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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

Queridos Reyes Majos del 2017…

Queridos Reyes Majos, antes meterme en faena quiero comentaros lo rápido que pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando os escribí mi carta del 2016 y ha pasado ya un año. MUY FUERTE.

Lo primero, hablemos un poco sobre mis regalos del año pasado, que eran básicamente:

TENER SEXO DEL BUENO.

Pues hijos míos, no me habéis traído ni del bueno, ni del malo. Ni tíos guarros guarrísimos, ni limpios limpísimos. Vuestras razones tendréis.

PERDER TRES KILOS.

Ahí siguen y juraría que les acompañan un par más. Es verdad que no me he portado bien en lo que se refiere al zampar y que tampoco le he dado mucho al deporte, pero la intención era que lo consiguierais a base de VUESTRA magia, no de MI sacrificio.

Lo más importate: os pedí que mi amiga se divorciara del del hijo de la gr******** p***, pedazo de c****.

Y LO HA HECHO. ALELUYA. GRACIAS. GLORIA AL CIELO.

Por lo demás, mis hijos siguen con sus notas de mierda y mi mejor amigo aún vive en Pernambuco. Repito peticiones, a ver si este año caen.

Os pedí inspiración y talento para escribir, y ovarios para seguir yendo contra corriente.

Lo del talento es MUY discutible, pero oye que entre mis amiguis y lo raro que está el mundo, tengo inspiración para dar y regalar.  Y nado contra la corriente, contra el viento, contra la marea y contra lo que haga falta. GRACIAS.

Reyes Majos de mis amores, ni siguiera me atreví a pedíroslo, pero os cuento que he escrito un libro, que se llama «ALGÚN DÍA no es un día de la semana», que a mí me gusta mucho y que el 14 de febrero estará en las estanterías de los apellidos que empiezan por «A». Sí, en San Valentín, porque es un libro para los enamorados, PERO DE SÍ MISMOS, que deberíamos ser todos.

Por favor, haced que les guste a los lectores, que firme en muchos sitios. Quiero ver las caras de estos seres tan majos que me saludan a través de la pantalla.

Para ahorrar tiempo y tinta podéis apuntar para todos los años venideros lo de escribir un libro, y una obra de teatro, y una serie, y una peli. Y varias canciones. Ah, también quiero ser columnista en alguna revista, o en un diario. O en una revista y un diario. Sois magos, sacad tiempo de donde no lo hay.

Sigo queriendo perder los kilos sobrantes y os cambio lo del sexo por unos buenos morreos, de esos que marean, que tienen el ritmo adecuado, que te dejan la barbilla desollada. 

Os comento que me haría MUCHÍSIMA ilusión conocer a Milena Busquets, soy MUY fans. Y a Elvira Lindo. Y a Benedict Cumberbatch, para ver esas manos de cerca y escuchar esa voz en directo.

Mandadme de viaje a Londres, a Nueva York POR SUPUESTO, a Escocia, a París y a Méjico.

Compradme entradas para los conciertos de Vanesa Martín,  Emelí Sandé,  Ana Carolina,  Mi Amiga y  Mi Cantante.

Organizadme, por favor os lo pido, más cenas con los compis del cole.

He llegado a una edad en la que me gusta que mi pasado forme parte de mi presente. Quiero recordar quién fui para entender lo que soy. ME ENCANTA estar con esos que me conocen de verdad, porque entonces no había filtros. Porque nunca pasaré con nadie tanto tiempo como pasé con ellos. Porque, con mis amiguis de las monjas, vuelvo a tener catorce años. O diez. O cinco.

Dadme risas de las de no poder parar, de las de dolor de barriga y chorrito de pis. 

Llevadme al karaoke y, por favor, nunca me devolváis la vergüenza que perdí allá por el 92.

Voy acabando, queridos Majos, que yo lo de los límites nunca lo tuve muy claro. Solo una última cosa: proveedme de primeras veces, de ilusión, de ganas.

Y de salud.

Y de muchos cosméticos.

Y de calma, sosiego, momentos zen.

Y de bailes con música de los 80.

Y de…

Vale, ya paro.

