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Etiqueta: Las Claves de Sol

Hasta el toto del chunda chunda por doquier.

Yo pensaba que era un bicho raro hasta que el otro día, en un directo de Instagram (madre mía, qué moderna soy) os comenté que estaba hasta el mismísimo toto de que EN TODAS PARTES hubiera musicón.

Vas a la playa: chunda chunda.

Vas a una terraza: chunda chunda.

Vas a cenar: chunda chunda.

A ver, señores, que si quiero escuchar un ritmo trepidante, me voy a una disco o me planto mis cascos. Aquí vengo a relajarme, a charlar, a comer. Sí, llamadme rara: yo a los restaurantes voy a COMER y, en ningún caso contemplo la posibilidad de quedarme sorda y/o afónica por no poder comunicarme con mis contertulios.

Y la cosa no se acaba con el verano, NO. Llega el invierno y allá donde vayas: CHUNDA CHUNDA.

Recuerdo aquella tarde de diciembre en la que mis amiguis y yo buscábamos alguna cafetería mona donde tomar un chocolatillo con churros. Incautos de nosotros nos metemos en un local supercuqui todo de madera, muy rollo nórdico, en Chueca y, cual es nuestra sorpresa cuando, al entrar: CHUNDA CHUNDA CHUNDA.

-Señora, disculpe, ¿cómo esta el tema de que esto no pega ni con cola, de que sus clientes se están desgañitando y de que vaya una mierda? ¿Podrías bajar esta música?

-Es que mi jefe no nos deja bajarlo aunque los clientes se quejen.

Mira, tenemos el ser gilipollas y, a mucha distancia, ESTO.

Pues nada, que nos piramos, querida.

Otra muy de traca fue aquel agroturismo ibicenco en medio del bosque al que siempre íbamos en busca de sus platos deliciosos y el cricri de los grillos. Y llegamos el año pasado y… CHUNDA CHUNDA CHUNDA.

De nuevo, ante nuestras quejas, la camarera:

-Por favor, haced un escrito, porque los clientes se quejan y así os harán caso.

Esto mismo me ha pasado a la una del mediodía intentando comer un menú, y en infinitas cenas.

Me cuentan que, en otros países, se extiende la misma plaga. Dios mío, esto es un rollo “Walking Dead”: acabaremos todos siendo víctimas de esta pandemia de consecuencias insospechadas.

No entiendo nada, de verdad. No creo que nadie, JAMÁS, se haya quejado en una playa, una terraza o un restaurante de que la música estaba demasiado baja y, HORROR, podía charlar tranquilamente.

Gente propietaria de estos locales, explicaos, POR FAVOR.  Porque alguna razón misteriosa tiene que haber para que, por un lado, torturéis a vuestros clientes y, por otro, los perdáis. ¿Os patrocina alguna empresa de Sonotones? ¿O de pastillas para la garganta? ¿Es “Lexatín” el que apaña vuestra cuenta de resultados? Porque yo, si no, NO ME LO EXPLICO.

Yo, ante el peligro chundachundero, he optado por no moverme de mi piscina y reducir mis salidas al mínimo, siempre a locales donde me aseguran previamente que no van a destrozar mi sistema nervioso y auditivo.

Dicho esto, amiguis, y dado que en nuestra charla de InstaStories, alguien propuso crear una Asociación Antichundachunda, os pido que vayáis haciendo campaña. Yo, mientras tanto, confeccionaré unos planfletos y los formularios de inscripción.

Buenas (y silenciosas) noches.

 

Me he divorciado, y ahora ¿QUÉ?

Tomar la decisión de separarse no es fácil, pero a veces es necesaria. Que aquí estamos, no para tener pareja, sino para ser felices, sea como sea.

Un buen día te levantas inspirada y ZASCA, adiós vida anterior. Yo de aquí me piro, que estoy hasta el mismísimo. Pero, ay querida, que por bueno que sea el cambio, ese agujero negro que se abre ante ti acojona pero bien.

AHORA, ¿QUÉ?

Ahora LA VIDA, amigui. O, mejor dicho, TU vida.

