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Etiqueta: blog de humor para mujeres

Carta a mi yo del futuro.

Acabo de leer que un hombre enterró en Sidney una especie de cápsula del tiempo hace veinte años y la han encontrado hace nada. En ella, jugaba a las predicciones y el tío no se ha equivocado demasiado. Si es que a veces no es tan difícil adivinar lo que va a pasar sabiendo lo que ya ha pasado.

Y se me ha ocurrido escribirle una cartita a mi yo del 2037 y entonces volver a leerla a ver si soy tan lista como el australiano. En lugar de enterrarla, la dejaré aquí y así la comparto con vosotros, que me parece mucho más divertido. Vamos allá:

Querida Yo del futuro:

Ahora eres Fabulosa, pero cuando abras esta carta, NI TE CUENTO. 

Me apuesto lo que quieras a que ya sabes identificar tu estado de ánimo a la perfección. Has sustituido el “Estoy hasta las pelotas de todo y de todos” por un sosegado “Me siento frustrada” o “Me has decepcionado”. Ni que decir tiene que es imposible que sueltes esas lindezas sin ir perfectamente peinada y con la manipedi impoluta. Sí, es difícil de imaginar ahora, pero sé que lo vas a conseguir.

Has aprendido a adaptarte, ya no te das cabezazos contra la pared a todas horas. Eres una balsa de aceite, el junco del “Dúo Dinámico”, el agua de Bruce Lee.

Al cumplir los cuarenta y cinco te sentiste demasiado mayor, el óvalo facial se te iba a tomar por el jander, las canas se te multiplicaron por diez, te entraron las prisas por vivir, llegabas tarde a tantos sitios que no sabías ni cuales eran… Ahora has cumplido sesenta y cinco, te quedan tres pelos castaños, no tienes prisa alguna porque las metas son cosa de tu imaginación. Ah, y te ves GUAPÉRRIMA.

Sabes, desde hace ya un tiempo, cuales son tus puntos fuertes y débiles, TIENES CLARO QUIÉN ERES, así que no te metes en camisa de once varas. Lo mismo te pasa con las personas y las situaciones: no te acercas a las que te sacan de quicio. Porque no hay sensación más asquerosa que la de “Pero sí lo sabía, qué coño hago AQUÍ y con ESTE”. Los tóxicos ya NI SE TE ACERCAN y dejan mogollón de tiempo para todos los maravillosos que te rodean, que son MUCHOS.

Eres empática, lo cual no quiere decir que tengas que aguantar mochilas ajenas. Comprender no es cargar.

Dices que NO en plan salvaje a todo lo que te aparta de tu camino. Gritas SÍ a eso que te sitúa en tu frecuencia y te hace feliz. Das GRACIAS porque eres una tía muy afortunada: estás sana, tus hijos son lo más, tienes unos amigos cojonudos, te dedicas a lo que te gusta. Estás en forma porque haces deporte y, aleluya, comes como Dios manda. Has escrito varias novelas de éxito y tus lectoras siguen descojonadas con tus artículos. Te quieres, te cuidas. No se puede pedir más.

Has desterrado de tu vocabulario y de tu sesera la palabra Rencor. Porque te has dado cuenta de que de nada sirve tener a nadie entre ceja y ceja. No les jodes a ellos, sino a ti. Y de qué manera.

También te has perdonado a ti misma por lo pasado y por lo futuro, porque si no dejas que nadie te juzgue, qué coño hacías juzgándote tú. Ya no pierdes el tiempo con esas conversaciones mentales ridículas sobre lo que te amarga la vida. Las sustituyes por ideas que te ilusionan, porque la ilusión es lo que diferencia a los vivos de los supervivientes.

Llevas muchas cagadas a tus espaldas y has aprendido de ellas. Que no te afecten no quiere decir que las olvides, porque las hostias contra la misma piedra una vez, y otra y OTRA, son la mierda. Con una nos basta.

Desconectas el teléfono, apagas el ordenador, miras al techo durante horas sin sentirte mal. He comido demasiado. Tengo la casa desordenada. He gastado demasiado. A la mierda. Ni te acuerdas de lo que significa esa palabra: la maldita CULPA.