Es tendencia: la paja de pago

Cualquiera podría pensar que, habiendo crecido y trabajado yo en los mundos del ocio nocturno durante más de veinte años, mi capacidad de sorpresa ante las conductas del ser humano es nula. Pues para nada, amiguis. Cuando creo que ya nada en el planeta puede sorprenderme, llega un chaval cualquiera y me deja boquiabierta, ojiplática y meditabunda perdida.

Estaba yo en un cumpleaños multitudinario navideño, cuando una de las comensales me grita desde la otra punta de la mesa «¡Sol, escucha esto que te da para tres artículos!» y para allá que voy yo, rauda y veloz como el rayo. Allí se encontraba un joven, de estatura media, peso medio, cara media. Un tío simpático, por lo que sé de lo poco que le conozco, y que acababa de contar algo que había dejado a sus coleguis patidifusos del todo.

_ Cuéntame, querido, ¿qué se te ofrece?

_Pues nada raro, que el otro día fui a un masaje de Happy Ending y me hicieron una paja por 100 euros.

Tras la sorpresa inicial, me rehice y fui capaz de entonar un alto y claro:

_Un poco cara la paja, ¿no?

_ Bueno, también me hizo un masaje. Y eso ya cuesta unos cincuenta euros.

_ Pero, ¿el masaje fue bueno?

_ Malísimo.

Yo, a esas alturas ya no entendía NADA DE NADA. Mi recorrido mental fue más o menos este: el chaval está bastante bien. No sé por qué paga. Ha pagado mucho. Ha pagado por una paja. Ya que paga, ¿por qué no folla?. Pero, ¿por qué va a pagar para follar si podría hacerlo gratis? Joder, mis amigas y yo a dos velas desde el Pleistoceno y los tíos pagando por sexo. VAYA TELA. Igual quiere algo perverso y piensa que nosotras, las no-prostitutas no se lo vamos a hacer…

_¿Pero te hizo algo especial?

_No, una paja estándar.

_ AH.

_ Pero, ¿y el tema de follar no te va más?

_ Es que no quiero sexo con una puta.

_ Una paja es sexo, CREO.

_ Ya…

_ ¿Y por qué no lo has hecho con una tía no-puta? Te saldría gratis…

_ Es que estoy harto de tener que decirles que se vayan de casa después.

_ Pues lo hablas antes…

_ Es que si llega una tía a mi casa y le digo que solo quiero que me haga una paja, no sé, ¿tú qué dirías?

_ Hombre,  si me haces otra a mí…

_ AH, NO. ESO NO.

Y, claro, ahí le tuve que dar la razón. PUES MEJOR PAGAS, QUERIDO.

No le seguí dando más vueltas porque la cosa de lógica tiene poco y de incoherente, MUCHO: no quieres sexo pagado, pero tampoco gratis por si se quedan a dormir; no quieres sexo de pago, pero pagas por pajas; te zampas un masaje de mierda para que te hagan una pajilla insignificante que te podrías hacer tú… No voy a entrar en el tema ético y moral, para eso están otros. O igual sí, pero otro día.

Y mientras tanto, nosotras aquí preguntándonos por qué no hay manera de echar un kiki en condiciones. Pues ya os lo digo yo, porque algunos tienen miedo a que nos quedemos a dormir, y a que no nos quedemos, TAMBIÉN. Porque vaya a ser que nos tengan que dar conversación, o que no haya de qué hablar. Porque si follas y te piras, para algunos, eres una zorra, pero si te quedas eres un coñazo de tía. Porque quizás pidas un pelín de reciprocidad, de generosidad, de educación. Y eso es un precio que no están dispuestos a pagar. Cien euros es MUCHO más barato.

Y es que, amiguis, lo gratis ya no se valora. El sexo por amistad, por gusto, porque sí, ya no se lleva.

Toda la vida pensando que lo fácil era follar pagando y resulta que ahora tendremos que follar COBRANDO.

Así de triste.

   

Feliz 2018, Fabulosas.

