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Etiqueta: Las Claves de Sol

Adiós, penes del pasado. Hola, penes del futuro.

madonna

Ay queridas, QUÉ MIEDITO PASÉ ANOCHE.

Resulta que este finde celebrábamos la despedida de soltera de nuestra amiga Cristina. No puedo dar muchos detalles de la selebreishon por cuestiones de discreción, pero adelanto que me ha inspirado, al menos, diez artículos.

El caso es que estábamos todas sentaditas alrededor de una bonita mesa, en un restaurante de postín de la capital. Me levanto para ir al baño y, cuando vuelvo,  dos de ellas están comentando algo sobre “las alianzas de la primera Guerra Mundial” y “el matrimonio de los Reyes Católicos”. El resto, calladitas y atentas.

listening

Ay, Dios mío.

QUIÉNES SOIS Y QUÉ HABÉIS HECHO CON MIS AMIGAS

Yo ya estaba imaginando que alguna abducción extraterrestre se había apoderado de sus pervertidos cerebros mientras yo hacía pis. Ellas seguían con sus debates históricos y a mí se me empezaba a saltar el lagrimón. Qué cabrones los alienígenas. Qué os han hecho. Podían haberos despojado de cualquier otra habilidad que no fuera tan fundamental como la capacidad de decir bestialidades sin cesar. Vuestro tesoro más preciado. Vuestra esencia.

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Ya me hallaba al borde del cataclismo ante la explicación detallada sobre la Batalla de Galípoli, cuando se acerca el maÎtre y nos pregunta quién es la novia. “Yo” dice Cristina muy sonriente. Y allá que el caballero suelta “Mira, yo anulé mi boda veinte días antes de la celebración y ahora llevo dieciocho años con Laura”.

Silencio.

Alucine.

¿Quién es Laura y qué pinta en nuestra despedida de soltera?

what

El hombre prosigue con su explicación, TAN apropiada para una novia en ciernes: “Veinte días antes me enamoré de otra, qué le vamos a hacer”.

A esas alturas estábamos toda bizcas. LA MADRE QUE TE PARIÓ, MAÎTRE

Y allá que salta Inés y le replica “Hombre, veinte días antes no sería”. Miradas inquisidoras, hombre acojonao.

“Bueno, fue un año antes pero decidí dejar a mi novia a los veinte días de la boda”.

TOMA YA, CASTAÑA PILONGA.

wow

Como si nada. Y se pira.

Cómo se puso el gallinero, señores.

“Vaya morro”, “Qué hijoputa”, “Pobres chavalas”, “Imáginate a la pobre novia”, “Yo se la corto” y un largo etcétera de lindezas salieron por esas, nuestras boquitas. Ante tanto insulto, yo me sentí aliviadísima porque era posible que las lecciones de Historia hubieran sido solamente un lapsus, de esos que se dan una vez cada cien mil millones de años, rollo cometa Halley. Pude confirmarlo cuando, tras la intervención del marido de Laura, volvimos a las andadas, como si Juana la Loca y Von Bismarck jamás hubieran existido. Nos encanta poner a caldo a los adúlteros pero cambiamos de tema porque, a diferencia del señor del restaurante, tenemos dos dedos de frente y nos constaba que el abandono ante el altar no era algo a tratar a dos meses del bodorrio de nuestra amiga.

“Candela, cari, ¿cómo te va la piedra lunar?” Le pregunto a mi amiga, la esotérica. (Os recuerdo que Candela nos informó hace meses sobre los huevos de obsidiana que te introduces en la vagina con fines terapéuticos y le dediqué un bonito post)

“Pues ahí está, de momento noto que sueño más intensamente, pero nada más”.

La intención de Candela, aparte de fortalecer su suelo pélvico, era “encontrar amantes guarros”. Sí, así de Fabulosas son mis amigas.

