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Nico Tortorella: el Empotrador Poliamoroso.

Lo reconozco, cuando este verano, en Nueva York, mi amiga Clara me habló del poliamor, me lo tomé a cachondeo. Clarita, no me jodas, esto es un fornicar todos con todos, solo que me han puesto un nombre muy moderno y ahora es supercool. Que me parece de lo más respetable, pero vamos…

Ahí quedó la cosa.

Y hace un par de semanas empiezo a ver la serie “Younger” y me quedo totalmente loqui con el tatuador veinteañero que no puede estar más tremendo. Nico Tortorella, se llama el Adonis. Como siempre que me enamoro, comencé una búsqueda en Google para saber todo lo humanamente posible sobre mi nuevo novio y, AY LA HOSTIA, que es poliamoroso. El chaval lleva once años de relación con una chica lesbiana, él es bisexual, tienen una familia de lo más amplia con muchos seres de todos los géneros del planeta y están encantados de la vida.

Al principio no entendía nada, pero si la novia es lesbiana y él un tío, ¿esto cómo funciona? Luego leo una entrevista en la que ella afirma que Nico es el único hombre del que podría enamorarse. NOS HAN JODIDO. Tonta no eres, NO.

A mí, ahora mismo, me pasa EXACTAMENTE igual. Solo podría enamorarme del Tortorella, de su dentadura, su body y sus trescientos tatuajes.

A lo que íbamos, que si Nico se ha entregado al poliamor como si no hubiera un mañana, habrá que saber más sobre el tema, vaya a ser que me lo encuentre, me proponga ser su polinovia y yo no sepa que decir por ser una ignorante total.

Me pongo a ello.

En la RAE no existe el término. Mal vamos. Con lo fan que soy yo de la Real Academia, estoy por borrarla para siempre de mi lista de Favoritos de Internet. Señores académicos, por Dios, háganse eco de las nuevas tendencias, porque si han aceptado “Almóndiga”, tendrán que hacer lo mismo con el Poliamor, mal que les pese.

Menos mal que tenemos WIKIPEDIA.

Poliamor es un neologismo que significa tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados. El individuo que se considera a sí mismo emocionalmente capaz de tales relaciones se define a sí mismo como poliamoroso, a veces abreviado como «poli».

Y, amiguis, con lo de “pleno consentimiento y conocimiento” me han ganado. Porque, aunque aquí la menda sea incapaz de mantener ni una sola una relación amorososexualduradera, sí creo que lo de ser sincero y honesto, con uno mismo y con tu/s pareja/s es la única posibilidad normal (que no común) de relacionarse.

He seguido leyendo sobre el tema, porque soy así de obsesiva, y cada vez me atrae más la idea poliamorosa, la verdad. Básicamente, eres libre de tener parejas, amantes, rollos y demás siempre que cumplas las normas que establecéis entre todos los integrantes de la relación. Una de las bases es ver el amor, no como algo que se divide y, por tanto, si tienes dos novios les quieres menos que a uno y así sucesivamente (cosa que no pasa con los amigos, ni con los hijos, ni con nadie más), sino que se multiplica. Se respeta cualquier tendencia sexual, nadie obliga a nada, todos lo acuerdan todo. ¿Complicado?, por supuesto. ¿Imposible? Parece que no.

Llevamos siglos anclados en parejas que no funcionan, en infidelidades, en mentiras, en apariencias, metidos en cajones que otros inventaron para nosotros, incapaces de comprender opciones que no sean la nuestra y, por tanto, rechazándolas como válidas PORQUE ESO ES IMPOSIBLE QUE FUNCIONE. Pues mira, el poliamor no sabemos si funciona, pero lo que hemos conocido hasta hora, en muchísimos casos, ES UN PUTO DESASTRE, así que quizás sea hora de ensanchar nuestras miras, en esto y en cualquier camino que quizás nos lleve a ser más felices.

Y así es, amigas, cómo gracias al buenorro de Nico (y a mi amiga Clarita) he descubierto el Poliamor y oye, que yo no me veo yo metida en tal sarao familiar porque a mí me cuesta un huevo organizarme solamente con mis dos churumbeles, no me quiero imaginar con un ramillete de novios, novias y demás seres. Pero el asunto me ha dado que pensar, y eso ya es mucho.

Espero que os pase lo mismo.

