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Autor: lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.

Carta a mi yo del futuro.

Acabo de leer que un hombre enterró en Sidney una especie de cápsula del tiempo hace veinte años y la han encontrado hace nada. En ella, jugaba a las predicciones y el tío no se ha equivocado demasiado. Si es que a veces no es tan difícil adivinar lo que va a pasar sabiendo lo que ya ha pasado.

Y se me ha ocurrido escribirle una cartita a mi yo del 2037 y entonces volver a leerla a ver si soy tan lista como el australiano. En lugar de enterrarla, la dejaré aquí y así la comparto con vosotros, que me parece mucho más divertido. Vamos allá:

Querida Yo del futuro:

Ahora eres Fabulosa, pero cuando abras esta carta, NI TE CUENTO. 

Me apuesto lo que quieras a que ya sabes identificar tu estado de ánimo a la perfección. Has sustituido el “Estoy hasta las pelotas de todo y de todos” por un sosegado “Me siento frustrada” o “Me has decepcionado”. Ni que decir tiene que es imposible que sueltes esas lindezas sin ir perfectamente peinada y con la manipedi impoluta. Sí, es difícil de imaginar ahora, pero sé que lo vas a conseguir.

Has aprendido a adaptarte, ya no te das cabezazos contra la pared a todas horas. Eres una balsa de aceite, el junco del “Dúo Dinámico”, el agua de Bruce Lee.

Al cumplir los cuarenta y cinco te sentiste demasiado mayor, el óvalo facial se te iba a tomar por el jander, las canas se te multiplicaron por diez, te entraron las prisas por vivir, llegabas tarde a tantos sitios que no sabías ni cuales eran… Ahora has cumplido sesenta y cinco, te quedan tres pelos castaños, no tienes prisa alguna porque las metas son cosa de tu imaginación. Ah, y te ves GUAPÉRRIMA.

Sabes, desde hace ya un tiempo, cuales son tus puntos fuertes y débiles, TIENES CLARO QUIÉN ERES, así que no te metes en camisa de once varas. Lo mismo te pasa con las personas y las situaciones: no te acercas a las que te sacan de quicio. Porque no hay sensación más asquerosa que la de “Pero sí lo sabía, qué coño hago AQUÍ y con ESTE”. Los tóxicos ya NI SE TE ACERCAN y dejan mogollón de tiempo para todos los maravillosos que te rodean, que son MUCHOS.

Eres empática, lo cual no quiere decir que tengas que aguantar mochilas ajenas. Comprender no es cargar.

Dices que NO en plan salvaje a todo lo que te aparta de tu camino. Gritas SÍ a eso que te sitúa en tu frecuencia y te hace feliz. Das GRACIAS porque eres una tía muy afortunada: estás sana, tus hijos son lo más, tienes unos amigos cojonudos, te dedicas a lo que te gusta. Estás en forma porque haces deporte y, aleluya, comes como Dios manda. Has escrito varias novelas de éxito y tus lectoras siguen descojonadas con tus artículos. Te quieres, te cuidas. No se puede pedir más.

Has desterrado de tu vocabulario y de tu sesera la palabra Rencor. Porque te has dado cuenta de que de nada sirve tener a nadie entre ceja y ceja. No les jodes a ellos, sino a ti. Y de qué manera.

También te has perdonado a ti misma por lo pasado y por lo futuro, porque si no dejas que nadie te juzgue, qué coño hacías juzgándote tú. Ya no pierdes el tiempo con esas conversaciones mentales ridículas sobre lo que te amarga la vida. Las sustituyes por ideas que te ilusionan, porque la ilusión es lo que diferencia a los vivos de los supervivientes.

Llevas muchas cagadas a tus espaldas y has aprendido de ellas. Que no te afecten no quiere decir que las olvides, porque las hostias contra la misma piedra una vez, y otra y OTRA, son la mierda. Con una nos basta.

Desconectas el teléfono, apagas el ordenador, miras al techo durante horas sin sentirte mal. He comido demasiado. Tengo la casa desordenada. He gastado demasiado. A la mierda. Ni te acuerdas de lo que significa esa palabra: la maldita CULPA.

