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Etiqueta: mujer

Seis reflexiones cotidianas

las claves de sol

Bolsos asequibles (o algo asi).

No hay cosa que me guste más que cotillear las revistas de moda, por mucho que luego pase de las tendencias de una manera muy salvaje. Y la semana pasada saqué media hora para ojear una, entre extraescolar y extraescolar.

Aleluya.

El caso es que, en uno de los reportajes, vi fotos de unos bolsos monísimos. Las diseñadoras contaban cómo decidieron crear su propia marca ante la imposibilidad de encontrar unos que les gustaran, fueran asequibles, y donde cupiera todo lo necesario para ir a la oficina, incluído el portátil. Mira tú qué bien, lo que yo busco: precio normal y que quepa bien de todo. Voy a la web.

HOSTIAS.

Ochocientos euros de bolso. A tope de asequible. Hija mía, di que la piel es lo mejor de lo mejor,  que tres sacerdotisas griegas tardan un mes en fabricarlo, que te va a durar el bolsito toda la vida, pero no me digas que es asequible. Porque asequible NO ES. Y aquí podríamos elucubrar hasta la saciedad sobre cuál es el mundo real, si el suyo o el nuestro. En fin.

La Melania.

En la página siguiente aparecía Melania Trump, que es una mujer que me produce mucha curiosidad por varias razones: la primera, cual debe ser el tamaño de su estómago para meterse en la piltra con el Zanahorio. Y no solo eso, es que han tenido un hijo. Una vez, como mínimo, se lo ha tenido que cepillar. Muy fuerte todo. Lo segundo que me deja loca es la altitud de sus tacones. Sí, sí, altitud, que lo de altura se queda corto. ¿Cómo puede caminar? El caso es que relacionando lo del tacón imposible y el sexo con el Zanahorio, se me ocurre que, una vez te has zampado a Trump, lo mismo te da reventarte el pie con quince centímetros de aguja, que hacer paracaidismo extremo, o rafting suicida. Superada una barrera, superadas todas.

Los libros.

Cambiando MUCHO de tercio, os cuento que he empezado a leer “Doce cuentos peregrinos” de Gabriel García Marquez. Ya el prólogo es inconmensurable. Leedlo. Mientras lo empezáis, os transcribo un pedacito de su magia:

“Lo demás es el placer de escribir, el más íntimo y solitario que pueda imaginarse, y si uno no se queda corrigiendo el libro por el resto de la vida es porque el mismo rigor de fierro que hace falta para empezarlo se impone para terminarlo”. 

Bueno, y otro más:

“Siempre he creído que toda versión de un cuento es mejor que la anterior ¿Cómo saber entonces cuál deber la última? Es un secreto del oficio que no obedece a las leyes de la inteligencia sino a la magia de los instintos, como sabe la cocinera cuando está la sopa”.

Cada vez me gustan más los prólogos. Y leer. Y descubrir librerías como “Amapolas en octubre” y empresas como Bookish, que consiguen que seas feliz pagando tu propio regalo mensual. Lo contenta que me pongo cuando me llegan sus libros, en esas cajas divinas y con su bolsita de té no tiene precio. Bueno sí, pero razonable.

El jeto.

Y de lo divino a lo humano: he decidido cambiar el rojo de labios por el fucsia. Me siento intrépida. Entre renovarse o morir, pues mejor renovarse.

Hablando de renovación, estoy un poco hartita de las gafas. Sí, son ideales y sí, se me ensucian los cristales que no es ni medio normal. En eso soy como una niña de primaria. Horrible e incómodo. Así que me he he puesto a investigar sobre unas  lentillas de hidrogel de silicona, que suenan como a muy moderno y tecnológico. Y esperad, que como me dé por una metamorfosis total, pruebo las  lentillas de colores naturales, porque Murphy hizo que heredara la napia de mi santo padre, pero no sus ojazos azules. Nunca es tarde.

La serie.

Los de Amazon Prime Video me tienen loca. Primero fue This is us, luego Good girls revolt y ahora The Romanoffs. Matthew Weiner, guionista de Los Soprano y creador de Mad Men ha vuelto a hacerlo. Señoras, qué gustazo de guión y de todo. Rodada en ocho países y en siete idiomas, nos cuenta las historias de varios descendientes de los Romanov (sí, los zares rusos). En el primer capítulo sale Aaron Eckhart, que me gusta a mí un montón.

El cumpleaños.

Dicen los astrólogos que debes cumplir años en un lugar donde confluyan energías positivas a lo loco. Se acercan mis cuarenta y seis peligrosamente y se supone que, para conocer el emplazamiento perfecto, debería pedirle a un especialista en el tema una “Revolución solar”, que me encanta como suena porque parece hecho para mí. Pero como yo las instrucciones astrales las sigo un poco a mi manera, voy a dejarme guiar por mi instinto: Ciudad de México y no se hable más. Porque mis cuarenta y cinco los empecé allí y han sido inmejorables. Porque quiero visitar a mis amigos mexicanos, porque siento en las tripas una conexión maravillosa con las rancheras, con los tacos al pastor y con ese acento precioso que escucharía durante horas. Porque, desde que vi “La casa de las flores”, solo quiero ser Paulina de la Mora.