(Y que disfrutéis del cuerpazo del Tortorella, PORDIOS)

 

Los grupos de WhatsApp de madres son ilegales (o casi)

No es nada nuevo lo de mi aversión a los grupos de WhatsApp en general, y a los chats de madres del cole en particular. No entiendo la utilidad y sí la tocada de pelotas sideral que son. Insisto en el estudio profundo de las “Listas de difusión”. No me extenderé porque ya lo conté todo aquí.

El caso es que ayer una amiga me cuenta que es ilegal que te metan en un grupo sin tu permiso. ALELUYA, GLORIA AL CIELO. Y es que tiene toda su lógica. Me incluyen en un chat con gente que no conozco y, de repente, esos individuos tienen mi número y mi nombre, claro. Yo lo veía muy bestia, ¿con qué derecho alguien me incluye en el grupito de fútbol, en el de 5º de Primaria? Yo lo dejé claro cuando me preguntaron (que fue todo un detalle porque en los coles anteriores te incluían y punto). SI NADIE VA A MORIR POR ELLO, A MÍ DEJADME DE CHATS, QUE BASTANTE TENGO CON LO QUE TENGO.

No he podido evitar los que crean para los cumples, qué le vamos a hacer. Con lo que yo soy, me da cosilla mandar este enlace, y mira que ahorraría pesadillas. Me voy a armar de valor y, en el próximo, lo adjunto, así como el que no quiere la cosa, con muchos iconos de corazones rosas y sonrisas y besos amorosos.

Pero ya está, ahora es ilegal, qué bien. Y me pongo a investigar sobre el tema y resulta que es solo en el caso de organismos públicos. O sea, si es el Ayuntamiento, no vale, pero si es el entrenador de fútbol, pues sí.

VAYA UNA MIERDA.

Y es que no solamente, con toda la libertad del mundo, te incluyen en una conversación de la que nunca pediste ser parte, es que encima se ofenden y, con la misma naturalidad con la que ellos te han incluído, tú haces mutis por el foro y te ponen a caer de un burro. ¿Alguien me puede contar qué explicación debería dar? ¿Alguien me ha explicado qué pinto entre esas gentes que no conozco? ¿Alguien me aclara qué tipo de maravillas van a aportar los chats a mi vida? Y no, no me vale lo de que así comentamos los deberes de los niños. Por ahí no paso. Si mi hijo se olvida los deberes que se quede en el recreo a hacerlos, o lo que vea el profe, que para eso está. Yo de aquí me piro, PERO YA.

Resumiendo mucho, yo lo que pido aquí, señores de las leyes y las sentencias y los datos, es que declaren ilegales e, incluso inconstitucionales, los grupos de WhatsApps forzosos. Que conste que a mí los de mis amigas no solo no me molestan, sino que me encantan. Qué haría yo sin esas fotos de tíos buenos, sin esos vídeos con barbaridades mil, sin esos selfies matutinos con los jetos totalmente desfigurados.

Pero eso es una cosa y otra muy diferente que te pregunten si los deberes de mates eran los de la página 17 o los de la 19.

Ah, por favor, señores Presidentes de las legislaciones, también prohiban la desubicación. O sea, si el grupo se ha creado para organizar saraos divertidos, karaokes, difusión de chistes y demás, que encarcelen al que hable de política, del tema catalán o de Trump.

A la trena pero directo.

Y hasta aquí mis peticiones al legislativo.

DE MOMENTO.

El Mareador sin piedad vuelve por Navidad

No he sabido encontrar el post en el que hablaba de este fenómeno, pero os juro que yo lo había dicho: la Navidad y los cumples son las ocasiones favoritas de los Mareadores para resaparecer. Y no hacéis más que darme la razón: os están mandando WhatsApps a mansalva, a lo salvaje, como si no hubiera un mañana. Están totalmente descontrolados.

Algunas me comentáis que, después de ocho años, el susodicho os ha enviado un mensaje. Otras que solo han sido unos meses de ausencia, tras veintisiete resapariciones. Lo gracioso del asunto es que cuando, hartas de otra retahíla de WhatsApps, les decís que os toméis un café, en lugar de tanto mensajito, ZASCA: vuelven las evasivas: que si tengo cena navideña, que me duele la cabeza, QUE MI ABUELA FUMA.

Y es que, pensadlo bien, llevan meses sin excusas para tocarte el moño (porque tocarte lo otro, por desgracia, no es su objetivo) y, de repente, aparece diciembre con su Nochebuena, su Navidad, su Fin de Año. Un abanico enorme de posibilidades para volver al ataque. Me los imagino frente al calendario, frotándose las manos, siendo MUY felices.

