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Etiqueta: blog de humor para mujeres

Series con buenorros que no te puedes perder

Antes de empezar, aclaro que este post tendrá segunda y tercera parte porque, gracias a Dios, nos encontramos en un momento TAN maravilloso en lo que a series de buenorros se refiere, que sería imposible nombrarlas todas en el rato que tengo ahora mismo para escribir. Ya hemos hablado de unas cuantas: “Juego de Tronos” “Outlander” “Vikings” “Sherlock” (vale, indirectamente, pero aceptamos pulpo) Comenzamos por una que es un clásico, pero que a mí siempre me ha dejado mu loqui por la cantidad de buenorros por metro cuadrado que nos mostraba y que contrastaba porque las féminas, en general, no eran demasiado agraciadas: ANATOMÍA DE GREY. No sé ni por dónde empezar. Venga, va, por mi favorito: el Doctor Sloan. Si es que hasta lo sacan en toalla de ducha, porelamordedios, y encima es un golferas, con lo que nos mola eso… Y los ojos, la tableta, los morros. Opérame, querido. Pero YA. https://giphy.com/gifs/jackson-plot-shepherd-hp6lkqTrIgL2E

Continuamos con Derek, que no puede ser más majo ni estar más tremendo, y es que nunca entendí ese rollo que tenía con Meredith, que no era ni simpática…

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Pasamos por el Doctor Karev, que las ponía mirando a Seattle a la que se descuidaban. No me extraña.

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Nos detenemos en el escocés Owen. Ahora ya sabemos lo que se cuece por las Highlands, querido, Y NOS GUSTA.

Y terminamos en Jackson Avery. No, no, no, nooooooooo. Que es mulato y tiene los ojos azules, pero ¿estamos todos locos? Y aparte tiene todos los complementos: los abdominales, los morretes, la altura… Un no parar. Si este fuera mi médico andaría yo tirándome escaleras p´abajo día sí, día también.

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Ahora que pienso, creo que debería dedicarle un texto íntegro a las series de médicos buenorros. Lo pensaré.

Siguiendo con los clásicos, ahí tenemos a ese par de hermanos de “Prison Break” que nos causan unas disyuntivas horrorosas. A ver, ¿con cual me quedo?

¿Con este?

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¿O con este?

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La cosa está jodida.

Pero basta ya de vivir en el pasado y vamos a lo nuevecito.

Loqui me quedé yo en uno de los últimos capítulos de “Sexo en Nueva York” cuando aparece un guapo marinero que intenta ligarse a Carrie y se va a dos velas, y es que la rubia nunca fue muy lista. Con Samantha otro gallo le habría cantado. Pues bien, el chavalito se ha hecho mayor y ahora protagoniza “Graceland” y “Notorious”, que es mala de cojones, pero QUÉ MÁS DA.

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Hasta las narices estaba yo de ver lo que les gustaba a mis hijos en la tele hasta que apareció “Arrow”, un arquero guapérrimo al que le perdono la sangre, la violencia y las peleas. Que tampoco está tan demostrado que eso sea nocivo para los cerebros infantiles. Oliver, chato, cuando quieras quedamos y me clavas la flecha, o lo que mejor te venga.

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Toma ya, castaña pilonga.

No podían faltar los bomberos en este listado porque, de todos es sabido, los bomberos están tremendos. Es así. Será el uniforme, será el camión, serán las mangueras. El caso es que Taylor Kinney, el ex de Lady Gaga, apaga fuegos en “Chicago Fire” y NO PUEDE ESTAR MÁS BUENO.

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Churri, que la rubia era demasiado excéntrica para ti. Yo te veo más bien con una escritora mediterránea, sencilla y ocurrente.

Y, para terminar, lo que todas las que adoramos a los EMPOTRADORES estábamos esperando: una serie protagonizada por Tom Hardy. Sí, amiguis, sí, ESTÁ PASANDO. Se llama “Taboo”, la emiten en HBO y el personaje principal es James Delaney, una bestia parda, salvaje, tatuada, con cara de que si te pilla contra el alicatado acabas hospitalizada o en la morgue, muerta PERO FELIZ. Ah, y la serie, además, es buena, pero casi ni te enteras.

