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125 gilipolleces que me hacen inmensamente feliz

Sí, ha habido otras listas como esta, pero NUNCA son suficientes. Allá vamos:

101.La voz de Andra Ray. 

102.Qué llegue el fresquito, poner la calefacción, meterme debajo de la manta a ver pelis (cuando me dejan mis retoños), levantarme para ir al baño y volver a la cama donde ya está puesto el edredón. Como hace frío, ya es el momento de comer cocido. Y chocolate con churros.

103.Hablando de camas, rociar la mía con un spray de Rituals (no, no me pagan. Es más: me cobran).

104.Montmartre.

105.Los faciales de Wellness Boutique. Te quitan todos los males. Qué relax, qué placer, QUÉ JETO TE DEJAN (No, tampoco me pagan. Sí, también me cobran).

106.Encontrar series nuevas que me encantan. La última: “Better things”. Qué retrato más fidedigno de la maternidad, señoras. Al menos de la mía.

107.Salir de fiesta con mis amigas, que son lo más de lo más. Confirmar que la bestia que llevo dentro no está muerta, sino adormilada. Destrozarme los pies bailando. Que no me importe saber que al día siguiente seré un zombie. El viaje en coche de vuelta a casa comentando las mil jugadas mientras lloramos de la risa. La quedada al día siguiente para seguir comentando la jugada y seguir con los lagrimones y las carcajadas.

108.Íntimamente relacionada con la anterior: que al día siguiente de la marcha, mis hijos estén con los abuelos (sí, pollitos, os quiero mucho, pero es lo que hay). Tirarme en el sofá y beber Cola Cao de manera asalvajada mientras dormito intermitentemente.

109.El momento en el que, desde el taxi, ya veo el skyline de Manhattan. Sentir que vuelvo a mi lugar en el mundo.

110.Que alguna de vosotras me pare por la calle y me cuente que me lee, que se parte con mi blog, que le encanta mi libro. OS AMO.

111. Mi ventana. Sin palabras.

112. Los brunch de los domingos con mis amiguis en sitios en los que no hay mucho ruido y los huevos benedict están espectaculares.

113. La tarta de cerveza negra. El chocolate con nata del Café Ruiz. Mis lentejas.

114. Probarme tres vaqueros y que los tres me queden bien. MILAGRO.

115. Comprarme unas flores. Porque sí.

116. Que el pediatra de urgencias esté MUY bueno.

117. Este hombre. Ver su serie “Luther” en bucle. Planear lo que le pienso decir cuando me lo vuelva a encontrar. Pasará, CREEDME.

118. El olor a café, que no el café.

119. El sol cálido, pero no achicharrante, de mi isla en octubre.

120. El silencio absoluto. Tan complicado.

121. Esta canción. Esta versión.

122. Montar mi árbol de Navidad, absolutamente gigantesco y desproporcionado.

123. Despertarme y descubrir que he dormido diez horas. Qué cutis, por Dios.

124. “La Llamada”. Por las risas. Por su originalidad. Por los huevos que han tenido “Los Javis”, porque su peli, su serie, su obra de teatro son un empujón para que todos cumplamos nuestros sueños o, al menos, lo intentemos a lo loco.

125.Planear mi siguiente novela. El temor a no cubrir las expectativas. Las mariposas en el estómago al resucitar a mi Sofía. Escribir, SIEMPRE.

 

No follas porque eres muy exigente (y otras frases de mierda)

Has visto el título y has pensado “Hostias, esto va por mí”. Sí, amiguis, porque a la que comentas que no echas un kiki desde las Olimpiadas del 92 siempre hay alguien que te suelta que “Eres muy exigente”, que “Tienes el listón muy alto o que “Si no fueras tan tiquismiquis…”. La mejor de todas es “No follas porque no quieres”. Perdón, me olvidaba de ese colosal “Las tías folláis cuando queréis”.