Y continúa su relato, muy ofendida porque en su barrio hay tanta contaminación lumínica que, con tal de cargar el huevo con energía lunar, se había tenido que ir al campo “porque claro, si la pongo en mi ventana, la piedra se carga con la luz de la farola, los rayos láser de la discoteca de al lado y el neón del bar de abajo. Y vete tú a saber qué le podría pasar a mi chirri si me meto eso ahí dentro”.

“Pues, Candela, se te transforma el toto en una tortuga ninja mutante, como mínimo”, le contesta Inés.

huevo

Risas.

Descojone.

Chorros de rimmel por nuestros mofletes.

Amigos alienígenas, si en algún momento os planteasteis lobotomizarlas, os habéis arrepentido y os lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón.

Cuando Candela se pudo recuperar de las carcajadas, nos contó que ella no pierde la esperanza, que estaba convencida de que la piedra lunar coñil iba a borrar la memoria de sus bajos para así no repetir patrones dañinos. “ADIÓS, PENES DEL PASADO”, espetó ella con los brazos abiertos y la mirada al cielo. “HOLA, PENES DEL FUTURO”, contestamos todas sin acuerdo ni ensayo previo.

hello

Más lagrimones.

Más carjadadas.

Ni que decir tiene que la cosa no acabó aquí y que nos pasamos la noche hablando de piedras coñiles, de la posibilidad de que fornicar se admitiera como deporte olímpico, de que a mi amiga Nuria todos los vibradores le parecen pequeños, de la borrachera de la noche anterior…

Habrá a quien estos diálogos nuestros le puedan parecer soeces, chabacanos e, incluso, gilipollescos. En efecto, lo son. Algunos nos tildarían, escuchándonos, de superficiales y ordinarias. Y lo somos, MUCHO, así como también somos: tolerantes, cachondas mentales, inteligentes, espabiladas, cariñosas, buena gente, honradas, currantas, emprendedoras, valientes, sensibles, madres entregadas,  locuelas a veces y amigas SIEMPRE.

Que nadie se equivoque: NADA nos define, nuestras palabras TAMPOCO.

Esta vida nuestra llena de responsabilidades, bien se merece un ramillete de compañeras asalvajadas, siempre dispuestas a decirla más gorda que tú. Que no nos importe el qué dirán. Digamos muchas palabrotas, seamos irreverentes, escandalicemos si nos apetece. No esperemos el premio a las más correctas, nadie nos lo va a dar.

Démosle a la risa la importancia que realmente tiene, que es MUCHÍSIMA. La risa consuela, relaja, cura.

Riamos compañeras, TODO LO POSIBLE y, por el amor de Dios, no me peguéis más disgustos históricos, que me perdéis.

amigas

 
cuando yo fui yo

Cuando yo fui yo.

cuando yo fui yo

Estoy de comprar uniformes, libros, libretas y demás bártulos escolares hasta las mismísimas narices. Los niños están del hígado y yo con ellos. Aún no sé qué días tienen las extraescolares. No puedo organizarme. La chica que me ayudaba ha vuelto a Ucrania. Me da vueltas la cabeza. Voy a morir, o algo parecido. Ayer empezó el cole y espero que en una semana mi vida vuelva a sus cauces o me dará un flus de los graves.

En el instante en el que mis pensamientos fatídicos van a desembocar irremediablemente en una crisis histérica necesito escuchar una de esas canciones que quitan el sentío o, en este caso, lo devuelven. A mí la música me calma, me anima, me cura. Durante los últimos días he sobrevivido gracias a “La bicicleta”.

Los niños se peleaban quince veces al día, yo me ponía “La bicicleta”.

No encontraba polos blancos talla ocho en ninguno de los cuatro Corteingleses visitados, me ponía “La bicicleta”.

Tenía que visitar tres webs diferentes para comprar todos los libros de texto, me ponía “La bicicleta”.

Y así estoy, que no sé si tengo cara de Shakira o de Carlos Vives.