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Vale, ya paro con el Hardy.

Hasta aquí solo algunas de las pocas series que me alegran la vida noche tras noche. Por favor, no dejéis de recomendarme vuestras favoritas. Abstenerse aquellas que no cuenten entre su reparto con bigardos de este calibre. No tengo yo edad de andar perdiendo el tiempo.

Besis.

Queridos Macron: cómo moláis.

Emmanuel y Brigitte molan. Molan MUCHO.

Eso es lo que pensé en cuanto supe de esta pareja. Pero, por raro que pueda parecer, algunos les han puesto a caer de un burro. Repasemos:

  • Emmanuel es gay y su matrimonio es un montaje: Hombre, pues claro. Y, además, lo tenía planeado a los quince añitos y optó por lo más sencillito: hacer cómplice a su profe de teatro, casada y con tres criaturas. Seño, seño, cásese conmigo que en unos años seré Le Presidén y no quiero que me llamen bujarraPa qué buscarse una chati florero que no tuviera nada mejor que hacer. Si es que, aparte de marica, Emmanuel es de lo menos pragmático.

  • Son una pareja EXTRAÑA: no hay más que verlos.

  • Vaya cabrona que dejó al marido por uno más joven: hay que ver, que hijaputa. Esta no sabía que hay una ley no escrita según la cual tienes que pasar la vida al ladito de tu marido por más infeliz que seas. Por supuesto, el hecho de que su nueva pareja fuera un tío guapo y de carnes prietas es una agravante. Pecadora, guarra, depravada.

  • Brigitte es una asaltacunas: O sea, según Google, es una “persona que entabla una relación amorosa con alguien mucho más joven”. Ah, pues entonces sí, igualita que Johnny Depp, Michael Douglas, Richard Gere, Julio Iglesias, Jason Satham, Alec Baldwin, Sean Penn, Tom Cruise… Y podría seguir nombrado machotes hasta terminar este post y el siguiente. Y el siguiente también. Lo que pasa, QUE NO OS ENTERÁIS, es que, cuando el mayor es el tío, el tiempo se encoge. No me preguntéis cómo, que soy de letras. 

  • Emmanuel no está bien de la cabeza: hombre, por Dios, ¿quién se va a enamorar de alguien TAN mayor? Eso de quedarse prendado de la inteligencia y la personalidad solo le pasa a las tías. Y, si no, que se lo pregunten a Melania Trump.

Afortunadamente, también se ha dicho mucho alabándolos. Yo me sumo por varias razones:

Tienen química, pero a lo loco.

Chorrean complicidad.

Por separado son Fabulosos, pero juntos NI TE CUENTO. Qué clase, qué elegancia, QUÉ TODO.

Porque, problablemente sin pretenderlo, nos dan unas cuantas lecciones: el amor no tiene edad, hay vida más allá de los cuarenta,  si vives pensando en el “Qué dirán” no serás feliz JAMÁS.

Y, finalmente, porque se pasan los estereotipos por salva sea la parte y, solo por eso, merecen toda mi admiración. Si alguien conoce al que se inventó esos patrones que nos esclavizan, nos machacan y nos joden la vida a tantos, mandadle recuerdos de parte de Emmanuel y Brigitte.

Y de la mía, ya de paso.

 

OUTLANDER (o el Empotrador Escocés ha llegado para quedarse)

Ay, amiguis, que tenía yo unas ganas locas de escribir este post desde que descubrí a esa bestia parda que es Jamie Fraser. Yo aún no me explico cómo nadie me había obligado a ver “Outlander” a punta de pistola, sabiendo lo que me van a mi los Empotradores,  qué malas amigas tengo. Porque una cree que ha visto todo lo que merecía la pena cuando, de repente, aparece ese animal pelirrojo sobre su caballo y entonces lo sabes: EL SCOTTISH EMPOTRATOR HA LLEGADO PARA QUEDARSE.

