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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

Feliz 2018, Fabulosas.

Escribí el resto de este artículo hace justo un año y, al leerlo, seré sincera, he pensado que no tenía mucho más que añadir. Solo había que cambiar los numeritos. Porque el 2016 fue maravilloso, pero en el 2017 vio la luz mi primera novela y eso es algo absolutamente insuperable (hasta que llegue la segunda, claro). También porque os deseo más de lo mismo: fuera lo malo, dentro lo bueno. Adiós al “Qué dirán”, a lo que tiene que ser, al miedo a lo desconocido. Recuerda que el 2018 tiene una rima maravillosa, amigui. Este es nuestro año, el del Ch***o, el de todos los ch***os.

Me gustaría contaros que el 2017 ha sido el mejor año de mi vida (hasta el momento) y que vosotras tenéis TODA la culpa.

Una vez más, GRACIAS por leerme; por compartirme con vuestras amigas; por convertiros en las mías; por enviarme mensajes que me saltan las lágrimas (por la risa o por la emoción o por las dos cosas); por comprar mi novela en tropel y entender a mi Sofía, por regalarla como si no hubiera un mañana; por extender mis textos como la pólvora; por ser tan cochinas, tan irreverentes, tan cachondas, tan listas, tan sinceras, tan putas incluso.

Gracias por ayudarme a convertirme en eso que quiero ser.

Te deseo un 2017 lleno de valentía, de decisiones, de pasos adelante, de borrones y cuentas nuevas, de tonterías las justas, de viajes hacia dentro, de autoamor salvaje, de amistad de la buena (que es la única que hay), de música, de paz, de besos que marean, de polvos galácticos, de risas hasta el llanto, de zonas de confort incendiadas, de salud, de dinero, de amor, de soledad deseada, de honestidad contigo misma, de cambios a mejor, de noches de karaoke, de sueños cumplidos, de ilusión loca por cualquier tontería, de reencuentros mágicos, de películas maravillosas, de lecturas conmovedoras, DE FELICIDAD SUPERCALIFRAGILÍSTICA.

Que el 2018 sea el mejor año de tu vida, hasta que llegue el 2019. Feliz de todo, FABULOSAS.  
george michael

Querido George

george michael

Hoy he dormido la friolera de quince horas. Al despertar, he leído un mensaje de mi prima, mi cómplice en tantas cosas. “Prima, que tengo insomnio y acabo de ver que George Michael ha muerto”.

No me he enterado de lo que me decía.

Tantas horas desconectada del mundo de los vivos me han dejado el cerebro atontolinado. Pero cuando ya era lo suficientemente persona como para hacerme mi Cola Cao, he releído esa frase.

Joder, qué tristeza, mi querido George.

Y he recordado, sin quererlo, “Wake me up before you go-go”. Me he visto a los doce años bailando con mis amigas en aquella primera discoteca de domingos por la tarde. A unas les gustabas tú, a otras tu compi Andrew. Yo, entre que era más de Tom Cruise y que siempre tuve un ojo tremendo para detectar el asunto gay, te amaba, pero solo musicalmente. Que ya es mucho.

Otro de los temas con los que nos descoyuntábamos en aquella pista negra rodeada de asientos horribles de polipiel y coronada por una bola de espejos, era “The Edge of Heaven”, que a mí me gustaba mucho más que el Güeikmiap.

Ye ye yeah, laralalalala. Take me to the edge of heaven, tell me that my soul´s forgiven… La busco en mi lista de Spoti y noto un sabor agridulce que supongo se pasará en unos días.

También allí nos sacaban los chicos a bailar las lentas, como “Careless Whispers”. Qué de morreos me pegaron a tu salud, querido George…

He visualizado perfectamente el día en el que me compré “The Final” en la tienda de discos de mi pueblo.

Era el último disco de “Wham!”. Una pena enorme.

No era consciente de que te reinventarías para seguir regalándonos canciones cada vez mejores. De que seguirías siendo parte de la banda sonora de mi vida durante muchos años.

Y en el 87 llegó “Faith” y respiramos tranquilos, ahí estabas diciéndonos que “I want your sex”, con barba de tres días, chupa de cuero, gafas de aviador y una cruz colgando del lóbulo. Me parecías tan maravillosamente hortera, querido George, y me gustaba TANTO bailarte bajo mi bola discotequera…

En el 96 yo cumplí los veintitrés, tú los treinta y tres. Te hiciste “Older”. Fue salir del armario y se te fue el horterismo. Tu apariencia ya era tan elegante como tu garganta. Aleluya.

