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Etiqueta: humor

Thor Ragnarok (o la peli con más Empotradores de la historia)

El pasado domingo sufrí una de esas torturas que no le deseo ni a mi peor enemigo: la celebración del cumple de mi hijo con sus amiguitos del cole.

Yo le había indicado a mi criatura que, como mucho, me llevaba a 10 niños a Mcdonald´s y al cine. Pues mi retoño debe ser de letras como su madre porque allá que se presentaron QUINCE coleguis. Mira chaval, me cago en la madre que te trajo de Rusia, que soy yo.

Los arrastro a todos al cine. Ojo al caos para pedir las palomitas y los refrescos. Consigo hacerlo todo, soy una campeona. Hala, reventad a carbohidratos, azúcar y gases.

Logro sentarlos a todos, que estaban más histéricos que yo.  Menos mal que a la hora de elegir la peli no di opción: “Thor Ragnarok”. Bien de superhéroes guapérrimos y bien de hostias.

Mamá, ¿pero a las niñas les gustará Thor?

Pues claro, hijo mío, y a quién no.

No quiero yo hacer mucho spoiler, queridas, así que me voy a limitar a enumerar la cantidad de buenorros que salen en la peli. Porque soy buena gente y no quiero que sufráis. Empieza a hacer fresqui, tenéis que llevar a la prole al cine y pa qué zamparse el coñazo de  la peli de “Lego”  cuando podemos alegrarnos la vida disimuladamente a costa de nuestra descendencia.

Así de entrada sale Thor, que para eso es su peli, con esos brazos y esos dientes y ese todo. Un bestia. Un salvaje. Un vikingo superheróico. Al cabo de cinco minutos aparece en escena su hermano Loki. Ese Tom Hiddleston que es todo elegancia british y morbo. Encima ahora no es un personaje ni bueno ni malo, que es lo que nos mola, que nos mareen. Ni sí ni no. Ni blanco ni negro. Un gustazo, oye.

 

Cuando yo ya estaba extasiada perdida pensando que tampoco esto de los cumpleaños era tan mierder, ZASCA, sale de la nada el Dr. Strange: Benedict Cumberbatch con sus manos perfectas, su voz perfecta y esa capa roja bajo la que me fliparía perderme.

Llevamos tres razones para ver la peli, TRES. Y no estamos ni en el minuto treinta.

Thor, por razones que no vienen al caso, llega a un lugar y allí aparece ¡TACHÁN! Hulk, que os recuerdo que es Mark Ruffalo. Toma, toma y toma. Llevamos CUATRO. Encima para mí, que soy una friki del rollo superheróico, esa ambivalencia del gigante verde mezclado con científico sensible me deja totalmente anonadada. Ah, y sale en paños menores. Bua.

Al principio de la peli, Thor llama como los locos a Heimdall (Idris Elba para las amiguis) porque quiere que le devuelva a su planeta, pero el bigardo que no aparece ni a la de tres. Pensé yo que quizás habían prescindido de mi Empotrador favorito porque el nivelazo machuno ya era demasié y además mi Idris anda liadísimo perdiéndose por las montañas con Kate Winslet (la muy perra). Pero ay, ay, ay, que, de repente, contra todo pronóstico, aparece Heimdall con los pelos largos rollo rasta (que normalmente me echan patrás pero a él se lo perdono todo), y con un modelo de camiseta primitiva sin mangas que es para volverse muy loqui. Cómo lucha, cómo salva a las gentes, qué lentillas amarillas más maravillosas.

A punto de aplaudir estuve, pero me contuve la mar de bien.

Y bueno, que la mala es Kate Blanchett que es una de mis actrices favoritas, la música es estupenda y te partes de la risa, aunque eso en este caso es lo de menos. Lo de más, queridas, es que ya estáis comprando las entradas para ver a este ramillete de bestias en movimiento. Que conste que Marvel ni me paga ni nada.

Y ya podían hacerlo, pero en carne superheróica, coñe.

 

El arte de rascarse el toto.

ESTOY DESQUICIADA (juraría que no es el primer post que empiezo con esta frase).