El caso es que muchas veces nuestra observación ante la falta de meneo no es ni siquiera una queja, es simplemente la constatación de un hecho. De verdad, no es necesario echarnos en cara que es por nuestra culpa, básicamente porque aquí nadie tiene la culpa de nada, simplemente cada uno toma sus decisiones y, lamentablemente, algunas de ellas parecen abocarnos a la sequía sexual perpetua.

Como por aquí somos muy de las aclaraciones, de los puntos sobre las íes, he pensado ir respondiendo una por una a esa preciosas frases que escuchamos día sí día también ante nuestras afirmaciones sobre la ausencia de mambo del bueno.

La exigencia. El listón. Tiquismiquis.

SÍ. Soy exigente, coloco el listón donde me da la gana, dado que es este cuerpecito mío el que se tiene que meter en la piltra con quien sea. Y tiquismiquis, o selectiva, o maniática, pues también, como todos los humanos según el criterio de los otros. Porque obviamente, el baremo a la hora de elegir tus parejas es subjetivo, pero a más no poder. Lo que para mí es gloria, para ti puede ser mierda. Y a la inversa.

Porque no quieres.

A ver, no te equivoques: querer, QUIERO. No con cualquiera, no en cualquier sitio, no a todas horas. Pero querer, QUEREMOS.

Ahora vamos a la otra cara de la moneda del “Porque no quieres¨

¿Las tías? Cuando queréis.

Mira, amiguinchi, esta es fácil. Quiero AHORA, quise anteayer en la fiesta de cumple de mi amiga Marina que fue lo más, y probablemente quiera en algún momento de la semana próxima. Yo venga a chasquear los dedos, a cruzarlos, a rezar. Y oye, QUE NO HAY MANERA. No, esto no es una cuestión de género. Quizás sí sea una cuestión de habilidad o entrega a la causa. No lo sé, la verdad.

Con la de pretendientes que tendrás.

Pues mira, NO. O al menos que yo sepa, que para el caso es lo mismo. Si los tengo, son muy silenciosos, muy discretos y muy invisibles. Porque imagino que pretendiente no es el que te grita barbaries por la calle o te intenta meter mano borracho perdido. Si eso es un pretendiente entonces sí tengo, perdonad mi error. A veces me lío yo sola.

Lo mejor de esto es cuando la frasecita te la suelta uno con el que te encantaría liarte. Eso sí que mola a lo bestia. Tú con cara de gilipollas mientras el bigardo de turno te dice que “Con lo fácil que tú lo tienes” y “Lo guapa que eres” mientras no puedes dejar de imaginarte abalanzándote sobre él. Amiguis, prometo aquí y ahora que al próximo que me la suelte le digo que me solucione el tema AQUÍ Y AHORA. Ya os cuento.  

La Paz Maternal (y otros fenómenos paranormales)

Creo que ya lo he comentado en alguna ocasión: loqui perdida me quedé cuando leí que una famosa afirmaba en una entrevista que a ella la maternidad le aportaba mucha paz. Días más tarde, comentándolo con la mujer de un amigo, me decía que a ella le pasaba lo mismo. Quizás me lo habría zampado con patatas de no ser porque la mujer hacía quince minutos me había comentado que estaba muy delgada porque con los tres niños no tenía tiempo ni de comer ni de dormir. También estaba el detalle de que, mientras hablábamos, uno de sus retoños paseaba por encima de la mesa y la otra le escupía la papilla en todo el jeto. Yo, FLIPANDO.

Vamos a revisar mi querida RAE, que establece que, entre otras cosas, paz significa:
Relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos.
Ausencia de ruido o ajetreo en un lugar o en un momento.
Estado de quien no está perturbado por ningún conflicto o inquietud. 
Sigo flipando. Creo que incluso más después de conocer la palabra a fondo.

Chata, no sé dónde ves tú la armonía, la ausencia de ajetreo o lo de que no estás perturbada. Pero si pareces la novia cadáver, joder.