Hoy toca redescubrirte, reaprenderte.

Pasa el duelo como es debido. Llora lo que tengas que llorar. Patalea lo que sea necesario, pero recuerda: ESTO NO ES UN FRACASO. Sí lo es quedarte enganchado en una relación que no te conviene. Lo de la pareja para toda la vida se inventó cuando vivíamos cuarenta años, tú vivirás más de cien. NO DIGO MÁS.

Es el momento de saber qué parte de todo eso que ronda en tu coco es tuyo de verdad o es herencia de años de formar parte de un dúo. ¿Me gusta tanto ese restaurante? ¿Quiero ir todos los domingos a pasear?

Ahora hay que obligarse a dormir en el centro de la cama, que es TODA tuya. Decidir qué peli quieres ver sin discutir por el mando, y acostumbrarte a verla sola. Le pillarás el gusto, Y DE QUÉ MANERA.

Vas a descubrir nuevas aficiones que nunca hubieras imaginado porque la persona que tenías al lado no te permitía investigar. O peor, no te lo permitías tú. Ve a clases de baile, de maquillaje, de cerámica, de zumba, de lo que te salga del toto. JAMÁS dejes que nadie te corte las alas.

Mímate, malcríate, date el gusto. Píntate las uñas, pasa dos horas en la bañera, date un masaje tailandés, bébete una botella de vino del bueno con queso del bueno. Y jamón.

Ahora has de aprender a estar sola y no solo eso, sino que has de disfrutarlo. ¿Que no es fácil? Pues como nada en esta vida de adultos, chata, pero hay que hacerlo.

Ahora, quizás, has de compartir la crianza de los niños con alguien que ya no vive en casa. POR EL AMOR DE DIOS, no te martirices en su ausencia. En algún momento de la vida elegiste a esa persona para que fuera el padre o la madre de las criaturas. Apechuga con eso por más que te joda.

Haz todo lo que no puedes hacer cuando están ellos.

Levántate tarde, cena un Cola Cao, empótrate en el sofá y zámpate el repertorio completo de Netflix. O sal hasta las tantas y echa un buen kiki. O no. Lo que te apetezca. AVERIGUA qué es eso que te apetece, porque llevas tanto tiempo subida a la rueda de hámster materno-marital que ya no tienes claro ni cual es tu color favorito. 

Redibuja tu vida. Vuélvete loqui, pero para bien. Dedícale tiempo a tus amiguis, hártate a quedar para tomar café, para ir al cine, para descojonaros durante horas. El humor nos salva la vida, las amigas NI TE CUENTO.

JAMÁS dejes que nadie te corte las alas porque “Ya eres mayorcita”o “No tienes edad para eso”. Recuerda que nunca es tarde si la dicha es buena, que quien bien te quiere te hará reír, que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Que nadie va a vivir tu vida por ti. Que quizás has desperdiciado años de tu vida y que, precisamente por eso, no vas a tirar a la basura ni un minuto más.

Tenlo claro, tía Fabulosa: tú ya existías antes de él.

 

Carta al tío de los gestos obscenos.

El sábado pasado me fui a navegar con mis amigas. Que si una ensaladita, que si un poco de música, unos baños, un broncearnos, unas botellitas de cava y unas buenas charlas a cascoporro. Vamos, un gustazo absoluto.

Tras ver la maravillosa puesta de sol de mi isla, iniciamos el retorno a puerto. Nosotras más felices que perdices, con los chakras en orden total, queriéndonos mucho. Más a gusto no se podía estar.

Y en estas que pasa una lancha a toda castaña y el tío que la conduce hace como que se folla al timón mientras nos mira y nos grita. El amiguete de al lado, descojonado perdido.

Yo, que de primeras no reacciono PORQUE NO ME LO PUEDO CREER. De segundas, quiero perseguirlo por los mares, explicarle un par de conceptos y, para qué mentir, arrearle dos hostias con la mano abierta. Me has dejado los chakras hechos un asco, so desgraciado ¿QUIÉN COÑO TE HAS PENSADO QUE ERES?