Y es que el Fraser engaña en un principio: él va de buenecito, de inocente. Vale, arrea hostias como panes, pero tiene ese punto tierno que te va conquistando y, cuando ya suspiras por sus huesitos en plan romántico, se casa con Claire, le confiesa que es virgen Y LE PEGA UNA FORNICATIO QUE LA DEJA LOCA ( a ella y a nosotras, que babeamos como cerdas viendo semejante espectáculo). Comentando el polvazo nupcial con mis amiguis, una de ella soltó: “Claro, el escocés te escuece”. Y sí, toda la razón, porque este hombre te deja el chirri como una hamburguesa, no hay duda. Y si no, que le pregunten a Claire, que creo se sienta sobre un flotador desde la noche de bodas.

Vamos a ver, Jaimito, vamos a ver: no puedes ir mintiendo de esa manera por el mundo. Tú te has hartado a chingar, Y LO SABES. Porque nadie suelta esas embestidas así de primeras, chato. A mí no me engañas. No te culpo: te paseas en falda, es fácil de remangar, la gaita es débil, las escocesas no son tontas… Y pasa lo que pasa.

Sí, churri, no me mires así. Es lo que hay.

En lo analizado hasta ahora tenemos esa mezcla letal de ternura y embestida salvaje que, ya de por sí, es suficiente para dejarte pallá del todo, pero aún no hemos comentado el tema body.

VOY.

Diosmío, diosmío, diosmío. Esos oblicuos, esos pectorales. Os juro por mi vida que yo jamás me había fijado en las clavículas de un tío. HASTA QUE LLEGÓ JAMIE.

Pero, ¿habéis visto ese brazo?, ¿la cantidad de masa que hay entre pecho y espalda? El culo, AY, EL CULO.

Porque los de la serie no son tontos, NO, y lo plantan en bolas a la menor ocasión, da igual si en las Highlands están a diez bajo cero y Jaimito se nos queda tieso. Porque la audiencia manda, sí señor. Y la audiencia, en este caso, somos una panda de tías enajenadas con el cuerpazo del ginger este. Oye, que la historia está muy bien, y qué original el guión, madre de Dios. Que si la tía viaja en el tiempo, que si la guerra, que si los Jacobinos. Qué bien actúan. Que sí, que sí… pero que si no fuera por los kilos de carne que enseña este buen hombre, otro gallo le cantaría a la productora. Cobre lo que cobre, me parece poco. Sam, chato, pide aumento de sueldo, que te lo dan fijo.

Veis lo de las clavículas, ¿no?

Y es que “Juego de Tronos” ha hecho mucho bien: nos trajo buenorros a tutiplén (debo aquí nombrar a mi Jason Momoa, of course), polvazos a tutiplén y guantazos a tutiplén. Funcionó, y de qué manera. Y de aquellos barros, estos lodos llenos de músculos.

Sigamos con Jaimito: CÓMO BESA, SEÑORAS. Porque de todos es sabida la importancia del morreo, y él la explota. Morrea, fornica, morrea, fornica, morrea, fornica y así hasta el siglo XIX. Qué pena que lo del besuquearse pasara de moda a finales del XX.

ASÍ NOS VA.

No sé a vosotras, pero a mí me han entrado unas ganas de ir a Edimburgo  y alrededores que no son ni medio normales. Ya me estoy viendo entre castillos, montañas verdes y tíos con falda de cuadros, que dicen que debajo no llevan nada. Huy, huy, huy, qué pillines.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento al Consulado de Escocia, o a la Asociación de Escoceses Buenorros o a la Cooperativa de Gaiteros de las Highlands. Propongo celebrar una reunión para acercar culturas, conocer un poco más de esas bonitas tierras, de esa historia que la serie nos ha descubierto y que tanto nos interesa. Eso sí, para que la cosa funcione, la delegación scottish deberá componerse en su totalidad por personas del género masculino, de entre 25 y 35 años, a poder ser pelirrojos, que frecuenten el gimnasio unas tres veces por semana y que asistan a esta celebración con el traje regional. Lo que viene siendo un encuentro hispano-escocés, que ojalá acabe siendo uno de hispanas-escocidas.

