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Etiqueta: Las Claves de Sol

Estás muy bien para tu edad y otras frases de mierda

“Estás muy bien para tu edad” y otras frases de mierda.

Estás muy bien para tu edad y otras frases de mierda

Llega un momento en la vida en el que los niños, cuando te pisan en el supermercado, se disculpan con un “perdón, señora” y les quieres retorcer el pescuezo. Poco después, la recepcionista del centro médico, te devuelve la tarjeta sanitaria con un amable “esto es suyo, ya lo puede guardar” y te encantaría ahogarla en su propia sangre. Te planteas muy seriamente cuándo ha pasado ESTO. ¿Cuándo dejaste de ser tú, para convertirte en “Usted”?, ¿ cuándo el “señora” sustituyó al “tía”, “chavala”, “chica”?

why

Te miras de arriba a abajo para comprobar que no has cambiado y sigues llevando los mismos vaqueros, las mismas sandalias, el mismo sujetador y el mismo bolso. La misma talla, el mismo corte de pelo. Aún sales algunas noches, hablas de penes con tus amigas, echas algún casquete divertido, tienes las tetas en sus sitio. Quedas para ir de cañas, para comerte un buen brunch los domingos, para ir al cine entre semana. Hay canas, sí, pero teñidas. Nadie las ve.

NO ENTIENDES NADA.

Se habrán confundido. Don guorri.

Pero vuelve a pasar: en el tren, en el ascensor, en la papelería.

se derrite

Puedes elegir entre corregirles, gastando mucha saliva y más energía, o asumirlo. Voto por lo segundo. Mi consuelo es que esta catástrofe nunca se ha dado en un bar, en una disco, en el karaoke. Eso ya sí que no podría superarlo.

Esa gentuza gente no te conoce.

Qué sabrán ellos.

Se lo dirán a cualquiera.

Y un buen día, charlando animadamente sobre la edad, los cambios o los tiempos pasados, alguien te dice “Tú estás superbien PARA TU EDAD”

Temblores.

Convulsión.

Desmayo.

trembling

¿PARA MI EDAD, so hijoputa? ¿Cómo que PARA MI EDAD?

Encima, el energúmeno en cuestión, sentirá que te ha piropeado y que tienes que agradecérselo.

Primero: ¿se supone que a “mi edad” se tiene que estar “mal”?

Segundo: ¿cuales son las características, físicas y mentales, que definen estar “mal”?, ¿y “bien”?

Tercero: ¿hay que compararse con alguien? En caso afirmativo, ¿con quién? Porque claro, la cosa cambia según la referencia sea algo tipo Belén Esteban o un rollo Jennifer López. (Yo es que juraría que la primera esta mal no, FATAL, y la otra bien no, FABULOSA, ya tuvieran veinte o sesenta años.)

bullshit

Cuarto: ¿cual es el momento adecuado para añadir el “para tu edad” al “Qué bien estás” y punto?

Quinto: ESTOY BIEN, ESTAMOS BIEN, ESTÁS BIEN. A secas, por favor.

Otra brutalidad del estilo que el otro día me recordaba un amigo (escritor, alto, de cuarenta y tantos, listo y guapetón) es el famoso “Yo, de mayor, quiero ser como tú”. Esto, dicho por alguien que ya esté en la veintena, es otra barbarie cósmica.

Yo te diría, querido impúber mental, que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Si quieres serlo, ponte a ello YA. A ver si siendo COMO YO, dejas de decirme tonterías A MÍ.

thumbs

Aclaro: yo, o tú, o él, o ella, en resumen, NADIE, es “mayor” por tener equis edad. Si acaso, seremos “mayores que” o “menores que”, cosa MUY diferente. El ser “mayor”, queridos todos, depende de variables que nada tienen que ver con la edad y que siempre van a ser, cuanto menos, relativas.

Leedme con atención: a nadie le gusta que hagas referencia a SU EDAD para después describirle como MAYOR. A NADIE. Otra vez. A NADIE.

no

Repetid conmigo:

Estás muy guapa/o para tu edad.

Yo de mayor quiero ser como tú.

Tienes un tipazo para tu edad.

Qué buena piel tienes para tu edad.

Y cuando ya hayáis tachado las palabras malditas de vuestro cerebro, salid a las calles.

head

Estáis perdonados.

Bares, qué lugares.

Bares, qué lugares

Bares, qué lugares.

Para mí, que me he pasado la vida por las calles, perreando sin medida, los bares han sido mi segunda casa.