Durante un tiempo se me olvidó el tema de esa Paz Maternal tan extraña. Vamos, se me olvidó porque yo, que soy madre, no la veo ni la huelo ni ná de ná. Y llegamos a esta semana de mierda. Sí, DE MIERDA.

A las ya de por sí rutinas maternales que a mí, personalmente me matan, se le unen unas notas de mierda por parte de mis retoños y una preciosa conjuntivitis de mi chiquitín el lunes por la mañana. Sí, ese mismo lunes en el que me había levantado a las seis para tener tiempo de hacer deporte porque esta era la semana del cambio, de las buenas costumbres, del ponerme en forma, comer superbien, currar a tope y organizarme como nunca antes. Pues MIS COJONES. Corre a urgencias para que el pediatra te diga que dos días sin cole.

PERO VAMOS A VER. ¿Por un ojo un poco colorado?

“Sí, es que es contagioso.”

Pues el que se lo ha pegado al mío está en clase tan pancho, porque en casa tenemos el blanco de los ojos que parece un anuncio de Ariel. Sanos, SANÍSIMOS.

Dos días metida en casa, y menos mal que soy frilans, que si no, tú dirás qué hago. Me subía por las paredes, por las ventanas, por las lámparas. Hasta que me acordé de La Paz Maternal. Y entonces fue peor. Me cago en La Paz Maternal y en la madre que la parió también a ella.

El niño que, claro, como se encontraba de perlas, no paraba. Que te sientes y estudies. Que tengo sueño. Que te sientes y estudies. Que tengo hambre. Que te sientes y estudies. Que me duele el ojo.

Todo esto intentando currar. Una cosa preciosa.

En un arrebato de “Voy a evadirme porque no puedo con mi vida” cometo el error de cotillear los Instastories de las celebrities y, como Murphy es así de guay, una de ellas, junto a una foto de su nene jugando escribía: “Esta malito y me encanta tenerle en casa”.

Mira, hija, o tú eres de otro planeta o no sé yo. Ah, vale, tu hijo es un santo, tú eres la persona con más energía del mundo o quizás tienes a las cinco niñeras escondiéndose de la cámara. Insisto, ME PARECE COLOSAL, pero no me jodas…

La cosa no queda ahí, NO. Cual es mi sorpresa (o no) cuando al día siguiente me levanto con un sospechoso picor de ojos, voy al baño y AY, LA HOSTIA. Porque de todos es sabido que las enfermedades de los nenes a nosotros nos pillan multiplicadas por mil. Los ojos como huevos duros: hinchados, llenos de lagañas. Un puto desastre.

Pues nada, mi chiquitín, disfrutemos de la Paz Maternal juntitos, y gotita de colirio pa ti, gotita de colirio pa mí.

Nos espera otro precioso día de disfrute hogareño con la cantinela de los deberes, el pipi, el sueño y su tía Rita.

Ya estaba yo medio mentalizada, quizás porque sabía que solo me quedaba un día de fastidio. El pediatra dijo DOS DÍAS y ni uno más.

Y allá que está la criatura comiendo y observo que empieza a rascarse la cabeza de manera desmesurada.

Sí, amiguis: LOS PUTOS PIOJOS ATACAN DE NUEVO.

Coge la liendrera para acordarte, una vez más, de que no sirve para nada y que lo que tienes que hacer es dedicarte a esa actividad tan fina y elegante de despiojar a tu descendencia cual de si un chimpancé se tratara. A la del Instastories supongo que lo de lo piojetes le mola mucho porque así puede tocarle más el pelo a su nene, que eso une que no veas. Y relaja, sobre todo, relaja.

Ahí sí que me vi en el abismo: el pijama, los pelacos, los ojos fuera de las órbitas, el despioje y, obviamente, el picor en mí misma, temiéndome lo peor que ya no sé si es lo peor porque ya he perdido el sentido de las cosas en general.

Y cuando me hallaba asesinando parásitos a diestro y siniestro me vuelvo a acordar de la colega aquella de La Paz Maternal y se me ocurre comentarlo en mis redes.

