Etiqueta: mareador

Él no quiere novia, tú quieres novio: crónica de un desastre anunciado.

No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no escucha. Cuántas me escribís contándome que lleváis meses con un chico y que él insiste en que no sois novios. Y vuestra duda, entre llanto y llanto, es si dejarlo o esperar a que cambie de idea.

Vamos a ver, amigui…

Que no lo entiendes, que te duele, que has conocido a sus amigos, a su hermana, a su tía Rita. Que no es solo sexo, que vais a cenar juntos, que te dio la mano en el cine, que te fue a buscar al aeropuerto, que pasasteis un findeen un agroturismo superideal en un pueblo de Toledo. Que cómo puede ser que, después de seis meses, él no lo llame relación y tú solo sueñas con la boda en El Escorial… Pues no lo llama relación porque para él no lo es. Punto pelota. Y ahora viene la parte que menos te gusta: está en su derecho. Y tú en el tuyo de darte media vuelta si lo que quieres es un novio.

Así de fácil.

Tendemos a encajar las relaciones en unos moldes hechos a medida de aquellos que nos enseñaron a etiquetar. Nos educaron en la creencia de que si llevas más de equis tiempo quedando con la misma persona, se convierte en tu pareja. Y os llamáis novios. Y hay un compromiso. Y el compromiso incluye la monogamia y los planes de futuro. Y luego os casáis y tenéis niños. Y de esas creencias a la hecatombe emocional hay dos pasos. O uno.

También hemos crecido pensando (sobre todo las mujeres) que, a base de esperar, de entregar nuestro amor sin mesura, de aguantar (que no puede darme más repelús el verbo), él cambiará de idea y se enamorará hasta las trancas de nosotras. Ay, qué jodido es pensar que podemos controlar las emociones del prójimo. Déjalo ir, querida.

Otra variedad de este sinsentido es esa según la cual estás convencida de que él ya está loquito por tus huesos, pero disimula porque tiene miedo, le asusta el compromiso, muy de macho todo. Y de estereotipos. Aquí también, a base de sacrificio, paciencia y felaciones soberbias conseguirás que se deje de hostias y se entregue al romance. 

Pues mira: NO.

Es que estás enamorada, sois perfectos el uno para el otro, es tu media naranja. Tu persona. Y, claro, media naranja hay solo una en la vida, no hay más que observar detenidamente a tu alrededor para comprobar que es un hecho empírico. Mira, eso es tan ridículo como el pensar que tú no eres una naranja entera y que por eso necesitas alguien que te complete, igualito que Amaral y su “Sin ti no soy nada”. 

Por el amor de Diosssssssssss…

Y aquí voy a lanzar una piedra contra nuestro tejado. Muchos de los que denominamos Mareadores, quizás no lo sean, quizás te hayan aclarado la situación unas cuantas veces y tú no has escuchado. Y él te sigue llamando, o no, o a veces. Y tú te vuelves loqui perdida, porque no sabes lo que quiere. Pues nada amigui, no quiere nada en particular.

Nos olvidamos de que el hombre, generalizando y con matices, tiene un proceso mental mucho más simple que el nuestro. Le apetece algo, lo hace. Quiere llamarte, te llama. Pero tu lavadora centrifuga que no es ni medio normal. Y venga por qués y para qués. Pues porque sí, y para nada en concreto. Energía desperdiciada, kilos de helado de chocolate y noches sin dormir es lo único que vas a conseguir si sigues así.

El fracaso, amigui, no consiste en una historia que no llegó al altar, sino en chamuscar neuronas preguntándote por qué la vida no es como tú quieres que sea. 

 

Cómo despedirse del Mareador de una vez por todas. Pero de verdad.

A ver, amiguis, que ya he escrito sobre el tema una y otra vez. Por aquí, por aquí y por aquí. Pero seguís enviándome mensajes de S.O.S. Él sigue que te sigue, te llama, no te llama, te mensajea, quedáis, te deja colgada, te enfadas, le ignoras, le ignoras, le ignoras, te suplica, te suplica, quedas con él, te pega un meneo, te ignora, le llamas… Y así podríamos seguir por los siglos de los siglos.

