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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

Nosotras hablamos, ellos no escuchan. Y así nos va.

De un tiempo a esta parte, he decidido desayunar fuera de la oficina. Me ventilo, me tomo una napolitana de chocolate que, lejos de hacerme sentir culpable, me alegra la mañana, y afronto el día otro talante, quieras que no. Por supuesto, me llevo mi libretita azul y le doy al boli de lo lindo. Porque los bares son un escaparate fascinante para los cotillas como yo. Se puede saber mucho de una persona por lo que desayuna, por cómo lo hace, por qué jeto lleva a las nueve de la mañana.

De todo lo que he descubierto en mis incursiones matinales, hay algo que me llama la atención sobremanera:

El 90% de las mesas están ocupadas por mujeres.
Las mujeres desayunan con otras mujeres, los hombres desayunan solos o con mujeres. 

Curioso, cuanto menos.

He de decir que a mí me gusta tomarme mi té y mis tostadas integrales en sitios monos, con teteras cuquis, no en bares con cientos de servilletas en el suelo, una máquina tragaperras en la esquina y olor a fritanga. Yo ahí no entro, pero observo desde fuera y ahí sí hay tíos, pero tampoco hablan. Se toman su carajillo, miran esa tele que SIEMPRE está colocada sobre la puerta de entrada y que SIEMPRE tiene puesto el canal de fútbol, dejan sus monedas en la barra, a poder ser de un golpe, y se piran.

Los señores que habitan esos lugares normalmente superan los cincuenta y cinco. Dónde se reúnen los más jóvenes para tomarse un café y charlar, es un misterio.

O no.

Volvamos a esas mujeres que desayunan con otras mujeres. Las hay de todas las edades, de todos los estilos. Todas hablan, sonríen, ríen, se alegran de verse, gesticulan, se tocan, SE COMUNICAN.

El lenguaje, a las mujeres, nos conecta, nos libera, nos consuela, nos alegra la vida.

Recuerdo a esa política que se quejaba hace poco en no sé qué convención de que, cuando las mujeres hablaban, los hombres miraban al suelo, le echaban un ojo al móvil… Básicamente, no les interesaba una mierda lo que ELLAS tuvieran que decir.

Busco la razón de semejante falta de respeto y me encuentro con varios artículos que afirman que la voz de la mujer agobia al hombre por no sé qué del tono agudo y que, en defensa propia, el cerebro desconecta.

Tócate los cojones.

Si esto fuera cierto, queridos estudiosos del pasotismo masculino, tampoco nos escucharíamos entre nosotras porque, de momento, no se ha descubierto que el oído de las féminas sea diferente al masculino. Así que no me lo trago, LO SIENTO.

Se me ocurren muchas otras teorías: pasan de oír lo que no les conviene, no les parece interesante lo que tenemos que decir,  practican el yo, me, mí, conmigo de una manera asalvajada…

En este punto creo necesario hacer una aclaración, que luego aparecen los Paolos del mundo y me la lían parda: estoy generalizando, algunos sí escucháis, sí habláis de vuestras cosillas. Pero muchos, PUES NO.

Recapitulemos. Hasta ahora tenemos: mujeres que hablan, mujeres que escuchan, hombres que no hablan, hombres que no escuchan. Lo que viene siendo darse cabezazos contra un muro una y otra vez. Y venga, y dale. Y nos pensamos que la cosa va a cambiar. Ay, que risa, Maria Luisa.

No hay que ser muy listo para deducir que todo esto NO facilita las relaciones, porque os comento que estas, para ser satisfactorias, necesitan de bilatelaridad, reciprocidad, igualdad. O sea, tú hablas y yo te escucho, y a la inversa tiene que ser exactamente igual. O, en lugar de conversación, tenemos un monólogo de lo más frustrante. Para las tías, que se sienten ignoradas, y para los tíos, porque ese zumbido en forma de palabras es de lo más molesto. Con lo guapas que estaríamos calladitas, ¿eh?