La de energía que ahorras y todo lo que haces con ella, madredelamorhermoso

Que seas Fabulosa no quiere decir, ni mucho menos, que seas perfecta, ni falta que hace. Por fin te has dado cuenta. Ya no te comparas con NADIE, ni te sientes fracasada. Ya no te rindes, ya no te arrastras, solo fluyes a tutiplén. Y, ojo, que es que fluyes en TODO. Aquellas sequías sexuales de la cuarentena han quedado en el pasado: te ponen fina, FILIPINA. Ah, por supuesto no te marean desde hace décadas. Ay, si lo hubieras sabido antes…

Tus hijos son personas cabales y, sobre todo, FELICES. Tanto esfuerzo valió la pena. Quizás hubo mucha bronca innecesaria. O no, quién sabe. Lo hecho, hecho está. Lo más importante que les has enseñado es que nadie vivirá su vida por ellos, que su libertad es suya y de nadie más, que el respeto a los demás y a uno mismo está por encima de todo. Lo mejor no está siempre más arriba, ni pesa más, ni es más rápido, pero sí está siempre por llegar. Y ahora sin más, querida Yo del futuro, me despido de ti deseándote una (incluso más) feliz existencia.  Nos vemos muy pronto. Firmado: Tu Yo del 2017.  
“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.”
Eleanor Roosevelt
                               

Juego de Tronos nos tiene loquis (y con razón)

Que se pare el mundo, que mañana se estrena la séptima temporada de “Juego de Tronos”. Me río yo de la ansiedad con la que esperaba a los Reyes Magos. Esto son ganas, PERO DE LAS DE VERDAD.

Y que conste que yo me resistía al enganche.

  • Primer capítulo: pfffff, ¿y este rollo guerra y que todo el mundo la palma? No entiendo yo el entusiasmo.
  • Segundo capítulo: a ver, que no está mal, pero tampoco es pa tanto.
  • Tercer capítulo: oye, que tiene su qué…

Cuarto capítulo: por Dios que me esguincen los dos tobillos y el pescuezo si es necesario para quedarme en el sofá las noventa y ocho horas que dura una temporada.

Porque “Juego de Tronos” es como las patatas fritas de bolsa, que algo de droga llevarán cuando no puedes parar de zampártelas.

Cómo a mí no me gusta depender de nada sin tener claro por qué me pasa, he diseccionado las razones de esta locurita que nos ha entrado por la serie:

1.Es más que evidente: LOS BUENORROS. No son tontos, no, los de casting. He escrito largo y tendido sobre los guapos, los empotradores, los tíos buenos y la necesidad imperiosa de que los machotes de “Juego de Tronos” se despeloten MUCHO MÁS. Además, los hay para todos los gustos: Jon Snow, el sensible; Jaime Lanister, el malo; Daario Naharis, el leal; Khal Drogo, el salvaje y así hasta el infinito y más allá. Seamos sinceras: sin tanto tío hermoso, pasaríamos de los de Invernalia, y a lo loco, además.

2. Lo inesperado: y venga giros y más giros que te dejan con la boca abierta. Que no seré yo la que se ponga a hacer spoiler, pero que no siempre ganen los buenos y que la palme tó quisqui tiene su qué. Nada nos mola más que ese susto, esa incredulidad cuando matan al que era el prota hasta ahora. También nos jode cuando el muerto era el más Empotrador de los Empotradores, he de decir. Yo sigo esperando la resurrección milagrosa de Drogo. Ahí lo dejo.

3. Se hartan a fornicar: y como somos unas cochinonas, pues nos mola. No os riáis, no, que es verdad de la buena. Solo hay que observar el éxito de “Outlander”, “Vikings” y tantas otras que presentan la misma fórmula: buenorro + fornicatio masiva.

4. Los personajes son la bomba: o sea, el guión es la bomba. Son complicados, creíbles y sorprendentes. Y lo mejor, hay mujeres poderosas, que no dependen de los protas masculinos, como Cersei, la super-vengativa Sansa o mi favorita: la Madre de Dragones. Tan chiquitina, con esa cara de buena y la que lía.