Y ahí estamos nosotras, flipando cuando, tras oír el Pi Piiiiiiiiiiii en el móvil, leemos su nombre y debajo un precioso mensaje, en el mejor de los casos con fotos de renos, abetos navideños y, si el tío tiene mucha jeta, una imagen de su pene con gorrito de Papá Noel. #RealStory.

Y es que aún tenemos capacidad para sorprendernos, lo cual no deja de ser bonito. Pero hijas mías, una cosa es sorprenderse y otra muy diferente CONTESTAR. Sí, sí: contestas. Porque, poseída por el espíritu de la Navidad, piensas que sus intenciones son buenas; porque no te puedes creer que aproveche tan sagradas fechas para marearte OTRA VEZ; porque tienes mala memoria y se te han olvidado las otras DOSCIENTAS CINCUENTA veces en las que hizo lo mismo.

Ay, amiguis de mis entresijos, ¿es que no os he enseñado yo nada? Vamos a recapitular un poquito, que siempre va bien:

1.EL MAREADOR NO ES RECUPERABLE.

NUNCA.

JAMÁS.

IMPOSIBLE.

El marear es al Mareador lo que respirar para el resto de los humanos. Lo necesita para seguir viviendo. Y, oye, que es muy respetable. O no.

2.Dios nos hizo libres. Libres para marear y libres para mandar a tomar por culo.

Una y otra vez si es necesario.

3. El no contestar no te convierte en mala persona, sino en una de lo más pragmática y Fabulosa. Si te sirve de consuelo, te contaré que el mismo mensaje que te ha enviado, lo han recibido otras treinta y tres tías a lo largo y ancho de la geografía mundial. Créeme, no exagero. Yo sé de esto.

Seré sincera: yo no he recibido ninguno de estos mensajitos. Probablemente porque he bloqueado a TODOS mis Mareadores. Y es que, queridas mías, ese precioso botón es lo mejor que se ha inventado desde el Támpax y la fregona. Es mucho más cómodo que hacer un “copiar/pegar” diez veces de un enorme VETE A LA MIERDA. Y además estamos en Navidad y estas cosas dan mal rollo, quieras que no. Es mucho mejor que sus palabras de Mareador se queden en el limbo de las ondas electromagnéticas.

Porque el quinto mandamiento del panfleto AntiMareadores es, quizás, el más importante: BLOQUEA. Pero lo loco. En todas las redes sociales. En todos los teléfonos. En toda la galaxia. En todo el Universo. Porque si el Mareador no para, habrá que pararlo.

DIGO YO.

     

10 errores que comete un infiel descuidado (y atontao)

Mi amiga Sandra se ha liado con un tío casado. Sí, queridas, mis íntimas no me hacen ni puñetero caso y se lanzan de cabeza sobre la boca del lobo. El caso es que me contaba una serie de detalles que a mí me dejaban patidifusa, básicamente porque parece que el chaval está deseando que su mujer lo pille. Cual es mi sorpresa cuando lo comento con las coleguis (las virtuales y las reales) y me proporcionan un listado de cagadas que comenten los infieles, día sí, día también.

1.Grabar en el teléfono a la amante con su nombre real: alma de cántaro, ponle nombre de tío o “Mamá”. No, no se vale grabar solo una letra, canta “La Traviata”. Tampoco nada como “Preciosa”, “Mi Amor” o “Chochito dulce”.

2.Íntimamente relacionada con la anterior tenemos el hecho de que tu amante, en sus mensajes, te llame cosas como “Cariño” “Corazoncito”, “Amor” o “Mi vida”. 

3.Rizando el rizo. Si grabas a tu amante con su nombre real y te escribe apelativos cariñosos, COÑO CHAVAL, no le dejes el móvil a tu hijo, porque probablemente acabará gritando “¡Papááááááááááááá!, que Lola dice “Pichoncito, ¿a qué hora eres mío hoy?”. Ya te veo diciéndole a tu mujer que “Esto no es lo que parece”. Si es que…

4.Guardar en el móvil fotos subidas de tono y mensajes guarros. En serio. ¿POR QUÉ?

5.Volvemos a rizar el rizo, pero esta vez ya en plan tirabuzón doble: que la foto picante en cuestión se suba a la nube y tu pareja lo reciba a tiempo real mientras está mirando el iPad. TOMA YA, CASTAÑA PILONGA. 6.Mandar, además de WhatsApps, correos electrónicos y dejarlos bien abiertos, ahí en la pantalla de 14 pulgadas del ordenador, a todo lo que da. Ole tus huevos.

