Ir al contenido principal

Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

Solteras, monoparentales, parejas sin hijos y otros bichos extraterrestres.

Hay gente muy cansina. A mí me tocan las narices especialmente esas personas que demuestran interés exacerbado sobre las vidas ajenas. Y no hablo de los amigos, cuyo preocupación está justificada, sino de esos que buscan en las existencias de los demás una excusa para demostrar que las suyas son inmejorables.

Les decía el otro día a unas amigas que, en estos tiempos, todavía algunas opciones como la soltería o la maternidad en soledad se consideran extrañas. Qué va, mujer, hoy en día ya tenemos la mente muy abierta. Es normalísimo. Todo válido. Viva la opción. Cada uno que haga lo que quiera.

Las capas, los sayos, su tía Rita.

Queridas mías, que estáis casadas y tenéis hijos como Dios manda, vuestras afirmaciones son como las de los blancos cuando afirman que no hay racismo o las de los hombres cuando cuentan que no ven el machismo por ningún lado. Si no lo sufres es muy probable que no te enteres.

¿A ti te han preguntado alguna vez por qué tienes pareja o por qué decidiste tener hijos con alguien?

Estupendo. Pues no hay mes, desde que cumplí los veinticinco, en el que yo me libre del interrogatorio. Mi vida es eso que sucede entre un “¿Por qué no tienes pareja?” y el siguiente. Desde que soy madre, pasa lo mismo con el “¿Y por qué decidiste ser madre soltera?”.

Lo mismo sufren las que tienen pareja y no viven con ella y /o decidieron no tener hijos.

Por si a alguien le cuesta ponerse en nuestro pellejo, imaginaos que os preguntaran constantemente ¿Por qué te duchas cada día? ¿Por qué te vistes? ¿Por qué hablas por teléfono? Probablemente no sabrías qué contestar. Así de patidifusa me quedo yo, semana sí, semana también.

La cosa está clara: lo NORMAL es tener pareja/vivir con ella/tener descendencia. Y si te desvías debe haber una razón de peso, que va desde una ruptura traumática que te dejó tan pallá que no quieres volver a saber de los hombres (o de las mujeres), hasta una esterilidad de lo más triste, o cualquier otro dramón. Lo de que esta es mi opción de vida no es suficiente.

La curiosidad responde a la creencia de que me salgo del camino establecido. Y está tan arraigado que ni os dais cuenta, chatines. Se busca justificación, explicación, la razón de tan extraña conducta. Porque es muy bonito compartir la vida, porque si te gusta mucho alguien quieres vivir con él, porque  los hijos son una bendición de Dios. Verdades absolutas. Y absolutistas.

-“¿Tú te has enamorado alguna vez?” me preguntaba una compi del cole en nuestra última cena.

-Claro, un par. (Deben ser pocas para mis cuarenta y cinco primaveras, a juzgar por las miradas que me echaron), pero nunca he querido tener pareja.

-No se puede ser tan racional en esta vida.

Soy una mujer de hielo, una tía cerebral a tope. Llamad a los de National Geographic y que me analicen porque esto muy normal no es.

No vamos a entrar en la irracionalidad del amor, ni en el archifamoso “Lo del amor no lo eliges tú”. Yo a Cupido lo metí hace tiempo en el mismo cajón que a los Reyes Magos, perdonen ustedes. Tampoco voy a regodearme en el hecho de que estar con según quién es tremendamente incomprensible. Lo de cuántas parejas se han fraguado sobre los cimientos del que no sabe estar solo también es otra historia de terror que tela.

Pero a lo que íbamos, hay algunos que no solamente cotillean, también se enfadan, se ofenden ante esta cosa nuestra de vivir la vida como nos sale del toto (o de las pelotas). Porque no entienden. Y es que no hay NADA que entender. Yo nací solita, sin pareja y así me he quedado. Si acaso habrá que saber por qué tú decidiste compartir tu vida con alguien. Yo simplemente no hice nada. Y tan a gusto.