Quizás, amigas y amigos, todo eso de “Es que no entiendo a los tíos” o “Mira que las tías son complicaditas”, se condense en una sola cuestión: SIN COMUNICACIÓN ES IMPOSIBLE que nos comprendamos, amiguis. Y no es que yo sea muy lista, es que es de cajón.

Y, chicos, que sí, que ya, que parece ser que a vuestro organismo le falta no sé qué proteína que favorece el lenguaje, que vuestro cerebro rechaza las notas musicales que salen de nuestras preciosas gargantas, que cada uno es libre de rajar de lo que le venga en gana, que si no queréis desahogaros, pues vale.

No sé cual es la solución, dado que ni nosotras vamos a cerrar el pico (menos mal), ni a ellos se les va a abrir la conexión que va del oído a la sesera, así de repente. Supongo que seguiremos contándoles nuestras penas a nuestras amigas y usando los penes de nuestros amigos.

O, quizás, podríais hacer un pequeño sacrificio y probar un día a ver cómo es eso de sentarse con otra persona de vuestro mismo sexo y contarle qué os emociona, qué os disgusta, qué os preocupa, qué os entusiasma. Y que el de enfrente haga lo mismo. Y si de esa salís vivos, a lo mejor decidís hacer una locura, saltar al vacío en plan kamikaze, hacer lo mismo con una mujer y prestar atención a todo lo que os tenemos que decir.

QUE ES MUCHO.

    

 

Des-mádrate, por el amor de Dios.

Como bien sabéis (porque estoy muy pesadita con el tema), me fui este verano a Nueva York a terminar mi querido libro. Pues bien, al día siguiente de llegar yo a la Gran Manzana, estrenaban la peli “Bad Moms”, “Malas Madres” en español. Os podréis imaginar que me faltó tiepo para agarrar a mi amiga, la Madre Niuyorkina, e ir a ver este chorreo de descojone hecho película.

Ya os aviso: las que no tengáis hijos pensaréis que la vorágine salvaje que describen es parodia pura. PERO NO. Las carreras continuas, las comidas frente al ordenador, las mil reuniones inútiles del cole, el sentirte juzgada por todo Cristo, la sensación de hacerlo TODO mal es real como la vida (maternal) misma. La realidad, en este caso, supera a la ficción.

En la peli, por supuesto, aparecen las puñeteras Madres Perfectas, sí, ESAS QUE NO EXISTEN. Ya que estamos en esto, os voy a contar una anécdota que a mí me jodió por un lado pero me encantó por otro. El año pasado, mis hijos fueron al cumple del hijo perfecto de la Madre Perfecta del cole. Fue allá por junio. Un cumpleaños que te mueres: que si piscina, que si cine, que si toda la tontería del mundo. Pues bien, al recoger a mis vástagos, rubios como ellos solos, les vi el jeto totalmente colorado, les pregunté si, en algún momento, la Madre Perfecta, les había dicho que se pusieran protección. “No, mamá, y hemos estado todo el día superbien en la piscina”. Poco más y la estrangulo. Ni que decir tiene que los otro veinte niños que se había quedado la colega, estaban igual de achicharrados. Tía pesada, déjate de pasteles y de hostias, con no provocar una epidemia de melanomas, date por satisfecha.

A lo que íbamos, a la peli. Porque mal de muchas, consuelo de malas madres. Qué gusto comprobar cómo lo que habitualmente nos amarga la vida se convierte en una comedia. Qué bien comprobar que hay más gente que piensa que el humor es una cosa muy seria. Reconozco que, cuando el pasado lunes, desquiciada perdida porque mi libro salía a la venta en pocas horas,  me vi en urgencias por una tortícolis del pequeñajo que a la doctora que vino a casa le pareció una posible meningitis, me acordé de los saraos de Mila Kunis en la peli, y me reí. Poco, pero me reí. Al día siguiente, mi hijo mayor se olvidó al pequeño en el colegio, con la consiguiente llamada del conserje, “Oiga, que se ha olvidado usted a su niño”. Y, tras estar al borde del colapso y salir corriendo como las locas de la oficina, pues también me reí un poco.