El primer bar que recuerdo es aquel al que iba TODOS los sábados a mis quince, cuando ya me dejaban salir hasta la una. Fue testigo de las primeras borracheras, de los primeros tonteos con los chavales, de aquellas charlas TAN estúpidas como fascinantes de la adolescencia. Porque os recuerdo que en los ochenta aún hablábamos, quedaban milenios para que apareciera el primer móvil, gracias a Dios.

En esa época, la variable de entre semana era el Bar Loredo, donde pasábamos horas jugando al Backgammon sentados en aquellos horribles asientos de polipiel verde que para mí eran lo más parecido al paraíso.

A veces el bar no era un bar, era la biblioteca del pueblo, cuya puerta hacía las veces de club social, plagada de Vespinos, de mochilas, de bolsas de patatas fritas que comprábamos en la tienda de la esquina, que no era un chino (con todo mi amor para los chinos, que conste). Qué manera de perder el tiempo tan absolutamente maravillosa.

Me vienen a la memoria los bares del verano, aquellos que durante el invierno eran un fantasma tapiado por una persiana llena de pintadas. Yo crecí en Lloret de Mar que, como todos los lugares de costa, mutaba entre mayo y octubre. Durante cinco meses migrábamos a las terrazas lindantes con esa playa en la que pasábamos el dia entero, donde comíamos un perrito caliente y un “negrito” de postre. Religiosamente. Cada día. Sin excepción. Porque de adolescentes nos encanta esa rutina que de mayores nos hastía. Los mismos amigos, la misma comida, el mismo metro cuadrado de arena, las mismas conversaciones.

Me fui a hacer COU a Barcelona. Nueva vida. Nuevos bares. La estrella indiscutible: el Joan´s. Estaba a diez metros del colegio. Qué mayores nos sentíamos por poder salir a la hora del recreo y desayunar en un bar. Aún se me saltan las lágrimas cuando paso por delante. Allí tomé mis primeros (y últimos) sucedáneos de cortado: un minivaso de leche con una cucharadita de descafeinado de sobre. Si es que nunca me gustó el café. Aunque lo intenté, a mí lo que me va es el Cola Cao.

Y llegó la universidad. Yo iba al que denominaban “el único bar de Barcelona con Facultad”. La de Derecho. La proporción de horas que pasé allí, comparada con las que pasé en clase debía ser de 4 a 1. Así me iba. No me arrepiento lo más mínimo, aprendí tanto de la vida… Allí encontré a la que más tarde se convirtió en “La Madre Niuyorkina”.  Allí traficábamos con los Katovits que nos permitían estudiar durante doce horas seguidas (o eso nos creíamos). Allí se incubó esto que soy ahora.

Los jueves, viernes y sábados por la noche íbamos a un garito que se llamaba no sé qué de “cat”. Un cuchitril pequeñajo cerca de la Bonanova que estaba plagado de guiris buenorros. La de ligues que pescamos la Niuyorkina y yo por aquellos lares, madre del amor hermoso. Fue la que llamamos nuestra “Epoca United Nations” por la cantidad de relaciones internacionales que entablamos con noruegos, tiroleses, ingleses y un largo etc.

Me falla la memoria cuando intento recordar cual fue Mi Bar después de acabar la carrera. Quizás ya esta madurez ajquerosa me empujó a variar constantemente para no aburrirme. Qué manía con el puto aburrimiento.

Y llega el presente, ese que va desde la treintena hasta ahora, ese que os cuento desde esta mesa, de este bar que algunos llamarían cafetería. Hay mesas, sillas y bebo cosas. Para mí es un bar. Aquí escribí mis primeros artículos, le di forma a este blog que me ha cambiado la vida. Aquí me he encontrado con mis amigos durante los últimos diez años, para desayunar, para merendar, para celebrar que llega la Navidad y que algunos vuelven a casa, como el turrón. Aquí rajamos durante horas para arreglar nuestro mundo (y lo conseguimos, casi siempre). Aquí vengo con mis hijos todos los domingos, a tomar Frappuccinos de caramelo y de fresa. Los camareros nos llaman por nuestros nombres, esos que al principio escribían en un vaso y ahora solo vocean desde la barra: ¡Soooooooooool, tu mocca blanco!

Este es mi rincón de escape cuando no puedo más y solo quiero leer, o escribir, o mirar a la gente pasar mientras se hace de día.