Escribí el resto de este artículo hace justo un año y, al leerlo, seré sincera, he pensado que no tenía mucho más que añadir. Solo había que cambiar los numeritos. Porque el 2016 fue maravilloso, pero en el 2017 vio la luz mi primera novela y eso es algo absolutamente insuperable (hasta que llegue la segunda, claro). También porque os deseo más de lo mismo: fuera lo malo, dentro lo bueno. Adiós al «Qué dirán», a lo que tiene que ser, al miedo a lo desconocido. Recuerda que el 2018 tiene una rima maravillosa, amigui. Este es nuestro año, el del Ch***o, el de todos los ch***os.

Me gustaría contaros que el 2017 ha sido el mejor año de mi vida (hasta el momento) y que vosotras tenéis TODA la culpa.

Una vez más, GRACIAS por leerme; por compartirme con vuestras amigas; por convertiros en las mías; por enviarme mensajes que me saltan las lágrimas (por la risa o por la emoción o por las dos cosas); por comprar mi novela en tropel y entender a mi Sofía, por regalarla como si no hubiera un mañana; por extender mis textos como la pólvora; por ser tan cochinas, tan irreverentes, tan cachondas, tan listas, tan sinceras, tan putas incluso.

Gracias por ayudarme a convertirme en eso que quiero ser.

Te deseo un 2017 lleno de valentía, de decisiones, de pasos adelante, de borrones y cuentas nuevas, de tonterías las justas, de viajes hacia dentro, de autoamor salvaje, de amistad de la buena (que es la única que hay), de música, de paz, de besos que marean, de polvos galácticos, de risas hasta el llanto, de zonas de confort incendiadas, de salud, de dinero, de amor, de soledad deseada, de honestidad contigo misma, de cambios a mejor, de noches de karaoke, de sueños cumplidos, de ilusión loca por cualquier tontería, de reencuentros mágicos, de películas maravillosas, de lecturas conmovedoras, DE FELICIDAD SUPERCALIFRAGILÍSTICA.

Que el 2018 sea el mejor año de tu vida, hasta que llegue el 2019. Feliz de todo, FABULOSAS.  
george michael

Querido George

george michael

Hoy he dormido la friolera de quince horas. Al despertar, he leído un mensaje de mi prima, mi cómplice en tantas cosas. «Prima, que tengo insomnio y acabo de ver que George Michael ha muerto».

No me he enterado de lo que me decía.

Tantas horas desconectada del mundo de los vivos me han dejado el cerebro atontolinado. Pero cuando ya era lo suficientemente persona como para hacerme mi Cola Cao, he releído esa frase.

Joder, qué tristeza, mi querido George.

Y he recordado, sin quererlo, «Wake me up before you go-go». Me he visto a los doce años bailando con mis amigas en aquella primera discoteca de domingos por la tarde. A unas les gustabas tú, a otras tu compi Andrew. Yo, entre que era más de Tom Cruise y que siempre tuve un ojo tremendo para detectar el asunto gay, te amaba, pero solo musicalmente. Que ya es mucho.

Otro de los temas con los que nos descoyuntábamos en aquella pista negra rodeada de asientos horribles de polipiel y coronada por una bola de espejos, era «The Edge of Heaven», que a mí me gustaba mucho más que el Güeikmiap.

Ye ye yeah, laralalalala. Take me to the edge of heaven, tell me that my soul´s forgiven… La busco en mi lista de Spoti y noto un sabor agridulce que supongo se pasará en unos días.

También allí nos sacaban los chicos a bailar las lentas, como «Careless Whispers». Qué de morreos me pegaron a tu salud, querido George…

He visualizado perfectamente el día en el que me compré «The Final» en la tienda de discos de mi pueblo.

Era el último disco de «Wham!». Una pena enorme.

No era consciente de que te reinventarías para seguir regalándonos canciones cada vez mejores. De que seguirías siendo parte de la banda sonora de mi vida durante muchos años.

Y en el 87 llegó «Faith» y respiramos tranquilos, ahí estabas diciéndonos que «I want your sex», con barba de tres días, chupa de cuero, gafas de aviador y una cruz colgando del lóbulo. Me parecías tan maravillosamente hortera, querido George, y me gustaba TANTO bailarte bajo mi bola discotequera…

En el 96 yo cumplí los veintitrés, tú los treinta y tres. Te hiciste «Older». Fue salir del armario y se te fue el horterismo. Tu apariencia ya era tan elegante como tu garganta. Aleluya.