Pero ahora, que ya tengo los pelos más de punta imposible,  los colombianos no me bastan. Necesito un temazo que no solo me alegre la vida, sino que me evada, que me traslade a otra dimensión en la que no existen los carpesanos, los menús diarios, los calcetines azul marino de la talla treinta y cinco, que es la más demandada del planeta y por eso desaparecen antes de que los cuelguen en el expositor.

Busco en Spotify.

La tengo: “We are young” de Fun.

Ay amiguis, amiguiiiiiiiiiiiiiiiiiiis, qué momentazo siento en mis entresijos. Esa melodía me ha acompañado en Nueva York tantos días, en tantos lugares, durante el tiempo que he pasado allí este verano, escribiendo y disfrutando, que en el fondo viene a ser lo mismo. La escuché en una serie y, como soy tope de obsesiva, me la puse en bucle y a lo loco… Y allá voy, hacia esa galaxia lejana en la que no existen ni las prisas, ni las responsabilidades, ni las papelerías.

Llevo días dándole vueltas a la razón de aquella felicidad que solo puedo calificar como SUBLIME,  para poder reproducirla en la vida real. Me niego a pensar que ese estado de nirvana se da exclusivamente en la Gran Manzana.

Sigo escuchando mi canción neoyorquina. Extasiada.

Nos hinchamos (o al menos yo lo hago) a leer textos sobre cómo disfrutar los detalles y agarrarnos al aquí y el ahora, sobre cómo enfocarnos y evitar distracciones que nos roban energía. Pues ahí está, básicamente, el secreto de lo que podríamos denominar “mi alegría manhattaniana”. Aquí la menda se alejó del mundanal ruido, aunque pueda resultar a primera vista paradójico, ya que hablamos de la capital del mundo. Pero es que el aislamiento no depende de dónde esté tu cuerpecito, sino de dónde coloques tu sesera. Y la mía vivía encantada levantándose muy temprano, paseando por Central Park a las siete de la mañana, contemplando ese contraste espectacular entre lagos, árboles y rascacielos. Mi sesera zen se limitaba a caminar, escribir y ver a mis dos amigas. Nada más. Y así cómo el que mucho abarca poco aprieta, el que poco abarca, aprieta a lo salvaje.

Mientras me duchaba no cavilaba sobre qué haría para cenar, solo me duchaba.

Cuando reía con mis amigas sobre la hierba de Bryant Park, quería parar el tiempo.

Si me sentaba a desayunar en un bar, lo hacía sin prisas.

Cual súperhéroe mutante andaba yo, con los sentidos hiperdesarrollados, por esas calles, por esas cafeterías en las que me sentaba a escribir durante horas. Escuchaba conversaciones, observaba a los transeúntes para luego soltar una serie enorme de cavilaciones discordantes en mi preciosa libretita azul de Moleskine. Porque esa es otra: nada como escribir para darte cuenta, para estar presente.

No había prácticamente mensajes de Whatsapp, ni mil amigos con los que quedar. No existían los horarios. En mi nevera, una botella de leche. En mi armario, siete modelitos, unas sandalias y mis zapatillas de deporte. En el baño, eso sí, ochenta potingues (que una es minimalista, pero no tanto). La tranquilidad de que mis hijos se lo estaban pasando de muerte con los abuelos y nuestros varios Facetimes diarios, remataban el plan.

Ahí estaba yo, en un lugar dónde, lejos de huir de mí, era mucho más yo.

Decido que mañana mismo desayunaré con calma mientras le doy al boli sobre mi libreta azul, que apagaré los datos del móvil el rato que me dé la gana, que, de camino a la oficina, respiraré esta ciudad que me gusta tanto como aquella.

Uf, ya me siento mucho mejor, mis pulsaciones han vuelto a la normalidad y la idea de forrar los veinticuatro libros que tengo ante mí ya no me produce convulsiones. Nada es para tanto. Viva mi canción, viva Nueva York, viva el césped de Bryant Park.