Lo peligroso de esas creencias que están tan arraigadas que incluso pasan desapercibidas es que no todo el mundo se las pasa por el arco del triunfo. A algunos les joden la vida entera. De ahí los miedos a estar solos, a las relaciones disfuncionales a las que se agarran cuales clavos ardiendo porque, AY, si te sales de la normalidad. Fracasado. Raro. Egoísta.

Respetar la libertad del de enfrente no consiste solo en aceptar su modo de vida sin criticarlo, sino en saber que no hay nada que juzgar ni que entender. Tampoco no hay nada que preguntar.              

Que Ana Guerra cuelga fotos en bikini y no es feminista (o algo así).

Ay, queridas, que cuando una cree que ya nada puede sorprenderla, ZASCA, llegan las de “Amigas y conocidas” y te dejan al borde del parraque.

Viene ayer mi compi Leire y me dice que me tiene que contar algo que me da para un post, que Ana Guerra, que es una chica de OT (yo es que no veo la tele) ha colgado una foto en bikini en su cuenta de Instagram, y le han dicho en una entrevista que cómo puede ser feminista y mostrar carne así a lo loco.

 Yo es que no entiendo la pregunta. Su cuerpo, su bikini, su red social. Su “Cuelgo lo que me sale del toto”. Me parece todo como muy coherente y tal, ¿no?

Le pregunté a Leire si, en esa piel suya, la muchacha mostraba un texto tipo “Por el mismo curro debemos cobrar la mitad” o “Cualquiera puede meterte mano sin tu permiso”.

NO, me contesta ella, muy resuelta.

Y, claro, no puedo resistir y busco el vídeo de la discordia. Veo que en el programa este de “Amigas y conocidas” todo son mujeres. Y que conste que soy de las que piensa que tan esperpéntico es que esas críticas raras las haga una mujer como un hombre. La gilipollez no tiene género, de momento.

Ana Guerra hablaba sobre lo nocivo de la codependencia, dijo que no cantaría con Maluma a no ser que fuera con mensaje feminista, afirmó que sus principios están por encima del éxito… Todo de lo más normal, que no común.

Y allá que va la señora presentadora rubia y suelta “No sabemos si es una contradicción o no que muestres tu cuerpo. No sabemos si es reivindicativo”.

Lo que siguió a esa frase tan brillante a la par que elocuente fue un cúmulo de despropósitos de dimensiones interestelares: que si puedes traumatizar a las niñas que no tienen tu cuerpo, que si las mujeres muestran carne para aumentar seguidores, que si el mercado te presiona para que te despelotes…

La Guerra las miraba sin entender nada, supongo. Ella, durante los tres segundos en los que la dejaron hablar, afirmó que la colgó porque le gustaba la foto y porque le da la gana. Y esa debería ser razón suficiente para cualquier cosa en la vida. Pues aquellas, como si no la hubieran oído siguieron con su coooocoooroococooooo.

El momento más colosal de todos llego cuando algunas apuntaron que, hace veinticinco años, las feministas la hubieran criticado por exhibir su cuerpo. HOSTIA, HOSTIA, HOSTIA. Señoras, que esta muchacha ha colgado la foto en Instagram en 2018, no en 1820. ¿Y desde cuando el feminismo critica la libertad sobre el cuerpo de una? ¿Y por qué le debería importar a esta mujer si la hubieran criticado las feministas de 1978? He de reconocer que, al escuchar aquello, me invadió una gran preocupación: a ver si me he liado y yo, que soy feminista a tope, no puedo hacer top less y esas cosas, ¿cómo soluciono este desastre?, con lo que me horroriza la marca del bikini y con lo que me gusta pasear los melones.

Y, as usual, me fui a mi RAE del alma para despejar dudas.

feminismo

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna ‘mujer’ y el fr. -isme ‘-ismo’.

1. m. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.