Y es que nos volvemos majaras perdidas, nos olvidamos de que existimos. Cuando, un buen día, te ves los pelacos de las piernas, te das cuenta de que hace semanas que ni te las miras. Cuando ya has pagado en el súper, caes en que has comprado la comida de todos, menos la tuya. De  eso va “Malas madres” y nuestra vida en general: queridas todas, el mundo no se va a parar si, durante un rato, decidimos bajarnos de él; si empezamos a recordar cuales son esas gilipolleces que nos hacen felices. Barbaries tales como ir a una tienda de cosas cuquis y comprarte una vela con olor a vainilla o quedar con las amigas para hablar de gilipolleces  no van a desmontar el orden natural del Universo, creedme.

Y es que nos empeñamos en seguir unas normas que alguien inventó para nosotras. Chavalas, NADIE va a morir si nos las pasamos por el mismísimo jilguero. Hablando de jilgueros: en la peli también hablan de penes. SÍ, AMIGAS. Lagrimones de emoción y de risa chorreaban por mi cara cuando la madre soltera y casquivana empieza a hablar de rabos sin tapujo alguno. Ay Dios, ojalá hubiera escrito yo ese guión. Porque una peli para mujeres no puede ser buena si no hay falos de por medio. Y PUNTO.

Y lo mejor llega ahora, porque “Malas Madres” ha salido a la venta ya en DVD y Blu-Ray y, si la compras, te haces una foto con la peli y la cuelgas en Twitter o Instagram con el hashtag #Empiezaeldesmadre, entras en un sorteo para tener canguro, durante cuatro horas de un sábado al mes durante todo el 2017.

Insisto, CUATRO HORAS AL MES DURANTE UN AÑO.

Ni en mis mejores sueños aparecía semejante salvajada.

Sobra deciros que esta tarde me la compro y cuelgo la foto hasta en mi balcón si hace falta.

Cuatro horas para ir a cenar, al cine, para darte un masaje o quedarte descerebrada totalmente mirando al techo. Cuatro horas al mes para ser persona, y no solo madre. Porque hace tiempo que te echas de menos, Y LO SABES.

Ha llegado el momento, la película “Malas Madres” te regala algo que debería ser, no un derecho, sino una obligación: TIEMPO PARA TI.

Corred a la tienda, o a Amazon, o donde sea. PERO YA, porque la promoción termina el 28 de febrero.

 

Deja de marearme, chaval.

deja-de-marearme-chaval

Hay que vivir para escribir y mis mejores post han nacido de alguna experiencia intensa que, o me ha dado la vida o me ha puesto del hígado, como el asunto que nos ocupa hoy: EL MAREO.

MAREAR: Acción llevada a cabo por El Mareador que consiste, entre otras lindezas, en RESAPARECER (desaparecer + reaparecer periódicamente con la única intención aparente de llamar tu atención de manera gilipollesca). La conducta del Mareador parece no tener un objetivo definido pero sí lo tiene, MAREAR.

Características de EL MAREADOR:

1. LA RESAPARICIÓN: le conoces, le das tu número (cosa de la que te arrepentirás FOREVER) y te mensajea MUCHO, quedáis y normalmente, fornicáis. A la fornicación le ha precedido una cantidad enorme de mensajes inversamente proporcional a la que vas a recibir tras la fornicatio que es CERO. Todo bien hasta ahí. Ya sabemos de que va esto, que somos mayorcitos. Y entonces desaparece y reaparece, o sea: RESAPARECE. Las estadísticas indican que de cada 15 veces que te contacte, 10 serán para nada (o sea, PARA MAREAR) y 5 para quedar, de las cuales se hará efectiva una. Las otras cuatro se cancelarán porque su abuela se ha muerto (sí, se morirá 4 veces. QUÉ PASA.)