   

Cómo autoquererse: guía práctica

Vaya por delante que aquí la menda no es psicóloga ni coach, pero ante vuestras peticiones, voy a contar lo que he aprendido a mis cuarenta y cinco castañas sobre el autoamor. Lo primero: esto no es pan comido, como casi nada en la vida. Requiere de voluntad, de esfuerzo y de constancia. Es lo que hay, amiguis. Lo segundo: esto depende de ti y de nadie más.

Sabes que te quieres poco porque te sientes inferior al resto. A todo el resto. Ellos son mejores que tú, por eso vives en la desmotivación absoluta. Qué pereza todo. Total para qué. A mí que no me llamen.

No acabas lo que empiezas. Le tienes un miedo impresionante al fracaso. Eres fea y tonta. Fea y tonta de cojones. No dices lo que opinas por miedo a lo que los demás piensen de ti. Crees que no has hecho nada útil en tu puta vida. Ni lo harás. No tomas una decisión así te maten. Resumiendo: tienes una autoestima de mierda. Y ESO NO PUEDE SER.

No es por meterte prisa, pero mientras esperas a que llegue ese verano ideal lleno de palmeras en el que tus problemas se disolverán por arte de magia, la vida pasa. Y, sorpresa, cada día es un día perdido. Si piensas que un día llegarás a un lugar llamado Felicidad, lo llevas clarinete, porque eso es no existe, chata. La cosa está en el camino, ya lo dijo el poeta y luego Serrat.

Aclaremos que pocas tienen la cara de Charlize Theron y el cuerpo de la Bündchen, pero es que resulta que lo de quererse no tiene nada que ver ni con el jeto, ni con el culo, ni con la pasta. Gracias a Dios, por otra parte. Esto va de aceptar lo que no puedes cambiar y mejorar en la medida de lo posible. Los muy espirituales dirían aquí que lo que importa es el interior. Vamos a ver, que sí, pero que unos buenos morros rojos y la eliminación de las puñeteras raíces igual ayudan a que te veas más guapa, te sientas mejor y te quieras más. Así que, venga, a la perfumería. Lo más rojo que haya.

Las comparaciones con el resto de la humanidad sirven de poco, mejor tomas como referencia tu Yo de hoy e intentas que la de mañana sea mejor. ¿Y qué es una Yo mejor? Pues esa que toma una decisión, que se atreve a hablar, a exponer su opinión. Cada día una cosa, siete en una semana, treinta en un mes. Créeme que, cuando una comprueba que abre el pico e, increiblemente, el mundo no se para y nadie muere, la cosa anima. No busques la aprobación de los demás. Tú valía no depende de ellos. Lo bueno no es conseguirlo, sino intentarlo. La gente es libre de opinar, pero eso no significa que deba afectarte. Sus juicios tienen que ver con ellos, con sus mochilas, con sus traumas, no contigo.

Que te importe lo que piensan los que te importan. 

Aquí no hemos venido a ser perfectos (signifique lo que signifique eso), sino felices. Ten claro que tienes derecho, que eres capaz, que hay una habilidad que es solo tuya. Compra experiencias que nadie te pueda robar, porque los bolsos pasan de moda, pero los recuerdos no. Disfruta de lo tuyo (de tus canciones, de tus películas, de tus amigos, de tus jabones que huelen bien) sin pensar en lo que tienen los demás. Autoquererte tiene que ver con cómo te sientes contigo, la palabra ELLOS no entra en su definición. En alguna parte del mundo hay alguien con la autoestima inflada dispuesto a hacerte añicos para sentirse aún más superior: no le dejes. A la mierda. A LA MIERDA DIRECTO.

Tú no eres tus miedos: ciérrales la puerta y quédate fuera, que hay mucho mundo esperando a ser conquistado. Pregúntate los PORQUÉS de eso que te paraliza. Busca el nudo y lo encontrarás. Ten claro que la palabra Fracaso la inventó alguien con pocos cojones y muchas excusas. La culpa es inútil. Perdónate todo el rato. Camina mucho, piensa, come algo rico y  que te siente bien.

Tu vida es solo tuya. Celébrala.

Siete razones por las que adoro a Alicia Florrick

No tengo perdón de Dios. He usado su foto como imagen de portada, he escrito sobre “The Good Wife”  Pero, hasta hoy, no le había dedicado las líneas que se merece. Alicia Florrick es colosal, sublime y fabulosa.