2. m. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

No vi nada de “El top less y el bikini son la peste para las feministas”, así que me fui a mi segunda fuente de conocimiento supremo: Google.

“Feminismo y top less”

Pues oye, que resulta que lo de enseñar los pechotes es bastante feminista, por lo de este es mi cuerpo y a quien no le guste que no mire. Es lo del burka es lo que no mola nada. BURKA CACA para ser feminista. Qué alivio, porque me pilla el verano a medias y comprar tops playeros ahora mismo me va fatal.

Volviendo a Ana Guerra, que contemplaba flipada el cacareo de aquella panda. La muchacha dijo dos cositas más para acabar la mierda de entrevista: “lo triste es que esto sea noticia”, “nos queda mucho camino por recorrer” y “para ser libre hay que ser valiente”. Y una de ellas va y suelta: “Y tener suerte”.

Mujer, de todos es sabido que las grandes conquistas en los derechos humanos han tenido que ver con la suerte. Por suerte la esclavitud se abolió, fue pura chiripa que se derribara el muro de Berlín y, oye, que así porque sí nos dieron el derecho al voto. Nada que ver con echarle ovarios o cojones a la vida y rebelarse contra la mierda establecida.

A ver si os enteráis de que la cosificación no tiene nada que ver con mostrar el propio cuerpo, sino con la mirada ajena. La reivindicación no se basa en palabras, en vestimentas o en pancartas, sino en la ACTITUD. El feminismo es, entre otras cosas, libertad. Para hablar cómo queramos, vivir como nos venga en gana y despelotarnos (o no) sin dar explicaciones.

       

El Mundial y sus buenorros. Gracias, Dios del fúrgol.

Amigas, ha llegado el momento: vamos a hablar sobre los buenorros del Mundial. Se lo merecen. Nos lo merecemos.

Y digo yo, ¿dónde estaban estos bigardos monumentales en el Mundial del 2014? Porque no recuerdo que entonces nos dieran estas alegrías. ¿Se hallaban ocultos o simplemente no nos atrevíamos a decir que había futbolistas buenorros? O quizás el bueno de Karius nos descubrió que el fútbol podía resultar de lo más interesante para todos y todas las que pasamos de ese deporte. El caso es que nos hemos vuelto todas unas hinchas, así en general. Que lo mismo nos da que nos da lo mismo. Si estás tó güeno yo te animo, canto gol y La Traviata si hace falta.

Si tuviéramos que nombrar a todos los Guayabos Furgoleros no acabábamos hasta el Mundial del 2022, así que he creído necesario que nos centremos en tres elementos:

3. La selección de Irán: vale, son varios elementos, pero un solo grupo. Y VAYA GRUPO. La cosa es sencilla: son deportistas, con lo cual lo del buen físico se presupone. Son jovenzuelos. Vale, que si, que hay por el mundo maduritos que están estupendos, pero la probabilidad de estar buenorro (o buenorra) se incrementa cuando el colágeno, la elastina y todas las hormonas del cuerpo están a tope, y eso, lo siento, pero pasa antes de los cuarenta (por mucho que nos joda). En el caso de Irán el buen tono viene de serie. Están tostaditos desde su nacimiento, cosa que también nos gusta. Esos ojazos, ese pelamen estupendo, esas dentaduras que destacan en la morenez de sus hermosas caras… Y encima van los tíos y se plantan traje. Y flipamos. Normal.

Muy fuerte lo de Irán. Rizando el rizo del buenorrismo destacamos a los gemelos Mohammad. Milad y Medrad. Más vale una imagen…

Ya sé, solo hay uno. Era para que no os diera un parraque al ver a los dos brothers junticos. TODO MUY BESTIA.

2.Yann Sommer, portero de la selección suiza: no solo esta bueno, amigas, también habla castellano, además de francés, alemán e inglés. Y toca la guitarra y el piano (con lo que nos gusta a nosotras un buen instrumento…) Ah, y cocina.