2. SOLO HABLA DE LO QUE LE INTERESA, o sea de:

           A. Él mismo: el yo, mí, me, conmigo en estado puro. “Yo soy esto o lo otro”, “trabajo en lo de aquello y lo de más allá”, “mira esto que he hecho y verás aquello que haré”, “yo me fui de vacaciones allí y no veas que bien”…Y tú NI MÚ.

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       B. Vuestros encuentros sexuales: hace referencia a algún momento del/de los polvo/s que habéis echado o de las “pedazo de tetas que tienes”, esperando que se te caigan las bragas. Ahí tendemos a pensar que el objetivo es que os volváis a enrollar, PERO NO. El objetivo SIEMPRE es marear. Si fornicas será de puritita casualidad.

3. Íntimamente relacionada con la anterior está la habilidad del Mareador por PONERTE CACHONDA COMO UNA PERRA y luego marcharse sin más. Sí señores, las famosas calientapollas han mutado y ahora son calientachirris. Se extienden cuales plagas bíblicas. Y tú te preguntas ¿Pero qué es lo que pretende al dejarme de esta guisa? Lo que pretende, querida, es MAREARTE. Más.

 4. EL MORRO: cuando un Mareador es, al fin, descubierto y le planteas cosas tales como “Por favor ¿podrías dejar de marearme”, “Te importaría decirme con claridad qué pretendes?” o “¿Puedes irte a tomar por culo y marear a tu tía Rita?”, él responderá como si no supiera de qué le hablas y balbuceará un “yo solo quería…”, “es que, como eres…”, “hija, qué borde…”. INAUDITO. Ah, y por supuesto no te hará ni puto caso y seguirá resapareciendo hasta que a él de le la gana o tú le bloquees en todos tus dispositivos móviles.

5. LA IMAGINACIÓN: esta es una característica que no se da en todos los Mareadores pero que me resulta apasionante. Habéis quedado unas cuantas veces, fornicado más o menos las mismas. Y de repente y sin venir a cuento te dice que deberíais hablar y te comenta que “él no quiere nada serio”. Tú con cara de póker pensando “por fin consigo un follamigo y ya verás como se me acaba el chollo”. Y efectivamente, SE TE ACABA sin saber muy bien por qué. Pero no para siempre, noooooo. Recuerda la característica primordial : LA RESAPARICIÓN.

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Y podría seguir pero paro, porque seguro que tenéis mucho que añadir, queridas mías. Contadme de vuestros Mareadores y hagamos un post conjunto.

¡Besos!

algún día no es un día de la semana

El martes sí es un día de la semana

algún día no es un día de la semana

Queridas mías (y queridos míos), hoy es uno de los días más importantes de mi vida. De  hecho, podría afirmar que es el segundo, después del día en que me entregaron a mis hijos. Hoy, martes 14 de febrero, sale a la venta mi primer libro.

Debería escribir algo muy lúcido, muy emocionado y muy inteligente pero es que la cabeza me da vueltas, LITERALMENTE. Mi novela, anoche, ya estaba en el top 100 de lo más vendido en Amazon y, aunque ya sabemos que eso de los rankings es relativo, y puedes vender diez libros y situarte en el número 20, no puedo evitar (ni quiero) ilusionarme de manera muy majara.

Como no soy capaz de pensar, ni mucho menos redactar, algo que de verdad exprese todo lo que esto significa para mí, iré al grano: quiero dar las GRACIAS. Sí, otra vez. Soy un coñazo. Dejadme, que hoy es mi día. GRACIAS a las y los que me leéis; a mis amigos, que me han empujado para que llegara hasta aquí y que van a seguir haciéndolo, que lo sé yo; a todos los que habéis comprado ya mi librito y a los que lo haréis; a Ana Orantos, que me abrió las ventanas de la vida; a mi Carmen, por hacer el book trailer perfecto; a Laurita, por expandirme, por difundirme, por gritarme a los cuatro vientos; a Paulo, por ser la chispa. Tengo que agradecer tanto que mejor paro aquí.