Supongo que te encontraste, después de mucho buscarte. O quizás tú sabías dónde estabas desde hacía tiempo y te tenían escondido, por aquello del qué dirán.

Porque si ahora nos importa, inexplicablemente, con quién se acuesta el prójimo, en los 80, NI TE CUENTO. Nos contaste a los cuatro vientos que te iban los tíos (que conste que yo lo tenía clarísimo), nos hablaste del “Fastlove” y más tarde nos pediste que saliéramos “Outside”, como tú habías hecho.

Supimos de asuntos de tu vida que nos la traían bastante floja. Yo, mientras siguieras cantando, como si te cepillas a toda la guardia real sobre el césped de Buckingham Palace.

Tu canción con Aretha me alegra cuando estoy ñoña. Cómo me gusta ese dueto con Mary J. Blidge con el que me he despertado tantos días y que es mi canción favorita para maquillarme las pocas noches que salgo de marcha.

Porque yo, como tú, como todos, me he hecho mayor. Y hoy lo noto especialmente. Contigo se va un trozo de mi memoria. Otro más.

Ya no soy la niña con jersey Privata y tupé horroroso que te bailaba entre asientos negros de polipiel, ni la adolescente que imitaba tus movimientos provocativos, ni siquiera soy la jovenzuela que miraba embobada aquel vídeo en el que te disfrazabas de poli para descojonarte de los que viven escandalizados.

Soy una madre de cuarenta y tres tacos, bastante desquiciada, que cuando se queda sola, enciende una vela, se tumba en el sofá, y se relaja mirando el techo mientras escucha esa voz tuya de terciopelo. 

Seguiré haciéndolo, querido George.

Gracias por todo.

george michael

       

Feliz Navidad, mujeres valientes.

Hace días, mi amiga María me etiquetó en el famoso vídeo de Madonna dando el discurso de agradecimiento en los Premios Billboard. Según ellos es la mujer del año. Normal.

Hoy, por fin, el 24 de diciembre a las ocho y cuarto de la mañana, he tenido tiempo para verlo con calma. Madonna no se merece menos. Que conste que no soy una superfan de esta mujer musicalmente hablando, pero la admiro profundamente: por ser una trabajadora incansable, por marcar un estilo, por reinventarse constantemente, y, lo más importante: por pasarse las convenciones por su santísimo jilguero.

Yo había empezado a escribir un post para felicitaros la Navidad. Hablaba de lo que me gustan los abetos recargados, las hordas de gentes por las calles, los amigos que vuelven a casa como el turrón. Os contaba que mis amigas cambian las letras de los villancicos y las convierten en unas cochinadas maravillosas, que espero ansiosa la comida anual con mi prima y que me encanta dejarle Cola Cao y galletas a Papá Noel (y luego engullirlo todo). Os daba, también, las gracias por seguir ahí y ser cada vez más gente leyendo esta sarta de barbaries mía.

Pero he escuchado a Madonna.

Y he borrado todo mi artículo.

No ha dicho nada nuevo, pero lo ha dicho MUY BIEN. He llorado durante esos diez minutos en los que La Ambición Rubia ha hablado. Me han emocionado sus palabras, sus lágrimas, ese par de ovarios indestructibles y, probablemente, el verme reflejada en ella. Porque no nos equivoquemos, la diferencia entre ella y nosotras es muy pequeñita. Es más, diría que la única diferencia es que ella decidió que iba a ser más fuerte que las normas no escritas, que los machismos, que las críticas. Algunas de nosotras estamos aún planteándonos si seremos así de valientes. Otras, lamentablemente, ni saben que eso es posible.

Normalmente me parto de la risa con vuestros comentarios sobre mis textos, pero también los hay MUY dramáticos: esa chica a la que su ex amenazó porque había compartido un artículo mío en su Facebook, otra que no se atrevía a publicar el de “Empotrando a los 50” por lo que pudieran pensar de ella en su pueblo, tantas que me enviáis mensajes privados contándome de maltratos psicológicos, y un largo etc. de catástrofes. Por no hablar de Paolo y su gente.

No es fácil ser fuerte. No es nada fácil que te juzguen por el simple hecho de no seguir el camino que otros establecieron por ti y para ti.

Por ser soltera, por ser lesbiana, por decir tacos, por ser feminista, por ser madre soltera, por mandar a la mierda a quién se lo merece, por no necesitar a un hombre, por tener poder, por tener opinión, por ir contra una corriente que no sabes de dónde coño sale ni quién se la inventó.