Es valiente. Lo que más me gusta de Alisha es que los tiene MUY bien puestos. Y es que la vida, la de verdad, esa que no es pasar por encima casi sin rozar, va de echarle ovarios, de tomar decisiones y de llevarlas a cabo le pese a quien le pese. Y ahí está ella para recordárnoslo.

Es, a veces, un personaje incoherente (inteligente, fuerte y aguantando a un marido morrudo a más no poder) pero la crees, la entiendes y te identificas con ella. Porque todas la hemos cagado, hemos perdonado a quién no debíamos, hemos creído embustes y nos hemos tragado eso de “Voy a cambiar, palabrita del Niño Jesús”. Resumiendo, todas hemos sido tan gilipollas como Alicia en algún momento. Quizás no era el Gobernador ni el fiscal el que nos tomaba el pelo. Es más, nuestro Mareador, probablemente, no era ni la mitad de atractivo que Peter Florrick y, oye, ahí hemos estado haciendo el idiota a base de bien.

Bebe lo más grande, pero con una elegancia…. Yo, que soy abstemia, adoro esos copazos de vino que se endiña la Florrick. Cada vez que me zampo mi Cola Cao nocturno me siento sumamente ordinaria comparada con ella. Y la tía pasa del vino al tequila a medida que se va asalvajando. Como la vida misma. Eso sí, no prueba un solo bocado en las siete temporadas…

Me encanta su casa, su cocina, su habitación. Le pega todo. Está ordenada, es acogedora, un gustazo de hogar.

Las miradas de la Florrick sentencian, te dejan clavado en el sitio. Y esas frases lapidarias que me tatuaría… Lleva el menos es más a la dialéctica de una manera magistral. Es que Alicia no solamente es inteligente, también es lista (que no siempre es lo mismo) e intuitiva, y eso se nota en sus casos, en sus palabras y en sus acciones. Es toda ella sentido común. Cómo me gusta cuando pone en su sitio a la repelente de su suegra, PORDIOS.

La evolución física, emocional y vital de Alicia es paulatina, potente, discreta y, una vez más, creíble a tope. Cuando vas por la quinta temporada y ves una foto del primer capítulo, no te puedes creer que por un lado no te hayas dado cuenta del cambio y, segundo, que aquella mujer sea esta Alicia. Porque a todas nos pasa, cuando una se viene arriba se pone más guapa, se maquilla mejor, tiene el pelo más brillante y le entran más ganas de fornicar. La valentía es por dentro y es por fuera, como casi todo.

Nunca es tarde para empezar, o para volver. Para vivir, en cualquier caso. Da igual si tienes cuarenta, cincuenta o sesenta tacos. Después de tropecientos años siendo la madre dedicada, la esposa perfecta, el florero de la casa, la tía se lanza al mercado laboral y encima se los come a todos con patatas. La amo, ¿os lo había dicho?

Se hunde, se levanta, se vuelve a hundir, pero siempre digna, siempre en su sitio. Los valores: claros, los principios: inamovibles.

Es una mujer a la que la traición, la infidelidad, no la hace más pequeña, sino más inmensa. Lo de coger el toro por los cuernos no puede ser más literal en este caso. Y así debería ser siempre, porque ser cornuda o no serlo tiene que ver con la calidad de la persona con la que estás, no con la tuya.

Y podría seguir hasta la eternidad porque esta mujer me entretiene, me inspira y me da ganas de ser mejor persona.

Así son los personajes de ficción. O al menos este.

 

Cómo intentar ser perfecta y morir en el intento.

Hoy es sábado y me he despertado a las 6.40. QUÉ PUTADA.

Bueno, mujer, pues ya que estás insomne, haz algo de provecho, que luego te falta tiempo para todo.

Eso me repito cada día últimamente, pero acabo mirando Instagram, mirando al techo, mirándome los pelos de las piernas…

También cada día me propongo ser una tía superzen: nada de gritar a los niños, ni de exasperarme, ni de ir corriendo a todas partes. Me despierto, respiro y, a las siete y media de la mañana me digo a mí misma “Solete, esto depende de ti. Hoy no te desquicias”.

Y a las ocho estoy con los pelos de punta, pegando gritos a mansalva y con los chakras dando saltos por la cocina.

Hoy me pondré esa mascarilla que me autoregalé para Papá Noel y me costó un pastón, que falta me hace. Claro, como no duermo porque estoy desquiciada… Pues mira, para lo del desquicie me iría muy bien ir al gimnasio, que genera endorfinas a mogollón. Venga, mañana empiezo.

Y llega la noche y miro la mascarilla y pienso que lo único que quiero es meterme en la cama a ver alguna serie con Empotradores porque eso es lo que mejor les va a mis chakras, a mis karmas y a mi cerebro carcomido. De lo del gimnasio NI HABLAMOS.