La de energía que ahorras y todo lo que haces con ella, madredelamorhermoso

Que seas Fabulosa no quiere decir, ni mucho menos, que seas perfecta, ni falta que hace. Por fin te has dado cuenta. Ya no te comparas con NADIE, ni te sientes fracasada. Ya no te rindes, ya no te arrastras, solo fluyes a tutiplén. Y, ojo, que es que fluyes en TODO. Aquellas sequías sexuales de la cuarentena han quedado en el pasado: te ponen fina, FILIPINA. Ah, por supuesto no te marean desde hace décadas. Ay, si lo hubieras sabido antes…

Tus hijos son personas cabales y, sobre todo, FELICES. Tanto esfuerzo valió la pena. Quizás hubo mucha bronca innecesaria. O no, quién sabe. Lo hecho, hecho está. Lo más importante que les has enseñado es que nadie vivirá su vida por ellos, que su libertad es suya y de nadie más, que el respeto a los demás y a uno mismo está por encima de todo. Lo mejor no está siempre más arriba, ni pesa más, ni es más rápido, pero sí está siempre por llegar. Y ahora sin más, querida Yo del futuro, me despido de ti deseándote una (incluso más) feliz existencia.  Nos vemos muy pronto. Firmado: Tu Yo del 2017.  
“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.”
Eleanor Roosevelt
                               

Yo digo Empotrador, tú me llamas Feminazi

Queridas amigas y amigos lectores de este, mi querido blog: como bien sabéis, sois más que libres de expresar vuestras opiniones sobre mis escritos, siempre que seáis respetuosos conmigo y con el resto del planeta.

Dicho esto, tenía yo ganas de contestar a un par de señores que, ante mis artículos sobre Empotradores, escriben cosas como estas:

“Madre del amor hermoso si esto lo escribe un tío sobre una actriz….. lo meten a la cárcel”.

“No sé ni de qué serie se habla, pero me he imaginado por un momento el artículo y los comentarios con los géneros cambiados y las feminazis encendiendo hogueras para quemarnos.”

No insultan, por eso no los he borrado, pero sí me han impulsado a aclarar unas cuantas cosillas, que creo sumamente necesarias.

Lo primero: ni que decir tiene que no hace falta imaginar ni suponer NADA. En Google encontraréis miles de comentarios machistas, que creo es a lo que equiparáis mi texto, aunque no entiendo muy bien por qué.

En este artículo en particular hablo sobre lo bueno que está un tío, sobre su culo maravilloso, sus brazos, lo bien que empotra… Ni cuestiono su calidad como actor ni lo veo constitutivo de delito por ningún lado. Y tampoco lo sería si yo fuera un hombre y la Empotradora, una mujer.

Porque no os equivoquéis, el equivalente femenino de Empotrador es Empotradora (la que empotra), NO EMPOTRABLE (la que es empotrada), como habéis indicado algunos.

No hablo, en ningún caso, en términos despectivos. No le insulto. Es más, alabo su belleza. En mi tono, con humor y CON RESPETO. No le llamo “cerdo”, “puto” ni describo “por dónde le voy a meter no sé qué” o “cómo me va a comer el no sé cuántos”.

Quizás estéis tan acostumbrados a que se hable así de las mujeres que habéis visto fantasmas donde no los hay.

Lo que he escrito lo tenéis aquí. Ahora voy a lo que NO HE ESCRITO, NI DICHO, NI PENSADO.

Los comentarios machistas, en cambio, nos describen como objetos pasivos. Porque el machismo no se basa en palabras, sino en una forma de pensar que da como resultado la DESIGUALDAD. Y ni yo ni mis lectoras creemos que los hombres en general y los Empotradores en particular sean inferiores a nosotras.

¿A que no, amiguis? ¿A QUE NO?    

Se me ocurre que quizás lo que pasa es que no es costumbre que una mujer exprese su gusto por los penes, por el sexo sin amor, por esos tíos buenos a los que no humillamos porque NOS ENCANTAN. Nos morimos por follar CON ellos (que no ser folladas POR ellos). Ay, pecado MORTAL. Que ya no estamos calladitas y además decimos palabrotas y llamamos a la cosas por su nombre. Pero nuestra actitud activa ante la sexualidad, los buenorros y la vida no incluye violencia, jerarquías ni  juegos de poder. Y esto es nuevo y de lo más raro.

   

Tan nueva es la cosa (y tanto ofende) que alguna lectora no se atreve a compartir mis artículos “porque vive en un sitio muy pequeño”, o porque algún ex la ha amenazado.

TRISTE, TRISTÍSIMO.

Volviendo a los comentarios, vamos a imaginar que mis chascarrillos deslenguados, en efecto, hubieran sido “feminazis” (la palabra favorita de los que están en contra del feminismo) y vamos a imaginar (con mucho esfuerzo) que dicho término es el equivalente a Machismo. Pues bien, no solo los machistas no van a la cárcel, ni a la hoguera, sino que algunos ocupan la presidencia del país más poderoso del mundo, son escritores admirados o artistas famosos que cobran un quintal.

 

 

Así que, queridos comentaristas: no imaginéis, no supongáis. Centrémonos un poco. Abramos la mente. Hablad de nuestras tetas y nuestros culos todo lo que queráis, pero teniendo claro que son NUESTRAS tetas Y NUESTROS culos. Deseadnos lascivamente, pero desde el respeto, la igualdad y el cariño

Nosotras haremos lo mismo.