#MATERNALPEACE, que no sé de dónde sale ni qué pinta tiene.

Ay, que alivio tan grande me entró cuando me contasteis que vosotras tampoco habíais visto jamás a La Paz esa. Porque una ya se cree que es rara cuando no disfruta de las conjuntivitis, los piojos, las peleas entre hermanos y el tener a los chavales en casa liándola parda.

Si es que siempre estáis ahí consolándome.

Tras este cúmulo de despropósitos, y como el Universo siempre está ahí para echarte una mano, hoy mi conjuntivitis y yo hemos tenido que salir de viaje por curro y adivinad: he encontrado La Paz Maternal. Ahora sí que siento la ausencia de conflicto, de ajetreo y la armonía se ha apoderado de mi ser con toda su fuerza a pesar de que llevo trabajando más de diez horas.

Si es que no entendí bien a aquella pobre mujer. Ahora sí tengo clarísimo el significado de Paz Maternal.

Dícese de aquella Paz que disfrutan las madres cuando no hacen cenas, ni ponen lavadoras, ni planchan, ni riñen, ni quitan piojos, ni desarrollan actividades propias de la maternidad. Vamos, cuando no hacen de madre.

Misterio resuelto.

Thor Ragnarok (o la peli con más Empotradores de la historia)

El pasado domingo sufrí una de esas torturas que no le deseo ni a mi peor enemigo: la celebración del cumple de mi hijo con sus amiguitos del cole.

Yo le había indicado a mi criatura que, como mucho, me llevaba a 10 niños a Mcdonald´s y al cine. Pues mi retoño debe ser de letras como su madre porque allá que se presentaron QUINCE coleguis. Mira chaval, me cago en la madre que te trajo de Rusia, que soy yo.

Los arrastro a todos al cine. Ojo al caos para pedir las palomitas y los refrescos. Consigo hacerlo todo, soy una campeona. Hala, reventad a carbohidratos, azúcar y gases.

Logro sentarlos a todos, que estaban más histéricos que yo.  Menos mal que a la hora de elegir la peli no di opción: “Thor Ragnarok”. Bien de superhéroes guapérrimos y bien de hostias.

Mamá, ¿pero a las niñas les gustará Thor?

Pues claro, hijo mío, y a quién no.

No quiero yo hacer mucho spoiler, queridas, así que me voy a limitar a enumerar la cantidad de buenorros que salen en la peli. Porque soy buena gente y no quiero que sufráis. Empieza a hacer fresqui, tenéis que llevar a la prole al cine y pa qué zamparse el coñazo de  la peli de “Lego”  cuando podemos alegrarnos la vida disimuladamente a costa de nuestra descendencia.

Así de entrada sale Thor, que para eso es su peli, con esos brazos y esos dientes y ese todo. Un bestia. Un salvaje. Un vikingo superheróico. Al cabo de cinco minutos aparece en escena su hermano Loki. Ese Tom Hiddleston que es todo elegancia british y morbo. Encima ahora no es un personaje ni bueno ni malo, que es lo que nos mola, que nos mareen. Ni sí ni no. Ni blanco ni negro. Un gustazo, oye.

 

Cuando yo ya estaba extasiada perdida pensando que tampoco esto de los cumpleaños era tan mierder, ZASCA, sale de la nada el Dr. Strange: Benedict Cumberbatch con sus manos perfectas, su voz perfecta y esa capa roja bajo la que me fliparía perderme.

Llevamos tres razones para ver la peli, TRES. Y no estamos ni en el minuto treinta.

Thor, por razones que no vienen al caso, llega a un lugar y allí aparece ¡TACHÁN! Hulk, que os recuerdo que es Mark Ruffalo. Toma, toma y toma. Llevamos CUATRO. Encima para mí, que soy una friki del rollo superheróico, esa ambivalencia del gigante verde mezclado con científico sensible me deja totalmente anonadada. Ah, y sale en paños menores. Bua.