Ahora estás pensando, qué hijaputa la Aguirre que lo está contando tal cual me ha pasado. Pues claro, chata, que esto es sota, caballo y rey. El Mareador, MAREA. A todo bicho viviente. Que se deje, claro.

Lo primero para acabar con esta puta tortura que te va a volver (más) majara, es querer acabar con esta puta tortura. Pero de verdad. Vale, quizás el primer paso sería cómo querer acabar con esto. La cosa es tan fácil como extremadamente difícil, vamos allá: recuerda que las relaciones son como una estufa, tú metes leña y recibes calor. Si no notas que te calienta, no metas más leña. La estufa no necesita más leña, la estufa no necesita una leña diferente, la estufa no se va a arreglar, porque, dejémonos de metáforas: EL MAREADOR NO ES RECUPERABLE. 

Otra estrategia para querer acabar con el coñazo del mareo es imaginarte en una peli. Tú eres la protagonista y él es el chico de la peli, el chico mareador, se entiende. Enciende la tele y observa el filme desde el principio, analiza a esa prota desquiciada, y plantéate si te gusta o si preferirías coger el toro por los cuernos y empezar a tomar decisiones.

Tercero: quiérete, pero a lo salvaje. Quizás no eres la más guapa, ni la más lista, ni la más de nada, pero desde luego, eres la más Tú. Eres gloriosa por existir, y como gloriosa te tiene que tratar el mundo. TODO EL MUNDO. El que no lo entienda: fuera. Caminen. Ciao, bacalao.

Vale, ahora que lo tienes clarísimo, llama a tu mejor amiga, queda para tomar un café y dile que es para algo importante. Por aquello de que vaya preparada mentalmente. Vas a bloquearle en WhatsApp, en Facebook, en Instagram, en Twitter y en la vida entera. ¿Necesitas para eso a tu amiga? Pues obviamente, porque, como es normal, no eres capaz de hacerlo sola. Ella está ahí para apoyarte, para darle al botón si tú no tienes lo que hay que tener, para lanzar el móvil por la ventana si es necesario y para iros de karaoke posteriormente porque las penas cantando a la Jurado son menos penas.

Ya está bloqueado y tú, resacosa. Ahora necesitas, al menos, cuatro amigas de emergencia a las que llamar o mensajear cuando tengas la tentación de llamarle o mensajearle. Digo cuatro porque, si solo es una, va a acabar odiándote y aquí no estamos para perder amiguis, sino Mareadores molestos.

Cada vez que sientas la tentación, cada vez que se te olviden las mil veces que te ha tocado la moral, cada vez que le eches de menos, llamas a Maricarmen, que tiene la obligación de recordarte cuando el innombrable no te contestó durante semanas, cuando donde su abuela murió por sexta vez y cuando te dijo que le encantabas y luego pues fue que no tanto. Ay, que es que estaba un poco borrachín, perdona, que no pensaba lo que decía.

Mímate, pero en plan muy bestia. Llena todos esos huecos que dejan tus pensamientos por él, de autoamor, masajes, manipedis, salidas con las amigas, series a tope de buenorros. Córtate el pelo, compra flores, escucha tu música favorita, cómete un Donuts de chocolate, ve a comer con tus amiguis a un sitio bien cuqui. Planea tus vacaciones, de Navidad, de verano, de lo que sea, qué más da. El caso es ilusionarte. Baila mucho, haz deporte, ve a yoga.

Ojito porque estás blandita y es fácil que caigas en la trampa de un nuevo Mareador. Lo de un clavo quita otro clavo, en este caso, no es tan cierto. Las defensas están bajas y los clavos también arden. No te agarres.

Vuelve a ti, pasa el luto, sé feliz.