El caso es que voy de culo, pero a qué nivel. No me da la vida. Estoy agotada, histérica e incluso enferma. Y os lo cuento en las redes, que molan mogollón sobre todo cuando, para variar, ves que el resto del planeta sufre de la misma mierda que tú. Vosotras me contestáis que también os arrastráis, que vais corriendo a todas partes, que os levantáis a las 6.30 para respirar un poco antes de despertar a las criaturas. Y eso que media horita de sueño en estas condiciones nuestras tan infrahumanas SON ORO.

La conversación con mis amigas viene siendo la misma desde hace tiempo: “lo que daría por dormir ocho horitas seguidas”, “Del estrés me ha dado lumbago. O bronquitis. O migraña de la muerte”, “Tengo tanto que hacer que no sé por donde empezar” y un largo etcétera de lamentos que nada tienen que ver con esas fotos ideales de Instagram de las #influencers, las #fitmum y las #VangaVaNoMeJodas. No entraré en el tema de las Madres Perfectas porque ya lo hice aquí.

El problema es que nos pasamos la vida ahogadas perdidas, respirando (como dice mi amiga María) de vez en cuando y con una pajita porque no hay manera de sacar la cabeza del agua. A mí me están volviendo majara el curro los curros y mis salvajes hijos. Para otras es el curro, los hijos, el marido o el ex (que bien merecen no un post, sino cuarenta y siete). En los casos más jodidos entramos en problemas de LOS DE VERDAD.

Y sí, la rueda de hámster nos invade, nos arrastra y nos jode los días, los meses, LOS AÑOS.

Estaba yo la semana pasada contándole todo este rollazo a mi terapeuta “Mira Concha, es que no me dejan en paz. Quiero que se vaya todo el mundo a tomar por culo”. Ella, acostumbrada a mis barbaries, me miró con esa calma desconocida para mí y soltó un alto y claro “¿Y tú, querida, TÚ TE DEJAS EN PAZ?”.

Toma hostión de realidad.

Y tuve que agachar la cabeza y entonar el MEA CULPA. Y tú, que me estás leyendo, chata, seguro que deberías hacer lo mismo.

Porque nadie me pone una pistola en la cabeza para que planche hasta la última arruga del polo del uniforme de los niños. Sí, ese mismo que durará planchado y limpio aproximadamente dos milisegundos desde que se lo pongan. Tampoco pasaría nada si no contestara los correos el mismito día en que los recibo. Con lo que odio cocinar, bien podría comprar el menú hecho, que ahora hay unas webs que te lo mandan todo sanísimo y baratísimo. Nadie va a morir si hay migas en la cocina o en la mesa del comedor y quizás no es TAN necesario el fregoteo del sábado por la mañana.

Con lo que a mí me gusta bajar a desayunar los findes en pijama a la cafetería que hay en mi calle, y llevo dos meses sin darme el gusto porque las manazas se me agarran al aspirador y no hay manera de soltarlas del puto cacharro.

Que alguien me explique por qué esa horita que tengo los lunes de 19.30 a 20.30 mientras los nenes hacen extraescolares la dedico a hacer recados en lugar de rascarme el toto leyendo el Cuore. Como si no pudiera ir al supermercado con las criaturas cuando ya me supiera todos los ARGS y los peores modelitos de la semana.

Porque nunca es suficiente, porque siempre hay algo que hacer y, si no lo haces tú, no lo hará nadie y entonces el mundo dejará de girar y la humanidad desaparecerá de la faz de la Tierra.

O eso te crees tú, LISTILLA.

Buscándole la explicación a esta catástrofe de dimensiones gigantescas deduzco que la respuesta es muy simple: NO SABEMOS RASCARNOS EL TOTO. 

Normal, por otra parte. Nos han enseñado que rascarse el toto es malo, es feo.  Pasarse el día tirada en el sofá es de mala gente. Tener los platos sucios es lo peor de la vida. Ay, si tu niño no es el más reluciente de la clase.

Perezosa, vaga, GUARRA.

Como todo, el arte de rascarse el toto ha de aprenderse y luego practicarse hasta llegar a la perfección. Precisa de técnicas depuradas de apagado de teléfono, sordera aguda ante el reclamo de familiares y jefes, pasotismo exacerbado y autoestima salvaje. 