Voy a hacer una lista de la compra bien completita para no tirarme de los pelos cuando falta leche a la hora del desayuno o se acaba el detergente cuando tengo que lavar el uniforme de los niños a las diez de la noche. Lo que pasa es que he ido a comprar de camino desde la ofi hasta casa y no me ha dado tiempo a escribirlo todo. No pasa nada, seguro que me acuerdo de todo, POR LA PARTE DE LOS COJONES.

Hoy voy a comer bien. Mi avena con fruta por la mañana, mi ensaladita completa a mediodía. Me sentaré a la mesa como las personas. Oye, que hasta las cinco yo lo llevo estupendamente. Bueno, he engullido delante del ordenador, pero era todo muy vegetal y muy ecológico. Y es llegar la hora de la merienda, y mi cuerpo pide guarrería. Venga galletas con Cola Cao. Y esa napolitana de chocolate de los viernes. Y los helados.

Joder, que llevo todo el día currando y para un gustazo que me puedo dar fácilmente…. Jo, que los niños dejan pizza de la cena y no la voy a tirar, que hay gente en el mundo que pasa hambre y, claro, si yo engullo mil calorías eso se solucionará FIJO QUE SÍ.

Pero no hay nada que no tenga solución: me he pasado con el dulce y los carbohidratos, pero hoy va a ser el día en el que me acueste temprano.

HOY SÍ.

Justo después de ver un capitulito de “Luther”, porque una duerme mucho mejor después de ver a esa bestia parda que es Idris Elba. Venga, solo uno, o dos, o tres. Coño, que es la una de la mañana. Todo sea por Idris.

Y suma y sigue con el tema del tinte, que llevo unas raíces que no son ni medio normales; la manicura; la organización mental, física y casera. Quiero alcanzar el Nirvana, pero no me sale ni a la de tres, y ya no sé si es que a mí me gustaría cumplir esos propósitos o es que estoy tan influenciada por las revistas que he perdido la noción de la realidad.

Eso sí, hoy voy a salir a la calle peinadita.

O no.

 

Me he divorciado, y ahora ¿QUÉ?

Tomar la decisión de separarse no es fácil, pero a veces es necesaria. Que aquí estamos, no para tener pareja, sino para ser felices, sea como sea.

Un buen día te levantas inspirada y ZASCA, adiós vida anterior. Yo de aquí me piro, que estoy hasta el mismísimo. Pero, ay querida, que por bueno que sea el cambio, ese agujero negro que se abre ante ti acojona pero bien.

AHORA, ¿QUÉ?

Ahora LA VIDA, amigui. O, mejor dicho, TU vida.

Hoy toca redescubrirte, reaprenderte.

Pasa el duelo como es debido. Llora lo que tengas que llorar. Patalea lo que sea necesario, pero recuerda: ESTO NO ES UN FRACASO. Sí lo es quedarte enganchado en una relación que no te conviene. Lo de la pareja para toda la vida se inventó cuando vivíamos cuarenta años, tú vivirás más de cien. NO DIGO MÁS.

Es el momento de saber qué parte de todo eso que ronda en tu coco es tuyo de verdad o es herencia de años de formar parte de un dúo. ¿Me gusta tanto ese restaurante? ¿Quiero ir todos los domingos a pasear?

Ahora hay que obligarse a dormir en el centro de la cama, que es TODA tuya. Decidir qué peli quieres ver sin discutir por el mando, y acostumbrarte a verla sola. Le pillarás el gusto, Y DE QUÉ MANERA.

Vas a descubrir nuevas aficiones que nunca hubieras imaginado porque la persona que tenías al lado no te permitía investigar. O peor, no te lo permitías tú. Ve a clases de baile, de maquillaje, de cerámica, de zumba, de lo que te salga del toto. JAMÁS dejes que nadie te corte las alas.

Mímate, malcríate, date el gusto. Píntate las uñas, pasa dos horas en la bañera, date un masaje tailandés, bébete una botella de vino del bueno con queso del bueno. Y jamón.

Ahora has de aprender a estar sola y no solo eso, sino que has de disfrutarlo. ¿Que no es fácil? Pues como nada en esta vida de adultos, chata, pero hay que hacerlo.

Ahora, quizás, has de compartir la crianza de los niños con alguien que ya no vive en casa. POR EL AMOR DE DIOS, no te martirices en su ausencia. En algún momento de la vida elegiste a esa persona para que fuera el padre o la madre de las criaturas. Apechuga con eso por más que te joda.

Haz todo lo que no puedes hacer cuando están ellos.

Levántate tarde, cena un Cola Cao, empótrate en el sofá y zámpate el repertorio completo de Netflix. O sal hasta las tantas y echa un buen kiki. O no. Lo que te apetezca. AVERIGUA qué es eso que te apetece, porque llevas tanto tiempo subida a la rueda de hámster materno-marital que ya no tienes claro ni cual es tu color favorito. 