Pasadas unas semanas, pensarás que ya estás curada, ya paso de él. Qué bien. Y tendrás la tentación de cotillear sus redes, de desbloquearlo. Total, si no era para tanto.

ERROR. ERROR. ERROR.

No hay plazo estándar para contactar, así como no hay ninguna necesidad de volver a hacerlo. Si queremos decir algo, dos años y varios polvetes con tíos maravillosos más tarde, puedes satisfacer tu curiosidad por el maromo. NO ANTES.

Ahora ya hemos finiquitado el proceso de desintoxicación. Solo queda una cosa: no reincidir. Ya sabes cuales son las señales, ya sabes que las estufas están para calentar, y ya sabes que te mereces de lo bueno, lo mejor.

Marea a tu tía Rita, a mí ya me has visto.

 

Autoamor vs. relaciones tóxicas.

Lo hablaba hoy con mi psicóloga: ¿qué coño nos pasa a las tías?

Perdón, que empiezo a bocajarro porque la cosa me mosquea, me remueve y me descoloca.

El sábado me contaba una amiga de su primer marido: llegó a las manos, intentó vaciar la cuenta común. Antes quedé con otra a la que también pusieron la zarpa encima. Tuvo que salir de casa con sus dos hijos y en pijama. El domingo, Ana me contaba que, a los veinte días de nacer su hija, el padre de la criatura desapareció con su amante para volver a los tres meses exigiendo sus derechos. Por no hablar de Cristina que, tras mantener a toda la familia durante QUINCE AÑOS, va a tener que pasarle pensión compensatoria al susodicho (otro con orden de alejamiento). Y suma y sigue…

Y que conste que servidora tiene casi más amigos que amigas y, ojo, que en todas partes cuecen habas,  PERO NO TANTAS, JODER. Y ni todos los tíos son unos cabrones, ni todas las tías unas santas. No es eso, PARA NADA.

No lo tenemos fácil, así de entrada. La tradición cristiana que llevamos las mujeres pegadita a la piel por mucho que nos joda y nos pese, nos empuja a entonar como aceptables vocablos tan apestosos como “Compensar” o “Aguantar”. La última frase de moda es “Las parejas hoy en día no duran PORQUE LA GENTE YA NO AGUANTA”. Obviamente, por supuesto, pues claro. Porque las calidad y la duración de las relaciones, sean del tipo que sean, no ha de basarse en la capacidad de sacrificio de uno o de los dos componentes, sino en el amor.

Al grano, queridas. Nos marean más, nos maltratan más. Algo de responsabilidad tendremos, digo yo. Nos vapulean porque nos dejamos, ni más ni menos. Siempre hubo un mal gesto ante el que teníamos que haber salido por patas, PERO LO AGUANTAMOS. Siempre hubo un primer desplante, pero pensamos que sería solo uno, y luego solo dos, y luego trescientos cuarenta y cinco. Cuántas me escribís porque estáis hechas mierda por uno que os promete el oro y el moro y luego os deja tiradas a la primera de cambio, y ahí seguís. Y ahí seguimos.

Porque nos amamantaron con la creencia de que si yo amo locamente como Las Grecas, a mí me querrán igual. Porque si yo estoy siempre ahí, esperando, en algún momento él se dará cuenta de que soy lo mejor que le ha pasado y vendrá a por mí, y dejará de marearme, de ponerme los cuernos, de tratarme como a una mierda. Pues sigue esperando, chata. Y además ¿De verdad te interesa tal gilipollas?

Porque el que es capaz de tratar a alguien como una mierda,  es porque la mierda es él, o ella. Y no queremos gente mierda, queremos gente fabulosa que, gracias a Dios, es la mayoría. ¿Qué por qué a ti te tocan siempre los crueles? Porque ellos tienen un olfato supersónico para detectar a las/los que están dispuestos a que cualquiera meta el dedo en sus grietas hasta convertirlos en pedazos de lo que un día fueron. Y tu disposición al sometimiento huele. A la legua.