No es fácil, NO, como nada en la vida, pero yo me he prometido a mí misma que voy a convertirme en una artista del rascamiento de toto. Me darán una medalla, un podium, un trofeo. Llegaré al nivel de las grandes profesionales, esas que no tienen ojeras y que lucen todo el día una sonrisa relajadísima de oreja a oreja.

Bueno, quizás no llegue a tanto pero, para empezar, prometo que hoy lunes, de 19.30 a 20.30 silenciaré el puñetero móvil, me iré a un bar, me beberé un té en silencio mientras leo el Vogue de hace tres meses y os visualizaré a vosotras, amiguis mías, rascándoos también el toto de manera espectacular.

Ya me contáis.  

Cómo intentar ser perfecta y morir en el intento.

Hoy es sábado y me he despertado a las 6.40. QUÉ PUTADA.

Bueno, mujer, pues ya que estás insomne, haz algo de provecho, que luego te falta tiempo para todo.

Eso me repito cada día últimamente, pero acabo mirando Instagram, mirando al techo, mirándome los pelos de las piernas…

También cada día me propongo ser una tía superzen: nada de gritar a los niños, ni de exasperarme, ni de ir corriendo a todas partes. Me despierto, respiro y, a las siete y media de la mañana me digo a mí misma “Solete, esto depende de ti. Hoy no te desquicias”.

Y a las ocho estoy con los pelos de punta, pegando gritos a mansalva y con los chakras dando saltos por la cocina.

Hoy me pondré esa mascarilla que me autoregalé para Papá Noel y me costó un pastón, que falta me hace. Claro, como no duermo porque estoy desquiciada… Pues mira, para lo del desquicie me iría muy bien ir al gimnasio, que genera endorfinas a mogollón. Venga, mañana empiezo.

Y llega la noche y miro la mascarilla y pienso que lo único que quiero es meterme en la cama a ver alguna serie con Empotradores porque eso es lo que mejor les va a mis chakras, a mis karmas y a mi cerebro carcomido. De lo del gimnasio NI HABLAMOS.

Voy a hacer una lista de la compra bien completita para no tirarme de los pelos cuando falta leche a la hora del desayuno o se acaba el detergente cuando tengo que lavar el uniforme de los niños a las diez de la noche. Lo que pasa es que he ido a comprar de camino desde la ofi hasta casa y no me ha dado tiempo a escribirlo todo. No pasa nada, seguro que me acuerdo de todo, POR LA PARTE DE LOS COJONES.

Hoy voy a comer bien. Mi avena con fruta por la mañana, mi ensaladita completa a mediodía. Me sentaré a la mesa como las personas. Oye, que hasta las cinco yo lo llevo estupendamente. Bueno, he engullido delante del ordenador, pero era todo muy vegetal y muy ecológico. Y es llegar la hora de la merienda, y mi cuerpo pide guarrería. Venga galletas con Cola Cao. Y esa napolitana de chocolate de los viernes. Y los helados.

Joder, que llevo todo el día currando y para un gustazo que me puedo dar fácilmente…. Jo, que los niños dejan pizza de la cena y no la voy a tirar, que hay gente en el mundo que pasa hambre y, claro, si yo engullo mil calorías eso se solucionará FIJO QUE SÍ.

Pero no hay nada que no tenga solución: me he pasado con el dulce y los carbohidratos, pero hoy va a ser el día en el que me acueste temprano.

HOY SÍ.

Justo después de ver un capitulito de “Luther”, porque una duerme mucho mejor después de ver a esa bestia parda que es Idris Elba. Venga, solo uno, o dos, o tres. Coño, que es la una de la mañana. Todo sea por Idris.

Y suma y sigue con el tema del tinte, que llevo unas raíces que no son ni medio normales; la manicura; la organización mental, física y casera. Quiero alcanzar el Nirvana, pero no me sale ni a la de tres, y ya no sé si es que a mí me gustaría cumplir esos propósitos o es que estoy tan influenciada por las revistas que he perdido la noción de la realidad.

Eso sí, hoy voy a salir a la calle peinadita.

O no.

 

Maquillaje para el chirri: el no va más.