En dos semanas cerrarán Mi Bar, como antes cerraron muchos de mis otros bares, y yo no puedo evitar sentirme un poco huérfana, muy perdida y extremadamente triste. Buscaré otra mesa desde la que respirar, observar y contaros lo que veo, pero no será lo mismo.

Nunca lo es.

bares, qué lugares

Hola, soy la mejor amiga de tu novio

Hola, soy la mejor amiga de tu novio

Hola, soy la mejor amiga de tu novio

Tengo amigas que son chicas y también MUCHOS amigos que son chicos.

Algunas de mis amigas tienen amantes, novios e, incluso, maridos. Lo mismo pasa con mis amigos.

A veces me reúno con mis amigas y sus parejas, otras veces solo nosotras. Exactamente igual que con mis amigos.

Hasta aquí todo parece bastante normal y, de hecho, LO ES. Al menos para mis amigas, mis amigos, sus parejas y mi menda lerenda.

Y, un buen día, una escucha cosas tales como “la amistad entre un hombre y una mujer no existe” o “esas mejores amigas de tu novio, que ni comen ni dejan comer”.

HOSTIAS.

Hola, soy la mejor amiga de tu novio

HUY, HUY, HUY.

Hola, soy la mejor amiga de tu novio

AY, MADRE.

hola, soy la mejor amiga de tu novio

Por partes:

Si esos que me han acompañado durante la mitad de mi vida, no son mis amigos, ¿QUÉ COÑO SON?

A ver, que repaso un poco la teoría. RAE de mis amores, ilumíname.

amistad

Del lat. vulg. *amicĭtas, -ātis, der. del lat. amīcus ‘amigo’.

1. f. Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.

Oye, que juraría que lo que hay entre esos chavales y yo es amistad. Afecto, trato… Sí, sí, por ahí va la cosa.

“Seguro que alguno de los dos, en algún momento, ha sentido algo más por el otro”, es la segunda perla que me sueltan.

¿PERDÓN?

Hola, soy la mejor amiga de tu novio

Entiendo (porque le pongo ganas, porque si no NO ENTENDERÍA NADA) que ese “algo más” es que o mi amigo y/o yo hemos querido morrearnos, acostarnos y/o hacernos novios.

Espera, que me descojono un rato y ahora vuelvo.

Hola, soy la mejor amiga de tu novio

No quiero follarme a casi ningún hombre del planeta (solo a Jason Momoa, Adam Levine y Tom Hardy). Ya sería casualidad que justo quisiera follarme a MI AMIGO. Lo mismo a la inversa: me las veo negras para pillar cacho y justo va a ser ESE, TU NOVIO, al que conozco desde hace más de veinte años, con el que he viajado, al que he visto mear, vomitar, al que he ayudado TANTAS veces a ligar antes de que llegaras tú, el que está loquito por metérmela. Y además quiere hacerlo JUSTO AHORA que está contigo.

VENGA, VA.

Hola, soy la mejor amiga de tu novio

Seamos honestos, esto no tiene nada que ver conmigo, ni con la amistad, ni tan siquiera con tu novio, hija mía. Esto nace de tus celos, de tu inseguridad y, perdona que te lo diga, de tu estrechez mental.

Sí, yo estaba antes que tú Y NO PASA NADA.

Tu novio y yo hemos compartido y compartiremos (por muy farruca que te pongas) miles de marchas, de confidencias, de buenos y malos momentos Y NO PASA NADA.

Tu novio y yo nos queremos mucho Y NO PASA NADA.

No soy el perro del hortelano. Dejo comer y, por mi parte, me como lo que puedo o lo que quiero y eso no incluye a tu novio, no porque sea tu novio, sino porque NO ME GUSTA. Está en el cajón de LOS AMIGOS, no en el de los amantes. Ha sido así siempre y así seguirá, estés tú por aquí o no.

Hola, soy la mejor amiga de tu novio   Así que, querida mía, permíteme que te comente un par de cositas: Haz algún amigo, molan tanto como las amigas y encima aportan puntos de vista alternativos, que siempre te enseñan algo. Quizás tú tontees con tus amigos, si ya los tienes. No es mi caso. Ni el de muchísimas otras. No malmetas, que está MUY FEO. Y, por último, que tu novio sea el mejor amigo de una chica  es señal de que posee unas virtudes que no todos tienen. Felicidades. Hola, soy la mejor amiga de tu novio  
Los diez tíos mas empotradores del planeta.

Los diez tíos más empotradores del planeta.

Los diez tíos mas empotradores del planeta.