Y es que hacemos lo que podemos con lo que tenemos, porque nadie nos contó que el amor más grande lo hemos de guardar para nosotras mismas, que eso no es egoísmo, sino inteligencia y saber estar. Porque el centro del Universo está en nuestro ombligo, no en el del que duerme al lado. A alguien se le olvidó enseñarnos que esto que somos es grandioso, y que nadie lo sabrá si nosotras no lo gritamos a los cuatro vientos. Nadie nos dijo que somos nuestras, SOLO NUESTRAS, por dentro, por fuera, en toda nuestra extensión. Ojalá en el colegio contaran que la obediencia y el sacrificio no son virtudes, sino lastres insoportables, y que no vinimos a esta vida a satisfacer las necesidades de otros, sino las nuestras. 

Nadie nos enseñó, pero nunca es tarde para aprender, para pasarse el guante de crin por el coco y por el cuerpo y dejar que la culpa, el miedo y el sufrimiento se vayan por el desagüe. Nunca es tarde para plantarte, decir basta y dejarte el dedo en el botón de bloqueo del móvil, de Facebook y de la madre que lo parió. 

Échale un ojito a las que decidieron vivir en lugar de sobrevivir, a las que cogieron el toro por los cuernos y no dejaron pasar ni un día más, y compáralas con las que siguen sumergidas en la mierda, sacando la cabeza de vez en cuando para respirar.

Que tú ya existías antes de él, y volverás a hacerlo. Solo que existirás mejor.

Te lo prometo.

   

El Mareador sin piedad vuelve por Navidad

No he sabido encontrar el post en el que hablaba de este fenómeno, pero os juro que yo lo había dicho: la Navidad y los cumples son las ocasiones favoritas de los Mareadores para resaparecer. Y no hacéis más que darme la razón: os están mandando WhatsApps a mansalva, a lo salvaje, como si no hubiera un mañana. Están totalmente descontrolados.

Algunas me comentáis que, después de ocho años, el susodicho os ha enviado un mensaje. Otras que solo han sido unos meses de ausencia, tras veintisiete resapariciones. Lo gracioso del asunto es que cuando, hartas de otra retahíla de WhatsApps, les decís que os toméis un café, en lugar de tanto mensajito, ZASCA: vuelven las evasivas: que si tengo cena navideña, que me duele la cabeza, QUE MI ABUELA FUMA.

Y es que, pensadlo bien, llevan meses sin excusas para tocarte el moño (porque tocarte lo otro, por desgracia, no es su objetivo) y, de repente, aparece diciembre con su Nochebuena, su Navidad, su Fin de Año. Un abanico enorme de posibilidades para volver al ataque. Me los imagino frente al calendario, frotándose las manos, siendo MUY felices.

Y ahí estamos nosotras, flipando cuando, tras oír el Pi Piiiiiiiiiiii en el móvil, leemos su nombre y debajo un precioso mensaje, en el mejor de los casos con fotos de renos, abetos navideños y, si el tío tiene mucha jeta, una imagen de su pene con gorrito de Papá Noel. #RealStory.

Y es que aún tenemos capacidad para sorprendernos, lo cual no deja de ser bonito. Pero hijas mías, una cosa es sorprenderse y otra muy diferente CONTESTAR. Sí, sí: contestas. Porque, poseída por el espíritu de la Navidad, piensas que sus intenciones son buenas; porque no te puedes creer que aproveche tan sagradas fechas para marearte OTRA VEZ; porque tienes mala memoria y se te han olvidado las otras DOSCIENTAS CINCUENTA veces en las que hizo lo mismo.

Ay, amiguis de mis entresijos, ¿es que no os he enseñado yo nada? Vamos a recapitular un poquito, que siempre va bien:

1.EL MAREADOR NO ES RECUPERABLE.

NUNCA.

JAMÁS.

IMPOSIBLE.

El marear es al Mareador lo que respirar para el resto de los humanos. Lo necesita para seguir viviendo. Y, oye, que es muy respetable. O no.