No han sido ni una ni dos personas las que me han enviado el enlace sobre el nuevo maquillaje coñil. Oye, y que ganas no me faltaban, porque la cosa tiene tela, pero hasta hoy no he podido. Joder, igual ya se ha pasado de moda, si es que alguna vez lo estuvo.

Qué más da, si el tema no es que inventen pintura para el coño. El tema es que ya no sabemos qué hacer para estar más tersas, más prietas y más de todo. Ojito, que aquí entono el mea culpa a grito pelao. Me pongo todas las cremas que llegan a mis manos rogando a Cristo para que se cumplan ese montón de milagros que prometen.

Pero de ahí a que me ponga rímel en el chumino hay un mundo, amiguis. Primero, porque hace milenios que me lo veo solo yo y le tengo mucho cariño tal como está, a pesar de sus irregularidades y sus flaccideces incipientes. Si no amo yo a mi coño, ya me contarás tú quién lo va a hacer.

Lo segundo: en el improbable caso de que alguien más me lo viera… A ver, que ahora que lo pienso detenidamente, ¿el maquillaje es para los labios menores o para lo de fuera? Porque si ya sería raro que me vieran en pelotas, ni te cuento lo de que teniéndolo a un palmo del morro se fueran a fijar en si llevo el antiojeras chuminero en su sitio.

Siguiente duda existencial: ¿las cremitas estas saben bien? Oye, que nadie se escandalice. Lo más lógico es que si uno ha llegado hasta ahí, luego haya mambo, ¿no? Habrá que preguntárselo a las danesas que se han inventado esta chorrada. Aunque con lo correctos que son por los lares escandinavos igual les miran los bajos solo para dar los buenos días.

“Cariño, qué coño tan precioso tienes al despertar, que pases un buen día”

Y, hala, a pasear por los Fiordos.

La otra pregunta que me viene a la mente es cuándo se lo pintan, porque yo no tengo tiempo ni de depilarme las cejas, que están bastante más a la vista. Ah, claro, que las danesas se levantan a las seis, van al gym, luego son superproductivas todo el día y además tienen un clima de mierda. Yo es que no cambio el terraceo madrileño por una sesión de maquillaje coñil por nada del mundo. Pero ellas ahora mismo deben estar a -24 grados centígrados. Ya lo entiendo todo. Ay, el aburrimiento.

Aún así, lo siguiente que queda por resolver es que o eres contorsionista o le pides a tu vecina que venga a echarte una manita. Como si lo viera “Inga, cari, perdona, que no me llego bien ¿Podrías darme unos toques en esta zona de aquí atrás? Sí, la que hay pegando al hojaldre“.

El caso, queridas, es que yo esto no lo veo. Ni desde el punto de vista del marketing, ni desde el punto de vista de liarme a darme brochazos en mi precioso toto. Huy, las bragas, llenas de porquería. Qué va, qué va…

Y hasta aquí mi reflexión sobre el rollo este del contouring vaginal. Ahora os toca a vosotras contarme qué opináis y, PORDIOS, si lo habéis probado, enviad comentarios y, si no os da cosilla, unas fotos del antes y el después. Besis.  

Siete Empotradores Clásicos (o Classic Empotrators) que no te puedes perder

Si es que a una le pierde la modernidad y se olvida de que los Empotradores siempre han existido. Menos mal que ahí estáis vosotras, amiguis, para hacerme reaccionar. Qué de comentarios libidinosos cuando nombré a Marlon Brando en mi último post  sobre esta especie que tantas alegrías nos da. Vi la luz. Detecté una necesidad y he decidido satisfacerla. Allá vamos.

Preparadas, listas..

El primero es un claro homenaje a mi señora madre, cuyo amor platónico de la vida ha sido Yul Brynner. Resulta que el buen hombre era ruso, como mis hijos. Si ya lo decía el Rey León: el ciclo de la vida, que es un no parar. (Vale, la canción es “El ciclo sin fin”, pero casi). El caso es que Yul, como buen ruski, tenía cara de mala hostia, cuerpazo (que para eso estuvo en de acróbata en un circo) y unas manos de escándalo. Guapo y exótico. Y encima era buen actor. Ojito a cómo está en “Anastasia” y  “Los diez mandamientos”. La pega: fumaba lo más grande. Pero te lo perdonamos, Yul. Viva tu calva.