Al principio de la peli, Thor llama como los locos a Heimdall (Idris Elba para las amiguis) porque quiere que le devuelva a su planeta, pero el bigardo que no aparece ni a la de tres. Pensé yo que quizás habían prescindido de mi Empotrador favorito porque el nivelazo machuno ya era demasié y además mi Idris anda liadísimo perdiéndose por las montañas con Kate Winslet (la muy perra). Pero ay, ay, ay, que, de repente, contra todo pronóstico, aparece Heimdall con los pelos largos rollo rasta (que normalmente me echan patrás pero a él se lo perdono todo), y con un modelo de camiseta primitiva sin mangas que es para volverse muy loqui. Cómo lucha, cómo salva a las gentes, qué lentillas amarillas más maravillosas.

A punto de aplaudir estuve, pero me contuve la mar de bien.

Y bueno, que la mala es Kate Blanchett que es una de mis actrices favoritas, la música es estupenda y te partes de la risa, aunque eso en este caso es lo de menos. Lo de más, queridas, es que ya estáis comprando las entradas para ver a este ramillete de bestias en movimiento. Que conste que Marvel ni me paga ni nada.

Y ya podían hacerlo, pero en carne superheróica, coñe.

 

El arte de rascarse el toto.

ESTOY DESQUICIADA (juraría que no es el primer post que empiezo con esta frase).

El caso es que voy de culo, pero a qué nivel. No me da la vida. Estoy agotada, histérica e incluso enferma. Y os lo cuento en las redes, que molan mogollón sobre todo cuando, para variar, ves que el resto del planeta sufre de la misma mierda que tú. Vosotras me contestáis que también os arrastráis, que vais corriendo a todas partes, que os levantáis a las 6.30 para respirar un poco antes de despertar a las criaturas. Y eso que media horita de sueño en estas condiciones nuestras tan infrahumanas SON ORO.

La conversación con mis amigas viene siendo la misma desde hace tiempo: “lo que daría por dormir ocho horitas seguidas”, “Del estrés me ha dado lumbago. O bronquitis. O migraña de la muerte”, “Tengo tanto que hacer que no sé por donde empezar” y un largo etcétera de lamentos que nada tienen que ver con esas fotos ideales de Instagram de las #influencers, las #fitmum y las #VangaVaNoMeJodas. No entraré en el tema de las Madres Perfectas porque ya lo hice aquí.

El problema es que nos pasamos la vida ahogadas perdidas, respirando (como dice mi amiga María) de vez en cuando y con una pajita porque no hay manera de sacar la cabeza del agua. A mí me están volviendo majara el curro los curros y mis salvajes hijos. Para otras es el curro, los hijos, el marido o el ex (que bien merecen no un post, sino cuarenta y siete). En los casos más jodidos entramos en problemas de LOS DE VERDAD.

Y sí, la rueda de hámster nos invade, nos arrastra y nos jode los días, los meses, LOS AÑOS.

Estaba yo la semana pasada contándole todo este rollazo a mi terapeuta “Mira Concha, es que no me dejan en paz. Quiero que se vaya todo el mundo a tomar por culo”. Ella, acostumbrada a mis barbaries, me miró con esa calma desconocida para mí y soltó un alto y claro “¿Y tú, querida, TÚ TE DEJAS EN PAZ?”.

Toma hostión de realidad.

Y tuve que agachar la cabeza y entonar el MEA CULPA. Y tú, que me estás leyendo, chata, seguro que deberías hacer lo mismo.

Porque nadie me pone una pistola en la cabeza para que planche hasta la última arruga del polo del uniforme de los niños. Sí, ese mismo que durará planchado y limpio aproximadamente dos milisegundos desde que se lo pongan. Tampoco pasaría nada si no contestara los correos el mismito día en que los recibo. Con lo que odio cocinar, bien podría comprar el menú hecho, que ahora hay unas webs que te lo mandan todo sanísimo y baratísimo. Nadie va a morir si hay migas en la cocina o en la mesa del comedor y quizás no es TAN necesario el fregoteo del sábado por la mañana.