Y creo que estas razones son más que suficientes para justificar la Tronomanía. Yo, por mi parte, voy a aprovechar que me hallo en la Gran Manzana y por aquí la lían parda para este tipo de acontecimientos. Me voy a buscar un bar bien grande para compartir mi adicción con muchos majaras neoyorquinos y a ver si, con suerte, me encuentro con algún Stark.

Por desear que no quede.

Otras cuantas gilipolleces que me sacan de quicio

Hace unas semanas ya hice una lista con unas cuantas cosas que me tocan las narices sobremanera y ahora ha llegado el verano, con su calorazo, sus niños de vacaciones y un sinfín de factores que no hacen sino aumentar la cantidad de gilipolleces que me sacan de quicio. Sigo con lo mío:

21. El calorazo: sí, ya lo sé, me repito, pero es que no lo soporto. Y ahora mismo estoy en una isla y se supone que mola mucho y todo eso, pero es que solo hay una cosa peor que el calorazo: EL CALORAZO HÚMEDO. Son las 16.54 y llevo cuatro duchas en mi haber. Para cuando acabe el día calculo que serán unas diez. No puedo ni pensar. El bochorno ha invadido mis escasas neuronas.

22. Los atascos: sí, porque yo, en la city, voy a pata o en metro, pero aquí no se puede, así que tengo el toto con forma de asiento de coche. Y hay muchos turistas. Y no hay metro. Y hay atascos. Y me cago en lo que se menea.

23. Los camareros que quieren llevarse tu plato antes de que termines. Varias veces. NO HE TERMINADO.

24. Los zapatos que, milagrosamente, eran supercómodos en la tienda y a los dos minutos de ponértelos, te provocan el dolor más grande del planeta.

25. Los que te repiten siete veces: “Qué blanca estás, ¿noooooooo?”

26. Los quejicas. Por todo. Siempre.

27. Los que usan “Maricón” como insulto.

28. Los que me atufan con el olor de su porro en la playa.

29. Los que no se han enterado de que hay unos cacharritos que te pones en las orejas para escuchar tu música y te deleitan con su reguetón. VETEALAMIERDA.

30. Los guarros. No puedo con los malos olores. Ayer entré en una gasolinera y casi poto. Sobaquera y pies por doquier. Duchas, desodorantes, cambio de camiseta, PORFAVOR.

31. Las mosquitas muertas. No me fío. SIEMPRE ACIERTO.

32. Los que afirman que estamos solteras por egoísmo.

33. Los gorrones. 

34. Los que, ante mi condición de abstemia, afirman que “Yo te voy a hacer beber, ya verás”. TENGO 44 TACOS, NO ME GUSTA EL ALCOHOL. DÉJAME EN PAZ. VIVE TU VIDA.

35. Los taxis que huelen a tabaco, la gente que huele a tabaco. EL TABACO.

36. La frase “Es que tú eres un poco feminista” . No puedo estar ni un poco embarazada, ni ser un poco feminista. ¿LO PILLAS?

37. Vaciar el lavavajillas.

Tengo más, luego sigo. Mientras tanto, contadme vosotras, no os cortéis.

Cinco series con protagonistas femeninas que tienes que ver PERO YA.

Yo me pillo unos cabreos monumentales cuando me entero de que un/una amigui ha visto una serie fabulosa y no me la ha recomendado. Sin ir más lejos, me pasó con “Outlander“. Cual fue mi sorpresa cuando, al comentarle a mi mejor amigo “Tío, tío, tío, que tienes que ver la serie del escocés que escuece porque está tremendo y buenísimo y empotra que no veas y…” Y va y me suelta “Huy, la vi hace mucho”.

Pero cómo me puedes hacer esto a mí, MAL AMIGO.

En fin, que como yo no soy así de acaparadora, he hecho una listita de maravillas que, por una u otra razón, creo deberíais ver en estas vacaciones que se aproximan e incluso antes.

BIG LITTLE LIES.