Connery, Sean Connery, que sales en mi peli favorita: “Los Inmortales”. En James Bond te iba más el rollo chulesco y, conforme han pasado los años, te has puesto más interesante.

Mira que yo, por encima de la treintena ya no les veo el qué, pero contigo hago una excepción. Tú has sido, eres y serás un Classic and Elegant Empotrator como la copa de un pino.

Lo bueno de Clint Eastwood es que, aparte de ser un tío duro, guapo y vengativo, dirige unas pelis que me flipan y nos deja un legado maravilloso en forma de hijo buenorro que estoy seguro que acabará siendo un Empotrator de cuidado: Scott Eastwood. Si es que los Empotradores han de procrear para dejar bien contentas a las generaciones venideras. Gracias, Clint.

Warren Beatty la liaba parda allá donde iba. Se cepilló a todo Hollywood y parte del extranjero. Cuentan que se ha pasado por los bajos a más de 12.000 mujeres y que las pobres no aguantaban su ritmo. Vamos, yo me he cansado con solo leer sobre el tema…

No tenía yo ni flores de esas ansias sexuales cuando lo vi en “Esplendor en la hierba”. Qué tío tan guapo y qué historia tan intensa. Tendría yo unos diez años y así me quedé: trastorná perdía. Qué morros, qué mirada, qué todo. Las pillaba y las dejaba locas. Normal Güarren, NORMAL.

Vámonos a las Francias porque allí tenemos a otro de los grandes clásicos del Empotramiento mundial: Alain Delon. No se puede ser más guapo y no se puede tener más cara de cochino. El francés también las dejaba loquis, empezando por la Schneider, que mira como la está poniendo en el gif y acabando por las varias madres de sus varios hijos.

 

Otro que, como Eastwood, es buena gente y nos deja ese gran heredero que es Anthony Delon que, por si no lo recordáis, estuvo con Estefanía de Mónaco en la época en la que ella nos cantaba aquel tema de “Ouragan”. Ya, las más jóvenes no tenéis ni puta idea de lo que estoy hablando, pero os lo juro, allá por el 86 Estefanía cantó y nosotras lo bailábamos. Un flipe el vozarrón.

Y ya que andamos por Europa, no podía yo no hablar de Italia, ese país que destila belleza y estilo. Vale, que a veces son un poco plomos, pero yo se lo perdono porque van a la playa con la camisa planchada y eso tiene un mérito bestial. No he sido capaz de encontrar un gif de Franco Nero en el que saliera tan guapo como era (que sigue siéndolo, pero no tanto), pero ojo con la foto. Ya, las más jovencitas tampoco sabréis quién es. Pues investigad, que esto es cultura, queridas. Sí, los Empotradores son culturales. Y punto.

Vale, me he venido un poco más a lo contemporáneo, pero no podía dejar escapar a esa maravilla que es Richard Gere. Os comento, a modo de chascarrillo, que fui al estreno de su última peli y que el que tuvo, RETUVO. Lo mismo nos mola en “American Gigolo” o en ese clásico del cine mundial que es “Oficial y Caballero” (especial mención a los polvos que le hecha a la partenaire), por no hablar de “Pretty Woman”, por no hablar de donde sea. Si es que encima, desde que es budista y zen y espiritual, nos gusta aún más. Ole tú, Alejandra Silva. Un aplauso.

Hala, hasta aquí el listado, de momento.

Besis.

Hagamos listas, pero de las buenas.

Las tías somos muy de las listas, eso es así. De ahí, supongo, nuestra locurita con las libretas y los bolis. El caso es que, aunque muchas veces son inútiles, hay unas cuantas listas que nos pueden alegrar la vida, y mucho.

1. Molas mucho, y lo sabes, y si no, ya te lo digo yo. Escribe todas esas características tuyas que te convierten en una tía Fabulosa. Porque eres buena amiga, buena madre; porque hoy te has zampado una napolitana de chocolate y un café con sacarina; porque has aprendido a decir BASTA o estás en ello; porque hoy POR FIN, el eyeliner del ojo izquierdo te ha quedado CASI igual que el del derecho.

Te cuento el resto en mi blog hermano, Weloversize.