Empotrador: dícese de aquella persona de género masculino, cuya visión te provoca bajada inmediata de bragas, temblor de piernas, cachondismo exacerbado y unas ganas locas de gritar ¡ PERO EMPÓTRAME YA, TE LO PIDO POR FAVOR!

Aclarado el concepto, vemos que sigue siendo muy subjetivo porque, aunque los efectos no son discutibles, sí lo son los señores susceptibles de provocarlos. Aún así, yo me he liado la manta a la cabeza y me he aventurado a listar los que yo considero los diez tíos más empotradores de la pantalla.

En el número 10 tenemos a John Corbett. Este señor que tardó en empotrar a Carrie pero cuando lo hizo, la dejó loca. Es un Empotrador discreto y elegante. Cuando menos te lo esperas, ZASCA.

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En el número 9, el Empotrador patrio: Quim Gutiérrez. Tiene pinta de listo, de despistao y de saber encontrarte zonas erógenas que tú ni conocías. Y se chupa el dedo, no digo más. image
En el número 8, Channing Tatum. Lo reconozco, el 95% del cachondismo que me provoca esta preciosa criatura tiene que ver con su talento bailarín. ¿PERO LE HABÉIS VISTO EN MAGIC MIKE? Se dice, se comenta, que en sus tiernas juventudes fue Stripper. Oye, que no seré yo la que desee que le vaya mal en el cine y tenga que volver a las andadas. Pero, por si acaso, ya te digo yo, Channing, que dólares en el tanga no te iban a faltar, así tenga que rehipotecar mi queli.
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Llega el 7, señoras. Es el Classic Empotrator, Russel Crowe. Él sigue en el ranking, en gran parte gracias a Gladiator que era tan buena persona como fucker. Una bestia parda australiana. Este de sutil, POCO.

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En el sexto puesto, Adam Levine. El cantante de Maroon 5 tiene una cara de cerdo que no puede con ella. Esos tatoos, esos oblicuos, esa mirada de depravado. Gloria Bendita, oigan.

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Con el número 5 llega el mejor Batman de todos los tiempos del mundo mundial: Christian Bale. Aparte de ser un actor espectacular, está bueno que no es ni medio normal. Y es listo. Y si es listo de verdad, ES GUARRO. Y si es guarro, te agarra del pescuezo y te empotra contra el alicatado. Y eso nos gusta. MUCHO.

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En el número 4 uno que sí que tiene que ser cochino, cochino. Tom Hardy, otro actorazo. Esos morros, esa caída de ojos, ese rollo misterioso que tienen los que te pillan por suprise, te follan viva y luego no dicen ni mú. NI FALTA QUE HACE.

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No sabemos si Michael Fassbender ocuparía el número 3 de no ser por Shame. Para empezar, le vimos el pene, o mejor dicho, EL PENE. Luego se tiraba a unas cuantas por todo Nueva York. No nos deja mucho a la imaginación y siempre va bien saber con lo que te vas a encontrar.

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Desde que vi «300» quiero ser espartana, o espartera, o lagarterana, o algo. Gerard Butler ocupa el puesto número 2 por su pinta de bruto, por esos ojos, porque es un escocés con pinta de beberse 56 pintas de cerveza y aún así, reventarte luego a polvos. Gerard tiene unos 45 palos, ha follado de lo lindo. Sabe lo que se hace y queremos que nos lo haga. YA.

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Y en el número 1, como no podía ser menos, el animal más salvaje de la faz de la tierra: JASON MOMOA. Lo tiene TODO: está bueno, es enorme, nos consta que tiene un rabo descomunal (así lo dijo la Madre de Dragones, que nunca miente). Esas melenas, esos brazacos, esa mezcla de hawaiano, alemán y no sé cuantas nacionalidades más, esa dentadura y ESA ACTITUD. Porque en el empotrador, la actitud lo es todo. El empotrador se sabe empotrador, sabe que, ante él, solo puedes pensar en que te empale viva. Sea Kharl Drogo, Conan o cualquier otro personaje asalvajao, queremos que nos hagas tuya, Jason. Sin más dilación.

image   Ahora creo que con diez me he quedado corta y quizás tenga que hacer una segunda parte dedicada a los Empotreitors. Se aceptan sugerencias, queridas amigas.

¿Glamourosa yo? Mogollón.

¿Glamourosa yo? Mogollón.