Amiguiiiiiiiiiiiiiiiiis, es necesario que os vayáis raudas y veloces a HBO (ni que me dieran comisión) y os zampéis del tirón esta maravilla. Es solo una temporada, el reparto es despatarrante: Reese Witherspoon, Nicole Kidman, Shailene Woodley y TACHACHÁÁÁÁÁÁÁÁÁNNNNNN, Alexander Skarsgård, que no puede estar más tremendísimo. Ahora en serio: guión impecable, actuaciones impecables, todo impecable. Una historia de mujeres, de complicidad, de secretos, donde las apariencias engañan y a qué nivel, Maribel. 

THE HANDMAID´S TALE.

Imagina que una especie de secta neoreligiosa toma el poder en Estados Unidos después de que las condiciones medioambientales dejara estéril a la mayoría de la población femenina. Imagina que esclavizan a las mujeres fértiles para que procreen sin orden ni concierto. Pues esta trama que, en un principio, podría parecer una ida de olla del quince ES UNA PUTA MARAVILLA basada en la obra de Margaret Atwood. Si Elisabeth Moss te gustó en “Mad Men” ahora vas a alucinar en colores. En serio, no te la pierdas.

THE GOOD FIGHT

El spin off de “The Good Wife” no puede molar más, y es que esa Diane Lockhart que ya era una fiera como secundaria, ni te cuento lo que es como prota. Encima volvemos a ver a Lucca Quinn, con esos trajes estupendos, esa piel estupenda y esa actuación estupenda. Otra historia de mujeres con ovarios, con poder, pero no por ello sin problemas. Heterogéneas que somos. Y Fabulosas. Diane nos demuestra que hay vida, y MUCHA, más allá de los sesenta. Y como guinda, aparece Rose Leslie (la salvaje de “Juego de Tronos, sí, la que se beneficia a Jon Snow) que está ma-gis-tral.

GIPSY

La nueva de Netflix. He visto solo un par de capítulos, pero os digo desde ya que esta noche me zampo otros dos. A ver, que la prota es Naomi Watts, garantía de calidad, señores. Y encima hace de terapeuta (que no me puede gustar más el rollo psico – suspense – perversión). No os voy a decir más porque solo ha hecho que empezar y ya me ha sorprendido. Espero que os pase lo mismo.

ORANGE IS THE NEW BLACK

Sí, ya lo sé, no es nueva, pero su primera temporada me parece tan, tan, tan buena que no puede faltar en esta lista. Que ahora nos parece muy normal lo de una serie que hable de la vida de las mujeres en prisión, pero hasta que llegaron las Orange, era de lo más impensable. Me gusta por muchos motivos: nos cuenta que a veces no elegimos nuestras propias circunstancias, que incluso en los momentos más jodidos se puede encontrar la ilusión, que hay que ponerse en lugar del de enfrente para saber lo que uno haría en su piel. 

  Y nada más por ahora, amiguis, que ya me contáis lo que os parecen mis sugerencias y, porelamordedios, hacedme llegar las vuestras.

La Fabulosa, ¿nace o se hace?

Ya tenemos claro lo que es ser Fabulosa y, si no es así, aquí la definición completa.

Ser Fabulosa es sacudirse la culpa, deshacerse de los estereotipos, saberse imperfecta y llevarlo maravillosamente, desmelenarse, buscar la felicidad, satisfacer tus necesidades y no siempre las de los demás, pegar un hostión en la mesa de vez en cuando, no dar explicaciones a quien no procede, y así podría seguir hasta la eternidad. Porque las cualidades de las Fabulosas son infinitas, gigantescas, demoledoras.

La Fabulosa, resumiendo, se quiere. MOGOLLÓN.

Ahora que tenemos el concepto claro, vayamos al siguiente punto: las Fabulosas, ¿nacemos o nos hacemos?

La duda surgió el sábado, en una reunión piscinera entre amigas recientes:

-Oye, que he cotilleado tu Facebook y tus coleguis son MUY Fabulosas.

-Sí, y no lo eran tanto, pero la vida las ha pegado un buen meneíto y ahí están, Fabulosas perdidas.