Como todos los buenos viajes, este me ha cambiado. Que lo sé yo. Me he visitado y me he gustado. Mucho. He conocido un país nuevo, que está entre mis orejas, mis costillas y mis pies. 

Ahora que ya sé dónde estoy,  iré a verme a menudo.

cuando yo fui yo

     
Se me ha muerto el chichi

Se me ha muerto el chichi.

Se me ha muerto el chichi No es broma, no os riáis. Se me ha muerto el chichi, PERO DE VERDAD. Agonizaba desde hace tiempo, el pobre. Su declive comenzó hará unos seis años. Aún no sé si la falta de actividad fue causa o consecuencia de la enfermedad. Cada vez estaba más cansado, le daba más pereza ponerse en movimiento y, cuando lo hacía, era para luego arrepentirse. “Total, para ESTO…” solía comentar. Si queréis saber cómo sigue la historia, podéis leerla en mi blog hermano, Weloversize.

Salvemos Fantasía.

Salvemos Fantasía

Chiquis, estoy extremadamente emocionada: han reestrenado “La Historia Interminable”.

La noticia no tendría mayor importancia si no fuera porque esa historia, ese libro, es en gran parte culpable de que yo esté aquí escribiendo. Me lo leí en bucle, varias veces, en años diferentes. Fui Atreyu, lloré con Bastian, soñé con montar ese dragón blanco de la suerte tantas noches…

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Creía que, si Bastian logró entrar en ese mundo imaginario quizás yo, a base de leer y leer sin pausa, podría conseguirlo también. Yo quería ser un personaje de cuento, de película, de novela. Yo ansiaba convertirme en una mujercita de Louise May Alcott, vivir en “Torres de Malory”, tener un Gremlin, volar como Mary Poppins.

No pudo ser y entonces decidí que si no podía vivirlo, lo escribiría. Al fin y al cabo, es lo mismo.

Volvamos a la película, a esa sala de cine en la que volví a mis diez años hace tan solo dos días. Fui sola, como a mí me gusta. Para saborear, oler, masticar esa historia que ahora, con mirada adulta, descubro llena de moralejas, metáforas y enseñanzas.

Ártax, el caballo de Atreyu, muere ahogado en el pantano de la tristeza porque se deja, porque ya no le importa nada, ¿os suena de algo? Por no hablar de ESA NADA que amenaza con destruir Fantasía por culpa de los humanos que ya no imaginan, ni sueñan, NI SE ILUSIONAN.

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Lloré.

Lloré mucho gracias esa Emperatriz Infantil que lo único que necesita para sobrevivir es que le den un nombre nuevo. Lo único que la salvará es REINVENTARSE.

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Lo único que nos salvará es reinventarnos.

En diciembre me fui de viaje. Uno de esos viajes al pasado que marca, quieras o no. Como sé que la memoria es muy caprichosa (o en mi caso, muy mierder) decidí escribir una especie de diario de aquellos días. Poco a poco, aparte de apuntar con detalle los terremotos emocionales que, en efecto, me atacaron (que ya lo sabía yo que iba a pasar), empecé a divagar.

Porque esa es una de las tantas maravillas que te aporta la escritura, que empiezas en plan sencillito y se te acaba yendo la pinza que no es normal. La primera vez te da vergüenza pero, con la práctica, lo de proyectar, soñar y montarte películas se convierte en tu día a día. Y eso hice: crear en esa libreta marrón una vida ideal, la mía, en la que viviría parte del año en Nueva York (porque a mí Madrid me vuelve loqui también), me dedicaría exclusivamente a escribir y me cepillaría a Jason Momoa (porque sí, se me ha muerto el chirri, pero este lo resucita, FIJO QUE SÍ).

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De ese viaje hace solamente ocho meses.

Ayer llegué a Nueva York.

HOY os escribo con vistas a Central Park y haré lo mismo, cada día, durante las próximas tres semanas, creando algo que hace seis meses era utopía pura y dura.

Increíble pero cierto.