                             

Juego de Tronos nos tiene loquis (y con razón)

Que se pare el mundo, que mañana se estrena la séptima temporada de “Juego de Tronos”. Me río yo de la ansiedad con la que esperaba a los Reyes Magos. Esto son ganas, PERO DE LAS DE VERDAD.

Y que conste que yo me resistía al enganche.

  • Primer capítulo: pfffff, ¿y este rollo guerra y que todo el mundo la palma? No entiendo yo el entusiasmo.
  • Segundo capítulo: a ver, que no está mal, pero tampoco es pa tanto.
  • Tercer capítulo: oye, que tiene su qué…

Cuarto capítulo: por Dios que me esguincen los dos tobillos y el pescuezo si es necesario para quedarme en el sofá las noventa y ocho horas que dura una temporada.

Porque “Juego de Tronos” es como las patatas fritas de bolsa, que algo de droga llevarán cuando no puedes parar de zampártelas.

Cómo a mí no me gusta depender de nada sin tener claro por qué me pasa, he diseccionado las razones de esta locurita que nos ha entrado por la serie:

1.Es más que evidente: LOS BUENORROS. No son tontos, no, los de casting. He escrito largo y tendido sobre los guapos, los empotradores, los tíos buenos y la necesidad imperiosa de que los machotes de “Juego de Tronos” se despeloten MUCHO MÁS. Además, los hay para todos los gustos: Jon Snow, el sensible; Jaime Lanister, el malo; Daario Naharis, el leal; Khal Drogo, el salvaje y así hasta el infinito y más allá. Seamos sinceras: sin tanto tío hermoso, pasaríamos de los de Invernalia, y a lo loco, además.

2. Lo inesperado: y venga giros y más giros que te dejan con la boca abierta. Que no seré yo la que se ponga a hacer spoiler, pero que no siempre ganen los buenos y que la palme tó quisqui tiene su qué. Nada nos mola más que ese susto, esa incredulidad cuando matan al que era el prota hasta ahora. También nos jode cuando el muerto era el más Empotrador de los Empotradores, he de decir. Yo sigo esperando la resurrección milagrosa de Drogo. Ahí lo dejo.

3. Se hartan a fornicar: y como somos unas cochinonas, pues nos mola. No os riáis, no, que es verdad de la buena. Solo hay que observar el éxito de “Outlander”, “Vikings” y tantas otras que presentan la misma fórmula: buenorro + fornicatio masiva.

4. Los personajes son la bomba: o sea, el guión es la bomba. Son complicados, creíbles y sorprendentes. Y lo mejor, hay mujeres poderosas, que no dependen de los protas masculinos, como Cersei, la super-vengativa Sansa o mi favorita: la Madre de Dragones. Tan chiquitina, con esa cara de buena y la que lía.

Y creo que estas razones son más que suficientes para justificar la Tronomanía. Yo, por mi parte, voy a aprovechar que me hallo en la Gran Manzana y por aquí la lían parda para este tipo de acontecimientos. Me voy a buscar un bar bien grande para compartir mi adicción con muchos majaras neoyorquinos y a ver si, con suerte, me encuentro con algún Stark.

Por desear que no quede.

Otras cuantas gilipolleces que me sacan de quicio

Hace unas semanas ya hice una lista con unas cuantas cosas que me tocan las narices sobremanera y ahora ha llegado el verano, con su calorazo, sus niños de vacaciones y un sinfín de factores que no hacen sino aumentar la cantidad de gilipolleces que me sacan de quicio. Sigo con lo mío:

21. El calorazo: sí, ya lo sé, me repito, pero es que no lo soporto. Y ahora mismo estoy en una isla y se supone que mola mucho y todo eso, pero es que solo hay una cosa peor que el calorazo: EL CALORAZO HÚMEDO. Son las 16.54 y llevo cuatro duchas en mi haber. Para cuando acabe el día calculo que serán unas diez. No puedo ni pensar. El bochorno ha invadido mis escasas neuronas.

22. Los atascos: sí, porque yo, en la city, voy a pata o en metro, pero aquí no se puede, así que tengo el toto con forma de asiento de coche. Y hay muchos turistas. Y no hay metro. Y hay atascos. Y me cago en lo que se menea.

23. Los camareros que quieren llevarse tu plato antes de que termines. Varias veces. NO HE TERMINADO.

24. Los zapatos que, milagrosamente, eran supercómodos en la tienda y a los dos minutos de ponértelos, te provocan el dolor más grande del planeta.

25. Los que te repiten siete veces: “Qué blanca estás, ¿noooooooo?”

26. Los quejicas. Por todo. Siempre.

27. Los que usan “Maricón” como insulto.

28. Los que me atufan con el olor de su porro en la playa.

29. Los que no se han enterado de que hay unos cacharritos que te pones en las orejas para escuchar tu música y te deleitan con su reguetón. VETEALAMIERDA.