Redibuja tu vida. Vuélvete loqui, pero para bien. Dedícale tiempo a tus amiguis, hártate a quedar para tomar café, para ir al cine, para descojonaros durante horas. El humor nos salva la vida, las amigas NI TE CUENTO.

JAMÁS dejes que nadie te corte las alas porque “Ya eres mayorcita”o “No tienes edad para eso”. Recuerda que nunca es tarde si la dicha es buena, que quien bien te quiere te hará reír, que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Que nadie va a vivir tu vida por ti. Que quizás has desperdiciado años de tu vida y que, precisamente por eso, no vas a tirar a la basura ni un minuto más.

Tenlo claro, tía Fabulosa: tú ya existías antes de él.

 

La Fabulosa, ¿nace o se hace?

Ya tenemos claro lo que es ser Fabulosa y, si no es así, aquí la definición completa.

Ser Fabulosa es sacudirse la culpa, deshacerse de los estereotipos, saberse imperfecta y llevarlo maravillosamente, desmelenarse, buscar la felicidad, satisfacer tus necesidades y no siempre las de los demás, pegar un hostión en la mesa de vez en cuando, no dar explicaciones a quien no procede, y así podría seguir hasta la eternidad. Porque las cualidades de las Fabulosas son infinitas, gigantescas, demoledoras.

La Fabulosa, resumiendo, se quiere. MOGOLLÓN.

Ahora que tenemos el concepto claro, vayamos al siguiente punto: las Fabulosas, ¿nacemos o nos hacemos?

La duda surgió el sábado, en una reunión piscinera entre amigas recientes:

-Oye, que he cotilleado tu Facebook y tus coleguis son MUY Fabulosas.

-Sí, y no lo eran tanto, pero la vida las ha pegado un buen meneíto y ahí están, Fabulosas perdidas.

Me quedé yo meditabunda tras esa afirmación. Pensé en la que me lo contaba (que si es más divina, la palma), en mis amigas, en mí misma, en tantas mujeres que, ante la disyuntiva de dejarse llevar o tomar las riendas de su vida, eligieron lo segundo. Se tiraron de cabeza sobre las complicaciones, la opción menos cómoda, la lucha. Tras algún tiempo sumidas en una vorágine que no habían elegido, ahora son “Fabulosas perdidas”.

Formulé la pregunta en Instagram, a ver qué opinabais,  y la respuesta fue unánime: las hay que nacen Fabulosas y lo saben desde siempre, las hay que se enteran tarde. A otras hay que agarrarlas de la solapa y zarandearlas de lo lindo, a ver si espabilan. Pero siempre puedes hacerte Fabulosa. NUNCA ES TARDE. Es más, cuanto mayor eres, más Fabulosa te sientes, O DEBERÍAS.

Quizás estás leyendo esto y pienses “Yo, de Fabulosa, NADA”. Pues para ti este artículo, querida, porque las otras ya están en ello. Tenlo claro, hay que esforzarse: el Fabulosismo no cae del cielo. Es necesario buscarlo y, a veces, te lo pone difícil, el muy cabrón. Se esconde tras toneladas de trabajo, de preocupaciones, de decepciones, de hostias a tu autoestima, de un agotamiento tan grande que no te deja espacio mental para mirarte y, sobre todo, PARA VERTE. ¿Cuántas veces has pensado “Mira que esta tía es Fabulosa, tan lista, tan mona, tan capaz”? Y ¿cuándo fue la última vez que pensaste lo mismo de la que ves en el espejo?

PUES ESO. Al tajo, bonita.

Porque la edad conlleva putadas tales como la flaccidez, pero debería aportarte una dosis de pasotismo maravilloso. La experiencia, los tropezones con las mismas piedras, una, dos, y quinientas diez veces acaban enseñándote que, como no te cuides tú, lo llevas clarinete, chata. Que nada es TAN grave. Esto va, no de aptitud, sino de ACTITUD. Va de recordar que EXISTES, QUE ERES IMPORTANTE, que hay que currarse la chispa de la vida porque la que venía de serie se acabó hace tiempo. Que tienes que hacer cosas por primera vez y que cada día te espera la ilusión por algo que solo tú puedes imaginar. Algunas ideas (por si andas escasa):

  • Píntate los morros de rojo, disimulan las ojeras (te lo digo yo).
  • Cómprate ese perfume que te encanta, que te da ganas de comerte a ti misma.
  • Escucha aquella canción de tus dieciocho, que te recuerda que volverás a bailar como las locas, cuando tú así lo decidas.
  • Baila como las locas.
  • Vete al cine, sola o acompañada, qué más da.
  • Cómete ese helado que te gusta.
  • Date una ducha larga, con ese jabón que huele a gloria.
  • Cómprate unas bragas preciosas, tu toto bien lo vale.
  • Camina mucho, piensa en ti mientras lo haces. En nadie más. EN. NADIE. MÁS.