Con lo que a mí me gusta bajar a desayunar los findes en pijama a la cafetería que hay en mi calle, y llevo dos meses sin darme el gusto porque las manazas se me agarran al aspirador y no hay manera de soltarlas del puto cacharro.

Que alguien me explique por qué esa horita que tengo los lunes de 19.30 a 20.30 mientras los nenes hacen extraescolares la dedico a hacer recados en lugar de rascarme el toto leyendo el Cuore. Como si no pudiera ir al supermercado con las criaturas cuando ya me supiera todos los ARGS y los peores modelitos de la semana.

Porque nunca es suficiente, porque siempre hay algo que hacer y, si no lo haces tú, no lo hará nadie y entonces el mundo dejará de girar y la humanidad desaparecerá de la faz de la Tierra.

O eso te crees tú, LISTILLA.

Buscándole la explicación a esta catástrofe de dimensiones gigantescas deduzco que la respuesta es muy simple: NO SABEMOS RASCARNOS EL TOTO. 

Normal, por otra parte. Nos han enseñado que rascarse el toto es malo, es feo.  Pasarse el día tirada en el sofá es de mala gente. Tener los platos sucios es lo peor de la vida. Ay, si tu niño no es el más reluciente de la clase.

Perezosa, vaga, GUARRA.

Como todo, el arte de rascarse el toto ha de aprenderse y luego practicarse hasta llegar a la perfección. Precisa de técnicas depuradas de apagado de teléfono, sordera aguda ante el reclamo de familiares y jefes, pasotismo exacerbado y autoestima salvaje. 

No es fácil, NO, como nada en la vida, pero yo me he prometido a mí misma que voy a convertirme en una artista del rascamiento de toto. Me darán una medalla, un podium, un trofeo. Llegaré al nivel de las grandes profesionales, esas que no tienen ojeras y que lucen todo el día una sonrisa relajadísima de oreja a oreja.

Bueno, quizás no llegue a tanto pero, para empezar, prometo que hoy lunes, de 19.30 a 20.30 silenciaré el puñetero móvil, me iré a un bar, me beberé un té en silencio mientras leo el Vogue de hace tres meses y os visualizaré a vosotras, amiguis mías, rascándoos también el toto de manera espectacular.

Ya me contáis.  
Idris Elba

Idris Elba (o el Empotrador Supremo)

Idris Elba

Sí, amigas, se me ha ido totalmente la pinza con este hombre. Me siento cual quinceañera. Hasta sueño con él. Os contaré cómo ha sido el proceso hasta llegar hasta este enamoramiento sin precedentes. Bueno, sin precedentes desde Jason Momoa. Y Ryan Gosling. Y Benedict Cumberbatch.

Antes de agosto, para mí Idris era un actor buenorro más. MUY buenorro.

Pero me fui a Nueva York.

Las calles neoyorquinas estaban empapeladas con el cartel de su última película. Ahí estaba él, con su metro noventa, con toda su negrura, con ese título “La Torre Oscura”.

Yo no podía parar de pensar en lo oscura que debe tener Idris su torre. Mis amigas y yo lamíamos los pósters  por doquier. Sí, pasamos de los cuarenta, Y QUÉ.

Nueva York se acabó y de allí me fui a mi isla querida, donde escribí un nuevo post sobre Empotradores en el que le declaraba mi amor absoluto a Idris.

Dos días después de publicar ese romántico texto, mi amigo Pedro me invita a una fiestecita discotequera en el lugar donde trabaja.

– Vente el domingo, que será el mejor día del verano.

– Uf, yo ya no salgo, pero, ¿por qué va a ser el mejor día, querido mío?

– PORQUE PINCHA IDRIS ELBA.

– Pero si este bigardo es un actor de Hollywood. Qué coño hace pinchando por los antros ibicencos. Me estás tomando el pelo, churri.