Si es que Suiza es un país de lo más avanzado y de lo más neutral. Qué educación, señores, qué modales. Y qué piños, qué brazos y qué morros. Dice Yann El Hermoso que él come siempre productos naturales. No nos digas más, chato, que las ibéricas no tenemos ni conservante ni colorante alguno. Todo muy de la tierra. A partir de ahí, tú verás lo que haces.

1. Y desde Islandia llega Rúrik Gíslason: si es que llevo tiempo diciendo que viva el vikinguismo, las Escandinavias, Odín y la madre que los parió a todos. He creído necesario, dada la importancia del bigardo que nos ocupa, insertar un vídeo. Porque la belleza en movimiento es más belleza.

Y aquí unas instantáneas para complementar y así pillar el concepto Rúrik en toda su extensión.

Ole.

 

Con Ole.

Y requeteole.

Una salvajada, lo sé. La coleta, los tatoos, las cachorras, los ojos. Y el vikinguismo.

Y aquí es dónde yo me encuentro ante una disyuntiva de lo más complicada: ¿nos traemos a Rúrik y al resto de hijos de Odín para acá o directamente convocamos una emigración masiva hacia el norte? Un rollo caravana de mujeres en versión moderna hacia los países helados. ¿Que no ven la luz en seis meses? Yo con Rúrik y sus amigos como si no veo a Lorenzo en tres años, que para algo están las cápsulas de vitamina D. En Islandia hay poca gente, PERO QUÉ GENTE. Yo voto, claramente, por fletar unos aviones e invadir Reikiavik y aledaños.

Ya me decís cuántas plazas os reservo.  

Autoamor vs. relaciones tóxicas.

Lo hablaba hoy con mi psicóloga: ¿qué coño nos pasa a las tías?

Perdón, que empiezo a bocajarro porque la cosa me mosquea, me remueve y me descoloca.

El sábado me contaba una amiga de su primer marido: llegó a las manos, intentó vaciar la cuenta común. Antes quedé con otra a la que también pusieron la zarpa encima. Tuvo que salir de casa con sus dos hijos y en pijama. El domingo, Ana me contaba que, a los veinte días de nacer su hija, el padre de la criatura desapareció con su amante para volver a los tres meses exigiendo sus derechos. Por no hablar de Cristina que, tras mantener a toda la familia durante QUINCE AÑOS, va a tener que pasarle pensión compensatoria al susodicho (otro con orden de alejamiento). Y suma y sigue…

Y que conste que servidora tiene casi más amigos que amigas y, ojo, que en todas partes cuecen habas,  PERO NO TANTAS, JODER. Y ni todos los tíos son unos cabrones, ni todas las tías unas santas. No es eso, PARA NADA.

No lo tenemos fácil, así de entrada. La tradición cristiana que llevamos las mujeres pegadita a la piel por mucho que nos joda y nos pese, nos empuja a entonar como aceptables vocablos tan apestosos como “Compensar” o “Aguantar”. La última frase de moda es “Las parejas hoy en día no duran PORQUE LA GENTE YA NO AGUANTA”. Obviamente, por supuesto, pues claro. Porque las calidad y la duración de las relaciones, sean del tipo que sean, no ha de basarse en la capacidad de sacrificio de uno o de los dos componentes, sino en el amor.

Al grano, queridas. Nos marean más, nos maltratan más. Algo de responsabilidad tendremos, digo yo. Nos vapulean porque nos dejamos, ni más ni menos. Siempre hubo un mal gesto ante el que teníamos que haber salido por patas, PERO LO AGUANTAMOS. Siempre hubo un primer desplante, pero pensamos que sería solo uno, y luego solo dos, y luego trescientos cuarenta y cinco. Cuántas me escribís porque estáis hechas mierda por uno que os promete el oro y el moro y luego os deja tiradas a la primera de cambio, y ahí seguís. Y ahí seguimos.