Para bien o para mal, el sentirte ser Fabulosa depende de ti, querida mía. Así que empieza ya. HOY.

Recuerda que “Algún día” no es un día de la semana, que la vida es de los valientes y que más vale arrepentirse de lo hecho.

Ya me cuentas.

Después de Navidad, hostión de realidad.

Llegó el 31 de diciembre, pasó el 1 de enero. Llenaste hojas y hojas con propósitos, deseos y posibles milagros. Te lo crees TODO. Porque este año sí que sí. VAS A VER.

Y llega el 8 de enero, empieza el cole. Llegaste anoche de casa de tus padres, no tenías nada para cenar, metiste una pizza precocinada en el horno y no te dio tiempo de deshacer las maletas, que lucen desparramadas en medio de tu habitación, con lo cual tienes que pegar saltos por encima de la cama para pasar de un lado al otro. No empiezas bien, querida. El orden era una de las cosas que ibas a implementar nada más empezara el año. La alimentación saludable y orgánica era otra de ellas.

Vaya tela.

Pensabas descansar estas Navidades y lo hiciste, pero luego la cosa se complicó y entre los niños, tus padres y los viajes, estás agotada. QUÉ BIEN.

A la labor de deshacer las maletas de toda la familia, lavar la ropa sucia y ponerlo todo en su lugar, se suma el tema de quitar el árbol. Para colmo, este año te poseyó el espíritu salvaje de la Navidad y compraste un bicho de dos metros y pico, y trescientos adornos. Desmontar eso te va a costar tres horas y un despelleje de manos importante, porque el abeto, aparte de enorme es muy natural y tiene unos pinchos que ni te cuento.

Hasta volver al trabajo parecía guay, porque este es el año del borrón y cuenta nueva: vas a llevar tus tareas al día, no te estresarás y cumplirás tus objetivos sin pestañear. Has llegado a la oficina con tu agenda nueva maravillosa, con otra que te han regalado y con una de mesa ideal que te compraste porque ahí ves la semana entera y no solo el día. Has apuntado todo lo que tienes que hacer en las tres, no sabes cual mirar ni por dónde empezar. Te da vueltas la cabeza. No acabas este mogollón ni para agosto.

Coño con las vacaciones.

Al sentarte, has notado como tu lorza turronera luchaba contra el botón del pantalón y sobresalía por encima. Ya tienes flotador para el verano. Te desabrochas el botón y la cremallera le sigue. Te estás viendo las bragas y el michelín. FANTÁSTICO.

Vas a comer caldo hasta marzo pero casi que empiezas mañana, que con el follón del viaje no te ha dado tiempo a cocinar nada. Hoy unos espaguetis, que se cocinan rapidito. Salsa de bote, CLARO.

Quieres estrenarlo todo, los bolis, libretas nuevas, hasta los muebles cambiarías. Irás de rebajas, renovación de armario. Huy que no puedo: las extraescolares, la compra del súper que es que no hay nada, las PUTAS LAVADORAS.

El 2018 iba a ser el año de la paciencia maternofilial. Papá Noel, las borracheras y tu índice glucémico desmesurado te han provisto de una templanza importante hasta el 8 de enero pero ayer tus criaturas ya la liaron. Se echaron encima el desayuno, se olvidaron los libros y no han traído lo necesario para hacer los deberes. Estás del hígado. Para variar.

Ya si eso para el 2019 te conviertes en una madre zen.

O no.

Queridos Reyes Majos del 2017…

Queridos Reyes Majos, antes meterme en faena quiero comentaros lo rápido que pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando os escribí mi carta del 2016 y ha pasado ya un año. MUY FUERTE.

Lo primero, hablemos un poco sobre mis regalos del año pasado, que eran básicamente:

TENER SEXO DEL BUENO.

Pues hijos míos, no me habéis traído ni del bueno, ni del malo. Ni tíos guarros guarrísimos, ni limpios limpísimos. Vuestras razones tendréis.

PERDER TRES KILOS.

Ahí siguen y juraría que les acompañan un par más. Es verdad que no me he portado bien en lo que se refiere al zampar y que tampoco le he dado mucho al deporte, pero la intención era que lo consiguierais a base de VUESTRA magia, no de MI sacrificio.

Lo más importate: os pedí que mi amiga se divorciara del del hijo de la gr******** p***, pedazo de c****.

Y LO HA HECHO. ALELUYA. GRACIAS. GLORIA AL CIELO.

Por lo demás, mis hijos siguen con sus notas de mierda y mi mejor amigo aún vive en Pernambuco. Repito peticiones, a ver si este año caen.

Os pedí inspiración y talento para escribir, y ovarios para seguir yendo contra corriente.

Lo del talento es MUY discutible, pero oye que entre mis amiguis y lo raro que está el mundo, tengo inspiración para dar y regalar.  Y nado contra la corriente, contra el viento, contra la marea y contra lo que haga falta. GRACIAS.