Me metí en Google, que resuelve todas las dudas del planeta.

Era verdad. HOSTIAS, HOSTIAS, HOSTIAAAAAAAAS.

Y allá que me fui yo, que me acuesto normalmente a las diez, pero que por una buena causa como esta me da igual empalmar tres días seguidos.

Amiguis, amiguis, AMIGUIIIIIIIIIIIIIS. Vi, con estos dos ojos,  cómo esa bestia parda pinchaba a la par que movía ese pedazo de cuerpo, europeo de primera generación porque sus padres son africanos. Ese cuerpo fibrado no es de gimnasio, NO. Es un cuerpo selvático, salvaje, enorme, duro, brillante. De los de correr junto a los leones y las jirafas.

UNA PUTA MARAVILLA.

No os podéis imaginar (o sí) la de barbaridades que se me ocurrían al contemplar semejante paisaje. Sufría de lo lindo porque no me había acompañado ninguna de mis amiguis asalvajadas. Esas con las que podía haber comentado cada detalle de la anatomía de Idris. Hasta dolor de barriga me entró. Así que decidí soltarle todo lo que llevaba dentro a Juan, un joven que me habían presentado hacía escasos minutos, y con el que habíamos tenido la típica charla de “Hola, qué tal. Cuánta gente. Qué bien todo. La la la”.

– Madre de Dios, qué bueno está este hombre y qué pedazo de cosa ha de tener ahí abajo.

Yo pensaba que el pobre se iba a desmayar. De hecho se fue durante unos minutos, supongo que a refrescarse y, al volver me dice :

– Bueno, tú estás generalizando.

– No.

– Hombre, porque sea negro…

– El guepardo es el animal más veloz del mundo y un señor africano de metro noventa tiene un pene glorioso. No es generalizar, ES UN HECHO EMPÍRICO.

– Algún guepardo lento habrá.

– Uno lesionado. Yo no veo a Idris lesionado, la verdad, así que… (Dije señalando con la cabeza al Dios de ébano que seguía meneando el body al ritmo del musicón).

Ahí el joven no pudo rebatirme, claro. La ciencia es la ciencia.

– Bueno, pues ve a decirle algo.

– Ni de coña, no soy nada rollo fan. Yo le observo, babeo, y con eso me basta.

Cuando Idris terminó de  deleitarnos con sus músicas y procedía a pirarse con la novia agarrada a su cintura cual si fuera un flotador (nena, Idris tiene para todas, no te estreses), Juan le paró y le comentó que yo era muy fan.

Sonreí, super digna.

A ver cómo le contaba yo al Supreme Empotrator que “Fan” no es la palabra, que es que yo escribo cochinadas y le había elegido como el tío más Empotrador de la galaxia. Así que me relajé e intenté oír lo que me decía pegadito a mi oreja, pero el puto techno lo impidió. Solo escuché un claro “Nice to meet you” mientras me daba esa mano de dos metros cuadrados. Yo respondí un “Nice to meet you too” absolutamente impropio de mí. De lo más correcto. Un asco.

Entonces Idris salió por la puerta y nunca sabremos si lo que me susurró fue algo como “Dejo a esta en el hotel y vengo a ponerte fina filipina”. Desde entonces vivo con la duda, el desasosiego y la ansiedad.

Voy a sobrellevar la distancia a base de ver compulsivamente “Luther”, serie en la que es el poli más listo de todo Londres y mañana mismo me zampo la peli que ha rodado con Kate Winslet. Sí, esa en la que se estrellan en avión y acaban solos en una montaña nevada. Con lo que a mí me gustan los Pirineos, PORDIOS, Idris.

Y esperaré pacientemente a que el próximo verano nos visite de nuevo. Para entonces me habré insertado un sonotone para no perder detalle de sus palabras y tendré ensayadísimo mi discurso en british sobre los Empotradores, sus características y el efecto que causan en mí y en mis amiguis lectoras.

See you soon, Idris.