Esta vida, que nadie os engañe, es mágica.

Ya lo decía el dragón Fújur: “Never give up and good luck will find you” (nunca te rindas y la suerte te encontrará). Lloré al escucharlo y lloro al escribirlo (estoy de un sensible que es MUY FUERTE).

good luck

Quizás peco de descerebrada, de infantil, de crédula, de fantasiosa, de tonta del culo. QUÉ MÁS DA.

Amigas de mis entresijos, que me leéis, que me compartís, que me decís unas cosas TAN preciosas que se me saltan los lagrimones, varias cosas os tengo que decir y las numero o me lío (estoy tan dispersa como sensiblera):

  1. Por Dios, compraos una libreta marrón, o fucsia o verde pino. Soñad en ella. Que la Nada no os atrape. La Nada es una mierda como un piano.
  2. Juntaos con gente que tenga sus propias libretas, que entiendan vuestros sueños, que los alimenten. Siempre arriba, siempre adelante. El resto, a tomar por c***.
  3. Llevad al cine a vuestros hijos, contadles historias, leed delante de ellos y así ellos leerán. Eliminad de su vocabulario lo “imposible”, el “no lo conseguiré”, el “no puedo” tan, tan, tan asqueroso. Que no pierdan, al crecer, esa emoción loca por lo más nimio.
  4. Por último, GRACIAS. Gracias inmensas y emocionadas. Gracias, una vez más, por leerme, por compartirme, por ser mis amigas virtuales, por acompañarme en mi sueño, ya realidad.
Hoy, entre todos,  hemos salvado Fantasía.

     wink

     

Los hombres “DE VERDAD” no toman en serio a las mujeres “COMO YO”

lasclavesdesol

Queridas amigas y amigos todos, algunos ya lo sabéis porque me faltó tiempo para publicarlo en Facebook. Ayer recibí un comentario de un tal Paolo en este, mi querido blog, del tenor literal siguiente:

“Los hombres (hombres de verdad, guapos o no) ya no nos tomamos en serio a las mujeres como tú. No se si te lees bien, o re-lees a menudo o de vez en cuando. Desde luego mi opinión no te ha de importar, no vengo a censurar tus pensamientos ni tu personalidad. Pero me temo que estás pasando por esta vida sin enterarte de ná, al menos según los posts que he leído y que ya abandono”.

Yo tengo un principio básico, según el cual no apruebo ningún comentario que me juzgue ni a mí ni a ninguno de mis lectores, por varias razones:

  • Este es MI BLOG. Yo me lo curro. Esta es MI CASA y aquí se lee lo que yo quiero, ni más ni menos. Si me quieres poner verde, a mí o a quien sea, te montas una web y ahí nos pones a caer de un burro, feel free.
  • Las Claves fueron creadas con la finalidad de pasar un buen rato (yo y mis lectores) y eso no incluye según qué comentarios.

Otra cosa muy diferente es que se expongan diferentes puntos de vista respetando los del resto. BIENVENIDOS SON TODOS.

Y ahora, Paolo, vamos a entrar en materia, no porque me importe lo más mínimo tu comentario sobre mí, o sobre LAS MUJERES COMO YO, sino porque me has dado pie para escribir sobre unos cuantos temas que me tocan sobremanera los ovarios.

  1. ¿Qué es un hombre DE VERDAD? Explícate porque creo que no lo tenemos muy claro por aquí. Sabemos que hay personas de género masculino (hombres) y otras de género femenino (mujeres). No teníamos conocimiento de que hay algunos que son de verdad y otros que no lo son. También es verdad que como las mujeres COMO YO no nos enteramos de mucho, quizás el problema no sea que tú no te expliques, sino que nosotras seamos TONTAS.

Yo me planteo varias posibilidades, con este intelecto mío TAN limitado. ¿Serán hombres de verdad aquellos que “se toman en serio” a unas mujeres y a otras no, dependiendo de cómo piensen, se expresen u opinen estas?