Reyes Majos de mis amores, ni siguiera me atreví a pedíroslo, pero os cuento que he escrito un libro, que se llama “ALGÚN DÍA no es un día de la semana”, que a mí me gusta mucho y que el 14 de febrero estará en las estanterías de los apellidos que empiezan por “A”. Sí, en San Valentín, porque es un libro para los enamorados, PERO DE SÍ MISMOS, que deberíamos ser todos.

Por favor, haced que les guste a los lectores, que firme en muchos sitios. Quiero ver las caras de estos seres tan majos que me saludan a través de la pantalla.

Para ahorrar tiempo y tinta podéis apuntar para todos los años venideros lo de escribir un libro, y una obra de teatro, y una serie, y una peli. Y varias canciones. Ah, también quiero ser columnista en alguna revista, o en un diario. O en una revista y un diario. Sois magos, sacad tiempo de donde no lo hay.

Sigo queriendo perder los kilos sobrantes y os cambio lo del sexo por unos buenos morreos, de esos que marean, que tienen el ritmo adecuado, que te dejan la barbilla desollada. 

Os comento que me haría MUCHÍSIMA ilusión conocer a Milena Busquets, soy MUY fans. Y a Elvira Lindo. Y a Benedict Cumberbatch, para ver esas manos de cerca y escuchar esa voz en directo.

Mandadme de viaje a Londres, a Nueva York POR SUPUESTO, a Escocia, a París y a Méjico.

Compradme entradas para los conciertos de Vanesa Martín,  Emelí Sandé,  Ana Carolina,  Mi Amiga y  Mi Cantante.

Organizadme, por favor os lo pido, más cenas con los compis del cole.

He llegado a una edad en la que me gusta que mi pasado forme parte de mi presente. Quiero recordar quién fui para entender lo que soy. ME ENCANTA estar con esos que me conocen de verdad, porque entonces no había filtros. Porque nunca pasaré con nadie tanto tiempo como pasé con ellos. Porque, con mis amiguis de las monjas, vuelvo a tener catorce años. O diez. O cinco.

Dadme risas de las de no poder parar, de las de dolor de barriga y chorrito de pis. 

Llevadme al karaoke y, por favor, nunca me devolváis la vergüenza que perdí allá por el 92.

Voy acabando, queridos Majos, que yo lo de los límites nunca lo tuve muy claro. Solo una última cosa: proveedme de primeras veces, de ilusión, de ganas.

Y de salud.

Y de muchos cosméticos.

Y de calma, sosiego, momentos zen.

Y de bailes con música de los 80.

Y de…

Vale, ya paro.

Y venga más gilipolleces que te alegran la vida.

Porque con las primeras 25 no hubo suficiente. Ni con las otras 25. Sigamos. Ayudadme. Añadid las vuestras.

51. El beso que le da Patrick Dempsey a Michelle Monaghan en “La boda de mi novia”. Si no me besa él, que no me bese nadie.

52. Las portadas del New Yorker.

53. El olor a suavizante en la toalla con la que te secas después de una ducha larga, justo antes de dormir. Especial mención al Mimosín aroma Jazmín. Muero.

54. Las reuniones con las integrantes del Chat de las Mujeres Despeinadas. La distancia no nos aleja, amiguis. Los encuentros son galácticos. OS AMO.

55. Pensar que, en unos meses, “Doctor Strange” saldrá a la venta en DVD y yo podré contemplar las manos de Benedict sin prisa pero sin pausa, una y otra vez, hasta la extenuación.

56. Que el músico del metro esté tocando una canción que te gusta mucho. Que la toque bien.

57. El olor a castañas asadas en diciembre. Me recuerdan a mi niñez, a mi pueblo. No me gustan las castañas, solo ese olor. Recordar que, en algún momento, en el cole me disfrazaron de castanyera. Se me había olvidado hasta este momento.

58. Youtube. Principalmente por los vídeos de las galas de Fin de Año de “Martes y Trece”.

59. Volver a ver “Top Gun”.

60. Los amigos que vuelven a casa por Navidad.

61. Ver una buena nevada desde la ventana. Que la nieve cuaje. Que haya un palmo de nieve en tu balcón.

62. Pasar un día entero viendo “House”. Esa mirada azul de Hugh Laurie. Qué listo. QUÉ CABRÓN.

63. Natalie Portman en “El profesional (León)”. Natalie Portman en “Beautiful girls”. Natalie Portman.

64. Hacerse con todos los capítulos de “Dallas”, “Falcon Crest” y “Flamingo Road”. Vale, soy MUY MAYOR.

65. Descubrir cafeterías absolutamente preciosas y acogedoras, como esta.

66. Lola Flores.

67. El Puma y su “Pavo real”.

68. Hacerte la manicura y que quede perfecta.

69. Las velas de canela y mandarina de Muji.

70. Este cuadro, la forma en que me enamoré de él, nuestras casualidades, los secretos que compartimos y que quizás algún día os cuente.