Porque nos amamantaron con la creencia de que si yo amo locamente como Las Grecas, a mí me querrán igual. Porque si yo estoy siempre ahí, esperando, en algún momento él se dará cuenta de que soy lo mejor que le ha pasado y vendrá a por mí, y dejará de marearme, de ponerme los cuernos, de tratarme como a una mierda. Pues sigue esperando, chata. Y además ¿De verdad te interesa tal gilipollas?

Porque el que es capaz de tratar a alguien como una mierda,  es porque la mierda es él, o ella. Y no queremos gente mierda, queremos gente fabulosa que, gracias a Dios, es la mayoría. ¿Qué por qué a ti te tocan siempre los crueles? Porque ellos tienen un olfato supersónico para detectar a las/los que están dispuestos a que cualquiera meta el dedo en sus grietas hasta convertirlos en pedazos de lo que un día fueron. Y tu disposición al sometimiento huele. A la legua.

Y es que hacemos lo que podemos con lo que tenemos, porque nadie nos contó que el amor más grande lo hemos de guardar para nosotras mismas, que eso no es egoísmo, sino inteligencia y saber estar. Porque el centro del Universo está en nuestro ombligo, no en el del que duerme al lado. A alguien se le olvidó enseñarnos que esto que somos es grandioso, y que nadie lo sabrá si nosotras no lo gritamos a los cuatro vientos. Nadie nos dijo que somos nuestras, SOLO NUESTRAS, por dentro, por fuera, en toda nuestra extensión. Ojalá en el colegio contaran que la obediencia y el sacrificio no son virtudes, sino lastres insoportables, y que no vinimos a esta vida a satisfacer las necesidades de otros, sino las nuestras. 

Nadie nos enseñó, pero nunca es tarde para aprender, para pasarse el guante de crin por el coco y por el cuerpo y dejar que la culpa, el miedo y el sufrimiento se vayan por el desagüe. Nunca es tarde para plantarte, decir basta y dejarte el dedo en el botón de bloqueo del móvil, de Facebook y de la madre que lo parió. 

Échale un ojito a las que decidieron vivir en lugar de sobrevivir, a las que cogieron el toro por los cuernos y no dejaron pasar ni un día más, y compáralas con las que siguen sumergidas en la mierda, sacando la cabeza de vez en cuando para respirar.

Que tú ya existías antes de él, y volverás a hacerlo. Solo que existirás mejor.

Te lo prometo.

   

lasclavesdesol

Otros ocho libros que deberías leer (si quieres)

lasclavesdesol

Llega el veranito y sois muchas las que me pedís recomendaciones literarias. Os veis ya a la orilla del mar o de la pisci, libro en mano. No me puede gustar más la estampa, así que aquí tenéis amigas, ocho lecturas que a mí me han hecho muy feliz:

¿Dónde vamos a bailar esta noche?, de Javier Aznar: yo pierdo la objetividad con este hombre. Me conquistó con su columna en “Elle” y en “Jot Down”, ahora en “Vanity Fair”. Deslumbra su capacidad para narrar hechos cotidianos como si fueran extraordinarios. Consigue que nos interese lo más nimio. Es uno de esos escritores que me gusta porque escribe para ser entendido, no para ser admirado. En este ramillete de relatos cortos he encontrado TANTAS referencias comunes… Nueva York, Madrid, el humor… Os arrancará muchas sonrisas, os dejará buen sabor de boca y ganas de más.

Biografía del silencio, de Pablo d´Ors: lo leí dos veces del tirón. Algo que incluye en su título la palabra “Silencio” me tiene ganada desde el principio. Es un libro breve y ameno donde el autor nos cuenta por qué empezó a meditar, cual ha sido su experiencia en la meditación y qué consecuencias ha tenido esa práctica en su manera de ver la vida. Sorprende que  d´Ors, siendo sacerdote católico, relata anécdotas para nada eclesiásticas. Si te interesa la meditación o, simplemente, te causa curiosidad el tema y no quieres leer un manual, este es tu libro.