7.Usar la tarjeta de crédito para pagar la habitación del hotel, las putas, el restaurante de una ciudad donde, supuestamente, no estabas ese día. Ni nunca.

8.Equivocarte de persona: ya sea llamándola con otro nombre (curiosamente ese que grita tu hijo cada 2×3 cuando mira tu teléfono), hablándole a una de los sitios en los que has estado con la otra, recordando aquella peli que tu mujer jamás vio…

9.Llamar a tu amante desde el fijo de casa y que luego llegue el facturón con esas preciosas llamadas detalladas TODAS AL MISMO NÚMERO. Sí, este error es muy vintage, pero existe. Creedme.

10.No sellar tu coartada. Joder, si le dices a tu pareja que has estado con tu amigo Paco, coméntaselo a Paco, para que no publique en sus InstaStories su paseo en barco a la hora a la que debería estar contigo en la oficina, SO ILUMINADO. #RealStory

Y podríamos seguir hasta la eternidad, porque la casuística es TREMEBUNDA, pero mejor me quedo aquí, que ya estoy dando muchas ideas.

Celébrate, mujer.

 

Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, amiguis. Es tiempo de cenas, de comilonas, de venga alcohol y glucemia a tope. Y, entre tanto sarao familiar, a veces se nos olvida celebrar lo más importante: A NOSOTRAS MISMAS.

No hablo de pegarnos la marcha del siglo, ni de emborracharnos hasta el más allá, aunque tampoco está de más arrearle una patada radical a la rutina de vez en cuando; comprobar que la bestia que llevas dentro no está muerta, sino adormilada. Dejarte la voz en el karaoke y los pies en unos reguetones de esos bien machistas y bien guarros es más que aconsejable pasados los treinta y cinco. Ni te cuento los cuarenta y cinco.

Pero no me refería a eso, queridas mías. Porque eso es fácil: solo hay que organizarlo y estar dispuesta a querer morir al día siguiente. Lo complicado es mirar padentro con calma, olvidarnos de los juicios ajenos, de TODAS las responsabilidades, de quedar bien, y decidir cómo queremos celebrarnos.

Quizás consista en una salvajada tal como apagar el teléfono o no cogerlo por el simple hecho de no tener ganas de hablar, durante un par de horas. O, a lo mejor, el día de tu cumpleaños, quieres tomarte el día libre, pasear por tu ciudad y hacerte un masaje en lugar de organizar un cenorrio y acabar más agotada que cualquier otro día.

Puede que la celebración sea mirar el mar, ver películas italianas o tumbarte en el sofá a escuchar a tu cantante favorito. O bailar como una loca aquellos éxitos de los 80 tan absolutamente horteras y maravillosos.

No estaría mal hacer una lista de todas las personas con las que quedas por inercia, con lo bien que te iría ese rato para llamar a aquella amiga que vive lejos, con la que hace tanto que no hablas porque trabajas hasta las siete, luego estás con tus hijos y el fin de semana se convierte en una vorágine demasiado salvaje como para tomarte una horita y poneros al día.

Cuántas me comentáis que os gusta escribir, que antes lo hacíais más, pero que ahora no sabéis en qué momento. Pues buscadlo, chatas, porque solo así lo encontraréis. Y, creedme, una vez le pilléis el gustillo no lo dejaréis, igual que no dejáis de respirar o comer. Escribir es una necesidad básica para algunas, la única manera de ordenar este coco nuestro, de desahogarnos, de consolarnos.

Busca cosas que hacer por primera vez. No hay nada mejor que estrenarse continuamente. Mírate, escúchate y háblate. Y hazte caso, por el amor de Dios.

Celébrate reconociendo a los que alegran tus días. Porque te hacen reír, porque te enseñan que hay otra manera de vivir, porque se atreven a decirte las verdades. Arrímate compulsivamente a los que le dan chispa a tu existencia. Los que bien te quieren NO TE HARÁN LLORAR.

Huye de los que la apagan. Ahora mismo. Sin mirar atrás.

Recuerda que este minuto, este día, esta Navidad, esta vida, no se van a repetir. Así que más te vale exprimir tus ganas, levantarte y relamer cada puñetero momento. Nadie lo va a hacer por ti.

Feliz Navidad, Feliz Vida.

             

Cosillas que te pasan en el médico si tienes tetas.

Ay, amiguis, que cuando una piensa que lo ha vivido todo, va al médico y sale flipando en colores. Aquí la menda fue ayer por primera vez al cardiólogo. Nada grave: unas taquicardias ligeras. Claro, que no me extraña porque estoy TOTALMENTE desquiciada. El caso es que llego allí y me planto ante un médico bastante buenorro, de unos treinta y cinco. Mira tú qué bien, ya que pierdo la mañana, al menos me alegro la vista.