Desgraciadamente, no encontré al Ecce Homo de las narices, pero confío en que el Universo o lo que sea le hagan llegar estas palabras que le dedico.

Oye, tú, el del bañador negro que el sábado pasado andaba como los locos haciendo gestos obscenos a lo largo y ancho de la Bahía de Sant Antoni de Portmany:

Soy una de las tantas tías a las que mirarías con cara de baboso ese día (y todos los días, supongo), mientras meneabas el culo como un pequinés.

Lo primero que me gustaría contarte es LO QUE ERES:

Eres un machista, un inculto (que no son sinónimos, pero casi), un maleducado, un guarro. Eres TAN primitivo que no sabes que uno debe reprimir sus impulsos si ellos insultan al de enfrente. Eres una persona que hace sentir mal a los que tiene alrededor, y no hablo solo de mujeres, sino de cualquier persona medianamente normal que sabe lo repulsiva que es tu conducta. Formas parte de ese grupo de individuos que, lejos de hacer de este planeta un mundo mejor, lo ensucian y lo mancillan.

Resumiendo: DAS ASCO.

Ahora vamos a LO QUE SOMOS NOSOTRAS las mujeres y los seres humanos en general.

Somos personas libres de andar en bikini, o en pelotas, o como nos salga del mismísimo, sin tener que aguantar a desgraciados como tú que nos gritan barbaridades por la calle, por los mares o en un ascensor. Nosotras somos estos cuerpos sobre los que ni tú ni nadie tiene ningún derecho, mucho menos el de faltarle el respeto, ya sea de palabra o de acción.  Si te gusta lo que ves tienes tres opciones: 1) Cerrar el pico y dejar tus caderas inmóviles, 2) Esperar a que atraquemos y, con suma dulzura, decirnos lo guapas que somos (Aunque juraría que ni reparaste en nuestra tremenda belleza, solo viste unos coños rodeados de carne), o 3) Crear un blog para hablar de nuestras curvas todo lo que te dé la gana, SIN OFENDERNOS, por favor.

Te voy a contar, a continuación, LO QUE NO SE DEBE HACER cuando te cruzas con alguien, sea hombre, mujer o rinoceronte:

No hagas gestos que puedan ofender. Espera, que no creo que conozcas la acepción (o significado) de este término (o palabra).

Según la RAE (que es la Real Academia de la Lengua, por si no lo pillas):
OFENDER
Del lat. offendĕre.

1. tr. Humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos.

2. tr. Ir en contra de lo que se tiene comúnmente por bueno, correcto o agradable. Ofender el olfato, el buen gusto, el sentido común.

3. tr. desus. Hacer daño a alguien físicamente, hiriéndolo o maltratándolo.

4. prnl. Sentirse humillado o herido en el amor propio o la dignidad.

No me grites. JAMÁS.

No creas, ni por un segundo, que puedes expresar tus deseos sexuales (o tus ganas de follar, tus impulsos de chimpancé, tu involución) ante nadie que no haya mostrado interés por ellos. Tu libertad de Neandertal acaba donde empieza la mía.

Básicamente, querido Eslabón Perdido, lo que deberías hacer es: NADA.

Termino esta misiva deseando de todo corazón que te quedes en tu cueva hasta que aprendas a comportarte en sociedad y no volver a encontrarme jamás con uno de tu especie. La cosa está difícil, pero por soñar que no quede.

   

100 gilipolleces que me hacen INMENSAMENTE FELIZ.

No teníamos bastante con esta lista, ni con esta, ni con esta otra.

76. Escuchar aquella canción, que me recuerda al viaje a Londres con mi amiga, antes de que se fuera a vivir a Nueva York, antes de los hijos, de las responsabilidades, de que la vida fuera una cosa seria.

77. Que en este verano tan asquerosamente caluroso, caiga una tormenta brutal y estemos, de repente, a veinte grados. Ponerme manga larga para desayunar en la terraza, disfrutar del simple hecho de no sudar cual cerda todo el día.