Por favor, las interesadas en asistir a dicho Congreso, apúntense en los comentarios. En breve anunciamos fecha y repartimos dorsales.

         

Otros cinco tipos de buenorros que también tela.

Amiguis, os vi muy lanzadas con el post anterior y, como yo soy muy de satisfacer las necesidades del mercado, me he visto obligada a lanzarme rauda y veloz sobre el teclado para hablar sobre otros cinco tipos de buenorros que nos molan tanto o más que los anteriormente descritos. Allá vamos:

El listo: pero puntualicemos, es un listo que no va fardando de su inteligencia, ni dando conferencias a todo aquel que se le acerca. Tiene capacidad de análisis y no es solo un portento académico (que también), es observador, perspicaz y, por supuestísimo, tiene un sentido del humor brutal. Porque los listos son rápidos, y el humor precisa de velocidad mental. Como el tío se ha instruído, es abierto de mente, tolerante, no se cierra en banda y escucha todas las opiniones. Y, lo mejor, como es listo de narices, fornica que te mueres. Podía haber empezado por ahí, la verdad…  Para mí, el listo por encima de todos los listos del planeta es, por supuesto, Benedict Cumberbatch. No sé muy bien si es él o sus personajes, pero me da igual. Te amo, Benedict.

El de uniforme: que conste, a mí los uniformes normalitos, los que vemos cada día por la calle me ponen cero, cerísimo, pero, ay queridas, ese traje blanco de Richard Gere en “Oficial y Caballero”, hostiahostiahostia. Lo mismo digo con Tom Cruise y cualquiera de los outfits que lleva en Top Gun (me acabo de dar cuenta, nombrando estas pelis, de que soy MUY MAYOR). Ya poniéndonos más contemporáneas, por favor, Taylor Kinney en “Chicago Fire”.

El malote: sabéis perfectamente de lo que hablo porque el malote nos pone A TODAS. Otra cosa es que olisquees el peligro y salgas por patas. El tío es un tanto bala perdida, pero, no sabes cómo, le encuentras el punto tierno. Y es todo mentira, pero claro, no vas a admitir que te molan los cabrones, así que te autoengañas y, de paso, intentas colársela a tus amigas que asienten mientras piensan que te estás metiendo en la boca del lobo y de qué manera. Y pa malote, Jonathan  Rhys Meyers, que no solo se carga a Scarlett Johansson en “Match Point” , sino que en la vida real las lía pardas, PARDÍSIMAS.

El heterogay: en realidad es gay del todo, pero es que no te lo puedes creer porque no tiene ni una pizca de pluma, es de lo más varonil y, encima, te tontea, el muy cabrón. Sabes que, en algún momento de su pasado, sucumbió a los encantos de un chirri, y eso te llena de esperanza. Otro autoengaño. Churri, no hay camino de vuelta, todo es culpa del poder del pene: una vez lo pruebas, no hay quien te quite de ahí. Y encima lo entiendes, porque a ti te pasa lo mismo. Matt Bomer, si algún día te da por saltar de acera, aquí nos tienes, cari.

El raro: algunas le llamarían “el misterioso”, pero para qué endulzarlo: hay gente rara y resulta que esa rareza, a veces, nos pone. Es un tío que no habla demasiado o que habla de temas un tanto peculiares, como la reproducción de las aves asiáticas, o la vida en otros planeta. Es solitario, vive un tanto ajeno a los usos sociales, pero intuyes que detrás de ese rollo raruno, se esconde un ser de lo más interesante y sexual. Una vez más, lo más probable es que te estés montando una peli tú sola, pero de ilusión también se vive. Pa raro, raro, Adam Driver.

 

Me da a mí que tendremos hasta tercera parte en cuanto a buenorros que nos ponen, porque aún nos queda el despistao, el garrulo, el madurito… En fin, que nos vemos pronto, amiguis.