Vivir en las nubes anuncia tormenta, de Carolina Levi: esta autora novel es toda ella inteligencia, humor y sarcasmo. Marta, una joven editora, tímida y torpe, está enamorada de un escritor americano. Todo va más o menos bien (o no) hasta que el buen hombre visita Madrid. Y el resto es historia. La de Marta (¿o será la de Carolina?).

Firmamento, de Màxim Huerta: empecé a escribir este post mucho antes de que le nombraran ministro. No quiero ni pensar en la  posibilidad de que Màxim deje de regalarnos maravillas como Firmamento, que está llena de verano, de Mediterràneo, de pasión y de intensidad, como todo él. Encuentros, desencuentros y MUCHA, MUCHA PIEL. Llévatelo a la orilla del mar  y disfrútalo.

“El olvido que seremos”, de Héctor Abad Faciolince: lo coloco tras Firmamento porque me lo regaló Màxim. Él si que sabe de lecturas conmovedoras… Aquí el autor describe la figura de su padre, que defendió los derechos humanos en Colombia hasta el día en que fue asesinado. Me fascina cómo dibuja su relación con él, los códigos con toda la familia, la valentía y la inteligencia con la que Abad Faciolince enfrenta la tragedia, la dulzura que desprende todo el libro, a pesar de narrar el preludio de una tragedia. Maravilloso de principio a fin.

Cosas que brillan cuando están rotas, de Nuria Labari: descubrí a Nuria en un coloquio en el que participaba junto a Javier Aznar, ya que comparten editorial. Hablaban sobre el malditismo de los escritores: ¿es necesario estar atormentado para escribir?, la respuesta es NO. Como dijo la autora: para escribir, lo único que se necesita es querer escribir. Y, claro, me conquistó. Y compré su libro. En él, narra las vivencias de una periodista que cubre el 11M mientras su matrimonio se va a pique. Me lo zampé en dos tardes. Leed a la Labari y, si podéis, escuchadla.

Momentos de inadvertida felicidad, de Francesco Piccolo: cuántas pequeñas fuentes de felicidad nos encontramos al cabo del día, todos los días, y pasan totalmente desapercibidas. El autor nos las planta delante de los morros y nos hace sonreír y, en cierta manera, ser más felices. De nuevo, otro escritor que hace brillar lo cotidiano. Es una lectura rápida, agradable, y te deja con ganas de buscar más momentos de inadvertida felicidad.

El universo de lo sencillo, de Pablo Arribas: me habían recomendado este libro mil veces y, gilipollas de mi, había postergado su lectura. Lo bueno que tiene volar dos veces por semana es que lees y lees y lees. Y te encuentras con una lectura que comulga absolutamente con tu forma de ver la vida. Y es que, gente, hasta que se demuestre lo contrario, estamos aquí desde que nacemos hasta que morimos, una sola vez. Así que más nos vale apartar la inercia, el conformismo, y lanzarnos a por nuestros sueños. Arribas es una constante patada en el culo para que tires hacia adelante y te dejes de hostias (solo que él lo cuenta finamente, no como yo). IMPRESCINDIBLE.

Y hasta aquí hoy, queridas. Por favor, compartid en los comentarios vuestras lecturas favoritas y leamos, leamos mucho. Y escribamos, aunque sea para nosotras.

Felices libros.

Loris Karius: el Empotrador Futbolero

Estoy sumamente indignada, amigas, y os voy a contar por qué.

No me gusta el fútbol, es más, me pone hasta de la mala leche esa obsesión de muchos por este deporte. El caso es que a mí el partido del sábado me daba más bien igual. Es más, si no llega a ser porque mis hijos, víctimas de ese furor furgolero para mí incomprensible, querían verlo con los amigos, ni me entero de que lo de la Champions existe.

Y acaba el partido y empiezan los comentarios.