30. Los guarros. No puedo con los malos olores. Ayer entré en una gasolinera y casi poto. Sobaquera y pies por doquier. Duchas, desodorantes, cambio de camiseta, PORFAVOR.

31. Las mosquitas muertas. No me fío. SIEMPRE ACIERTO.

32. Los que afirman que estamos solteras por egoísmo.

33. Los gorrones. 

34. Los que, ante mi condición de abstemia, afirman que “Yo te voy a hacer beber, ya verás”. TENGO 44 TACOS, NO ME GUSTA EL ALCOHOL. DÉJAME EN PAZ. VIVE TU VIDA.

35. Los taxis que huelen a tabaco, la gente que huele a tabaco. EL TABACO.

36. La frase “Es que tú eres un poco feminista” . No puedo estar ni un poco embarazada, ni ser un poco feminista. ¿LO PILLAS?

37. Vaciar el lavavajillas.

Tengo más, luego sigo. Mientras tanto, contadme vosotras, no os cortéis.

Cinco series con protagonistas femeninas que tienes que ver PERO YA.

Yo me pillo unos cabreos monumentales cuando me entero de que un/una amigui ha visto una serie fabulosa y no me la ha recomendado. Sin ir más lejos, me pasó con “Outlander“. Cual fue mi sorpresa cuando, al comentarle a mi mejor amigo “Tío, tío, tío, que tienes que ver la serie del escocés que escuece porque está tremendo y buenísimo y empotra que no veas y…” Y va y me suelta “Huy, la vi hace mucho”.

Pero cómo me puedes hacer esto a mí, MAL AMIGO.

En fin, que como yo no soy así de acaparadora, he hecho una listita de maravillas que, por una u otra razón, creo deberíais ver en estas vacaciones que se aproximan e incluso antes.

BIG LITTLE LIES.

Amiguiiiiiiiiiiiiiiiiis, es necesario que os vayáis raudas y veloces a HBO (ni que me dieran comisión) y os zampéis del tirón esta maravilla. Es solo una temporada, el reparto es despatarrante: Reese Witherspoon, Nicole Kidman, Shailene Woodley y TACHACHÁÁÁÁÁÁÁÁÁNNNNNN, Alexander Skarsgård, que no puede estar más tremendísimo. Ahora en serio: guión impecable, actuaciones impecables, todo impecable. Una historia de mujeres, de complicidad, de secretos, donde las apariencias engañan y a qué nivel, Maribel. 

THE HANDMAID´S TALE.

Imagina que una especie de secta neoreligiosa toma el poder en Estados Unidos después de que las condiciones medioambientales dejara estéril a la mayoría de la población femenina. Imagina que esclavizan a las mujeres fértiles para que procreen sin orden ni concierto. Pues esta trama que, en un principio, podría parecer una ida de olla del quince ES UNA PUTA MARAVILLA basada en la obra de Margaret Atwood. Si Elisabeth Moss te gustó en “Mad Men” ahora vas a alucinar en colores. En serio, no te la pierdas.

THE GOOD FIGHT

El spin off de “The Good Wife” no puede molar más, y es que esa Diane Lockhart que ya era una fiera como secundaria, ni te cuento lo que es como prota. Encima volvemos a ver a Lucca Quinn, con esos trajes estupendos, esa piel estupenda y esa actuación estupenda. Otra historia de mujeres con ovarios, con poder, pero no por ello sin problemas. Heterogéneas que somos. Y Fabulosas. Diane nos demuestra que hay vida, y MUCHA, más allá de los sesenta. Y como guinda, aparece Rose Leslie (la salvaje de “Juego de Tronos, sí, la que se beneficia a Jon Snow) que está ma-gis-tral.

GIPSY

La nueva de Netflix. He visto solo un par de capítulos, pero os digo desde ya que esta noche me zampo otros dos. A ver, que la prota es Naomi Watts, garantía de calidad, señores. Y encima hace de terapeuta (que no me puede gustar más el rollo psico – suspense – perversión). No os voy a decir más porque solo ha hecho que empezar y ya me ha sorprendido. Espero que os pase lo mismo.

ORANGE IS THE NEW BLACK

Sí, ya lo sé, no es nueva, pero su primera temporada me parece tan, tan, tan buena que no puede faltar en esta lista. Que ahora nos parece muy normal lo de una serie que hable de la vida de las mujeres en prisión, pero hasta que llegaron las Orange, era de lo más impensable. Me gusta por muchos motivos: nos cuenta que a veces no elegimos nuestras propias circunstancias, que incluso en los momentos más jodidos se puede encontrar la ilusión, que hay que ponerse en lugar del de enfrente para saber lo que uno haría en su piel. 

  Y nada más por ahora, amiguis, que ya me contáis lo que os parecen mis sugerencias y, porelamordedios, hacedme llegar las vuestras.