Cinco tipologías de buenorros que nos gustan

El otro día, tomando algo con un amigo que, como tantos, no acaban de entender esto de mi celibato, tuve que escuchar POR ENÉSIMA VEZ ese tremendo “Es que tú eres muy exigente”. Pues mira, si vieras a algunos de los que me he beneficiado no pensarías lo mismo, pero, en cualquier caso, estoy en mi derecho de ser todo lo exigente que me salga de mi precioso toto. “Pero, a ver, ¿qué tipo de tío te gusta?” Y ahí me pilló porque, por un lado, no tengo un estereotipo en mente y, por otro, hay un montón de hombres de lo más variopintos que me encantan. Y de ahí a este post en un pis pas. Porque a vosotras os pasa lo mismo, que lo sé yo. Allá vamos con esos tipos de tío que nos molan MOGOLLÓN.

1. EL SURFERO: lo primero que me viene a la mente de sopetón es la peli “Le llaman Bodhi”. Ay, LA HOSTIA, ese Patrick Swayze que, la verdad, lo mismo daba que se montara en una tabla, nos hiciera un bailecito o fuera un matón de discoteca. Patrick nos molaba TODO EL RATO. A lo que íbamos, que ese rollo surfero, con el pelo desteñido por la solana, los músculos, la piel tostada… Me dan muchas ganas de untarles protección solar para evitarles un melanoma, claro, y también quiero quitarles esa sal tan molesta del cuerpo, CON LA LENGUA. Con tal de documentarme, como la escritora seria que soy, he buceado por la red y he encontrado esta web tan  instructiva sobre el mundo del surf. Os la regalo. De nada.

2. EL ELEGANTE: sí, me voy de un extremo al otro, pero es que así somos las Piscis. Un buen traje, con unos zapatos brillantes, una camisa en su sitio… Como aparte de Piscis soy cinéfila y teléfila total, visualizo a Gabriel Macht en “Suits”. Joder, que hasta se pone chaleco. Qué cabrón. Yo me veo desabrochándoselo pero, vamos, como si estuviera aquí mismo. Qué sonrisa, qué caída de ojos…

Y para elegante, ese Dios al que ya le dediqué post en exclusiva: Ryan Gosling. Que sí, que hay otros, que me da igual. Viva Ryan, viva su traje y viva la madre que lo parió.

Las tuyas, cari.

3. EL SALVAJE: aquí podemos incluir el rollo vikingo, del que ya he hablado e, incluso, podemos relacionarlo con el famoso Empotrador. Porque un buen Empotrador siempre tendrá algo de asalvajado, aunque sea de estranjis. Yo me imagino al salvaje perfecto como un tío grande, no solo alto, sino también abarcativo, que tiene poderío suficiente para agarrarte e insertarte en el alicatado por muchos kilos que hayas pillado. No tiene escrúpulos, él lo que quiere es fornicarte viva, le da igual dónde y cómo. Una vez más, me repito, qué pesada soy. Es que no me puedo quitar de la mente a Jason, lo siento. Es que hasta tiene faltas de ortografía en Instagram. ES PERFECTO.

4. EL BOHEMIO: es músico, o pintor, o escritor. A mí me molan sobre todo los “reinventados”. O sea, que estudiaron una carrera que nada tenía que ver con el arte y después de unos años se han dado cuenta de que a ellos, lo que les llena es lo de crear a lo loco. Sí, ya sé que, ni Adam Levine, ni Lenny Kravitz que son los de la foto han sido ejecutivos agresivos antes de liarse a dar conciertos. Y QUÉ. No he encontrado ejemplos gráficos de artistas ex- otra cosa. Estos tan tó güenos y con eso me basta.