Me quedé yo meditabunda tras esa afirmación. Pensé en la que me lo contaba (que si es más divina, la palma), en mis amigas, en mí misma, en tantas mujeres que, ante la disyuntiva de dejarse llevar o tomar las riendas de su vida, eligieron lo segundo. Se tiraron de cabeza sobre las complicaciones, la opción menos cómoda, la lucha. Tras algún tiempo sumidas en una vorágine que no habían elegido, ahora son “Fabulosas perdidas”.

Formulé la pregunta en Instagram, a ver qué opinabais,  y la respuesta fue unánime: las hay que nacen Fabulosas y lo saben desde siempre, las hay que se enteran tarde. A otras hay que agarrarlas de la solapa y zarandearlas de lo lindo, a ver si espabilan. Pero siempre puedes hacerte Fabulosa. NUNCA ES TARDE. Es más, cuanto mayor eres, más Fabulosa te sientes, O DEBERÍAS.

Quizás estás leyendo esto y pienses “Yo, de Fabulosa, NADA”. Pues para ti este artículo, querida, porque las otras ya están en ello. Tenlo claro, hay que esforzarse: el Fabulosismo no cae del cielo. Es necesario buscarlo y, a veces, te lo pone difícil, el muy cabrón. Se esconde tras toneladas de trabajo, de preocupaciones, de decepciones, de hostias a tu autoestima, de un agotamiento tan grande que no te deja espacio mental para mirarte y, sobre todo, PARA VERTE. ¿Cuántas veces has pensado “Mira que esta tía es Fabulosa, tan lista, tan mona, tan capaz”? Y ¿cuándo fue la última vez que pensaste lo mismo de la que ves en el espejo?

PUES ESO. Al tajo, bonita.

Porque la edad conlleva putadas tales como la flaccidez, pero debería aportarte una dosis de pasotismo maravilloso. La experiencia, los tropezones con las mismas piedras, una, dos, y quinientas diez veces acaban enseñándote que, como no te cuides tú, lo llevas clarinete, chata. Que nada es TAN grave. Esto va, no de aptitud, sino de ACTITUD. Va de recordar que EXISTES, QUE ERES IMPORTANTE, que hay que currarse la chispa de la vida porque la que venía de serie se acabó hace tiempo. Que tienes que hacer cosas por primera vez y que cada día te espera la ilusión por algo que solo tú puedes imaginar. Algunas ideas (por si andas escasa):

  • Píntate los morros de rojo, disimulan las ojeras (te lo digo yo).
  • Cómprate ese perfume que te encanta, que te da ganas de comerte a ti misma.
  • Escucha aquella canción de tus dieciocho, que te recuerda que volverás a bailar como las locas, cuando tú así lo decidas.
  • Baila como las locas.
  • Vete al cine, sola o acompañada, qué más da.
  • Cómete ese helado que te gusta.
  • Date una ducha larga, con ese jabón que huele a gloria.
  • Cómprate unas bragas preciosas, tu toto bien lo vale.
  • Camina mucho, piensa en ti mientras lo haces. En nadie más. EN. NADIE. MÁS.

Para bien o para mal, el sentirte ser Fabulosa depende de ti, querida mía. Así que empieza ya. HOY.

Recuerda que “Algún día” no es un día de la semana, que la vida es de los valientes y que más vale arrepentirse de lo hecho.

Ya me cuentas.

Gracias por tanto, “Sexo en Nueva York”

Todavía recuerdo la primera vez que vi a aquellas cuatro tías estupendas diciendo barbaridades a diestro y siniestro. Qué gusto más grande.

Una serie femenina, donde las protagonistas eran mujeres de treinta y bastantes, independientes, que vivían en Nueva York y hablaban de sexo sin tapujos. 

UNA PUTA MARAVILLA.

Por primera vez, en la pequeña pantalla, se rajaba abiertamente sobre penes pequeños, eyaculadores precoces y el semen agrio. De que en el coño también salen canas, cagontóloquesemenea.

