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Etiqueta: Las Claves de Sol

me gustan las mujeres

Me gustan las mujeres

me gustan las mujeres

Me gustan las mujeres que hablan, que cuentan, que ríen, que lloran chorreando rimmel hasta la barbilla, que se despelotan emocionalmente frente a una cómplice, quizás recién conocida, que sufre, disfruta y está hasta los ovarios de lo mismo que ella: de los tíos, de los deberes de los niños, del machismo en el curro, de que no hay manera de echar un polvo en condiciones, de que “he engordado cinco kg. no sé cómo”, de que “se me caen los pellejos, fucking menopausia de mierda”,…

Me gustan las mujeres a las que les gustan las mujeres, que saben que sí, que hemos avanzado mucho pero que nos queda mucho camino por recorrer y solo lo haremos TODAS JUNTAS, empujando en la misma dirección. Me gustan las mujeres que no juzgan a otras mujeres: por  no tener novio, por no casarse, por no tener hijos, por vivir como les sale de su santísimo toto.

Me gustan mis amigas, mis primas, mi madre y mi padre (ya sé que es un tío Y LO MOLA TODO), que nunca me ha tratado, educado o hablado como a una mujer, sino como A UNA PERSONA.

A mí es que me encantan las mujeres, MUCHO.

Las tías somos Fabulosas, estamos llenas de matices, de historias, de histerias.

Las mujeres somos fuertes, listas, sensibles, cotillas, divertidas, guarronas, mogollón de glamourosas, siempre forzando nuestro motor para ser Supermadres, Superguapas, Supercurrantas… Sin darnos cuenta de que ya nacimos SUPERMARAVILLOSAS PORQUE SÍ.

Me gustan las mujeres que leéis estas barbaries que escribo y os descojonáis en el metro yendo al trabajo, después de acostar a los niños o cuando estáis hechas mierda tras haber mandado a tomar por el jander al último  Mareador de turno.

Y ME LO CONTÁIS Y YO MUERO DE AMOR.

Dicen que es HOY ES NUESTRO DÍA, queridas mías, y no se me ocurre mejor manera de celebrarlo que agradeciendo vuestro tiempo, vuestros comentarios y vuestras risas.

ME GUSTÁIS MUCHÍSIMO, MUJERES.

Momentos que te cambian la vida

Momentos que te cambian la vida

Momentos que te cambian la vidaA estas alturas una ya sabe que esto no va de tomar las que se consideran GRANDES DECISIONES, sino de identificar esos pequeños momentos que, como dice mi amada Mariella Villanueva, te cambian la vida.

Mi vida no sería muy diferente, por ejemplo, si en lugar de estudiar Derecho, hubiera estudiado Filología, o Historia, o Psicología  (escoger una carrera, qué importante, O NO), excepto por un nimio instante en el que una chavala pizpireta preguntó en el bar de la Facultad que quién salía aquella noche. Levantar la mano me cambió la vida para siempre porque no la concibo sin Bonnie, sin los años en los que recorrimos TODOS los bares de Barcelona, sin nuestros viajes, nuestras conversaciones y sin mis visitas a ese Nueva York al que se mudó hace ya tanto (la muy perraca).

El Nueva York de mis amores en el que se gestó este blog a fuego lento, a base de desayunos con Bonnie y con Carmen, esa filmmaker maravillosa fruto de otro pellizco del destino, de una presentación fortuita en una discoteca ibicenca, a las 5 de la mañana, bailando a una cantante (ahora amiga del alma) con la que acabo de escribir mi primera canción 14 años después de aquello (el Universo es MUY maravilloso).

Yo no sería esto que soy, si una noche discotequera de verano de hace 25 años no se hubiera dado la siguiente conversación:

Yo: ¿Cuántos años tienes?

Isra: 16.

Yo: (volviendo a mi rincón de la disco con un golpe de melena) Vale.

Luis: (dirigiéndose a mi rincón) Que dice mi amigo que por qué le preguntas la edad.

Yo: (de nuevo, a golpe de melena) Si tu amigo lo quiere saber, que me lo pregunte él.

Y me lo preguntó, GRACIAS A DIOS.

25 años, algún revolcón, dos matrimonios (de ellos) y cuatro hijos (dos míos) después, aquí seguimos Isra, Luis y servidora siendo amigos del alma. De esa amistad surgieron otras, como la de mi adorado Ángel, ese marido gay con el que comparto alma, corazón y vida. Y gracias a él conocí a mis Grecas maravillosas, que llenan mis brunches dominicales de risas y conversaciones sobre penes (las mejores).

¿Y si Mabel no hubiera aparecido en aquella cena? Pues probablemente me reiría mucho menos, me sentiría mucho más sola y diría muchas menos gilipolleces. Porque decir imbecilidades en soledad ES UNA MIERDA y ella siempre está dispuesta a decir una más gorda.

Soy una tía muy afortunada, mis amigos no se cuentan con los dedos de una mano, NI DE DOS.

También hubo muchos que se quedaron por el camino. Bye. Adiós. Au Revoir.

Mariella, te dije que escribiría un artículo sobre tu artículo.

Lo he pensado detenidamente y ya sé cuales son los momentos que han cambiado (y cambian) mi vida: aquellos en los que conocí a mis Grandes Amores y decidí que se quedaran conmigo.

Ellos me hacen confiar en mí misma, su tolerancia mejora la mía, ensanchan mi mundo, alegran mi vida y me empujan a salir de mi zona de confort. Me inspiran, me acompañan y me arropan.

Sin ellos vosotros no estaría aquí escribiendo este artículo, al que no añadiré fotos, ni vídeos. En este caso, una imagen no vale más que seiscientas seis palabras.

   

La vida era esto (y aquello otro)

lasclavesdesol Los inconformistas (o los cabras locas) nos peleamos constantemente con nosotros mismos, nos cuestionamos compulsivamente: ¿estoy dónde quiero estar?, ¿voy en la dirección correcta?, ¿qué me queda por hacer que no haya hecho ya? Yo, para ver si soluciono tanta pregunta, he escrito aquellas cosas que haré antes de llegar a los cincuenta, que tampoco queda tanto. No os creáis. Lo podéis leer todo en mi blog hermano Weloversize. Besis.    
¿intolerante yo?

¿Intolerante yo?

¿intolerante yo? De un tiempo a esta parte vengo planteándome que quizás mis amigos tienen razón y no soy la persona más tolerante del planeta. Para acabar de confirmarlo, he elaborado un listado de las cosas que me ponen del hígado, a ver si así entre todos, dilucidamos si yo tengo el umbral de paciencia bajo o es que, realmente, hay comportamientos que, objetivamente, son una tocada de pelotas. Si lo quieres ver, lo tienes en mi blog hermano: Weloversize.
Juego de Tronos, menos chirris y más penes.

Juego de Tronos, menos chirris y más penes.

Juego de Tronos, menos chirris y más penes.

Emilia Clarke (la “Madre de Dragones”) nos cuenta que el pene de Kharl Drogo (sí, ese que nunca vimos) es FABULOSO. Probablemente pase lo mismo con los miembros de los Lannister, los Stark, etc. Es por ello que, desde aquí, entonamos una sentida súplica: Señores de Juego de Tronos, queremos ver, COMO MÍNIMO, tantos penes como chirris, HAGAN EL FAVOR.

Juego de Tronos, menos chirris y más penes. El resto de la petición la podéis ver en mi blog hermano, Weloversize.