Ahora lo operativo: para los que preguntáis sobre formato, lugares de venta, presentaciones, etc.: mi libro se vende en versión digital, en versión papel y versión de todo, y debería estar en cualquier librería de España. Para los que vivís en el extranjero, de momento solo formato digital. Todo se andará. Para facilitaros el tema, he creado un apartado en mi blog con TODA la info, aquí tenéis el enlace. También están ahí las fechas y lugares de presentaciones y firmas.

Y, por último, como una imagen siempre es mejor que mil palabras, os dejo con pocas palabras y este vídeo, que resume estupendamente de qué va esto que he escrito. Yo no puedo visionarlo sin berrear de la emoción, espero que no os pase lo mismo.

Besos inmensos.

En un viaje a Nueva York, una atípica madre soltera decide emprender su particular camino hacia la felicidad.
El libro narra un año en la vida de Sofía, una mujer de 42 años, que vive en Madrid. En una visita a la Gran Manzana, toma una decisión: encontrar su lugar en el mundo. A lo largo de la historia, la acompañaremos en su cotidianidad, en sus viajes (geográficos y emocionales), y veremos cómo se enfrenta a sus miedos, a sus pasiones y a sí misma.
Sofía es cualquier persona que, en un momento dado, decide cuestionarse, replantear, desaprender, recordar lo que un día quiso ser y que, por cualquier razón, se quedó por el camino.

De tabús, de maternidad, de Samanta Villar y de hay que joderse.

