puede llamar solamente a cinco números que le programes. Eso sí, con eso ni mantiene conversaciones totalmente alejadas de nuestro control, ni alquila putas, ni mata monstruos, ni se queda cuatro horas atontado perdido. Vamos, un cacharro del todo inútil.

Y no olvidemos, queridos, que esa pantallita es una ventana al mundo. Al bueno y, sobre todo, al malo. Porque no creo que a nuestros hijos les dé por zamparse documentales sobre el lince ibérico. Es más probable que vea a cualquier Youtuber diciendo gilipolleces o enseñando a hacer la última barbarie: el Slime. Una pasta apestosa con la que mi hijo llegó ayer porque se la había dado un amigo. Os comento que se hace con espuma de afeitar, detergente, pintura Y PEGAMENTO. Sí, ya ha habido casos de niños con las manos quemadas por los productos químicos, y lo que me extraña es que ninguno haya pillado un colocón de órdago, porque no veas como huele el tema.

Cuando hace unos días comenté en las redes que iba a escribir sobre esto, una pediatra me pidió que, por favor, lo hiciera. Me dijo que esos niños no toleran la frustración, no distinguen la vida real de la virtual. No hace falta ser muy listo para ver que se pasan el día obsesionados con el momento de jugar; que no desarrollan la paciencia, la empatía, sus habilidades sociales. Son niños que no se aburren, con lo necesario que es.

Por si lo dudabais: sí, tengo hijos.

Dos. Movidos no: LO SIGUIENTE.

¿Juegan con pantallas? Pues no. Y cuando hago esta afirmación en público, mucha gente me mira ojiplática. ¿Y cómo lo haces? No, churri, cómo lo haces tú, porque yo simplemente no hago NADA.

El resultado es que, como me pone los pelos de punta pensar que mis hijos se van a casa de sus amiguitos a asesinar zombies, prefiero que se vengan a la mía. El procedimiento inicial es requisar cualquier aparatito que traigan y, posteriormente, los niños tienen una reacción extrañísima: agarran los muñecos, los disfraces, el futbolín y JUEGAN. Una locura.

Denunciadme, lo asumo.

Pero, oye, que no estoy yo aquí para darle lecciones a nadie, no osaría. Que todos, o casi todos, hacemos lo que podemos, pero sí me gustaría que este post sirviera para concienciarnos un poquito sobre las consecuencias de este pantallismo desquiciado sobre esos seres que son nuestra responsabilidad.

Cuando estaba acabando de escribir, una lectora me envió este vídeo. Debería ser de visionado obligatorio para cualquier padre. Echadle un ojo. Esta vez, la pantalla es nuestra amiga.