“Campeones, campeones, campeoneeees”, fue lo primero que oímos.

“Hay que ver, como lloraba el portero del Liverpool” fue lo segundo (ahí me enteré yo de que jugaba el Liverpool, que no sabía ni que tenía equipo).

“Anda la hostia, cómo está el portero del Liverpool”, fue lo tercero que escuché. Básicamente porque mis lectoras me conocen tan bien que me empezaron a mandar fotos del rubio como si no hubiera un mañana.

PERO VAMOS A VER, VAMOS A VER.

¿Cómo puede ser que nadie nos hubiera informado de que un bigardo alemán de 1,89 que es una mezcla de Thor con Paul Bettany y Adam Levine andaba paseándose por los campos de fúrgol del planeta? Hay que ser muy cabrón para mantener esto en secreto. O muy tonto. Porque señores dueños del fútbol, la de seguidoras (y seguidores) que ganarían ustedes si publicitaran estas cosas, la de canales de pago que venderían, y la de palomitas que se iban a consumir.

En serio, ¿dónde estaba escondido este buen hombre? Porque yo no puedo entender que a dos días de detener al preso más guapo del mundo, su foto inundara los Facebooks del planeta. Joder, que eso hay que filtrarlo desde las dependencias policiales, que ese tío está en un calabozo. Y nuestro Loris, que debe salir en la tele cada semana de la vida, estaba ahí, en el más asqueroso de los anonimatos. No somos nadie.

ESTOY ENFADADA  y aún no sé con quién.

Por un lado supongo que los tíos, que son los que más fútbol consumen, dirán que tampoco lo ven para tanto. VENGA, HOMBRE, VA, lo que es la envidia. Por otro, las mujeres futboleras quizás se cortaran porque podrían tomarlas por superficiales (que os lo más repugnante del mundo) y por poco interesadas en lo que realmente importa, que es una panda de tíos cobrando millones por pegarle patadas a una cosa redonda. Yo, de verdad, que no entiendo NADA.

El caso, y vamos al grano, es que Loris es alemán, está tremendo y nos gusta. Así, resumiendo. Es un Empotrador Vikingo de la rama futbolística. Lo tiene todo: melenita, cuerpazo, altura Y TATUAJES.

 

Y la dentadura, amiguis, la dentadura, que es TREMENDA.

Podría hacer mil chistes sobre los goles que nos podía meter, que si “Mi portería es toda tuya, Karius”, que si “No llores, que yo te consuelo, que ven aquí que verás qué bien…”.

Para colmo de bienes, hoy mismito, nuestro Adonis ha publicado en Instagram que no ha podido dormir y que pide perdón (otra vez) a la afición. Y, claro, nos lo pone a huevo.

Ven, que te acuno.

Yo sí que te iba a tener despierto.

Te voy a cantar una nana que vas a fliparlo.

Y así hasta la eternidad…

Pero no vamos a caer en esas ordinarieces, no somos así. PARA NADA.

Lo que tenemos que hacer, PERO YA, es reunir firmas para que nuestro portero favorito se venga a las Españas a jugar. Manifestémonos si es necesario. Qué coño hace en las Inglaterras, todo el día lloviendo. Lo bien que le iba a sentar el clima ibérico, lo contento que iba a estar con el jamón, el solete y la simpatía de las españolas. El primer paso, supongo, será ir a Change.org o algo así y presentar la moción. Lo segundo, hacer una colecta. Como lo de Lola Flores y hacienda. Un eurito por español y nos traemos al Vikingo Furgolero porque, seamos realistas, ahora mismo no creo yo que ningún equipo se pelee por él.

Un equipo no, amiguis, pero nosotras sí. Pongámonos manos a la obra, importemos talento germánico, aficionémonos al fútbol que es una cosa muy sana y muy entretenida.

Y, Loris, chato, haz caso de las señales y date cuenta de que lo tuyo no es parar goles, SINO METERLOS. (No he podido contenerme)