78. Ver la puesta de sol en mi isla mientras escucho la banda sonora de “La La Land”. Escucharla en contadas ocasiones, porque es como esas joyas que no puedes ponerte cada día. Brilla demasiado.

79. “La La Land”: porque me lleva a un sitio que debería visitar más a menudo, porque me da de hostias y me recuerda que aquí hemos venido para soñar. Porque, como los buenos amores, me hipnotiza por algo que soy incapaz de explicar.

80. El cuarto capítulo de la séptima temporada de “Juego de Tronos”. No quiero hacer spoiler, pero…

81. Esta foto:

82. Rafaella Carrá: su pelo, sus bailes, sus canciones, su lycra.

83. Las manipedis de “The Red Door”, dos horas y media de placer sublime.

84. Directamente relacionado con el anterior, el tono “Laquered up” de Essie. Es el rojo PERFECTO.

85. El cine al aire libre, mejor si es una peli antigua. Especial mención a esas maravillas que vi en Nueva York: “La Historia Interminable” y “Cocktail”. Enamorarme, otra vez, de Tom. Querer ser esa rubia bajo la cascada mientras la empotra viva.

86. Morrearte, tras mucho tiempo, con un antiguo amante que besaba que te mueres.

87. Las complicidad con los amiguis de siempre. Volver a mi colegio, tirarme de culo por las escaleras del gimnasio como cuando tenía ocho años. Que la monja me grite “¡Aguirre, por las escaleras no!” y luego se descojone.

88. Llevar aún a mi Nueva York pegadita a la piel. Las risas con mis Golondrinas, los cafés en pijama por las calles de Manhattan.

89. El exfoliante de Rituals con olor a Hammam. Frotármelo como una loca antes de ir a dormir.

90. Hacerme un tatuaje nuevo (que está al caer).

91. La voz de John Legend. Esa caja de resonancia que tiene entre pecho y espalda. QUÉ BESTIA.

92. Notar que un artículo se me sale por la garganta, vomitarlo frente a la pantalla. Escribir sin prisa.

93. Volver a Barcelona, la ciudad donde nací, para firmar libros en Sant Jordi. Llorar y reír al mismo tiempo. Besuquear a conocidos y desconocidos. Reencontrarme, encontrarme. Que me digáis, en directo, que os alegro el día. Es IMPOSIBLE ser más feliz. GRACIAS.

94. Leer la leyenda del hilo rojo y saber que es verdad de la buena. Sentir, como si estuvieran a mi lado, a los que están al otro extremo.

95. La ilusión. En general. Por lo más nimio.

96. Las crepes con Nocilla. Y con plátano. Y con leche condensada.

97. El sonido de una trompeta.

98. El Superman de Christopher Reeve.

99. Comprar un pijama nuevo, de algodón, cómodo a más no poder. Mono, monísimo.

100. Saber que esta lista cada vez es más larga, que me quedan muchas cosas que hacer por primera vez. Que nunca es tarde y que la dicha siempre es buena.

 

¿Novio por catálogo? No, gracias.

Nunca he entendido la expresión “Buscar novio”. Sé lo que es un novio, sé lo que es buscar, pero las dos palabras juntas pierden el sentido totalmente para mí. Será, para empezar, porque yo no quiero tener novio, pero aunque quisiera, el romance surgiría al conocer a alguien que me revolviera los adentros, no buscando pareja al tuntún.

Acabo de volver de Nueva York y allí este tema ya se eleva a la enésima potencia, como todo por aquellos lares. Los edificios son más altos, las magdalenas pesan tres kilos, y lo de ligar es un deporte, un negocio, una obsesión para muchos.

Sí ya en la Península Ibérica me hallo yo confusa ante los Tínderes y demás instrumentos de flirteo, allí NI OS CUENTO. El súmmum de mi flipe llegó cuando mi amiga Susana me cuenta que su amiga María ha contratado un “matchtmaker” que la ayuda a encontrar candidato para el matrimonio.