2.Dios nos hizo libres. Libres para marear y libres para mandar a tomar por culo.

Una y otra vez si es necesario.

3. El no contestar no te convierte en mala persona, sino en una de lo más pragmática y Fabulosa. Si te sirve de consuelo, te contaré que el mismo mensaje que te ha enviado, lo han recibido otras treinta y tres tías a lo largo y ancho de la geografía mundial. Créeme, no exagero. Yo sé de esto.

Seré sincera: yo no he recibido ninguno de estos mensajitos. Probablemente porque he bloqueado a TODOS mis Mareadores. Y es que, queridas mías, ese precioso botón es lo mejor que se ha inventado desde el Támpax y la fregona. Es mucho más cómodo que hacer un “copiar/pegar” diez veces de un enorme VETE A LA MIERDA. Y además estamos en Navidad y estas cosas dan mal rollo, quieras que no. Es mucho mejor que sus palabras de Mareador se queden en el limbo de las ondas electromagnéticas.

Porque el quinto mandamiento del panfleto AntiMareadores es, quizás, el más importante: BLOQUEA. Pero lo loco. En todas las redes sociales. En todos los teléfonos. En toda la galaxia. En todo el Universo. Porque si el Mareador no para, habrá que pararlo.

DIGO YO.

     
el mareador: tipología y características

El mareador: tipologías y características

el mareador: tipología y características

No podemos negarnos ante la evidencia: nos marean. O nos dejamos marear. El caso es que este fenómeno paranormal se da muchas más veces de lo deseado. Si no, de qué iba a ser mi post sobre ello el más leído de la historia de estas Claves.

Es por ello que la investigación ha de ir mucho más allá. Profundicemos, amigas, porque solo el conocimiento al detalle nos salvará del mareador.

Es común la confusión. Muchas veces no tenemos claro si nos están mareando o no y esto es porque existen tantas tipologías de mareador (y mareadora, supongo) que es imposible enumerar unas características comunes a todos ellos. Yo, hasta el momento, he detectado las siguientes variantes:

El Mareador Común: no hay duda con este. No se corta un pelo. Marea, lo sabe, lo disfruta. Cree que es un derecho innato. Es tan jodidamente descarado que no te lo puedes creer y, de hecho, no te lo crees, por eso sigues ahí, haciendo el gilipollas, sometida a sus vaivenes. Él es el caso más típico. Te llama para quedar, luego cancela. Te manda un whatsapp, cuando contestas él ya ha desaparecido. Y blablabla.

image

El Mareador Sensible: me atrevería a afirmar que este es aún más peligroso que el anterior. Sus ojitos de cordero degollao, sus excusas, su discurso cariñoso pueden confundirte MUCHO. Es capaz, incluso, de presentarse como víctima cuando tú, ya jartita de sus “te echo de menos”, “muero por verte”, “he soñado contigo” seguidos de sus “me ha dado una insolación, tenemos que posponer”, “maldito corte de digestión, no puedo quedar”, “me he roto una pierna, mejor lo dejamos para otro día”, le mandas a tomar por el jander con todas las letras. Es de los que te preguntará si te pasa algo con él, te reprochará que estás muy borde y, por supuesto, no te hará ni puto caso y seguirá con sus mensajes de amor a las seis de la mañana hasta que le bloquees.

image

El Mareador Transoceánico: normalmente es un ex-novio, ex-rollo o ex-algo que tuviste cuando pasaste un año en USA, o un verano en Londres, o unas vacaciones en Sicilia. Lo vuestro fue amor del bueno, o no, qué más da. El tema es que, periódicamente, aparece. Te manda fotos suyas subiditas de tono porque, claro, está lejos y si no, la cosa no se calienta. Cuando ya te tiene tontorrona perdida empieza con los “te quiero mucho”, esa frase tan ambigua que le puedes decir a tu hermana, a tu madre, a tu perro o al amor de tu vida. Y ahí te quedas tú pensando a qué se refiere exactamente. En el peor de los casos, la foto se convierte en una cantidad ingente de mensajes que reavivan vuestra pasión hasta límites insospechados. Esta tipología se subdivide en:

a. Mareador Transoceánico ennoviado: aquel que, tras tres mil doscientos mensajes de amor con sus correspondientes fotos picantes, te confiesa que, o tiene novia (y se le había olvidado) o justo acaba de conocer a una que vive en su barrio (qué casualidad) y no a tres mil kilómetros como tú. Así que casi mejor te vas pegando una duchita fría, guapa. OBVIAMENTE, no será él el que confiese, motu proprio, la existencia de la chati. O te lo encuentras de morros en su foto de perfil de Facebook, donde aparecen abrazados y sonrientes, o te lo confiesa tras un interrogatorio que ni la CIA.

image

b. Mareador Transoceánico desaparecido: de la noche a la mañana se lo traga la tierra. No contesta ni llamadas, ni mensajes, ni mails, ni privados de ninguna red, ni telegramas, ni burofaxes. Es inevitable, tu primer pensamiento será que ha tenido un accidente. Dejas de llamar a los hospitales cuando le ves en Facebook sano, sanísimo y de copazos con los amigos.

image

c. Mareador transoceánico recurrente: no es más que un mareador común pero que se extiende en el tiempo de forma desorbitada. Cada cinco años aproximadamente, reaparece, te marea y luego ni mú hasta el siguiente lustro. Por razones obvias, esta variedad se da normalmente pasados los cuarenta. Más que nada porque antes no hay margen suficiente. Personalmente, encuentro a este mareador incluso entrañable: lleva media vida contigo, ya sabes de qué va el tema con lo cual no te comes el tarro. Eso sí, aburre.

image

Ahora mismo se me ocurren más prototipos de mareador pero mejor lo dejo aquí, comentamos y, si eso, la semana próxima seguimos con el tema. Ah, por favor, no os cortéis, añadid los tipos de mareador que hayáis descubierto. La lista es larga, amiguis.

Carta a un Papanatas.

lasclavesdesol

Hola amigas (y amigos, que luego os quejáis). Antes de comenzar con lo que viene siendo el post en sí, voy a hacer varias aclaraciones:

  1. Chicos, lo que aquí voy a escribir no es aplicable a TODOS los hombres, lo tenemos clarísimo (al menos yo).
  2. No es mi historia, es la de una amiga que merece toda nuestra solidaridad. Yo después de ESTO ya tuve suficiente.
  3. Mi objetivo ideal sería que este atontao de la vida no echara un polvo en los próximos cinco años y, lo más importante, que no mareara a ninguna más en lo que le queda de vida.
  4. El hecho de que situaciones como las que voy a describir sean comunes, no quiere decir que sean NORMALES. No le quitemos la importancia que realmente tiene.
  5. Chicas (y chicos), si detectáis alguna de las características que voy a describir a continuación en vuestro nuevo ligue, SALID POR PATAS.
run

Dicho esto…

Querido Oye, Papanatas:

Sí tú, el que va de hombretón, ese que es jefe de prensa no sé dónde y que toca la batería (bastante mal, por cierto) en un grupo. Sí  tú, el moreno de pelo rizado, el que está bastante bueno a sus cuarenta y tres palos.

Esta carta es PARA TI.

you

Conociste a mi amiga hará unos cuatro meses que parecen cuatro años a juzgar por las gilipolleces que te ha dado tiempo a hacer. Desde el principio me oliste a chamusquina. Me parece fan-tás-ti-co que seas un tío muy ocupado, más que nadie de este país, lo que no me parece bien es que quedes, desquedes, pospongas, anules citas compulsivamente. Mi amiga también está muy ocupada y no se dedica a marearte.