71. Esta foto: porque me encantan las mujeres con las bragas bajadas. Porque se la compré a un fotógrafo neoyorquino. Porque él la había tomado en mi isla. Porque amo las casualidades, esas que no existen.

72. Las tetas de la Loren. Su descaro. Viva ella.

73. Cumplir un año más. Ser aún más Fabulosa.

74. El primer día que te pones chanclas cuando llega el calorcito.

75. Comprarte una agenda nueva (después de ver ciento cincuenta). Estrenarla.

 

Carta a mi yo de veinte.

Queridas hermanas veinteañeras:

Cómo me hubiera gustado que mi yo de cuarenta me enviara una carta desde el futuro, aconsejándome, despejando mis dudas, instruyéndome en el camino de la vida.

Eso no pudo ser, pero he pensado que siempre estoy a tiempo de que mi YO cuarentañero del presente, os cuente a VOSOTRAS, las veinteañeras del presente, todas aquellas cosas que a mí me hubiera encantado saber en su momento.

1. Estudia la carrera que te guste, dedícate a lo que te apasione. Siempre encontrarás una manera de hacer rentable aquello con lo que disfrutas. NUNCA disfrutarás con aquello que es solamente rentable.

2. Pasa de esa amiga coñazo. No es tu amiga y, si lo es, dejará de serlo pronto. Que no te exprima, que no te frene, que no te obligue. Los amigos te elevan, te animan, te divierten, te escuchan y te aportan. El resto son meros acompañantes.

3. Te lo aseguro, no siempre tendrás esta energía que tienes ahora. Aprovéchala. Disfruta. Ve a conciertos, sal a todas horas, viaja, baila, canta, salta. Por supuesto, estudia. Hay tiempo para todo, créeme. Y eso no durará eternamente.

 

dance

4. La mala reputación no existe porque la gente tiene MUY mala memoria: folla todo lo que te apetezca, con quien te apetezca. Siempre con protección. Y nunca intercambiando sexo por cariño. No te equivoques.

adam

5. Sé que es difícil de interiorizar pero, por favor, que no te importe una mierda lo que dicen los demás de ti. Solo tú vas a estar contigo el resto de tu vida. La gente trata a los demás como se tratan a sí mismos. Tú ocupate de quererte, de gustarte, de adorarte. Sé la persona que tú quieres ser. Lo que opine el resto NO IMPORTA.

  yeah

6. Quien bien te quiere NO te hará llorar. No hay NADA que puedas hacer para que alguien te quiera. No aceptes menos de lo que tú estás dispuesta a dar. JAMÁS. Si parece que pasa de ti, es que pasa de ti. Borrón y cuenta nueva. Es jodido pero tú repítelo 10.000 veces y lo conseguirás “paso de él, paso de él, paso de él”.

finger  

7. Lee a Neruda, a Allende, a Bécquer. Lee sin parar, compulsivamente. NADA te hará disfrutar más. Y, si te apetece, escribe. Para ti, para nadie. Quién sabe para quién.

8. Casi NADA es tan importante. Solo la enfermedad, la muerte y alguna cosa que se me olvida, con lo cual tampoco será para tanto. Todo pasa. SIEMPRE.

9. Disfruta de tus primeras veces, hay TANTAS. Pero no son eternas. Saboréalas. No volverán.

  BEY2

10. Ahora tienes la sensación de que, algún día, llegarás a algún sitio. ES MENTIRA. LA VIDA ES EL CAMINO. Camínalo, no lo corras. Mira el paisaje, ánclate en el aquí y ahora. No hay un momento en el que “lo has conseguido”o “eres lo que quieres ser”. No serás, YA ERES.

11. Si tienes un problema, pide ayuda. Tus padres, aunque a veces no lo creas, están AHÍ. Si me equivoco, entonces llama a tu amigo, ese que es de verdad.

sex  

12. Serás muchas cosas, en muchos sitios. Lo que te vale a los veinte, no te valdrá a los treinta. Lo que te fascina a los treinta, te aburrirá a los cuarenta y ni te cuento a los cincuenta. No es fracaso, es EVOLUCIÓN.

13. Pregunta, cuestiona, duda. No des nada por sentado. Aprende y desaprende. Que nadie te diga lo que eres, cómo eres, que no puedes, que es difícil. NO TE LIMITES. Márcate tus propios objetivos y lánzate de cabeza y sin red.

  wonder

Y bien, amiguis, sé que algunas de estas palabras os sonarán a chino. A mí me hubiera pasado lo mismo. Solo os puedo pedir que confiéis en mí y, tanto si lo hacéis como si no, buscadme dentro de veinte años y me contáis cómo os ha ido.

De nada.

  thunbs