Todas mis heroínas televisivas chorrean glamour por los cuatro costados y yo solo quiero ser como ellas. Esa Alicia Florrick, la maravillosa Olivia Pope, la sempiterna Carrie Bradshaw. Pero yo, por más que lo intento, ni me acerco. Estas son solo algunas de las razones:

No me gusta el vino.

¿Glamourosa yo? Mogollón.

No. Hay. Manera.

Vamos, ni el vino, ni el gin tonic, ni el Cosmopolitan. Ellas acaban sus mierdas de días superglamourosos con un copazo de vino maravilloso y yo lo hago con una taza dónde dice “Good Morning Asshole” llena de Cola Cao. Pero esto lo voy a cambiar yo. Voy a escribir una serie donde una tía despeinada se jinche a leche, pero nada de rollo vegetal, bien de vaca, bien de grasa.

No me peino.

¿Glamourosa yo? Mogollón.

Cada 31 de enero (menos el último) me propongo lo mismo, quiero ir peinadita. Un poco de plancha, unos bigudíes. Pero cuando llega el momento de la verdad, me da un perezón que solo acierto a secarme el pelo cabeza p´abajo, así al menos voy despeinada pero voluminosa. Nada que ver con Alicia, y ni hablemos de Olivia que no olvidemos que la muchacha es negra y alisarse el pelamen tiene que ser muy fuerte.

¿Glamourosa yo? Mogollón.
La Florrick, nunca se despeina, nunca se despinta.
¿Glamourosa yo? Mogollón.
Peinadita hasta sobando, la Olivia.

No me gusta cocinar.

¿Glamourosa yo? Mogollón.

Lo hago fatal. Me gustaría que me gustara, decir que me relaja e invitar a mis amigos a casa, pero no. Paso de cocinar y de limpiar las migas y las vajillas y los manteles. Yo siempre fui muy de los bares y las pizzerias. Menos mal que en esto sí hay mujeres televisivas con las que identificarme: nunca vimos a Carrie Bradshaw ante los fogones.

Me puede la comodidad

Ay qué dolor esos tacones tooooodo el día. Yo con mis Nike o mis botas Panama Jack soy tan feliz. También hay que entender que Olivia y Alicia no viven en Madrid, donde pateamos de lo lindo. Aquí otro gallo les cantaría…

Otro tema íntimamente relacionado con el tema zapato es el de los bolsos. Yo me he rendido. Mochilas, venid a mí. Yo no puedo llevar los utensilios de mujer, los utensilios de madre y los utensilios de trabajadora, todo colgado de un hombro. Me duele, soy humana. PASO.

¿Glamourosa yo? Mogollón.
Ay, esta Sol…

Para colmo de males, lo que no me cabe en la mochi, lo meto en bolsas de plástico, pero no de las monas noooooooo… “Frutería el abuelo Paco”, “Carnicerías Dolores” (yunouguataimin)

Me muerdo las uñas.

Y cuando consigo no mordérmelas porque me las pinto, me arranco el esmalte a bocados. Toda una demostración de finura esto mío. En mi defensa dire que la pedicura la llevo impoluta. Super lógico teniendo en cuenta que nadie más que yo me ve los pinreles durante 10 meses al año.

¿Glamourosa yo? Mogollón.

Mis pijamas son un puto desastre.

Desconjuntados, con manchas que no se van, enormes, comodísimos. Ni sedas, ni encajes, ni madre que los parió.

¿Glamourosa yo? Mogollón.
Como no tengo una foto mía en la piltra, os pongo una similar.

Llevo tangas de algodón.

Tengo alergia en las partes bajas. Es lo que hay. AGAIN, ni sedas, ni encajes, ni madre que los parió. De conjuntar tanga y sujetador, NI HABLAMOS.

¿Glamourosa yo? Mogollón.

Desayuno galletas (con Cola Cao, claro).

Nada de porrridge de chía o aguacate, o leches vegetales o bayas de goji o smoothies de espinacas.

¿Glamourosa yo? Mogollón.

Soy la looser de Instagram.

Ni os cuento porque ya lo hice en otro artículo.

¿Glamourosa yo? Mogollón.

No soporto los “sitios de moda”.

Y venga dj´s, y venga clones, y venga “que me vean”, y yo que me cabreo porque no oigo al de enfrente y acabo con una mala hostia y un dolor de tarro…

¿Glamourosa yo? Mogollón.

Hasta aquí solo 10 de las 10.000 razones por las cuales debería rendirme y reconocer que el glamour no es lo mío.

¿Cuales son las tuyas?