“Sí, churri, le cuenta a esta mujer las características de su pareja ideal y ella, que es MUY profesional, le busca citas a cascoporro. Quiere un novio con un buen trabajo, que quiera tener hijos, que sea alto…”

A mí me vais a perdonar, pero me sonó a “Quiero un caniche, blanco, de menos de seis meses, con pedigrí impoluto y que esté vacunado”.

Por otro lado, la mitad de la población de Manhattan corresponde a esa descripción, pero claro, Susana me dice que “La gente no tiene tiempo para relacionarse porque aquí se curra mucho.”

Yo ya me vuelvo MUY LOQUI y me asaltan millones de preguntas: ¿Si no tienen tiempo para conocer a nadie, cómo van a montárselo para tener pareja? ¿Y si, mientras están en plena búsqueda del ejemplar soñado, aparece uno bajito y que gana menos de 120.000 al año y le gusta? ¿Le pega la patada? ¿Si la matchmaker no consigue la pareja ideal, devuelve lo cobrado?

Y sobre todo: ¿QUÉ COJONES ES UNA PAREJA IDEAL?

Y entonces pienso en ellos, en sus descripciones de la “novia ideal”, que supongo serían algo tipo: una chica de entre 25 y 35, de entre 1,65 y 1,75 de altura, ni muy gorda ni muy delgada, sin hijos pero que quiera tenerlos, que no diga muchas palabrotas, que no se enfade a menudo, que sea dulce y femenina, que no salga demasiado, pero que sea sociable. Si le gusta cocinar, pues mejor. En cuanto al tema salario, juraría que no se pronuncian demasiado, no voy a entrar en el por qué.

Vamos, a mí, y a las que sois como yo, ni pagando nos cae una Blind Date, chatas: una tía de 44, con dos hijos, que escribe sobre feminismo, penes, amistad y series con tíos buenos, que no va a procrear más ni muerta y que no ha muerto de inanición gracias a la Thermomix.

Está claro, amiguis, NO ESTAMOS EN EL MERCADO.

Gracias a Dios.

Convertirme en una novia por encargo es de las peores cosas que me podría pasar. Yo no sería YO, sino una idea premeditada, un prototipo soñado, un algo que alguien se ha imaginado como la vida impecable, una buena puntuación, el match perfecto de una tabla Excel, el diálogo creado por el guión de otro que no soy yo, el cruel asesinato de la improvisación, de la inmensa grandeza de mi imperfección, la meta de un tío que pensó que encajaría en su obra de teatro antes de conocerme, de verme, de tocarme.

No quiero ser el producto de un cásting ni hacerlos yo, no soportaría ser un estereotipo, corresponder al dibujo exacto de lo que se le ocurrió a alguien un día. No somos pizzas, ni pollos, ni un traje de fiesta. No estamos hechos a medida de nadie. La química no se describe, ni se escribe. La vida no es un cuento, es un viaje. Hablamos de personas, no de personajes. Los novios ideales no se buscan y, probablemente, tampoco se encuentran. Porque encontrar un “espécimen adecuado” es fácil. Lo difícil es que su olor te dé ganas de morderle; que cada vez que te toque se te cortocircuite el sistema nervioso; que solo con ver su nombre en la pantalla del teléfono quieras arrancarte las bragas de cuajo; que te mueras de la risa con él; que morree mejor que nadie en el planeta; que sea muy listo, pero no prepotente y que le admires tanto como él a ti; que te descubra canciones, pelis, series maravillosas; que sea hábil en algo en lo que tú eres un desastre, y a la inversa; que lo vuestro sea algo INESPERADO, SALVAJE, ANIMAL. Que te guste por algo que no eres capaz de explicarle a nadie.

Mucho menos a un formulario.

 

El chingar se va a acabar.

Sí, amiguis, no es que esté en plan catastrofista, es que esto es más difícil que sacarse unas opos. Y que conste que no solo hablo por mí (que también), sino por todas mis hermanas. Va a parecer que me obsesiona el tema, porque ya escribí sobre esto aquí, y también aquí. Pero es que pasa el tiempo y la cosa no cambia: no hay manera de echar un kiki. El resto de esta historia de terror os la cuento en mi blog hermano, Weloversize.