2. Ya que estamos… ¿qué es “tomar en serio”?

¿Será, quizás, un sinónimo de “respetar” o “escuchar”? Según esto, tú no respetarías a algunas mujeres, concretamente las que son “como yo”. Todo un poco RARO, por decirlo suavemente. O quizás para ti “tomar en serio” significa casarse y tener hijos. Me estás liando, Paolo. Pero tranquilo, que yo nunca quise casarme y he tenido dos hijos como dos soles sin (gracias a Dios) necesitar a un hombre COMO TÚ.

3. ¿Qué es una mujer “COMO YO”? Es más, ¿nos conocemos?, ¿cómo soy yo?, ¿cómo son las mujeres “como yo”? Para ayudarte, te voy a aclarar algo sobre mí y las mujeres COMO YO, pero no te acostumbres a que te dé explicaciones, por favor. Las mujeres como yo decimos lo que nos gusta sin miedo a que nadie (ni un hombre “de verdad” y “como tú”) nos juzgue. Si nos gustan los guapos, las pollas y Jason Momoa, lo decimos. Si nos gustan los feos, los coños y dejarnos largos los pelos de las ingles, TAMBIÉN.

Si te disgusta no mires, no leas, no toques.

Otra duda que me asalta: ¿hay solamente hombres “de verdad” y mujeres “como yo” o cabe la posibilidad de que haya mujeres “de verdad” y hombres “como tú”?

4. Cuando hablas de censurar, ¿qué sería, según tu sabia opinión, lo censurable en este blog? Porque claro, una aquí ha dicho que le gustan los guapos (ojo, con el pecado mortal), que somos Fabulosas, que hay que soñar, que hay amores que no lo son, que me gustan mis amigos, que me da pena que cierren mi bar, que nos gustan los empotradores, que hay un machismo aceptado, que nos gusta ver penes y un largo etc. de temas.

5. ¿De qué no me entero exactamente? Disculpa pero lo de “ná” queda un poco…GENERAL, vago, inconcreto.

Ah, también hablas de censurar MI PERSONALIDAD, esa que tú conoces tan bien porque… No sé, porque los hombres DE VERDAD tenéis poderes extrasensoriales, qué suerte y QUÉ FUERTE.

Desde luego, Paolo, no tienes porque leerme. Es más, AGRADECERÉ QUE NO LO HAGAS. De hecho, la mayoría de la población mundial pasa de mis textos, porque no me conocen, porque no les gusta lo que escribo o porque lo aborrecen.

Para ir terminando, que tampoco quiero dedicarte a ti, ni a LAS PERSONAS COMO TÚ mucho tiempo, te diré lo que para mí es un hombre DE VERDAD.

Hombre de verdad, características básicas: honestidad, respeto por todos y todo lo que le rodea, libertad (para hacer, para decir, para pensar), empatía, piedad, educación, honradez.

Nada que ver con una:

Mujer de verdad, características básicas: honestidad, respeto por todos y todo lo que le rodea, libertad (para hacer, para decir, para pensar), empatía, piedad, educación, honradez.

Ah, y no, Paolo, TU OPINIÓN NO ME IMPORTA LO MÁS MÍNIMO y espero que les pase lo mismo a todas las mujeres, a las que son “como yo” (signifique lo que signifique eso) y a las que no.

bye

Me gustan los guapos ¿Y qué?

lasclavesdesol

 “ME GUSTAN LOS GUAPOS, como a todas”, pensaba yo. Cual fue mi sorpresa (sobre todo porque una ya tiene una edad y ha hablado mucho de hombres en esta vida) cuando en uno de mis akelarres femeninos, varias de las brujillas asistentes admiten, confirman y reafirman que a ellas LES GUSTAN LOS FEOS.

“Pero, vamos a ver… Quieres decir que no te importa tanto la belleza como el atractivo, ¿no?”. Pregunté yo, muy preocupada. “No,  no, a mí los guapos no me van, me gustan FEOS”.