Supongo que te encontraste, después de mucho buscarte. O quizás tú sabías dónde estabas desde hacía tiempo y te tenían escondido, por aquello del qué dirán.

Porque si ahora nos importa, inexplicablemente, con quién se acuesta el prójimo, en los 80, NI TE CUENTO. Nos contaste a los cuatro vientos que te iban los tíos (que conste que yo lo tenía clarísimo), nos hablaste del «Fastlove» y más tarde nos pediste que saliéramos «Outside», como tú habías hecho.

Supimos de asuntos de tu vida que nos la traían bastante floja. Yo, mientras siguieras cantando, como si te cepillas a toda la guardia real sobre el césped de Buckingham Palace.

Tu canción con Aretha me alegra cuando estoy ñoña. Cómo me gusta ese dueto con Mary J. Blidge con el que me he despertado tantos días y que es mi canción favorita para maquillarme las pocas noches que salgo de marcha.

Porque yo, como tú, como todos, me he hecho mayor. Y hoy lo noto especialmente. Contigo se va un trozo de mi memoria. Otro más.

Ya no soy la niña con jersey Privata y tupé horroroso que te bailaba entre asientos negros de polipiel, ni la adolescente que imitaba tus movimientos provocativos, ni siquiera soy la jovenzuela que miraba embobada aquel vídeo en el que te disfrazabas de poli para descojonarte de los que viven escandalizados.

Soy una madre de cuarenta y tres tacos, bastante desquiciada, que cuando se queda sola, enciende una vela, se tumba en el sofá, y se relaja mirando el techo mientras escucha esa voz tuya de terciopelo. 

Seguiré haciéndolo, querido George.

Gracias por todo.

george michael

       

Feliz Navidad, mujeres valientes.

Hace días, mi amiga María me etiquetó en el famoso vídeo de Madonna dando el discurso de agradecimiento en los Premios Billboard. Según ellos es la mujer del año. Normal.

Hoy, por fin, el 24 de diciembre a las ocho y cuarto de la mañana, he tenido tiempo para verlo con calma. Madonna no se merece menos. Que conste que no soy una superfan de esta mujer musicalmente hablando, pero la admiro profundamente: por ser una trabajadora incansable, por marcar un estilo, por reinventarse constantemente, y, lo más importante: por pasarse las convenciones por su santísimo jilguero.

Yo había empezado a escribir un post para felicitaros la Navidad. Hablaba de lo que me gustan los abetos recargados, las hordas de gentes por las calles, los amigos que vuelven a casa como el turrón. Os contaba que mis amigas cambian las letras de los villancicos y las convierten en unas cochinadas maravillosas, que espero ansiosa la comida anual con mi prima y que me encanta dejarle Cola Cao y galletas a Papá Noel (y luego engullirlo todo). Os daba, también, las gracias por seguir ahí y ser cada vez más gente leyendo esta sarta de barbaries mía.

Pero he escuchado a Madonna.

Y he borrado todo mi artículo.

No ha dicho nada nuevo, pero lo ha dicho MUY BIEN. He llorado durante esos diez minutos en los que La Ambición Rubia ha hablado. Me han emocionado sus palabras, sus lágrimas, ese par de ovarios indestructibles y, probablemente, el verme reflejada en ella. Porque no nos equivoquemos, la diferencia entre ella y nosotras es muy pequeñita. Es más, diría que la única diferencia es que ella decidió que iba a ser más fuerte que las normas no escritas, que los machismos, que las críticas. Algunas de nosotras estamos aún planteándonos si seremos así de valientes. Otras, lamentablemente, ni saben que eso es posible.

Normalmente me parto de la risa con vuestros comentarios sobre mis textos, pero también los hay MUY dramáticos: esa chica a la que su ex amenazó porque había compartido un artículo mío en su Facebook, otra que no se atrevía a publicar el de «Empotrando a los 50» por lo que pudieran pensar de ella en su pueblo, tantas que me enviáis mensajes privados contándome de maltratos psicológicos, y un largo etc. de catástrofes. Por no hablar de Paolo y su gente.