En esta burbuja en la que vivo, las noticias llegan con retraso, la verdad. La cosa es que me he enterado hace nada de que Samanta Villar había escrito un libro y leí que había concedido una entrevista en la que afirmaba que “Tener hijos es perder calidad de vida, que no era más feliz ahora que antes, que hay un relato único de la maternidad como un estado idílico, que no coincide con la realidad y estigmatiza a las mujeres y que hay que abandonar ya esa idea de que la maternidad es el último escalón en la pirámide de la felicidad de una mujer”. Más o menos. “Ah, mira, una chica sincera”, pensé yo. Me alegré de que alguien hablara sin tapujos de este tema. Después de leerme el libro de Orna Donath, tuve claro que aparecerían más voces contando lo que hasta ahora solo se decía en petit comité, ante otras que están en tu misma situación. Pero, hostias, que de repente leo unos titulares tipo  “Una madre le pega un zasca a Samanta”, “Una madre pone a Samanta Villar en su lugar”. ¿Qué zasca y qué lugar corresponden a alguien que habla de su experiencia? Lo de “UNA MADRE” tampoco tenía desperdicio. Podían haber escrito “Una mujer” o el nombre de la señora en cuestión, pero no, ella era “UNA MADRE”, lo cual le da (supongo) más empaque, o más sabiduría, o la dota de algún superpoder que yo no alcanzo a entender. Y me pongo a leer. Ay. Ay. Ay. No quiero entrar mucho en el contenido de los dimes y diretes, pero así de entrada, eso que parece tan ofensivo para algunos 0, perdón, para algunas MADRES, esa frase terrorífica en la que la periodista afirma que ha perdido calidad de vida, me parece, cuanto menos, lógica, a no ser, SEÑORA MADRE SUPREMA que para usted la calidad de vida la proporcionen las noches sin dormir, los llantos a cascoporro, el no poder ducharte tranquila, ni tan siquiera cagar cuando te de la gana. Me vais a perdonar pero yo me siento mucho mejor cuando duermo, como, me ducho y cago tranquilamente. LLAMADME RARA. LLAMADME MALA MADRE. El caso es que eso es lo de menos. Lo de más es que Samanta (que para que conste a mí es una señora que ni me va ni me viene porque no la conozco, ni la veo en la tele) ha contado lo que es para ella la maternidad. No insulta a nadie, no afirma que la maternidad es la puta mierda más grande de la vida, tampoco podemos extraer de su testimonio que trate mal a sus hijos. Vamos, que ella cuenta lo suyo. Y allá que va una MADRE y, por cometer ese pecado, le suelta una sarta de burradas que MADREDELAMORHERMOSO. La cartita de la MADRE empieza diciendo que “No puede estar menos de acuerdo con lo que dice Samanta”. O sea, querida MADRE, lo que supongo que quieres decir, hablemos con propiedad, es que tu experiencia no es esa. Porque te aclaro que no puedes estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que una persona siente. Son sus sentimientos, su vida, su coco. Es lo que hay. PUNTO. Es subjetivo, NO OPINABLE. Luego la MADRE dice que lo que cuenta Villar es “Preocupante”. Querida MADRE SUPREMA, lo preocupante (me parece a mí)  es que alguien juzgue a otra persona por contar sus vivencias que, para colmo, te aseguro que son MUY parecidas a la de otras mujeres que no tienen las narices de contarlo, en gran parte porque les da miedo ser dilapidadas por MADRES como tú.  Dices que “No entiendes su escala de valores/prioridades”. NI FALTA QUE TE HACE, que para eso son suyas. Probablemente no entenderías las mías, ni las de una monja de clausura, ni las de mi vecina, ni las de Pablo Motos… Con que entiendas las tuyas, date por satisfecha. Luego entras en una enumeración sobre lo que Samanta y cualquier MADRE del planeta dejan de hacer: dormir, peluquería, blabla y le dices que TAMPOCO PASA NADA. Pues no te pasará nada a ti, igual a ella sí, o no, o qué más da. El caso es que no es asunto tuyo, NI DE NADIE. Y luego, tú, LA MADRE SUPREMA, cuentas que lo que más feliz te hace en el mundo es que tu hijo aprenda a guiñar un ojo. FABULOSO, FANTÁSTICO, MARAVILLOSO. Bien por ti. De verdad. Pero que presupongas que ese Nirvana que tu alcanzas ante el logro de tu hijo debería ser universal, es MUY FUERTE. Ole tú, Madre Perfecta. Para que me entiendas, esto sería algo parecido a que yo cuestionara a todas aquellas personas que no se levantan cada día pensando en el Cola Cao que van a engullir, que es lo que me pasa a mí. O juzgara a alguien porque “La La Land” no le hizo levitar en el asiento. Básicamente, lo que intento decir es que a cada uno le hacen feliz unas cosas que quizás al de al lado se la sudan. Y no por ello es mejor o peor persona. Sigo leyendo y, para mí, el punto álgido es cuando dices que “Puesto que es famosa, tiene la oportunidad de volcar su frustración en un libro y dejar perlas para desahogarse y creerse que ha descubierto la piedra filosofal de la maternidad”. Pero si al principio decías que no te habías leído el libro, de qué narices de piedra hablas. Y si ha volcado su frustración, JODER QUÉ BIEN, quizás si lo ha hecho (que no lo sé, porque solo he leído la entrevista, como tú) les servirá a muchas para ver que no están solas, que no son raras, que el encontrarse con que la maternidad NO es ese cuento de hadas que les habían relatado no es solo cosa suya. Qué alivio. Finalizas criticando a Samanta como madre y contando lo que es tu hijo para ti. Llegados a este punto, te voy a contar que Samanta no ha insultado ni criticado a nadie, TÚ SÍ. Samanta ha hablado de su maternidad sin miedo a lo que pudieran pensar de ella LAS PERSONAS COMO TÚ. Samanta ha tendido (quizás inconscientemente) la mano a quién se pueda sentir como ella, mientras tú las has puesto a caer de un burro. Sí, A TODAS ELLAS. A mí su honestidad me parece bastante más inspiradora que tu juicio devastador, querida MADRE. Así de entrada se me ocurre que la Villar les podrá hablar a sus hijos de tolerancia; de que la vida no es siempre perfecta, pero que hay que apechugar y vivir lo más felices posible; de que hay que ser valientes aunque eso suponga ir contra corriente; de que no hay que dejarse amedrentar por los que te atacan; de que las críticas, si no son constructivas, hay que pasárselas por salva sea la parte. No sé qué le puedes enseñar tú al tuyo aparte de ese guiño de ojo que te tiene completamente ojiplática, ni quiero pensar que le pasará a tu ADORADÍSIMO hijo el día que se le ocurra opinar algo con lo que no estés de acuerdo. Dios lo pille confesado.        