La palma en estos temas se la llevaba Samantha, pero el resto tampoco se cortaba. Basta recordar el episodio en el que a Miranda le hacen un annilingus o Charlotte se encuentra con un no circuncidado, por no hablar del político que quería mearle a Carrie mientras trikitriki. Las mujeres, por fin, disfrutaban del sexo sin compromiso e, incluso, tenían amantes más jóvenes que ellas. Gloria al cielo, ALELUYA.

¿En cuántas charlas con vuestras coleguis habréis exclamado: ¡Lo mismo pasaba en aquel capítulo de Sexo en Nueva York! Porque quitando los bolsos de 2.000 dólares y los Manolos, sus vidas y la tuya tienen TANTO que ver: te gustan los hombres, la ropa, te follan mal, te follan bien, te mueres de risa con tus amigas, te enamoras del que no debes, te critican por vivir a tu manera, eres ambiciosa, eres valiente, dudas, decides, te sorprendes, aprendes, te hundes, te levantas, decides ser feliz.

Fue un antes y un después. Sirvió de inspiración vital para muchas mujeres que, al verse reflejadas en aquellas cuatro amigas, ya no se sentían tan solas, tan raras, tan majaras. Querer divertirse como una loca a los treinta y tantos, a los cuarenta y tantos y a los cincuenta y tantos, no solo era normal, ERA NECESARIO y además, elegante, interesante, IMPRESCINDIBLE. Cuanto mayor eres, más cosas tienes que decir, menos te importa soltarlas. Cuando tú vas, yo vuelvo de allí.

Aquellas cuatro nos hablaron, también, de AMISTAD. Esa que es de verdad, que está a las duras y a las maduras, que te suelta verdades como puños, que discute, que perdona; que está por encima de cualquier novio, marido o Mareador; que no juzga, que te acepta como eres. 

Porque no nos engañemos, Nuestra Serie Favorita trataba sobre esas miserias que nos amargan la vida, y el humor no les quita ni un ápice de importancia. Todo lo contrario: las tristezas, compartidas, son menos tristezas y con unas palabrotas y unas risas de por medio, a veces incluso dejan de escocer. Cuántas nos solidarizamos con esa Carrie que era abandonada mediante un post-it, el equivalente al actual WhatsApp. Por no hablar del Supermareador, Big, que es ciencia ficción pura y dura: UN MAREADOR RECUPERABLE.

Venga, va.

Resulta que el personaje estaba basado en un ex de Candace Bushnell. Supongo que la pobre se quedó con las ganas de que el suyo se convirtieran en un tío decente y se desahogó en el guión. Te comprendemos, Candace.

Y lo hicieron bien hasta en la elección de aquellos cuatro estereotipos, todas somos un poco Samantha, un poco Charlotte, un poco Miranda e, incluso, un poco Carrie; ese personaje que observa, deduce y concluye frente a su pantalla. Porque alguien tenía que contar la historia, alguien tenía que ir más allá de los simples hechos que, a veces, son mucho más reveladores de lo que puedan parecer a simple vista. (Huy, qué familiar me es esto…)

El marco: NUEVA YORK. Que os voy a contar yo que no sepáis ya. Me enamoré de esa ciudad mucho antes de conocer a Carrie y sus amiguis, la convertí en marco para mi primera novela y, os lo digo ya, pasará lo mismo en la segunda. Muero por volver a esa Magnolia Bakery en la que nuestras amigas se ponían ciegas y zamparme un muffin del tamaño de mi cabeza.

Quizás, si no hubiera visto “Sexo en Nueva York” yo no estaría aquí, escribiendo sin tapujos y sin vergüenza alguna. Quién sabe si, en mis reuniones con las amiguis, aparecerían con la misma naturalidad las pollas, los picores de chirri, el miedo al compromiso. Puede que mi visión de la vida, ya rozando los cuarenta y cinco palos, no estuviera llena de ilusión: por proyectos nuevos, por viajes nuevos, por hombres nuevos, por vestidos nuevos, por amigas nuevas.

En cualquier caso, GRACIAS, QUERIDAS: por contarnos que tenemos opciones, que somos imperfectas y FABULOSAS, que nuestro toto es solo nuestro, que en esta vida lo importante es divertirse y el resto es pura guarnición.