No es fácil ser fuerte. No es nada fácil que te juzguen por el simple hecho de no seguir el camino que otros establecieron por ti y para ti.

Por ser soltera, por ser lesbiana, por decir tacos, por ser feminista, por ser madre soltera, por mandar a la mierda a quién se lo merece, por no necesitar a un hombre, por tener poder, por tener opinión, por ir contra una corriente que no sabes de dónde coño sale ni quién se la inventó.

Pero chicas, hoy es Nochebuena y mañana Navidad, y os quiero pedir que me hagáis un regalo. Me he portado bien, os lo juro. Quiero que os dediquéis hoy una horita a vosotras solas, que veáis el vídeo de Madonna o cualquier cosa que os inspire, quiero que OS MIRÉIS, pero DE VERDAD. Que os planteéis si sois conscientes de lo que valéis, si realmente os sentís fuertes, si os veis Fabulosas. Comparad:

Vuestra vida real con vuestra vida ideal.

Lo que sois con lo que quisisteis ser.

Lo que pensáis y lo que decís.

Lo que hagáis después es cosa vuestra.

Os daré una pista. En la última semana, habéis agotado un modelo de mis tazas. Adivinad cual. Sí, queridas, la Taza Fabulosa. La habéis comprado de cinco en cinco, de diez en diez. Para todas vuestras amigas. Ahora me enviáis fotos de esa frase blanca sobre fondo rojo y lo tengo más claro que nunca: NADIE NOS VA A PARAR.

Yo hoy no tengo mucho más que decir, la rubia lo deja muy clarito. Vosotras también.

A las valientes. A las que están en camino de serlo.

Feliz Navidad. Feliz vida.

Los Novios Plátano, deliciosos e indigestos.

Esta mañana, al volver de dejar a los nenes en el cole, le he mandado un mensaje a un amigo. Uno de esos que, aunque vive muy cerca, veo poco pero quiero mucho. Un tío con el que conecté desde el primer día. No os equivoquéis: nada de tensiones sexuales. De hecho, es gay, como muchos de mis grandes amores.

Me cuenta que está jodido, que ha sido víctima de la resaparición de un ex. Lo que viene siendo un Mareador como la copa de un pino. Que el ser en cuestión, esta vez le ha prometido el oro y el moro. Le llenó de ilusiones y luego, a tomar por el jander. Esta es la tipología más peligrosa: el Mareador Cazador, que vacía el cargador hasta que te tiene preso. La historia tiene mucho que ver con aquello que escribí sobre los hijoputas y las tías listas. Le digo que me lea y que luego escriba (porque él escribe como los ángeles), que si me necesita, silbe. Insisto en que él vale mucho más que un individuo que disfruta jodiendo al prójimo.

«Mira lo que eres, por Dios, ese papanatas no tiene nada que ver contigo».

Mientras escribo, engullo un plátano y, al primer bocado, siento el dolor de barriga. Los plátanos me sientan fatal, PERO ME ENCANTAN.

Plátano, dolor, placer. El símil está claro, CRISTALINO.

Recuerdo, entonces, el comentario de un lector que ayer me escribió en el post de los Mareadores en el que afirmaba que sí hay tíos decentes (cosa que ya sabemos) pero que seguimos cayendo en las redes de algunos sinvergüenzas. Siempre me he resistido a creerlo pero, a veces, la evidencia me pega una hostia colosal: SEGUIMOS COMIENDO PLÁTANOS, así nos reviente el estómago (o el corazón).

Ni que decir tiene que no siempre es así, también nos zampamos alguna manzana, tan sana, tan dulce y tan simpática. Pero de esas (de esos) no tenemos recuerdos punzantes. Los buenos novios, o follamigos, o amantes, son parte de una (o uno) mismo. Son un brazo, una pierna, una oreja. Están ahí y no los notas. No pinchan, no escuecen, no duelen. Los Novios Plátano, en cambio, pellizcan, a veces tus recuerdos y, a veces, tu presente.

Los plátanos van a seguir existiendo.  Quizás debamos mirarlos desde la distancia o buscar la manera de que no se nos indigesten.

O quizás lo mejor sea escupirlos al primer bocado.

Quién sabe.