Pero chicas, hoy es Nochebuena y mañana Navidad, y os quiero pedir que me hagáis un regalo. Me he portado bien, os lo juro. Quiero que os dediquéis hoy una horita a vosotras solas, que veáis el vídeo de Madonna o cualquier cosa que os inspire, quiero que OS MIRÉIS, pero DE VERDAD. Que os planteéis si sois conscientes de lo que valéis, si realmente os sentís fuertes, si os veis FabulosasComparad:

Vuestra vida real con vuestra vida ideal.

Lo que sois con lo que quisisteis ser.

Lo que pensáis y lo que decís.

Lo que hagáis después es cosa vuestra.

Os daré una pista. En la última semana, habéis agotado un modelo de mis tazas. Adivinad cual. Sí, queridas, la Taza Fabulosa. La habéis comprado de cinco en cinco, de diez en diez. Para todas vuestras amigas. Ahora me enviáis fotos de esa frase blanca sobre fondo rojo y lo tengo más claro que nunca: NADIE NOS VA A PARAR.

Yo hoy no tengo mucho más que decir, la rubia lo deja muy clarito. Vosotras también.

A las valientes. A las que están en camino de serlo.

Feliz Navidad. Feliz vida.

Los Novios Plátano, deliciosos e indigestos.

Esta mañana, al volver de dejar a los nenes en el cole, le he mandado un mensaje a un amigo. Uno de esos que, aunque vive muy cerca, veo poco pero quiero mucho. Un tío con el que conecté desde el primer día. No os equivoquéis: nada de tensiones sexuales. De hecho, es gay, como muchos de mis grandes amores.

Me cuenta que está jodido, que ha sido víctima de la resaparición de un ex. Lo que viene siendo un Mareador como la copa de un pino. Que el ser en cuestión, esta vez le ha prometido el oro y el moro. Le llenó de ilusiones y luego, a tomar por el jander. Esta es la tipología más peligrosa: el Mareador Cazador, que vacía el cargador hasta que te tiene preso. La historia tiene mucho que ver con aquello que escribí sobre los hijoputas y las tías listas. Le digo que me lea y que luego escriba (porque él escribe como los ángeles), que si me necesita, silbe. Insisto en que él vale mucho más que un individuo que disfruta jodiendo al prójimo.

“Mira lo que eres, por Dios, ese papanatas no tiene nada que ver contigo”.

Mientras escribo, engullo un plátano y, al primer bocado, siento el dolor de barriga. Los plátanos me sientan fatal, PERO ME ENCANTAN.

Plátano, dolor, placer. El símil está claro, CRISTALINO.

Recuerdo, entonces, el comentario de un lector que ayer me escribió en el post de los Mareadores en el que afirmaba que sí hay tíos decentes (cosa que ya sabemos) pero que seguimos cayendo en las redes de algunos sinvergüenzas. Siempre me he resistido a creerlo pero, a veces, la evidencia me pega una hostia colosal: SEGUIMOS COMIENDO PLÁTANOS, así nos reviente el estómago (o el corazón).

Ni que decir tiene que no siempre es así, también nos zampamos alguna manzana, tan sana, tan dulce y tan simpática. Pero de esas (de esos) no tenemos recuerdos punzantes. Los buenos novios, o follamigos, o amantes, son parte de una (o uno) mismo. Son un brazo, una pierna, una oreja. Están ahí y no los notas. No pinchan, no escuecen, no duelen. Los Novios Plátano, en cambio, pellizcan, a veces tus recuerdos y, a veces, tu presente.

Los plátanos van a seguir existiendo.  Quizás debamos mirarlos desde la distancia o buscar la manera de que no se nos indigesten.

O quizás lo mejor sea escupirlos al primer bocado.

Quién sabe.

Y venga más gilipolleces que te alegran la vida.

Porque con las primeras 25 no hubo suficiente. Ni con las otras 25. Sigamos. Ayudadme. Añadid las vuestras.

51. El beso que le da Patrick Dempsey a Michelle Monaghan en “La boda de mi novia”. Si no me besa él, que no me bese nadie.

52. Las portadas del New Yorker.

53. El olor a suavizante en la toalla con la que te secas después de una ducha larga, justo antes de dormir. Especial mención al Mimosín aroma Jazmín. Muero.

54. Las reuniones con las integrantes del Chat de las Mujeres Despeinadas. La distancia no nos aleja, amiguis. Los encuentros son galácticos. OS AMO.

55. Pensar que, en unos meses, “Doctor Strange” saldrá a la venta en DVD y yo podré contemplar las manos de Benedict sin prisa pero sin pausa, una y otra vez, hasta la extenuación.