Ah…

    FEA

Para gustos, los colores. Cada uno es como es. Sobre gustos no hay nada escrito y cada uno que haga de su capa un sayo.

Yo me hice la comprensiva, pero era mentira DEL TODO. Quise investigar…

“Pero, entonces, si por ejemplo, se te acercan un guapo y un feo y te piden mambo, ¿tú eliges al feo?”. Yo quiero informarme bien de las cosas, que luego me lío. “Probablemente elija al feo, sí”, fue la respuesta.

Ah…

COMO

“O sea, que entre Jon Nieve y Theon Greyjoy eliges al segundo?”, continúo, y siento que me estoy exaltando un poco, todo fruto de mi absoluta incredulidad.

“Hombre, y tanto”, me responde la mujer. Y se queda tan ancha.

Yo, que miro alrededor, a ver si alguna de las otras humanas, tienen el mismo jeto de alucine que yo y veo QUE NO.

“Chicas, ¿a vosotras también os gustan los feos?” digo, no sin cierto miedo a la respuesta.

“Bueno…”, “a veces…”, “depende…”

TELE

Pero, ¿CÓMO QUE DEPENDE? Y  que conste que yo entiendo perfectamente que nos enamoramos de la persona, que hay hombres que no te atraen por lo físico y te flipa su intelecto, que hay personalidades magnéticas. Pero NO ESTAMOS HABLANDO DE ESO.

Lo que yo quiero saber, QUE NO ME ESTAIS ENTENDIENDO, es si para un restregón, un morreo, un polvo, un meneíto, un chachachá, una empotrada en toda regla, preferís un feo a un guapo. MUY FÁCIL.

Me observan, como si yo fuera de otro planeta. O una superficial, una mala persona, una frívola, una Paris Hilton cualquiera.

paris

Fue uno de esos momentos en la vida en los que te planteas hacerte la longuis, pasar desapercibida y mentir como una perra para que no te echen de la manada. Podía haber disimulado excusándome “Hombre, claro chicas, era broma, a mí  también me van los callos. A QUIÉN NO. ¿A qué tía ordinaria le iban a molar los tíos guapos, altos, fuertes, con ojos bonitos, culo perfecto, pelo abundante, carnes prietas, sonrisa profidén y, ya que estamos, con pene extraordinario? ¿QUIÉN VA A SER LA ANORMAL A LA QUE LE MOLE SEMEJANTE REPUJJJJJNANCIA?

SERVIDORA.

Sí, chavalas, sí. A MÍ ME GUSTAN LOS GUAPOS.

opra

Lo grito al viento, sin vergüenza alguna. Sin complejos. #GUAPOSDIGNIDAD

Me embobo mirando a los tíos buenos por la calle, me gustaría tocarles el culete a todos y ni os cuento, morreármelos. Me gustan los jóvenes, no por jóvenes, sino por buenorros. Si no son jóvenes y están estupendos, también me valen. Me gustan los labios carnosos, los dientes perfectos, los abdominales marcados.

Si son unos empotradores, mejor. Si no, tampoco pasa nada.

Cual adolescente menopáusica miro compulsivamente en Google y en Instagram las fotos de Paul Newman, de Marlon Brando, de Ashton Kutcher, Jason Momoa y Adam Levine, entre muchos otros.

paul
El tío más guapo de la historia
 
marlon
Marlon, tú el segundo.
ashton
Ashton, en pelotas no, POR DIOS.
adam
Adam, que me pierdo…
jason
Te voy a dedicar post, Jason. NO DIGO MÁS.
Y bueno, chiquis, que después de ver estas imágenes no puedo ya ni pensar, pero sí reafirmarme del todo. No soy nada indie en lo que a gustos se refiere, qué le vamos a hacer. Yo por si acaso, reuniré al akelarre de nuevo a ver si consigo traérmelas al lado oscuro. A ver si hay suerte.