5. EL NÓRDICO: aquí iba a poner “El guiri”, pero es que los nórdicos, aparte de ser guiris a más no poder, son lo más de lo más. No hablo de vikingo nórdico, que eso ya lo hemos cubierto, sino del nórdico moderno, del rollo “Hygge”. Esos rubios o pelirrojos (que me pueden encantar un pelirrojo), que lleva camisa de cuadros de diseño, gorro de lana, tiene un amasijo de músculos debajo del jersey de cuello alto que no es ni medio normal, y ha montado una empresa a los veintidós años de algo súperinnnovador y supertecnólogico que tú no entiendes para nada. Vale, tampoco el de la imagen es nórdico, sino Capitán América, pero yo me imagino a mi nórdico ideal así tal cual y, como este es mi blog, aceptamos superhéroe como animal de compañía. Más quisiera yo…

  

Y hasta aquí la lista de hoy. Otro día sigo. Por favor, no dejéis de enviarme tipos de hombre que os gustan y ampliamos catálogo.

Besis.

 

Adúlteros celosos: el colmo del morro.

Ay, amiguis, yo que me pensaba que mi capacidad para sorprenderme por el morro humano era nula. Qué ilusa, qué pardilla, la madre que me parió.

El martes quedé para comer con mi amiga Cristina, que es toda ella muy tremenda, muy sexy y muy fucker. Su última conquista es Antonio, un tío casado, con niños, que la pone mirando a Cuenca cada dos por tres, seis.

Quién soy yo para juzgar. Allá cada uno con su conciencia.

Cristina está encantada y tiene el cutis como la porcelana, con tanto polvo galáctico. Si ella está feliz, yo también. Y en una de estas, tras mucho relato erótico festivo y descripción de detalles escabrosos, mi amiga me cuenta de los problemas en el trabajo, de que quizás ya es hora de cambiar de empresa, y de que “tía, y Antonio que está súper celoso de mi compi de Administración porque nos llevamos bien y vamos a tomar café juntos”.

VAMOS A VER, CRISTINA, VAMOS A VER.

– Cristina, querida, ¿tu amante vive con su mujer?

– Sí, claro.

– Mantienen relaciones.

– ¿Cómo? (Es que Cris es francesa y a veces se le atasca el español)

– Que si follan.

– Sí, claro, supongo, sí.

– Y tu amante se pone celoso porque tomas café con tu compi. ¿Qué pasaría si te acostaras con él?

– Huy, se lía parda.

Yo, en este punto ya no sabía si descojonarme, desmayarme o bailar una sardana.

PERO, ¿CÓMO SE PUEDE TENER TANTÍSIMA JETA, PORELAMORDEDIOS?

Porque una cosa es que al tío le pueda tocar las narices que Cristina se líe con otros, pero de ahí a mosquearse, a tan siquiera mencionar en voz alta algo que tenga que ver con los celos cuando tú, SO GUARRO, te estás cepillando a dos tías a la vez (que sepamos), eso ya es TENER LOS COJONES DE PLOMO. Probablemente, este individuo será un experto en justificar su infidelidad con alguna de las tantas (y ridículas) razones de las que hablé en mi último post. Y mira, hijo: excúsate, engáñate, engaña, pero por lo que no paso es por que EXIJAS.

¿Por qué razón misteriosa crees que los demás deben guardarte un respeto que tú te pasas por el arco del triunfo? ¿En qué planeta tu pene es tan todopoderoso que puede disponer de los chirrís que le plazcan y, al mismo tiempo, negarles la posibilidad de hacer lo propio con otros penes? ¿Qué tipo de derecho de pernada en exclusiva te concedieron al nacer?

VENGA, CUÉNTAME.

NO TE OIGO.

Amigas que os estáis cepillando a un adúltero o a cualquier tío que crea en la monogamia femenina, pero no en la masculina, que sois muchas, que sois casi todas (que somos casi todas), un favor os voy a pedir: a la primera insinuación de celos, de “yo lo hago pero es que si lo haces tú sería diferente”, o de ese horripilante “es que me molesta porque me importas”, mandadle a tomar por culo.

NO ESPERES MENOS DE LO QUE DAS.

NO DES MÁS DE LO QUE RECIBES.

No te zampes con patatas a morrudos dispuestos a repartir pollazos a diestro y siniestro mientras tú te quedas en casita bajo la manta.

    

Y tú, adúltero celoso, arréglate el coco, pero mientras lo haces, por favor: NO MOLESTES.