Mi amiga, quizás la recuerdes, es una tía inteligente, con su propio negocio, que le va de coña y la lleva de culo, y con una casa recién comprada. Con este panorama te imaginarás que no tiene muchas ganas de perder el tiempo.

no

Ella, que no tiene un pelo de tonta, te comentó varias veces que si no tenías interés en esta historia, le parecía estupendo. Cada uno por su lado, aquí paz y después gloria, tú a Boston y yo a California. Pero tú querías esa relación, a ti ella te gustaba mucho, por eso prometías, jurabas y, durante la semana siguiente a la conversación le echabas unos polvos siderales.

Recuerdo como si fuera ayer tu viaje a no sé qué país africano. Desde allí le mandabas unos mensajes que no dejaban lugar a dudas: te morías por sus huesitos. Querías viajar con ella, la echabas de menos. Aquello era un no parar de frases amorosas. Parece que África te inspiró (la lástima fue que no TE ASPIRÓ). Al regresar, aquello se calmó y tu amor desmedido pareció desvanecerse. Claro, por  culpa de tu curro, tu estrés, tu vida trepidante (como ninguna otra que yo conozca). A pesar de que el Akelarre de Amigas Consejeras (A.A.C) le recomendamos que simplemente pasara de tu culo, ella, que es muy educada, volvió a preguntarte si querías o no querías. “SÍ QUIERO”, contestaste tú.

yes

Y otra semana de venga a follar.

Podría llenar cien páginas contando exactamente lo mismo: ella sin poder creerse que tuvieras tanta jeta, tú teníendola; tú quedando para cenar, luego anulando; ella sin poder creerse que tuvieras tanta jeta, tú teniéndola; tú quedando para pasar la noche juntos, luego desquedando y así una y otra, y una y otra…

Ella te dijo que adiós hace mes y algo, porque pasaba de este rollo y, durante un tiempo, no os visteis. Pero atacaste de nuevo, como el cazador que eres, que hasta que no destroza a su presa no se da por satisfecho.

Y vuelta a lo mismo: semana de amor, desaparición, promesa, desaparición, blablabla.

Hasta la semana pasada, momento en el que ya la liaste parda no, PARDÍSIMA.

wow

Os ibais a pasar el fin de semana juntos, a Cádiz concretamente. Ella despeja esos días de trabajo (¿porque ella también trabaja, ¿SABES?) y un día antes de la partida, AY COÑO QUÉ CASUALIDAD, QUÉ PUTADA, QUÉ DESASTRE, lo tienes que cancelar porque te ha surgido otro un imprevisto. Cuando me llamó, mi párpado derecho empezó a convulsionar. ¿Recuerdas a Millán de Martes y Trece? Pues algo así. Ella, que es bastante mejor persona que yo, se apenó pero “bueno, qué se le va a hacer. Está muy liado”. Yo que la oigo y la cabeza me empieza a dar vueltas. PERO ME CALLO. Me sangra la lengua de mordérmela, pero yo ni mú.

Hice bien porque tú te encargaste del resto: desapareciste, no contestaste los mensajes, se te tragó la tierra.

Por fin, mi amiga se rindió a la evidencia: ERES UN PUTO SINVERGÜENZA.

asshole

En el chat de las A.A.C. ya te hemos podido poner tan verde como te mereces. Imagino que tienes una autoestima tan baja que necesitas torturar a los demás para sentirte bien. Esto, lejos de excusarte, te convierte en: un narcisista, un verdadero cabronazo,  un mentiroso, un egocéntrico inmoral, un papanatas.

Solo me queda decirte que espero que la vida te devuelva la misma cantidad mierda que vas repartiendo.

Atentamente,

Sol

(Portavoz del A.A.C)

 finger

Suscríbete a mi newsletter y recibe un aviso con las nuevas publicaciones.


Sol Aguirre · 43679559Y · Fernando VI, 11, 2ºC Madrid 28004 · 911 83 63 03 · Diseño tactic [studio]

Tarjetas de crédito aceptadas
Carrito de la compra
There are no products in the cart!
Total
0,00
Continue Shopping
0