El Vikingo Empotrador, qué maravilla.

Amigas, es un hecho, el Vikinguismo ha llegado para quedarse. Nos gustan los vikingos, NOS PONEN los vikingos. Y no hablo solamente de los de la serie, QUE TAMBIÉN, hablo de Los Vikingos en general.

No es ningún secreto que allá por tierras escandinavas, los tíos están buenos. De hecho, hasta han hecho un ranking de lo más fiable y lo más científico, y dicen que la crem de la crem está en Estocolmo. Que vale, que  «Para gustos, los colores», que «Sobre gustos no hay nada escrito»… Qué sí, que sí, pero que Los Vikingos están pa comérselos.

beyonce

Yo no sé si es la belleza, la altura, la envergadura, ese rollo «me he puesto lo primero que he pillado y mira tú cómo me queda», el saber que son una sociedad de lo más evolucionada (dicen), o que una imagina que debajo de esos jerseys de lana hay un cúmulo de músculos que no son ni medio normales.

El caso es que Los Vikingos están buenorros a lo bestia.

Para muestra, unos cuantos botones escandinavos.

Travis Fimmel, o Ragnar, lo que prefiráis. Vale, este no es un vikingo de verdad porque es australiano, pero es que es casi lo mismo porque OJO CON LOS AUSTRALIANOS (ese es otro post, ahora estamos por el norte, tranquis). El caso es que lo han caracterizado la mar de bien y encima, antes de ser un salvaje nórdico, estaba igual de bueno. Aquí la demostración:

travis hipster

travissinpelo

Y ahora, en plan salvaje.

ragnar

Seguimos con su hermano en la serie, Rollo o Clive Standen, otro que es más británico que otra cosa. Y es que los british últimamente se están poniendo muy buenorros, no hay más que ver a Henry Cavill. Y al Cumberbatch, que no está bueno pero NOS ENCANTA. Al Standen le pasa lo mismo que a su brother, que está igual de bueno con la espada que de paisano. Vale, aceptamos vikingo como animal de compañía.

clive

rollo2

TOMA, TOMA, TOMA ROLLO, POR EL AMOR DE DIOS.

Ahora vamos a los de verdad, a los que nacieron entre fiordos, nieves y sistemas educativos supersónicos.

Alexander Skarsgård, Tarzán para los amigos. Míralo ahí, todo salvaje, entre orangutanes y lianas. Si es que es lo que tiene esta gente, que se adapta al medio de una manera…

tarzan

Nikolaj Coster-Waldau, danés de los de verdad. Cabronazo donde los haya en Juego de Tronos. Ojo mandíbula, ojo dentadura, ojo, barba. OJO, OJO, OJO.

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Viggo Mortensen, que nació en los USA pero tiene sangre danesa en esas venas, de esos brazos, de esos ojos, de esos hoyuelos, de ese Aragorn que hizo que deseara con todas mis fuerzas ser la reina de Gondor.

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Y así para ir acabando, que una es humana y el vikinguismo es algo que, en exceso, es fatal para la retina y para el ritmo cardíaco, tenemos a Lasse Matberg. Este sí que ya me ha dejado loca totalmente. Vamos a ver, vamos a ver, Lasse. Este no es actor, no. Este es oficial de la Marina de Noruega y le han denominado «El Dios Vikingo de Instagram». La bestia parda mide 1,97 y pesa 120 kg. Señoras, 120 kilos de carne vikinga. NO DIGO MÁS.Un empotrador salvaje y melenudo. Por favor, hermanas, buscadlo en las redes Y FLIPAD.

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Y nada, amiguis, que tras este chorreo de testosterona, solo me queda darle gracias a Thor y a todos los Dioses del Olimpo Vikingo.

Viva Odín y su gente.