Yo pensaba que me tomaría la tensión, me haría las preguntas de rigor cuyas respuestas son siempre: NO, NO Y NO (Ni fumo, ni bebo, ni nada de nada. Una existencia de lo más lastimosa). Tras el interrogatorio me daría el papelito para las pruebas de esfuerzo y listos.

Pues no fue así la cosa.

Tras mis tristísimas respuestas, me indica que me siente en la camilla “Desvistiéndome de la parte de arriba”.

Ah.

Que si la tensión, que si el estetoscopio. Bueno, vale.

“Ahora te quitas el sujetador y te tumbas sobre tu costado izquierdo con el brazo bajo la cabeza”.

Hostias que yo soy de letras y me hago un lío.

Repito en alto  “Costado izquierdo…. Brazo izquierdo…”, ejecutando tan complicada orden. Lo consigo.

El doctor, preparando el ecógrafo me indica entonces “Ahora con la mano derecha, levántate el pecho derecho”.

Yo que me quedo parada durante unos segundos tal cual si me hablaran en japonés. La mano, la teta, que me la levante, PERO QUÉ DICE ESTE HOMBRE.

Y repito… “Mano derecha…. Pecho derecho…”.

¿Pero cómo que me la levante? ¿Hacia arriba? ¿Hacia un lado?

Cuando creo que lo estoy haciendo super bien, le pregunto “¿Así?”, con la zarpa recogiendo toda la masa. Y el tío guapo que asiente mirando la pantalla, así, sin prestar atención. Visualizad el cuadro: yo era una especie de maja semivestida con unos vaqueros negros, los tetoncios uno para un lado, otro para el otro, sin estar segura de que tenía la mano adecuada en la teta correcta. Un puto desastre.

Y entonces viene el chorro de gel para la ecografía.

Dios mío, esto no puede ser más surrealista.

O sí, porque tras pasarme el ecógrafo por el esternón mientras yo intentaba que mi ubre derecha no se desparramara sobre el aparato y la mano que lo sujetaba, llega la siguiente indicación.

“Ahora con la mano derecha te levantas el pecho izquierdo”.

Y yo: “mano derecha… pecho izquierdo…”

Pero claro, aquello era más complicado, porque la mano está más lejos, porque para levantar esta teta había que retorcerla más. Y venga más gel. Y yo otra vez “¿Así?”, supercómoda toda yo,  y él otra vez que asiente, sin mirarme.

Y acabamos la eco, GRACIAS A DIOS.

“Siéntate y ahí tienes papel para limpiarte”.

Para limpiarme los tres litros de gel viscoso de pecho, tetas, costillas. DE TODO MI SER.

Por más papel que cogía, aquello no desaparecía. ESTO ES UN INFIERNO.

Por fin consigo quitármelo, me visto y, al salir a la calle, llamo a un amigo para contarle mi aventura. Coño, al menos me echo unas risas, es lo mínimo.

Y mientras le relataba mi sujeción masiva de tetas, recuerdo que estos pechos míos ya tuvieron otro episodio igual de tremendo. Sí, queridas, no sé si os ha pasado, pero a mí me hicieron una resonancia de tetas. ¿Que cómo es eso? Pues muy fácil. Está el cacharro ese enorme de hacer resonancias, que yo ya conocía bien por mis muñecas problemáticas. Lo que yo no sabía es que una cosa es que te resuenen las muñecas o los tobillos, y otra muy diferente son LOS PECHOTES. Allá que entro yo en la habitación y veo un plástico con dos agujeros, una especie de huevera gigantesca.

Yo que miro al señor resonador (que, curiosamente, también estaba bueno) y él que asiente mirando la huevera “Túmbate ahí, por favor”. No sé si os podéis imaginar el espectáculo: la batita de hospital que hay que abrirse y, haciendo una flexión digna de atleta olímpico, insertar las tetas justo en el orificio dispuesto para ellas. Por supuesto, no encajan a la primera y hay que acabar modo manual, empujando trozo de teta por aquí y por allá. 

Para morirse, amiguis.

Levantarse de allí no fue cosa fácil: otra flexión estupenda, desencaja teta, abróchate la bata verde. Ciao, dignidad. En fin, chicas, que yo ya no sé si esto me pasa solo a mí, porque nadie me cuenta nada parecido, o es que al resto le da vergüenza y cierra el pico. Iluminadme.