56. Que el músico del metro esté tocando una canción que te gusta mucho. Que la toque bien.

57. El olor a castañas asadas en diciembre. Me recuerdan a mi niñez, a mi pueblo. No me gustan las castañas, solo ese olor. Recordar que, en algún momento, en el cole me disfrazaron de castanyera. Se me había olvidado hasta este momento.

58. Youtube. Principalmente por los vídeos de las galas de Fin de Año de “Martes y Trece”.

59. Volver a ver “Top Gun”.

60. Los amigos que vuelven a casa por Navidad.

61. Ver una buena nevada desde la ventana. Que la nieve cuaje. Que haya un palmo de nieve en tu balcón.

62. Pasar un día entero viendo “House”. Esa mirada azul de Hugh Laurie. Qué listo. QUÉ CABRÓN.

63. Natalie Portman en “El profesional (León)”. Natalie Portman en “Beautiful girls”. Natalie Portman.

64. Hacerse con todos los capítulos de “Dallas”, “Falcon Crest” y “Flamingo Road”. Vale, soy MUY MAYOR.

65. Descubrir cafeterías absolutamente preciosas y acogedoras, como esta.

66. Lola Flores.

67. El Puma y su “Pavo real”.

68. Hacerte la manicura y que quede perfecta.

69. Las velas de canela y mandarina de Muji.

70. Este cuadro, la forma en que me enamoré de él, nuestras casualidades, los secretos que compartimos y que quizás algún día os cuente.

71. Esta foto: porque me encantan las mujeres con las bragas bajadas. Porque se la compré a un fotógrafo neoyorquino. Porque él la había tomado en mi isla. Porque amo las casualidades, esas que no existen.

72. Las tetas de la Loren. Su descaro. Viva ella.

73. Cumplir un año más. Ser aún más Fabulosa.

74. El primer día que te pones chanclas cuando llega el calorcito.

75. Comprarte una agenda nueva (después de ver ciento cincuenta). Estrenarla.

 

Tazas mágicas para gente fabulosa.

Ay, chiquis. Estoy muy nerviosa y muy contenta.

Os comenté hace unos días en Facebook que me estaba planteando fabricar unos merchandisings varios con frases de estas que nos gustan tanto (bien irreverentes y deslenguadas).

Y allá que me respondisteis con cienes y cienes de “Me gusta”.

A mí me cuesta poco liarme y, dicho y hecho: he creado tres modelos de taza denominados: “Viva el Empotrador”, “El Mareador desaparece” y “Soy Fabulosa“. Esto de momento, porque espero liarla parda a base de tazas, carcasas para móvil, bolsas, camisetas y todo lo que se NOS ocurra.

Y más y más frases.

Y más y más barbaries.

Ayer mismo llegaron mis cajas llenas de tazas rojas y brillantes, y siento que he parido. Esto es otro pasito más en ese camino que no es solo mío, es de todas nosotras (y nosotros, no os enfadéis…).

Os comunico que estas tazas tienen poderes. Al tomarte el café con la del Empotrador, se te aparecerá un Jason Momoa, un Fassbender o un vikingo cualquiera. Si bebes dos veces de la de “El Mareador resaparece”, el susodicho desaparecerá POR SIEMPRE JAMÁS. En cuanto a la taza FABULOSA, ahí la magia es vuestra, tías salvajes y maravillosas.

Nada más ponerlas a la venta las habéis empezado a comprar DE TRES EN TRES. Como siempre, vosotras a lo loco, como si no hubiera un mañana.

Gracias, amiguis, una vez más. POR TODO.

  

Mis hijitas coloradas, de momento, solo se venden en mi web. Aquí el enlace directo. Si sois de Madrid y queréis hacer un pedido de dos tazas o más podéis ahorraros los gastos de envío si venís a buscarlas y así, de paso, nos conocemos y os lleváis una tarjeta de Las Claves personalizada y monísima (si preferís esta opción, enviadme mail a shop@lasclavesdesol.com)

Ni qué decir tiene que, si sois propietarias de un establecimiento, y queréis comercializar estas obras de arte inigualables, solo tenéis que escribirme a shop@lasclavesdesol.com. Anunciaré cuales son los puntos de venta, tan pronto los ponga en marcha.

Os he solucionado el problema de los amigos invisibles, así de maja soy.

Por favor, enviadme vuestras fotos bebiendo de estas, NUESTRAS tazas. Etiquetadme si las colgáis en Instagram. Dedicadme los Colacaos que engulláis en ellas. Nada me emociona más que pensar que, una vez más, reís con mis barbaridades, solo que esta vez las tendréis en vuestras manos.

BESOS, esta vez ROJOS.